ALERTA
Ciertas escenas YuYuu (amistad pero bueh, vamoh a avisar de igual modo) para que esten prevenidas. ;)
Era un nuevo día, había amanecido soleado y brillante, en medio de ello Yuuri despertó de su sueño levantándose en silencio. Miro a su alrededor, su habitación en el castillo del hielo y la cual había sido suya casi toda su vida se sentía tan extraña, más de veinte años fuera de su hogar le hacían sentir fuera de lugar en una habitación tan suave y cómoda, incluso las mullidas almohadas de tela fina le eran irreconocibles. Estaba de regreso al sueño que siempre añoro, al mundo donde pertenecía, pero parecía ahora más una nueva pesadilla de la cual no sabía cómo salir.
Bajo de desayunar aun cuando no tenia sin ánimo ni apetito, vestía unas ropas blancas sencillas que le recordaban que estaba de vuelta, camino un rato por los pasillos recibiendo una que otra reverencia rápida de las personas que le veían. Yuuri intento no prestar atención de ellas dentro de su propia ensoñación, aun cuando Yurio ya era el líder de la facción del hielo, la familia Katsuki tenía permitido vivir en el castillo ya que Mari era la consejera de Yuri. El dios del hielo aun conservaría su título de príncipe al ser elegido prospecto al liderazgo de la facción, no importaba si había escapado al mundo humano o era un dios supremo, su título no podría ser eliminado como muestra de su sabiduría y poder.
Sin embargo, no se sentía aliviado. Aun teniendo ello de su lado, su compromiso con el general Leroy, pese a su conflicto, no había sido disuelto y también estaba las palabras emitidas por su hermana, haciendo que Yuuri estuviera bastante deprimido.
¿Por qué sucedía eso apenas había regresado? ¿Por qué las cosas no podían simplemente regresar a cómo eran antes? Quiso reír desganado cuando una vocecita le dijo con simpleza la realidad de las circunstancias que vivía. El motivo era simple, no podían regresar a ser los de antes porque ya no eran los de antes. En el mes que paso fuera parecieron haber ocurrido demasiadas cosas que aún no sabía y el mismo, habiendo pasado veinte años en el humano, era imposible que fuera el mismo. De ser el mismo no hubiera reaccionado igual, y en ese mismo instante, una furia le arremetía el pecho porque no estaba en desacuerdo con ese cambio, no creía que era malo, pero no entendía porque su ser y su naturaleza deberían ser denegadas, por qué su hermana había reaccionado de esa manera. No tenía respuestas y quería saberlas, quizás así el dolor no fuera así de fuerte, igual que su pena e indignación.
Respiro fuertemente por la nariz, resoplando un poco. Intento calmarse ya que no quería que nadie pudiera ver su aura o siquiera sentir un resquicio de sus dones, no tenía ánimos de ver rostros aterrados como los que había visto en el pasillo esa misma mañana.
Decidió encaminarse hasta los jardines. Quiso estar un rato meditando antes de que no pudiera con su mente. Encontró maravillado el hermoso jardín repleto de flores de invierno, ya que no eran flores que pudieran nacer en ninguna otra facción sino la del hielo, y eran de un hermoso color blanco con dorado. En los caminos laterales del jardín principal observo a los cerezos y sonrió con el alma, desde muy niño esos espacios habían sido sus favoritos para leer, comer y escaparse cuando quería estar solo. En otras ocasiones había observado desde la lejanía la figura gallarda de su hermana practicando el arco mientras le enseñaba algunos trucos a Yurio. Sonrió, y caminando un poco más al interior se encontró con Yurio practicando con la espada, su rostro concentrado cambio a uno de sorpresa con su presencia, pero correspondiendo la ligera sonrisa que Yuuri le había enviado. Tomo la toalla y limpiándose el rostro de sudor, fue hasta él.
—Buenos días Yurio —saludo.
—Buenos días cerdo, creí que no despertarías nunca, pronto será la hora del almuerzo —se mofo, Yuuri hizo un pequeño puchero. Solo con él podía ser así en toda la facción.
—No exageres tanto, aún falta mucho para ello —reclamo en voz suave, pero con una leve sonrisa—. Ni siquiera dormí más de lo usual, solo tardé un poco más en bajar —respondió, Yuri lo miró fijamente.
—Tú cuerpo aún debe estar cansado luego de ese viaje dimensional, deberías descansar un poco más —recomendó, pero Yuuri negó con la cabeza.
—Me encuentro bien —respondió, pero con una mueca de impaciencia, Yuri le apunto con el dedo.
—No me culpes cuando vuelvas a colapsar como hace unos días —le dijo, pero Yuuri le miró con una sonrisa amarga, el dios le miró, callando sus palabras.
—Mi cuerpo ya está bien, solo no termino de acostumbrarme a estar de vuelta, todo se siente tan… irreal —hizo una pequeña pausa, viendo a su alrededor, luego al cielo, observando su intenso color azul—. Siento que no soy yo mismo estando nuevamente aquí, es extraño y no sé como decirlo francamente, algo en mi pecho dice que algo no está bien, pero no sé bien que sea, hay muchas cosas ya pasando por mi mente—expreso, aludiendo directamente a todo lo que había pasado, su compromiso con Leroy y por supuesto, la circunstancia con su hermana. Yuri le dedico una profunda mirada.
En un silencio cómodo para ambos, el dios de largos cabellos rubios lo invito a tomar asiento debajo de uno de los cerezos aun en flor, estos a diferencia de los existentes en la tierra, se mantenían en floración hasta el final de la primavera, solo en esa única época tenían flores, pero había el tiempo suficiente para admirarlas. Yuuri al verlas no supo que pensar, pues sentía un deje amargo en su pecho al recordarlas, comparándolas con las del mundo humano.
—Todo va a solucionarse —le aseguro Yurio con voz decidida, tomando su mano para reconfortarlo y darle fuerzas.
Una pequeña sonrisa se expandió en los labios del príncipe del hielo, recordando que, en el pasado, cuando eran más jóvenes, el dios rubio jamás gusto de mostrarle gestos de cariño o siquiera tocado más de lo necesario, muy a diferencia de su unida infancia. Claro, Yuuri tampoco era muy expresivo, y mantenía el contacto a cierto límite, pero el tiempo había pasado, ya no eran unos niños. Yurio, en un principio más bajo que su compañero, creció hasta superarlo en altura y con sus hermosos cabellos de color oro, desempeñaba ahora el rol de protector y líder de la facción, por méritos propios y de inigualable poder. Ahora también, seguía apoyándole incondicionalmente como amigo, Yuuri sabía que en ese mundo no había nadie en quien confiara más, siquiera ahora podía confiar en su hermana mayor, quien sorpresivamente le había tratado tan fría el día anterior.
—Gracias, Yuri —le agradeció, este le miro y un leve rubor se acumuló en sus mejillas, tosió un poco para aligerar un poco su pecho antes de poder decir algo nuevamente.
— ¿Cómo es el mundo humano? —pregunto, sorprendiendo a Yuuri de repente—. Estuviste veinte años humanos en ese lugar ¿No es así?
—Sí, así es —Respondió viendo sus manos y perdiéndose un poco en el recuerdo—. Es un mundo mucho más amplio que la dimensión de los dioses, había personas de muchos tipos, edades y lugares.
— ¿Viajaste por muchos lugares? ¿Cómo era la gente que conociste durante tu viaje? —preguntó Yurio sin poder contener su curiosidad.
El mundo humano nunca había sido un tabú para los dioses, no obstante, estaba muy clara la advertencia para aquellos que bajaban a conocer ese mundo. Los humanos creados por ellos habían comenzado a contaminarse producto de su cercanía a otros seres más oscuros, su propia codicia había comenzado a ejercer peso para el nacimiento de nuevos pecados que contaminaban el alma de los dioses, por lo que aun cuando no estaba prohibido, no siempre se permitía ir, y cuando se hacía, había consecuencias para el dios, no emitidas por el consejo, no emitidas por el resto de la gente, sino, en su propia alma que se contaminaba.
Por ello, cada vez que algún dios de gran fuerza y voluntad iba hacia el mundo humano, las expectativas de los dioses por conocer aquel mundo eran grandes, pero en el caso de Yuri su particular iba dirigido hacia la experiencia de Yuuri en el mundo humano y todo lo que debió vivir esos veinte años allá.
—El reino donde estuve era uno de los más grandes del continente, al principio de mi viaje me mantuve alejado de las poblaciones humanas, solo conviviendo con la naturaleza —relato—. Después de un tiempo estuve asentado con diversos humanos en varias ocasiones, conviviendo con ellos. Eran personas muy distintas las que conocía. Había personas maravillosas y muy amables, al igual que conocí a los seres más despreciables. Con almas tan oscuras que pueden superar con creces al propio Fujiwara Koki —acotó, y el pulso de Yuri aumento debido a la sorpresa y la impotencia—. Hubo ocasiones en las que sufrí mucho por esas personas, sus acciones no solo atacaban mi cuerpo si no también me afectaban psíquica y espiritualmente, por un tiempo, de verdad odié estar en el mundo humano y lamente mis decisiones de ir allí —declaró, la mirada reflejada en los ojos Yuri, aunque buscaban comprenderlo, solo podían observarlo.
—Yuuri.
—Recuerdo que lloré muchas veces —Dijo el joven, viendo un punto fijo a la deriva—. Las situaciones eran muy difíciles y la soledad fue insoportable. Hubo algunas ocasiones donde estuve a punto de perder el juicio. De verdad, los extrañaba tanto al punto de querer abandonar mi viaje y regresar a casa, pero simplemente mi cuerpo aun no podía, mi mente estaba exhausta y mis poderes en algún punto, descontrolados por mi propia inestabilidad mental. Malgasté mucha energía, y cometí tabús que no deben ser mencionados. Pero —le miró con una suave sonrisa—, si no lo hacía, estoy seguro que ahora me estaría arrepintiendo de ello. Logre dominar los dones que me fueron otorgados sin despreciar mi propia naturaleza, logre aceptarme a mí mismo, conocí gracias a ello gente maravillosa que me brindo tanto apoyo, aprendí muchas cosas y también…
Se detuvo en sus palabras al recordar aquella figura pequeña al borde del lago, aquel primer encuentro en medio de sorpresivas miradas y posteriormente, su última sonrisa bañada en lágrimas amargas luego de aquel suave beso. Yurio no pudo ser capaz de ver la reacción en el rostro de Yuuri debido al recuerdo, pero el rubor que se había quedado en sus mejillas no desapareció tan rápidamente.
— ¿Qué fue lo que aprendiste? —sintiéndose aliviado del cambio de ánimo en el omega, viendo como después este alzo el pecho orgullo de su nuevo conocimiento.
— Para poder sobrevivir tuve que mejorar mi técnica de cocina y costura, fue muy complicado al principio, pero gracias a cierta ayuda, pude realizar esas tareas fácilmente. También durante mi viaje aprendí a hacer medicina a través de plantas, a manejar el arco y la espada —ante esto último, Yurio alzo la mirada interesado, dejando ir un pequeño silbido de asombro con una sonrisa de diversión.
— ¿El arco y la espada? —Repitió —. Si eso es verdad, quisiera verlo ¿No habrás soñado que aprendías eso? —le molestó, pero el dios no se dejó amedrentar.
— Fui capaz de ser el maestro de un chico incluso, no espero más que ser capaz de derrotarte en un duelo —le retó, el alfa sonrió lleno de interés.
Ambos se levantaron del suelo y yendo hacia donde estaban sus cosas, Yurio le lanzo una espada a Yuuri mientras él tomaba la propia, el desafió estaba quemándole las venas de emoción.
—Siempre quise luchar contra ti, esa mirada furiosa que tenías en ocasiones era digna de enfrentar —comentó, Yuuri le sonrió en devolución—. ¡Muéstrame lo que tengas! —lo invito, el omega acepto la invitación.
Yuuri amarro los bordes de sus ropajes para aliviar sus movimientos, cuando estuvo listo, ambos tomaron posición. Yuri evaluó la pose de su contrincante, viéndose maravillado por la fuerte y segura postura que tomaba, la forma de tomar la espada era muy diferente de la suya y eso le llamaba, pero más lo encendía la mirada del omega, destilando llamas en sus ojos. Sonrió con diversión, entendiendo que debía tener cuidado con lo que jugaba.
—Yuuri, no pienso contenerme de ningún modo —le advirtió, el dios asintió satisfecho de la declaración—. Por lo cual, no importa el poder que tengas, quiero ver que es lo que puedes hacer.
Hubo un nuevo silencio entre ambos mientras se miraban con determinación, al momento de caer el siguiente pétalo un fuerte sonido de espadas resonó en el espacio mientras ambos medían la fuerza de su contrincante en ese ataque. Se separaron midiendo la distancia y volvió atacar nuevamente, Yuri observo la magnitud de golpe y la fuerza de su postura, el brillo en los ojos del dios del hielo y aquella mirada experta que, a pasos delicados, esperaba para dar un golpe certero. Sin embargo, solo lo incito a dar con mayor fuerza y hacerlo retroceder en un instante, el estilo de ataque era definitivamente distinto al igual que la forma en como manejaban y sostenían la espada, pero aun así se encontraban en una bella danza donde las protagonistas eran las espadas, y sus pies los artífices de aquellos movimientos. Luego de unos cuantos golpes más, Yuuri afianzo los golpes mientras Yurio cedía ante dicha fuerza. Sin embargo, no estaba dispuesto a perder tan fácilmente. Lo tomo del brazo rompiendo su defensa por un instante y creyó que así lo había contenido, lo que espero es que, aprovechándose también de ese movimiento, Yuuri le tumbo con su pierna derecha y al hacerlo caer al suelo, coloco su espada en el borde del cuello dando por finalizado el encuentro, siendo una victoria irrefutable para el omega.
Yuri estaba con la mirada sorprendida y sin poder creerlo, su respiración estaba agitada y su rostro sudado, pero no notaba eso en su compañero. Este se hubo alejado su espada con lentitud mientras le estiraba su mano con una sonrisa en su rostro dispuesto a ayudarle a levantarse.
El alfa de verdad estaba impactada por el cambio de su expresión, y allí noto, sin ningún tipo de pesar que Yuuri finalmente daba a conocer el poder que siempre había conocido.
Bueno, siguiendo el camino del mundo de los dioses, observamos como Yuuri le es complicado adatarse y asimilar que esta de vuelta en su mundo, su hogar. Pasaron 20 largos años antes de siquiera regresar y ahora que lo ha hecho es imposible que no se sienta extraño, regresar a lo que era antes es imposible. Aunque solo ha pasado un mes en el mundo de los dioses, muchas cosas han cambiado, él mismo en su travesía por el mundo humano, reconoce que ha cambiado. Las cosas no pueden retroceder y es un sentimiento agridulce que Yuuri ha de aceptar.
Por otro lado, Yuuri no es el unico que se da cuenta de eso. Yurio tambien lo hace a su manera, consultando, preocupado y evaluando todo a su manera al punto de reconocer que aquel potencial oculto que siempre noto en su amigo esta ahora reflejado ante él.
Este es un capitulo más de transición pero de cierto importante dada la interacción que han llevado estos dos al momento y como Yuuri evalua su regreso a ese mundo, más alla de todos los problemas que han pasado pero que de cierto modo, aun no han terminado, faltan muchas cosas por develar en los proximos capitulos y pronto sabremos todo detras de las acciones de Mari, y como un tercero estuvo muy involucrado en ello.
Espero que el capitulo les haya gustado y nos leemos muy pronto en El Principe del Hielo
