Supe que se había convocado una reunión de urgencia en el Parlamento Europeo apenas un par de horas antes de que se celebrara. Al parecer, todo era cosa de Francia. Quería que nos viéramos lo antes posible. Así que tuve que dejar lo que estaba haciendo (intentaba seguir un tutorial de Internet para hacer salsa bechamel) y prepararlo todo.

Aquella no era una reunión como las de antes. Solo éramos tres naciones allí. Los demás tenían asuntos que resolver o, desencantados, no iban a perder el tiempo con "reuniones inútiles". Fue realmente deprimente ir allí y solo ver políticos uniformados. Fue una reunión de lo más apacible, pero que no hubiera gritos, ni discusiones ni risas exageradas...Qué tétrico.

Allí estaba Francia, claro, pero lo que más me llamó la atención fue que junto a él se encontraba Inglaterra.

No sabía qué hacía allí. Ya no era miembro. Se había mostrado tan impaciente por salir de la Unión, tenía tanta prisa, que no entendía a santo de qué venía a presentarse allí. Supuse que después de la masacre de su hermano pequeño Sealand se había visto débil y necesitaba ayuda externa para defenderse. Ya se sabe que muchos se hacen los independientes hasta que hay problemas. Y ¿junto a Francia? ¿Cuando se llevaban como el perro y el gato? Pero entonces Francia subió a la palestra y me distrajo sobre aquella cuestión:

— Les he convocado hoy, damas y caballeros, porque parece que es evidente que el One World Nation Movement ha ganado. Sí. Han ganado. No me miren así. Nos tienen pendientes de cada uno de sus movimientos. Solo oír hablar de ellos hace que temblemos de pánico. Solo hace falta que miren a su alrededor: ¿a cuántas naciones ven aquí? No los han traído por miedo. Porque ellas mismas tienen miedo. ¿Para qué molestarse, no es cierto? Si hay que hacer algo, ya está el Triunvirato para eso. El resto de nosotros puede encerrarse en casa, lejos de las miradas acusadoras de la gente, para esperar o a que acaben con ellos como cucarachas o que nuestra propia gente nos dé de lado. Porque, en fin, ¿qué otra cosa podemos hacer? Es demasiado tarde para cambiar. Todo eso de lo que nos culpan es cien por cien cierto.

»Mírenme a mí y verán que mis manos están llenas de sangre. Yo, que tanto he hablado de libertad, he traficado con esclavos. Hice cosas innombrables en Argelia. Durante la revolución, esa que tanto glorifican, no solo vi cómo miles y miles de cabezas rodaban, también veía cómo colocaban los cadáveres en posturas indecorosas, ¡y me reía! Y el tipo que acabó con todo eso, Napoleón, no sé si les sonará, me enfrentó contra mi amigo España y reinstauró el Antiguo Régimen. En cuanto a mi gente, me liberó del Eje, no sin antes hacer algo de pillaje, violar unas cuantas garantías para con los prisioneros y violar a secas...Y seguro que me he dejado algo. ¿Y tú, Inglaterra, amigo? Cuéntales lo que has hecho tú, que trae cola.

— Podríamos pasarnos aquí toda la mañana, pero solo diré que construí mi imperio con la sangre y el sudor de otros. Reprimí duramente a mis colonias, usando los métodos que fueran necesarios, por abominables que fueran, maté de hambre a muchos, es mi culpa que en África existiera el Apartheid y, sí, yo también me serví de muchos esclavos, no solo negros. Como todos, por cierto...

— El movimiento tiene razón. ¿Por qué salvarnos, después de lo que hemos hecho? Sería mejor olvidar que una vez existimos y eliminar todo rastro de nuestras atrocidades. Pero aquí estamos. Por algún motivo, aún no nos hemos deshecho en polvo. Yo deseaba que así fuera. No dejaba de pensar que quizás, quizás tuvieran razón y que había llegado la hora de rendir cuentas. Me encerré en mi casa a esperar a que ocurriera. Debía ser pronto, me dije. Y cuando comenzaron los atentados y gente inocente salió herida, pensé que tenían más razón que nunca para odiarme. Pero el fin no llegaba nunca. La agonía no terminaba. Y entonces mi gente, mi maravillosa gente...me defendió. Consideró que mi vida merecía la pena. Pese a todo. Conociendo mi pasado...

»Me hicieron comprender. Ellos conocen nuestra historia y aun así nos aman. Nos aman porque nosotros representamos una parte de su alma. Nosotros somos una herencia viviente. Voces de tiempos remotos viven dentro de nosotros. La necesidad de recordar es más poderosa que la de olvidar...Al fin y al cabo, aunque traten de negarlo, nosotros los hemos convertido en lo que somos...Ustedes son como son hoy en día en parte por nosotros. Nosotros fuimos sus maestros. Incluso aunque nunca nos conociéramos en persona. Creo, si me lo permiten...que fuimos creados para que, a través de nosotros, ustedes pudieran enfrentarse a ustedes mismos...No siempre es un lado feo. También puede haber algo hermoso que rescatar de toda la pila de cosas malas...

»Señores, señoras, si de algo ha servido el auge de este movimiento es para revertir el sistema. En esta ocasión, hemos sido nosotros, las naciones, quienes nos hemos enfrentado a ustedes, los ciudadanos. Nuestra vida ha estado siempre en sus manos, pero es ahora que hemos visto que tienen el poder de hacernos desaparecer. Nos han enfrentado a aquellos errores que hemos preferido esconder bajo la alfombra. Y digo que el One World Nation Movement ha ganado su batalla, porque el viejo mundo ha desaparecido. Ese mundo en el que todo se resolvía mediante la injusticia y el derramamiento de sangre. Igual que después de la última guerra mundial las atrocidades cometidas nos espantaron tanto que desde entonces hemos hecho todo lo posible por ser más humanos, ahora usaremos nuestra repulsa hacia aquellos que matan a nuestros hijos, que asfaltan con sangre inocente el camino a una utopía, para unirnos todos juntos y defender nuestras maravillosas diferencias.

»Pero no podemos luchar como se ha estado haciendo hasta el momento, desde el odio. Debe hacerse desde el amor. Desde la humanidad. Por eso mi amigo Inglaterra y yo les pedimos su colaboración para atajar este asunto de una vez por todas. Aunar fuerzas todo el continente, miembros y no miembros de la Unión, para detener al movimiento, proteger a nuestros ciudadanos y demostrarles que quizás no seamos perfectos, pero siempre lo daremos todo por nuestra gente.

Debo decir algo sobre Francia: el muy maldito sabe cómo apelar a las masas. Consiguió que toda la cámara se pusiera en pie y aplaudiera. Incluso Inglaterra, que, como dijo una vez una famosa actriz, no le habría meado encima ni aunque estuviera en llamas, lo hizo. Le dijo unas pocas cosas al oído y Francia asintió con una sonrisa. Las cámaras lo registraron todo, desde el discurso hasta aquella charla amistosa con quien otrora fue su mortal enemigo. Millones de personas lo vieron. Gracias a las redes sociales corrió como la pólvora.

Y la gente comenzó a actuar.