Verdades
.
-Así fue como todos confabularon para que la conejita rosada y el lobo lobito terminaran juntos, aunque nadie pensó que él no fuera capaz de dejar de sentir amor por el cornudo, y crearon un nuevo problema, ahora el lobo estaba enamorado de dos, el pobre no sabe a quién escoger, pero claro todos en el bosque están a favor de la bella conejita, tú la apoyas también, ¿cierto? –
Poppy resoplo enfadada por la pérdida de tiempo que fue escuchar aquella fabula.
-No, ¿Por qué lo haría? –
-Porque ella es buena para lobito. –
-Eso no lo saben, tal vez sea peor que él venado, además, lo manipularon para que se enamorara de ella, ¿A eso se le puede llamar amor? –
-A él le agrada, podría ser algo lindo si le da la oportunidad, o ¿Qué le aconsejarías al lobo? –
-Para empezar, que deje de escuchar a todos los animales del bosque, solo lo confunden más, en segundo, que se distanciara tanto del venado como de la coneja, se calmara para poder saber qué es lo que realmente siente por ambos. –
-No se escucha como algo divertido, además, todos quieren que termine con la coneja, todo el bosque. –
-¡Pues todos en el bosque pueden irse a la mierda!, no es justo lo que han hecho, manipular al lobo, hacerle creer que se ha enamorado para alejarlo del venado, y la coneja, ¿un clavo saca a otro clavo? la están utilizando sin conocer sus sentimientos. –
-Con la coneja no se metió mano, ella está verdaderamente enamorada del lobo. –
-¿Y que si lo está? Tal vez se prestó al juego y le está sacando ventaja. –
-Sabes, yo también creo eso. – comento tras terminarse su bebida.
-Ahora, ya escuché tú tonta historia, hablemos de lo que te dije, tenías que habérselo dicho. –
-¿Se van a quedar ahí parados como idiotas toda la tarde? – interrumpió Ramón, sacando la cabeza entre la cortina de la puerta corrediza. – Ya va a estar la merienda y Poppy no debe saltarse ninguna de sus seis comidas. –
-Cálmate lobo lobito, tu conejita rosada y yo solo estábamos charlando, háblanos cuando esté lista la comida y entraremos. –
-No soy su mesero y no me pongas sobrenombres, entren ya. – comento al meter la cabeza.
Nube miro la expresión atónita de Poppy, parecía que al fin había captado toda la situación.
-Todos ustedes… - dijo casi sin poder creerlo. – Todo este tiempo… ¿Cómo pudieron? – le pregunto verdaderamente lastimada.
-Vamos, no lo hicimos para mal, no me veas como si fuera un villano, conocemos a Ramón y sabemos lo que quiere, solo… lo estamos dirigiendo hacia la opción correcta. –
-¿La opción correcta? ¿Estás loco? ¿Qué tal si nunca es feliz conmigo? ¿Y acaso tú crees que podría yo ser feliz con un amor inventado? Él no me ama realmente. –
-En eso te equivocas, él está perdidamente enamorado de ti. –
-¡Tanto como lo está de Antony! –
-Es por eso que tienes que aprovechar tú ventaja, ya casi lo atrapas, es más, con sus cinco minutos en el paraíso y su futuro bebé, niña, podrías pedirle matrimonio y Ramón sin dudar te dirá que sí. – dijo sacudiéndola de los hombros. – Solo sigue como lo has hecho hasta ahora y… ahora que lo pienso, puedes ir metiendo el tema del matrimonio, eso sin dudar le hará tener taquicardia, no sabes cuánto tiempo él ha soñado con casarse. –
-¡No voy a hacer eso! ¡No me aprovechare de saber esto! Ramón tiene derecho a decidir, a no sentirse confundido. –
-Vamos, cuantas veces mi hermano a tratado de mantener distancia de ti ¿acaso lo sabes? Y tú no lo dejaste solo ni un solo momento, lo seguías, le hablabas, te le insinuabas… -
-Porque no sabía que estuviera… -
-Y cuando supiste que seguía enamorado de su ex, aun así, seguiste. –
-Porque creí que luego de mostrarle el perfil de Antony, sus sentimientos hacia él habían cambiado. –
-Sería tonto que te rindas ahora y lo dejes "decidir solo", por favor, si haces eso, te aseguro que lo perderás, ¿eso es lo que quieres? ¿Tan poco amas a mi hermano como para no pelear por él? – Poppy hizo una meca y sostuvo su pecho con ambas manos, en verdad amaba a Ramón demasiado como para dejar que alguien más se lo quitara. – Eso mismo creí yo, sigue mi plan y no habrá pierde, comienza a hablar de matrimonio y mi hermano olvidará de golpe al idiota del cornudo, ah, no le mencione lo de Antony para darte ventaja, no tienes que agradecerme, lo hice con gusto. – le comento para entrar a la casa.
Poppy se quedó unos minutos más en el balcón, tratando de meditar sobre el tema, que sería lo correcto, pero a su vez, que le convenía a ella y su bebé, también pensaba en sus deseos, pero sus pensamientos se vieron interrumpidos por los gritos de Ramón a comer. Tomo sus alimentos en silencio, para después retirarse a su habitación.
Ramón por su parte se puso a hacer el que hacer, barrio, lavo ropa, y luego de que la secadora terminara una ronda, subió a las habitaciones para repartirla, por lo que no pudo evitar escuchar los sollozos de Poppy, que hecha bolita en la cama, abrazaba a su peluche como si eso fuera a solucionar cualquier problema.
-¿Te sientes mal? – pregunto preocupado, pensando en la salud de su bebé.
-No, es solo… un cambio de humor, solo, me dieron ganas de llorar. –
-¿Estas segura? – la cuestiono aún más preocupado. - ¿Es el estómago? Porque puedo darte un té y si te sientes agripada, tengo la receta de una sopa que te hará sentir mucho mejor en… -
-¡No me duele nada físico! – le grito algo malhumorada. – solo déjame sola. –
-Esta… bien. – Ramón le dejo un par de prendas de ropa y cuando estaba a punto de irse, no se pudo olvidar lo de "el bebé flotando en un líquido lleno de estrés". – Oye, mira, mi bebé… quiero decir, nuestro bebé necesita que tú te sientas bien y si tú no estás bien ella no está bien, y si ella no está bien yo no estaré en paz, así que sea cual sea la estupidez que te haya hecho llorar, solo cuéntame y tratare de arreglarla. – Le ofreció una mano en espera de su respuesta, Poppy sin más, luego de limpiarse un poco el rostro con el ante brazo, le correspondió, él tomo asiento en su cama y le pregunto. – Bien, entonces ¿Qué te hizo llorar? –
-Nube… - dijo en un susurro.
-¿Qué? –
-Es que… él no te dijo algo importante y yo no te lo dije porque espere que él te lo contara, pero… además me dijo que, si te lo decía, les diría a todos de mi embarazo, por eso no te lo conté, pero de verdad esperaba que… no lo sé, es tú hermano, te dijera la verdad, a estas alturas, pensé que lo sabias. –
-Espera, ¿Saber qué? –
-Antony… -
-¿Qué pasa con el idiota de mi ex? –
-Te ama y lo hizo todo bien, él termino con ese chico y luego te busco, no como creímos que fue, que seguían viéndose, y los regalos, los chocolates, el champagne, los bombones, dulces, todo, todo lo que llegaba a la mesa de los ensayos, eran regalos de él para ti, tu hermano aprovecho su puesto de cupido para quitarle las notas del remitente. –
-Poppy, ya te lo había dicho en el auto, ¿Y que si mando mil regalos más? Jamás se presentó a verme, no me busco. –
-Si lo hizo… - confeso con bastante dolor, sabiendo que aquello podría alejarlo para siempre.
-¿Qué? – pregunto impactado.
-Él entrego personalmente cada regalo y te busco, todos los días… pero tú hermano… - Unas gordas lagrimas corrieron por su rostro.
Ramón estaba callado, muy sorprendido por lo que escuchaba, con una mezcla de sentimientos que lo tenían aún más confundido, entre molesto y esperanzado, su mente ya estaba trabajando en como regresar con Antony, mientras que otra le recordaba el compromiso con la chica que tenía enfrente, otra parte más le enlistaba las posibles posibilidades y beneficios, hasta que Poppy lo interrumpió.
-Yo entiendo, no le veo ningún problema, tú ya amabas a alguien y esa persona te corresponde, podrías, no lo sé, volver con él y nuestra hija tendría dos lindos padres a los que amar y yo… estaría sola, creo, no lo sé… tal vez con el tiempo. – Poppy sollozo nuevamente.
"¿Me está dejando decidir?" Aquello le pareció fascinante a Ramón, ¿Cuánto debías de amar a alguien para contarle una verdad que le desfavorecía? Para después darle la libertad de decidir, aunque fuera algo que a ella no le gustaría que hiciera, en aquel acto de sinceridad, sin ninguna intención, Poppy había hecho que la balanza de su corazón estuviera aún más a su favor.
-Yo no… - trato de explicar Ramón, intentando no derretirse por su ternura. – Yo no sé qué quiero. – al final confeso.
Poppy levanto la mirada y se topó con una bella sonrisa por parte de Ramón, vio en ella un sincero amor y comprendió lo difícil que debía de ser para él tomar decisiones en ese momento.
-Lo entiendo, puedes tomarte todo el tiempo que quieras para… ya sabes. – se abrazó a sí misma y volvió a recostarse en la cama.
-Gracias por decírmelo. – le dijo antes de salir de su habitación.
Siguiendo con sus actividades, Ramón no podía de parar de tararear canciones, por extraño que pareciera, Antony ya no estaba en su mente, se había vaciado de sus pensamientos, Poppy le había dado con aquella confesión una paz interior de la cual tenía meses sin disfrutar, su cabeza ya no tenía un huracán de ideales rotos y su corazón al fin estaba calmado.
-¿Te ves de muy buen humor? ¿Al fin dejaste que tú conejita rosada te diera un par de saltos encima? – escucho a su hermano decir a sus espaldas.
-No, de hecho, hizo algo que nunca pensé que iba a hacer, darme espacio. –
-Eso es muy aburrido, mi estilo es mejor, debería hacer lo que le digo. –
-Cierto, eso me recuerda algo. –
Nube cayó al suelo tras recibir un puñetazo en la cara por parte de Ramón, dejándole el ojo morado y sacándole un poco de sangre de la nariz.
-Si la haces llorar de nuevo, te juro que… -
-Y dices que no la quieres… - dijo riendo. – Yo no dije nada para hacerla llorar, es más, le dije que estaba de su lado. –
-Claro, amenazándola con revelar su secreto si me decía lo de Antony. – comento enojado dispuesto a darle otro golpe apenas se parará.
-No, diciéndole la verdad de todo, como te enamoraste de dos personas y el apoyo que ha tenido de nuestro lado desde siempre. –
-¡¿Qué hiciste que?! –
-Por favor, eres muy obvio… todos nos dimos cuenta de lo que te pasa. –
-¡Pero ella no! – dijo desesperado.
-Por eso era importante que lo supiera, no sería justo competir sin saberlo con "don perfecto", así ella podrá usar sus mejores armas para ganar el premio. –
-¡¿Eres idiota?! ¡No soy un maldito premio! ¡No hay una competencia! ¿Pero qué te pasa por la cabeza? –
-¿A mí? ¿Qué te pasa por la cabeza a ti? La chica es preciosa, te ama, tú la amas, ¿Cuál es tu problema? Te dará lo que más deseas, una hija que de seguro será tan bella como ella, solo escógela, él idiota de tu ex no podría darte ni un cuarto de las cosas que ella te dará. –
-No se trata de eso, no se trata de que puedan darme, es… es que… es muy complicado. –
-No, tú lo complicas, que es otra cosa. –
-Sabes que, no voy a discutir esto contigo, solo, necesito vaciar mi cabeza y dejar de pensar en esto. – el enjambre de pensamientos voraces había regresado, causándole una jaqueca terrible.
-Como quieras, solo ten en cuenta que TODOS contamos con que tomes la opción correcta, y creo que sabes a quien nos referimos con "la correcta", no me decepciones a mí, o a papá, o al director, o al presidente, o a la señora O´Hare… -
Nube se fue con una sonrisa, sabía perfectamente que el mayor miedo de Ramón era decepcionar a las personas que lo apoyaban y cuidaban, ahora no solo tenía de nuevo esos pensamientos lacerantes, sino que un pesado miedo le oprimía el pecho, temía equivocarse, no llenar las expectativas de los otros, si escogía a Antony por amor, su padre estaría molesto, la señora O 'Hare desilusionada, él sería feliz, lo amaba y por lo que decía en aquel video, deseaba casarse, eso lo deseaba más que nada, Poppy ya le había dicho que estaba bien si lo hacía, Dios, tendría a un esposo maravilloso y una bella hija, todo según lo planeado; pero, si escogía a Poppy, le llenaría el gusto a todos, estaría con la madre biológica de su futura hija, ahorrándole un sinfín de papeleos y abogados, que aun siendo un acuerdo mutuo no se libraría de pagar, pero ella no deseaba casarse, vivir en unión libre no era un opción para él, solo pedía un acto de amor tan pequeño, una maldita firma en un papel, ¿Qué le costaba a ella dársela? ¿Una hoja de papel le parecía acaso un grillete? También estaba el molesto hecho de que la amaba tanto como a su ex, aunque quizás, y eso le molestaba bastante, la amaba un poco más que a él.
Ramón apenas pudo dormir aquella noche, las pesadillas de candentes tríos habían regresado para dejarlo en extrema excitación, esperaba que los cinco minutos que le daba a Poppy no lo llevaran a ningún punto de quiebre, espero en la mañana a que le pidiera la primera sesión, pero la chica se limitó a desayunar para luego regresar en silencio a su habitación, algo confundido, fue a ofrecerlos, más lo único que obtuvo como respuesta fue un "tal vez al rato". A la hora de la comida se repitió el cuento, la joven parecía haber perdido el apetito sexual de la nada, "Tal vez sigue triste" pensó, nadie tendría ganas de tirarse a una persona sintiéndose mal, pero al notar cierta conducta de ella, "esa maldita zorra esta tan excitada como yo", Poppy daba brinquitos sobre una almohada, la veía hacerlo por la rendija de la puerta, "Maldita seas…maldita seas…" se repetía, muy molesto, porque una parte de su mente sentía celos por esa almohada, "Ese tendría que ser yo, no ese pedazo de tela relleno de…Contrólate, tienes que controlarte" se decía a sí mismo. Pero el tema no salía de su mente, fue a su baño a lavarse la cara para calmarse, tuvo un pensamiento fugas al tomar la toalla para secarse, un pequeño castigo que le libraría de pasar una nueva vergüenza en las clases prenatales de esa tarde.
Entro de golpe a la recamara de Poppy y cerró la puerta tras de sí, la chica estaba roja de la vergüenza, estaba pasando un rato muy íntimo con aquella almohada hasta que él interrumpió.
-¡Ramón! ¿Qué haces aquí? Aun no es hora de irnos. – trato de disimular el hecho. – yo… estaba haciendo algunos ejercicios que aprendimos, pero… -
-Ay sí, claro, ejercicios, déjame ayudarte con eso. –
La tiró boca arriba sobre la cama, le puso la toalla bajo los glúteos y abrió sus piernas, permaneció hincado, mientras parecía pensar algo.
-¿Qué… que estás haciendo? – pregunto, pero como respuesta obtuvo dos dedos penetrando su ansiosa vagina. – Ah… Ramón, no, no deberías… ¡Ramón! –
Eso se estaba sintiendo muy bien, Poppy cerró los ojos, aferro sus manos a las sabanas mientras Ramón hacia maravillas con sus dedos, dos dentro, que pronto se volvieron tres y un cuarto, el pulgar, dándole un placer infinito con un masaje sobre su clítoris, ¿Podía pedir más? Sus piernas daban curiosos saltitos entre los suspiros que se le escapaban, su cadera bailaba al ritmo que el joven marcaba. Ramón por su parte sabía lo que quería, la haría correrse en tiempo record, deseaba ver como se volvía loca por él, saber que esa desesperación de pertenecerle no solo venia de su parte. Su celular sonó, estaba tan cerca, no la dejaría escapar ahora, contesto, sosteniendo el teléfono entre su hombro y su oreja, usando su mano libre para presionar el vientre de Poppy y gozarla al ver el resultado.
-Buenas tardes, ¿Señor Lacombe? – pregunto una voz femenina.
-¿Qué estás haciendo? – le pregunto a Poppy al ver que tomaba la almohada entre sus brazos y se aferraba a ella con fuerza.
-¿Disculpe? – pregunto aquella mujer en la línea.
-Usted no, mi… mi esposa. – se apresuró a decir.
-Te gusta… a ti te gusta que no hagan ruido cuando… - Poppy trato de decir sin que se le saliera un gemido, enterrando su rostro en la almohada.
-¡Idiota! – realmente deseaba escucharla gemir, nunca había tratado de complacerlo y escogió el peor momento para hacerlo.
-¿Perdón? – la señorita del otro lado pregunto muy ofendida.
-No usted, se lo digo a mi… olvídelo, lo siento, ¿Quién habla? –
-Soy la recepcionista de "futuros padres", lamento decirle que la instructora no podrá dar la clase él día de hoy, recorrimos la lección para mañana, ¿tiene algún problema con el horario? –
Ramón lo pensó mientras veía llegar el orgasmo de Poppy, con una corrida increíble, sabía que le haría falta la toalla para no mojar la cama, saco un dedo, mientras que los otros dos hacían movimientos circulares al salir, consiguiendo recolectar aquel lubricante natural.
-¿Señor? ¿Sigue ahí? –
-Claro, respecto a eso… - decía muy entretenido, alejando sus dedos de aquella cálida caverna, tratando de que esa viscosidad blanquecina se estirara lo más posible.
-¿Señor? –
-Si. – Clamo mientras se metía el par de dedos en la boca. – Claro, mañana será, ¿A la misma hora? – pregunto tras chuparse los dedos.
-Sí, perfecto, los esperamos mañana, que tengan buena tarde. –
Tras colgar Ramón miro de nuevo sus dedos, planeaba seguir jugando con esa viscosidad, pero ya no estaba ¿A dónde se había ido? Le llevo un par de segundos darse cuenta de lo que había hecho. "¿Me chupe los dedos?" Mala costumbre de los que suelen cocinar, de un brinco se paró, salió corriendo de la habitación.
-¿Ramón? – pregunto Poppy al notar lo rápido de su huida.
.
.
.
