Sakura despertó de su inconsciencia.
Estaba empapada en sudor y le dolía todo el cuerpo, pero en lo más profundo de su interior sabía, de alguna manera, que lo peor había pasado.
Y tenía hambre.
Giró la cabeza y vio a Sasuke en la silla, junto a la cama, con la cabeza caída sobre el pecho y los ojos cerrados.
Sólo llevaba puestos unos pantalones y la camisa, remangada y abierta hasta el ombligo.
Le sostenía la mano firmemente entre las suyas, pero emitía un suave ronquido.
Apretó los dedos de Sasuke dispuesta a bromear por la desgarbada postura de su cuerpo en la silla.
Oh, ojalá tuviera fuerzas para salir de la cama y sentarse en su regazo, donde podría rodearla con sus firmes brazos.
—Sasuke—susurró.
Ante aquel leve sonido él abrió los ojos de golpe.
Deslizó sobre ella sus oscuras
pupilas y, al instante, se inclinó sobre la cama con un vaso de agua en la mano.
—Bebe.
—Quiero comer algo.
—¡Bebe, maldita sea!
—Sí, marido.
Sakura bebió lentamente, disfrutando de la humedad en la boca seca.
Sasuke no apartó la mirada de sus labios.
Se preguntó si él llegaría al extremo de taparle la nariz para obligarla a tragar si no era capaz de apurar el vaso con la suficiente rapidez.
—Ahora toma pan —ordenó Sasuke, rompiendo un pedazo diminuto y
metiéndoselo en la boca.
Sakura masticó, incapaz de contener una sonrisa.
—Esto me recuerda a nuestra estancia en Kilmorgan. Me dabas el desayuno de tu mano.
Sasuke cogió otro trocito de pan sin contestar, observando cómo masticaba y tragaba.
—Me siento mejor —dijo ella cuando hubo comido varios pedazos—. Sin
embargo, estoy cansadísima.
Sasuke le tocó la frente y la cara.
—Ya no tienes fiebre.
—Gracias a Dios…
Se interrumpió cuando él la rodeó bruscamente con sus brazos.
La camisa se le abrió sin querer y el calor de su pecho desnudo la cubrió como una manta.
Sasuke intentó besar sus labios resecos, pero ella se apartó.
—No, Sasuke, debo de estar asquerosa. Necesito bañarme. —Sasuke le apartó el pelo de la frente con los ojos húmedos.
—Primero descansa. Duerme un poco.
—Tú también.
—Yo ya he dormido —discutió él.
—Me refiero a que duermas en condiciones, en una cama. Dile a una criada que venga a cambiar las sábanas y luego túmbate aquí conmigo. —Le enjugó una lágrima
de la mejilla, atesorando aquella rara señal de emoción—. Quiero abrazarte.
—Yo cambiaré las sábanas —indicó—. Lo he hecho hasta ahora.
—Las criadas de planta no estarán muy contentas si tú realizas su trabajo. Son muy celosas de sus labores. Las de este piso son muy estiradas.
Él negó con la cabeza.
—No comprendo nada de lo que dices.
—Entonces realmente debo de estar mejor.
Sasuke cogió sábanas de una alacena.
Comenzó a cambiarlas por un lado de la cama sin decir palabra.
Sakura intentó ayudarle, pero se dio por vencida al percatarse de que ni siquiera era capaz de levantar una esquina.
Sasuke deshizo con habilidad un lado de la cama y puso las sábanas limpias.
Luego la tomó en brazos y la puso sobre ellas para repetir la acción en el otro lado.
—Vaya, realmente sabes lo que haces —observó ella mientras él remetía las mantas a su alrededor—. Quizá podrías abrir una academia para criadas.
—Libros.
Ella esperó que se explicara, pero él se limitó a dejar en el pasillo la ropa sucia y a cerrar la puerta otra vez.
—¿Perdón?
—En los libros viene la manera de mudar la cama de un enfermo.
—Los has leído, ¿verdad?
—Lo leo todo. —Se quitó las botas y se tumbó a su lado.
A ella le agradó sentir el calor de su cuerpo.
Sakura recordaba vagamente haberse despertado en mitad de la noche; entonces, Sasuke la había mirado fijamente a los ojos.
Su mirada mostraba tal aflicción que
ella también la había sentido.
Ahora, la mirada de su marido volvía a ser esquiva, y no le dejaba atraparla.
—No es justo que sólo me mires cuando estoy muy enferma —protestó Sakura—. Ahora que estoy mucho mejor y despierta, vuelves a mirar hacia otro sitio.
—Porque cuando te miro me olvido de todo lo demás. Pierdo el hilo de lo que estoy haciendo o diciendo. Sólo puedo pensar en tus ojos. —Sasuke puso la cabeza sobre la almohada y le cubrió el pecho con la mano—. Tienes unos ojos preciosos.
A ella se le aceleró el corazón.
—Y ahora te dedicas a halagarme para que no sea capaz de reñirte.
—Jamás te he halagado.
Sakura le acarició la mejilla.
—Sabes que eres el mejor hombre del mundo, ¿verdad?
Él no respondió.
Sakura sintió su cálido aliento sobre la piel.
Estaba cansada, pero no muerta, y notó un placentero apretón entre las piernas.
Lo que había ocurrido en la iglesia inundó su mente; el horrible dolor y la desesperación de la señora Terumi, entremezclados con los olores de su antigua vida.
—Está muerta ¿verdad? Me refiero a la señora Terumi.
—Sí.
—Pobre mujer. Amaba tanto a Itachi…
—Era una asesina y casi te mató.
—Bueno, no es que me haya gustado la experiencia, claro. No fue ella la que mató a Sally, ¿sabes? Lo hizo Lily.
Sasuke parpadeó.
—No hables. Estás demasiado débil.
—Es la verdad, Sasuke Uchiha. Sally abandonó a Lily e iba a quedarse con todo el dinero del chantaje. Lily debió de enfadarse mucho. Tú dijiste que rondaba alrededor del dormitorio. Mientras tú esperabas en la sala y después de que Itachi abandonara la estancia, entró, discutió con Sally acaloradamente y la apuñaló. No es
de extrañar que Lily estuviera de acuerdo en ocultarse en esa casa de Covent Garden.
Sasuke se recostó contra ella.
—Ahora mismo me importa un bledo quién mató a Sally.
Sakura pareció dolida.
—Pero solucioné el misterio. Cuéntaselo al inspector Inuzuka.
—El inspector Inuzuka puede irse al infierno.
—Sasuke…
—Si es tan buen detective como cree, lo descubrirá por su cuenta. Descansa.
—Pero me siento mejor.
Sasuke la miró con irritación, pero sus ojos no buscaron los de ella.
—No importa.
Sakura se recostó obedientemente en las almohadas, pero no se pudo resistir a acariciarle la mejilla.
Tenía la mandíbula oscurecida y áspera por la barba que demostraba que llevaba un tiempo sin afeitarse.
—¿Cómo supiste que estaba en la iglesia? —preguntó Sakura—. ¿Cómo lo dedujiste?
—Inuzuka dio con alguien que escuchó que la señora Terumi ordenaba a un conductor de alquiler que os llevara hasta Bethnal Green. Itachi sabía que una hermana de la señora Terumi vivía por allí. Cuando descubrimos que no estabais en
su casa, imaginé que si lograbas escapar de la señora Terumi te dirigirías a la iglesia en la que fue vicario tu marido. —Apartó la mirada—. Sabía que allí habías sido feliz.
—Pero ¿cómo sabías dónde estaba la capilla?
—He explorado todas las zonas de Londres. Esa también.
Sakura se recostó en su pecho, aspirando el olor a limpio de la camisa.
—Benditos seáis tú y tu memoria, Sasuke. Jamás dejará de asombrarme.
—¿Te asombra?
—Sí, hasta ahora no le había dado más importancia que si fuera un truco de circo. Cielo Santo, ¡ni que fueras un mono de feria!
—Un mono…
—No importa. Sasuke Uchiha, gracias por encontrarme. Gracias por no haber matado a Sally Tate. Gracias por ser tan condenadamente noble y concienzudo.
—Algunas veces estuve muy preocupado. —Sasuke se frotó la frente con un gesto que indicaba que padecía una de sus dolorosas migrañas—. Algunas veces llegué a
convencerme de que no había sido Itachi, sino yo en uno de mis ataques de furia y había bloqueado la imagen para no recordarla.
Sakura le apretó la mano.
—Pero no lo hiciste. Las dos asesinas están muertas; caso cerrado.
—Ya me viste cuando ataqué a
Inuzuka. Fue necesario que Curry y Sai unieran sus fuerzas para conseguir que le soltara.
—Debes admitir que el inspector Inuzuka te estaba provocando —dijo Sakura, intentando mantener un tono ligero.
—Al principio de mi estancia en el sanatorio, luchaba contra mis cuidadores. Hice daño a más de uno. Tuvieron que atarme a la cama para aplicarme los tratamientos.
—¿Cuidadores? —Sakura intentó incorporarse en la cama, pero el dolor la obligó a renunciar—. Tú no eres un animal.
—¿De veras?
—No se debe atar a nadie. Ni golpearle o darle corrientes.
—Tenía horribles dolores de cabeza y les atacaba. —Apartó la mirada—. No siempre soy capaz de contener los ataques de furia. ¿Y si te hago daño?
A Sakura le dio un vuelco el corazón al ver el miedo en sus ojos.
—Tú no eres como tu padre.
—¿No lo soy? Me encerró porque presencié cómo mataba a mi madre, pero no fue la única razón. Tampoco fui capaz de convencer a la Comisión de que estaba cuerdo… Estaba tan enfadado que lo único que hice fue repetir el primer verso de una poesía una y otra vez a pesar de que intentaba refrenarme. —Sasuke le cogió una mano y la llevó a los labios—. Sakura, ¿y si me enfado contigo? ¿Y si te hago daño? ¿Y si un día abro los ojos y te estoy rodeando la…?
Se interrumpió y apretó los ojos con fuerza.
—No, Sasuke, no me dejes fuera.
—Estaba muy enfadado con Sally. Y soy tan fuerte…
—Por eso te fuiste. Saliste de esa habitación para intentar tranquilizarte, y lo conseguiste. —Sakura le besó el puño cerrado—. Necesito hablar con el inspector
Inuzuka —añadió.
De repente, se encontró inmovilizada sobre el colchón.
Sasuke volvía a tener los ojos abiertos, el miedo había desaparecido.
Pero a pesar de la fuerza con la que le sujetaba las muñecas, se había asegurado de que no le hacía daño con su peso en el costado herido.
—No quiero que vuelvas a hablar con él. No quiero que le vuelvas a ver.
—Pero…
—No —gruñó.
Sasuke le impidió decir las siguientes palabras acallándola con sus labios, y a Sakura no le importó rendirse.
No volvió a mencionar el tema, pero hacía planes al respecto.
Necesitaba mantener una larga charla con el inspector Inuzuka, y la tendría.
Sakura se recobró con rapidez de la fiebre, pero la puñalada llevó más tiempo.
Aguantó otra semana en la cama, pero el dolor no se iba y se cansaba con rapidez.
Cojeaba por la enorme mansión de Itachi con los sirvientes revoloteando a su alrededor, dispuestos a llevarle cualquier cosa que necesitara.
Pero todo aquello solo la ponía más nerviosa, no estaba acostumbrada a tantas atenciones.
También se sentía frustrada porque después de aquel beso para mantenerla en silencio, Sasuke se había distanciado de ella.
Le dijo que quería darle la oportunidad de curarse por completo, pero ella sabía que todavía estaba preocupado por sus ataques de ira.
El padre de Sakura había sido propenso a dejarse llevar por la furia cuando estaba borracho, momentos en los que no le importaba utilizar los puños.
Pero Sasuke no era así… Comprendía la necesidad de controlarse, y no bebía.
Ella sabía que no serviría de nada intentar tranquilizarle.
No podía negar que los Uchiha habían visto y provocado bastantes dosis de violencia.
Pero entonces recordaba la angustia en la cara de Itachi cuando murió su amante.
Él la había abrazado con tanta ternura que la señora Terumi supo que estaría a su lado hasta el final.
Sasuke poseía la misma naturaleza protectora; de hecho, había desafiado abiertamente a Itachi para protegerla.
Y Sakura se moría por Sasuke, ardía por él, pero todas las noches se mantenía alejado de su cama.
Sakura recibió muchas visitas; todos, desde Ino a Daniel, se mostraron
ansiosos por conocer cómo se encontraba.
Nunca había tenido antes una familia ni se había preocupado por ella más de una persona al mismo tiempo; a menudo ni siquiera eso.
La aceptación de los Uchiha la calentaba por dentro.
Ino tenía razón al decir que ninguno de los cuatro hermanos observaba la conducta adecuada delante de las damas, pero a Sakura no le importaba.
Le gustaba que Sai y Naruto se
sintieran lo suficientemente a gusto con ella para ser ellos mismos, y sabía que sus rudos modales ocultaban un buen corazón.
Como Sasuke continuaba insistiendo en mantenerla encarcelada, Sakura comenzó a sentirse prisionera en una especie de jaula de oro.
Tuvo que sobornar a Curry para
llevar a cabo sus planes.
—Milord me matará —aseguró Curry con convencimiento al escuchar las
instrucciones.
—Sólo quiero hablar con él. Tienes que traerlo aquí.
—Oh, claro. Muy sencillo. Y luego… ¡milord me matará! Por no mencionar lo que hará Su Excelencia.
—Por favor, Curry. Y me olvidaré de lo que te vi haciendo con Katie en la
escalera de servicio.
El hombre se puso como la grana.
—Es usted dura, ¿verdad? ¿Mi señor ya sabe lo que le espera?
—Crecí en los barrios bajos igual que
tú. Tuve que aprender a ser dura.
—Perdone, pero no es lo mismo, milady. Puede que los dos creciéramos en el East End, pero usted no procede de allí. Su madre era hija de un caballero y tuvo una educación.
—Perdona, Curry. No era mi intención insultarte.
Él sonrió ampliamente.
—De acuerdo. Pero no vuelva a decir eso. —Se puso serio—. ¡Oh, Dios! Él me matará.
—Yo me encargaré de Sasuke —dijo Sakura—. Tú haz lo que te he dicho.
Una semana después del comienzo de la recuperación de Sakura, Sasuke abrió la puerta del dormitorio de su esposa y tuvo que apartarse con rapidez para que Curry no le atropellara.
Durante los últimos días se había fijado en que su ayuda de cámara
entraba y salía de la habitación mirándole de manera furtiva.
Igual que acababa de hacer ahora.
—¿Adónde demonios vas? —le preguntó.
—Tengo cosas que hacer —respondió Curry sin detenerse, antes de desaparecer por el pasillo.
En el interior, Sakura estaba recostada en la chaise, con la cara brillante y la respiración jadeante.
Se acercó a ella en dos pasos y le puso la mano en la frente, pero no notó fiebre.
Se sentó en el borde del sofá junto a ella, disfrutando del contacto de
su cuerpo contra el suyo.
—Nos iremos a Escocia la semana que viene. Espero que entonces ya hayas
recuperado las fuerzas.
—¿Es una orden, marido?
Sasuke le pasó la mano por el pelo.
La deseaba, pero estaba dispuesto a privarse del placer para no hacerle daño.
—Te gustará mi casa en Escocia. Nos casaremos allí.
—Te recuerdo que ya estamos casados.
—Quiero que tengas una boda de verdad, vestida de blanco y con lirios del valle, como me dijiste en la ópera.
Ella arqueó las cejas.
—¿Te acuerdas de eso? Claro que te acuerdas. Me parece encantador.
Sasuke se levantó.
—Descansa.
Sakura le cogió la mano.
Su contacto le hizo hervir la sangre y la deseó con anhelo.
—Sasuke, no te vayas. —Él intentó liberarse de su mano, pero ella le retuvo con fuerza—. Por favor, quédate conmigo. Podemos simplemente… hablar.
—Es mejor que no.
Vio que a Sakura se le llenaban los ojos de lágrimas.
—Por favor.
Ella creía que la rechazaba.
Sasuke se inclinó sobre ella apoyando las manos a ambos lados de su cuerpo.
—Si me quedo, no será para hablar. No podré evitar hacerte lo que deseo.
A Sakura se le dilataron las pupilas.
—No me importaría.
Sasuke le acarició la mejilla con el dorso de los dedos.
—Puedo protegerte de los demás, pero ¿quién te protege de mí?
A Sakura le temblaban los labios cuando le sostuvo la mirada.
Él apartó la vista.
Ella aprovechó el momento de distracción para rodearle el cuello con los brazos y besarle de pleno en la boca.
«Traidora».
Se encontró con su lengua buscando la suya, con sus labios cálidos y expertos haciéndole lo que él le había enseñado.
Le distrajo otra vez mordiéndole el labio inferior mientras le acariciaba la erección por encima de la ropa.
—No —gimió Sasuke.
Sakura deslizó los dedos por los botones de la bragueta y los abrió uno a uno.
—Tengo que hablar con quienquiera que diseñe la ropa masculina. Le diré lo difícil que resulta quitarla en determinadas circunstancias.
Sasuke estaba tan duro que le dolía.
Ella cerró los dedos con atrevimiento alrededor de su miembro y rozó la punta con el pulgar.
Apretó los dientes cuando ella comenzó a dibujar remolinos con la yema de los dedos en el borde, jugueteando con la sensible
piel.
Antes de darse cuenta, se encontró con las manos enredadas en los cabellos de Sakura; la soltó antes de perder el control y clavó los dedos en su hombro, apresando la suave seda de la bata.
—¿Te gusta esto? —susurró ella.
Sasuke no pudo responder.
Arqueó las caderas involuntariamente.
—Me encanta hacerte esto —siguió hablando Sakura—. Me encanta lo duro que te pones y lo sedosa que es aquí tu piel. Recuerdo lo que sentí cuando te tomé con la boca. —Ella debía de querer matarle.
Sasuke cerró los ojos, apretó los dientes y deseó tener la suficiente fuerza de voluntad para detenerla
—. Estabas caliente y un poco
salado —continuó ella—. Recuerdo que comparé tu sabor con el de la crema agria. —Se rio—. Cuando tragué tu semilla fue la primera vez que hacía algo semejante. Pero
quería tragar todo lo que fuera posible de ti.
La voz de Sakura era tímida y ardiente al mismo tiempo, sus dedos tan expertos como los de una cortesana.
Mejores todavía, porque Sakura no lo hacía por dinero, sino porque quería.
Era un regalo.
—Estoy tratando de aprender a mantener una conversación obscena —se rio ella—. ¿Qué tal me sale?
—Bien. —Casi jadeó la palabra.
Se inclinó sobre su boca y le dio un beso largo y profundo.
Sakura abrió los labios para él sin dejar de sonreír.
—¿Me dirás obscenidades tú a mí? —le preguntó—. Parece que me gusta.
Sasuke acercó los labios a su oreja y comenzó a decirle en términos muy explícitos lo que quería hacerle exactamente, y dónde, cómo y con qué.
Sakura se puso como la grana, pero tenía los ojos brillantes como estrellas.
—¡Cómo me fastidia estar tan débil! —exclamó—. Tienes que acordarte de
hacerme todas esas cosas cuando esté bien.
Sasuke le pasó la lengua por la oreja, ya sin palabras.
Sakura le apretó la erección con
fuerza.
Ella estaría bien muy pronto y, entonces, él la tumbaría en el suelo y procedería a realizar todo lo que le había prometido.
Ella le acarició de arriba abajo cada vez más rápido; haciéndole arder.
Sasuke ya no contenía los empujes.
Cerró la mano sobre la de ella y la ayudó a acariciarle, a apretar.
Dejó caer la cabeza hacia atrás y la habitación comenzó a dar vueltas cuando alcanzó la liberación.
Su cálida y húmeda semilla se derramó sobre sus manos unidas.
—Sakura—le dijo al oído—. Mi Sakura.
Ella buscó sus labios y sus lenguas se enredaron.
Él le acarició el brillante pelo,
besándola repetidas veces hasta que su boca estuvo tan hinchada como la de ella.
—Espero que te haya gustado —le azuzó ella con un provocador destello en los ojos.
Sasuke apenas podía hablar.
Tenía el corazón desbocado y la respiración entrecortada, pero no estaba, ni mucho menos, saciado.
Sin embargo, aquello era hermoso.
La besó una vez más antes de acercarse al lavabo para coger una toalla y limpiarles a ambos.
—Gracias —susurró.
Alguien llamó inesperadamente a la puerta.
Sakura contuvo el aliento, pero Sasuke dejó la toalla a un lado con serenidad y se abrochó los pantalones.
—Adelante —dijo.
Fue Sai quien entró.
A Sakura le ardía la cara, pero Sasuke no parecía avergonzado de haber sido pillado en mangas de camisa y con su esposa sentada en el regazo.
—Ese maldito inspector está abajo —informó Sai—. Intenté echarle, pero
insiste en que has sido tú quien envió a buscarle.
Sasuke comenzó a gruñir, pero Sakura intervino con rapidez.
—Está bien. Yo le he invitado.
Sintió el peso de la mirada de Sai.
—¿No hemos tenido suficiente de él? —preguntó Sai.
—Quiero preguntarle una cosa —explicó ella—, y como Sasuke no me deja salir, tuve que conseguir que viniera él.
Su marido entrecerró los ojos.
—Curry te ayudó.
Sakura se levantó de su regazo.
—Ven conmigo —dijo con rapidez—. Le veremos juntos.
Sasuke la rodeó con los brazos.
—Ordena que suba.
—Pero apenas estamos decentes.
—Pues tendrá que aguantarse. No estás lo suficientemente bien para arreglarte para verle.
Sakura tuvo que conformarse, sabiendo que si Sasuke ordenaba a los lacayos que echaran a Inuzuka a la calle, le escucharían a él y no a ella.
Sai se encogió de hombros y se apoyó en la pared.
Sakura intentó arreglar con los dedos los cabellos que se habían soltado de la trenza.
—Debo parecer una cortesana que acaba de estar con su amante.
—Estás muy guapa —aseguró Sasuk.
La sostenía sin fuerza contra su cuerpo, pero Sakura sabía que sus brazos se convertirían en cadenas si ella intentaba levantarse y alejarse de él.
La puerta se abrió otra vez.
—De verdad, esto es muy impropio —jadeó Inuzuka.
El inspector mantenía las manos en la espalda, donde sostenía con fuerza el sombrero.
Sai cruzó los brazos y observó al policía como si no quisiera perderle de vista.
—Perdone, inspector, pero mi marido se ha negado a permitir que me levantara y bajara a recibirle como corresponda una buena anfitriona.
—Sí, bueno. —Inuzuka permaneció inquieto en medio de la habitación sin mirarla a los ojos—. ¿Se encuentra mejor, milady? Lamenté mucho escuchar que estaba enferma.
Sorprendentemente parecía sincero.
—Sí, gracias —respondió ella con calidez—. ¿Y bien?
—He estudiado su teoría sobre Lily Martin —comenzó Inuzuka—. Registré la habitación de la señora Terumi y encontré el retrato de Sally Tate que pertenecía a Lily, justo como usted dijo. Estaba firmado por detrás, «De Sally, con todo mi amor»,
también encontré una carta de amor en el interior del marco.
—¿Una carta? ¿Qué decía?
—Era una carta de amor de Sally a Lily. Estaba mal escrita, pero la esencia del asunto resultaba evidente. Lily había atravesado las líneas con tachones y escrito «te lo merecías».
—¿Son pruebas suficientes? —preguntó Sasuke.
Inuzuka frunció el ceño.
—Tendrán que serlo, ¿verdad? A Scotland Yard le gusta la solución del caso porque los lores implicados salen bien parados. Pero en mi informe escribiré todos los nombres para quién le interese leerlo.
Sai emitió una risita burlona.
—Como si a alguien le gustara rebuscar entre los informes policiales.
—Pues a los periodistas, por ejemplo, les interesará lo que pone allí —aseguró Inuzuka.
—Como siempre —convino Sasuke en voz baja—. Jamás se han callado y nunca lo harán.
—Escribir sobre lores arrogantes siempre vende periódicos —aseveró Sakura—.No me importa lo que digan siempre que sea la verdad, inspector.
Sasuke no mató a nadie ni tampoco lo hizo Itachi. Y usted ha estado ladrando todo el tiempo en el lado
incorrecto del árbol.
Le dirigió al inspector una brillante sonrisa y él frunció el ceño otra vez.
Era evidente que estar allí dentro le resultaba bastante incómodo, pero a Sakura no le daba pena.
Se lo merecía por todo lo que había hecho pasar a Sasuke.
Inuzuka todavía no era capaz de mirar a Sakura y a Sasuke, así que clavó los ojos en Sai.
—Puede que no hayan sido los
Uchiha quienes llevaron a cabo el asesinato, pero estaban involucrados hasta el cuello. La próxima vez que den un paso en falso estaré esperando y les atraparé. Les prometo que la próxima vez reuniré las pruebas
que sean necesarias.
Tenía la cara roja y se le notaban las venas en el cuello.
Sai arqueó las cejas y Sasuke le ignoró olímpicamente, acariciando el pelo de Sakura con la nariz.
Sakura se zafó con esfuerzo de los brazos de su marido y se puso en pie.
Se tambaleó un poco y apoyó la mano en el firme hombro de Sasuke para recuperar el equilibrio.
—Deberías tomártelo en serio —le dijo a Sai. Luego señaló a Inuzuka con el dedo—. Y usted no se dedicará a buscar pruebas de nada. Les dejará en paz y se consagrará a perseguir a los auténticos criminales. A los que delinquen realmente.
Inuzuka la miró por fin directamente; la cólera había vencido al pudor.
—Oh, ¿de veras?
—Tiene que poner fin a esa obsesión.
—Señora Haruno.
—Soy lady Uchiha —le corrigió Sakura al tiempo que tiraba con fuerza del cordón de la campanilla que había detrás de Sasuke—. Y, de ahora en adelante, va a hacer justo lo que le digo.
La cara de Inuzuka adquirió un tono púrpura.
—Sé que la han embaucado a pesar de todos mis esfuerzos, pero deme una
buena razón por la que no debería dedicarme a exponer sus maldades, sus trapicheos, o la manera en la que utilizan manifiestamente su poder para manipular las altas esferas; cómo ellos…
—Basta. Entiendo lo que quiere decir, pero debe dejar de hacerlo, inspector.
—¿Por qué?
Sakura sonrió.
—Porque conozco su secreto.
Inuzuka entrecerró los ojos.
—¿A qué secreto se refiere?
—A uno muy secreto. Ah, Katie, por favor, tráeme el paquete que te hice
comprar el otro día.
La autora del libro es Jennifer Ashley
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
