Chispas de Chocolate
El timbre de la puerta sonaba una tras otra vez, la miré de reojo y decidí ignorarlo. En algún momento se hartaría y se marcharía.
…
— Darién, perdóname. Es solo que… no sé lo que siento, si estoy con el algo en mi cambia y no puedo evitarlo. Perdóname — trataste de poner en tu rostro la cara más lastimera, pero te conocía, era falsa —. Yo no quiero lastimarte.
— ¿Por qué finges? — te pregunte levantándome rápidamente —. ¿Crees que no te conozco? No te duele dejarme, no sientes nada de lo que sale de tu boca.
— ¿Qué dices? — preguntaste siguen tu propio juego —. Claro que me duele dejarte.
Una sonrisa burlona se dibujó en mi rostro, era claro que no saldrías de tu papel.
— Vamos, no eres tan buena actriz como te han dicho.
Tu rostro se transformó, por fin, la verdadera tu había salido a la luz.
— ¡¿Quieres la verdad?! — gritaste alzando los brazos —. No te amo, en algún momento sentí algo por ti, pero no fue más que algo pasajero y débil. Por eso jamás te propuse tener sexo, porque no siento nada por ti.
— ¡Lárgate! — grite mientras te tomaba del brazo —. Sal de mi casa, quiero que jamás olvides tus palabras, cuando me extrañes serán las únicas que escuches salir de mi boca.
— ¡Suéltame! — te zafaste de mi agarre y volteaste antes de salir por la puerta — ¿Extrañarte? Por todos los cielos Darién, nadie podría extrañar nada de ti.
Toma la puerta y la azote con todas mis fuerzas.
…
Después de un rato en total silencio mi teléfono comenzó a sonar una y otra vez, no me quedo de otra más que bloquear su número. Después de unos minutos otro número desconocido comenzó a marcar de igual manera, también lo bloquee, luego siguió el teléfono de mi casa así que desconecte el cable.
— Te dije que me extrañarías.
Tomé la taza de té entre mis manos y comenzó a ver la serie de televisión que alguna vez dije quería ver.
…
— Hola hermano — Andrew me saludo tan solo al verme —. ¿Cómo estás? Supe lo de… tu sabes quién.
— Déjalo, es algo superado, no se puede sufrir por algo que realmente no fue mío, ¿cierto?
— Si, tienes razón. ¿Vas a pedir algo?
Antes de poder hablar escuche como alguien lo saludaba, aunque más que un saludo parecía un grito. No me moleste en girar, pero pude sentir como se sentó a mi lado y Andrew se giró hacia ella. Al parecer ordeno algo ya que Andrew se fue a la cocina rápidamente.
— ¿Ordenaste la malteada de chocolate?
Escuche la voz de alguien a mi lado, me gire un poco y mis ojos se encontraron con los de ella, instantáneamente sentí como mi rostro se ponía un poco caliente.
— Aahhh n-no, aun no me decido.
— Personalmente creo que la de chispas de chocolate es el fuerte de este lugar.
— ¿Vienes seguido? — ni siquiera sé porque pregunte eso.
— Mmmmh… cuando la escuela me da tiempo — fue entonces que note su uniforme de la preparatoria de Juban.
— Oh, ya veo.
En ese momento Andrew salía por la puerta de la cocina con un pedido para llevar.
— Para la dulce Serena, su orden esta lista — dijo haciendo una reverencia como si la joven fuera una princesa.
— Muchas gracias caballero — soltó una risita y dejo el dinero sobre la barra —. Un placer conocerte. Adiós, Andrew.
— Veo que conociste a Serena.
— Si…
— Perdón por irme sin esperar que ordenaras, pero Serena siempre tiene prisa así que… ¿Vas a pedir algo?
— Una malteada de chispas de chocolate.
…
No volví a ver a Serena, la amiga de Andrew, la que no dejaba de seguirme era ella. ¿No se cansaba? Le había pedido al portero del edificio que le prohibiera la entrada, que no era bienvenida. Eso, por lo menos me hizo sentir más tranquilo cuando me encontraba en mi departamento.
Mi vida comenzaba a volver a la normalidad, pero cante victoria antes de tiempo.
— Aquí estas — escuche su voz detrás de mí —. Tengo días buscándote, ¿Por qué no respondes mis llamadas o mensajes?
— Oye, no hagas una escena, estamos en la cafetería de Andrew, respeta.
—¡¿Respetar?! No me importa dónde estamos Darién, quiero una explicación.
— ¿Explicación? Tú me dejaste, ¿no lo recuerdas? Hasta te burlaste cuando te dije que me extrañarías.
— No sabía lo que decía — pude ver como su rostro se suavizo y se acercó acariciando mi camisa —. Vamos, perdóname, regresemos a lo que teníamos, prometo portarme bien y…
— Ya te dije que no — la tome del brazo logrando que soltara mi camisa —. No voy a regresar, entiende.
— ¿Por qué no? — me miro molesta.
— Porque está conmigo.
Esa voz yo la conocía, cuando alcé mi rostro pude ver como Serena cruzaba sus brazos y levantaba una ceja.
— ¿Tú quién eres? — pregunto molesta dando media vuelta quedando frente a Serena.
— ¿Yo? ¿Quién más podría ser? Soy su novia — y como si fuera lo más natural se acercó a mí, tomo mi brazo y haciendo que bajara un poco mi rostro beso mi mejilla —. Así que, si nos permites, tendremos una cita.
Rápidamente me jalo de nuevo hacia los asientos y comenzó hablar de no sé qué cosas, yo estaba realmente sorprendido.
— Tu…
— ¿Yo? — no sabía que decirle, estaba anonadado por lo que acaba de ocurrir, en ese momento ella se alejó, pero se detuvo de nuevo en la puerta — ¿Quieres que te vuelva a buscar o quieres terminar de matar sus ilusiones?
— ¿Qué?
— Lo tomare como un matar sus ilusiones
Sin esperar nada más, tomo mi rostro entre sus manos y me beso, fue un beso diferente a todos los demás, yo solo estaba ahí, dejándome hacer por una jovencita de mínimo cinco años menor que yo, pero luego me preocuparía por eso. El beso era lento, parecía saborearme y yo estaba derritiéndome por dentro, cuando soltó mi rostro abrí un poco los ojos y pude notar como estaba agitada y sonrojada.
— Yo…
— Tu… ¿cómo te llamas? — pregunto riendo.
— Darién.
— Por cierto, veo que me hiciste caso y compraste la malteada de chispas de chocolate.
Sin decir nada más volvió a besarme.
