Descargo de responsabilidad: ¡Takahasi-sama no me regaló a los personajes para hacer mi Sesshome realidad!
Advertencias: * Puede haber algunos errores ortográficos que se me han pasado por alto, por favor, discúlpenme Q_Q
Holaaa —Saluda como Stitch.
Antes de comenzar a disculparme, quiero decir primeramente; ¡FELIZ NAVIDAAAAD! Otra navidad más, otro año ha pasado, y aún no termino la historia, jajajaaja. Que triste
Pero quiero agradecer a todas las bellas personas que han estado conmigo desde 2016, ufff, ai que han sido largos meses de ausencia. No daré excusas ni nada, pero agradezco a todas por su comprensión, en serio. Quiero que separe un peso de no haber actualizado, escrito bastante en la reedición de la historia, en unas horas subiré las actualizaciones, y también un capitulo nuevo.
En serio, muchas gracias a las que siguen aquí a pesar de lo que ma tardó en actualizar, las buenas noticias es que ya finalizan el semestre, y aprobé todas mis materias, por suerte. XD. Así que tendré tiempo para publicar muy seguido antes de volver a la tortura.
Sin más, gracias nuevamente. ¡Feliz año nuevo! Espero que sus metas, sueños y lo que sean cumplir en este 2020, se cumpla. Se los deseo de corazón. Los amo a todos.
PD = Como regalo de año nuevo y disculpas por la ausencia, algo especial en lo que está trabajando estos meses.
¡VAMO A LEER! (Si algunas cosas no tienen sentido en el mensaje anterior, es porque estoy desde el celular y por alguna razón cuando guardó, el teléfono o la aplicación me cambia las palabras)
Hermosuras, pude conectarme de la tableta, resumiré el capitulo, porque me fijé que por el celular me cambio un montón de diálogos, orden y hasta se traducía de tercera a primera persona así que ahora espero este mejor y más entendible
Mirar el techo siempre había sido una manera de relajación para ella, podía mirar hacia un punto en concreto, hasta que su vista se cansará y su cerebro le exigiera a sus párpados que ya era hora de cerrarse. Solía hacer eso siempre que tenía alguna prueba y estaba nerviosa por ello, siempre que tenía que presentar un proyecto o incluso sí quería salir con sus amigas, se quedaba pensando toda la noche sí era necesario salir.
Pero ya no tenía pruebas por levantar, ya no había exámenes que rendir, ni desvelos por aprobar los exámenes de admisión para entrar a la Universidad que ella deseaba, ya no habían proyectos, mentiras por sus faltas académicas, ya no había salidas con esas amigas. Ya no había nada de eso. No desde hace ocho años. Ocho largos y tediosos años.
Han pasado ocho años. Y sentía que sí lo repetía lo suficiente, podría asimilar todo lo que había pasado durante ese tiempo, podría asimilar que llevaba tantos años en la época antigua.
Ocho.
A menudo trataba de no pensar en todo lo que se perdió, pero a su mente siempre venían esas preguntas, ¿cómo estará su mamá? ¿como se verá? ¿le habrán salido ya cabellos blancos? ¿su hermano en qué Universidad habría entrado? ¿qué estaría estudiando? ¿tendría novia? ¿su abuelo seguiría con vida? ¿aún cuidaba el templo? ¿qué excusas habrá dicho por su desaparición? Conociéndolo, lo más seguro es que haya dicho que se fue a un internado en Suiza.
Sonrió nostálgica al pensar en todas las posibilidades.
Extrañaba tanto a su familia, su sencilla vida en el futuro.
Tapó sus ojos con su antebrazo derecho, no quería ver el techo, no quería pensar en todo eso, pero una parte de ella sentía que sí no pensaba en ellos, los olvidaría y ella no quería olvidar a nadie.
Se dio media vuelta sobre el futón, llevaba horas tratando de conciliar el sueño; apenas ella y Sesshōmaru volvieron de ver a Bokuseno-sama, se fueron a tratar de descansar. La información había sido avasallante, nunca pudieron imaginarse que el padre de ambos Taishō tuviera un pasado de esa magnitud. Muchos lo consideraron débil por haber desposado a una princesa humana; la madre de InuYasha, pero nadie sabe de su primer emparejamiento, su primer matrimonio, que no sólo fue con una humana, fue con una sacerdotisa humana.
.
Y nada más y nada menos que Midoriko-sama. ¿Qué tan distorsionado está eso?
Era tan extraño de imaginar, pero a la vez tan esclarecedor, ahora entendían porque cuando nació Sesshōmaru, Tōga Taishō se encargó de mantener lazos pacíficos con el Norte o porque había decidido proteger a los humanos que comenzaron a crear aldeas a los alrededores de sus territorios, ¡maldición! ahora todo tenía una fuerte explicación. Los protegía por respeto a la memoria de su amada; porque ella dió su vida y la de su primogénita para salvar a la humanidad entera y pues con el Norte, bueno ahí es donde están enterrados los cuerpos de su primera mujer e hija, era lógico que decidiera mantener lazos con ellos.
Aparte de eso, sólo restaba ese día para salvar a InuYasha o los carroñeros del Inframundo vendrían por su alma.
Ahora estaban más que seguros que podían salvarlo.
Bokuseno-sama les relató cómo el padre de Sesshōmaru trató de revivir a Midoriko con el agua de Amaterasu, pero Akiyoshi-sama les explicó que no funcionaba así, ¿cómo un árbol se hará enterado de todo eso? Posiblemente nunca sepa la respuesta.
Había tantas imposibilidades en esa historia, Akiyoshi-sama; la loba anciana que prácticamente crió a Koga y muchos otros licántropos de esa manada, que no sólo era considerada como una madre, sino también una excelente consejera, la más sabia de esas tierras, entrenó bajó el cuidado de Midoriko-sama, convivió con ella, la conoció, incluso también conoció a Tōga Taishō. Era realmente increíble.
Volvió a darse la vuelta al otro lado.
Pero más impresionante aún, saber que ambos estuvieron casados. ¡Casados! Como lo dicta la ley humana y youkai. Casados… Emparejados. Definitivamente eso era algo que tardaría en conciliar.
Un Daiyoukai y una miko.
Una miko y un Daiyoukai.
A Kagome le dio un vuelco en el corazón.
Al menos sabía que Sesshōmaru y ella no serían los primeros en estar juntos.
Una sonrisa boba apareció en sus labios. Sesshōmaru y ella… Juntos… Parecía tan irreal, tan mágico, que tenía miedo… Miedo de que esa sólo fuera una fantasía, miedo de que cuando ella se entregará por completo a él, la alejará, miedo de que él pudiera hacerla vacilar en sus convicciones, en sus metas, tenía miedo que él la llegara a lastimar.
De pronto, esa inseguridad se convirtió en algo real; Kaoru. La demonesa aún sigue en el Oeste, sí Sesshōmaru y ella están juntos… ¿qué demonios hace Kaoru ahí? ¿no debería haberse ido ya? ¿Acaso su compromiso seguía en pie? Puede ser sí, también cómo no, ha no ser…
Kagome se sentó de golpe, su mente no dejaba de dar vueltas, cuando se encontró a la demonesa, claramente recuerda cómo ella le dijo que no era más que una concubina para Sesshōmaru y casualmente ella sigue pululando por los pasillos del castillo como sí nada, como sí el compromiso siguiera vigente.
— No, no, no, no. — Sacudió la cabeza varias veces. Sesshōmaru podía ser de todo, pero no un patán, no un imbécil. No.
Él no era como InuYasha, de eso estaba segura.
Así como también de que debía dormirse ahora mismo o no querría levantarse más tarde, pensando en las insidiosas palabras de Kaoru, su familia y Sesshōmaru, Kagome durmió con el corazón turbado y la mente imaginando miles de cosas.
(***)
El impulso por volver ahí dentro era grande, demonios que lo era, pero el orgullo… El orgullo supera cualquier impulso o deseo que sienta en ese momento.
Sabía que el momento estaba cerca, a un paso de ella, a una respiración a un simple toque, no podía dar marcha atrás, ya no.
El destino era caprichoso, había sido una mierda con ella, siempre decidiendo que hacer y que ser, nunca tomando en cuenta lo que ella deseaba; toda su vida tuvo que bajar la cabeza ante la injusticia del destino.
Ya no importa cuán fatal o maravilloso sea el momento, ella tenía que vivirlo y aprender algo de ello, siempre tenía algo que aprender de esos momentos.
Pero, ¿qué se puede aprender del sacrificio? ¿de la muerte? ¿Qué puede aprender uno de la traición?
Odio. Rencor. Amargura. A desconfiar de quienes te rodean, inclusive de tu propia sombra, porque en las densa obscuridad ella también te abandona, dicen que es bueno confiar, pero es mejor no hacerlo, cuando exista la duda es porque no hay duda.
E incluso ella sabía que tan cierto podían llegar a ser esas palabras, no era sano pensar así. Para nada, pero luego de tantas pedradas que ha recibido, no le ha quedado opción.
Con las manos entrelazadas en su espalda, continuó viendo el perfecto arco de setos que se alzaba imponente frente a ella, como instándole a entrar otra vez, pero ella no quería, no quería caer bajo la seducción del mágico laberinto. Entró por deber una vez y salió al borde de tener un ataque al corazón.
La estatua en el medio del laberinto plagó su mente como un virus.
Cerró los ojos, los apretó con fuerza, como sí eso fuera lo necesario para evitar que las imágenes surcaran de su memoria una vez más, tratando que esa imagen se borrará, pero lejos de hacerlo, sentía como dentro de su cabeza, sus pies se acercaban a la inscripción… No debía —quería— caer, su orgullo no podía flaquear de esa manera. Ella sólo estaba ahí por una cosa y una nada más.
Salvar a su pupila.
Y esta vez no fallaría.
Y sabía que al hacerlo, tendría verlo nuevamente, tendría que enfrentarse a él, no quería ni verlo en pinturas, pero Kagome la salvó una vez, ahora esa su turno pagar esa deuda. Estaría dispuesta a hacer cualquier cosa sí eso la salvaba a ella y a su hija.
Por eso, cuando sintió su presencia a sus espaldas, ni siquiera se molestó en volver.
Kagome caminó en silencio hasta colocarse al lado de su maestra, ella nota el perfil de su pupila, las pequeñas bolsas negras bajo sus ojos azules, su palidez y el ligero temblor que sacudía su cuerpo, sólo le dijeron que no había tenido una buena noche.
— Parece que no pudiste dormir bien anoche.
— Me costó un poco conciliar el sueño. — Respondió al cabo de un minuto de silencio.
— ¿Mucho que pensar?
— Demasiado, diría yo.
El silencio volvió a caer sobre ambas, era uno incómodo, uno en el que una quería decir algo y la otra también, pero ninguna se atrevía a hacerlo. Kagome ya no quería más secretos, tampoco quería que su preciada maestra se sintiera obligada de ir, así que rompió el silencio diciendo lo más suave posible la noticia de la nueva misión:
— Iremos a la tumba de Tōga-sama y lo despertaremos del sueño eterno. — Sin darse cuenta, habló tan rápido que por un momento dudó que su maestra la haya entendido.
— Lo sé.
Kagome frunció los labios.
— ¿Tienes que ir con nosotros? — Pero lejos de sonar como una afirmación, sonó como una pregunta.
— Lo haré. — Le dijo tranquila. Sabía que ella quería decir algo.
Kagome se mordió el labio inferior, no sabía sí sería prudente decirlo, ella escondió su identidad por algo, ¿qué tal sí la exponía a algún peligro sí le decía que lo sabía?
— Maestra…
— Habla de una vez, niña.
— ¿Por qué elegiste el nombre de Ritsuka?
La anciana la vio confundida.
— No entiendo de qué hablas. — Midoriko desvió la mirada de Kagome.
— Se que no eres Ritsuka-sama, maestra Midoriko.
La anciana no se mostró sorprendida ante lo que decía su pupila, no le asombraba para nada que ya lo supiera, sí Tōga fue capaz de crear una estatua de ella, era también lógico que tendría escrituras sobre ella y de lo que vivieron.
— ¿Quién más lo sabe?
— Sesshōmaru y yo. Nadie más, maestra.
— Que así permanezca. Y ahora que ya sabes la verdad, ya no debes llamarme así, niña.
Kagome suspiró.
— Puede que no seas Ritsuka-sama, pero sigues siendo mi maestra, me entrenaste, me guiaste y me aconsejaste cuando más lo necesitaba, eres y serás siempre mi maestra, Midoriko-sama.
Y aunque lo negará, se sentía tan aliviada de escuchar esas palabras de ella.
Midoriko asintió con una expresión devastadora en su rostro, cuando ella escapó de la perla gracias a Kagome, fue al Norte, se sorprendió de ver que donde antes estaba su pequeña y humilde cabaña, se erguía un templo espiritual, hecho en honor a ella, pero que nadie se atrevía a cuidar.
Hizo lo mismo que siglos antes, fue a hablar con el líder de los licántropos para pedirle su permiso de vivir ahí, grande fue su sorpresa de encontrar a su pupila Akiyoshi, viva entre ellos, quiso correr hacia ella y estrecharla entre sus brazos, quiso disculparse por no haber estado cuando más la necesitó, pero no podía hacerlo, no así como sí nada.
— Cuando hablé con el abuelo de tu hermano, para pedirle su permiso de utilizar el templo, me reencontré con Akiyoshi, me sorprendió saber que aún seguía con vida, así que curiosa le pregunté qué había sucedido con la sacerdotisa que resguardaba el poblado humano de esos territorios, ella al inicio pensó en alguna miko de pocos años, pero cuando le dije el nombre de "Ritsuka" su cara cambió a una más desolada, me comentó que ella había fallecido hace muchos siglos, "en la guerra de Midoriko-sama y los youkai" — Terminó citando la última oración.
No tienes idea de lo culpable que me sentí, no pude proteger a mi pupila, Ritsuka… Ella…
Kagome notó como la voz de su maestra se quebraba, la tomó de la mano y la apretó con cuidado.
— Estoy segura que Ritsuka-sama batalló hasta el final para proteger esa aldea. Tal y como tu le enseñaste.
Un sollozo escapó de los labios de Midoriko, ella cubrió su boca con su mano.
— Está bien llorar, maestra. Está bien dejarlo salir todo.
Midoriko no pudo evitar sonreír ante eso.
— Usas mis propias frases conmigo, que irónico.
Kagome rió, sin soltar la mano de su maestra.
— Gracias por haberme enseñado tanto, Midoriko-sama.
— Gracias por haberme liberado de esa prisión, Kagome.
Kagome se acercó a ella y la abrazó, la anciana de inmediato le correspondió.
Al separarse, Kagome no pudo evitar preguntar, — Maestra, ese cuerpo, ¿era el cuerpo de Ritsuka-sama?
— ¿Qué? Oh no, no, esté cuerpo era de una sacerdotisa mayor, ella al parecer era una ermita. Viajaba por toda la región ayudando a las personas, justamente cuando tú rompiste la perla en varios fragmentos, ella acababa de fallecer en la intemperie del bosque. No sabía quién era hasta que desorientada llegué a un poblado humano, ahí me llamaron por otro nombre que no recuerdo bien, por lo que de todas formas opté por usar el nombre de mi anterior pupila.
— Eso sí que fue una gran coincidencia.
— Lo sé.
— ¿Qué habría pasado sí no hubiese muerto esa miko?
Midoriko lo pensó seriamente.
— Las energías mezcladas de mi alma, localizaron este cuerpo porque pensaron que sería lo suficientemente fuerte y hasta ahora no ha fallado, pero de no haber sido así, lo más probable, es que la parte demoníaca hubiese tomado la forma de una masa consistente.
— Tienen que tener algo a lo que aferrarse. — Dijo Kagome pensativa.
— Exactamente.
— Al igual que Naraku, no pudo volverse él, hasta que los demonios se unieron a su cuerpo humano; Onigumo.
— Entiendes rápido, por eso eres de mis mejores pupilas. — Con orgullo Midoriko acaricia la mejilla de Kagome. —. También eres como una hija para mí, Kagome. Es por eso que haré lo que sea que esté a mi alcance para revivir al padre de Sesshōmaru-sama.
Kagome notó la mueca con la que decía su nombre.
— Midoriko-sama, ¿acaso tú,—
— Será mejor que partamos, niña. — Midoriko bajó la mano. —. Hemos estado hablando por mucho tiempo.
Kagome se fijó que el sol ya estaba llegando a un punto alto, aún era temprano, pero lo mejor sería partir de inmediato.
— Andando.
Kagome y Midoriko caminaron uno al lado de la otra, ambas sumidas en sus propios pensamientos, ambas con dudas por exteriorizar, pero no sabían que tan delicada estaba la situación, Midoriko pensó que Kagome se molestaría por haberle ocultado la verdad, cuando en realidad, lo tomó bastante bien, otro razón más para estar orgullosa de su pupila, sí estaba molesta supo manejarlo con calma y madurez y en caso de no estarlo, entonces es más comprensiva de lo que alguna vez pensó.
Mientras avanzaban, comenzaron a vislumbrar a varias siluetas cerca de la entrada del castillo, a cada paso que daban, notaron que los soldados gemelos; Ryu y Ryo, cargaban en una camilla improvisada el cuerpo inerte de InuYasha, con una demacrada, pero una ansiosa Rin a su lado; Ikki, Shiro, Koga e incluso los Generales iban a ir con ellos; Haku con su usual mirada inexpresiva, Yuu con solemnidad, Manae con aburrimiento y un serio Reiji que traía de la mano a Kirara.
Kagome levantó una ceja, ¿Reiji y Kirara? Miró a su maestra, ella la vio confusa por un segundo y luego siguió la mirada de su pupila, pareció entender a qué se refería.
— Sí, al parecer han sido algo desde hace unas semanas.
— ¿Cómo nunca me di cuenta?
— No es tu culpa, Kirara no es de las personas que suelen mostrar lo que sienten, ha pasado por mucho durante siglos.
— Te dolió dejarla. — Afirmó Kagome.
Midoriko asintió con gran pena.
— Se que… Taishō-sama la debió cuidar bien, pero sí no creció con Sesshōmaru-sama, significa que ella decidió dejarlo y buscar su propio camino, siempre ha sido así.
— Lo hizo, vivió con los cazadores de demonios muchos años, con el padre de Sango y luego con ella, pasó a Kohaku tiempo después, pero… — La mirada de Kagome se apagó por un momento.
Midoriko la tomó del brazo y la hizo detenerse, estaban a pocos metros de llegar.
— Nunca sabrás sí lo que haces es correcto o no, pero nunca te arrepientas. El rencor de las decisiones puede causar oscuridad en tu alma.
Kagome asintió, la culpa no era algo que se desvanecía de la noche a la mañana, eso es algo con lo que ha tenido que vivir durante mucho tiempo.
Finalmente llegaron al encuentro con todos, sólo faltaba Sesshōmaru.
— Mamá. — Kagome se acercó a darle un beso en la frente a su hija, cuando se alejó su cara denotaba preocupación.
— ¿Hmph? — Acarició su cabello con ternura.
— ¿Has visto a Tessaiga? La busqué por todos lados en el área de sanación, pero no la encontré.
— ¿Tessaiga?
Kagome soltó un jadeo al recordar.
— ¡Oh! cielo. Lo siento, yo la tomé.
— ¿Qué? ¿Para qué? Espera, ¿dónde está?
Kagome hizo memoria rápido.
— Está en el despacho de tu padre, iré por ella. — Kagome notó que su hija había enrojecido notablemente, no entendió porque hasta que recordó el por qué, sonrojada, ella también, salió corriendo del lugar tan rápido como pudo.
Había olvidado por completo la vergonzosa situación en la que Rin los había encontrado, con una sonrisa de idiota enamorada, Kagome se encaminó con más tranquilidad al despacho de su demonio.
Se tapó la mitad del rostro con una mano, sentía que la sangre le llegaba hasta la punta de las orejas, la sonrisa tonta no dejaba sus labios, ella sabía que olvidar una situación así, era casi imposible, para ella todo era como un sueño.
Al inicio, sólo lo miraba pasar, yendo a la aldea de Kaede para dejarle obsequios y visitar a Rin, tal vez nunca exprese con palabras lo que sienta en realidad, pero no hay duda que su mirada dice mil cosas a la vez.
Muchas veces lo observaba desde la lejanía, Rin jugando con Jaken y él a pesar de estar distante y con los ojos cerrados, estaba pendiente de sus alrededores, de ella, de su hija.
Cuando la interacción llegó entre ellos, y no se asesinaron jen ese
A tan sólo pocos pasos de las puertas del despacho, su sonrisa se borró
— Jaken.
El kappa dio un saltó al verla ahí de pie.
— Miko, no aparezcas así de repente. — Kagome arqueó una ceja.
— Está bien, tranquilo. — La sacerdotisa le iba a pasar por el lado cuando la voz de él, la frenó.
— ¿Qué haces aquí, miko?
— Ah... Vine por Tessaiga, la dejé aquí luego de que… bueno… Sesshōmaru y yo descubrieramos algo.
El kappa pareció pensar muy bien sus palabras antes de hablar, parece que Kagome jamás lo había visto tan serio.
— Claro, será mejor que vuelvas después.
— ¿Después? Jaken, ¿de qué hablas? Tenemos que irnos pronto o InuYasha morirá.
— ¡Pfff! — Resopló ofendido. —. Ese estúpido hanyou no me importa en lo absoluto.
Rodó los ojos.
— A mi tampoco, pero para Rin es importante. — Confesó indiferente. —. Así que hay que salvarlo, así que si me disculpas.
Kagome dio dos pasos, cuando Jaken volvió a hablar, — Te recomiendo que no entres ahí, Kagome-sama.
Kagome se volvió completamente desconcertada, era rara la vez que el kappa la llamara por su nombre, inclusive utilizando un honorífico, pero él ya se había ido, ¿qué fue todo eso? En definitiva, aquello no era normal. Sacudió la cabeza, segura de que de tantos golpes que Rin y Yuu le dieron en el pasado, lo dejaron así.
Sonriendo, decidió hacer caso omiso a la advertencia de Jaken, se acercó a las dobles puertas del despacho de Sesshōmaru y al instante se congeló con la mano en el aire.
Su corazón dio un doloroso vuelco, temiendo lo peor, su aliento se congeló en sus pulmones y podía jurar que su corazón había dejado de latir por unos microsegundos.
— En algún momento lo sabrá y cuando lo haga, te odiará. ¿Lo sabes, no?
Kagome pudo reconocer sin mucho esfuerzo la burla y la ironía con la que Kaoru hablaba. Frunció el ceño en desconcierto y pegó su rostro más cerca a la puerta.
— No es de tu incumbencia. — Logró escuchar a Sesshomaru.
— Por supuesto que lo es, después de todo, es un trato que ambos hemos concretado.
El triunfo en la voz de Kaoru sólo provocaba malos presentimientos para Kagome. No le gustaba para nada el rumbo de esta conversación.
— Un trato que puedo deshacer cuando quiera.
Una especie de bufido es lo que escuchó la sacerdotisa.
— No te convendría hacerlo. Llevas las de perder, mi Lord.
— Hmph. No tienes tu suerte, mujer. Puedo acabar contigo ahora mismo.
Se escucharon unos pasos sigilosos, seguramente de Sesshōmaru.
— Sí lo haces, el tratado se rompe y mi gente se levantará en tu contra, no te conviene perder aliados con la guerra que se aproxima.
Kagome abrió los ojos sorprendida por la manera en la que la demonesa le hablaba a Sesshōmaru, sin temer por su propia vida. Usualmente, se dirigía a él con sumo respeto y lambisconeria.
— ¿Lo aseguras?
Un escalofrío recorrió su espina, incluso ella pudo escuchar el tragar grueso de Kaoru.
— M-Mi Lord…
— Acabar con tu miserable existencia es sencillo, calmar a tu gente también lo es.
— E-Ellos no…
— ¿Lo aseguras? — Volvió a preguntar. —. ¿Aseguras que se levantarán en armas contra este Sesshōmaru y su ejército para vengar a una malcriada y patética heredera que nunca hizo nada bueno por ellos?
Kaoru tragó grueso, sus ojos comenzaron a picar. Desvió la mirada, no podía sostener la penetrante mirada del Daiyoukai.
— Yo… — Titubeó.
¿Cómo no hacerlo? Hablando lo que es, ¿Qué bien le ha hecho ella a su pueblo? Cualquier pequeñez, lo que sea, ¿lo había hecho pensando alguna vez en ellos?
— Retírate.
Fue la orden implícita del Lord de Occidente.
Kagome se dio cuenta de donde estaba, así que retrocedió varios pasos justo en el momento que una frustrada Kaoru salía del despacho. Sus miradas se encontraron, la frustración pasó a segundo plano, siendo reemplazada por una aberrante arrogancia.
— Otra vez aquí, que poca dignidad tienen las miko hoy en día.
El veneno con las que escupía las palabras tan sólo reafirmaron la postura de Kagome.
— Señorita Kaoru, dignidad es una palabra muy fuerte para usted, no debería usarla si no conoce el significado de ella.
Le dijo con calma y una pequeña sonrisa, atreviéndose a verla a la cara. La demonesa alabó internamente la valentía de la miko, pero ella sabía que nada le satisfacería más que verla hundida en la miseria. Y esto sólo era el comienzo.
Tal vez no había logrado su mayor cometido, pero había logrado algo mucho mejor, algo que llevaba planeando desde el momento en que notó cómo Sesshōmaru observaba a la miko desde la distancia, y como ella lo miraba a él, como ambos deseaban estar juntos, pero ella no lo permitiría. Ella misma, se encargaría de ello.
— Sí tanto conoces su significado, deberías también ponerlo en práctica, miko.
— Lo haré en el momento que usted comience a tener un poco de ello. — Respondió una tensa sonrisa y los ojos cerrados.
Kaoru chasqueó la lengua, no iba a llegar a ningún lado con las indirectas. Sonrió, daría un golpe más fuerte.
La demonesa se dispuso a irse, y a dos pasos de la miko, la miró por su hombro y con la sonrisa más cínica que tenía, le confesó aquello que la sacerdotisa había escuchado a medias, o al menos, una parte de ello.
— Miko…
Sesshōmaru terminaba de ordenar los pergaminos de su escritorio, manteniendo por aparte aquellos que Jaken se llevaría para ser desplegados a sus mensajeros con los que llevaría a sus oficiales de las fronteras.
Todo parecía en perfecto orden, hasta que…
— ¡¿Cómo demonios te atreviste a hacerlo?! — La interrupción de la miko junto con su grito chillón, le dijeron a Sesshōmaru que la sacerdotisa, estaba molesta.
— Miko. — Saludó.
— No me digas miko nada más. — Kagome caminó enfurecida hasta plantarse frente al escritorio.
— Hmph. Mujer.
Kagome no sabía sí en ese momento debía reír o golpearlo con una bola de reiki puro. ¿Acaso se estaba burlando de ella?
— ¡Sesshōmaru!
— Trata de hablar y no gritar, miko.
A Kagome no le pudo enervar más su corta y monótona respuesta. Sabía que con explosivo temperamento no lograría nada, ni obtendría las respuestas que quería, por lo que tomó un profundo respiro y trató de calmarse, obviando el hecho de que el Lord del Oeste no había despegado su vista de los documentos desde el momento que ella entró/irrumpió al despacho.
— ¿Era necesario hacerlo?
— Hmph. Específica. — Kagome rodó los ojos.
— Sabes bien de lo que habló, Sesshōmaru.
— El compromiso.
— Sí. Así es, el compromismo. —Resopló.
— Ya era hora de concretarlo.
— Tú no decides eso.
"Demasiado bueno, para ser verdad" susurró con ironía su subconsciente.
— Mujer. — La dureza en su mirada hizo a Kagome sentirse un poco cohibida, pero no lo mostró. —. Este Sesshōmaru decide lo que quiera y eso se debe cumplir.
Las manos comenzaron a temblar de rabia, las lágrimas amenazaban con salir, tuvo que hacer uso de su poco autocontrol para morderse el interior del labio. Otra vez, había comenzado a hablar de sí mismo en tercera persona. ¿Qué fue lo cambió en unas horas?
— Pudiste esperar. — Trató de sonar segura, pero su voz sonó trémula.
Un nudo se formó en su garganta.
— Ya se esperó suficiente.
Kagome apartó la mirada para evitar que Sesshōmaru viera que sus ojos se habían aguado.
— Creí que esto era algo que ambos decidiriamos. — Lo enfrentó.
— Hn, este Sesshōmaru lo ha decidido ya.
Eso es lo que sucede cuando uno confía ciegamente. Eso es lo que pasa, cuando uno se niega a escuchar. Y por más que su parte raciocina trató de hacérselo ver, ella decidió ignorar esa voz de la razón. Otra vez.
Ella de nuevo era dejada de lado, siendo traicionada, utilizada y luego desechada.
Una sonrisa irónica apareció en su boca, ella nunca aprendería de los errores.
Otra vez la volvieron a utilizar y una vez más… Ella lo permitió.
Juró que nunca más, lo volvería a permitir, aún así, lo hizo. Fue débil e inconsciente, se dejó llevar por sus sentimientos en lugar de seguir su juicio. Y ahora, pagaría las consecuencias de su error.
Tomó una profunda respiración y se preparó mentalmente, después de todo, no habían pasado más que un par de cortos segundos.
— Si permites que esto suceda, sabes lo que pasará conmigo. ¿Sabes la posición que le estarás dando a ella?
— Este Sesshōmaru, lo sabe perfectamente.
— Entonces, ¿por qué? — Silencio. No hubo respuesta por parte del Daiyoukai.
Auch.
Kagome podía jurar que escuchaba su corazón romperse en miles de pedazos, mientras su estómago se retorcía de asco. ¿Por qué le hacía eso? ¿Qué le había hecho ella para merecer esto?
Entonces, ¿qué es todo eso que había pasado entre ellos? ¿Qué fueron todos esos apasionantes besos? ¿Las caricias? ¿Las intensas miradas? ¿Qué demonios fueron?
Acaso, ¿Había sido sólo otra más? ¿Kaoru tenía razón? Pues claro que la tenía. Kaoru al parecer no mentía, ella sólo había sido una más en caer ante Lord Sesshōmaru Taishō, no era diferente a otra concubina.
Quiso parpadear varias veces, para evitar que las lágrimas cayeran por sus mejillas, pero en lugar de eso, se mantuvo frente a ambos, estoica, como si nada, no se iba a permitir derrumbarse frente a él. No mostraría cuán afectada se encontraba.
— ¿Cuándo lo anunciaras? — Preguntó con la mandíbula apretada.
— Después de regresar al híbrido y a mi padre a la vida, y se complete el ritual de sangre.
— Por lo menos, no moriremos. — Soltó irónica.
— Hmph.
— He venido por la espada Tessaiga. — Kagome se acercó a ella y la tomó con su mano, temblorosa. La apretó con tal fuerza que sus nudillos se pusieron blancos. Pero poco le importó a la herida sacerdotisa. Estaba dispuesta a irse con el corazón roto, pero antes al menos le dejaría saber un poco de lo que ella piensa. Se giró para enfrentarlo una última vez. —. Siempre dijiste que InuYasha había sido el error más grande de tu padre, por ser un híbrido y entre otras cosas, siempre negaste que su sangre era la misma, pero sabes algo. Eres igual a él en una cosa, lo único que ambos saben hacer bien es traicionar a quienes los aman de verdad. Sea lo que sea que haya sucedido, pudimos haber encontrado una solución juntos, pero tu terquedad y orgullo son demasiados como para aceptar la ayuda de la miko humana que te ama. Y eso será tu perdición, mi Lord.
Con las lágrimas corriendo por sus mejillas, el nudo en la garganta y el corazón y su confianza hechos trizas, Kagome sale del despacho de Sesshōmaru con Tessaiga en mano.
Y sólo eso tuvo que suceder, para que el Daiyoukai de Occidente se diera cuenta de los verdaderos sentimientos de la sacerdotisa, porque sólo así fue como él mismo se vio en la cruda realidad de que sentía algo por la miko, algo que supera el respeto, y ahora…
Ahora tendría que vivir con el hecho de que ella lo odiará siempre, no por haber roto su compromiso con la youkai Kaoru, sino porque le quitó lo único que los unía y los unió en el pasado.
Todo por mantener a salvo a las dos únicas personas que se dignaba a proteger. Era injusto, pero necesario. Y su amada miko tendría que comprenderlo, aunque lo odiase por ello.
Tenía que comprender que ella a pesar de ser una grandiosa miko, era una humana. Y contra las reglas que dominaban y regían el mundo youkai, no podía hacer nada, ni siquiera él, que era cercano a la descendencia de un dios.
Kagome no quería llorar, no quería, no debía.
Pero no le impidió correr por los pasillos con la garganta apretada y el corazón estrujado, dolía, dolía mucho. Lo había dejado entrar, lo había dejado verla vulnerable para luego irse de la peor forma posible.
Sin darse cuenta, llegó hasta las dobles puertas de la entrada, respiró profundo y se limpió las lágrimas que salieron sin permiso cuando ella huía despavorida de la amarga verdad.
Sorbió con la nariz y ahogó un quejido lastimero, que seguro más de un youkai escucharía, trago grueso, su garganta ardió pero no le dio crédito y volvió a pasarse la manga del haori por la cara.
— Te advertí que no entrarás, miko-sama.
— Jaken. — Se volvió hacia el kappa desconcertada. Él lo sabía.
— Lo siento, Kagome-sama, pero así es como deben de ser las cosas.
Kagome asintió dolida, no sabía por qué, aunque una parte de ella le gritará la respuesta, su parte dolida se negaba a escucharla, por lo que la envió hasta la parte más profunda de su alma, sentir su ser desgarrarse era poco. La traición, el enojo la decepción eran más notables que cualquier otra emoción en su cuerpo.
Una humana idiota. Eso es lo que había sido.
No pudo evitar sonreír por su propia debilidad.
Jaken nunca había sido conocido como alguien que se interesara por alguien inferior como un ser humano, a no ser por una excepción. Aunque en este momento eran dos.
El kappa observó a la sacerdotisa sonreír, con la cabeza gacha y la comisura de los ojos rojos, y para él, lo único que miraba, era una sonrisa rota en una valiente y extraordinaria humana, una de las pocas que merecía su respeto. Suspiró, jamás le diría lo que pensaba de ella, además de que en estos momentos, no sentía más que lástima por ella.
Se retiró en silencio.
Kagome no podía evitar arrepentirse, todo estaba mejor como antes, cuando ambos se hablaban cuando era necesario, cuando la situación lo ameritaba, y sólo eso.
Kagome abrió una de las puertas y salió tras ella.
Se dirigió a el grupo con la mirada perdida y varias ideas surcando su cabeza, unas más locas que otras. Abriéndose a la posibilidad de cada una, de las consecuencias, de todo, ni siquiera sintió cuando la voz de Koga la llamó varias veces, hasta que tocó su hombro con suavidad.
— Kagome, ¿está todo bien?
Su hermano se acercó a ella preocupado, tomó su rostro entre sus manos y limpio el resto de las lágrimas con sus pulgares, — Kag, ¿qué sucede preciosa? — Ni siquiera había notado esas lágrimas traicioneras abandonar sus ojos.
Los ojos jade del Ookami sólo la incentivaba a llorar y desahogarse, pero sabía que ese era un lujo que no podía permitirse.
No tuvo el valor de decirle, no por miedo, sino porque no quería empezar una guerra entre el Norte y el Oeste, y por muy exagerado que sonará, pasaría.
Sobreprotector, queda corto con alguien como Koga, él la protegía desde el momento en que se conocieron o mejor dicho desde el momento en que él la secuestró, Koga jamás dejó de cuidarla y velar por ella.
Una parte de ella quería decirle lo que sucedió, ver como la alianza entre dos Lores se rompía por ella, ver a Sesshōmaru hundirse, ella,—
Kagome sacudió la cabeza horrorizada, jamás había tenido ese tipo de pensamientos para con alguien, nunca le había desde el mal a un ser viviente — además de Manae—, ella no era así, ¿por qué ahora tan de repente sentía unas innumerables ganas de ahondar en la oscuridad? ¿qué demonios estaba mal con ella? ¿su corazón estaba tan roto que sería capaz de sumergirse en las temibles aguas de lo oscuro y tenebroso que acechaba su alma?
Y una pequeña luz se encendió en su cabeza, una que reflejaba el mismo sentimiento de maldad de este momento, uno en el que disfrutaba ver como Manae suplicaba por su vida, mientras ella solo quería cortarle la cabeza.
Miró con terror a su hermano mayor, — Koga, yo… — De inmediato, el licántropo frunció el ceño, verla tan afligida, sólo le alteraba más.
— No es nada. — Mintió. A espaldas de su hermano, notó la mirada entrecerrada de su maestra, haciéndole ver que ella no le había creído nada, a unos metros de ella, estaba Rin, mirándole preocupada por su estado.
Apartó a su hermano sin cuidado, y caminó directamente hasta la pequeña mujer que su niña se había convertido, no le importó lo que los demás pensarán con su comportamiento, sólo la tomó de los hombros y la atrajo a ella en un fuerte abrazo.
Rin no entendió el comportamiento de Kagome, pero se dejó llevar por la suavidad y ternura del gesto, correspondió al abrazo en segundos y hundió su cara en el pecho de la mujer que considera su madre y mentora.
— Pasé lo que pasé, quiero que sepas que a pesar de todo, llevarás retizos de mi sangre en la tuya, y aunque no fuera así, siempre te consideraría mi hija, mi orgullo, mi pequeña niña.
Rin trató de alejarse para verla a la cara, pero ella se lo impidió, volviendo más fuerte el abrazo.
— ¿Kagome?
— Siempre, siempre serás mi pequeña hija, y por ti sería capaz de dar la vida sin pensarlo dos veces, te amo, mi pequeña Rin.
— ¿Mamá? — Los ojos de la princesa se cristalizaron al instante, no quería admitirlo, pero eso sonaba como a una despedida, y ella odia las despedidas.
Kagome se separó de su pequeña, acarició con extrema ternura su mejilla, le sonrió y besó su frente como siempre solía hacer, se apartó de ella y su voz siendo más seria y autoritaria que de costumbre resonó entre todos.
— Koga, el tiempo se acaba, si no logramos salvar a InuYasha, ni Rin ni yo tendremos salvación tampoco. Hay que partir, de inmediato.
— De acuerdo. Kagome. — La llamó. —. Te aseguró que todo estará bien, pequeña.
Kagome asintió.
Aunque Koga no lo dijera, temía perder a la única persona con la que se había visto en el futuro, la única persona que jamás lo abandonaría, la única con quien deseaba pasar siglos de densa eternidad, le horrorizaba la sola idea de perder a su hermana, sabía de antemano que las posibilidades de que el pozo-devora huesos se volviera a activar eran nulas y no sabían sí después de este viaje a la tumba de Inu no Taishō, las piedras volverían a funcionar, pero en caso de que no lo hicieran, él ya tenía un plan, uno en él que ya sabía lo que haría para que Kagome viviera tantos siglos como él.
Uno en el que no perdería a su hermana, nunca.
— Es hora de irnos.
La voz fuerte de Sesshōmaru, Kagome dio un pequeño sobresalto en su lugar, cosa que no pasó desapercibida por su hermano, aún así lo ignoró por el momento.
— ¿Cómo se supone que funcionan estas piedras, mi señor?
Shiro fue quien rompió el silencio apenas Sesshōmaru había llegado.
— Según el viejo Totosai, hay que usar a Tessaiga para crear un puente con las piedras a la tumba de mi padre.
Todos los soldados y generales asintieron conformes a la explicación.
El resto, no tanto.
— ¿Cómo sabemos que volverán a funcionar para traernos de regreso?
La molestia en la voz de Manae no pasa desapercibida.
— El anciano no dijo nada de un tiempo límite. — Respondió Kagome.
Sabía que Sesshōmaru no lo haría, y Manae no se retendrá nada al momento de responder y lo que menos quería en ese momento pelea por parte de la controladora de tiempo, después de todo sólo es una aliada temporal.
Además, no quería hablar más, no quería verlo, por eso, Kagome lo ignoró tan bien como pudo.
Desenvainó Tessaiga, pero está permaneció como una vieja espada, le dio la Akai Ishi a Koga y la Aoi Ishi a Rin.
Se alejaron un poco del grupo y antes de unir las tres piezas, se vieron entre ellos y asintieron.
Kagome colocó la punta de la espada hacia arriba, Rin y Koga acercaron las piedras con extrema cautela, cuando estuvieron a un centímetro de la espada, los tres contuvieron la respiración, y como si todo pasará con extrema lentitud, las piedras tocaron la hoja vieja y descuidada de Tessaiga, se adhirieron a ella como imán a metal.
Y en un segundo, un exorbitante portal negro con tonos violáceos, se abrió sus espaldas, Rin y Koga soltaron las piedras y estas se mantuvieron aferradas a la espada que Kagome aún sostenía, los tres soltaron el aire que retuvieron y se giraron hacia los demás.
— No sabemos cuánta duración tiene el portal, es mejor que vayamos ahora. — Declaró Rin segura, antes de cruzarlo sin ningún temor.
Koga asintió nuevamente hacia su hermana, alzó su mano y acarició su mejilla, — Te veo en el otro lado.
Kagome sonrió triste y le asintió de vuelta, el lobo cruzó el portal siguiendo a su hija, antes de irse notó como Ikki y Shiro traían la camilla donde se encontraba el cuerpo de InuYasha, Manae se acercó a ella, junto con su maestra, los soldados gemelos; Haru junto con Reiji y Kirara. No quería ver a Sesshōmaru, así que sólo asumió que él también venía detrás de todos ellos.
— Entren, posiblemente sí yo cruzo, el portal se cierre.
Todos accedieron y uno a uno se desplazaron dentro del portal de oscuros colores y vorágines ondas.
Sesshōmaru fue el penúltimo en entrar, le dirigió una larga mirada a Kagome, pero ella sólo la esquivó. Sin decir nada, cruzó el portal, Kagome se mordió el labio.
¿Ni una maldita disculpa?
¿Ni siquiera un intento de explicación?
¿Nada?
Fue lo que pensó con tristeza, antes de darle una última mirada al patio, encontrándose con la cínica y triunfante sonrisa de Kaoru, un destello de odio surcaron los azules ojos de Kagome e ignorando la punzada en su pecho, decidió ignorarla y cruzar a la tumba de Inu no Taishō.
Buenooooo, Y eso ha sido todo por ahora. Las actualizaciones las subiré más tarde y el regalo especial, lo trataré de publicar para antes del 6 de enero, porque le quiero agregar más, muahahaha. (Si los guiones se ven pequeños o hay alguna oración que no tiene sentido, sean tan bello y amables de decirme, porque esta cochinada me lo cambia, y no se por que)
Pasen un hermoso y feliz año nuevo, los extrañé a todos por cierto; Enormes besos y abrazos, en especial a Veros. Que a pesar de mi larga ausencia, seguía enviando rw y animándome a escribir a pesar de no publicar, nena hermosa, muchas gracias por tus mensajes, me sacaste muchas sonrisas.
A Faby Sama, por sus hermosos y largos comentarios, que me fascinan leer, que me cuente con detalle todo lo que de cada capítulo, lo que le sorprendió, todo. Y eso a mi me enamora, jajaja. Mil gracias, en serio. Por qué tiene estado desde el inicio hasta ahora. Espero seguir leyéndote.
A Nicol532 también por haber estado desde el inicio, por sus rw, por pedirme que no abandone, cosa que jamás haré xd, por escribir cada que me tardo, lindura. Gracias en serio. Tus rw siempre me sacan una sonrisa.
A Tsuki-shin, que a pesar de estar desde el inicio, no comentaba porque es una cosita tímida, jajajaja. Pero igual, te agradezco mucho que hayas tomado algunos minutos para comentar, me hinchas el corazoncito.
A black-kiari por comentar en el capitulo anterior, muchas gracias. Ya verás que bello se desenvuelve, o al menos como lo tengo yo planeado, jajajajajaja.
Y por último, pero no por ello, menos importante; chovitap. Que tiene estado desde el inicio, comentando por veces, pero con varios, jajajaja. Me sacas una risa, cuando puedo ver hasta 5 notificaciones seguidas por tus comentarios, jajajaja muchas gracias.
Así que mil gracias a todas las que leen y siguen ahí a pesar de todo. Gracias en serio.
Feliz Año Nuevo, pasen la de maravilla y traten de no emborracharse de más, elijan bien su ropita interior, muchachas, jajajajajajajaja.
Nos leemos más pronto de lo que creen.
