Capítulo 32.– Epílogo
"Me? I'm scared of everything. I'm scared of what I saw.
I'm scared of what I did. Of who I am.
And most of all, I'm scared of walking out of this room
and never feeling the rest of my whole life the way
I feel when I'm with you"
Dirty Dancing (1988)
Derpy observó el muffin en su habitación del hotel Fairmont a la tenue luz de la mañana.
Lo había encontrado en las cocinas, perfectamente conservado al vacío y relleno de crema, con la cantidad justa de azúcar glaseado... No mucho azúcar, sino el suficiente que lo salvaba de convertirse en un cupcake, pero que a la vez hacía de él una criatura única y fascinante. Lo olisqueó para interiorizar bien los toques de canela y almendra. La boca se le hacía agua...
–Guau –la apremió Black Betty.
–¡Primero quiero disfrutar del momento! –protestó Derpy–. Llevo meses sin comerme uno y no quiero ni pensar cuándo podré encontrar otro...
Derpy dio un pequeño mordisco que le supo a gloria, cuando el sonido de los claxons interrumpió el silencio; entonces olvidó del todo el muffin y se asomó todo lo deprisa que pudo por la ventana. ¡La caravana pony de la que había hablado la capitán Spitfire estaba llegando!
Sin tiempo para más, agarró a Black Betty y de un bocado se zampó lo que quedaba del muffin, saboreándolo de camino a la calle.
Cuando Derpy vio llegar los autobuses sintió una enorme alegría.
Los Wonderbolts, Granny Smith y los demás ponies que habían aparecido en D.C., trotaron a la puerta del hotel para recibir con ella a la caravana. No pudo esperar y se lanzó a curiosear por las ventanillas en busca de Doctor y de Rainbow Dash. ¿Dónde? ¿Dónde estaban...? Encontró primero a Rainbow, a quien abrazó nada más bajar del autobús.
–¡Derpy! ¡Derpy Hooves! ¡Lo has conseguido! –chilló entre risas Rainbow Dash–. ¡Tienes que contármelo todo! ¡Qué envidia! ¡Tienes que enseñarme tu avión!
Derpy se sonrojó un poco.
–Yo... Gracias Rainbow Dash. Sin tu consejo del simulador nunca lo hubiese conseguido a tiempo... Respecto al avión... Bueno... Está un poco... Arañado.
–Pero... ¿Podrás volver a despegar? –insistió Dash–. ¡No creas que te vas a escapar de enseñarme todo lo que has aprendido!
Derpy asintió pasándose un casco por la nuca, un poco avergonzada. Nunca había esperado que Rainbow Dash estuviese ansiosa por aprender algo de ella. Twilight Sparkle y el dragoncito Spike salieron entonces de entre un remolino de ponies con una lista en pergamino que flotaba mágicamente frente a ellos.
–¡Derpy! ¡Estás aquí! –exclamó Twilight al verla.
Y escribió entonces su nombre en la lista.
–¡Pues claro que está aquí! –exclamó Rainbow Dash–. ¿Qué esperabas? ¡Dijo que vendría y vino! ¡Y desde Australia nada menos! ¡Pilotando un avión!
Atraídos por la revelación algunos ponies, casi todos pegasos, empezaron a rodearla con preguntas y las bocas muy abiertas; cuando se acercó Fluttershy, tuvo unas palabras de cariño para Black Betty, e incluso la tomó en patas. Black Betty dijo que parecía una pony muy amable. Poco a poco frente al hotel Fairmont más ponies comenzaron a acercarse atraídos por la noticia de que Derpy había logrado llegar desde Australia y todo a su alrededor comenzó a dar vueltas, de repente, demasiados ponies alrededor, demasiadas, palabras, preguntas, sonrisas... Se sentía halagada pero aquello era... No era...
–¿Dónde está Doctor Hooves? –pudo preguntar Derpy, mareada.
Rarity, con una dulce sonrisa, señaló con su casco en dirección al último autobús.
Derpy dejó a Black Betty con Fluttershy un momento y se disculpó. Aleteó para salir del corro de ponies que no hacía otra cosa que atosigarla y se lanzó a las patas de Doctor Hooves en cuanto puso un casco en el suelo.
Rainbow Dash vio alejarse a Derpy y fundirse en un abrazo con Doctor Hooves.
No quería ponerse sensiblera, así que empezó a alejar ponies en dirección al hotel para comenzar el registro y ayudar a Twilight y a Spike a contar cuántos habían llegado finalmente al D.C. Mientras Fluttershy y Pinkie Pie los acompañaban y se llevaban a la simpática perra australiana de Derpy, Twilight y Rainbow quedaron a solas, viendo cómo Derpy y Doctor empezaban a llorar por haberse reencontrado después de lo que para ella habría sido fácilmente un año y medio de soledad.
–¿Qué te parece? –sonrió Rainbow.
–Que... Hacen muy buena pareja –sonrió Twi sonrojada. Se la quedó mirando cuando Rainbow pudo esconder otra vez un poco de sensiblería que se le escapaba por los ojos–. ¿Sabes? No hemos tenido mucho tiempo para hablar tú y yo... Contigo leyendo todos esos libros de aviación...
–¿Qué esperabas? Aún quiero pilotar aviones, aunque no tenga que ir a salvar a Derpy.
Twilight asintió, una mirada curiosa. Empollona redomada de la Amistad... A veces podía ser un poco cargante.
–Me refiero a... No te he visto preocuparte por otro pony tanto como con Derpy –se sinceró Twilight–. No sabía que ella... Significaba tanto para ti.
Rainbow resopló. ¡Vaya cosa!
–También estoy preocupada por Applejack y aún no sabemos dónde está –se defendió Rainbow–... Pero es diferente... Sé que AJ sería capaz de valerse por si misma sin importar el lío en el que estuviera... Antes de ahora... No lo tenía claro con Derpy, aunque supongo que ella siempre ha tenido lo que hay que tener para seguir adelante...
–¿Qué quieres decir?
–Pues... ¿Te he contado alguna vez cómo consiguió su Cutie Mark?
Twilight negó con la cabeza.
Rainbow Dash se lo contó entonces (*1); no muchos ponies conocían aquella historia y a Rainbow aún le dolía contarla. Twilight empezó a sollozar cuando acabó y recogió el pergamino con la lista de ponies hasta que logró calmarse.
–Mis padres... Ellos me dijeron –explicó Rainbow, con un poco de picor de garganta–... Ellos me dijeron que habíamos tenido toda la suerte que a Derpy y a sus padres les había faltado. Desde entonces siempre pensé que si ese día yo no hubiera tenido tanta suerte, podría haber sido Derpy. Y pensé... "De haber sido Derpy me gustaría que alguien me ayudara a ser una buena pegaso", pensé. Y es lo que he intentado con ella, aunque no siempre lo consiga o me enfade, o no tenga paciencia con ella, ¿entiendes?. Pensé que si podía ayudarla a ser una mejor pegaso, no importaría que hubiese tenido mala suerte aquel día. Pensé que... Bueno... Que las cosas podrían ir bien... Para todos, sin importar si tenemos buena o mala suerte, ¿entiendes?
Twilight asintió y le puso un casco en el hombro.
–Lo entiendo Dash. Y creo que Derpy tiene mucha suerte de tenerte cerca.
–Pues yo creo que es más cosa suya –reflexionó Rainbow–. Creo que es mucho más dura de lo que muchos ponies piensan.
Luego se quedaron mirando un rato más cómo Derpy y Doctor seguían abrazados, ajenos a todo.
(*1) NdA: "El camino de las burbujas" de Unade. No me corresponde a mi convertir esa historia en otra del universo "Lo que fuimos". No obstante, me pareció muy bonita y creí que podía formar parte del pasado de Derpy perfectamente en este y en todos los universos posibles.
Doctor olía horriblemente mal bajo su pajarita, pero a Derpy no le importó, porque en aquel momento, al pie del autobús, le pareció que olía a muffin; un muffin recién horneado y delicioso que sólo podía pensar en comerse a bocados. ¡Pero a la vez estaba tan contenta que no podía ni hablar! ¡Y sólo podía pensar en abrazarle y en estar con él después de tanto tiempo y tonta de ella sólo era capaz de llorar y moquear como una potrilla idiota en vez de decirle todo lo que quería decirle!
–¡Derpy! ¡Derpy, estás bien! –reía Doctor entre sus patas–. ¡Yo...! ¡Lo siento tanto! ¡Cuando desaparecimos de mi taller, creía que había sido culpa mía...! ¿Cómo has acabado en Australia?
Derpy no podía hablar. Sollozaba de alegría, incapaz de contener las lágrimas y de soltar a Doctor y no quería que aquel momento acabase nunca.
Mientras Rarity y Spike acompañaban a todos a completar el registro en recepción, Fluttershy entró al hotel Fairmont con la perra australiana de Derpy montada en su lomo, acompañadas ambas por Pinkie Pie. Al principio le había costado entender su acento, pero se había casi acostumbrado... Lo cierto es que era una perra muy parlanchina y muy simpática (aunque un poco malhablada); se sorprendió de poder hablar con ella, ya que no había podido comunicarse con muchos animales del mundo de los humanos.
–Guau.
–¿De veras? –se sorprendió Fluttershy–. ¿Y Derpy pudo con la serpiente ella sola?
–Guau.
–¿Qué es lo que dice? –se interesó Pinkie Pie.
–Black Betty me estaba contando cómo Derpy Hooves la salvó de que una malvada serpiente se la comiera.
–Guau.
–Y como... Como –explicó Fluttershy, un poco sorprendida–, fueron robando coches y asaltando casas en Australia hasta llegar a una ciudad llamada Sydney. ¡Y se saltaban los peajes sin pagar!
Fluttershy vio a Pinkie Pie dar saltitos, alegre por la confidencia.
–¡Uuuuuuhhh! ¿Peajes? ¿Qué es un peaje? ¡Bueno, da igual! –exclamó Pinkie–. ¡Eso parece peligroso! ¡Y muy divertido!
–¿Guau?
–¿Qué es lo que ha dicho ahora?
Fluttershy tragó saliva, porque Black Betty había preguntado que si sabían por qué en Sydney no había más perros y si había más perros en el D.C. No estaba segura de cuál había sido la situación en Australia, pero de camino habían podido comprobar que la mayoría de las mascotas en América. habían sido sacrificadas por sus dueños antes de las desapariciones. Otras muchas, incapaces de dejar de ser perros domésticos y adaptarse a la vida salvaje, habían muerto de hambre o como presas de depredadores una vez sus amos habían desaparecido.
Los menos se habían adaptado a la vida salvaje, huyendo de las ciudades y yéndose a los bosques o a la naturaleza, convirtiéndose a su vez en depredadores. Fluttershy se estremeció al recordar su primer encuentro con lobos al aparecerse en aquel mundo. La situación en Australia, supuso... Probablemente no habría sido muy diferente... Especialmente con aquella fauna tan... Poco habitual...
–Bueno –pudo decir Fluttershy suavemente–, aún no estamos seguras del todo. Pero sí estoy segura de que pronto aparecerán más perros. Por ahora creo que...
–...¿Tenemos que celebrar una fiesta? –completó Pinkie Pie–. Por la llegada al D.C., quiero decir. ¡SIENTO QUE HACE SIGLOS QUE NO CELEBRO UNA FIESTA!
–¿Guau?
–¿Que qué es una fiesta? –repitió Fluttershy–... Pues...
–¡Es lo que más te gusta hacer en el mundo pero que además lo puedes hacer con tus amigos! –explicó Pinkie Pie con una nube de confetti.
Fluttershy observó que el confetti de Pinkie estaba hecho con trozos de periódicos viejos, pero no le dio mucha importancia porque la pobre llevaba una temporada muy mala de la que empezaba a salir tras mucho apoyo.
A Black Betty, en todo caso, le pareció el confetti más divertido del mundo.
–¡Guau!
Fluttershy se llevó un casco a la boca, sorprendida.
–Aunque estoy segura de que perseguir emús es muy divertido, no estoy segura de que haya emús en Washington D.C., Black Betty –contestó. Luego añadió, aleccionadora–. Y tampoco estoy segura de que les guste que les llames de esa manera tan poco respetuosa.
–Guau.
–¿Cómo que en el bar del aeropuerto?
Las toneladas de conservas y comida que había traído Derpy en Nancy-Bird fueron más que bienvenidas en el hotel Fairmont; tras unos días y después del discurso de la Princesa Celestia, la vida en Washington D.C. fue estabilizándose poco a poco sobretodo tras la llegada de más ponies y de los planes de trabajo para producir alimentos y puesta en pie de infraestructuras humanas necesarias para su supervivencia. Derpy no entendía muchos de aquellos planes, pero sentía que a pesar de la humedad y de algo de frío, el ambiente era vibrante y animoso. Comprobó que como ella, muchas ponies habían vivido auténticas odiseas para llegar hasta allí y que cada una tenía un recuerdo agridulce de su primera estancia en el mundo de los humanos.
No había día en el que no se acordase de la granja, del señor Willington, de Betsy y de Steve Irwing. Del señor "Magia en el Mundo", el cual no sabría si seguiría observándola desde tan lejos... No había día en el que no se acordase de todo lo que le había pasado porque para ella, reflexionó durante varias tardes grises, el vuelo y la llegada a Washington y aquellos cambios con tanto pony alrededor de pronto, en el fondo se parecían mucho a aparecer de nuevo en otra parte completamente desconocida y extraña. Pero en aquel lugar... En aquel lugar tenía amigos... Tenía a Doctor... Y sentía, cada mañana que se levantaba con Black Betty en su regazo, que siempre que estuviera ella cerca tendría un poco de Australia que la acompañaría a donde fuera.
Derpy acabó por acostumbrarse a aquel clima tan húmedo y a la presencia de más ponies a su alrededor. Todos querían oír sus increíbles aventuras en Australia y nunca faltaba un pegaso que le pidiera que le enseñara el aeropuerto y a Nancy-Bird.
Para descargarla, Derpy y Black Betty habían hecho funcionar varios tractores con los que consiguieron sacar además al avión del edificio de la terminal y darle un merecido descanso en uno de los hangares grandes del lado Este del aeropuerto de Dulles.
Cuando el último grupo de pegasos se fue maravillado tras la charla, aquella misma mañana Doctor estuvo revisando el morro arrugado y las ventanillas agrietadas y se mostró optimista: si aquellos eran los únicos daños de Nancy-Bird, estaba seguro de que después de unas reparaciones menores Derpy podría volver a volarlo.
–No estoy segura de que sea buena idea –opinó Derpy–. Consume mucho combustible y aún no sabemos cómo producirlo. Y lo necesitamos para los generadores y las calefacciones... Y... ¡Tantas cosas! Volar aviones parece algo innecesario con todo lo que hay que hacer en este mundo.
–¡Bueno! –sonrió optimista Doctor Hooves–. ¡Pero pronto aprenderemos a producir combustible! Cuando sepamos, estoy seguro de que podrás volver a volar... Es decir, si quieres.
Derpy sonrió también.
Sí, sí quería volver a volar. En Nancy-Bird o en cualquiera de los otros aviones disponibles en el aeropuerto. En una pequeña ceremonia en la Casa Blanca, Derpy y Black Betty habían recibido la Cruz de Vuelo Distinguido de manos de las Princesas (perdón, Presidentas), por su "especial valor y resolución para cumplir con la orden de reunirse en Washington D.C., a pesar de las innúmeras probabilidades en contra y con riesgo y desconsideración por su bienestar".
Derpy se sentía un poco confundida por aquellas palabras. Estaba agradecida por el reconocimiento, pero si se había arriesgado a aquel viaje era precisamente por su bienestar: no podía imaginar otro sitio para estar bien que no fuese al lado de sus amigos y de Doctor.
–¡Guau! –advirtió Black Betty.
–¿Qué sucede? –se extrañó Doctor Hooves.
–¡Es casi nuestra hora en la piscina! –recordó Derpy.
Una vez la piscina del hotel Fairmont fue limpiada, acondicionada y recuperada para el uso, se encontraba normalmente llena de ponies. No obstante, y como favor especial, Derpy había conseguido que retrasaran la apertura una hora para poder tener la infantil sólo para ella, Black Betty y Doctor Hooves. De vuelta desde el aeropuerto aparcó el Dart en la puerta del hotel y descubrió que Doctor estaba un poco nervioso en el asiento a su lado.
–¿Qué sucede? –se preocupó Derpy.
–Es que... Aún no he aprendido a bailar del todo –murmuró Doctor, un poco avergonzado.
–Lo de hoy es sólo un paso fácil –confió Derpy.
Una vez entraron en el hotel, se metieron en la piscina y Doctor se puso a dos cascos, esperando el salto.
–Sería mucho más fácil si vinieses volando desde arriba –opinó.
Ante una señal de Derpy, Black Betty encendió el CD por la primera pista y comenzó a sonar "(I've Had) The Time of my life" (*2).
–¡Pero es que si fuese volando, no tendría tanta gracia! ¡Tiene que ser un salto!
Entonces Derpy, con el agua por la cintura, tomó carrerilla y se preparó para saltar y para que Doctor la levantase en sus cascos, como había soñado tantas noches, hacía mucho tiempo, en la difícil, hermosa y enorme Australia.
(*2) Compuesta por , y (1987, para RCA Records) e interpretada para esa banda sonora por Bill Medley y Jennifer Warnes.
FIN DEL RELATO
NdA: Una nota para terminar con comentarios míos en el siguiente, pero la historia ha terminado ya.
Gracias por leer
