Fracasadas II + Amigas II
Lana se rozaba los labios releyendo los mensajes de Jennifer. Quiero comerte esa boca, había escrito la rubia. Hablaron de morder, de besar hasta el cansancio, se preocuparon en dejar claro lo mucho que deseaban repetir esos roces de labios, esa fricción nueva, diferente que ahora las ataba. Que las tenía con la cabeza en cualquier parte, excepto en la vida que deberían llevar. Lana de verdad había querido actuar normal, actuar como si le importaran las obras de arte, las esculturas, la historia de Italia, la gente que no se llamaba Jennifer. Completamente inútil. Lo único que tenía capacidad de hacer era pensar en Jenn. En su boca, en besarla. En esos ojos preciosos, en lo dulce que había sido todo el tiempo desde que volvieron a verse aquella primera noche de pasta rellena en su casa.
Se estaba enamorando. No es verdad, lo estaba completamente. Hacía tiempo que ya lo estaba. Cada segundo en que su mente caminaba hacia Jennifer era como si el velo que había colocado cuidadosamente para no pensar en la rubia estuviera dejando ver las señales de que nada de esto era algo tan reciente. Reprimido, si, reciente, mucho menos.
Ella sintió algo diferente por la rubia desde el momento cero de su encuentro. Nunca negaría que la encontraba atractiva, pero de ahí a admitir que quiso besarla después de la primera toma era otro cuento. Aquí estaba confesándolo y otorgándole una explicación a esa tensión tan intensa entre Regina y Emma. Antes, durante la lectura de fanfics, habían culpado a la alcaldesa y la sheriff por el entusiasmo que sentían, por la fascinación que les causaba cada historia. Se habían escudado en esa rubia y esa morena cada vez que hablaban de ser felices la una con la otra. Regina y Emma fueron, eran y serían importantes siempre para su relación. Eran parte de la raíz que el destino había jugado para que pudieran conocerse. Pero hoy, con el alma desatada, Lana podía decir que ella era la verdadera razón por la que Regina sentía tantas cosas por Emma que no se condecían con su supuesta relación formal. Ella, que a pesar de ser nominada, galardonada y recordada por esa actuación tan enorme, había dado una de las peores performance de su vida, dejando que aquellos sentimientos se escapasen y tocasen los corazones de tantos fans. Al punto en que ya no fueron ni represión ni secreto, solo un rumor a voces.
Lo más impresionante es que Jennifer le había asegurado que ella se sentía igual respecto a Emma. Que si Lana había fracasado como actriz, ella también. Jennifer Morrison, la mujer que era dueña de unos ojazos que podían tanto helarle el corazón cuando la ignoraban como quemarlo por completo cuando la miraban solo a ella, decía sentir cosas similares. ¿A quién quería mentirle? Ella con esa declaración de fracaso mutuo se sentía encanta aunque su actuación fuera tan mala como para que le dieran el premio a la peor actriz del planeta.
Pero lo más importante de todo era que Lana era consciente de cuanto la deseaba Jenn y eso no tenía comparación con nada. Quería besarla. Su mente lo repitió varias veces más y lo repetiría todavía un poco más hasta que se volvieran a ver. Acarició tiernamente sus labios con los ojos cerrados como si fueran el más preciado tesoro. Sólo debían susperar esos dos malditos días como los había llamado la rubia, solo dos.
Bex le había mandado un mensaje con un par de preguntas sencillas.
Bex: ¿Es Jenn la tía Jenn ya? ¿O sólo es Jennifer Cara de póker Morrison, la no tía?
Lana meneó la cabeza cuando lo leyó, pero le respondió.
Lana: Jennifer es por lo pronto la rubia con la que tengo una cita en dos días.
Lana: una que incluye besos y mordiscos
Bex: OMG, cuéntamelo todo
Lana: no, hay cosas que una mujer embarazada no puede hacer
Lana: entre ellas, cotillear, no es un buen ejemplo, mamá...
Bex: como no me respondas, te bloqueo
Lana: sabes que no lo harás porque te puede la curiosidad y la posibilidad de que te responda existirá siempre
Lana: hoy, mañana, pasado, en 3 años
Bex: tu sobri nuevo quiere saber
Lana: hasta que no me lo pueda manifestar por su cuenta son todas patrañas
Bex: Lana, por fa... me va a dar algo...
Lana: pues te sientas, descansas y comes algo dulce
Lana: eso siempre sienta bien
Bex: tú sí que te vas a comer algo...
Lana: adiós Bex
Lana: y espero que mi sobri no pueda escuchar los pensamientos de su madre
Lana: pobre ángel
Bex: y mientras evitas responderme
Bex: pero te dejaré porque me apetece comer algo
Bex: no será una rubia como a ti, pero es igual de dulce
Lana: sin detalles de lo que vayas a "comer" o a hacer, por favor
Bex: ¿me discriminas por no ser tan lesbiana como tú?
Bex: claro, como ahora te van los pechos
Lana: no me van los pechos
Bex: perdón, es verdad, no te van los pechos, te van los pechos de Jenn
Lana: Adiós Bex
Por mucho que insistiera no le dijo nada más. Se adoraban como verdaderas hermanas así que nunca habían tenido reparos en decirse nada la una a la otra. Así que las confesiones o las bromas eran moneda corriente, como las preocupaciones mutuas. Lo que no era moneda tan corriente era poder hablar con Jenn de la manera que ahora hablaban. Bueno, luego de dar vueltas sin poder concentrarse en nada, Lana se rindió y llamó a Jenn que estaba en Londres con unas amigas suyas de esa ciudad. La rubia no tardó más que dos llamadas en responder.
-Ey – la voz de Jenn sonó del otro lado del teléfono evidenciando una sonrisa.
-Hola – Lana sintió que no podía aguantar la sonrisa – perdona, ¿te estoy molestando?
-Es imposible – Jennifer hizo una pausa corta y agregó – es imposible que tú me molestes de alguna forma, Lana.
Ella suspiró al oír su nombre pronunciado por Jenn – ya, es que sé que estabas con tus amigas y yo no quería interponerme, pero – tomó aire tratando de no sonar con la voz ahogada por la ansiedad – tenía ganas de escuchar tu voz un minuto.
Pudo oír la respiración de Jenn y supo que había conseguido alterarla – Lana, te echó mucho de menos – dijo consiguiendo que su voz vibrará por todo su cuerpo – en verdad, estoy haciendo un esfuerzo espantoso para no irme volando ya a Italia.
-Sé que no debes porque tus amigas no te han visto en algún tiempo y yo te veré mañana, pero créeme que desearía que estuviéramos las dos en Los Ángeles a unos minutos de distancia en coche.
-¿Vendrías a cenar a mi casa esta noche?
Lana sonrió al oír la pregunta de Jenn. Estaban divagando, pero le daba igual, soñar no cuesta nada – sí, llevaría a Lola para que conociera tu casa.
-Oh, Ava estaría encantada – respondió Jenn – y yo también.
-Lo sé, adoras a Lola – Lana sonrió a la nada imaginando la sonrisa de medio lado de la rubia.
-No sólo a Lola – fue lo que dijo la otra mujer sin mucho preámbulo.
-¿No?
-No – Jenn hizo una pausa – es una suerte que Ava este acostumbrada a recibir visitas porque tendrá que hacerse cargo de cuidar bien de Lolita.
-¿Ah sí? ¿Dónde estarás tú mientras tanto?
-En mi sofá, besándote como una desquiciada – Lana respiró profundamente y notó como Jenn hacia lo mismo del otro lado – cuando llegue a Florencia pienso no soltarte por lo menos por 4 horas seguidas.
-¿Solamente 4 horas? – le preguntó la morena.
-Esas 4 horas son solo para empezar, como un ensayo general – ambas rieron y luego se quedaron en silencio disfrutando de la compañía- ¿crees que es normal que no deje de pensar en ti? – cortó Jenn finalmente.
-Creo que si no es normal no tienes de que preocuparse, Señorita Morrison – Lana sonrió mirando las luces de la ciudad – ambas sufrimos de la misma maldición o hechizo.
Jennifer rio suavemente – al final va a ser verdad que eres una bruja.
-Veo un problema con este hechizo o maldición, Jenn – Lana llamó la atención de la rubia – que si empezó con beso no creo que podamos romperlo con otro.
-No veo por qué no hemos de intentarlo igualmente – Lana sonrió ante la respuesta de Jenn y se mordió el labios – varias veces por día, muchos días a la semana, todos o casi todos.
-Apoyo la moción – respondió ella – y si no se rompe, mejor – se hizo el silencio que Lana interrumpió – cambiando de tema, he decidido alquilar un coche para nuestra estadía en Florencia.
-¿Y eso? – Jenn mostró interés por la información - ¿a qué se debe esa decisión?
-Pues a tener más autonomía, a poder ir a casa de una amiga que me está enseñando cocina, a poder hacer carretera conmigo – respondió Lana.
-Ajá – Jenn espero a que Lana siguiera, pero no lo hizo – ¿por qué siento que no me estás diciendo todo?
Lana bufó divertida – me conoces demasiado, Jenn.
-¿Me matarás?
-Oh, es posible que si decido matarte algún día lo disfrutes muchísimo.
Fue el turno de Jennifer para bufar intensamente – muy bien, tienes mi atención, pero dime más sobre ese coche, ¿por qué?
-Porque quiero ir a buscarte al aeropuerto, ¿vale? – expuso la morena – me has ido a buscar en su momento y fue una de las cosas más dulces que has hecho.
-Y quieres ser dulce conmigo – Jenn sonrió apoyándose en el balcón del restaurante dónde estaban por cenar - ¿cómo es qué eres tan mona, Lana?
-Solo doy lo que me das siempre – Lana oyó el ruido ambiental - ¿dónde estás? – preguntó.
-He salido a hablar contigo al exterior del restaurante – contestó Jennifer – hace una noche preciosa.
-Lo sé – Lana observaba las luces de la ciudad y decidió hacer lo mismo que Jennifer, ir al balcón y apoyarse en la barandilla – aquí también.
-Me gusta tu voz – le dijo Jenn – al teléfono, me gusta cómo suena – comentó.
-Y a mí me gusta hablar contigo, ¿para qué voy a mentirte?
-No lo hagas, dime siempre lo que piensas y lo que quieres – fue la respuesta de la rubia.
-Lo que quiero es volver a Milán, a esa noche, a tus brazos.
-No será Milán, pero estoy cerca de poder abrazarte.
De repente se oyó un ruido cerca de Jennifer. Una voz no identificada de mujer se escuchó por la línea - ¡Ey! ¡Jenn! Si no vienes ya te quedarás sin cenar.
-¡Vale, Vale! – respondió Jennifer – lo siento, una de mis amigas, tendré que dejarte, pero oye vuelve a llamarme cuando quieras – suspiró – también estaba deseando oír tu voz.
-Ve a cenar, buen provecho, Jenn.
-Gracias, preciosa – contestó la rubia – hasta ahora.
Al cabo de unos minutos la rubia volvió a enviarle un mensaje contándole que sus amigas de Londres no le permitían volver a hablarle, al parecer estaban un poco celosas de Lana. La morena podía únicamente reírse porque ellas no tenían ni idea de las enormes diferencias que había entre su relación con Jennifer y la de ellas. No hay como comparar cristales tan diferentes, sobre todo porque el de ella y Jenn no paraba de cambiar constantemente.
¿Qué era lo que venía ahora? Estaba claro que su relación ya nunca sería la misma. No eran amigas y hasta había cometido el desliz de utilizar la palabra con "e" para describirse a sí misma. La palabra con e, vaya tontería, ¿por qué le daba temor repetirla ahora? Enamorada, enamorada, enamorada. Lo extraño es que no había asustado a Jennifer, sólo parecía haberla emocionado y hasta le había asegurado que no le disgustaba que la usará para referirse a ella. Entonces, ¿qué venía ahora?
Si Jennifer quería algo pasajero con ella lo habría tomado la primera noche. Es decir, lo habría tomado en Milán. Le hubiera hecho el amor esa misma noche y luego se hubiera marchado sin mirar atrás. Ambas lo hubieran hecho porque el orgullo a veces puede más que cualquier otro sentimiento. Lana dudaba que Jenn sólo quisiera acostarse con ella. Porque querría acostarse, ¿verdad? Estaba hecha un lío, más lo pensaba y más se liaba. Mejor concéntrate en Jenn, se dijo, concéntrate en lo que te dijo.
Jenn quería besarla, pero también quería cenar con ella. No, no sería algo pasajero. Estaba destinado a ser algo especial, podía sentirlo. Lo sentía vibrar en su piel. Ese futuro al que ella y Jenn se dirigían se podía sentir cuando respiraba, era inevitable. Había comenzado en Milán y mañana, en Florencia, se haría mucho más tácito, mucho más presente. ¿Qué venía después cuando volvieran a Los Ángeles? A las vidas de las que podían huir un poco cruzando un océano. A esa en la que tenían que cuidar cada cosa que decían porque decir más o menos, poco o mucho, o ser una persona normal que puede decidir que si quiere beber, comer o tener un vicio no estaba del todo permitido.
¿Qué pasaría entonces? ¿Conseguirían tener una relación del tipo que fuera teniendo que esconderse de todo el mundo? Tampoco se imaginaba haciéndolo público, ni siquiera se imaginaba a Jennifer llamándola mi novia o mi pareja. Sus mejillas se incendiaron cuando su mente dibujó perfectamente la voz de Jennifer diciéndolo.
-Eres una adolescente tonta, Lana – se reprendió a sí misma - ¡por favor! Ya déjalo estar. Déjalo fluir como la mujer madura que eres, no tienes 17 años.
Suspiró y trató de no pensar en que quería volver a llamar a Jennifer, sino en aguantar los 60 minutos que le daría para hablarle un poco más tarde. Ver la tele en italiano era una idea estupenda para distraerse, sobre todo si tenía que concentrarse en entender algo de todo lo que decían allí. Así dejaba pasar sus segundos esperando la hora y recordando a Jennifer en cada rubia que aparecía en las imágenes.
La rubia por su parte había evadido a sus amigas y sus preguntas todo lo que le fue posible. Lauren sabía que iba a ver a Lana y se encargó de contarlo al resto. La pregunta era el por qué y cuándo fue que habían retomado el contacto. Jennifer comentó que se habían reencontrado desde hacía unas semanas y que su relación era inmejorable, por lo que deseaba aprovechar la cercanía para verla en Italia. Le habían preguntado porque tanta insistencia en hablar con ella cuando estaba a punto de viajar a verla a lo que dijo que era para ponerse de acuerdo sobre temas del viaje.
No hubo más preguntas, pero ella tampoco tenía pensando decir nada más. Sea como fuere aún era todo muy reciente y si la relación que estaba naciendo prosperaba entonces lo contaría con detalles. No iba a ocultárselo a su entorno más cercano, aunque tenía que escoger cuidadosamente a qué piezas decirlo porque de ello dependería su libertad para estar juntas a futuro. Así que no iba a pecar de tonta.
Bueno, siempre que hubiera algo que contar, aun no sabía si se estaba adelantando a los hechos o no. Siempre estaba la opción de que Lana no quisiera continuar con lo que estaba pasando entre ellas. Que se echará atrás o que simplemente no tuviera mayores intenciones que alguna relación informal más por la guerra de hormonas que por emociones o sentimientos. Pero tenía la casi certeza de no ser la única en este lío emocional, Lana había asegurado que se le vería la cara de enamorada si la miraba públicamente. No se utiliza una palabra como esa solo con la intención de meterse en la cama de una persona, de tener sexo y nada más. Ella no lo haría al menos.
De repente, se vio resoplar. Pensar en hacer el amor con Lana era algo que últimamente la visitaba de manera recurrente, pero no conseguía asimilarlo. Tarde o temprano sucedería. Se lo estaban tomando con calma y pensar el por qué le daba escalofríos. Parecía como si ambas estuvieran tratando de reafirmar que aquello no era algo corriente, que para ambas era importante esta relación. Por eso, hacer el amor con Lana era una opción asegurada, pero sucedería cuando tuviera que suceder.
Se apuró a terminar de cenar y a tratar de no pensar tanto en Lana para poder prestarles algo más de atención a las chicas. Hizo fotos y las subió a su Instagram aprovechando para ver las historias de la morena. La última copa le pareció eterna y a los tres minutos de que la sirvieron acabo bebiéndola de un golpe.
-Tranquila, rubia – Lauren se rio de ella – ¿intentas emborracharte sola?
-No, intento marcharme al hotel pronto – Jenn se puso de pie oyendo los reclamos de las demás – nos hemos pasado el día juntas, estoy muy cansada y mañana debo tomar un vuelo.
-Todavía no me creo que quieras marcharte en plenas vacaciones.
-Ya lo expliqué y no pienso retomar el tema – cortó Jennifer – venga, no sean pesadas.
-Vale, vale – las mujeres levantaron las manos en señal de rendición – anda, ve con tu Lana – el retintín de la voz de Lauren le llegó cuando ya salía. Se giró y les sacó la lengua en respuesta, pero luego les tiró un beso a todas marchándose.
Caminó los 50 pasos que las separaban del hotel y su móvil sonó cuando traspasaba la puerta principal. Sonrió al ver quién llamaba.
-Hola, preciosa – dijo dulcemente.
-¿Así es cómo piensas saludarme siempre que te llame?
-Así y de muchas otras formas que me despiertas cuando pienso en ti – Lana suspiró casi de manera exagerada y Jenn sonrió – estaba deseando oír tu voz de nuevo.
-¿Te vuelvo a interrumpir? – quiso saber la morena.
-No, que va, para nada – contestó Jenn – lo cierto es que no aguantaba más y tampoco podía concentrarme con ellas pensando en que me llamarías – sonrió suavemente – me marché al cabo de una hora porque estaba segura que me llamarías pronto, estoy entrando en mi habitación de hotel.
Cerró la puerta tras de sí dejando la tarjeta de ingreso del hotel y quitándose el abrigo mientras tanto con una sola mano. Se lanzó sobre su cama estirándose.
-¿Has abandonado a tus amigas para hablar por teléfono conmigo? – quiso saber Lana con una sonrisa que se hizo evidente.
-Abandono sería no quedar con ellas, esto es adelantar la hora de despedida – Jenn paladeó como decir lo siguiente – yo lo llamaría más bien priorizar a la mujer que más me interesa por sobre todo lo demás.
-La mujer que más te interesa – Lana repitió las palabras de la rubia – es increíble que me llames así.
-¿Por qué?
-Porque nunca me había imaginado que tú me vieras de esa manera, Jenn.
-Yo creo que te veía de esa manera desde hace mucho tiempo – la rubia suspiró – ya te lo he dicho, sentía por ti cuando estábamos en la serie – hizo una pausa – ya sabes, una fracasada.
-Cuéntame más, por favor, dime que sentías.
Jenn se mordió el labio – me sentía atraída a ti, a veces quería besarte – hizo una mueca de malestar - y luego, cuando te casaste, me porte como una idiota porque me sentía despechada.
-Y por eso te alejaste de mí.
-Nunca me lo había planteado realmente hasta ahora, pero si lo piensas es bastante evidente – confesó la rubia riendo – nos llevamos bien hasta el año en que te casaste, al principio traté de dejarlo pasar y de actuar normal, pero luego fue insostenible, yo – el silencio se hizo con el momento por unos segundos, la ansiedad de ambas evidenciándose – me rompía al verte con él o al oírte hablar de tu familia.
-Lo siento tanto – dijo suavemente la morena.
-No, no lo sientas – Jenn respondió tratando de tranquilizar la voz quebrada de Lana – no es tu culpa, Lana – meneó la cabeza - ¿por qué lo sería en primer lugar, cielo?
-No sé, no sabía que te sentías así y he estado culpándote de ser una mala persona todo este tiempo.
Jennifer resopló – y tenías razón, Lana, no tenía derecho a tratarte como lo hice, no sabías que yo ya sentía algo por ti en ese momento – se río – ni siquiera yo lo sabía.
-Da igual, me faltó poco para empezar a juzgarte en ese momento – replicó la morena.
-Mira Lana, estoy segura que si hubiera sucedido al revés, si yo me hubiera casado y tú tuvieras que verlo seguramente no habrías reaccionado como yo – hizo una pausa mirando el techo – estoy segura por tu manera de ser que no me habrías castigado sin decirme nada como hice yo.
-Eso no puedes saberlo – objetó Lana.
-Lo sé, tienes mucha más mano derecha que yo.
-O sólo miento mejor que tú – respondió la morena – depende como se miré no habla tan bien de mí.
-Da igual, no me castigarías porque tienes un sentido de la justicia más elevado que el mío.
-Creo que tienes una estima por mí que está por encima de mis posibilidades, al fin y al cabo, las dos callamos lo que sentíamos y sufrimos en silencio – Lana notaba lo importante que eran estas conversaciones, estaban limpiando el escenario del pasado, rompiendo las cargas que quedaban allí para empezar de cero – las dos decidimos culparnos mutuamente cuando debimos tomar la responsabilidad de no poder dar el paso y entendernos mejor.
-Pero la que dejó de hablarte y de tratar contigo fui yo – replicó la rubia – eso no se puede negar y, por eso, te pido perdón de nuevo – Lana iba a interrumpir, pero Jenn se le adelantó – no, déjame terminar – dijo – ahora debo pedírtelo mucho más porque a la vista de los sentimientos que compartimos – prefirió no darle una forma definida y llamarlo amor tan pronto – creo que entiendo como debiste sentirte, quizás yo me sentí rechazada de tu mundo porque perdía la posibilidad de tenerte de otra maneras en mi vida, pero tú sufriste mi rechazo directo y eso debió dolerte mucho más que a mí.
Lana suspiró – no importa, ya es pasado, ¿verdad?
-Por supuesto que si – aseguró Jennifer.
-En ese caso tendrás mucho tiempo para compensar cuánto creas que debes compensarme - fue la respuesta de Lana mientras sonreía dulcemente.
Jennifer se mordió los labios – besar – hizo una pausa - ¿besar serviría como compensación a mi estupidez?
-Es un buen comienzo, Jenn – contestó la morena con el corazón palpitándole.
-Quiero besarte, Lana – le dijo Jennifer – quiero besarte tanto.
Lana suspiró profundamente – lo sé, me siento igual.
-Pero no solo quiero eso, también quiero cuidar de ti – le aseguró – quiero darte seguridad y protegerte, quiero hacerte sentir todo lo bueno que te quité en su momento – Jenn trató de serenarse – no quiero hacerte promesas ya ni mucho menos hacértelas por teléfono, pero quiero que sepas que voy en serio, para mí esto no es algo que vaya a caerse o cerrarse así nada más.
Lana hizo un silencio quizás un poco más largo de lo que Jennifer esperaba así que la rubia preguntó de repente.
-¿Te he asustado diciéndote esto?
Lana sonrió – no, me has dado una razón más para sonreír – le respondió – no sé exactamente donde vamos y no quiero que lo hablemos por teléfono tampoco, pero quiero que sepas que para mí esto es igual de importante.
Jenn suspiró sonriendo – me encantas.
-¿Vendrás a cenar a casa cuando estemos en Los Ángeles?
-Pensaba que tú vendrías a cenar a casa – comentó Jennifer.
-Hay muchas noches, Jenn – fue la respuesta de Lana.
-Es verdad, también quiero que vayamos juntas a pasear con Lola y Ava – planificó la rubia.
-Detrás de casa hay una zona estupenda para eso – le aseguró la morena.
-Lo sé – Jenn sonrió - ¿volveremos al Dreams Garden?
-Eso tenlo por seguro – Lana suspiró – hay muchas cosas para repetir y descubrir juntas.
Jennifer se sumió en un silencio tranquilo hasta que al final lo rompió llamando la atención de la morena.
-Lana.
-¿Qué?
-Cuando vaya a cenar, ¿me invitarás a desayunar?
Lana sonrió ante la pregunta – no tengas ninguna duda de eso – aseguró.
Se quedaron conversando hasta que las golpeó el sueño sobre todo y nada en particular, con la esperanza de que se verían al día siguiente muy presente. Porque vendría Florencia y con esa ciudad podrían consumar muchas de las dudas que tenían. Y quizás empezar con alguna promesa.
Bueno y qué? Qué piensan?
