Yuuri sabía que debía hacer cualquier cosa para evitar el compromiso con el general Jean Jackques Leroy, Pero analizando detenidamente su situación, tal como estaban las cosas y dada la anterior conversación con la alfa, sería muy complejo convencerla de anular el compromiso, y siquiera hablar con ella sería demasiado ingenuo. Después de todo, en esos últimos días había visto una faceta de su hermana que jamás había conocido, dejando al dios sinceramente se encontraba sorprendido y bastante afligido, había una furia, un desprecio y un gran miedo destilando de los ojos de Katsuki Mari en relación a su propio hermano, elementos que Yuuri no estaba seguro donde habían nacido y no quería pensar que estuvieran directamente relacionados a su verdadera naturaleza. Él era consciente de los pecados cometidos durante su estancia en la tierra, sus manos estaban cubiertas de sangre y aun sostenía sobre su espalda el peso de aquellas malditas almas que arrebato en medio de su locura. No obstante, también reconocía que eso que había vivido había sido por demás desesperado y que su mente no había encontrado otra opción en su propia desesperación. Siempre cargaría con ese peso, jamás se iría de sus manos, pero estaba dispuesto desde aquel momento a redimirse día a día hasta salvar a su alma por completo de la oscuridad, estaba seguro y determinado a no sucumbir nuevamente.
Pero en ese instante, había algo mucho más importante que resolver y estaba directamente relacionado a su compromiso con el general de la armada de la facción del hielo. Entendía los motivos emitidos por su hermana para comprometerlo con este, aunque no los aceptara, entendía que había puesto a su familia en una situación difícil con sus elecciones, pero no iba a aceptar jamás que fuera relegado a alguien que toda su vida le trataría como un fenómeno. Por mucho tiempo Yuuri se odio a sí mismo y odio aquellos horribles dones que le fueron concedidos, en más de una ocasión rogo que fuera una pesadilla, que regresara a ser un dios "normal"; para nuevamente regresar y unirse a los suyos, aunque estuviera negando algo tan vital como su propia alma. Pero luego de tantos años aislado y con mucho apoyo de terceros comprendió que estaba bien ser lo que era, que el destino debía tener algo preparado para haberle otorgado aquellos dones que formaban parte de su propia naturaleza, eran su propia alma, y Yuuri ya estaba harto de renegar de ella.
Habiéndolo analizado, el dios del hielo considero que, aunque era arriesgado, lo mejor era confrontar directamente al general y obligarle a que rompiera el compromiso, estaba seguro que no sería sencillo y que debía ser cuidadoso, dado que la última vez que le había enfrentado le había dejado inconsciente en el salón del consejo. Pero esa su única salida y debía aprovecharla como fuera, después de todo, tanto él como el general no congeniaban por lo menos.
Con cuidado, Yuuri salió de su habitación para dirigirse a las puertas del castillo. Si Mari había sido lo suficientemente astuta, el dios estaba seguro que su salida hacia el pueblo estaría incluso negada, por lo cual debía evitar ser visto para poder finalmente salir de allí. El nerviosismo fue en algunos momentos la debilidad del omega mientras caminaba por los pasillos del imponente castillo, pero cuando logro llegar a la puerta, la tranquilidad colmo su pecho viendo que no había guardias de ningún tipo resguardando la salida.
Cuando observo el camino que le llevaba desde el castillo al pueblo, tuvo un sentimiento de nostalgia cabalgando en su pecho. Aunque debía afrontar su cotidianidad nuevamente, aspectos tan minúsculos como ese eran gigantes luego de tantos años fuera de la dimensión de los dioses. Camino a paso rápido por la arboleda de cerezos, la entrada del pueblo comenzaba con el mercado y como el dios pudo imaginar esa mañana, este se encontraba lleno de gente, personas, familias caminando por el lugar y si algo Yuuri debía de aceptar, es que se sentía aliviado de no observar las auras de todas aquellas personas. Muy a diferencias de los seres humanos, los dioses podían ocultar sus auras voluntariamente, para de ese modo, contener sus verdaderas emociones y eso en cierto modo, era reconfortante para Yuuri, habiendo pasado tantos años abrumado por las emociones y sentimientos humanos.
Con paso firme ingreso al mercado del pueblo, notando que el lugar seguía igual como de costumbre, los puestos de fruta brillaban y se veían completamente apetecibles, incluso Yuuri se vio tentado a comprar sus adoradas manzanas doradas y las jugosas uvas a una señora del pueblo que tenía un pequeño viñero. Sin embargo, apenas se adentró entre los demás dioses, el omega noto como muchos de ellos comenzaban a alejarse, las madres escondían a sus hijos detrás de ellas y los dioses susurraban cosas entre ellos mientras le veían pasar, incluso cuando se hubo decidido por comprar algunos frutos para desayunar, se encontró con la faz temerosa de aquella dulce señora que desde niño siempre le hubo atendido. Sin poder evitarlo, su mano se aproximó a su pecho sintiendo como este palpitaba en sentimiento doloroso, apenas podía asimilar las miradas sin quiera reaccionar hasta que comprendió la verdad absoluta de la realidad que afrontaba: aquellas personas le tenían miedo.
En ese mismo lugar se encontraban todas las personas que le habían observado cuando por primera vez se había convertido en dios supremo, aquellos vieron sus facciones transformadas y los símbolos que cubrieron su cuerpo, además de ello, se encontraron cara a cara con la personificación del mal que era una especie de némesis en relación a su persona. Aun cuando sabía que estaban a salvo y que luego de tantos años había finalmente controlado el equilibrio esencial entre su mente y su cuerpo en relación a sus dones, la mirada temerosa de la gente le hacía saber que quizás eso no parecía ser suficiente. Con cada nuevo paso que daba, las personas le huían y cuando le hablaban denotaban su temor sin restricciones. Aun cuando debió estar consciente de que eso pasaría al regresar, su mente pareció haberlo obviado por demasiado tiempo, quizás habría sido lo mejor pero no hacía que doliera menos.
Cuando finalmente termino de atravesar la mitad del pueblo, aun con el corazón sangrante, buscó determinado la presencia del general de la armada, aquel dios era demasiado orgulloso y su aura siempre se encontraba a la vista por lo cual Yuuri estaba seguro de poder encontrarle pronto, y fue solo unos pocos minutos después que le hallo. Se sorprendió de sentir su aura muy cercana a uno de los parques de la facción, pues no imaginaba al general un espectador mudo de las bellezas naturales que tenían para ofrecer los bosques de hielo eterno. Sin divagar más en ello, el dios ingreso al lugar acercándose con cuidado, lo menos que deseaba era que se percatara de su presencia antes de encararlo, pero cuando finalmente lo encontró, se quedó quieto al ver lo que este estaba haciendo.
Detenido a unos cuantos metros del lago congelado, el general Leroy se encontraba sentado en uno de los asientos que le entrega una vista privilegiada de otra persona que visitaba el parque. Su mirada perdida ante la figura de aquella joven de tez pálida e intensos labios rojos dieron la idea a Yuuri de revisar rápidamente el aura del general del hielo, como buen egocentrista que era, este la emitía fácilmente, dejándola a la vista y fue así que Yuuri lo noto. Esos matices rozados y blancos, aun dentro de todo ese ser marrón, en medio de su corazón y alma había un punto claro que parecía querer aclarar todo lo demás, brillando fuertemente en medio del pecho del general que seguía silencioso, oculto de la joven a la que veía embelesado. Estaba enamorado, y por, sobre todo, Yuuri podía sentir aquella fuerza que solo las almas destinadas emitían por la otra. No pudo evitar caer de espaldas ante esa revelación tan impactante, llamando inevitablemente la atención del dios que le miró en principio con pánico de verse descubierto, para después verle con certero desprecio y molestia.
— ¿Qué es lo que lo trae aquí, Katsuki? —pregunto el general sin rodeos, Yuuri salió de su asombro endureciendo sus facciones. Se levantó del suelo en silencio para encarar al otro dios del hielo.
—He venido aquí a hablar con usted sobre el compromiso que planea unirlos —informo, Jean siquiera mostro alguna reacción.
—Entonces no hay nada de qué hablar, estoy seguro que su señora hermana debió haberle dicho todo lo relacionado a la ceremonia a celebrar—comentó dispuesto a retirarse, sin embargo, Yuuri no se lo permitió.
—Quiero romper el compromiso —declaro, pasaron tan solo unos segundos cuando el general lanzó una burla.
— ¿Anular el compromiso? ¿Es en serio? —se rio en su cara, el omega le observo con completa molestia—. Creo que aún no comprendes tu lugar en esta vida, ex príncipe Yuuri.
—Entiendo las circunstancias y los motivos, además que es de conocimiento público su desprecio hacia mí y debo declarar que viceversa, estoy seguro que usted comprenderá —destaco, pero Jean negó lentamente con el rostro.
—No, no pareces comprender. Si lograras entenderlo por si fuera un poco, no estarías aquí pidiéndome semejante estupidez—emitió justo antes de tomarle por el cuello de la ropa y alzarlo unos centímetros en el suelo—. Escúchame, maldito fenómeno. Tú hermana le rogo a mi padre el no romper con el compromiso porque la situación que te envuelve es compleja y muy distante de la realidad que afrontaste durante tu estancia en la tierra, la presencia del mal constituye una amenaza constante con tú retorno y vio indiscutible tu unión conmigo para generar paz a la población. ¡¿No has logrado entender que tu simple existencia es una amenaza?! ¡¿Aún no entiendes eso?!
Sin embargo, Yuuri no se inmuto, en su lugar, dijo algo que ocasiono mayor reacción que las palabras del alfa.
—Pero tú estás enamorado de otra persona.
Jean Jackques Leroy soltó un sorpresivo jadeo, por un breve seguro su mirada paso hacia la diosa de labios escarlata y luego se devolvió hacia el omega con gran furia.
—¡Tú no sabes absolutamente nada de mí, oíste maldito fenómeno! Yo estoy haciendo lo correcto aquí, lo que el deber y mis principios me dicen que debo hacer, yo no soy como tú que hace un berrinche por lo que mejor le parece, yo entiendo perfectamente bien cuál es el lugar al que pertenezco y las responsabilidades que tengo. No soy una persona que abandona todo y a su familia cuando se siente completamente acorralado.
— ¿Entonces está bien para mi casarte con alguien a quien desprecias mientras observas en silenció a la persona que verdaderamente amas? —le cuestiono en cólera, pero el gestó melancólico que el general expreso fue suficiente para calmar la ira que se había formado en su corazón.
—Di y haz lo que quieras Katsuki, pero por mi honor y el de mi familia, no romperé el compromiso que se ha hecho. Me casare contigo dentro de cinco días y le diré adiós para siempre a mi amada Isabella —se separó del omega y arreglo sus ropas antes de dirigirle una última mirada a la diosa de tez blanca que pintaba el bosque apaciblemente, sin notar la tormenta que se desarrolló a escasos metros de distancia—. Al menos ya tendrás la conciencia de que ambos seremos infelices dentro de este matrimonio.
En el capitulo de hoy pudimos ver dos cosas que son importantes para la prosecución de la historia, una por supuesto tiene relación a la reacción de los habitantes del pueblo hacia Yuuri, como todo desconocido y de inmenso poder, con un precedente destructivo llamado Fujiwara Koki, genero que bueno, la población este muy reacia con nuestro lindo dios del hielo, pero quizas, esto sea solo algo que de pie alg futuro.
Por otro lado, tenemos el enfrentamiento de Yuuri con JJ. ¿Alguien se espero encontrarlo enamorado? Aunque este de villano secundario en esta etapa, yo amo con mi alma a JJ pero como lo necesito para la trama XD es increible que considere más su honor y deber familiar que su propia felicidad, lo que no se puede evidenciar que tan bueno o malo sea, espero leer sus opiniones al respecto a esto, ya que no termina aquí.
Espero que les haya gustado y que nos podamos leer muy pronto, un gran saludo desde Venezuela, besitos.
