Muriendo por amor
— No se supone que deberíamos seguir haciendo esto.
— Lo sé.
Tome su rostro entre mis manos y deposite un beso en su frente. Ella cerro los ojos al contacto y dejo escapar un suspiro.
— ¿Por qué regresaste? — pregunte acercándola más a mi cuerpo.
— Realmente no lo sé, aunque… tal vez es por la guerra.
— Princesa — me aleje de ella para verla a los ojos —. Después de que salga el sol tu y yo seremos enemigos. Lo nuestro es imposible, sabes que esto va más allá de nosotros.
Con ambas manos tomo mi rostro mirándome directamente a los ojos.
— Por ahora la Luna es la que esta iluminándonos, no importa lo que ocurra mañana, tu y yo siempre tendremos este momento.
Nos acercamos y nos comenzamos a besar tiernamente.
Sabía que después de separarnos esta vez no volvería a verla, nuestros pueblos atacarían hasta que uno de los dos cayera, sin sobrevivientes.
…
— Es hora — dije mientras a lo lejos podía ver como los primeros rayos de sol se asomaban.
Sin decir nada más me puse de pie para después ayudarla a levantarse. Ella no soltó mi mano.
— Te prometo que nuestro amor sobrevivirá, nos volveremos a ver, volveré a vivir hasta que vuelva a encontrarte.
— Siempre te buscare, eres mi destino y eso ni mil guerras lo van a impedir.
Podía ver como sus ojos se llenaban de lágrimas, sentía como mi corazón sufría por lo que sabía que se avecinaba. Nos esperaban días de peleas, olor a muerte, sufrimiento por todos lados. ¿Por qué debía ser así? Yo solo quería estar para toda la vida con la princesa frente a mí.
En un arrebato la princesa me tomo del cuello para poder unir sus labios con los míos, esta vez sus besos sabían a sal, estaba llorando. Mi mente comenzó a crear escenarios donde ella sufría, donde lloraba la muerte de la gente que ella amaba, gente que yo mismo mataría. Tan ensimismado estaba con la sensación de sus labios y mis pensamientos que no fue hasta que sentí un pinchado en mi costado que reaccioné.
Di un paso atrás y observé donde había sentido la molesta. Sangre. Me llevé la mano hacia la herida y lo supe.
— No lo puedo permitir — la escuche decir. La mire confundido antes de caer de rodillas —. Te amo tanto que no podría vivir con la idea de que estarás fuera peleando, es por ello que ambos moriremos juntos.
Rápidamente se arrodillo y tomo mi rostro entre sus manos, deposito un beso desesperado y antes de poder decir algo ella tomo la daga con la que me había herido y se la clavó en el vientre.
— ¿Q-qué haces?
Rápidamente ella cayo frente a mí, todo a mi alrededor se tornó borroso y caí. Solo pude sentir como un calor se extendía en mi cuerpo y una voz lejana susurraba mi nombre.
Encontré esto escrito en algún documento y realmente no sé cuál era el propósito de dicho escrito así que, al igual que otras historias decido publicarlo para que no muera.
¡Feliz año!
