A los pocos minutos de haberse celebrado el alba, el sonido de la puerta alerto a Yuuri de la entrada de un nuevo visitante. Alzó la vista para observar justo frente a él al General Leroy. Este le veía alevosía mientras una sonrisa burla se escapaba de sus labios, el dios frunció la mirada, Leroy, por su parte se acercó hasta los hierros que les separaba sin despegar de su rostro aquella sonrisa irónica.
— ¿Se puede saber qué hace usted aquí, General Leroy? —preguntó Yuuri sin apartar la mirada de este —, ¿Es acaso que ha venido a visitar a su amado prometido?
—Veo que su estancia en la tierra de los humanos ha modificado mucho su forma de responder, príncipe Yuuri —contesto el general en tono prepotente—, pero en efecto. Debo aceptar que he venido a visitar a mi prometido por puro compromiso con Lady Mari. Sin embargo, debo admitir que estoy muy decepcionado.
— ¿Y eso a que se debe si puedo preguntar? —cuestiono el omega, el alfa soltó un bufido de desprecio.
—Mis ojos no pueden encontrar ningún ápice de aquel delicado y sumiso joven que había sido destinado para mí para honrar el honor de su familia al no poder cumplir con sus expectativas —espeto, Yuuri casi quiso reír por aquello escuchado.
—Pues lamento mucho decepcionarlo, General Leroy. Aquella persona que usted esperaba jamás seria sumisa ante usted —respondió con descaro, y un brillo de furia exploto en el rostro del general.
—Pues debes ser agradecido que aun te tome en matrimonio, tu hermana me rogo innumerables veces que no rompiera el compromiso y solo por ser mi la antigua líder de facción sigo el compromiso, pero nadie en su sano juicio dentro de esta y todas las facciones quisiera casarse con un fenómeno —escupió.
— ¿Fenómeno? —repitió ante sus palabras.
— Sí, un fenómeno, un monstro, algo completamente deforme —dijo mirándole con todo el desprecio del mundo—. Seres como tú, que nacieron como particularidades ajenas a la normalidad de este mundo simplemente deberían desaparecer…
Yuuri se mantuvo en silencio por unos leves minutos, ocultando su mirada de un victorioso Jean que creía haberlo humillado lo suficiente, pues el mismo reflejaba su frustración en una joven que, aunque aparentemente no le había hecho nada directamente, le había envuelto en una gran vergüenza a él que era general de la armada de la facción del hielo. La obligación moral con su antigua líder de facción le hacía quedar en la obligación de casarse con aquel joven que no le traía más que desgracia a su corazón.
Sin embargo, contrario a lo que esperaba, Jean noto como el dios del hielo suspiraba y negaba en silencio con su cabeza.
— General Leroy —le llamo—. Así como está hablando ahora, pareciera que un ser humano me estuviese hablando. Tan denigrante y obsceno, no parece usted un General de la armada de la facción del hielo.
Las palabras salieron de los labios de Yuuri como dagas que impactaron a Jean de manera precisa, y retándolo con su mirada, hizo que alfa retrocediera ante la intensidad de sus ojos, quedando abrumado por el calor que estos despedían, casi parecía como si una persona completamente distinta estuviese frente a él, ese no era el príncipe Yuuri que el general conoció.
— Ambos somos dioses, pero estoy sorprendido que usted se rebaje a denigrarme como los seres humanos —continuó el omega en su juego, retándole y sin apartar la mirada, aspecto que ponía nervioso a Leroy que debió retroceder unos pasos, sintiendo como un sudor frio le bajaba por la espalda—. Usted vino aquí con el fin de denigrarme, para liberar su propia frustración, entonces yo aprovechare de usted y me llevara hasta la sede del consejo de los 11 líderes.
— ¡No seas engreído! —le grito—, aun si poseías el título de príncipe de la facción del hielo, la influencia de tu familia se ha perdido en el consejo, el consejo de los 11te condenara en el exilio y jamás tendremos que soportar una singularidad de tu tipo nuevamente.
Sin embargo, ante la aterrada mirada de Jean, Yuuri deshizo fácilmente las cadenas que le contenían, y emitiendo un pequeño chillido, observo como este le tomaba del hombro luego de derretir una de las barras de hierro que los separaba.
—Lo siento comandante Leroy, pero yo no le estaba pidiendo a usted un favor.
Con una rapidez que el general no espero, se vio derribado por Yuuri quien tomo su espada colocándosela en el cuello, el dios sonrió afablemente mientras acercaba el filo hasta el borde su cuello, la amenaza era palpable, aunque no se reflejara en el rostro del omega.
—Por lo que le pido nuevamente, guíeme a la sede del consejo.
En un lugar cercano a la 12va estrella, se efectuaba una reunión del consejo de los once, los dioses líderes de todas las facciones se habían reunido nuevamente para emitir la sentencia que debía cumplir el dios supremo del hielo Katsuki Yuuri. En su sesión especial 1257 del calendario lunar, era presidida por el consejero de mayor edad en las facciones y el cual pertenecía a la facción del cielo, los demás líderes y consejeros observaban desde sus lugares mientras el viejo hombre relataba desde el pódium la lectura del pergamino de sentencia. Yuri y Mari observaban todo con un mal presentimiento.
— Luego de todo lo expuesto en esta sesión, el consejo sometió a deliberación el caso del dios supremo del hielo, Yuuri, segundo hijo del clan Katsuki y hermano de la anterior líder de la facción del hielo. Sin más que agregar, pasamos al veredicto —hizo una pausa—. Se determina que el dios supremo Yuuri, ex príncipe de la facción del hielo ha sido declarado culpable de sus actos y la contaminación de su alma al tomar la vida de seres humanos en contra del ciclo establecido por el hilo de la vida. Por lo cual, es sentenciado al exilio permanente en la dimensión de la nada, donde deberá ser dormido y sellado antes de ser trasladado de esta dimensión.
Se escucharon las campanas indicativas de que la reunión había acabado, Yuri golpeo el presidio otorgado para él mientras Minako y Mari se veían ofuscadas ante la imposibilidad de salvar a Yuuri. El veredicto había sido otorgado y los dioses hubieron votado, ellos no pudieron participar por lazos de fraternidad con el dios.
Los guardias encargados del traslado y sellado de Yuuri hacían acto de presencia en el salón del consejo cuando un gran revuelo comenzó a escucharse en los pasillos aledaños al salón, las interrogantes no tardaron en llegar hasta que las puertas fueron abiertas de par en par, y una visión desorbitante altero a todos los presentes que observaron la situación con asombro.
Con el general Leroy de rehén, Yuuri camino hasta el centro del salón bajo la atenta mirada de todos los consejeros y líderes de facción, los guardias estaban preparados para atacar, pero la espada en el cuello de Jean les hacía retroceder. Mari estaba consternada y el propio Yuri no daban crédito a lo que estaban observando hasta encontrarse con los ojos del omega que destilaban un fuego furioso incapaz de apagar, una pequeña carcajada escapo de sus labios sin posibilidad de contener.
— Dios del hielo Yuuri ¿Se puede saber lo que está haciendo? Esto es una gran ofensa contra el salón del consejo, le exijo que suelte al general Leroy de inmediato —ordenó el lider de la facción de la oscuridad, pero Yuuri se negó a hacer caso a sus exigencias, provocando su cólera —. Si no piensa retroceder no puede seguir actuando libremente ¡Captúrenlo!
Los guardias presentes dentro del salón junto con sus espadas y escudos se alzaron con el fin de retener al omega. No obstante, la furia interna de Yuuri era inmensa, y lanzando a Leroy contra uno de los guardias derribándolo, tomo con ligereza su espada y dando pasos suaves, casi al compás de un baile, Yuuri derribo a los guardias uno a uno, extendiendo una fuerza sutil pero contundente, que al dar en el punto exacto era lo suficiente para hacerlos caer dormidos. Cuando todos los guardias presentes estuvieron neutralizados en el suelo, Yuuri abandono su espada lanzándola al suelo y enfrento la mirada de los consejeros y líderes de las facciones.
Yuri Plisetsky detallo cada expresión de su amigo sin dar crédito a lo que veía, aunque aquellos ojos ambar seguían siendo los mismos de antaño, aquel fuego intenso rugía como un incendio y le hizo saber que el Yuuri con una perspectiva sencilla ante la vida, tan sumiso a su destino era el mismo que había tomado de rehén a un general y había derrotado a más de veinte hombres por sí solo, luchando desesperadamente por una justicia para él.
Por su parte, el líder de la facción de la oscuridad estaba envuelto en cólera.
—¿Qué se supone que está haciendo, dios del hielo Yuuri? —le recrimino — ¿Acaso quiere cometer alta traición?
Pero Yuuri negó lentamente con su cabeza.
—En ningún momento he pensado en traicionar a mi gente, Señor de la oscuridad —empezó a hablar— Solo estoy reacio a las decisiones que ustedes están tomando arbitrariamente respecto a mi destino —los consejeros se vieron a sí mismos antes de estallar en una carcajada, el consejero del cielo se dirigió a él.
— ¿Reacia? —repitió el consejero con burla—. No nos haga reír, usted es una amenaza.
—Príncipe Yuuri, usted fue elegido entre tantos dioses como una singularidad de inmensos dones y poderes, un dios supremo —intervino el líder del cielo.
—Entendemos todas las razones que como individuo usted pueda tener, sin embargo, su existencia es una amenaza para la vida del resto de los universos existentes —hablo ahora el líder de la facción del fuego—, no es algo que podemos dejar pasar fácilmente, menos de los pecados que usted ha cometido.
— Es por eso que como consejo tomamos la decisión de recluirla a un lugar donde no pueda ser una amenaza ni para usted ni para el resto de los seres que le rodean —le indico el consejero de la oscuridad—. No solo es por su propio bien, debe pensar en los demás.
Yuuri observo con detenimiento a todos los lideres, paso brevemente la mirada hacia donde se encontraban su hermana y su amigo. Mari permanecía cabizbajo, casi resignada a todas las palabras descritas por el resto de los líderes. Sin embargo, la mirada de Yuri era directa hacia donde estaba el, intensa y destellante, la determinación emanada de ella le expresaba que no se dejara vencer por las palabras que le decían aquellos que se nombraban como sabios, cuando el mismo sentía aquellos sentimientos de desprecio, temor y asco en sus auras. Con eso, el determinaba que solo él mismo podía decidir sobre su futuro. Ambos entendiendo sus propias señas sonrieron cómplices, y pronto Yuuri paso su mirada nuevamente al resto del consejo, afino su garganta y les miro con fuerza.
— En el pasado, específicamente hace 20 años, un mes para ustedes, mi antiguo yo hubiese aceptado todas estas cosas que ustedes me están contando —-empezó a decir el omega—. Todas son muy válidas desde cada punto de vista que poseen, piensan desde lo individual, forzándome para salvar sus cuellos para después pensar a lo colectivo, viendo que es lo más conveniente para su gente… Estoy seguro que muchos de ustedes seguramente han pensado fielmente en sus poblaciones, después de todo ellas son guiadas por ustedes, otros quizás solo han pensado en sí mismos y en el temor o desprecio que sienten hacia mi existencia. Y entiendo eso, pero no quiero entender por qué debo ser sacrificado sin siquiera tomar en consideración mis propios sentimientos y experiencias.
Los miembros del consejo se miraron entre ellos viendo que responder a las palabras de Yuuri, muchos esbozaron una sonrisa confianzuda al creer ganada la batalla ante palabras que a su parecer eran simplemente infantiles, pero el joven dios les sorprendió a todos creando en la palma de su mano una concentración inmensa de energía, estaba iba creciendo más y más entre sus manos, tanto que pareció abrumar a todos los presentes, incluso a Mari y a Yuri. Por su lado, Yuuri estaba calmado viendo la pequeña bola de energía contenida con cariño, casi con admiración, poco después paso su mirada a sus interlocutores.
—Esto es un sol en miniatura —extendió, indicando aquello que tenía en sus manos. Los presentes tragaron en seco al escuchar la naturaleza de aquella bola de energía y lo que significaba, algunos no creían que en un espacio tan cerrado aquel joven pudiera crear algo tan fuerte y letal como aquello, pero la intensidad y atracción de la misma era incapaz de negar—. 24 lunas… En 15 años humanos me ha tomado cerca controlar esta inmensidad de poder entre mis manos, confió que de haber hecho esto en el pasado, mi enojo y desesperación me hubiese hecho ser capaz de destruir todo a mi paso, sin dejar nada. Pero aun con todo este poder que está reflejado ahora mismo en mi mano, yo no sería capaz de consumirme en el odio y la venganza como ustedes esperan. Entiendo su temor, yo mismo me tenía miedo, pero eso ya no, he aprendido a aceptarme a mí mismo y eso me ha llevado a controlar mis dones en el tiempo de dos lunas, estando dentro del margen como ustedes han establecido. Si ustedes son justos a su palabra, no han de existir motivos para ser confinado a la nada.
Apago la llama de aquella estrella entre sus manos, con una facilidad que provoco la caída al suelo del líder de la facción de los astros. Toda la habitación estaba en un silencio de pánico, pero algo en la propia mirada de Yuuri les hizo reaccionar y compartir miradas de expectación. Mas el consejero de la oscuridad no parecía querer dar su brazo a torcer.
—Le pido por favor que se entregue voluntariamente para proteger la seguridad de las facciones, usted aun es inexperto y si algún día enloquece puede traer grandes desgracias a todas las dimensiones —pidió el hombre, y esta vez alzo la mano dando paso a lo que venía.
Yuuri ahogo un grito al sentir como nuevas cadenas de energía buscaron apresarlo, aun cuando intentó resistirse Acaso las palabras y acciones que había tomado ¿no significaban nada? Pedían que fuera que consciente y aceptara su destino pacíficamente, cuando el dios sabía que ellos estaban equivocados. Nuevos guardias estuvieron a punto de tomar nuevamente a Yuuri para llevárselo. Sin embargo, un suspiro cansado fue emitido en medio de la sala y el sonido del impacto de un trueno llamo y detuvo a todos los presentes en la sala. Lentamente, Nicolai Plisetsky se acercó hasta donde el joven se encontraba.
—Ustedes no parecen ser capaces de entender los hechos de la historia —comenzó a decir el viejo alfa mientras veía fijamente al príncipe del hielo—, ustedes no quieren el bien ciegamente, solo tienen miedo. Ocultan sus auras para que nadie sea capaz de observarlas y ver que el pánico los consume, temen que el pasado se repita y por eso coartan a un joven que es inocente sin entender que esos pasos son los que pueden llevarnos a que regresos a ese cataclismo que deseamos impedir. Yo pienso que todos se equivocan, todos nos equivocamos con relación a este joven.
Nicolai paseo su mirada hacia todos los consejeros y líderes de las facciones, claramente la expresión de miedo que tenían muchos era símbolo de las palabras del viejo líder eran ciertas.
—Dama Okukawa puede certificar igual que yo con solo sentirlo, que este joven ha reducido voluntariamente el nivel de su propio poder delimitándolo hasta mil veces menos de lo que es, lo que lo imposibilita destruir mundos o dimensiones—explicó, y Minako salió de entre todos los consejeros para llegar hasta donde el líder del trueno estaba—. Aun con el inmenso poder que tiene, viene ante nosotros diciendo que esta de nuestro lado, pero ustedes deciden ser ciegos, sancionarlo por pecados que yo pienso, no deben serle adjudicados.
—La soledad y el sufrimiento que sufrió este joven por su bien y el nuestro no se compara a ninguna acción ejercida por nadie en esta sala o dimensión —intervino ahora Minako, robando la atención de todos—. Si para ustedes, esto no es señal de que este joven merece la libertad que aboga, y su corazón no es suficiente maduro y puro para manejar tal inmensidad de poder, entonces no sé qué es lo que ustedes esperaban que el pudiera hacer, y solo se estaban cegando por su miedo del pasado.
El silencio reino. No hubo balbuceos, no hubo reclamos nadie dijo e hizo nada ante estas nuevas palabras sacadas directamente del corazón de Yuuri, este seguía contenido por aquellas cadenas de energía, estando frente a ellos esperando su nuevo veredicto. Las palabras de apoyo de su maestra y aquel hombre que era parte de una familia tan cercana a la suya le indicaban que estaban dispuesto a luchar por él, aunque los argumentos hubiesen acabado, ya que entendían el deseo de libertar que el dios del hielo poseía, y el derecho a la felicidad que el tanto añoraba.
—Sé que mi voto no será escuchado —comenzó a decir Yuri, llamando la atención de todos, el omega levanto levemente su rostro para observar lo que decía su amigo de la infancia—, mis lazos de fraternidad con el príncipe Yuuri son de conocimiento público, pero por eso, y conociendo el verdadero corazón de este que se crio conmigo como un hermano, pido ante ustedes que su plegaria sea escuchada —y al tiempo que decía ello, tanto él como Mari que estaba a su lado, se arrodillaron ante el resto de los líderes y consejeros de los dioses.
Yuuri miró a todos los líderes y consejero de forma expectante, su corazón sentía todas aquellas emociones emitidas por aquellos que le amaban de alguna forma. En silencio, espero el ultimo veredicto del consejo, pero contrario a lo que esperaba, la líder de la facción del cielo se acercó hasta él, sonriéndole conciliadoramente.
—No tienes por qué temer más, creó que el veredicto fue elegido nuevamente a través de todo esto sé que se ha expuesto —expresó la diosa de castaños cabellos y mirada esmeralda, y con una sola mirada, el líder de la facción de la oscuridad debió aceptar las nuevas apreciaciones, sin posibilidad a negarse—. Se ha llegado al veredicto que el príncipe Yuuri, al igual que la matriarca Yuxie Okukawa, es capaz de dominar a cabalidad sus dones, siendo capaz de coexistir en equilibrio con el resto de los seres vivos del universo.
Las luces del sol emitido desde la cúpula del salón, acepto el veredicto como validó y era ley que Yuuri podría regresar a vivir su vida en tranquilidad con su familia en la facción del hielo. El dios del hielo fue liberado de las cadenas que le contenían y al voltear a ver a Yuri, se abrazaron con fuerza para después ser secundados por Minako. Finalmente, Yuuri era libre, habían ganado.
La reunión del consejo fue levantada, y uno a uno los líderes y consejeros fueron a sus respectivos portales para llegar a sus facciones, Yuuri dio una última mirada a la líder de la facción del cielo, esta solo le regalo una sonrisa, y no se observó más de ella al cruzar su propio portal que le llevaría hasta el castillo de hielo.
Yuuri admiro el exterior del castillo sintiéndose superado, habían sido tantas emociones que no sabía cómo liberar y que ahora que estaba frente a su hogar, pensamientos encontrados se arremolinaban en todas direcciones, siendo apenas sujetos por los recuerdos de tantos años alrededor de su familia, momento donde no hubo mayores problemas o dificultades. Y aunque se decía que ya todo había terminado y que estaba nuevamente al lado de su familia, su deseo de tantos años ahora lo sentía amargo. Aquella felicidad que espero encontrar al regresar, ya no la sentía.
— Yuuri.
El dios del hielo se volteó al llamado de su nombre, termino de bruces contra el suelo al recibir el impacto de un golpe contra su rostro, a pocos metros de él Yuri corrió para auxiliarlo, ambos vieron con incredibilidad a Mari frente a ellos respirando agitadamente y con una ira jamás vista. Apartando al rubio de su lado, levanto a su hermano por el cuello de sus ropas, conteniéndose apenas un instante de propinarle un segundo golpe. Yuuri veía a su hermana sin entender lo que estaba ocurriendo y encontró en sus ojos una mirada de infinita molestia y frustración. El joven omega no tendía porque su amada hermana le mirada de ese modo, o siquiera porque le había levantado la mano cuando jamás en la vida lo había hecho, fue al momento de dejarlo caer nuevamente al suelo, negándose a verlo al rostro que escucho unas palabras que le traspasaron el alma.
— Tu inconciencia ha deshonrado a tu familia —habló, y el frio de su voz fue más cortante que cualquier daga hecha de hielo—. Desapareciendo por tanto tiempo sin pensar en nuestros padres o las acciones que has tomado sin pensar en sus consecuencias, y eso es algo que no te perdono, Yuuri.
El joven dios abrió los ojos desmesuradamente, y aun cuando intento decir algo, sus palabras no fueron escuchadas mientras Mari se alejaba a toda velocidad de su dirección. Una lagrima bajo por la mejilla del omega, y aunque no podía negar que sus acciones fueron tomadas sin consultar los sentimientos de su familia, no esperaba que fuera recibido con tales palabras de odio. Y aquella mirada de desprecio trituro nuevamente el corazón de Yuuri, que aún era incapaz de sanar todas las heridas que tenía dentro de este.
En el capitulo tenemos varias cosas a observar. Siendo sincera, no podía esperar al momento en el que Yuuri se alzara contra JJ (yo amo a este personaje pero lo necesitaba prepotente y altanero para esta saga, ya veremos avances luego), tambien evaluamos el miedo hacia el poder y lo desconocido que es lo que expone Yuuri con su mera existencia. Nosotros sabemos que por estos dos aspectos, las personas pueden ser capaces de lo que sea, pero con ayuda de sus aliados nuestro dios del hielo pudo sobreponerse a las circunstancias (gracias a Yuri, Minako y Nicolai), tambien tenemos un pequeño cameo en relación a mi obra original pero que se ira dilucidando un poco en los siguientes capitulos y finalmente la explosión de Mari, recordemos que al ser la lider de la facción del hielo, todas las acciones (buenas o malas) de Yuuri recaian en Mari, ello, aunado a muchas cosas más implicaron dicha reacción pero aunque no es justificada dado el dolor que causo a nuestro principe, ya encontraremos el porque esta misma etapa del mundo de los dioses.
