N.A.: No me gusta insertar notas al principio de capítulo a menos que lo considere importante. Y menos, notas largas como ésta.
Pido disculpas por el retraso en la subida de nuevo material. Es cierto que tengo ya muchas escenas hasta el final trazadas, pero me está resultando difícil entrelazarlas de modo coherente y, francamente, estos meses no he estado muy inspirada (aparte de que el trabajo y la vida me tienen algo pillada) Pero quiero volver a dejar claro que no tengo abandonada esta historia. Que por mucho que me cueste, pienso acabarla. Por cierto, muchas gracias por los nuevos reviews, me alegra mucho ver que sigue gustando. Para aquellas personas que piden más "contacto" entre los protas, yo solamente respondo que me ajusto al canon de lo que hay y al rumbo que llevan los personajes.
Otro asunto: ya vi el episodio IX y solamente diré lo siguiente:
Este fic nació tras ver el episodio 8, (allá por invierno de 2017) y como tal, en este AU hay pedazos del epi 7 y 8. Toda la trama, hasta el final, ESTABA YA DECIDIDA desde entonces. Por tanto, el epi 9 no va a influir para nada en los próximos capítulos. Que, repito, ya están escritos, al menos el esqueleto de todos ellos (y según tengo calculado, nos quedan unos 7-8) La trama continuará tal y como la diseñé en primavera de 2018 (cuando empecé a subir el fic a esta web) y obviamente, los eventos tomarán otros giros diferentes.
Sin más dilación, vamos al lío.
Disclaimer: Nada de Star Wars, ni los nombres de canciones, personajes, series, libros o demás que aparecen, me pertenecen en absoluto. No busco lucrarme con esto, sino disfrutar con nuestros personajes favoritos por puro entretenimiento.
35
Mover ficha
Rey deseó poder sacarle una foto a Kylo en aquel instante, porque la cara que se le acaba de quedar al muchacho era de las que hacían época. Exactamente la misma que se le debió de poner a ella la noche en que él le trajo aquel batido de chocolate…
Y es que hoy, era ella la que le estaba ofreciendo comida a Kylo.
La caja de galletas esperaba, abierta, a que Ren se decidiese a coger alguna, mientras que el rostro del muchacho pasaba por todas las fases de la conmoción, infarto y síncope, todo ello expresado únicamente con un extraño y casi imperceptible espasmo en la ceja izquierda.
- Anda, coge una. Las hago yo.
La ceja de Kylo se arqueó un poco más.
- ¿A qué viene esto?
- El miércoles es mi cumpleaños. Me apetecía invitarte a algo.
Por toda reacción ante este dato, Kylo solamente mostró un leve temblor del labio inferior. Por lo demás, era la pálida roca impertérrita de siempre.
- ¿No es otra jugada para hacer las paces?
- Pensaba que ya las habíamos hecho.
- ¿No es esto un complemento?
La caja se retiró de las narices de Kylo.
- ¡Argh! ¿Por qué siempre tienes que buscarle tres pies al gato? – se quejó ella.
Y entonces, sin que él pudiera evitarlo, llevado por un impulso de aquella luz que empezaba a hacerse hueco en su interior, Kylo le dejó ver a Rey un pedacito de sí mismo que le habría encantado ocultar.
No estoy acostumbrado a este trato. Nadie me ha regalado nada así. Y más si son galletas. Son como las de "ella".
Rey intentó ocultar su reacción al leer su mente de ese modo, aunque por dentro se estuviera muriendo por reflexionar acerca de aquella bajada de escudos del joven. Aunando fuerzas, inspiró hondo y cambió de tema.
- Vamos, pruébalas. Las he hecho de avellana. Dijiste que era tu sabor favorito.
Ahora sí, ahora sí que lo notó Rey: las orejas de Kylo, que asomaban a medias por su espesa mata de pelo, se habían puesto coloradas.
- ¿De qué te ríes, friki?
- De la cara que se te va a poner cuando me digas que te encantan en cuestión de segundos.
Con decisión, Kylo alargó la mano y cogió una galleta para probarla. Evitó su mirada mientras masticaba, pero había cosas que eran imposibles de ocultar. La sonrisa de Rey se hizo aún más amplia.
- Bueno, di algo. Es agotador leer tus expresiones a ver si saco algo en limpio.
- Pues buena suerte.
Con su mano libre, Rey le propinó un empujón que casi lo desequilibra hacia atrás.
- ¡Borde, que eres un borde! – se apartó de él, cerrando la caja de nuevo – Madre mía, qué tío tan imposible.
Repentinamente, la caja voló de sus manos y aterrizó en las de Kylo.
- Trae – y el joven, en un gesto casi, casi infantil, abrió la caja con el ceño fruncido y se metió otra galleta en la boca mirando a Rey con ademán desafiante.
La chica pestañeó exasperada.
- Están muy buenas – explicó el muchacho con la boca medio llena aún, provocando que se le salieran algunas migajas por las comisuras de los labios. Rey, muy sonriente, se apresuró a cogerle la caja mientras él se limpiaba con el dorso de la mano – Minipunto por lo de la avellana.
- Tú también te has acordado de detalles sobre mí en ocasiones.
La muchacha volvió a dirigirle otra sonrisa luminosa, franca y sencilla. Pero tan poderosa como una bala derecha a su corazón, lanzada desde aquellos ojos tan determinados, tan fuertes…
¿Por qué le costaba tanto responderle con otra sonrisa? ¿Tan difícil era recolocar sus músculos para elaborar el sencillo gesto?
Era como si estuviese oxidado. Se le había olvidado sonreír de verdad. Había olvidado lo que era sentir algo tan cálido dirigido solamente a él, una forma de comunicación que esperaba respuesta… Sabía que Rey estaba acostumbrada a su inexpresividad, a su hermetismo. Pero, ¿y si se cansaba algún día?
Algo debió pasar, porque en ese instante, ella sonrió más aún. Y ocurrió algo: él leyó su mente en ese instante.
Me encanta.
¿El qué? ¿Qué le encanta? Joder, ¿qué me he perdido?
Es que estaba sonriendo.
Ni se había dado cuenta. Su rostro había actuado solo por primera vez en años.
Y notó sus músculos distenderse, la tensión en sus mejillas y barbilla.
Y la luz le sacudió por dentro, bullendo, bombeando energía a todo su cuerpo. Cálida y refrescante a la vez.
- ¿Solamente sabes hacer galletas? – lanzó de repente él.
- No, sé cocinar muchas cosas, ya te lo comenté – respondió Rey, algo descolocada por el cambio de tema.
- Es verdad, dijiste que haces la compra y cocinas en casa.
- Exacto. Sí que prestas atención.
- Ahá.
Kylo se comió la tercera galleta, mientras Rey se acodaba en sus rodillas y le contemplaba con deleite.
- ¿Tú cocinas también? – preguntó la chica de repente.
- Sí, algo sé hacer.
Rey frunció el ceño un poco, mientras observaba a Kylo colocar la caja de galletas en la hierba, entre los dos.
- ¿No tienes servicio en casa, niño de papá? – inquirió la chica, cogiendo una galleta y mascándola distraídamente.
- Sí, pero yo aprendí a cocinar hace tiempo – replicó él, ignorando la pulla.
- ¿Y no se te han oxidado las habilidades?
- Pues no. Muchas veces cocino para mí. Tengo un sótano para mí solo, con cocina.
Rey arqueó bastante las cejas.
- Jo, qué pasada, casi como una casa para ti. Qué envidia.
Él la contempló largamente. Demonios, otra vez los putos contrastes. ¿Por qué aquella chica tenía que tener una existencia tan distinta a la suya?
Vio entonces cómo Rey negaba con la cabeza y sonreía.
- Bueno, supongo que ya me queda menos tiempo para pasar envidias. Ya solamente doce meses. En un año, estaré fuera de casa. En otoño me pondré a buscar piso y poco a poco, después de navidades, empezaré a trasladar mis cosas.
La joven cerró los ojos, ensimismada en su ensoñación, hablando mientras rodeaba sus rodillas con los brazos y apoyaba la cabeza en las piernas:
- Y el día 10 de abril del año que viene, me pondré enfrente del sofá de Carl, dejaré caer las llaves al sofá y le diré: "ya soy mayor de edad, éste es el número de cuenta al que mandarás mi último sueldo, adiós y hasta nunca." ¡Oh, qué liberación!
Kylo la miró, sintiendo una horrorosa necesidad de comprarse un billete de vuelta desde Bucarest, para viajar allí, plantarse en casa de Rey aquella tarde y presenciar con sus propios ojos aquel momento triunfal.
Y tenía que llegar el Demonio de La Locura con la pregunta gilipollas del día.
- ¿Harás la mudanza tú sola?
¿A qué cojones venía aquella cuestión? ¿Qué mierda le importaba a él eso?
Inmediatamente, se arrepintió de aquella estúpida pregunta que ni venía a cuento.
- No, Chewie ya me dijo que me ayudaría…
La voz de Rey se fue difuminando, porque la faz de Kylo le había delatado durante un milisegundo. Había añoranza en aquellos ojos: ecos de risas infantiles, de juegos a caballito, de batallas de piratas con el señor Solo, de juguetes revolcados por el suelo, de partidas de cartas con el tío Lando a escondidas de mamá (porque a ella no le gustaba que le enseñaran a jugar cartas), de noches en vela apoyado en sus enormes brazos y sintiendo cómo su barba le hacía cosquillas mientras escuchaban viejos discos de John Denver y papá contaba historias de contrabandistas y persecuciones…
La chica se sintió como si estuviera hablando de una vida que le debería pertenecer a Kylo. Tendría que ser él quien estuviese hablando de tío Chewie. Si las cosas hubieran sido de otro modo, ella no probablemente no habría conocido a Chewie nunca.
Pero al menos Kylo tendría una familia completa.
La voz casual del chico la sacó de su embeleso.
- Ya veo. En el Halcón cabía bastante material, eso lo recuerdo. Había un puñado de compartimentos ocultos muy aprovechables.
La mirada de Kylo se perdió inevitablemente, lejos, muy lejos.
- Sí, efectivamente – confirmó ella, sin saber qué más decir. Hacía mucho que no había un silencio tan incómodo entre ellos.
- Dime, ¿y qué zona piensas buscar?
- Pues, no sé – Rey se encogió de hombros - ¿En el centro?
- Eres una ilusa – él la contempló con su característica mirada sardónica - El alquiler está por las nubes. Te pueden cobrar hasta setecientos por un mísero estudio de 30 metros.
- Jolines.
- Mira mejor por la zona este. No es cara y tiene buen comercio.
Rey, interesadísima, se inclinó hacia adelante, acercándose a él.
- Jo, sí que sabes de eso…
- Yo también estuve mirando pisos hace tiempo.
- ¿Cómo? Pero ¿y tu casoplón?
- Quiero algo más de independencia para cuando vaya a la universidad.
- ¿Piensas quedarte en la ciudad?
- Antes sí, pero hace un tiempo he cambiado de planes.
- Ah, ¿sí?
- Me marcho al extranjero el curso que viene. Me marcharé antes, en verano, para instalarme.
Un resquemor amargo inundó el pecho de Rey, una frialdad que hacía mucho que no sentía.
El vacío.
- ¿Al extranjero?
- Europa.
Kylo estudió el rostro de Rey, porque a él también le había asaltado la tristeza que emanaba de pronto del rostro de la chica. Estaba intentando disimularla, hacer ver que había sido solamente un flash de incomodidad. Pero le estaba costando. Y Kylo se estaba dando cuenta de todo.
De lo mucho que le iba a echar de menos.
Y su pecho se llenó de luz una vez más. El avecilla aleteó de nuevo con más fuerza que antes, y volvió a transformarse en una bestia de sol con colmillos y garras de fuego.
Ella le iba a echar de menos.
No podía disimularlo, Rey era incapaz.
Ella le iba a echar de menos.
- ¿Y a dónde te vas? – ni de coña podía Rey disimular y hacer que su voz no temblase. Y es que, por primera vez en meses, tenía miedo de algo que pudiera decirle él.
Pero qué distinto era ese miedo del de ahora.
- Aún no lo tengo decidido del todo – replicó él con una voz serena, pero que (según constató Rey) ocultaba algo, una vez más. La joven se había dado cuenta de que Kylo casi nunca había llegado a ser plano con ella. Era un complejo sándwich de sentimientos y emociones, con un alma en matrioskas que iban cubriéndose unas con otras hasta formar una sólida muralla de máscaras hechas de diamante. Rey pensaba a veces que lograba horadar hasta la tercera o cuarta capa, tan sólo para descubrir que había otras dos o tres más por debajo.
Y en medio de aquella inseguridad, la joven, tan pendiente de Kylo en ese instante, percibió algo bajo aquellas capas, mientras él hablaba.
- Voy a empezar un programa de estudios en diversas universidades: Roma, Londres, París, Berlín.
- Interesante. ¿Harás Ingeniería, como me contaste?
- Sí.
- Es genial…
Bajo las capas había algo oscuro. Algo que Kylo le estaba ocultando.
No. No era ocultar…
Kylo le estaba mintiendo deliberadamente en ese momento.
Lo notó, aquel burbujeo subyacente bajo su usual capa de oscuridad. Algo se revolvía, inquieto, y Kylo lo estaba atenazando con mano de hierro.
En ese instante, él se dio cuenta de que ella estaba explorando más a fondo… La miró con una nueva intensidad inquisitorial y Rey se sintió algo cohibida.
- ¿Qué pasa? – preguntó ella.
- Eso mismo debería preguntarte yo a ti.
- No pasa nada.
- Sí que pasa – la voz de Kylo adquirió un tinte peligroso - ¿Qué haces mirando donde no debes?
- ¡No estoy mirando nada malo! - se quejó ella, ofendida, retirándose un poco – Tus vibraciones me llegan solas y punto. No tengo la culpa de que no sean estables. Tú sabrás…
- Eso mismo digo yo. Porque es cosa mía – y Kylo se levantó repentinamente de la hierba. Repentinamente agobiado. Repentinamente molesto. Repentinamente asustado. – Tengo que irme, se me ha hecho tarde.
Rey le observó andar a zancadas hacia el lugar donde tenía su cazadora hecha un hatillo, colocársela y caminar hasta su moto.
- No te habrás enfadado, ¿no?
- No – replicó él con sequedad, poniéndose los guantes de conducir – Si así fuera, te lo habría hecho saber.
El guante que aún le quedaba por ponerse escapó de su mano izquierda y levitó hasta estrellarse rápidamente en su mejilla.
- Cuidadín, que ya te regañé por eso hace un tiempo – aseveró Rey aún sin moverse de su sitio, mientras él se frotaba la cara y cogía el guante de muy mal humor.
- ¡Joder! ¡Eres tremenda! – Se sentó en la moto y cogió el casco a toda mecha – Mira, ¡ahora sí que me dan ganas de irme en serio!
- ¿A qué narices viene esto? – espetó Rey, levantándose de un salto - ¿Por qué este número?
Kylo se alzó sobre su asiento en toda su altura frente a la confusa chica.
- ¡Porque parece ser que te resulta imposible no espiar mi mente ni un segundo! ¡Yo ya no hago eso contigo y deberías agradecérmelo!
Rey acusó el golpe, mientras notaba cómo las vibraciones de Kylo se hacían cada vez más inestables. De pronto, era como en los primeros días: un volcán de ira sin control a punto de estallar.
- Creo que tengo razones – intentó hablar en tono más conciliador. No quería que él se fuera – He detectado que tus vibraciones…
- Mis vibraciones te la soplan a partir de ya, ¿entendido?
Ella frunció el ceño, presa de una repentina furia. Kylo notó la pulsación de su energía también, devolviéndole otro guantazo de luz oscura.
- ¿Es que en estos meses no has aprendido nada, gilipollas?
Kylo escupió sus palabras con el tono más ofensivo que pudo encontrar.
- ¡Sí! ¡He aprendido que aunque intente fiarme de ti, siempre seguirás escarbando en mi interior como una puñetera psicoanalista para ver si puedes exprimir algo más de mierda!
- ¡Es que la hay, joder! ¡He visto…!
Un brutal golpe de poder de Kylo la tumbó de espaldas. Afortunadamente, Rey pudo amortiguar la caída mientras veía cómo él arrancaba bruscamente y salía disparado, sin molestarse a incorporarse al caminito de gravilla que llevaba al prado donde estaban.
Rey se levantó de un salto y le vio alejarse con la rabia pintada en el rostro.
- ¡Vete a la mierda! – le gritó al viento.
Kylo no tardó en convertirse en un borrón diminuto que desaparecía por la curva de camino a la incorporación a la carretera comarcal y Rey le siguió con la mirada, bufando de frustración.
Y sin embargo, bajo toda la furia, había un miedo inmenso en ella. Porque su temor no era ni una cuarta parte del miedo que acababa de leer en el alma de Kylo mientras explotaba. Un miedo acerca del secreto que estaba guardando tan celosamente.
A pesar de estar acostumbrado a tener a gente revoloteando a su alrededor cada vez que hacía algo fuera de lo normal y que no le importaba atender a quien hiciera falta o responder preguntas, Poe tenía que reconocer que aquella mañana se le estaba haciendo bastante larga.
Verle aparecer por el instituto, luciendo sus cicatrices de guerra tras la pelea de la semana anterior y haber faltado a clase, había constituido la comidilla del día. Por los pasillos se alzaban murmullos, en cafetería no le habían dejado tranquilo y hasta los profesores le habían preguntado por su salud. Por no hablar de la sorpresa del siempre genial profesor Ackbar, que lo había abordado por el pasillo y le había dicho en un aparte: "A pesar de todo, bien hecho Dameron. Hay que darles duro". Luego le había guiñado uno de sus saltones ojos y se había alejado por el pasillo, dejando a Poe bastante flipado.
Pero la vicedirectora Holdo se iba a encargar de devolverle a realidad.
Poe recibió la citación para ir a su despacho de parte de Paige, a quien Holdo había avisado en clase. Cuando llegó, vio que, en la puerta del despacho de jefatura, el "banquillo del sufrimiento" estaba ocupado.
Sobre aquel banco frente a la puerta de Holdo solían sentarse aquellos alumnos que habían cometido faltas de alguna clase. Generalmente sentarse allí solía ser la antesala a una llamada a las familias y una estancia en casa que podía oscilar entre tres días y un mes, a saber.
Aquella mañana había sentados dos muchachitos de primer año, a los que Poe conocía de vista: se habían inscrito en el club de parkour con Mark Meyers y con frecuencia solía verlos en compañía de Mark, ensayando saltos en las escaleras del patio de recreo. Hoy, ambos chicos tenían un aspecto un tanto desharrapado: lucían moratones, ropas algo desgarradas y cabellos revueltos. Iba a preguntarles qué había ocurrido cuando, por la puerta entreabierta, vio asomar la cabellera malva de la esbelta jefa de estudios:
- Pase, Dameron.
Toda ocasión para charlar un rato se había esfumado, así que Poe tuvo que entrar directamente al despacho. Holdo estaba sentada a su mesa, escribiendo informes en su ordenador. Le hizo un breve gesto para que tomase asiento y Poe obedeció, cogiendo aire mientras tanto. Siempre era una dura prueba ir allí y enfrentarse al bello pero severo rostro de la mujer.
- Imagino que se encuentra ya recuperado de sus heridas, ¿no? – comenzó la mujer, terminando de guardar los documentos del ordenador y girándose hacia él para darle toda su atención.
- Sí, por supuesto.
- Bien – Holdo suspiró, clavándole los ojos azul hielo. – Imagino también que sabe usted por qué está aquí.
Poe hizo lo que pudo (aunque se le daba fatal) para reprimir la alzada de cejas irónica. Todo su ser le gritaba responder "Pues, no, ¿me lo explica?" y así hacerla vomitar datos, que era lo que él quería oír. Enterarse por su boca de lo malamente que se había portado, lo nefasto que había sido su comportamiento. Demonios, solamente había ido a auxiliar a los de la pelea. ¿Tan malo era eso?
Y sin embargo, debía tragarse aquello. Debía jugar la carta de la humildad y la inocencia si quería que aquel mal trago doliera menos.
- Sí, jefa Holdo, lo sé – dijo en un suspiro.
- Me alegro de que tenga usted las cosas tan claras. Así me ahorra los discursos innecesarios. Odio repetir los hechos cuando usted fue el protagonista. ¿Sabe por cierto que esos dos chicos de la puerta están aquí por gente como usted?
Poe pestañeó, aturdido. Holdo siempre hablaba así, con esa calma y serena templanza que auguraba tormenta cuando, de repente, cambiaba las tornas de una conversación con una pregunta imposible de eludir o alguna frase lapidaria que minaba morales.
- No, señora, no lo sabía – replicó Poe con inocencia prácticamente real.
Holdo se inclinó hacia adelante en la mesa levemente y apoyó los codos y los antebrazos, entrelazando los dedos de sus alargadas manos.
- Esos dos chicos de la puerta con los que usted iba a pararse a hablar son dos alumnos de primer año que han estado siguiendo de muy cerca sus aventuras. ¿Sabe que ambos se apuntaron al club de parkour cuando, en noviembre se cundió por el instituto su encontronazo con los de la Academia en compañía de Meyers y su equipo?
- Pues… no.
¿Cómo iba a saberlo? Él no estaba al corriente de tantos datos. Le gustaba que hubiera gente que hiciera deporte, pero…
… pero no. Hoy no tocaba alegrarse por eso.
- Estos dos chicos iban a salir hoy de excursión con su clase. En la puerta, se han encontrado con otro grupo de la Academia que también iba de excursión y han intercambiado "saludos" y pullas a la entrada. Como se podrá imaginar, mientras llegaban los autobuses para recogerles y a escondidas de sus profesores acompañantes, no les ha sido muy difícil calentar el ambiente en plena calle y acabar enzarzándose a golpes. ¿Y sabe lo que realmente me hace pensar que usted y sus rebeldes sin causa son cómplices de su comportamiento? Resulta que, durante la pelea, cuando los profesores llegaron corriendo a separarles, ambos estaban gritando consignas que decían algo así como "¡somos los sucesores de Meyers!", "¡por la gloria del Republicano!", "¡A Dameron le va a encantar!" y cosas así. Es obvio suponer que uno se pregunte por la influencia que ustedes hayan tenido para que estos chicos puedan tener este comportamiento, ¿no le parece?
Poe había asistido a este discurso, pronunciado con voz serena pero con calmada ironía in crescendo, con un rictus de dolor indisimulable. Ahora entendía todo mejor.
- Le he hecho una pregunta – insistió Holdo.
Por dentro estaba rabiando, pero se limitó a tragar saliva.
- Yo no me dedico a darles clase de cómo liarla para pelearse.
Holdo resopló ligeramente.
- No hace falta que les edite un manual para que se lo estudien. Les basta con verle hablar por las mañanas, dirigir arengas, planear ataques y bromas… Gente como usted crea una atmósfera que se está enrareciendo cada curso un poco más.
Poe frunció el ceño, ya incapaz de contenerse.
- Jefa Holdo, ¡eso no es justo! Los cuervos se portan mil veces peor que nosotros. ¡No vamos a estarnos quietos! Hacer estas cosas a la gente le da seguridad. Forman parte de algo, resistimos juntos.
Holdo negó lentamente con la cabeza en silencio.
- No, Dameron, lo tergiversan todo. Puede que estén trabajando por la cohesión en el centro, acogiendo a todos los nuevos folloneros que quieran sumarse a la guerra. Pero usted, en calidad de presidente, debió haber trabajado de otro modo, encauzando esas energías de otro modo.
- Pues dígame usted cómo, porque si no, esos idiotas de la Primera Orden nos habrían comido ya por sopas.
La mujer lo miró largamente, sin dejar de negar con la cabeza.
- Ahí lo tiene. Es su impulsividad, su incapacidad de quedarse callado, lo que va a perderle un día. Mire, llevo aquí muchos años y jamás he visto tal sarta de disparates y desmanes. La directora Organa ha hecho bien en retirarle del Consejo. Gente como usted acaba provocando desgracias. Créame, durante mis años aquí he lidiado con muchos goleadores arrogantes y de gatillo fácil como usted. No pienso consentir que alguien de su talante estropee al resto del alumnado.
Ahí estaba. Poe Dameron, siempre considerado un héroe, un valiente, un buen tío en general en la comunidad estudiantil, se veía reducido a simple "perturbador". ¿Por qué no podía ella ver las cosas como él las veía? ¿No se daba cuenta de que la reputación del Republicano peligraba si agachaban la cabeza siempre?
- Si hubiéramos cedido a los cuervos, hace tiempo que nos habrían empezado a chantajear o hacer cosas peores.
Holdo suspiró, casi como dándole por imposible, pero se levantó y caminó a la ventana. Subió la persiana y le hizo un gesto con el brazo para que él se acercara a mirar.
Desde el ventanal había una buena panorámica de la calle de ambos institutos. En aquel momento, había varios coches de policía instalados en ella, esperando a la salida de clases.
- ¿Ve eso? ¿Cree que esos policías están ahí parados por tonterías? Ahí tiene usted esas "cosas peores" de las que habla. Los estudiantes de la Academia ya han llegado a ese punto. Lo que usted pretendía evitar se ha convertido en una bola de nieve que no hace más que crecer.
Poe hizo recuento: había tres coches y dos motos, con varios agentes paseando por la zona. Se sintió un poco mal al ver aquellos recursos derrochados en su pelea de institutos. Seguro que esos agentes estarían cabreados de tener que vigilar a una panda de niñatos empeñados en sacarse los ojos a la salida de clase.
Le sorprendió la voz de Holdo, con un tono de voz que había dejado de ser severo.
- Estoy cansada de alborotadores, de cabecillas de revoluciones. Quiero que nos comportemos como un centro serio y con alumnado que dé ejemplo de civismo y saber estar. Esta guerra tiene que acabarse, o lamentaremos algo mucho más serio de lo que ya pasó el otro día en las gradas.
La mujer alzó los claros ojos, clavándolos en Poe.
- Yo también pasé miedo ese día, Dameron, y también estoy muy enfadada por todo lo que ellos hacen. Pero debemos mantener la calma y la mente fría. Mi prioridad es el bienestar del alumnado y con acciones como las suyas no hacen más que ponerles en peligro. Está usted contraviniendo las normas de seguridad básicas y eso no podemos permitirlo.
Poe intentó descifrar aquella mirada y, cuando lo logró, se sintió más incómodo que nunca en el rato que llevaba allí. Porque en la mirada de Amilyn Holdo había miedo.
Maldición.
Si hasta los adultos tenían miedo ante aquella situación, ¿qué o quién podría sacarles de ese embrollo?
Las lágrimas cayeron inmisericordes sobre la taza de café, derritiendo la espuma de la parte superior y dejando ver el líquido oscuro de debajo.
- ¿A qué vienen esas lágrimas? – quiso saber Maz.
Rey permaneció callada, ceñuda, con la vista clavada en la espuma que se disolvía.
- Vamos, no te has tirado media hora contándome la historia de tu amistad con ese muchacho para ahora no decirme por qué te pones a llorar.
La muchacha inspiró sonoramente, notando la nariz taponada ya.
- No sé – balbució – Ni siquiera sé por qué lloro. Estoy cabreada, muy frustrada y… y no sé qué hacer. Estoy convencida de que me miente. – Alzó la mirada un segundo – Y no es mi amigo.
Maz se encogió de hombros.
- Bueno, cada uno tiene sus secretos. Supongo que él no tiene por qué contarte todo de su vida, ¿no? Al fin y al cabo, no sois amigos.
Rey alzó la vista, más avergonzada que antes.
- No es eso. No soy quién para exigirle que me cuente toda su vida. Solo digo que me estaba ocultando algo bajo esa historia del viaje de estudios a Europa. No me importaría si fuera algo normal, él puede hacer con su vida lo que le dé la gana, pero… Es que lo que me fastidió fue percibir algo oscuro ahí dentro. Me estaba ocultando algo importante. Algo malo.
Maz se reajustó las gafas, muy concentrada en su expresión.
- Entiendo. Crees que hay algo más, pero… ¿el qué?
¿Y ahora qué?, pensó Rey. ¿Le cuento también la movida de los espías?
No. No se lo había dicho ni siquiera al profesor, así que a Maz mucho menos.
- No tengo ni idea, pero es algo chungo. Lo presiento. No sé explicarme mejor.
- Muy bien, jovencita, entendido – la mujer se encogió de hombros con gesto resolutivo - Lo que no me cuadra es por qué no has hablado con Chewie – dijo Maz, taladrándola con sus ojos ampliados por las gafas de ancho cristal - ¿No tienes más confianza con él que conmigo?
Rey alzó la cabeza, mirándola con algo de temor.
- ¿Por qué tendría que hablar con él?
La anciana se encorvó hacia adelante con gesto casi acusatorio.
- Porque me ha contado que el otro día iba en su furgoneta, pasó por tu calle e iba a pararse a visitarte, pero vio que el chico estaba contigo, parado en la puerta de tu casa, charlando contigo.
El gesto de estupefacción y horror de Rey fue tan elocuente, que Maz no dio más detalles.
- Estoy segura de que está muy intrigado por todo esto y se estará preguntando por qué no das datos – prosiguió Maz – Y además, sabiendo como ambas sabemos, que ha vuelto a recuperar el contacto con Skywalker, no me extrañaría que en cualquier momento le comentase esa información a su amigo, ¿no?
- ¡El profesor ya sabe que me hablo con Kylo! – y el tono de Rey decía claramente "así que no me amenace con eso".
- Bien, pero… ¿cuánto sabe? – Maz era realmente incisiva…
- Lo justo y necesario.
- Vale, jovencita, pues ya te puedes ir andando con cuidado con lo que cuentas. Así que, yo que tú, iría a comentárselo a Chewie.
Rey frunció el ceño.
- ¿De qué serviría decírselo? ¿A qué vendría eso de ir y decirle "eh, suelo hablar con Kylo y me tiene asustada porque dice que se va a Europa y no me da detalles y tengo una premonición de algo terrible"? No se hablan desde hace años. ¿Acaso Chewie me escucharía? ¿Cree que le importaría cualquier noticia sobre Kylo?
- Quizás más de lo que te crees. Que Chewie esté obedeciendo instrucciones de Organa en no hablar con el muchacho no significa que él no le siga teniendo algo de aprecio. Al fin y al cabo, era el hijo de su mejor amigo Han…
- Ya… También es cierto eso.
Maz esbozó una sonrisa, suavizando mucho su gesto y mirándola comprensivamente.
- Creo que te da un poquito de miedo contárselo, ¿no?
Rey bajó los hombros, sabiéndose pillada.
- No tengo valor para hablar con él. Creo que además, él no sería objetivo.
- Eso no lo sabes – replicó Maz – Chewie puede tener mal temperamento a veces, pero a la larga es un tipo bastante mesurado. Sabe cuándo no armar el espectáculo.
Rey frunció el ceño.
- ¿Y cree usted que no me lo armaría, viendo que me pongo a llorar como una gilipollas porque Kylo me ha dicho que se larga a la otra punta del mundo y yo tengo una sensación de angustia? – la chica bufó mientras removía su café con furia – A quien se le cuente…
Maz ladeó la cabeza, entrecerrando los ojos.
- A mí me lo has contado, y sinceramente, me parece algo muy normal que te preocupes por él.
La muchacha alzó los llorosos ojos.
- ¿Cómo dice? No entiendo… ¿Qué tiene esto de normal? Estamos hablando del jefe de los cuervos… ¡alguien con quien no debería ni tener relación ninguna! ¡Alguien a quien debería prácticamente odiar!
- Y alguien al que te avergüenza reconocer que echarás de menos.
Rey acusó el golpe conteniendo la respiración en un jadeo entrecortado.
- Puede que hayan pasado muchos años, pero estoy segura de que Chewie almacenará esas noticias sobre Kylo - prosiguió Maz - Tal vez sea algo importante, o tal vez no. En todo caso, estará alejado de Snoke y tal vez se podría intentar contactar con él – la mirada se le encendió tanto a Rey con esa nueva perspectiva, que Maz frunció el ceño, confusa - ¿No te lo habías planteado?
La chica negó con la cabeza.
- Quién sabe, podría ser una oportunidad para acercarse a Kylo. Tal vez Skywalker quiera probar otra vez…
Al oírle mencionar a Luke, Rey exhaló un jadeo exasperado.
- Uf, significaría contarle muchas cosas… Me matará cuando se entere de lo cercana que soy ahora mismo a Kylo.
Maz cabeceó en un gesto astuto.
- De nuevo, vuelves a pensar mal. Eres igual de desconfiada que Kylo – la mujer alzó su arrugado dedo índice - Te tengo calada.
Sin saber cómo, Rey se irritó ante aquella afirmación.
"Todos se creen que me conocen bien. Pero no me conozco ni yo."
El café ya estaba frío sin remedio.
- Según el artículo 7.1 del reglamento de centro, estás jodida.
- Pero, jefa Phasma…
- ¡A callar, imbécil! Has grabado una pelea con el móvil y la has compartido. Prepárate porque te van a caer mínimo dos semanas de expulsión…
Kylo esbozó una sonrisa mientras giraba la esquina, entreoyendo la conversación que estaba teniendo lugar unos metros más allá. Por fin visualizó a Anya, que tenía arrinconada a una chica de décimo curso contra las taquillas, mientras un grupo de alumnos de la tropa de pasillos formaba un apretado corro en torno a ambas chicas. Por no mencionar a un segundo contingente, que se estaba encargando de diseminar a los curiosos junto a algunos profesores.
La chica fue al final sujetada por los brazos por dos de los miembros de la patrulla y se fueron rumbo al despacho de Dirección. Kylo sabía la que le esperaba a esa chica en presencia de Robert: soportar una entrevista con él era complicado y no digamos ya ver cómo le caía a uno una sentencia de expulsión. Robert era implacable en la aplicación de castigos y especialista en humillar a cualquiera que rompiese las normas del centro. Kylo solía presenciar algunas de esas entrevistas y era tremendo ver las caras de algunos de los chicos que cometían aquellas faltas.
- Haberos estado quietecitos – suspiraba para sí Kylo – Para eso están las normas.
Una vez que la infractora se hubo marchado, Ren pudo centrarse en Phasma y sus pensamientos.
Desde el día del accidente en las gradas, cuando había tenido aquel comportamiento extraterrestre con ella, no habían coincidido más de dos segundos juntos en clase o pasillo alguno. Gracias a sus poderes, Kylo había podido esquivar a Anya, ya que últimamente tenía demasiado en la cabeza como para aguantar el inevitable enfrentamiento con ella. No tenía ningún miedo ante aquello por razones obvias, pero prefería "aclarar" las cosas con ella cuando se hallase en un determinado estado mental de calma. Y hoy era ese día. Además de que el enfrentamiento con Armie ya estaba en la mente de Anya como un tema pendiente y por tanto, motivo más que de sobra para acelerar el encontronazo.
Kylo había buceado desde la distancia en los pensamientos de la rubia y halló los sentimientos usuales: rabia, frustración, incertidumbre y sensación de engaño. Se había hecho un buen retrato de por dónde iban los tiros con ella y se sentía más que preparado para contraatacar.
Total, ya tenía a Armie cabreado. Ni por asomo iba a permitir que Anya se cambiase de bando. Porque sabía que Hux le había ido con la historia de su pelea a puñetazos de días atrás.
Anya se giró hacia él, apoyándose en la taquilla, mientras el timbre de cambio de hora sonaba.
Ninguno de los dos iba a darse prisa por salir pitando a clase. Todo el mundo sabía que Phasma y Ren tenían carta blanca en ese sentido y que entraban y salían de clase cuando les salía de las narices: total, siempre que lo hacían era por causas de fuerza mayor.
Kylo, con las manos en los bolsillos, avanzó con parsimonia hacia ella, esperando a que los ríos de estudiantes corrieran junto a ellos.
- Hombre, estás vivo. Contigo quería yo hablar – dijo ella.
Kylo arqueó las cejas.
- Adelante. Vamos, sígueme.
Anya frunció el ceño, obviamente molesta por la indisposición de él de hablar allí mismo.
- ¿Quieres que la gente se entere de tu cagada en las gradas? – siseó acercándose un poco a ella – Puedes dar gracias de que los dos gilipollas a los que llevaste no hayan soltado prenda en todos estos días.
Bien se había encargado ya él de removerles las conciencias con aquella amenaza el día de autos.
- Tienes razón – corroboró Phasma, separándose de la taquilla y mirándole con la sospecha pintada en el rostro – ¿Cómo supiste esa mierda sobre ellos?
- ¿Por qué quieres saber eso ahora? Sabes que siempre estoy enterado de los mejores datos de cada alumno de aquí.
- Lo sé.
El pasillo estaba ya prácticamente vacío, salvo un par de alumnos de primer año que entraron corriendo al aula de Dibujo. Phasma echó a andar en silencio junto a él y ambos llegaron al aula de ordenadores sin mediar palabra. Tras entrar, Kylo cerró la puerta con suavidad y se encaró a Phasma, que esperaba con los brazos cruzados.
- Bien – comenzó él, sentándose en una de las mesas – Ya puedes ir diciéndome lo que tengas guardado desde el día del ataque. Estoy aquí para escucharte. Cuéntame.
Habló con voz reposada, muy lentamente, imprimiendo sus palabras de una capa de "empatía" y "escucha activa". Jugando muy bien su papel. Mezclando con un ápice de arrepentimiento y de "te debo una explicación."
Kylo disfrutó enormemente con el rostro atónito de Phasma. La joven, que esperaba con el desafiante gesto de cruzada de brazos, dejó ver por un segundo una expresión de estupor ante sus palabras. Kylo tenía muy bien ensayado aquel comienzo, pues se había puesto en el plan más insospechado de todos: el rollo comprensivo, el plan "estoy aquí para oír cómo te desahogas, cuéntame lo que quieras, tienes todo el derecho a enfadarte."
Phasma había estado esperando un careo mucho más tenso y también había estado preparándose para ello, reservando ciertas preguntas; pero esta entrada de Kylo la había descomputado por completo.
- ¿Y bien? – instó el joven, acomodándose mejor en su asiento, haciendo gala de una serenidad ensayada durante años – Dime.
Phasma carraspeó, mirando por un segundo a la puerta ante de enfrentarse a él.
- ¿Qué cojones quieres que te diga? Mejor dicho, ¿por dónde empiezo? – la joven colocó las manos sobre su cintura, paseando alrededor de Kylo, mirándolo acusatoriamente - La última vez que me dirigiste la palabra, me dejaste al borde de una caída de varios metros. Y te quedaste ahí parado, lanzándome la monserga delante de esas petardas republicanas. Amenazaste a dos miembros de mis tropas. Y LE SALVASTE EL CULO A LA CHICA TICO. LE SALVASTE EL CULO A UNA PUÑETERA REPUBLICANA. ¿TE PARECE POCO?
Kylo asistió a aquella vomitera verbal con su ensayado gesto impasible. Se tomó su tiempo para tomar aire, esperando a que ella se calmase un poco.
- Dame aquí y ahora alguna buena razón para no irle con el cuento a Snoke. Seguro que no le hace ni puta gracia.
Curioso, pensó Kylo. Así que Armie no le ha dicho que yo usé esa carta contra él. Que Robert está ya enterado de todos mis asuntos. ¿Por qué Armie ocultaría ese dato de nuestra conversación?
Se obligó a sí mismo a no descentrarse pensando en el pelirrojo. Ya se encargaría de él más tarde. Y empezaba a lamentar no haber zanjado el tema con él del todo.
Había que concentrarse en este escollo de ahora.
- Por supuesto que no se la ha hecho – respondió él, componiendo una convencedora mirada de medio lado de fastidio – Pero en fin, eso es asunto mío. Eso, y otras cosas que ya ha ido descubriendo él.
Phasma frunció el ceño de nuevo. Satisfecho, comprobó que la reacción natural había sido provocada. Lógico: la joven estaba sorprendida de ver cómo no podría cumplir su amenaza porque Robert "estaba enterado de todas sus movidas."
Qué fantástico era ir de farol cuando te las sabías todas.
- No me digas – contraatacó Anya - ¿Y no te ha desheredado o algo parecido?
- Casi, pero le he prometido eterna servidumbre. Más o menos – finalizó Kylo con una media sonrisa sarcástica.
Más le valía dar respuestas breves pero estudiadas, que le hicieran a Anya entender lo que él no pretendía aclarar. Que ella construyese el resto de la mentira por su cuenta. Que ella dijera mentalmente "aaaah, vale, era eso", ante su historia, que era toda humo.
Phasma le midió en silencio, traspasándole con su mirada acerada.
- Sigo sin entenderlo – continuó ella - ¿A qué mierda vino todo eso?
- Hace meses que tengo un plan trazado para la gilipollas de los moñitos, la Rey ésa.
No, no le dolió nada referirse a ella en esos términos. No podía dolerle en ese instante. No podía dejar traslucir nada.
- Ah, ¿sí? Haberlo compartido, en lugar de hacernos quedar como gilipollas a Armie y a mí. ¿Desde cuándo actúas por libre? ¿Y desde cuando tus planes incluyen favorecer a los perdedores?
Kylo inspiró hondo. Había que cambiar la máscara.
- Desde cuando me da la gana – escupió, cambiando repentinamente el tono de voz a uno agrio, duro, helado, como un latigazo – No te consiento ni ese tono ni esas dudas – alzó un dedo índice – Y te recuerdo que por muy jefa de tropas que seas, por muy intachable que sea tu historial, estás por debajo de mí y te debes a la Primera Orden, cuya cabeza soy yo. Mis métodos JAMÁS se cuestionan, mis razones JAMÁS se discuten ni se malinterpretan y con mi mala leche JAMÁS se juega. Esa mañana, en las gradas, estuviste a punto de mandar a la mierda una operación que tenía en marcha desde octubre, así que la próxima vez que te empiecen a dominar las ansias asesinas, cuentas hasta cien y me avisas, ¿está claro?
El silencio que siguió a sus palabras fue el más tenso que había habido entre Anya y él. Había tocado techo y pudo casi oír el sonido de la fisura que se provocó en el hielo de ella. Porque Anya era dura, muy dura. Pero Kylo siempre estaría por encima.
De todos modos, Kylo tuvo que reconocer que la joven sabía mantener el tipo maravillosamente. Casi mejor que Rey.
La joven se volvió a cruzar de brazos, inspirando profundamente y resistiéndose a apartarle la mirada. Porque para Anya, evitar sus ojos significaría rendirse, bajar al mismo nivel que todos los demás, que vivían atemorizados por el líder negro. Y ella estaba un escalón arriba de todos ellos.
- Todo claro, jefe – farfulló ella – Esperaba, de todos modos, que me hicieras partícipe de tus planes, pero parece ser que a partir de ahora trabajas solo.
- Sabes que no es cierto. Sigo contando con vosotros dos.
Phasma siseó como una serpiente y se puso a medio palmo de él.
- Y una mierda.
La joven hizo el gesto de pasar de largo junto a él, dándole un empujón con el costado en el brazo, pero Kylo la retuvo de la muñeca sin ni siquiera darse la vuelta. Su mano era acero puro, imprimiendo más fuerza con una pequeña andanada de sus poderes.
- No te la juegues conmigo como ha hecho Armie – dijo Kylo – No vayas por ahí. Es un consejo.
Anya tuvo a bien no responder, librándose de su agarre con un fuerte tirón y saliendo de la sala a zancadas. Sus pisadas hicieron eco durante unos segundos en el pasillo.
Una vez de nuevo bajo la luz solar, Anya, por primera vez en su vida, agradeció haber seguido un extraño consejo que le había dado Armie horas atrás, pidiéndole que lo cumpliera por lo más sagrado. "La única vez que te pido por favor que de verdad hagas algo por mí", le había dicho Armie con una expresión que jamás le había visto en su cara maltrecha por la paliza de Kylo.
"Relaja la mente e intenta pensar en otras cosas. Que no se note todo lo que llevas dentro. Quizá tú tengas más éxito que yo."
Y había funcionado. Si Kylo hubiera sabido todo lo que hervía en ella durante la conversación que acababan de tener, la habría decapitado allí mismo.
Y esbozó una cruel sonrisa, avanzando aún a zancadas bajo los árboles de los jardines.
- Hmmm. Vaya. Tiene narices. Al final va a resultar que lo que me contó ayer Armie va a ser cierto: Kylo se nos ha vuelto gilipollas del todo.
- Callad, tíos, o nos va a pillar – siseó Kaydel, arreándole un fuerte codazo a Starck. El muchacho de pelo cobrizo de tambaleó y casi derriba a Paige, que por pocas tira la tarta… Suerte que Rose estaba detrás y la sujetó.
Poe, que iba delante, se giró hacia ellos con una mirada asesina y se llevó el dedo al cuello, deslizándolo en una clara advertencia muda de que allí iban a rodar cabezas si no lo hacían bien. "Vale, vale", musitaron los demás mientras tomaban posiciones.
La estrategia estaba bien urdida: aquella mañana, Finn le había pedido a Rey el cuaderno de ejercicios de Gramática para comprobar algunos apuntes. Y ahora, por la tarde, llamaba a su puerta (tras haber comprobado que iba a estar sola en casa ese día) para "devolverle" el cuaderno. Como era lo usual, Rey le había recibido en el taller de Plutt y, tras unos minutos de conversación casual, Finn había pedido usar el baño de la casa. Rey le dio paso, momento que Finn había aprovechado para correr a escondidas hasta la puerta principal de la casa…
…Y abrirle paso a Poe, Rose, Paige, Kaydel, Tubbs, Starck y demás panda colegial cercana a Rey, que esperaban en el porche principal cargados con las cosas para la fiesta. Todos habían entrado en la casa intentando no hacer ruido y, mientras Finn regresaba al taller y le daba conversación a Rey, los demás se apresuraron en colocar cadenetas de papel de colores, bandejas con aperitivos, vasos, platos y un fantástico pastel con diecisiete velas en la mesa de la sala de estar. Todo lo habían hecho a la mayor celeridad posible, intentando no meter jaleo, pero era complicado lograr que doce personas pudieran coordinarse y no chocar entre sí. Sobre todo si el corgi de Poe, BB (al que por supuesto habían traído), se paseaba constantemente entre las piernas de unos y otros y subía constantemente a las sillas de la mesa para olisquear el pastel y los aperitivos…
- BB, bájate de ahí o no te doy pastel – siseó Poe – Buen chico – sonrió al ver que el perrito bajaba al suelo y le contemplaba muy quieto, agitando su cola y sacando la lengua – Sí, yo también tengo ganas de fiesta y de tarta, pero hay que esperarse.
¡CRASH!
Doce personas se giraron con el miedo en los ojos… Marcus, que también había sido invitado a la fiesta, había dejado caer un vaso de cristal del aparador de la cocina. Starck se llevó las manos a la cabeza, mientras Becky (la chica que llevaba saliendo con él desde Halloween y que también había hecho buenas migas con Rey) casi lo ahoga entre exclamaciones mudas.
Y claro, el ladrido de BB no pudo hacerse de esperar…
- ¡Eh! – Rey alzó la vista del cuaderno, que aún estaba comentando con Finn - ¿Eso ha sido…?
Su amigo, apuradísimo y pensando que para qué narices la deban a él el papel de "entretenedor" (con lo mal que se le daban a él esas cosas) intentó contemporizar:
- ¿Qué ha sido qué? – fue a apoyarse de modo casual sobre un banco de trabajo repleto de herramientas, pero resbaló y fue a dar contra la papelera - ¿Qué de qué? – dijo de modo inocente mientras se levantaba.
Rey, ya con la mosca tras la oreja, pasó de largo junto a él, derechita a la puerta que comunicaba con la casa y con la sospecha pintada en el rostro. Finn, derrotado, la siguió a toda prisa, farfullando excusas:
- ¡Vamos, Rey, habrá sido la calle! ¿No oyes? ¡Acaba de pasar un coche con la radio a toda leche! ¡Hay que ver, estos chalados de los coches! – pero nada, Rey ya atravesaba la puerta e iba blandiendo la llave inglesa al más puro estilo "heroína de peli de terror en misión de exploración por la casa encantada de turno" y tuvo que seguirla, ya resignado – Rey, anda, vuelve, que no habrá sido nada…
- Sí, claro… - farfulló su amiga por toda respuesta, caminando por el pasillito en penumbras y oyendo finalmente el sonido de TODAS aquellas mentes en el salón de su casa…
Ostras.
Suspiró aliviada, pero inexplicablemente nerviosa. Ahora sí que se oían ruidos de verdad. Alguien acaba de tragarse la esquina del mueble de la tele, el "Ayyyy" aquél se había debido de oír hasta en Tatooine. Cuchicheos, roce de plástico contra plástico, papel de plata… ¿Qué demonios se estaba cociendo allí?
Giraron la esquina y entraron al salón, donde estaba todo el mundo allí metido. Los había pillado a medio acabar, pero lo básico estaba ya allí: las cadenetas con letras de colores que ponían "FELICIDADES REY" y "FELICES 17", los platos y vasos con comida y bebida y el pastel con sus diecisiete velas, aunque solamente estaban encendidas ocho porque a Kaydel se le había atascado el mechero… Marcus estaba allí también, barriendo el cadáver de vaso de cristal en el suelo y BB correteó alegremente a olisquearla y ladrarle a modo de saludo.
Completamente pillados in fraganti, no pudieron hacer otra cosa que gritar (un poco derrotados, la verdad) un "¡SORPRESA!" que tal vez no tuvo toda la fuerza que debió haber tenido, pero que no careció de toda su buena intención.
Rey, al verles allí a todos, no pudo evitar una sonrisa de oreja a oreja. Estaba encantada, a pesar de que ya había sabido que estaban allí escondidos en cuanto percibió sus mentes cerca de ella en la casa. Pero aquél era uno de esos momentos en los que hay que fingir sorpresa para que el momento no se rompa.
- ¡Halaaaaa! ¿Qué narices hacéis todos aquí? – farfulló mientras avanzaba por el salón, admirando lo que había preparado ya en la mesa – Si ya me habíais felicitado esta mañana…
Era cierto. En cafetería, durante el recreo, ella había sacado un bizcocho que había horneado la tarde anterior para convidar a sus amigos. No estaba muy convencida de que le hubiera salido tan bien como siempre, porque tenía muchas preocupaciones en la cabeza y tal vez se le habían ido las medidas de algunas masas. Pero todos lo alabaron y terminaron su pedazo enseguida. También le habían cantado el cumpleaños feliz a voz en grito. Hasta la profe D´Acy le había felicitado con una gran sonrisa en la cara… Rey pensaba que nada mejor podría suceder en un día así, ya que sus cumpleaños siempre habían pasado sin pena ni gloria. La última vez que lo celebró, estaba en el orfanato, porque con Edna y Carl y sus eternas discusiones, una no podía confiar en que se acordasen de algo tan trivial como el cumpleaños de su hija adoptiva…
Pero, una vez visto cómo se las gastaban en el Republicano, debió haberse imaginado que le iban a montar algo así. Ciertamente, ella había estado considerando la posibilidad de organizar una merienda, invitarlos al Maz´s o algo así el viernes. Pero con lo de la quedada del domingo con Kylo, se le había ido de la cabeza…
Total, que los demás se le habían adelantado.
- Perdona por invadirte así – se excusó Poe, siempre diplomático.
- Ha sido una invasión silenciosa, hemos hecho lo que hemos podido – argumentó Tubbs.
- Silenciosa seguro, tío – se quejó Marcus, que aún barría el suelo. Todos rieron, mientras el joven notaba la mirada de Rey y pensó que parecía algo sonrojada… ¿le habrían traicionado sus ojos?
Muy pronto, todo quedó preparado al fin y atacaron los aperitivos. Rey trajo su ordenador y estuvieron oyendo música extraída de sus listas de YouTube y Spotify. Se hicieron muchas fotos, volvieron a romper otro vaso y Rey pudo al fin, soplar velas en una tarta por primera vez. De ningún modo pensaba confesarles a sus amigos aquella vergonzosa circunstancia, pero estaba tan inundada de felicidad, que ni se dio cuenta de que un par de lagrimillas tontas se le escapaban… Finn le apretó la mano y las hermanas Tico le dieron un gran abrazo… Al que le siguió el de Tubbs, mientras añadía:
- ¡Un brindis por la mejor jugadora al God of War que he conocido!
Y Rey casi se ahoga por las risas y el abrazo de oso del corpulento rubio.
Le siguieron los regalos: ropa, accesorios y detallitos de decoración para su cuarto por parte de las chicas. Entrada al concierto de los Gungan (que les habían gustado cuando, en su día, les vieron como teloneros de los Mandalorians), un paquete de experiencias consistente en una visita a un parque de atracciones a escoger y unas zapatillas casual de parte de los chicos. Marcus, por su parte, traía un regalo individual, alegando que no sabía que los demás iban a juntarse para un regalo colectivo. Rey aceptó el paquete, evitando reaccionar ante los pensamientos del chico. El cual había estado más que enterado de la recogida de dinero para su regalo, pero que había preferido buscar algo por sí mismo, especial, para ella. La joven apreciaba todo aquel esfuerzo y se juró a sí misma que ella pagaría la comida en su próxima cita para el cine. El regalo de Marcus consistía en un frasco de perfume y en una pulsera de cuero.
- Sé que llevas pulseras de cuero y pensé que era de tu estilo – explicó algo azorado – Y la colonia… Bueno, supuse que te gustaría… Me la recomendaron en la tienda.
- Muchas gracias Marcus – replicó ella con una sonrisa sincera y encantada. Sabía perfectamente que Marcus estaba pillado hasta las trancas por ella, pero, extrañamente, aquello era algo con lo que podía convivir. No sentía apuro, ni vergüenza, ni agobio… Marcus era agradable y atento, y ella se sintió inusualmente halagada de un modo nuevo y extraño, sonrojándose al instante.
La noche cayó pronto y, pese al ofrecimiento de Rey de pedir unas pizzas para que se quedasen con ella a cenar, los invitados desistieron, ya que al día siguiente era todavía jueves y tocaba currar. "Ya brindaremos otra vez este finde por tus diecisiete" prometió Paige, rodeando a Rey con su brazo mientras se despedían en la puerta de casa.
Sí que se quedaron Finn y Poe, ya que el primero, al fin y al cabo, había comentado en su casa que "no tenía ni idea de lo que duraría la fiesta y que a lo mejor acababa convirtiéndose en una merienda-cena". Y Poe, por su parte, al vivir solo, no tenía inconveniente en cenar pizza allí o en su casa, le daba todo lo mismo.
- BB, creo que tú solo has tragado más pizza que nosotros tres – arguyó Poe, mientras, espatarrado ya en el sofá con total confianza, observaba cómo BB apuraba a relamidas los restos de queso fundido que habían quedado en la caja de cartón.
Finn exhaló una carcajada, que casi hace que se le caiga la lata de refresco.
- Dicen que los perros se parecen a sus amos – comentó.
Un cojín se le estrelló en la cara al instante sin más miramientos.
- ¡Eeeeeh, tío! ¿Qué haces?
- Cuida tus palabras – aseveró Poe alzando un índice acusador contra él – Rey está de testigo… ¿Rey?
Y ambos chicos se giraron hacia la joven. En ese momento, ella estaba sentada en el brazo del sofá de Finn, con un trozo de pizza a medio mascar y la mirada perdida en el vacío.
- Eh, Rey, ¿pasa algo? – preguntó Finn, alzando la mano hacia ella para darle un suave toquecito en la rodilla. Al punto, la chica despertó de su ensueño.
- Perdonad, estaba muy lejos – musitó.
- Ya veo – observó Poe – En la Inopia por lo menos. Chica, alegra esa cara, ¡que aún te queda una hora de cumpleaños!
Rey esbozó una sonrisa para intentar calmar a sus preocupados amigos. Pero le salió una sonrisa triste y algo cansada.
- Es verdad, gracias por todo. Ha sido el mejor cumple que he tenido en años.
Pero Finn y Poe intercambiaron miradas de reojo a espaldas de ella.
- ¿Estás dormida?
Rey se destapó, quitándose los cascos y retirando el portátil de su regazo, incrédula. No hacía ni diez minutos que sus amigos se habían marchado y ya estaba recibiendo visitas otra vez…
Y vaya horas.
- Vete a la mierda.
Hubo un silencio, mientras ella se arropaba mejor con la colcha, dándose la vuelta de espaldas a la ventana.
- Ya veo. Sigues cabreada.
- Claro. Y con todo mi derecho. Por eso no sé qué mierda haces aquí. Y a estas horas.
- Pasaba por aquí. Uno de mis paseos, ya sabes.
- Muy bien, me alegro mucho. Sigue paseando, a ver si te refrescan las ideas.
- ¿No piensas salir a la ventana?
- Claro que no. Te recuerdo que te cabreaste conmigo. Otra vez. Y que una vez te dije que no volvería a consentirte ese comportamiento.
Hubo otro silencio, más largo esta vez. Y hasta Rey pudo notar en su piel el temblor que emanaba del aura de Kylo. Más revuelta que nunca.
- Quiero hablar contigo. Cara a cara.
Bingo. Lo tenía. ¿Le pediría perdón?
Rey no pudo aguantarse ya. Se asomó a la ventana, siguiendo el rastro de poder oscuro, esta vez tremendamente sereno, cálido como pocas veces y expectante.
Kylo estaba al pie de la ventana, luciendo su cazadora de conducir, su casco cromado bajo el brazo y portando un bulto que no logró reconocer en el otro brazo. Cundo vio salir a Rey, experimentó una pequeña sorpresa: la joven llevaba el cabello suelto. Inusual e interesante. No se lo veía así desde la noche del baile de Intermedio, en enero.
La chica frunció el ceño. Kylo estaba mirándola con algo de… ¿ansiedad? ¿impaciencia?
¿Kylo ansioso? Demonios, ¿se habría salido la tierra de su eje o algo?
Él resopló.
- Joder, Rey, hazme caso por una vez. Baja.
Ella sintió un burbujeo extraño.
Le había empezado a hacer gracia aquella condenada situación.
Y no pudo reprimirse.
- ¿Cuándo te he hecho caso si no me ha dado la gana? – espetó en voz algo más alta.
Kylo se cuadró, repentinamente tenso e indignado por la pullita.
- Podría ser ésta la primera vez, ¿no? – y su tono de voz subió dos octavas. Rey se acodó sobre el alféizar, echándose a reír en voz baja, completamente a gusto.
- Venga ya, baja… ¡O subo yo!
Rey casi se atraganta a media risotada, abriendo los ojos desmesuradamente. Se imaginó a Kylo plantificado en medio de su cuarto, parado como un pasmarote, mirando todo con aquella cara de asco que siempre lucía cuando algo no le gustaba. Menudo cuadro. Kylo pegaba tanto en su habitación como Hux en una tienda de lencería femenina.
- Vaaale, voy… - rumió cansinamente, ya curiosa ante el desenlace de aquello.
Kylo no pudo evitar que se le aceleraran las tripas cuando la visualizó bajando las escaleras con cuidado, como una ninja. Y por fin la tuvo frente a sí, quedándose quieta junto a la baranda del descuidado porche, donde dos maltrechas sillas de terraza estaban destinadas a ser su punto de encuentro aquella noche.
Ambos tomaron asiento y Rey pudo entonces apreciar el paquete que llevaba Kylo. Cuando el joven dejó el casco junto a él, le mostró lo primero de su carga: una bandeja con dos batidos de la misma tienda de la vez anterior, meses atrás.
- ¿Y esto?
- Me pillaba de paso – aseguró Kylo, arqueando una ceja, en un gesto travieso que tuvo el desconcertante efecto de provocarle unos nervios horrorosos – Ten, es de chocolate.
La chica lo aceptó tímidamente, y esta vez, a diferencia de la anterior, sus manos se rozaron medio segundo más. El tiempo justo para sentirse.
Rey sabía perfectamente que él le estaba mintiendo y que a él no le estaba importando nada sentirse descubierto. Que en realidad Kylo había ido expresamente a la yogurtería a por aquellos batidos, sólo los cielos sabían por qué. Estudió su gesto sereno con algo de envidia, mientras el joven sacaba otro batido y empezaba a degustarlo también.
Avellana, seguro.
- Gracias – musitó, clavándole la mirada y dando un sorbo, saboreando los trocitos de chocolate.
- Quiero pedirte disculpas por lo del domingo – soltó él de sopetón.
La pajita casi se cae de su posición y Rey adoptó un aura defensiva sin poder evitarlo.
- ¿Ah, sí?
- Sí, me porté como un gilipollas y no tenías derecho a aguantar eso – Kylo bufó y miró al vacío – Mira, estoy intentando controlarlo… Ya sabes, lo de mi humor de mierda. Al menos delante de ti.
El fantasma del halago surcó el pecho de Rey. Solamente delante de mí.
- Y lo del empujón. No te lo merecías. ¿Te hice daño?
Rey le contempló largamente. Había verdadera expectación nerviosa en los ojos de él. De verdad que estaba arrepentido.
- No, no fue nada. Conseguí reprimirlo.
Kylo bajó la cabeza, mirando al vacío.
- Lo siento de veras. Tengo muchas movidas en la cabeza ahora y me cuesta mantener todo en orden…
Rey, conmovida, leyó perfectamente la sinceridad en aquellas palabras. El esfuerzo que estaba haciendo. Kylo, con la mirada perdida y la cabeza gacha. En conflicto.
- Si quisieras, podrías hablar conmigo, si eso te ayuda – musitó ella con todo el tacto que pudo.
Él la miró de reojo, dejando traslucir la sorpresa ante el ofrecimiento, pero lo dejó pasar por alto.
- No, mejor que no te salpique nada – y el joven bajó mucho su tono de voz, mientras murmuraba para sí: - No, nada. No tuve un buen día. No pasa nada.
Rey estaba maravillada. ¿Kylo la estaba tranquilizando? Uau.
Pues oye, estaba funcionando. Tenerle ahí, tan cerca de ella, algo inclinado para mirarle bien a los ojos, envolviéndola con sus vibraciones, era reconfortante.
- ¿Estás mejor?
- Sí.
Rey frunció algo el ceño, pero la sospecha se desvaneció, ya que Kylo recompuso el gesto y el momento pasó.
- Entonces, ¿estamos bien? – farfulló él. La contempló expectante, en silencio, con la barbilla algo temblorosa. Por todas las galaxias, ¿se podía ser un armario de tres puertas vestido de negro y mostrar aquel rostro de niño en falta? ¿Cómo lo hacía?
Ella dejó escapar una leve risotada en forma de jadeo exasperado.
- Por Dios, Kylo, ¿alguna vez estamos bien del todo?
- Sí que lo hemos estado. ¿Empiezo la lista?
La seguridad y rapidez con la que soltó aquella frase desconcertó a Rey. Aquel sarcasmo mezclado con inocencia chulesca la traía frita. Y sí, el muy cabrón estaba siendo encantador.
Jolines, claro que había habido momentos en los que habían estado bien.
- Sí, estamos bien ahora. Te perdono – admitió ella, dejando que la cara se le derritiera en una sonrisa, mientras en su pecho brillaba la calidez. Sus vibraciones parecieron decirle a las de Kylo "veeenga, vale, de acueeerdo" y burbujearon serenas y confortables.
Hubo entonces un cambio de atmósfera y la chica notó el bullicio de la luz de Kylo dentro de sí. De pronto, estaba nervioso…
… como un niño en la mañana de Navidad.
¿Qué demonios le pasaba a Kylo esta noche?
Entonces vio cómo él sacaba un segundo paquete: una bolsa de papel que puso ante sus narices sin más contemplaciones.
Soltó la pajita, más desconcertada que nunca.
- ¿Y ahora?
Kylo alargó la bolsa hacia ella, desviando ligeramente la mirada.
- Feliz cumpleaños – miró su reloj – He llegado a tiempo, te quedan dos minutos para medianoche.
Rey lo miró con ojos como platos. Lo miró, intentando absorber toda su figura, enorme, oscura, intimidante, en otras ocasiones acechante y peligrosa. Intentando descifrar cómo podía encajar en aquel grandullón un sentimiento que le había hecho comprarle un regalo.
Kylo Ren le había traído un regalo de cumpleaños.
Un regalo. Kylo Ren.
El mundo se había debido de salir de su eje y haber empezado a rodar de mala manera por donde no debía, porque aquello no era lo usual. ¿En serio él había hecho eso?
- ¿Vas a dejar de mirarme como una idiota y abrirlo ya?
El golpe que Kylo se llevó en el brazo, potenciado por el poder de Rey, dolió un poquito más de lo imaginado. Ahogando un "auch" que pugnaba por ser más sonoro, soltó el regalo en manos de Rey.
- Joder, no te pases.
- ¡Pues tú no me insultes, imbécil!
- No, si me voy a arrepentir de haber venido y todo.
- Ni lo sueñes. Trae, que lo vea – y Rey dejó el batido a un lado en el suelo para abrir el paquete de la bolsa. Iba envuelto en papel plateado y cuando la joven vio lo que era, jadeó boquiabierta.
- Maaaaadre mía… ¡Qué pasada!
Lo que tenía en la mano era un kit de soldadura de lo más completo, elegantemente empaquetado en una caja de una de las mejores marcas que había en el mercado. Casi daba pena abrirlo…
- Para que puedas hacer esos montajes que te gustan – explicó Kylo en voz extrañamente hueca, mirando al frente, alzando la barbilla en ese gesto desafiante tan suyo - El kit que tienes es tan mierder que da pena.
Rey, absorta en la contemplación de la caja, casi no registra sus palabras, pero sí que las memorizó. Alzó la mirada hacia él y sus ojos brillaban muchísimo, ya que Kylo le devolvió la mirada. Tenía que hacerlo. Necesitaba tragarse aquellos ojos tan luminosos.
Claro que brillaban. Ella era su pequeño sol.
- De verdad que no tenías por qué.
- Y una mierda. Hago lo que me da la gana con el dinero.
Rey decidió no responder al tirito y volvió a bajar la mirada hacia el paquete, sintiendo que se le hacía un nudo en la garganta. Kylo advirtió su cambio y musitó muy quedo.
- ¿Qué pasa? – y vio cómo Rey empezaba a soltar un par de lagrimillas tontas, y se empezó a poner muy, muy, muy nervioso, agitándose inquieto sin saber qué hacer - ¿Qué te ha dado ahora?
¿Por qué, por qué, por qué le ponía tan de los nervios verla así? Ya la había visto llorar otras veces, pero no era lo mismo. Otras veces ella había llorado porque se había portado como un imbécil, pero si ahora le estaba haciendo un regalo, ¿a santo de qué venía soltar el grifo? Era incomprensible.
¿O no tanto? ¿Podía ser que ella estuviese tan feliz que se hubiera emocionado? ¿En serio? ¿Kylo Ren emocionando a alguien hasta la lágrima?
El mundo se había ido a la porra.
- No, no, no, no pasa nada – se apresuró a tranquilizarle ella, secándose las lágrimas – Es que… no estoy muy acostumbrada a recibir regalos – ante el rostro incrédulo de Kylo, ella prosiguió con rapidez – Bueno, este año he empezado a recibir cosas de Poe y los demás, pero antes no me habían regalado nada. No me esperaba esto… de ti. Gracias de verdad.
Kylo procesó rápidamente lo que significaban aquellas palabras. A todas luces, Rey había tenido verdadera mala suerte en esta vida.
De pronto, sintió la necesidad de abrazarla, incapaz de batallar de otro modo con la repentina rabia que le sacudió de pies a cabeza. Una especie de impotencia… ¿Por qué aquella chica tenía que ser una desgraciada? ¿Por qué le había tocado llevar aquella vida?
Le pasó por la mente como en un flash que se fue tan rápido como vino, pero el amago se quedó ahí. En su lugar, solamente pudo decir:
- De nada.
Ella le miró a lo profundo de los ojos, y dio igual que le sonriera con aquella sonrisa tan amplia que le provocaba hoyuelos en las mejillas: aquella mirada ardía.
- ¿Sabes? Cuando quieres, eres un encanto. Esto que has hecho… - miró de nuevo a su regalo – Ha sido el mejor cierre final a un buen día de cumpleaños. Gracias. Y encima yo estaba cabreada contigo y vas y me compras esto. Qué vergüenza.
Kylo arqueó las cejas, genuinamente sorprendido. Media vida repartiendo leña y forjándose una reputación y ahora le decían que era encantador. ¿A qué se había reducido su existencia en los últimos tiempos?
Ni puta idea, pero aquello lo encendía a niveles insospechados.
Sintió el miedo en su interior, la sombra de la mentira, de lo que ocultaba, pero le dio una patada para enterrarlo bien profundo en el cajón de la mierda. Ahora no quería pensar en eso. Ahora quería disfrutar del momento.
Y ella sonreía, toda luz, ajena a sus pensamientos, chocando su vaso de batido con el suyo en un brindis.
- Por mí y mi cumpleaños – explicó Rey entre risas - Porque no cumplo años, sino que subo de nivel.
- Friki.
- Le dijo la sartén al cazo.
N.A.: iba a haber algo más de Chewie y Luke en este episodio, pero he tenido que cortar. Pido disculpas.
Avances para el próximo episodio: Luke y Chewie hablan con Rey de lo que ella no quiere, Kylo escucha lo que no debe y en el Republicano, la gente hace lo que puede. Pero se avecina una nueva crisis y el cerco empieza a cerrarse.
