Su corazón se estremeció al escuchar aquella propuesta, todo era tan perfecto y tan hermoso que tal vez años atrás hubiese aceptado sin pensárselo dos veces, pero ahora no eran los Yuris del pasado. Ambos habían cambiado y muchas cosas habían pasado, no era que no lo amara pero si habían cosas que debían hacer antes de poder concretar aquella felicidad que tanto anhelaba.

Lo siento, Yuratchka —se disculpó con los labios temblorosos— pero no puedo aceptar por ahora.

Si esta respuesta la hubiese escuchado en el pasado, después de haber puesto esfuerzo en hacer algo lindo para poder proponerle aquello, se hubiera enojado y habría insultado a Yuuri dejándolo solo; pero ya no eran más los Yuris del pasado, ambos habían cambiado y él sabía que había inseguridad por todas las malas decisiones tomadas y todo lo que no quiso ver en su momento. Era normal que aquello le pasara factura en algún momento de su vida y ese era el momento.

lo entiendo —le dijo levantándose y sacando el anillo de la cajita— pero dijiste "por ahora" —tomó la mano derecha de Yuuri y deslizó el anillo por su anular— llévalo hasta que puedas decir "sí" con seguridad, no importa cuánto tardes porque voy a esperar con ansias a que el momento llegue —el japonés sintió que sus mejillas enrojecieron por completo y su corazón se detuvo por un instante. Definitivamente ambos habían cambiado— pero no tardes —añadió acercándose a sus labios para atreverse a robarle un beso. Al parecer había cosas que seguían iguales.

Se sonrieron el uno al otro juntando sus frentes, sin importarles lo que recién había pasado, bailaron un poco más al son de la música sintiéndose bien el uno con el otro, porque la decisión era la correcta. Despacio y sin precipitarse, Yuuri lo había esperado pacientemente para su primera vez y el haría lo mismo, porque el azabache necesitaba volver a confiar también y él haría todo para que lo lograra.

Volvieron a sentarse al terminar la melodía, comieron postre y hablaron mucho más relajados que antes, decidiendo que mantendrían una relación de novios aún si ya tenían un cachorro juntos, eso significaba que debían cortejarse entre ellos y salir de vez en cuando a solas. Al parecer estaban construyendo su felicidad nuevamente y esta vez iban bien encaminados.

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Phichit estaba feliz de poder conocer al fin al pequeño Nikolai, si bien tenía el cabello del rubio, sus ojos definitivamente eran igual de tiernos que los de Yuuri, por lo que a pesar de ser un alfa, no se veía intimidante. Por lo menos no hasta que se enojaba, eso es lo que le había contado Otabek.

El beta aún no podía creer que su mejor amigo fuera el padre de aquella criatura, que ambos omegas pudieran concebir y por sobre todo que aquel cachorro fuera un alfa, como si por fin el destino hubiese deseado ayudarlos dándoles un ser que les brindaría la protección que ninguno de ellos buscaría en un alfa, puesto que estaban enamorados el uno del otro. Profundamente enamorados.

Phichit podía recordar claramente cuando Yuuri lo llamó buscando alguna explicación respecto a lo que había averiguado recientemente. Este le había preguntado si él sabía algo acerca de que el cachorro de Plisetsky fuera suyo, a lo que el beta había quedado por completo perplejo, no sabía que responderle y no porque no supiera la respuesta a aquella acusación, sino porque no se esperaba que algo así sucediera. Jamás pensó en la posibilidad de que su mejor amigo pudiera preñar a un omega.

En aquella ocasión logró tranquilizar al japonés, por suerte este creía en sus palabras descartando así la posibilidad de que lo hubiese traicionado, "no sabía nada de esto, lo prometo, Yuuri" había respondido y el omega le había creído. Se enteró de que ya había hablado con Víctor y de que tenía claro lo que haría de ahora en más.

Phichit al terminar aquella llamada lo primero que hizo fue esperar a que Otabek llegara del trabajo, ya que aquel día se había quedado hasta más tarde, una vez en casa lo increpó de inmediato, parándose frente a él mientras le decía lo que había escuchado ese día. Apuntándolo con su índice de manera incriminatoria, repitiéndole que él lo sabía y había callado. De verdad estaba muy enojado con su novio, Yuuri era el padre y le habían negado a su cachorro por tanto tiempo que sentía impotencia por la situación.

El alfa escuchó con tranquilidad, asumiendo su culpa en el asunto para luego explicar su parte. Le dijo como Yuri lo había amenazado con desaparecer junto al cachorro y si así hubiese sido, Yuuri jamás se hubiera reencontrado con él. Había algo de razón en las palabras del alfa, pero aun así estaba molesto. El enojo fue menguando con los días hasta que ahora solo era un mal recuerdo.

Creo que le agradas —le dijo Otabek mientras los veía jugar en el suelo a esconder cosas debajo de vasos coloridos a ver si el beta podía adivinar donde escondía una canica. Kolya era vigilado muy de cerca por Phichit para evitar que en un momento de descuido este se metiera la pequeña bolita en la boca y se la tragara, porque así eran los niños. Muy impredecibles.

Creo que todos le agradan —respondió con simpleza, pero la sonrisa en su rostro indicaba lo feliz que estaba de que el menor jugara con él.

El alfa pensó que tal vez podría adoptar un cachorro algún día, tal vez ya iba siendo hora de dar el siguiente paso y pedirle matrimonio a su novio, formar su propia familia y comenzar a dejar que Yuri fuera por completo independiente. Porque él sabía que Yuri, aunque aparentara rudeza, por dentro era débil. Yuuri tenía un espíritu más fuerte que cualquier otro que conociera, siempre apoyando a su rubio amigo y haciéndolo crecer sin que este se diera cuenta.

Se sentó tras Phichit abrazándolo por la cintura y el menor gruño levemente al ver que intentaba robarse a su compañero de juegos— es mío —dijo el mayor, discutiendo como si estuvieran al mismo nivel.

Kolya solo lo observó con frialdad sin moverse de su lugar, negándose a jugar mientras Otabek estuviera presente. Phichit soltó una suave risa al ver como las alfas tenían una guerra de miradas.

El pequeño evento se vio interrumpido por el sonido de la puerta al ser abierta, el infante dejó todo y corrió a la entrada lanzándose a los brazos de Yuuri primero para luego estirar una de sus manos hacia el rubio para que este también se acercara— abazo —dijo con su voz infantil enterneciendo a sus progenitores.

¿Cómo estás, Kolya? ¿Fuiste bueno con tus tíos? —preguntó el japonés mientras lo bajaba al suelo.

Yo soy bueno, Beka es malo —habló inflando sus mejillas y apuntando al alfa con su pequeño dedo, acusándolo con sus padres— Phi es mío ahola.

Oh, entonces ve por él —lo animó el rubio— sabes el punto débil de Beka.

El menor asintió con su cabeza y corrió donde Otabek acercándose a sus pies descalzos y comenzando a pasar sus dedos por ahí provocándole cosquillas al mayor quien comenzó a reírse sorprendiendo a Yuuri quien siempre lo había visto serio. El alfa mayor no pudo contra aquello y tuvo que soltar a su novio.

Nikolai se sentó entre las piernas del beta esta vez, para que nadie se lo quitara nuevamente y volvieron a jugar.

Otabek y Phichit se quedaron un poco mas, hasta que el niño se quedó dormido en los brazos del beta, para Kolya su familia comenzaba a expandirse y eso que Yuuri aún no había logrado que viera a Víctor, Mila y el cachorro que venía en camino.

Agradecieron a los "niñeros" para que luego estos se retiraran a su hogar, prometiendo que un día de estos saldrían todos juntos a algún lugar. Una vez la pareja se quedó sola, un silencio un poco incómodo se instaló entre ambos, una petición silenciosa porque el otro se quedara a dormir fue descubierta al instante— dejaré mi chaqueta en tu habitación —avisó a Yuri tomando la iniciativa esta vez, esta noche si bien no había aceptado casarse con él, si habían quedado en una relación por lo que podían hacer algo más que solo besarse.

Yuri enrojeció, entendiendo lo que significaba aquello, comenzó a ordenar las cosas que habían quedado desparramadas por el piso para luego agarrar valor. Esa noche, después de tanto tiempo retomarían su relación. No, renovarían su relación, porque si la retomaban desde donde quedo no lograrían nada. Ellos eran otros ahora, aunque su amor era el mismo, su relación también tenía que ser otra, más madura.

Muy bien, cerdo. Se gentil —le dijo una vez hubo entrado al cuarto, sorprendiéndose de encontrarlo profundamente dormido sobre la cama, abrazando una de sus prendas justo a la altura de la nariz. Entendía aquello, porque él también extrañaba su aroma a la hora de dormir.

Suspiró y comenzó a quitarse la ropa, para luego ponerse una camiseta que conservaba muy escondida en su armario y que si bien ya no conservaba ningún olor, en algún momento había pertenecido a aquel azabache que yacía durmiendo en su cama.

Se acostó junto a él, observando un rato sus facciones apacibles al dormir, acariciando sus cabellos y sonriendo cuando este reaccionó al tacto buscándolo inconscientemente con sus manos— Yura —llamó su nombre entre sueños, no podía pedir nada mas por ahora. Así como estaban era perfecto, lo demás vendría después.

Durmieron abrazados toda la noche, deleitándose por fin al sentir las feromonas ajenas a la hora de dormir, hace tanto que no podían conciliar el sueño adecuadamente, anhelando sentir al otro cuando solo tenían el recuerdo.