…en el paraíso
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Ramón tomo su celular y busco el temporizador, poniéndole la cuenta de 5 minutos.
-¿Estas lista? – le pregunto al verla totalmente ida.
-Creo que si… - le respondió sin siquiera parpadear y mirando a la nada.
-Bien, ya está contando. – le advirtió al ver que seguía en ese estado narcoleptico.
Poppy no sabía cómo iniciar, en su mente estaba una serie de sucias y depravadas cosas que quería hacer con él, pero ninguna cuadraba con la regla de no tocarlo más allá de los hombros con sus manos, eso limitaba mucho sus posibilidades. El contacto era tosco, poco natural y molesto.
-Acércate más. – casi le ordenaba a Ramón.
-Ya estoy muy cerca, ¿No te basta así? – Dijo inclinándose un poco más.
-Solo, déjame acomodarme, es difícil así. –
No sabía que tenía en mente Ramón con esas peticiones, ¿Quería que ambos solo se besaran como las películas románticas del cine antiguo, sin ningún contacto cuerpo a cuerpo? Tal vez tenía una idea respecto a no tocarse demasiado, pero ya le había dado permiso de hacer algo que una vez le comento, consideraba algo sumamente valioso, los besos, eso significaba que había logrado derribar uno de sus muros, ahora tenía que aprovechar eso para derribar otro, ya tenía algo en mente, no había mencionado nada sobre qué tan cerca podían estar sus cuerpos. Sin perder un segundo más de su valioso tiempo, le salto encima.
-¿Qué estás haciendo? – pregunto entre enojado y sorprendido.
-Mis manos están sobre tus hombros. – dijo estrujándolos con suavidad.
-Como sea, te quedan 3 minutos y medio, date prisa. –
-¡No me presiones! –
Poppy centro su atención en sus labios, ya se los estaba saboreando, trato de besarlos, pero Ramón se movió, evitando el contacto.
-¿Por qué lo hiciste? Quédate quieto, son mis cinco minutos. –
-Yo no beso así. – se quejó. – yo soy quien decide cómo. –
-¡Pero son mis cinco minutos! Debes de hacerlo como yo lo diga. –
-¿Y cuando dije que me ibas a mandar? –
-Solo, vamos a intentarlo, ¿sí?, déjame besarte y veras. –
Poppy se inclinó sobre él, volviendo a ocurrir lo mismo.
-No me gusta así, déjame guiar a mí. – Ramón trato de dirigir el beso, pero su posición le pareció incomoda a Poppy.
-¿Intentas besar mi oreja o que me dé torticolis? –
-Es que eres muy torpe, ese es el problema. – expreso molesto tomándola por la cintura.
-Bien, ¿Qué tal los dos al mismo tiempo? –
-Como sea. –
Pero eso resulto aun peor, sus narices chocaron y fue bastante incomodo, muy disgustados, trataron de besarse en una batalla por saber quién mandaría en ese juego.
-Me picaste el ojo. – se quejó Poppy. – trata de que tu nariz de pinocho no me ataque de nuevo. –
-¿Ah si? Pues si tú boca no estuviera chueca y tus cachetes no estuvieran tan inflados. –
En ese breve tiempo, se habían puesto a discutir, "¿Por qué no me dejas amarte?" se preguntó mentalmente la chica, molesta por no poder coincidir, ya sin nada de paciencia, filtro una de sus manos por su cabellera y embravecida por no conseguir lo que quiso, tiro de sus cabellos sin ninguna piedad.
-¡Aaah! ¡Eres una maldita pe…! –
Ramón no pudo terminar su clásica ofensa, Poppy, aprovechando que había abierto la boca, se fue de lleno a besarlo, metiendo su lengua en su boca tratando de aprovechar esos últimos minutos. Él no pudo más que recibir todo su afecto, aunque siguió peleado, no había forma de ganar, Poppy le retorcía el mechón, lo usaba como rienda para forzarlo a girar su cabeza en la posición que le fuera más cómoda. Esos pocos minutos le parecieron siglos, no es que fuera un mal beso, era solo que ella le estaba quitando su virginidad capilar, nunca dejo a nadie que tocaran esa parte de su ser y esperaba con ansias entregarle eso a una persona importante, no a alguien que solo quisiera sexo, que lo viera como un banco portátil y lo quisiera solo por conveniencia, en especial, no a ella. La alarma sonó.
-¡Y fueron cinco minutos! – casi grito alejándose de ella y limpiándose los labios con el antebrazo, volviendo al asiento del piloto.
Poppy no dijo nada, estaba feliz, era la primera vez que se besaban desde aquella noche loca, y le prometió tres sesiones por día, esa era la mejor parte, su juego tenia tantas formas de salirse con la suya, sabía que, en poco tiempo, él estaría pidiendo más.
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Las clases prenatales eran tres veces por semana, por lo que Ramón esperaba que Poppy estuviera menos ansiosa y más complacida para que no ocurrieran nuevos accidentes, tenían besos por la mañana, antes de salir de casa y muy entrados en la noche; en cada sesión iba más lejos, restregaba todo su cuerpo con el de él, intentando levantar su libido, jalaba de sus cabellos con pasión, "Eres todo un semental" pensaba Poppy, reconocía en su brusquedad, en esa forma de tratar de zafarse, a ese bravo joven de esa noche de copas, como un caballo que no quiere ser domado, pero era una visión distinta la de Ramón, pues cada uno de esos cinco minutos en el paraíso, lo volvían cada vez más loco por ella, deseaba que lo dominara, si él bajaba la guardia un poco, ella se ponía dulce, y no era eso lo que le gustaba, la quería ruda, exigente, deseaba que le diera ordenes, que le tirara del cabello con más fuerza, que presionara con más rencor sus labios contra los suyos, solo lo lograba si se ponía terco, era tan tranquilizador darle el poder a alguien más, depositar toda su confianza en sus manos y dejarse llevar, con cada repetición, le empezaba a costar trabajo reconocer el sonido de la alarma.
-¡Fueron cinco! – dijo alejándose de golpe mientras respiraba con dificultad.
-Si, los mejores hasta ahora. – comento mordiéndose los labios.
-Ahora. – comento recobrando la compostura. – Vayamos a clases, no debemos llegar tarde. –
Entraron al auto con sus cosas y salieron a ciudad berteno. La clase fue bastante buena, se hablaron de recetas de comidas, dieta, incluso del tipo de desecho y su color, todo lo que tuviera que ver con la digestión de sus futuros bebés. Como era la última clase de la semana, la convivencia del grupo era mixta, los futuros padre y madres se quedaban en el mismo salón a hablar de los temas que les inquietan.
-¿Alguien tiene algún problema que quiera compartir? – pregunto mirando a Ramón y Poppy, cosa que molesto mucho al joven.
-¿Por qué nos mira a nosotros? – le cuestiono de forma directa.
-Bueno, porque… - apenas iba a dar su explicación cuando alguien la interrumpió.
-Yo tengo uno. – Era el hombre regordete de cabello negro.
-Pasa enfrente a contarnos tú problema. –
El hombre obedeció, se limpió la garganta y hablo.
-Mi esposa me está engañando con otro hombre. –
Todos jadearon ante la acusación, incluso Ramón, a quien el tema del engaño no le caía en lo absoluto.
-No, no, no, nada de eso. – contesto la mujer poniéndose de pie, tomando su Tablet. – Mi esposo cree que lo engaño, pero es solo que soy fan de un modelo. – comento mientras buscaba algo en el aparato.
-Ella se lo imagina a él cuando está conmigo. –
-Eso no es verdad. – le reprocho.
-Tiene más fotos de él que de mí. – menciono con mucha indignación.
-Miren. – dijo la mujer al fin encontrando lo que buscaba y mostrándolo a la clase. – Quien no sería fan del famoso modelo Antony. –
A Poppy se le helo la sangre, el galante modelo lucía perfecto en una foto reciente donde a todas luces presumía su anillo de compromiso, volteo a ver a Ramón, este no lucia más molesto que de costumbre.
-Si, es muy guapo… - menciono la maestra. – Entiendo porque te sientes amenazado. –
-Pero es gay. – aseguro la mujer.
-Si, además tiene novio, un fotógrafo. – hablo Poppy para tratar de aminorar el malestar del esposo.
-Oh no, está soltero desde hace meses. –
Fue bastante obvio, que esa frase capto la atención de inmediato.
-No, no lo está, o no lo estaba… yo lo seguí en su cuenta personal de inst y decía que… -
-Esa cuenta está programada, cuando sale a hacer trabajos al extranjero deja las publicaciones programadas para que siempre haya algo nuevo, deberías de seguir la de snap, ahí público cuando termino con el fotógrafo y mira esta… -
La mujer puso un video del modelo donde el mismo hablaba sobre el final de su relación con el fotógrafo y su anillo.
"Me lo dio el amor de mi vida, me propuso matrimonio en el peor momento, lo lamento tanto… debí de salir corriendo tras de él cuando pude, lo arruine, pero si él me lo permitiera, si me diera una nueva oportunidad, sabría que mi respuesta es que si, acepto."
-Bien, el tema del día de hoy son los celos, ¿A dónde van señor y señora Lacombe? –
Ramón se había parado sin decir nada, tomado sus cosas y salido del salón.
-Es que recordamos que tenemos algo muy importante que hacer hoy y no podemos quedarnos a la convivencia, cuanto lo lamento, de verdad, una enorme y sincera disculpa, la próxima nos quedaremos más tiempo. –
El joven camino sin decir nada hasta el auto, Poppy lo siguió muy preocupada, lo vio meter las cosas a la cajuela y tímidamente le pregunto.
-¿Estás bien? –
-Si, ¿Por qué no lo estaría? – le contesto mientras subía al auto, cosa que imito ella.
-Es que… lo que paso en clase, luego saliste sin decir nada… - comento al ponerse el cinturón de seguridad.
-El tema eran los celos, y eso solo pasa cuando hay una relación, afortunadamente entre nosotros solo hay un trato, no puede haber celos de por medio, sería una pérdida de tiempo quedarnos a esa parte de la clase. – hablo sin ninguna emoción al comenzar a manejar.
-Bueno, es que yo creí que… ya sabes… hasta a mí me impacto, yo lo siento, es que, no pensé que las publicaciones estuvieran programadas, eso quiere decir que las rosas… -
-Son estupideces. – dijo sin ponerle mucha atención, con la vista bien puesta en la carretera.
-Es que, eso quiere decir que… si trato de volver contigo. –
-Poppy, si él hubiera querido volver habría venido personalmente a hablar conmigo, no hubiera mandado un ramo de estúpidas flores. –
-Si, bueno, las rosas tal vez no te gustaron, pero, ¿qué me dices de los otros obsequios? –
-¿Cuáles otros obsequios? – pregunto al fin mirándola con rostro de duda. – Antony solo me mando las rosas. –
-¿No… no te mando más? – pregunto intrigada, sabiendo la verdad.
-Jamás lo hizo, y aunque lo hubiera hecho, aunque me hubiera inundado con regalos, jamás vino a darme la cara, ¿De qué sirve decirlo en sus redes sociales si nunca me lo dijo a mí de frente? –
Llegaron a casa sumidos en el más profundo silencio, "Ese maldito… jamás le dijo que si lo busco." Pensaba Poppy muy molesta, tenía que hablar con Nube muy seriamente, pero tras buscarlo en casa, se dio cuenta que no estaba.
-¿Y Nube? – le pregunto a Ramón al verlo cocinar.
-Debe de estar en alguna alocada fiesta, de seguro llega de madrugada o en la mañana… o en la tarde… tal vez, si tengo algo de suerte, no regrese. – hablo con un tono muy curioso de felicidad. – Sería bueno ser hijo único. –
Ambos comieron su cena y luego de sus últimos cinco minutos del día, cada quien se fue a dormir a su alcoba, Poppy seguía teniendo problemas para dormir en aquel lugar, si bien, ya se había acostumbrado al ruido del mar junto con su musical brisa, aun le pesaba lo amplio de la habitación, la hacía sentir sola. De nuevo se coló entre las sabanas de la cama del chico, acercándose más, pudo hacer que la rodeara con sus brazos, en su ensueño, Ramón la sujeto con fuerza, en un abrazo tenas en el cual ella se sintió amada y correspondía.
-Te amo… - hablo Ramón dormido.
-Yo también te amo gruñón. – le respondió riendo, había llevado a su osa, quedando esta en medio de los dos, y le fue imposible no imaginarse a ellos dos, acurrucados en la noche con su hija, acomodo su cabeza dispuesta a dormir.
-Antony… te amo tanto, no volvamos a pelear. – Ramón abrazo con más fuerza a Poppy. – De verdad te amo… - algunas lágrimas salieron de sus ojos cerrados.
Entre la fuerza de sus brazos, sintió como se partía su corazón, correspondió su abrazo, siendo ahora consiente de que podría perderlo o era quizás que jamás había sido suyo. Sollozo gran parte de la noche, hasta que se quedó dormida, al despertar era de mañana y Ramón ya se había ido a hacer el desayuno.
-Nube llego de madrugada. – le comento mientras comían. – Seguro tendrá resaca, no creo que puedas hablar con él hasta la tarde. –
-Oh, gracias, había olvidado que quería preguntarle algo. –
-¿Preguntarle qué? Exactamente. –
-Es algo entre él y yo. – dijo, intrigándolo más.
-Sí, claro, a ustedes les encanta guardar secretos y hacer complot en mi contra, pero sabes que, no voy a caer, los voy a tener bien vigilados. – comento enojado para levantar los platos y ponerse a lavarlos.
No fue hasta la tarde que Poppy vio a Nube, parado en el balcón que daba al mar, tomaba un "levanta muertos" mientras veía el pronto atardecer con lentes de sol.
-¿Te la pasaste bien anoche? – le pregunto Poppy tomando lugar a su lado.
-Si, estuvo divertido, y ustedes dos, ¿se divirtieron? – pregunto de vuelta sorbiendo un poco de su bebida. – no creas que salgo solo de casa por nada, les estoy dando "privacidad", ¿no la desaproveches? –
Poppy hizo una mueca de desagrado y fue directo al grano, sin dar más rodeo.
-Nunca le dijiste a Ramón que Antony lo estaba buscando, ¿Cierto? –
-¿Por qué tendría que haberlo hecho? Lo veo muy feliz últimamente, ¿no lo has escuchado cantar mientras cocina o hace el que hacer? Llevaba mucho tiempo sin hacerlo, esos cinco minutos han ayudado a Ramón a relajarse bastante, solo sigue así y no te preocupes por pequeñeces. –
-Esta no es una pequeñez, hoy nos enteramos de que él realmente… él si había terminado con aquel chico, hizo las cosas bien, Nube, Antony fue sincero, desea regresar con él, tanto como Ramón desea volver a verlo. – comento abrazándose a sí misma, sabía lo que eso significaba.
-A mi parecer. – dijo dándole otro sorbo. – esa información es innecesaria de mencionar, vamos, mi hermano está comenzando a doblegarse, no te vas a rendir ahora y darle ventaja a tu rival. -
-¿A mí qué? –
-Eres una ternurita. – menciono al pellizcarle una mejilla. – es bastante obvio, te lo explico sencillo para que lo entiendas, había una vez una lobito que se enamoró de una lobita. –
-¿Qué? –
-Tú solo pon atención al cuento, la lobita no amaba al lobito y al terminar el año lo termino dejando, desconsolado el lobito, decidió salir con alguien nuevo, pongámosle, don cuernos, el venado, vivieron muy felices por mucho tiempo, pero cuando lobito quiso formalizar todo y hacer una enorme boda de ellos en el bosque, cornamenta le había puesto sus cuernos que perdió en el desmogue; Lobito paso mucho tiempo triste, todos los demás animales que lo querían, la ardilla, el búho, la vieja topo, querían verlo de nuevo feliz, así que hicieron que Lobito se fijara en la esponjosa conejita rosada. – hablo tocando levente la nariz de Poppy. – ella era buena y dulce y sin duda sanaría a lobito, pero a él, pues la conejita no le agrava mucho, además, extrañaba mucho al cornudo. –
-¿Qué tiene que ver tu estúpido cuento con lo que te estoy diciendo? –
-Escucha, pon atención, cuando termine podremos hablar de lo tuyo. –
-Bien, sigue con tu tonto cuento. -
-Entonces… Te contaba. -
