Solo para descartar

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Ramón estaba hincado enfrente de su inodoro, esperando el horrible desenlace, estaba bastante asqueado, pensaba, sin poderlo evitar, en aquella vez que Antony lo obligo a hacer algo que no quería, ese sabor umami llenando su boca, el vómito mezclado con ácido estomacal; lo sentía venir, como en aquella ocasión, estaba consciente de lo hipócrita que era, le gustaba una buena mamada, pero él jamás regresaba una por el asco, su boca no era para eso, siempre lo pensó.

Sintió su estómago revolverse, la presión subir por su esófago, pero un súbito pensamiento le detuvo el malestar; lo hermosa que se veía Poppy estando completamente satisfecha, ahí, tumbada en la cama, abrazada a esa almohada.

-Esa maldita almohada tendría que ser yo. –

Imaginarse siendo abrazado de esa forma por ella, después del acto, le borro cualquier sentimiento de repulsión, ahora que ya no tenía esas ganas de devolver toda la comida, comenzó a pensar que el sabor de sus adentros no era tan malo, de hecho, no le disgustaba en lo absoluto, era ligeramente salado, fuera de eso, no tenía otro sabor, era fácil de tragar y hasta, bastante excitante hacerlo, olio su mano aun húmeda, encontrándose que la libido le había subido de golpe, no sabía porque lo hizo, pero chupaba con desesperación sus dedos, como tratando de sacarles un poco más de su esencia, sin darse cuenta, su otra mano había sacado su miembro viril, apretándolo, masajeando de arriba abajo, cuando entendió que había perdido por completo su sabor, poso ambas manos en su miembro, le éxito aún más recordar donde había estado una de ellas, porque de cierta manera, eso era una fornicación indirecta, con unos cuantos movimientos más, Ramón se había corrido, creando varios caminos de semen en el piso de su baño, algo cansado se recargo en la tina.

-¿De verdad acabo de hacer esto? – pensó algo molesto. – ¿Me masturbe con su olor como un maldito pervertido? -

Ramón contemplo su mano, aquella parte de su cuerpo que había tenía el privilegio de estar dentro de su adoración. "Pero que idiota" se auto regaño "Yo estando aquí, haciendo esto solo, cuando ella quiere hacer esto conmigo, ¿Por qué me resisto?" Otra parte de su cabeza le daba una enorme lista de porque guardar la distancia de aquella chica era mejor que sucumbir ante ella, con las ideas de nuevo revueltas, pensó "Necesito probarla, saber que se siente, si de verdad entre nosotros hay esa conexión de la que tanto habla, necesito saber que se siente despertar a su lado, que pasa después de hacerlo como idiotas pervertidos, lo necesito." Se puso de pie, arreglo sus pantalones y se encamino a su habitación, aún estaba excitado, dispuesto para un segundo chance, esta vez juntos.

-¡Poppy! – la llamo entrando de golpe a su cuarto.

La joven estaba dormida, y el llamado no interrumpió en lo absoluto su ensueño.

-Poppy, Poppy, ¡Despierta! ¡Vamos a hacerlo, como tú quieras! ¡Despierta de una vez! – le decía tratando de que soltara la almohada, pero sus brazos estaban como pegados, y aun con la zarandeada, no interrumpió su descanso. - ¡Por lo que más quieras, solo cógeme! – No hubo respuesta.

Molesto y bastante excitado, se rindió, "Podrías hacérselo mientras duerme, no es como que te aprovecharas de ella, sería más como un mano a mano, ella se aprovechó de ti cuando estabas ebrio." Esa voz en su cabeza lo estaba volviendo loco, "Si, solo un poco, no creo que le moleste que se lo haga mientras duerme… ¡¿En qué demonios estoy pensando?!" Trato de hacer un poco de ejercicio, darse una ducha fría, hacer la cena, limpiar, pero nada le quitaba las ansias, en un ataque de limpieza profunda en la cocina, pudo encontrar por error, un paquete de pastillas para dormir. "con que de aquí las sacaban…" Iba a tirarlas, pero lo pensó mejor, "Podría dormir y soñar con esa idiota…" Lo recomendado para una ligera siesta o ayudar a dormir era una, pero para caer totalmente noqueado, con dos bastaba. Tras tomarlas, termino su quehacer en la cocina y sintiendo los ojos pesados, se retiró a su cuarto.

-¿Ramón? – Poppy toco a su puerta, pero no respondió. - ¿Ramón, estas ahí? –

Entro al cuarto, topándose con el joven profundamente dormido.

-¿Ramón? ¿Qué paso con la clase? ¿No vamos a ir? –

Era una pregunta algo tonta, puesto que cuando se despertó, ya habían pasado la hora de entrada a las clases prenatales.

-Se cancelaron las clases, las cambiaron para mañana… - le contesto aun dormido.

-Ah, pues… entonces, será mañana… ¿Te sientes bien? –

-Déjame dormir. – le contesto cambiando de posición. – Que idiota eres, ahora si quieres algo, pero hace rato cuando yo quería… -

-Lo siento, no era mi intención molestarte, me voy. – Poppy salió de la habitación.

La cena sin Ramón fue algo molesta, no tenía ganas de ver a Nube ni mucho menos estar cerca de él, pero no hubo mucho que preocuparse, lo vio alistarse para una nueva fiesta y para las 7 de la tarde, se había retirado en busca de alguna aventura nocturna. Sin tener ninguna compañía más, ni nada que hacer, regreso a su cuarto, pensando una y otra vez lo que sucedió entre ellos.

A la mañana siguiente, Ramón se levantó tarde, aún estaba algo atarantado por lo fuerte de los narcóticos, pero se veía de un mejor humor, aunque sus sueños no fueron lo que él esperaba, ya que la Poppy onírica se negaba a cumplir sus demandas porque ya estaba comprometida, pudo vencer a Sir Almohada en un duelo con espadas por la mano de la doncella de cabellos rosas, solo faltaba esperar su respuesta. Aquello fue tan ridículo, que no pudo evitar despertarse con sus propias carcajadas. Mientras preparo el desayudo, aun creía que Sir Almohada andaba por ahí, derramando relleno por algún lugar de la casa.

Poppy noto la mejora de su ánimo al instante, por ello, guardo más distancia, no quería echarlo a perder. En el transcurso del día, no había hecho uso de sus cinco minutos, Ramón no se molestó esta vez, estaba dispuesto a hablar las cosas claras, aprovechando su trayecto en auto a las clases prenatales, le dijo.

-Se lo que haces, y creme, no es necesario que lo hagas. –

-¿Disculpa? – pregunto Poppy muy desubicada.

-Guardar distancia, no necesito que lo hagas, estoy bien, llegamos al acuerdo de los cinco minutos, si tuviera algún problema con ello, no te lo hubiera propuesto, deja de tratar de protegerme, ¿quieres? Es bastante molesto. –

-Yo no entiendo de que me hablas… - le contesto algo apenada, tratando de no verlo.

-Ya sé de lo que hablaste con mi hermano, es un idiota, pero creme, no es malo, solo es bastante imbécil. –

-No hablamos mucho sobre…. –

-Sé que sabes, que él te dijo que yo estoy enamorado de ti y de Antony al mismo tiempo. – Ramón se calló de golpe, sus mejillas se pintaron de un vivo color carmesí, pues jamás peso que llegaría a decir algo tan vergonzoso enfrente de alguna de esas dos personas que se disputaban su corazón. – No… quiero decir, si, algo así pasa, no es como que los dos me vuelvan loco, en cierta manera lo hacen, pero no es como que me afecte, realmente, puedo pensar bien las cosas, lo que hagan cualquiera de los dos no me afecta en nada, tengo todo bajo control. – termino diciendo con una sonrisa nerviosa, tensando su cuerpo.

Se quedaron en silencio por un par de minutos que para Ramón fueron una eternidad, "Ella siempre tiene algo que decir" pensaba "¿Por qué no dice nada?", su parte intelectual trataba de razonar los hechos, realmente había metido la pata con aquel comentario, hasta el momento, logro con éxito mantener su distancia de cualquier tema sobre sentimientos, lo había arruinado todo con aquella confesión, ahora tendría que lidiar con todas las complicaciones que el tema derivaba. "Hubiera sido mejor negar todo lo que le dijo el idiota de mi hermano."

-No creo… - la escucho decir con una voz dudosa. – No creo que sea lo correcto. –

Poppy lucia incomoda con el tema, eso le preocupo mucho.

-¿Qué quieres decir con que no es lo correcto? ¿Estás diciendo que yo estoy haciendo algo malo? – Ramón temía que aquel secreto le hubiera causado tal impresión, que como resultado lo dejara de amar. – De verdad, no… esto que pasa, tú y Antony, no es como que lo haya escogido ni nada de eso, tampoco lo disfruto, yo no estoy tratando de jugar con los dos o esperando a que peleen por mí, ni… -

-No, no me refiero a que tú estés haciendo algo malo. – trato de sonar tranquila al notar la reacción nerviosa de Ramón. – Es solo que… de verdad te amo y no quiero confundirte más de lo que ya estas, entiendo por lo que pasas… bueno, la verdad no, pero me ha pasado que a veces tengo dinero suficiente para un vestido, pero en la vitrina hay dos hermosos vestidos, perfectos para mí y en rebaja, ambos son el indicado, pero el presupuesto solo alcanza para uno y tienes que decidir cuál de los dos llevar, a veces es mejor, salir de la tienda, pensarlo mejor, dar una vuelta, incluso, es mucho mejor volver otro día e ir no tan… excitada, ya sabes, calmarte, para tomar la elección correcta. –

Ramón se quedó en completo silencio, se veía pensativo, con la vista bien puesta en la carretera, Poppy pensó que había logrado hacerlo ver un punto de vista distinto. Pero…

-¿Y porque no te los probaste? –

-¿Qué? –

-Los vestidos. – menciono un poco frustrado. – Sé que estas usando lo de los vestidos como una metáfora para explicarme algo, pero… ah, es tonto, la mejor forma para ver si es lo que buscabas era probarte ambos vestidos, ver si son de tu talla, si son cómodos, obvio, no te pones los dos al mismo tiempo, eso sería un desastre total… -

-Ramón, te estas desviando, lo que yo quería decir con los vestidos… -

-¿Y las rebajas? –

-¿Qué pasa con eso? –

-Son ocasionales. –

-Bueno, sí, pero… -

-Podrías perder la oportunidad de comprar, si esperas demasiado tiempo, tal vez cuando lo vuelvas a ver ya no esté dentro de tú presupuesto o quizás… alguien más, pudo haber aprovechado la oportunidad y quedarse con algo que realmente deseabas… - la voz de Ramón se fue apagando conforme salieron las palabras de su boca.

-Pues, si, eso puede pasar. – Poppy lamento haber mencionado el ejemplo de la ropa, Ramón ahora lucia triste. – ¿Sabes qué? Olvidemos lo de la ropa, es tonto, no viene al caso… ¿Ramón? –

-No, fue muy certero, tienes mucha razón, no se puede esperar una respuesta por siempre, las oportunidades pasan y si no se toman, se pierden. –

Ahora se veía peor, en su rostro se notaba la preocupación, Ramón no podía dejar de pensar en lo que le dijo Coral, era muy parecido a lo que dijo Poppy, pero con el ejemplo de los vestidos, tenía bastante razón, lo mejor al comprar era probárselos, ver si eran de su talla, cómodos, de buena tela, si era fácil moverse con ellos y pensar si eran buenos para la ocasión, si seguía indeciso, podía dar un par de vueltas por la tienda o la plaza para despejar su mente y pensarlo mejor, pero en ese mismo día, en ese momento, tenía que decidir que vestido comprar o podía perder la oportunidad de comprar el que deseaba o peor aún, ambos. Entendió algo, probo de todo con Antony, le agradaba bastante y tenía muchos motivos de porque si y porque no, pero ¿Qué pasaba con Poppy? Ella era como ese ejemplo que le dio, ni siquiera se probó el vestido, no conocía ninguna de sus facetas en una relación, porque nunca habían tenido una, todo eso debido a su terquees de ponerle muros tras muros, alejarla para no complicarse más, temía escoger la opción incorrecta, y si no se daba la oportunidad de disfrutarla de la misma manera que lo hizo con Antony, de seguro cometería un error.

-Yo sé que esto es muy complicado. – le dijo al estacionar el auto, teniendo un par de minutos antes de entrar a clases. – pero, más allá de todo este problema entre nosotros, los cinco minutos los hago por nuestra hija, recuerda lo que dijo la maestra, no debes de estar tensa, ella necesita que estés satisfecha, si darte eso me hubiera causado algún problema, no te lo hubiera propuesto, por favor Poppy, sé que lo necesitas. –

Poppy dudo, aquello era tan convincente, que Ramón ya no sabía si lo pidió por la bebé o por sus ansias de estar con ella, de probarlas de todas formas.

Ahí estaban, teniendo de nuevo una sesión increíble de sus cinco minutos en el paraíso, Ramón estaba fascinado, sus labios hoy tenían un sabor distinto, su aliento era como una refrescante brisa de verano, sus manos entre sus cabellos, los tirones tan bravos que le deban, como si tratara de domarlo, usarlos de rienda para ordenarle sin sutileza que la satisficiera, era algo que sin duda deseaba hacer.

Ramón hizo algo fuera de lugar, al sonar la alarma del cronometro, solo tomo el celular y la apago para seguir besándola, ahora que se daba la oportunidad de besarla libremente, deseaba tenerla más tiempo así. Poppy entendió de inmediato lo que pasaba, pero dudosa de que hubiera mal interpretado la situación, pregunto.

-Ramón… ¿y los cinco minutos? –

-¿Qué tienen? – hablaron entre besos y arrumacos.

-Se acabaron. –

-Si, ya lo sé. – le contesto negando a abandonar sus labios, apretando su cintura con sus manos, evitando que sus caderas se despegaran de las suyas.

-Pero, tú dijiste que solo… solo cinco. –

-Ah, cierto, pues es un extra. – le respondió cualquier cosa con tal que se callara.

-¿Cómo un plus? – Poppy no quería que Ramón se sintiera más confundido o arrepentido después, sobre cualquier cosa que pasara estando dentro del carro.

-Sí, lo que quieras… solo sigue besándome. -

-Pero… -

-¡¿Y ahora qué?! – cuestiono molesto, separándose un momento de ella y viéndola con ojos de regaño.

-¿Y la clase? – pregunto algo avergonzada.

-¿A quién demonios le importa ahora una maldita clase? – contesto para casi obligarla a continuar con el acto.

Poppy no opuso mucha resistencia, lo estaba gozando, restregaba su entre pierna con la de él, no sabía bien que era aquel bulto, ¿Eran las llaves, su cartera, o su miembro? Pensar eso ultimo la excitaba, ahora no solo se sobaba con toda la intención en contra suyo, si no que comenzó a dar brinquitos ansiosos y frenético, "Métemelo, métemelo" no podía dejar de repetirse mentalmente, lo estaba disfrutando demasiado cuando un par de golpes en la ventana del auto los hizo parar de golpe. Bastante asustados voltearon a ver quién produjo aquel ruido, era la maestra que desde afuera les dijo.

-Por favor, no den un espectáculo en el estacionamiento. –

Poppy abrió la puerta, bajando del auto tan rápido como pudo, mientras se arreglaba la ropa.

-No es lo que cree, no estábamos pensando hacer nada indebido, solo nos estábamos… usted sabe, relajando. –

Ramón de inmediato tomo la bolsa con las cosas y una chaqueta, que cargo estratégicamente para que no se notara su prominente erección.

-Lo sentimos, pero es como mi esposa dice, no pensábamos hacer nada más. –

-Pues, en ese caso no interrumpí nada, ¿Entramos a clases? –

Poppy y Ramón caminaban con la misma actitud de un niño que fue atrapado con las manos en la masa. La clase fue como cualquier otras, y al final en vez de dividirlos en dos grupos, fue de nuevo una convivencia entre ambas partes.

-Hoy toca hablar sobre un tema importante que no podemos dejar para el final… Nombres de bebés. –

Britget aplaudió feliz por el tema, mientras los demás miembros del grupo solo la miraron extrañados por su entusiasmo, siendo que los bertenos no solían alegrarse por cosas así.

-¿Por qué no comenzamos con ustedes? Veo que se han estado llevando mejor desde hace algunas sesiones, ¿Ya pensaron en el nombre de su bebé? – les pregunto directamente a Ramón y Poppy.

-Aun no… - contesto ella al mismo tiempo que Ramón.

-Claro que si… - dijo él, mirando con algo de enojo a la chica a su lado, mientras ella le regresaba una mirada de duda.

-Bien, ¿Cuál sería su nombre entonces? – Pregunto de nuevo la maestra.

-Rosiepuff. – contesto muy orgulloso Ramón.

Una risa entrecortada se escuchó venir de Poppy, cosa que lo molesto mucho.

-Lo siento, pero nuca hablamos del tema. – aquello lo dijo tanto para él como para los demás presente. – Me imagino que mi hija podría llamarse Ariel, Adelaida, Rubí o algún otro nombre hermoso, pero Rosiepuff. – volvió a reírse.

-¿Qué tiene de malo ese nombre? – pregunto muy indignado.

-Vamos, hasta tú puedes ver lo ridículo que suena. – comento riendo.

-Creo que tú esposo tendrá un buen motivo para ponerlo. –

-Es que suena tonto, ¿Qué es? ¿Una rosa con gases? Rosa *Puff* - hablo la palabra para decir la última parte haciendo un ruido, imitando el sonido de un gas.

Todos en la clase rieron por lo dicho, incluso a la maestra se le salieron unas cuantas carcajadas que trato, fueran lo más discretas. Ramón estaba muy molesto, cruzado de brazos sobre la pelota de Pilates, tratando de ignorar a Poppy.