Amigas II (Florencia)
Jenn se bajó del avión solo deseando llegar al aparcamiento para encontrarse con Lana. Con la excusa del coche alquilado podían verse desde los primeros minutos en que estuviera en Florencia. No iba a quejarse. La seguridad la retuvo unos minutos porque a esa hora del día había algo más de gente de lo normal, pero la paso inmediato pudo. No traía más que una maleta pequeña así que, acostumbrada al protocolo, fue preparándose para dejarlo todo en la cinta y salir de allí. Los guardas la saludaron con la tosquedad propia de los funcionarios públicos y ella agradeció esa normalidad. Cruzó la puerta hacia el ascensor y cuando entró pulsó la 'P' hacia el aparcamiento. De camino, mientras los números se reducían en el visor, pensaba cómo la encontraría. No tenía ni idea de cómo sería el coche. Y lo cierto es que al salir del ascensor tampoco pudo prestarle atención al coche porque había una morena demasiado hermosa apoyada contra el mismo. Jenn no pudo evitar su sonrisa florecer al verla allí con sus enormes gafas oscuras y una sonrisa similar.
-¡Ey! – dijo inmediatamente y vio como Lana daba la vuelta al coche apretando un botón que abrió el portaequipaje.
-¡Ey! ¿Ponemos la maleta detrás? – lo preguntó, pero no lo estaba preguntando, lo estaba haciendo, así que Jenn se dejó llevar.
Caminaron por lados opuestos hasta el final del vehículo y entre las dos subieron la maleta dentro. Sus manos se rozaron cuando la maleta tocó el interior del portaequipajes y ambas se quedaron quietas mirándose. Los dos centímetros que hacían a Jenn un pelín más alta jugaron a su favor y se inclinó lentamente hasta rozar la boca de Lana que la recibió con un suspiro. Le dio un beso y luego otro. La soltó para cerrar el portaequipajes, pero le sostuvo la mano de inmediato asegurándose que se apoyará contra al coche para continuar con el beso de bienvenida.
Jenn sostuvo sus labios sobre los de Lana y gimió al oírla jadear contra su boca. Para el resto del mundo eran sólo la postal de un beso entre una pareja de mujeres, para ellas eran el comienzo explícito de todo lo que estaba por venir después. Se besaron durante sendos segundos soltándose y retomando el contacto, explorándose dulcemente.
-Y así es como he recordado a Italia estos últimos días – comentó Jennifer cuando se separaron haciendo que Lana se riera y tirará de su camiseta para continuar con el beso.
Las manos de Jenn se anclaron en las caderas de Lana y la morena rodeó su cintura. Disfrutaban de la fricción de sus labios y de la incursión fugaz de sus lenguas rozándose. Lana sonrió cuando el beso fue ralentizándose poco a poco.
-Vamos a casa, Jenn.
-A dónde tú quieras, preciosa – contestó la rubia y subió al coche por el lado del acompañante. Apoyar la mano sobre la que Lana cuando la mantenía en la palanca de cambios fue tan natural como sonreír sin cesar.
Finalmente, Jenn fue consciente de una cosa y la expresó en voz alta – es azul eléctrico – dijo.
-¿Qué cosa? – preguntó Lana mientras tomaba una de las salidas más cercanas en la carretera.
-El coche – contestó – es azul.
-Claro, ¿no lo habías notado? – preguntó la morena.
-Resulta que una hermosa morena me distrajo lo suficiente para no notarlo – explicó Jenn.
Lana sonrió de medio lado y meneó la cabeza – eres tan encantadora.
-Y tú me dejas sin aliento cuando sonríes – replicó Jennifer haciendo que la sonrisa no le cupiera en la cara a la morena.
-Debo conducir y tú no me ayudas, me distraes demasiado – le dijo Lana respirando profundamente.
-Entonces ya sabes cómo me siento – al ver los ojos entrecerrados de Lana levantó las manos – vale, vale, me guardo todos los cumplidos que me salen cuando te veo para un momento en que no estemos en la carretera.
Lana condujo un poco más de media hora hasta las cercanías del Río Arno y detuvo el coche frente a un edificio bastante amplio. Invitó a Jenn a seguirla y tomó el ascensor hasta el cuarto piso. Entraron en la puerta contigua al mismo y Jenn se dio cuenta de inmediato que no era un hotel.
-¿Es un piso?
-Sí – dijo Lana – tengo una amiga que conoce al dueño de estos edificios, me explicó lo ideal de la zona y, no voy a mentirte, las vistas me enamoraron – descorrió una cortina enorme y allí estaban las vistas de la ciudad, con el río como centro de la imagen.
-Wow – Jenn observó el verde de aquel río hermoso que le alcanzaba las pupilas y el marco de aquellos puentes junto a la ribera. El sol brillaba apenas por la hora, pero era un aliciente perfecto – es preciosa – susurró.
-Lo es – Lana la observaba a ella y Jenn suspiró al darse cuenta de que no hablaba de la vista.
-Y luego soy yo la que es encantadora – Jennifer se mordió el labio y sonrió – ven aquí.
-Estoy aquí – pinchó Lana sin moverse.
Jenn entornó los ojos – aquí – indicó señalando el sitio delante de ella.
Lana caminó los tres pasos que la separaban de Jennifer - ¿aquí? – Jenn asintió y se inclinó a darle un pequeño beso en la boca, luego la giró sosteniéndola por la cintura y apoyándose en su hombro.
-¿Y ahora qué piensas? – preguntó refiriéndose a la vista desde el enorme ventanal.
-Que es mejor de lo que recordaba – la morena se recostó en la casi imperceptible caricia que Jenn le ofrecía con su mejilla – me parece increíble que estemos así – confesó.
-¿Quieres que hablemos sobre esto? – le preguntó la rubia.
-No, quiero que nos aprovechemos de este enorme sofá familiar que venía en el paquete – respondió Lana señalando el mueble en forma de 'L' que conformaba la pieza principal de la distribución de la sala.
Jenn arqueó una ceja – ¿es esta una propuesta indecente?
Lana se rio – no, pero me dijiste que no me soltarías por 4 horas y yo no estoy viendo nada de eso.
-Imperdonable – exageró la rubia tirando de ella para sentarse ambas.
Jenn le acarició el rostro a consciencia antes de inclinarse y besar sus labios soltando un suspiro que lo llenó todo. Luego quedaron ellas y el roce de sus bocas, ellas chocando a una velocidad mayor o más sosegada, dependiendo de las ganas y del sentimiento que las inundaba en el momento. Lana no tenía claro cuando había sido la última vez que besaba por tantos minutos, sin preocuparse de nada más. Besar y dejarse besar era la principal de sus preocupaciones. Explorar, sentir como la piel de Jenn se despertaba si rozaba su labio inferior tímidamente con la lengua, ver sus ojos cerrados cuando distraídamente los besos pasaban de ser terreno de la boca a asunto de las mejillas. Notar como buscaba el contacto cuando el territorio que invadía era su mandíbula o su cuello.
Y cómo todo su ser convulsionaba si Jenn buscaba venganza a tanta invasión con su propia boca, convirtiéndola en su asunto esta vez.
Se recostó contra su cuerpo y vieron caer la noche sin separase, acariciándose y besándose dulcemente. Mirarse se había convertido en una afición excepcional. Observar los gestos de la otra, observar cómo no podían evitar tocarse. Los minutos en que se habían rozado las yemas de los dedos le habían provocado un millón de aleteos en el estómago a Lana. Así era como nacía una pareja, con un torbellino de emociones que se confundía y que dejaban a las personas que vivían el proceso de simbiosis en un estado de absoluta consternación sin que ello fuera algo malo. Algo incómodo.
Lana suspiró notando como era hora de cenar y se incorporó para preguntarle a Jenn si quería cenar en el piso o fuera, pero se encontró de frente con un beso que le causó un pequeño gimoteo involuntario. Al parecer, a Jennifer tener su boca demasiado cerca le despertaba los sentidos.
-No es que me parezca mal lo que estamos haciendo – Lana soltó un pequeño jadeo ante esos labios tan insistentes -, pero es hora de cenar y me preguntaba si quieres salir o quedarte aquí.
-Aquí – contestó sin pensárselo mucho la rubia apretándola contra ella y besando sus labios con intensidad, para luego moverse dejando una hilera de besos pequeños en la mandíbula de Lana – me gusta nuestro refugio.
Lana sonrió dejándose hacer - ¿te apetece una ensalada, algo de pan y un jamón muy sabroso que he comprado en el mercado?
-Me apetece lo que quieras – Jenn continuó besándola y luego suspiró antes de ponerse de pie y ofrecerle la mano a Lana – ven que te ayudo con eso.
-Puedes descorchar el vino que hay en la nevera – dijo la morena y se puso a lavar las verduras de la ensalada que tenía ya preparadas para alguna cena o comida.
En poco habían cenado y aprovecharon la noche clara para quedarse en el balcón del piso, sentadas en un sillón de dos cuerpos que había allí fuera. Mucho más rustico, pero igual de cómodo cuando lo que se necesita es cercanía. El vino les había aflojado un poco la lengua y reían recordando momentos de la serie.
-Los mosquitos eran lo peor – decía Jenn bebiendo un poco de su copa – los odié.
-Y ellos a ti – comentó Lana – menudo zarpazos te dabas para quitártelos.
-No iba a dejar que me picarán – respondió la rubia – soy una chica mala – luego miraron las luces de la ciudad - ¿aquí no hay?
-No – Lana negó con la cabeza afirmando sus palabras – aún no hace suficiente calor.
-Mejor, así puedo concentrarme sólo en ti, preciosa mía – Lana sonrió encantada antes las palabras de la rubia y se inclinó a besarla.
-Eres de lo que no hay, ¿ya me consideras de tu propiedad? – preguntó.
-Bueno, extraoficialmente puede que sí, pero te prometo no decírselo a la prensa – respondió la rubia.
Se quedaron viendo las estrellas un segundo en silencio, tomadas de la mano.
-¿Has hecho esto antes? – preguntó entonces la morena.
-¿Qué de todo esto? – quiso saber Jenn.
-Estar – Lana hizo una pausa reflexiva – no sé si estar es correcto, pero es lo mejor que me sale ahora, estar con una mujer quiero decir – aclaró inmediatamente.
-¿Me preguntas si me había interesado por una mujer antes? – Lana asintió así que Jenn respondió a la primera pregunta con una historia personal – cuando estudiaba artes conocí a una chica – contó acariciando la mano de Lana con el pulgar – era una preciosa morena ahora que lo pienso, nada que ver con tu belleza, pero era guapa o a mí me lo parecía - sonrió de medio lado – supongo que tengo un patrón.
-¿Con las morenas?
-Sí – Jenn continuó entonces hablando – el caso es que ella y yo nos volvimos muy cercanas, pasábamos tanto tiempo juntas que empecé a confundirme y la besé cuando volvíamos de una fiesta – explicó – y no me rechazó así que comenzamos una suerte de relación clandestina que duró unos meses, ella quería más y yo empezaba a pensar seriamente en esta carrera así que no era una opción.
-¿Terminaron bien?
Jennifer resopló – supongo que no terminamos mal, el caso es que nunca he conocido a ninguna mujer que me hiciera pensar en querer llevar mi clara bisexualidad al plano público – reveló – ninguna de las mujeres con la que he estado me ha hecho sentir esos deseos.
-Así que hay más además de la morena guapa de tus clases de arte – señaló Lana.
-Hay más o hubo más, mejor dicho – Jennifer asintió con neutralidad – algunas duraron meses, otras sólo días, otras solo una noche – hizo una pausa – nunca les mentí y a todas les dije lo que había, que seríamos buenas amigas, pero que no pasaría de ahí.
-¿Por tu carrera? ¿Tienes temor de que crucifiquen por ser bisexual? – quiso saber la morena.
Jennifer asintió y luego carraspeó – sé que estamos en un mundo que ha cambiado, donde ser valiente es lo que se juega más y mejor, pero cada día que miro alrededor veo como la hipocresía sigue siendo un elemento en ese trasfondo que es más importante de lo que se quiere hacer creer – tomó la mano de Lana y la besó - aunque digan que no les importa, sí que importa luego.
-Así que es como si te reservas tus amigas para tu intimidad y tus novios para la prensa – Jenn hizo una mueca de desencanto, pero asintió – es como llevar una doble vida.
-Es llevarla, aunque nunca he engañado a mis parejas - reveló - si estaba con ellos, estaba sólo con ellos y con ellas igual - luego hizo una mueca extraña - también es cierto que nunca me interesó darles otro estatus que el de amigas frente a mi entorno – explicó la rubia – al menos hasta ahora.
Eso consiguió la total atención de Lana - ¿hasta ahora?
-Sí, tengo ganas de cambiar las cosas y sólo es por ti – le hizo una caricia a la morena en el rostro mientras hablaba – me gustaría que si esto que nos pasa prospera, que creo que lo hará, al menos esa es mi intención – ambas tenían los ojos hundidos en los de la otra sin pestañear – llegará el día en que estés preparada para visitar el hogar de los Morrison como lo que serás y no como mi amiga, y yo quiero llevarte de la mano muy orgullosa.
La morena pestañeó activamente - ¿hablas en serio?
-Estoy yendo muy rápido, ¿verdad? – Jennifer hizo un gesto de vergüenza – quizás no es un buen momento...
Lana la calló con un beso acelerado y profundo. Se asombró así misma con la ferocidad que la embargaba cuando las lenguas de ambas se acariciaron lánguidamente y solo les quedó gemir de manera intensa. Mantuvieron sus bocas unidas hasta que el aire se les quedó corto y se tuvieron que separar.
-No puedo ofrecerte salir públicamente, no estoy preparada para eso – reveló la rubia y notó como Lana posaba un dedo en sus labios.
-No lo busco tampoco, de hecho me impresiona que quieras darme más que a las demás chicas – expuso sonriéndole – entiendo lo que te pasa con todo esto de nuestras carreras porque yo vivo siempre más libremente las cosas, pero aun así me cuesta, casi no puedo hacer o decir nada sin que a alguien le parezca mal.
-Lo sé, es un peso extra – estuvo de acuerdo Jenn.
-Sí y si no quieres que nadie lo sepa, al menos del público, creo que podré manejarlo – reveló la morena con tranquilidad – sólo no te alejes de mí, ¿sí? El mundo hablará de nosotras y mucho porque ya lo hacen, pero tú recuerda que digan lo que digan lo que vale es lo que vivimos.
Jenn asintió y la estrechó contra ella – eres tan preciosa, no concibo pensar en no tenerte en mi vida.
-Pues tenme en tu vida, Jenn – le pidió la morena – no me dejes ir.
Se besaron una y otra vez para matar las amenazas de un mundo que cambiaba, pero que aún no lograba sacudirse del todo las viejas estructuras y que, a peor, las montaba sobre las nuevas tecnologías como una excusa de liberación en la que la libertad realmente no existía. En la que todos eran juez, testigo y víctima. Pero ellas estaban en Italia, bajo la luna de Florencia, sin redes que las apabullarán a pesar de las miles de notificaciones que yacían bajo la superficie de sus teléfonos, sin tener que preocuparse por la prensa o los rumores. Apenas, por mantener la cercanía entre las dos.
Jenn aprovechó una pausa de los besos que estaban desesperadas por darse - ¿y tú? ¿Has tenido alguna experiencia?
-Lo mío es más bien bicuriosidad que bisexualidad – confesó Lana – cuando era más joven experimenté con una amiga, pero bueno sólo fue eso – acarició su nariz con la de Jenn – al menos hasta ahora.
-Ajá – Jenn utilizó esa muletilla para mostrar interés.
-Ahora me considero bastante más lesbiana que bisexual – desveló riéndose – tú me haces sentir bien interesada en las mujeres.
-¿En las mujeres? – preguntó la rubia entrecerrando los ojos con sospechas.
-Las mujeres, tú – explicó Lana – da lo mismo.
-Oh, claro que no da lo mismo – Jenn la estrechó contra ella – que mujeres ni mujeres, tú te quedas conmigo.
-Que pretensiosa, Señorita Morrison – dijo Lana divertida – ni siquiera me lo ha pedido.
-¿Debo arrodillarme y eso?
-Mínimo.
-Que pretensiosa, Señorita Parrilla – contestó Jenn remendando a Lana -, pero ¿sabes? Me lo guardo para otro momento porque quiero que exista algo de efecto sorpresa en el acto.
-Me parece bien – concordó la morena y se recostó en el sillón junto a su preciosa compañera.
Se fueron a dormir cuando ya era bastante tarde y a la misma cama. No pensaron en pasar del abrazo porque aún dejaban a las cosas macerar lentamente. Despertarse en este nuevo universo dónde ellas podían dejarse llevar por las ganas fue como despertarse en el mejor momento de la tierra. Las dos remolonearon perezosas hasta que levantarse fue una obligación. Lana quería que fueran a una clase de cocina con su amiga Rafaella y Jenn no pudo más que decir que sí. Había tanta alegría en la forma en que hablaba de ello que negarse le parecía un delito. Además, la comida siempre era algo bueno. Tomaron una café en una cafetería en la ribera del río Arno y compartieron un bagel con queso crema.
Tomaron la carretera hacia el sur para llegar hasta casa de Rafaella y Jenn se alegró de haber venido porque la mujer era un encanto en verdad. Les enseño a cocinar albóndigas de carne para la boloñesa perfecta. A Lana cocinar se le daba muy bien así que Jennifer estuvo más tiempo admirándola que aprendiendo. Lana le mostró con una sonrisa su primera albóndiga perfecta y Jenn no pudo evitar hacerle una foto en la que la morena salía sacando la lengua mientras mostraba su creación.
-Luego te la paso para que la subas al Instagram – le dijo Jennifer.
-¿No quieres quedártela?
-La tendré y, de todas maneras, te tengo a ti para mí – la rubia le sacó la lengua – en vivo y en directo.
Lana sonrió – eso es cierto.
Rafaella les enseñó los detalles así que prepararon juntas una boloñesa como la que solía hacer con su abuela más la pasta casera más sencilla de la zona de Florencia y la Toscana, los pappardelle. Pero no los cocieron sino que los guardaron para la cena de la noche ya que la anfitriona quería hacerles ella misma la comida del mediodía. Hizo crostini como entrante y bistec a la Fiorentina como principal. Todo estaba sabroso y marcharon de la casa de la cocinera con una sonrisa en los labios. Lana le avisó que no vendría a la clase de la mañana siguiente y Jenn aprovechó para sacarse algunas fotos con ella, además de sacarle a Lana con Rafaella.
Marcharon de regreso, pero en lugar de ir a casa se quedaron en la zona opuesta de la ribera del Arno. Pasearon por el Ponte Vecchio y el Ponte de la Santísima Trinidad, y terminaron el recorrido admirando el Museo de Galileo y las obras de la Galería degli Uffizi. Cuando el sol estaba ya cayendo caminaron hasta la Piazza de la Signora y el Palazzo Vecchio que sobresalía entre los edificios a algunas calles. Pérdidas entre los turistas y una ciudad llena de arte, ellas no sobresalían para nada así que aprovecharon para caminar tomadas de las manos y disfrutar de ese entorno tan cultural, tan diverso por el influjo de los migrantes y los turistas. Escucharon a una banda callejera en la plaza y despidieron el día con otra sonrisa.
Lana volvió al coche y propuso como última actividad del día rodear la ribera hasta el último puente y volver por el otro lado a su piso, algo que Jenn aceptó de inmediato. Llegaron a casa al cabo de media hora aunque debían admitir que lo único que hicieron fue hablar divertidas, en lugar de mirar la ribera. Jenn se marchó a la ducha, mientras Lana hacía la cena. Intercambiaron posiciones, Lana a la ducha y Jenn a organizar la mesa. Como la noche volvía a estar clara, decidió que mejor en el exterior y se las arregló para colocar una mesa plegable en el balcón y los sillones en posición para cenar. Pilló la botella de vino y la dejó en el botellero sobre la mesa. Platos, cubiertos, servilletas y el pan. Se sentó a esperar que Lana acabara aprovechando para mirar las pocas estrellas que brillaban, a pesar de la luz de la ciudad.
-Voy empezar a pensar que tienes algo con los balcones – la voz sedosa de Lana invadió su espacio y le causó múltiples escalofríos.
Jenn se giró y la observó a un palmo de la puerta. Sonrió al verla un pelín despeinada, tan al natural que su belleza era mucho más impresionante. La llamó con el dedo. Lana caminó los pasos que la separaban de Jenn y sabiendo qué era lo que quería, se inclinó para besar sus labios moderadamente.
-Debemos cenar antes que se enfríe, pero de postre me pido un millón de besos de tus labios perfectos – dijo la morena y Jenn asintió.
-Cuenta con ello.
Cenaron a la luz de la luna y de unas velas que Lana trajo desde la habitación. Brindaron bebiendo vino tinto y comiendo la pasta que tenían reservada desde la clase de cocina. Todo estaba excelente, eso pensaba Jennifer, pero lo más magnífico de todo era esa mirada oscura y perfecta de la mujer que amaba. Eso hoy lo tenía más claro que nunca. La amaba muchísimo y hubiera dado lo que sea por vivir cada día con ella. Como el de hoy o como cualquier día de rutina. Volver cansada a casa para encontrarse esa sonrisa a veces dulce, a veces pícara, muchas veces sensual, que Lana derrochaba a su alrededor.
Conversaron sobre el día siguiente y Lana le anunció que harían un pequeño viaje fuera de la ciudad. Sería una excursión corta porque lamentablemente Jenn debía tomar su vuelo a Londres a las 18, para llegar a su vuelo hacia Los Ángeles. Ya había despachado las maletas con un servicio extraordinario de la empresa así que sólo debía llegar al aeropuerto y abordar. El tiempo era justo, pero ella había querido alargar lo más posible su estadía con Lana.
Se encaminaron al interior cuando la noche comenzó a sentirse más fría y Jenn sostuvo a Lana por la espalda, sentándose en el sofá y arrastrándola con ella.
-Te debo el postre – dijo antes de rozar sus labios castamente y separarse. Tiró de Lana hasta colocarla sobre ella, a horcajadas y acarició su espalda bajando las manos hasta las caderas. Lamió sus labios inconscientemente viendo como la morena no podía separar sus ojos de ellos - ¿quieres más?
Lana bufó – sí – dijo pasando su pulgar por los labios de Jenn – tengo sed de probarlos.
Jenn la atrajo de un tirón vehemente hacia ella y colapsó sus labios sintiéndose encantada al notar como al cuerpo entero de la morena tembló bajo su influjo. Se sintió repentinamente poderosa por poder conseguir esa reacción y, al mismo tiempo, completamente intimidada por el estremecimiento que nació en su columna vertebral cuando Lana movió sus labios como respuesta. Entreabrió sus labios producto de una necesidad urgente que nació en su estómago y Lana aceptó la invitación colando su lengua que rozó la suya, provocando que ambas gimieran. Jennifer la apretó contra ella con los dedos mezclándose en su cabello y Lana profundizó su exploración como efecto inmediato. La sensación de esa lengua invasiva e inescrupulosa enredándose con la suya, buscando dominarla y sentirla, era tan asfixiante que la temperatura de Jennifer creció varios grados en segundos. Estaba contando los segundos para entrar en combustión. Puede que ella hubiera besado más mujeres en el pasado, pero esta mujer en particular le ponía las ganas a mil demasiado de prisa. Tendrían razón quienes dicen que el amor lo cambia todo.
El beso se detuvo unos segundos sólo para poder mirarse a los ojos con la agitación latiéndoles en el cuerpo. Jenn acarició el rostro de la morena.
-Que hermosa eres – susurró – yo siempre te vi hermosa, pero nunca tanto como ahora.
-Es lo que haces en mí – reveló Lana apenas sonriendo – tú sí que eres hermosa, siempre lo has sido, pero te prefiero así de cerca, así de mía.
Jenn la acercó a su rostro y no dudó en besarla nuevamente. Besarse parecía una droga, una acción adictiva que las sumía en una agradable sensación de placer del que no podían escapar tan fácilmente. Que tampoco querían dejar de sentir y a cada roce de labios, repetirlo era insuficiente y lo notaban en la forma en la que sus cuerpos se pegaban involuntariamente, en la forma en la que la humedad del beso se volvía menos silenciosa y más palpable haciendo que el placer llegará a nuevos puntos. Sus labios bailaron y sus manos cambiaron de rumbo al sentir el roce tibio de la lengua de Lana. La tomó intensamente de las nalgas, apretándolas y acercándola más a ella.
Lana gimió con desespero y encendió un apetito nuevo, atroz, que llevó a Jennifer a cambiar el objetivo de su boca, vagando por la mandíbula inferior y el cuello de la morena. Notó cómo levantaba la cabeza y la dejaba besar su piel. Sentía tanto calor que pensó que estallaría. Fueron los temblores en el cuerpo de Lana y sus manos estrujando su camiseta las señales que la devolvieron a la realidad. Estaban yendo demasiado rápido, ni siquiera habían hablado de todo y podía notar cierto nerviosismo en Lana. No quería que se asustará así que cesó lo que hacía, aflojó el abrazo y apoyó su frente con la de la morena.
La vio tragar saliva y suspirar – Dios... eso ha sido – su voz habitualmente segura sonaba casi como si estuviera a punto de perderse – intenso.
-Siento haber sido tan apasionada – le dijo Jennifer.
-No, no quiero que te disculpes por eso – Lana le besó la nariz consiguiendo que Jenn hiciera una mueca – me ha gustado mucho, pero también me gusta el ritmo que llevamos, más sosegado, me gusta pensar que nos lo tomamos como algo más que lo de siempre.
-Lo sé – Jennifer sonrió y siguió acariciando el rostro de la otra mujer – estoy loca por ti, Lana.
-Quiero seguir besándote un poco más – pidió la morena y Jenn sonrió.
-Soy la mujer que necesitas – contestó Jenn y Lana la besó dulcemente, pero entonces la rubia se separó rápidamente – si te pillan esas ganas de besar, búscame, siempre estaré dispuesta.
-Dudo mucho que me pillen esas ganas si no estás tú – reveló Lana -, pero lo tendré en cuenta.
-Más te vale.
Siguieron besándose hasta que ir a dormir fue una necesidad demasiado importante. Necesitaban dormir para poder levantarse y salir de excursión al día siguiente. Lana se quedó dormida ni bien tocó la almohada arropada en los brazos de Jenn. A la rubia le fue un poco más difícil, no podía apartar su mirada de esa mujer preciosa que tenía una expresión muy tranquila estando con ella.
-Eres tan hermosa – susurró suavemente – tan preciosa, tengo mucha suerte de que me dejes tenerte así – meneó la cabeza – y te lo digo cuando no puedes oírme, que tontería – acarició la mejilla de Lana y esta se movió un segundo, pero luego volvió a respirar reposadamente. Jenn se mordió el labio – mañana voy a pedírtelo, te lo prometo, mañana ya no me lo voy a callar.
People! Cuanta miel, no? ;) Se vienen los capítulos finales de entre los cortitos, muy melosos a su manera... Cuenten cosas!
