32. Los sentimientos no eran tuyos, eran nuestros.
Hinata jadeó con fuerza, llevaba corriendo la mitad de la aldea y no podía encontrar a ninguno de los tres. Después de ir a buscar tres veces al puesto de Ichiraku, siguió sin encontrarlo hasta que pasó por los campos de entrenamiento, ahí estaba él, practicando a todo lo que daba como Jiraya. Sonrió con alivio al verlo, aunque esa misma sonrisa se borró al ver que sería la portadora de la mala noticia.
—N-Naruto…—llamó ella, lo suficientemente alto para que ambos la escucharan a la primera, no había tiempo para la timidez.
—Oh, un Hyuga. —sonrió Jiraya. —Te está buscando, pequeñito.
— ¡Deja de llamarme pequeñito! —reprochó Naruto, estaba lastimado de la cara y de las manos pero no parecía importarle. Todo lo que quería era sacar el enojo acumulado por Sasuke. —Hinata, ¿qué pasa? Es raro que me busques.
La chica desvió la mirada por un momento, se sentía aún nerviosa hablando con él, no obstante Naruto jamás la perdonaría si no hablaba a tiempo.
—Sucedió algo. —murmuró, Naruto se tuvo que inclinar para escucharla con una mueca en la cara.
—Lo siento, estoy ocupado ahora mismo, si no es nada importante ¿podrías decírmelo después? —preguntó sin mucho interés. —Hey, viejo, practiquemos más.
— ¡Es sobre Sakura! —exclamó como pudo, Naruto se giró a ella alzando una ceja. Hinata llevó una mano a su pecho, apretando un puño. —Verás… el cuervo que siempre está en su cabeza, apareció delante de nosotros, estaba muy lastimado…y habló.
— ¿Habló? ¿Qué dices Hinata? Los cuervos no hablan.
—Como sospeche, era una invocación…—pensó Jiraya. — ¿Qué fue lo que paso, Hinata? Ve al punto.
—Sakura, estaba al borde de la muerte cuando lo encontramos. —dijo ella, pasando saliva.
—Debió escoger palabras más suaves…—Jiraya frunció la boca al ver el efecto que tuvieron sobre su alumno.
Naruto se quedó pasmado un segundo, con la mirada perdida en algún punto de Hinata, pero la chica lo sabía no la estaba realmente viendo, simplemente en ese momento se le había detenido todo su mundo a Naruto Uzumaki. Era como un pitido ensordecedor, como si su corazón hubiese dejado de latir por un minuto y al siguiente estuviera desenfrenado pidiendo explicaciones; la cara se le puso terriblemente pálida y las heridas comenzaron a punzarle con mucha más fuerza, sus dientes tronaron y en un segundo ya estaba emprendiendo carrera rumbo al hospital de Konoha. Jiraya y Hinata no tardaron en seguirlo.
Los pasos resonaron por todo el hospital, como un eco lleno de desesperación. Los jadeos de Naruto eran constantes, giró la cabeza varias veces esperando encontrarlo en una sala de espera, buscando cualquier excusa para que su cerebro dijera que Hinata exageró sus palabras, que Sakura se había lastimado poco por ir corriendo.
Era su culpa, por pelear con Sasuke, por no detenerse cuando él se lo pidió.
— ¡SAKURA, DÓNDE ESTÁ SAKURA! —gritó Naruto, golpeando la recepción. El encargado lo miró sorprendido, pasmado; irritando al chico con el zorro de nueve colas, que parecía a punto de llorar. — ¡NO TE QUEDES CALLADO, IDIOTA, DIME DONDE ESTÁ SAKURA!
—Naruto, ¿por qué estás haciendo tanto escandalo? —preguntó Iruka, buscando calmarlo.
— ¡QUIERO SABER DONDE ESTÁ SAKURA! —pataleó Naruto cuando Iruka lo tomó por debajo de los brazos, apartándolo del escritorio de recepción. — ¡NO, NO NECESITO SABERLO!
—Basta, Naruto. —ordenó Jiraya, poniéndose delante de él. —No hagas un escándalo en el hospital.
— ¡Hinata, por aquí! —gritó Kurenai, ella había sido quién encontró el cuerpo de Sakura. Ino estaba sentada, con las manos en el rostro, al ver quienes se acercaban alzó su rostro y Naruto pudo notar la cantidad de lágrimas que había derramado, nunca la había visto tan mal.
—Esto… ¿y Kiba?
—Fue a buscar a los miembros restantes del equipo siete. —dijo Kurenai, preocupada. —No debe de tardar. Me alegra que estés aquí, Naruto…
— ¿Qué fue lo que paso? ¿Dónde está Sakura? —preguntó Jiraya, sentando al lado de Ino a Naruto.
—Los chicos lo encontraron a las afueras del bosque, por los límites de la aldea. —explicó Kurenai. —Cuando llegué con Shizune, ella hizo todo lo posible por estabilizarlo pero la herida en su pecho era demasiado grave, sumándole su enfermedad las probabilidades fueron escasas.
—Entonces…
—Está en cuidados intensivos. Tsunade-sama se encuentra en una cirugía muy larga por lo que no puede ser interrumpida, Shizune es quién se está haciendo cargo de Sakura en estos momentos. Pero…—Kurenai miró a Naruto, el chico a cada palabra que daba iba perdiendo más la alegría de sus ojos. —Seguro que Sakura se pondrá mejor, él es un chico muy fuerte. ¿Verdad, Ino?
Ella no pareció prestarle atención.
— ¿Han avisado a su clan? —preguntó Jiraya.
—Sí… pedimos a un Anbu del clan Haruno que diera aviso a sus familiares cercanos, pero como vez, ninguno está aquí. —suspiró Kurenai. —He escuchado que los del clan Haruno suelen abandonar a sus enfermos, pero no pensé que fuera verdad.
Naruto alzó la mirada de pronto, comenzó a jadear agitadamente y salió corriendo a toda velocidad. Iruka y Jiraya se miraron sorprendidos, antes de ir tras él, cualquier lugar al que se digiera el chico, no traería nada bueno cuando tenía esa clase de mirada en sus ojos. Parecía estar dispuesto a matar a alguien. Ino en cambió lo observó irse con desinterés, perdida en las memorias con su mejor amiga y en sus plegarias para que nadie, ni siquiera la muerte, lo alejara de ella.
Jiraya sabía que tanto Iruka como él podrían interponerse en el camino de Naruto, no obstante, también entendían a donde se dirigía a toda velocidad.
Al clan Haruno.
— ¡OYE, MALDITO VIEJO, SAL DE UNA VEZ! —gritó Naruto con todas sus fuerzas, frente a la casa de Sakura. Los demás miembros del clan, incluidos dos Anbus que estaban en dos pilares donde podían observar a todo su clan, se giraron a él, molestos por la intromisión tan pacífica. — ¡TE ESTOY HABLANDO, VIEJO DE MIERDA!
Iruka y Jiraya se pusieron al lado del chico, mirando con recelo a los demás.
— ¿Por qué estás gritando frente a la casa de otra persona? —preguntó el padre de Sakura, saliendo por detrás de la casa, con una parvada de niños detrás de él. Todos con la misma mirada que le dedicaban los demás a Naruto, como si un intruso estuviera dentro de sus tierras. —Eres el zorro de nueve colas, ¿me equivoco?
— ¡¿Por qué diablos estás con otros mocosos idiotas y no con tu propio hijo?! —le escupió en el rostro, el cuerpo de Naruto ya estaba temblando de enojo. — ¡¿Eres el padre de Sakura sí o no?!
—No lo soy. —escupió él, sin una pizca de remordimiento en su rostro. Naruto en automático se quedó sin palabras que decirle.
— ¿Qué?
—Mi familia son el clan Haruno, no traidores que prefieren al monstruo de la aldea o a los asesinos Uchiha. —exclamó él.
—Sakura aún pertenece a su clan, ¿por qué le están dando la espalda de esa forma? —preguntó Iruka, preocupado. —Él está debatiéndose la vida en el hospital en este momento.
—Esto es algo que no le concierne a ustedes. —dijo uno de los Anbu, bajando. De repente el ambiente cambió a uno mucho más hostil, casi peligroso. —Son cosas del clan Haruno, Sakura decidió seguir el camino que Konoha le brindó, eso quiere decir que desertó a su clan, por lo que ya no pertenece a nosotros.
— ¿Qué clase de pensamiento idiota es ese? —rechistó Jiraya.
—Entiendo lo de estos payasos. —bufó Naruto, centrando de nuevo la atención en él. El chakra del zorro comenzaba a emanar de él, logrando incluso que el otro Anbu y los adultos se pusieran a la defensiva. — ¡Pero a mí no me vengas con semejantes tonterías si tú eres su padre!
—Suficiente, Naruto. —reprochó Jiraya. —Será mejor irnos, Sakura necesita a personas que de verdad se preocupen por él.
Iruka tomó la mano de Naruto, sonriéndole; el rubio se mordió los labios y asintió con la cabeza, con el borde de los ojos repletos de lágrimas. ¿Acaso el lazo de la familia provocaba un sentimiento tan vacío? Siempre sintió envidia de que Sakura tuviera a sus padres, pero si eso significaba tenerlos, ¿Cuánto no había sufrido Sakura en silencio hasta ahora?
Al ver que Naruto e Iruka se alejaban con su clon de sombra que creó en el transcurso del camino, Jiraya se volteó al padre de Sakura, sus ojos parecían muertos y emanaba un aura distinta a la que vio por primera vez. Una mueca se formó en el rostro del sannin, Tsunade debía estar concentrada en la cirugía de Lee y Shizune en la de Sakura por lo que no podrían arreglar eso ahí, en ese instante.
—Vaya, he escuchado mucho de su clan. —sonrió Jiraya. —Sakura sí que lo hace resaltar, con ese equipo que tiene, puedo admirar la paciencia que tiene soportando a esos dos.
—Como dijimos, Jiraya-sama, esto no le concierne a la aldea de la hoja. —sentenció un anciano, Jiraya pudo percatarse que las pocas mujeres que habían fueron rápidamente metidas a las casas más cercanas.
—Ya, ya. —relajó él, con un tono desinteresado. —Sé que cada clan tiene sus reglas y costumbres, por más estúpidas que estás me parezcan.
—Dígale a ese niño débil que ahora puede permanecer con esos dos huérfanos. —sentenció el padre de Sakura, dándose la vuelta para seguir con el entrenamiento de los niños. —Claro, si sobrevive.
— ¿Débil, eh? —preguntó Jiraya, aun teniendo ese tono burlón en su voz. —Este clan sobrestima mucho las capacidades de las personas como Sakura. —luego miró a los pequeños, aún tenían inocencia en su mirada, pero no la suficiente para su desgracia, ya habían sido corrompidos con esa ideología. —Entonces, intenten detener la supervivencia de Sakura, intenten matar a esa niña nuevamente. —sentenció, afilando los ojos en dirección a ellos, clavándoles la mirada con tal severidad que a más de uno se le erizo la piel, incluido al padre de Sakura.
— ¿Matar? —luego recapacitó una palabra en especial. — ¡Sakura es un hombre!
—El clan Haruno ha florecido con las lágrimas de una mujer en especial. —siguió Jiraya. —Y el día cuando menos lo esperen, ella les recordará una vez más su nombre.
— ¿Qué está…?
—Si creen que por ser mujer ella es débil, se equivocan. Solo espero que para cuando se den cuenta, ese cuervo maldito ya los haya perdonado, de lo contrario, la masacre Uchiha no será su única hazaña. —y despareció en una nube de humo.
—.—.—.—.—
—Con que aquí estabas. —bufó Kiba, llevaba un buen rato corriendo por la aldea y tanto Akamaru como él estaban agotados. — ¿Por qué demonios te escondes tanto, Sasuke?
— ¿Qué diablos quieres, Kiba? —preguntó Sasuke, indiferente. Acababa de darse una ducha, borrando cualquier rastro de lágrimas, y había salido a la calle para que aquella habitación no lo abrumara todavía más. Usualmente no hablaba con Kiba, le caía mal, no obstante cualquier platica era bienvenida si le hacía olvidar el futuro que le esperaba.
—Es Sakura. —contestó. Y de inmediato los sentidos de Sasuke se alertaron como locos. —Está en el hospital de Konoha, Shizune-san lo está tratando en este momento.
— ¿Saku…? ¿Qué fue lo qué paso?
—Aún no estamos seguros. —murmuró él, rascándose la cabeza. —El cuervo que siempre va en su cabeza, resultó ser una invocación, él fue capaz de decirnos que se encontraba en peligro. Hayamos a Sakura al principio del bosque, por los fines de la aldea, estaba casi agonizando, si Shizune-san no hubiera llegado en ese momento, habría estado muerto ahora.
— ¿El cuervo… es una invocación? —preguntó Sasuke, poniéndose pálido.
Recordó entonces la noche de la matanza de su clan, los cuervos en su mente y el encuentro con Itachi, aquel cuervo llamado Masamune era resultado del antiguo secuestro de Sakura, desde ese momento lo había tenido. ¿Cómo no se dio cuenta que estaba relacionado con el maldito de su hermano? ¿Él había sido quién atacó a Sakura?
—Andando, ¿qué esperas? —reprochó Kiba, al ver que no avanzaba. —Si tienes hambre hay una cafetería en el hospital. Aunque de verdad pensé que saldría corriendo para ir con Sakura. —pensó frunciendo el gesto.
—No… yo… —Sasuke se quedó parado, mirando al suelo, un sudor frío le recorría el cuerpo. —Iré después. —barboteó, dándose media vuelta.
Kiba entreabrió la boca, confundido por la respuesta de Sasuke, Akamaru soltó un aullido pequeño. Antes de que Sasuke pusiera marcharse, Kiba le tomó por detrás de la camisa, volteándolo a la fuerza.
— ¿Qué quieres ahora? —dijo Sasuke, ofuscado.
El chico del clan Inozuka frunció la boca, ¿por qué las personas eran tan complicadas? Sin duda por eso prefería mil veces a los perros, no obstante, hubiera dejado que Sasuke siguiera su camino si no tuviera esa cara tan lamentable, que pedía a gritos ayuda. Naruto no estaba ahí, tampoco Kakashi.
—No sé si Sakura y tu pelearon antes de esto. —comenzó Kiba, jalándolo. Sasuke buscó poner resistencia pero Akamaru tiró también de su ropa, colgándose de sus pantaloncillos. — ¿¡Pero qué no son un equipo!? ¡Debes ir si estás preocupado, maldita sea!
— ¡Tú no lo entiendes!
— ¿Qué no entiendo? ¿Qué eres un idiota? —rechistó Kiba, jalándolo con mucha más fuerza, Sasuke ponía cada vez más resistencia. — ¡Sí estás preocupado por él, entonces dilo! ¡Sé que eres del prestigioso clan Uchiha, pero maldita sea, Sasuke, también tienes sentimientos!
—Ah, Kiba. —girando en una calle, los dos chicos y el perro se encontraron con Naruto, Iruka y Jiraya, quién ya había sustituido al clon. —Sasuke…—la voz de Naruto estaba apagada, y le había desviado la mirada por completo, seguro todavía no se le pasaba el enojo.
— ¡Naruto, que bueno que te encuentro también, tenemos que ir al hospital! —dijo Kiba, sin soltar a Sasuke. —Sakura…
— ¿No quieres ir a verlo? —preguntó Naruto, serio, aun sin mirarlo. Sasuke imitándolo, metió sus manos a las bolsas de su pantalón.
— ¿Crees que teneos derecho después de lo que paso? —contestó Sasuke, frunciendo el gesto. —Sakura salió herido por nuestra culpa incontables veces, no hacemos más que causarle problemas.
— ¡Eso no es…!
Estaba a punto de completar la oración, cuando una pregunta llegó a la cabeza de Naruto. ¿No era verdad? Eso sería decir una enorme mentira, desde Zabusa, en los exámenes chunnin, en la guerra con Orochimaru, incluso en la búsqueda de Tsunade, Sakura era siempre quién acababa peor. Y ahora, que Sasuke y él habían peleado, pasaba eso; ¿con qué derecho podían ir y decir un "lo siento"?
—Acéptalo, Naruto. Sakura estaría mucho mejor si no nos hubiera conocido. —siguió Sasuke, alzando la mirada; los ojos azules de Naruto chocaron contra él, perdiéndose en la infinita oscuridad que emanaban los ojos de Sasuke, el cielo azul de Naruto esta vez no podía cubrir ese agujero negro. —Aunque intentemos protegerlo una, dos o mil veces, nada hará la diferencia a menos de que nos hagamos cada vez más fuertes.
—Sasuke…
—Tú eres el monstruo de las nueves colas, que siempre será odiado por los demás. —dijo, provocando un vuelco al corazón de Naruto; ¿monstruo? ¿era un monstruo? —Y yo soy el último Uchiha, siempre estaré rodeado de enemigos que busquen ese poder.
—Pero…
— ¿Crees que Sakura merece eso? —preguntó Sasuke, sin darle el tiempo de buscar excusas. — ¿Merece ser señalado? Él tiene un clan al cual pertenecer, tiene una familia y más amigos que nosotros, será feliz incluso si no estamos a su lado.
Naruto se mordió los labios y apretó los puños, al cerrar los ojos sintió que las lágrimas ya habían mojado sus pestañas. Sasuke tenía razón, Sakura siempre estaba en constante peligro por su culpa, incluso era utilizado como cebo para atraerlos, ¿por qué su persona más especial tenía que llevar esa clase de vida? Era injusto, le dolía no poder protegerlo.
—Naruto, ¿soy una mala persona? ¿Por qué nadie quiere ser mi amigo? —el recuerdo del pequeño Sakura llorando en el columpio golpeó la mente de Naruto con fuerza. —… duele mucho cuando no tengo nadie a mi alrededor.
—Te estás creyendo demasiado, Sasuke. —se burló él, poniendo una sonrisa chueca en su rostro.
—Sakura, ¿por qué sigues juntándote conmigo? Tú padre te ha dicho que ya no estés más conmigo.
—Eres raro. —la sonrisa de Naruto comenzó a recobrar color ante el recuerdo, volviéndose cada vez más y más cálida, iluminando todo a su alrededor. —Pero aunque seas raro, a ti no te importa lo que digan los demás de mí. Así que a mí tampoco me importa lo que digan de ti.
Las cosas para ambos al fin estaban cambiando.
— ¡¿Por qué estás asumiendo los sentimientos de Sakura como si fueran tuyos?! —gritó, enojado. — ¡Sí tu mismo lo dijiste, tarado! ¡Sakura pertenece al lugar donde estamos, yo pertenezco con ustedes, tú perteneces con nosotros!
—Dije eso sin pensar. —bufó Sasuke. —Sin saber las consecuencias que traerían mis palabras.
— ¿Qué Sakura estaría mejor sin conocernos? —preguntó Naruto, tomándolo de la camiseta. — ¿¡Quién te crees que eres para decir eso!? ¡Tú no sabes lo que siente Sakura en lo más mínimo, y lo estás asumiendo por tu propia cuenta!
Sasuke se quedó pasmado, analizando las palabras de Naruto.
— ¡Sakura nos quiere tanto que hasta daría la vida por nosotros! —siguió el rubio, queriendo meterle un puñetazo. — ¡Y nosotros lo queremos tanto que damos la vida por él! ¡Así es como funciona el equipo siete, bastardo, y no solo con Sakura! ¡¿Qué no fuiste tú el que se sacrificó por mí cuando peleamos contra Zabusa? ¿Qué no fui yo quién se sacrificó por ti cuando peleamos con Orochimaru?! ¡DESPIERTA DE UNA VEZ, SASUKE!
— ¿Despertar…?
— ¡¿Qué es lo que buscas proteger?!
— ¿De qué demonios estás hablando? —reprochó sin comprender.
— ¿Estás buscando que ya no lastimen a nadie aislándote? Eso es injusto, solo estás pensando en tus sentimientos. —explicó Naruto, a punto de llorar. Su voz quebrada eran como mil puñetazos en el estómago, nunca pensó que le doliera tanto ver así a su mejor amigo, a su rival. — ¿Qué hay de nosotros? ¿Cómo te sentirías si fuera al revés?
—Naruto.
— ¡YA NO ESTÁS SOLO! ¿CUANTAS VECES HAY QUE REPETÍRTELO HASTA QUE TE LO CREAS? —estalló, junto a todo su llanto.
