Capítulo 54: El Vuelo de la Luciérnaga
Kaminari no Kuni
Estaba pretendiendo ser un Nara esta noche, pues las sombras eran sus amigas. Las sombras habían sido amigas suyas desde hace mucho tiempo, tal vez sus únicas amigas; Itachi no iba a ser lo suficientemente estúpido como para considerar a cualquiera de Akatsuki lo suficientemente confiable como para hacerlo. Yugito Nii era una persona peligrosa, famosa entre sus colegas de Kumogakure por varias razones; la mejor manera que tenían de minimizar pérdidas sería el sigilo.
Teniendo esto en cuenta, era un misterio el por qué Pein había elegido a Deidara para ir en esta misión con ellos, pero, si fallaban, Itachi no se iba a quejar. Mientras no muriera antes de lo que tenía planeado, todo estaría bien. El estado de sus pulmones estaba muy limitado. El chakra no lo podría sustentar por mucho tiempo. Había mantenido a raya lo peor de sus síntomas por la mayor parte de su vida, mientras crecía y entrenaba, pero no lo seguiría haciendo mucho más. Podía sentir más mucosa acumulándose en sus bronquios casa vez que tosía.
Tal vez Pein los enviaba a esa misión por pura impaciencia. Ciertamente, eso explicaría por qué habían cambiado de plan repentinamente, intentado culpar a Konoha por la desaparición de un ninja de Kumo y no al revés, aunque poner a Kumogakure como culpable tenía mucho más sentido...
– ¡BADOOM!
- ¿Qué demonios? - siseó Kisame.
- Deidara - Itachi gruñó por lo bajo.
Kisame suspiró exasperadamente.
- Ese idiota.
De nuevo ¿por qué lo habían llevado? Ah, verdad. Porque, aparentemente, la misión requería a cuatro personas en lugar de dos, porque Yugito Nii probablemente estaba mejor vigilada y entrenada que los otros jinchuuriki, que eran forajidos o estaban viajando solos. Y también porque algún genio consiguió convencer a Pein de que Deidara y Sasori eran una mejor elección que Hidan y Kakuzu.
Itachi se felicitó a sí mismo.
- ¿Deberíamos salir de aquí? - preguntó secamente Itachi.
- Tendremos problemas si fallamos - dijo Kisame. - Pein no va a estar muy feliz no volvemos con algo que sea.
Itachi asintió y le hizo señales a Kisame para que lo siguiera en un amplio círculo alrededor del área donde Sasori y Deidara se habían enfrentado inicialmente a Yugito Nii. El plan inicial había sido que Itachi iba a distraer a todos en un área grande con un genjutsu en masa y luego usarían fuerza en el probable caso de que sus objetivos lo notaran y alcanzan a salir del genjutsu a tiempo. Naturalmente, Deidara había decidido que los planes no le gustaban y que bombardear a todos era su método preferido de operación.
Ese no era el problema de Itachi.
El terrero era duro y el humo le impedía la vista incluso al Sharingan, pero, por lo que podía concluir Itachi, unas pocas explosiones no habían dañado mucho a Yugito Nii. Si habían hecho algo, había sido irritarla. Sus dos manos brillaban con chakra azul en forma de garras; un rasguño podría destripar fácilmente a un elefante. Era verdad que Deidara estaba muy lejos de su alcance, habiendo dándose cuenta de que subirse a uno de sus pájaros y alejarse era lo más inteligente que podía hacer, pero eso no significaba que estaba fuera de peligro.
Ella escupió fuego.
Deidara utilizaba explosivos, pero era tan inmune a sus efectos como cualquier otra persona. En otras palabras, no lo era.
Una llamarada mató al pájaro de arcilla y quemó uno de sus brazos. Ella no pudo hacer más para herirlo, pues, en ese momento, Sasori mató al último de sus compañeros y sus marionetas se comenzaron a concentrar en ella. Poca ayuda le fue a Deidara, que estaba cayendo de cientos de metros de altura desde el cielo.
Había grietas en la piedra de donde golpeó el suelo.
- Anda a ayudar a Sasori, Kisame. Yo me ocupo de Deidara - ordenó Itachi, viendo como Yugito Nii demolía otra más de las marionetas. Una bola de fuego en forma de ratón le cortó los hilos a cinco más y Sasori, normalmente silencioso, maldijo en voz alta.
Kisame asintió y sacó a Samehada. Para asegurarse, Itachi puso un genjutsu rápido para "ayudar" un poco a Sasori y se movió sigilosamente hacia el lugar donde Deidara se había caído. Estaba herido, pero no muerto; los arbustos le habían acolchado la caída y había escupido arcilla a tiempo para proteger su cuello y cabeza de daños mayores.
- Uggghh… - gruñó, arrastrándose para salir de los escombros. Itachi lo agarró de los hombros y lo sacó del montón de tierra y cenizas.
Alcanzó a ver una llamarada de Yugito Nii yendo a hacia ellos y saltó fuera de su camino. Deidara, que seguía desorientado por su caída, no lo hizo.
Su vida terminó ahí.
Era un poco deprimente el que hubiera escapado por muy poco una muerte para llegar a otra.
Mientras Itachi observaba el montón de humo que alguna vez fue Deidara sisear y desinflarse, se preguntó si debería sentir, aunque fuera un poco de culpa por abandonar a otro Akatsuki. Decidió que no lo sentía. Era culpa de Deidara; si él hubiera seguido el plan, como se suponía que tenía que hacerlo, no se hubiera muerto. Aunque había sido Itachi el que había sugerido el plan más aburrido que podía pensar, sabiendo que Deidara no iba a estar de acuerdo.
Se escuchaba silencio al otro lado de los arbustos. La pelea la había terminado; Samehada, sus ilusiones y las marionetas, todos combinados, le habían sacado el jugo a Yugito Nii. Su trabajo estaba terminado. Sasori y Kisame se acercaban rápidamente.
- Eso se ve feo - silbó Kisame. Tocó el cuerpo ennegrecido de Deidara con el pie. - Tal vez sí deberíamos haber traído a Hidan y Kakuzu, después de todo. Por lo menos ellos no se hubieran muerto.
Sasori se encogió de hombros.
- Siempre lo odié.
- No importa - dijo Itachi, sacando unas bolsas de evidencia preparadas. - Deberíamos arreglar esto. El jefe dijo que teníamos que hacer parecer que Konoha es la responsable.
Kisame volvió a ponerse a Samehada en la espalda y tomó una bolsa, mientras que Sasori hizo una mueca, pero hizo lo mismo con sus marionetas. Durante el proceso, Itachi se aseguró de olvidarse de uno de los pedazos de arcilla de Deidara. Había un equipo de Kumo cerca, aunque no podía distinguir más que a la aparente líder, una mujer de cabello rubio y corto. Si era una Jonin semi-decente, lo encontraría y...
- Oye, Itachi, se te olvidó esto - dijo Kisame.
"Maldita sea. No importa."
- Me disculpo - murmuró Itachi.
- Itachi ¿seguro de que estás bien? Tú generalmente no cometes este tipo de errores. - Si Itachi no supiera, hubiera pensado que escuchaba preocupación en la voz de Kisame. - ¿Qué tanto se ha deteriorado tu vista? Se honesto.
- ... Tal vez me queda un año antes de quedar completamente ciego.
- Guau. Um. ¿Qué tan borrosa es ahora? - Kisame movió una mano frente a su cara. - ¿Crees que te ayudaría usar anteojos? A menos de que no quieras verte ridículo.
- Dados mis asociados, creo que eso me ayudaría a estar más en la norma.
Kisame lo golpeó con el puño en el hombro. Era lo más cercano a una relación de hermanos que jamás iban a tener.
Hi no Kuni
La desesperación le nublaba todos sus pensamientos. Ino miraba como Kakashi-sensei se hacía paso entre las criaturas de Zetsu Blanco como si fueran de papel. Con cada patada moría una de sus plantas, sus cuerpos terrenales eran quemados, un árbol recibía el impacto de un rayo. El claro estaba lleno de bombas y de hilos de chakra electrificados.
Él estaba volando. Cada explosión de electricidad lo lanzaba al aire, donde desaparecía hacia otro sello del Hiraishin, sus pies sin tocar el piso, ni una sola vez. Mientras él los pudiera atrapar, los Zetsu no lo iban a alcanzar, sin importan cuánto trataran, si hacían crecer sus brazos y piernas para hacer lianas, o uniendo sus cuerpos blancos para formar Venus atrapamoscas gigantes... él era intocable, imparable.
Ella estaba mirando a un dios de rayos y truenos, hecho de chispas y pies ligeros. Los monstruos podían regenerar sus números mermados, dividirse en dos para sacar a otro más de su tipo, pero, por cada Zetsu Blanco que nacía, Kakashi-sensei mataba a tres con sus pies, sus trampas a cinco más.
Pero.
Pero, a pesar de todo eso, los oscuros monstruos del temor y la ansiedad invadían la mente de Ino. Le comían el cerebro, su autocontrol, su sentido común. El Hiraishin no Jutsu era rápido, ridículamente rápido, aterradoramente rápido. Morían más Zetsu Blancos que los que nacían. Eventualmente, el ejército de Zetsu Blancos quedaría hecho la nada...
Pero "eventualmente" no era lo suficientemente pronto.
Sin importar lo rápido que era Kakashi-sensei, no era lo suficientemente rápido.
"No me importa. No me importa. Sólo quiero encontrar a papá."
- ¿Pueden ocuparse ustedes de la máscara de Agua? - preguntó.
Sasuke le lanzó otra mirada a Hinata. Estaba más estable, pero Ino notó que, por supuesto, dudaba en dejarla sola. No porque dudara de la habilidad de los clones de Naruto, sino porque, en principio, los compañeros de equipo no se dejaban atrás unos a otros. Ino hubiera estado igual de pegada si hubiera sido alguien del Equipo 7.
Pero tenían que hacer lo que necesitaban hacer. Sasuke había sido uno de los mejores luchadores en la Academia y necesitaban todo lo que pudieran conseguir.
Naruto asintió. El claro se llenó con cincuenta más de él.
- Por supuesto que podemos, pero ¿qué planeas hacer...?
"Ushi, Oo, Hitsuji, Mee."
Las chispas danzaban en sus sienes.
Ella sabía que era posible transferir chakra de Raiton a través de un espacio si este era lo suficientemente pequeño. También era posible conducirlo por distancias más largar a través del contacto directo, fuera metal, hilo o cabello.
Pero transferir chakra de Raiton a larga distancia sin la ayuda de un conductor había sido imposible.
Hasta ese momento.
- ¿Qué demonios...? - escuchó exclamar a Shikamaru, antes de que todo el sonido fuera ahogado por un zumbido en sus oídos.
Las técnicas mentales de los Yamanaka y, en realidad, cualquier técnica sin contacto o no física eran conexiones de chakra inalámbricas. Con simplemente reemplazar el chakra yin y yang en la técnica con la cantidad correcta de chakra elemental...
Bueno, era un poco como conectar una sandía a un capacitador.
Tres, dos, uno...
Un túnel fluorescente de ondas electromagnéticas pulsaba frente a sus ojos. Su mente estaba repartida en trillones de pequeñas partículas cargadas. Ella volaba por el aire, punzando a los clones de Zetsu Blanco; ella era una bala, un electrón, un cañón, un átomo, deshaciéndolos a nivel estructural. Sus células explotaban frente a su cara como burbujas de jabón, todas las fibras y tejidos se rasgaban y derretían.
Todo eso era sólo ella.
Sólo ella y su mente.
Era exhilarante, intoxicante, poder controlar todo ese poder, el ser capaz de simplemente pensar algo y que sucediera; ella era una Yamanaka y, en su clan, las ganas de matar y el acto en sí eran lo mismo. Ella quemaba, más caliente que mil soles espléndidos. Zetsu era fuerte contra ataques sólidos, pero la tierra era débil contra el rayo. Ella podía no ser Kakashi-sensei, capaz de mover su cuerpo rápidamente por el espacio físico, pero podía mover su energía y contra eso las criaturas eran débiles.
Y, por mera coincidencia, ella golpeó a una de las criaturas en los pies, donde estaban sus raíces.
"Oh," pensó. "Esto es demasiado bueno."
Parecía que el ejército de Zetsu Blanco también se comunicaba telepáticamente. Miles de miles de raíces bajo el suelo, cada clon árbol era un nodo en su esquema de distribución de información. Y, a juzgar por la cantidad de información dando vueltas, parecía que esta conexión era constante. La cantidad de poder que se requería sólo para mantener a todos los clones conectados al mismo tiempo era absolutamente enorme.
Sería su perdición.
Una red. Una enorme e insegura red a la que todos estaban conectados y a la que contribuían.
Y ella acababa de ganar acceso directo.
El suave zumbido en sus oídos duplicó, triplicó, cuadruplicó su frecuencia a un chillido enloquecedor mientras ella cargaba la estructura de las raíces con todo el rayo que pudo concentrar.
Escuchó corteza romperse. Troncos de árboles se combustionaron espontáneamente. Ramas y hojas desaparecían en el aire como si fueran pisadas por hombres invisibles con fogatas en lugar de zapatos. Toda su madera blanca, pastosa y pegajosa se encendió en llamas, alimentadas por el mismo almidón que componía casi todo el cuerpo de los Zetsu Blancos, chispas que desaparecían tan rápido como habían aparecido, incapaces de aguantar la fuerza de la corriente que ella había agregado. Las conexiones psíquicas cortaban todo lo que tocaban, afiladas como cuchillas.
Dentro de los seguros confines de su espacio mental, Ino dejó escapar una risa enloquecida.
Era imparable.
Antes, ella simplemente había estado destruyendo a los clones en el rango directo de su Shintenshin, el cual no era muy amplio. Pero ahora podía contactar a cada Zetsu, ver todo lo que veían, limitada sólo por sus propias reservas de chakra. Era como si hubieran dejado a Shikamaru suelto en el bosque en el medio de la noche...
NOCHE
NEGRO
OSCURIDAD
NEGRO
"No perteneces aquí."
WHAM.
Repentinamente, su velocidad acelerada se vio detenida. Chocó con una pared de hielo. Pedazos afilados de tinta congelada le perforaban el celebro. En meros milisegundos había caído de la cima del mundo a un pozo sin fondo. No se podía mover, su cerebro estaba atrapado en brea pegajosa, densa, que la congelaba y quemaba; estaba nadando en una piscina de mercurio líquido con pesos de oro en las extremidades y no podía ver.
Le cayeron mocos por la nariz, pero ella no se atrevió a alterar sus estructuras de chakra y resistió la urgencia de limpiárselos.
Se le salió la lengua de la boca. Esperen, esos no eran mocos.
Mierda, sangre de narices.
Sus brazos se sacudieron incontrolablemente y su visión oscilaba entre muy oscura y muy iluminada. Su cara se sentía lijada y demasiado áspera, su cuerpo temblaba, afiebrado.
No tenía mucho tiempo antes de que comenzara a apagarse. Su cerebro le dolía del mero esfuerzo que hacía para mantenerse consciente, lo cual sólo empeoraba las cosas.
Ahí, volvía una ola de náuseas a cernirse sobre ella, pero no podía cerrar la conexión por mucho que quisiera.
"Niñita arrogante. ¿Pensaste que por derrotar a algunos clones de Zetsu Blanco podías entrar al dominio de Zetsu Negro y escapar?
Los dedos fríos de la sombra oscura se cerraron sobre su cuello y apretaron.
"No. No es tan fácil."
El pánico descendió sobre ella.
"¡Suéltame! Suéltame suéltamesuéltamesuéltame..."
Ino gritó.
En un momento, estábamos lanzándole nuestros últimos explosivos a la última máscara de Kakuzu y, al siguiente, Ino había sido lanzada veinte metros hacia un árbol.
En menos de un pestañeo, la oleada de Hiraishin de Kakashi-sensei quedó en la nada y él estaba encorvado sobre ella, viéndose tanto demasiado viejo, como demasiado joven, incrédulo y vulnerable; frenéticamente, febrilmente vertiendo lo que quedaba de su chakra en su tórax, intentando, desesperadamente, hacer que su corazón volviera a latir.
- Ino, vas a tener que acostarte... acabas de hacerte un número en tu cabeza con esa técnica, niña tonta...
Incluso desde donde yo estaba, podía ver las quemaduras eléctricas que zigzagueaban en las palmas de sus manos y su cara.
- Oh, no - murmuró Naruto del horror. - Ino...
- No podrían haber sabido qué estaba planeando - dijo Choji rápidamente. - Ustedes confiaron en ella y no se pueden culpar...
- A la mierda con el juego de las culpas - ladré, furia irracional destruyéndome el cerebro. - ¿Qué mierda acaba de pasar? Qué. Mierda. Acaba. De suceder.
- ¡¿Tengo cara de saberlo?! - soltó Naruto. - Lo que sea que ella haya hecho frio a todos esos Zetsu Blancos simultáneamente, debe habérsele ido en contra suyo.
Sacudí la cabeza.
- Sólo viéndolo, puedo saber qué hizo. Tomó el Jutsu de Transferencia de Mente, reemplazó algo del chakra normal con chakra Raiton y dejó que los Zetsu explotaran solos. Eso no debió haber sido suficiente como para que le rebotara. No. A donde fuera que haya ido su mente, debe haberse encontrado algo más - dije apesadumbrado.
Aunque era impresionante. Qué manera de acabar con un regimiento de hombres-planta. Ella los había decimado en menos de un segundo. ¿Y después ella cayó como un saco de papas? Algo debió haber pasado...
Con el rabillo del ojo, lo vi.
Un pequeño charco aceitoso, denso y oscuro, junto a los talones de uno de los Zetsu Blanco todavía en pie.
Tal como una sombra.
Arrastrándose... alimentándose de toda la luz y energía vital del área... absorbiendo todo aquello feliz en el agujero negro que era su estómago.
Hasta el día de hoy, no tengo idea qué me poseyó para hacer tal cosa. Pero alargué el brazo y lo toqué. Tal vez había un poder en la cosa que reconocí como propio. De cierta manera, ambos éramos como sombras y, teníamos un enorme deseo de controlar y manipular lo que tocáramos. Una cucharada de mi propia medicina, por todas las veces que me atreví a usar el Kagemane en otras personas...
Tan pronto como mis dedos (y mi sombra) hicieron contacto con esa... esa cosa... supe inmediatamente una cosa.
Había hecho el acto más monumentalmente imbécil de mi vida hasta ese momento.
Y eso era decir algo porque, incluso sabiendo que yo era inteligente, había hecho mierda magníficamente estúpida cuando se me subían los humos a la cabeza. (Siempre habría cosas más estúpidas para el futuro, pero, hasta ese momento... esta se llevaba el premio.)
De nuevo, no tenía (sigo sin tener) idea de por qué lo hice. Esa... cosa... supongo que el nombre más adecuado sería Zetsu Negro, me afectó más que el Shintenshin de Ino jamás lo había hecho, más que cualquier otra persona en el área.
Y me había quedado atrapado, atrapado como ralladura de hierro a un imán. Intenté sacármelo de encima. Bum. Bum. Bumbumbumbum... la sangre me retumbaba en los oídos, tan rápido como los latidos de un conejo. "Conejo conejo conejo..." No tuvimos suerte. Parecía completamente resistente a cualquier cosa que le lanzáramos. Chakra, jutsu elementales, armas... todos se hundían en su gran y cambiante masa.
"Usa tu cerebro," me regañé. "Tiene que haber una manera..."
Una idea me saltó a la cabeza.
- ¡Naruto, dame tu chakra ahora! ¡Por favor, lo necesito!
Naruto se estaba sacudiendo. De alguna manera u otra, yo sabía que era el real y no un clon.
- ¿Cómo hago...?
- Alimenta la... - señalé mi sombra con mi mentón, sólo para congelarme al ver la luz azul y naranja morir.
Naruto me miró, aterrorizado.
- ¡No lo está tomando! Yo no...
Respiré fuertemente.
- ... Mierda.
- ¿Qué?
Dejé caer la bomba figurativa.
- Tu chakra y mis... sombras también deben ser... - mierda - incompartibles.
Mierda, mierda, doble mierda. ¿Cómo podía ser tan estúpido como para que se me olvidara? Nuestras naturalezas elementales, Fuuton y Doton eran neutras una con la otra, pero el Kagemane y todos sus derivados, incluyendo mi fuinjutsu de sombras, eran todos de chakra tipo yin. El chakra normal de Naruto, al igual que el chakra del Kyuubi, tendían, desproporcionadamente al chakra yang.
Perdí toda mi habilidad para pensar por lo que se sintió como horas, pero, probablemente, fueron como cinco segundos. No, aún peor: podía pensar, pero no podía controlarme. Sólo podía mirar, un miembro de una audiencia en mi propia vida, mis extremidades desconectadas de mi cerebro. Se arrastraba por mi cabeza...
Es un hecho de la vida que la muerte también existe, decía.
... y envolvía mi cara.
Fue también en ese momento que el fusible en la pelota de detonadores adjuntos a la máscara de Agua de Kakuzu (demorado por la humedad natural que rodeaba a su objetivo) terminó de quemarse.
En un momento, la máscara de Agua se había estado preparando para un último e inútil ataque. Al siguiente, había explotado y los volúmenes de agua que llevaba en sus mejillas cayó al suelo.
Justo encima mío.
Así que.
Imagínenme a mí, luchando contra Akatsuki, parados en toda su gloria con sus capas negras y nubes rojas. También imagínenme en el piso, con esa cosa de Zetsu Negro envuelto alrededor de mi nariz y boca como una tela gruesa o una bolsa de plástico. Y también imagínenme con agua cayendo sobre mi cabeza, sobre esta tela, que también estaba cubriendo mi nariz y mi boca.
Mirándolo hacia atrás, todo suena muy estúpido. Tan estúpido. Fue sólo un poco de agua y yo estaba bien y ni siquiera fue tan malo duró sólo un segundo de verdad era estúpido y yo conocía onsen con cascadas más potentes que el baldecito que había caído sobre mí, los últimos pedazos de una máscara moribunda, vamos, sabía que tenía que superarlo, pensé que ya lo había hecho, de verdad lo hice... por la mierda, lo VENCÍ, VENCÍ a Itachi Uchiha en su propio juego ¿POR QUÉ ESTABA PERDIENDO AHÍ?
(Porque mi cerebro, mi dañado, traumatizado y traidortraidorTRAIDOR cerebro, con su perfecta memoria, incluso en situaciones que preferiría haber olvidado, saltó inmediatamente a una asociación...)
"'No es nada personal,' Itachi Uchiha sonreía encima mío. 'De hecho, me recuerdas a mí mismo.'"
"La tela cayó sobre mi cabeza. El cubo se balanceó en el aire."
"'Antes de que todo se fuera a la mierda.'"
La tormenta se arremolinaba a su alrededor. Su mente estaba en una confusión total. Gaara casi no podía recordar nada; lo único que le importaba eran las órdenes de Inoichi. "Mátalos." Matar a todos los Akatsuki. Gaara ya sabía demasiado acerca de la muerte, no iba a dejar que este hombre se llevara a la persona que había trabajado tanto para ayudarlo. Su arena lo había protegido de lo peor, así que él tendría que hacerlo.
Había mucho polvo. Él solo era un océano. La arena estaba por todas partes. Gaara ni siquiera se molestó en prestarle atención a su rango de impacto. Podría haber inundado todo el bosque por lo que a él le importaba, sólo mientras murieran los Akatsuki. Y después podría rescatar a Inoichi, que lo llevaría a Konoha donde conocería a la hija de Inoichi y a su amigo que tenía su edad y era un jinchuuriki como él y todos vivirían felices para siempre...
Gaara se detuvo.
Inoichi estaba en el piso, con los brazos abrazando sus tripas, la boca todavía abierta en una sonrisa silenciosa.
- ¡Inoichi!
Era inútil.
- Inoichi, por favor...
Sus ojos ya habían perdido el brillo.
- Inoichi, Inoichi... ¡Médico! Necesito un médico... alguien... por favor...
Demasiado tarde para eso.
- No, no, no, no...
Su cuerpo ya se había estado enfriando por quince minutos.
"Todo esto es tu culpa. No puedes hacer nada bien. Mataste a todos los que odiabas, Gaara y ahora no puedes mantener vivas a las personas que quieres..."
Pero, sin importan lo mucho que Gaara intentara llamarlo, él no respondía, excepto por el gorgoteo de sangre en su boca. Incluso muerto, todo lo que salía de los labios del hombre venía directo de su corazón.
"Así que aquí termina tu historia, Inoichi Yamanaka."
La muerte no negociaba. Ni la negación ni la tristeza cambiarían la escena. Así que siguió la última opción que le quedaba.
Gaara vio la furia.
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