No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa S. M. y la historia es de Sarah J. Maas. Yo solo me divierto un poco.
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Aunque los sentidos de hada de Bella se habían extinguido, ella juraría que todavía podía oler la colonia de Garrett cuando ella se movió hacia el túnel de la alcantarilla, todavía olía su sangre.
Él había destruido todo. Él había hecho asesinar a Rosalie, los había manipulado a ambos, había usado la muerte de Rosalie para separarlos a Jacob y a ella, todo por el poder y la venganza…
Ella lo destrozaría. Poco a poco.
Yo sé quién eres, había dicho él. Ella no sabía que le había dicho Charlie sobre su herencia, pero Garrett no tenía ni idea que clase de oscuridad la acechaba, o en qué clase de monstruo ella estaba dispuesta a convertirse, con tal de hacer las cosas bien.
Delante de ella, podía oír maldiciones amortiguadas y golpeando contra el metal.
Cuando llegó al túnel de la alcantarilla, sabía lo que había pasado. La rejilla se había deslizado cerrándose, y ninguno de los intentos de Garrett por abrirla lo había conseguido. Quizás a veces los dioses realmente escuchaban. Bella sonrió, agarrando sus dagas.
Ella caminó a través del arco, pero el callejón estaba desierto a ambos lados del pequeño río. Caminó más lejos por el callejón, mirando detenidamente el agua, preguntándose si él había tratado de nadar lo suficientemente profundo para ir bajo la rejilla.
Ella sintió sus latidos antes de que él la atacara por la espalda.
Paró su espada con sus dos dagas por encima de su cabeza, lanzándose hacia atrás lo suficiente para darse tiempo para calcular. Garrett se había entrenado con los asesinos, y por la forma que él manejaba su espada, ella sabía que él había mantenido aquellas lecciones.
Estaba agotada. Garrett tenía una gran fuerza, y sus golpes hacían que sus armas temblaran.
Él asestó un golpe hacia su garganta, pero ella lo esquivó, cortando su costado. Rápidamente como un relámpago, él saltó para evitar que ella le destrozara.
— La maté por nuestro bien— jadeó Garrett cuando ella exploró cualquier debilidad, cualquier apertura — Ella nos habría arruinado. Y ahora que tú puedes abrir portales sin las llaves, piensa en lo que podríamos hacer. Piénsalo, Bella. Su muerte fue un sacrificio digno para impedirle destruir la causa. Nosotros debemos levantarnos contra el rey.
Ella le embistió, dándole por la izquierda, pero él paró el ataque. Ella refunfuñó.
— Prefiero vivir a su sombra que en un mundo gobernado por hombres como tú. Y cuando me encargue de ti, voy a encontrar a todos tus amigos y devolverles el favor.
— Ellos no saben nada. No saben lo que yo sé— dijo él, esquivando todos sus ataques con enfurecida facilidad. —Rosalie escondía algo más sobre ti. Ella no quería involucrarte, y creía que era porque ella no quería compartirte con nosotros. Pero ahora me pregunto por qué. ¿Qué más sabía?
Bella se rió suavemente.
—Eres tonto si tú crees que te ayudaré.
— Ah, una vez que mis hombres se encarguen de ti, pronto cambiaras de opinión. Roman Reign era un cliente mío, antes de que fuera asesinado. ¿Recuerdas a Reign, verdad? Él tenía un amor especial por el dolor. Me dijo que torturar a Sam Uley fue lo más divertido que alguna vez había hecho.
Ella apenas podía ver a causa de la sed de sangre que se apoderó de ella en ese momento, apenas recordaba su propio nombre.
Garrett la esquivó dirigiéndose hacia el río para conseguir que ella retrocediera hacia la pared, donde ella misma se atravesaría en su espada. Pero Bella conocía ese movimiento, lo conocía porque ella se lo había enseñado a él todos aquellos años. Así pues, cuando él golpeó, ella lo esquivó más allá de su protección y embistió el pomo de su daga cortando su mandíbula.
Él cayó como una piedra, su espada cayó ruidosamente, y ella estaba sobre él antes de que terminara de caer, con su daga en su garganta.
— Por favor— él susurró con voz ronca.
Ella empujó el borde de su daga en su piel, preguntándose cuánto tiempo podía permanecer así sin matarle.
— Por favor — suplicó, levantando su pecho. —Yo sólo lo hago por nuestra libertad. Nuestra libertad. Al final estamos en el mismo lado.
Un rápido movimiento de su muñeca, y ella podría cortar su garganta. O podría dejarle inválido de la misma manera que le había dejado a Tumba. Podía hacerle las mismas heridas que Tumba le había hecho a Rosalie. Ella sonrió.
— No eres una asesina— susurró él.
— Oh, yo lo soy, — dijo suavemente, la luz de la antorcha bailaba en la daga como si ella hubiera considerado que hacer con él.
— Rosalie no querría esto. Ella no querría que tú hicieras esto.
Y aunque ella sabía que no debía escucharlo, las palabras la golpearon.
No dejes que la luz se vaya.
La oscuridad que prosperaba en su alma no permitía luz. Ninguna luz, excepto un núcleo, un destello débil que se convertía más pequeño por días. Dondequiera que estuviera ahora, Rosalie sabía cómo de pequeña era la llama que se estaba transformando.
Que la luz no sé vaya.
Bella sintió como la tensión salía de su cuerpo, pero ella mantuvo su daga en la garganta de Garrett hasta que ella estuviera de pie.
— Abandona Rifthold esta noche—le dijo ella. —Tú y todos tus amigos.
— Gracias—suspiró Garrett, poniéndose de pie.
— Si averiguo que todavía estás en la ciudad al amanecer— dijo ella, dándole la espalda andando con paso majestuoso hacia la escalera del túnel — Te mataré.
Suficiente. Era suficiente.
— Gracias— volvió a decir Garrett.
Ella siguió andando, escuchando cualquier señal de él moviéndose para atacarla por la espalda.
— Yo sabía que tú eras una mujer buena—dijo él.
Bella se paró. Y se giró.
Había un indicio de triunfo en sus ojos. Él creía que había ganado. La había manipulado otra vez. Con un pie después del otro, ella caminó de vuelta hacia él con una tranquilidad devoradora.
Ella se paró, lo suficientemente cerca para besarle. Él la dio una sonrisa recelosa.
— No, no lo soy— dijo ella.
Entonces se movió, demasiado rápido para que él tuviera una posibilidad de reaccionar.
Los ojos de Garrett se ampliaron cuando ella deslizó su daga, asestándola en su corazón.
Él se dejó caer en los brazos de ella. Llevó su boca a su oído, manteniéndolo derecho con una mano y retorciendo su daga con la otra cuando ella susurró
— Pero Rosalie sí lo era.
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Tal parece que ahora si se cumplió la venganza contra el asesino de la princesa Rosalie… ¿Qué opinan?
