Acostado en el suelo, Yuri seguía viendo al omega sorprendido por su derrota, y aun cuando su orgullo dolió un poco al principio, no estaba molesto ni mucho menos debía estar sorprendido. El cuerpo de Yuuri siempre había demostrado una increíble resistencia, pero también estaba seguro que esos resultados fueron producto de toda aquella extrema dedicación y entrenamiento que debió sufrir en su estancia en la tierra. Aquel no era ya el joven frágil y de reticente mirada, Katsuki Yuuri había cambiado para demostrar finalmente la verdadera persona que era en todos los aspectos.

Con una extraña euforia subiendo por su pecho, Plisetsky estaba por decir algo cuando un alto llamado fue hecho ambos, sus nombres salieron expedidos por una voz muy conocida que, al voltear a su izquierda, la encontraron personalizada en Katsuki Mari. La alfa tenía una mirada de ira e indignación muy clara, se acercaba a paso veloz hasta encontrarse directamente frente a ellos, en cuanto lo hizo, no tardó en dirigirse hacia el otro alfa.

— ¿Qué crees que estás haciendo aquí, Yuri? —Pregunto la consejera, captando la atención del joven quien se sorprendió de escuchar su nombre de los labios de ella, cuando siempre había sido su apodo—. Tienes tareas importantes que hacer mientras el general Leroy se encuentra en la facción del cielo. No pierdas el tiempo —ordeno.

Sin decir nada, este solo asintió dirigiéndose hasta sus cosas para ir a cambiarse. Jamás en la vida había escuchado la contundente voz de Mari dirigida hacia él, y como alfa de mayor jerarquía, era inevitable que cumpliera con su mandato por el simple respeto que le tenía. Por otro lado, la mujer paso su severa mirada hacia su hermano, este encogió un poco al verla con expresión severa.

—Por favor disculpa a Yurio, yo fui quien le distrajo sus obligaciones. Estábamos practicando con la espada —alegó, buscando calmar la ira escrita en los ojos de la alfa. La mirada atrapo la espada que este llevaba en sus manos.

— ¿Desde cuándo sabes eso? Tú bien conoces que está estrictamente prohibido para los omegas practicar o utilizar con armas, especialmente para ti, Yuuri —asevero, el joven la miro sin entender.

—Entiendo que haya roto la norma establecida, pero no entiendo porque eso deba ser malo, la practica con Yurio no hizo ningún daño —alegó.

— ¿Entonces si hubiera algún daño estarías satisfecho? —Pregunto mordaz. Yuuri la miró mudo, sin entender el motivo de la pregunta. Mari noto ello, y un suspiro frustrado fue emitido de sus labios—. Tú eres un dios supremo, poseyente un nivel de poder ilimitado y una gran fuerza bruta ¿Te imaginas siquiera lo desastroso que hubiese sido que practicando hubieses herido de gravedad a Yuri, el líder de la facción?

—Pero yo no estoy herido de ninguna forma, Mari —intervino el dios de cabellos rubios, sin querer retirarse a pesar de la mirada otorgada por la alfa—. Solo era un entrenamiento de rutina, no veo el motivo de gravedad para que sea tan duro con su hermano —increpo.

Pero con ello, Mari solo exploto.

— ¡Son ustedes los que no entienden la gravedad del asunto! —vocifero, perdiendo la compostura. Ambos jóvenes sorprendidos por su reacción, la vieron estupefactos. Pero sin dejar tregua, la alfa prosiguió—. Aunque te encuentres libre en este momento, algunos integrantes el consejo de los once no están conformes con la decisión, por ello no dejaran de observarte, manteniéndote vigilado y a la espera cada movimiento que des para darles la excusa que ellos necesitan para finalmente encerrarte, no puedes actuar sin pensar o tomar tu libertad a la ligera. Si por casualidad hubieras herido a Yuri, nuestro líder actual de la facción, estarías nuevamente condenado a la nada —hizo una pausa, buscando contener su ira, siendo apenas aplacada por la mirada de Yurio—. No quiero ver que practiquen nuevamente con la espada ¡Jamás! Y no quiero que Yuuri toque un arma nuevamente, lo tienes completamente prohibido. No escuchare ni aceptare reclamos ¡Esto es una orden!

Y sin poder contestar o replicar ante ello, Mari acompaño a Yuri fuera de los jardines mientras Yuuri permanecía solo medio de aquel hermoso pero solitario lugar. El apretar de sus ropas denoto la frustración que, en ese instante, en su alma su grabo. Queriendo llorar, salió disparado hacia su habitación sin escuchar a las personas que le llamaron o intentaron preguntar los motivos detrás de su ofuscada reacción, aun cuando su madre llamo a la puerta, el dios del hielo no quiso atender por temor a involucrarla en su propia molestia, en su frustración.

Nunca antes, en el pasado, había mostrado interés por algo que no fuera "ordenado" por parte de su familia, del consejo o directamente de la facción del hielo al encontrarse dentro del circulo dominante de la facción. Siempre acepto todo a pesar de que no estuvo de acuerdo con ciertas decisiones, incluso permitió el compromiso con Leroy para aliviar la tensión de su familia al llegar a cierta edad y no tener ningún pretendiente, pero estaba harto de eso. No podía continuar así luego de haber soportado tantas cosas para regresar a su hogar, no quería seguir aguantando la mirada gélida de su hermana le había expresado toda su disconformidad esa misma mañana, coartándolo, limitándolo. No quería regresar nuevamente a la persona que era antes.

La tarde paso hasta llegar la noche, su estómago pedía comida, pero Yuuri no daba tregua en su molestia, fue hasta el toque de una de las damas del castillo que con su atención. Oportunamente, ese mismo llamado es de parte de su hermana quien le insta a verla en su despacho personal, con algo de desconfianza, Yuuri acepta reunirse con ella, viendo la oportunidad de recibir respuestas. Con paso lento, pero sin detenerse recorre nuevamente los pasillos del castillo, cuando esta frente al cuarto donde debía esperarla su hermana, observa como los guardias se encuentran a la defensiva y no le permiten ingresar antes de hacer saber que se encuentra en el lugar y Mari permite el paso, nunca antes aquello había sucedido, generándole un mal sabor de boca y mucha molestia acumulada.

Las cosas no eran igual en ese lugar, aunque solo habían transcurrido treinta días.

Ingresa con paso solemne y ve a Mari de pie a escasos metros del ventanal, esta no le dirige la palabra, y el dios no parece de ánimos para denotar su presencia a través de su voz, es finalmente cuando la mujer le encara que un mal presentimiento le recorre.

— ¿Por qué me has mandado a llamar? —cuestiono sin rodeos, la faz de Mari muestra un leve asombro que disimula con rapidez, sin demora, le entrega en sus manos una caja de hielo. Yuuri logra reconocerla de inmediato.

— ¿Qué significa esto? —cuestiono, tragando la indignación y observando cada movimiento de la alfa, ella regresa a su lugar, viéndole cada reacción con expresión neutra.

—Lo que bien puedes observar, es la joya de compromiso que te envía el general Leroy —explico—. He conversado con el jefe de la familia Leroy y llegamos a un acuerdo, se ha concretado la fecha de la boda en menos de cinco días, con ello nuevamente le otorgaras tranquilidad a tú familia, nuestra familia.

Yuuri se ha quedado sin habla, observa la joya como si fuera la peor plaga existente sobre la dimensión y una increíble ira le consume por completo. No entiende, no entiende porque debe casarse con un ser tan desagradable como Jean Jackques Leroy, una persona tan déspota y ególatra que solo le utilizara como trofeo o como gestor de nuevos hijos, nunca seria observado por quien era, solo era una entrega por intercambio para reestablecer la integridad social de su familia, no era por su felicidad, no era para nada más que eso, y le dio asco.

Con gran furia lanzo la joya contra el piso, rompiéndola en mil pedazos contra la mirada estupefacta de Mari Katsuki, esta no reaccionó inmediatamente hasta que su cerebro logro precisar toda la información, dejándola en una intensa cólera.

—¿Qué crees que has hecho? —increpo alzando su mano para abofetearle por la ofensa. No obstante, Yuuri le detuvo la mano antes de siquiera tocarlo.

—Se perfectamente lo que he hecho, no pienso por ningún motivo casarme con Jean Jackques Leroy. Mucho menos seguir las ordenes que has construido a tu conveniencia —condeno, apretando la mano de la alfa.

—No me faltes el respeto de esa forma, soy tú hermana mayor —regaño dispuesta a alzarle la mano nuevamente, pero Yuuri no se lo permitió, su mirada destellaba un incendio que tomaba su pecho.

—Sé que lo eres, siempre te respete por la misma admiración que tengo por ti, por tus acciones, tu gentiliza y justicia, cosa que no veo en ti en este momento ¿Qué es lo que ha sido de esa hermana que conocí y deje atrás hace un mes? No puedo reconocerla en este momento —declaró, y algo en la mirada de Mari se quebró para después soltarse con fuerza del agarre del omega. Nuevamente sus ojos esbozaron esa frustración contenida que para Yuuri era usual desde hace un par de días sin poder entender.

—Tienes prohibido tocar las armas y te casaras con Jean Jackques Leroy para reestablecer el honor de la familia, es una orden y no será retirada pase lo que pase —concluyo, y un brillo mordaz

—No si yo puedo evitarlo.

Sin escuchar los gritos emitidos por su hermana, el dios abandono la habitación con una decisión clara. No iba a casarse con Jean Jackques Leroy, por sobre todas las circunstancias Yuuri no iba a permitirlo, fuera lo que fuera que tuviera que hacer no iba a permitir que aquel compromiso prosperara. Estaba preparado para las consecuencias, y no temería de ellas, había cosas más importantes que ello.

Con relación al capitulo, luego de aquel encuentro amistoso entre nuestros dos Yuris, nos encontramos e golpe con la explosión de Emociones de Mari, que perdiendo su compostura cerceno cualquier tipo de actividad que para el Yuuri que había estado veinte años en la tierra, eran cosas normales. Nuestro dios entiende de cierto modo sus alegos pero creo que todos entendemos que existe algo detras de ello que hace que nuestra bella Mari actue de esa forma, pero simplemente todo se complica con el compromiso. En esta parte no quiero ahondar mucho ya que siento que les hare spoiler antes de tiempo XD pero ¿que pensaron de esa parte? Yo ame al Yuuri babdass pero me dolio que se trataran de ese modo los hermanos :(

Un saludo muy grande desde Venezuela, y nos leemos la proxima semana en El Principe del hielo.