El regreso de Yuuri hacia el castillo sabía amargo y lleno de recuerdos complicados, frustrantes e incluso algo confusos. Jamás espero aquella faceta de Jean Jackques Leroy,

Sin embargo, eso no cambiaba para nada su posición actual, seguía estancado, atrapado en una serie de hilos de los que parecía enredarse con cada nuevo paso que daba y de los que, si no lograba salir, terminaría sepultado por las consecuencias del miedo. Jamás imagino que su posición inicial hacia sí mismo, fuera tan semejante a la que actualmente tenían las personas de su pueblo, miedo, desconfianza, incluso desprecio, sentimientos punzantes que, si seguía inmersos dentro de ellos durante más tiempo, recaería de su estado actual hasta volverse nada, convirtiéndose quizás en lo que más temían.

Yuuri intento alejar ese tipo de pensamientos de su cabeza, buscando idear un nuevo plan que lo alejara del compromiso con el general de la armada, para ese momento y agotado uno de sus más importantes recursos, no quedaba otra que atender al enfrentamiento con su hermana mayor. Un deje amargo recorrió su estómago con el recuerdo de aquellas expresiones que le había reflejado, Yuuri seguía sin dar con la verdadera causa del comportamiento de Mari, considerando que no era usual en ella. Quizás eran muy diferentes como hermanos, más allá de las diferencias de edad y de género, tampoco había sido una mujer muy cariñosa o expresiva. Sin embargo, desde que Yuuri tenía memoria, Mari había sido una mujer fuerte, valiente y muy protectora, amable y atenta, muy distante de la persona que era actualmente.

El dios del hielo recibió el mediodía con cierto desgano, caminando por los pasillos hasta el salón comedor, en todo el trayecto, noto las expresiones de los trabajadores del castillo, siendo semejantes a las que vio en las personas del pueblo. Aun cuando fue recibido con una deliciosa comida, observo los alimentos sin apetito, la frustración hacia que no tuviera deseos de nada más que encontrar una solución a su problema.

—Deberías comer, te hará mal si no lo haces —escucho Yuuri cerca de él.

A pocos metros de si, Yuuri observo la sonrisa conciliadora de su madre, la diosa de contextura rechoncha vestía de un suave ropaje color cielo, el dios del hielo se extrañó un poco de verla en esa ala del castillo, cuando habitualmente se encontraban en su ala particular. El castillo del hielo era inmenso por sí mismo, y contenía diversas alas que construían un estrella de hielo, las tres principales contenían la residencia y salones pertenecientes al jefe de la facción, otras dos para sus familiares y unas tres más de uso comunitario, donde se encontraban los salones, los comedores, bibliotecas, entre otros. Yuuri y Mari vivían en una de las alas noreste, muy cercanas a las que ocupa el líder de la facción, muy a diferencia de Hiroko y Toshiya Katsuki, que ocupaban desde hacía mucho tiempo una de las alas sur que conectan a las comunitarias del palacio. Aun con eso en mente, el omega no pregunto qué hacia su madre allí, simplemente la dejo sentarse frente a él mientras aún tenía sus alimentos en su plato.

— ¿Hay algo que te preocupa? —pregunto.

El dios alzo la vista viendo los ojos de su madre, con su típica mirada oculta tras sus lentes, le expresaba que ella siempre conocería sus expresiones de inquietud al ser su madre. Yuuri miro la mesa, sin saber que decir.

—Quizás la pregunta correcta sería que hay algo que quieres consultar respecto a tu hermana —menciono, el omega asintió en silencio.

—Desde el juicio, las actitudes y expresiones de Mari han cambiado completamente, tiene una expresión fría e incluso despectiva hacia mí —comenzó Yuuri—, Mari es una persona difícil de interpretar, y no es una persona sencilla de conversar. Además de eso, esa el compromiso con el general Leroy, la estabilidad de la facción y su propia actitud hacia mí, todos esos temas me están preocupando y no encuentro una forma para dialogar con ella y llegar a un acuerdo.

Hiroko Katsuki observo a su hijo detenidamente, un recuerdo fugaz en su cabeza le hizo esbozar una sonrisa de melancolía, los fantasmas del pasado eran conjurados luego de tantos años, pero ella estaba consciente de que ese momento llegaría tarde o temprano y lo confirmo aquel día de primavera con la ceremonia de su pequeño. En silencio, tomo una de las manos de su hijo y la acaricio con cariño, ese tipo de actitudes no eran comunes entre ellos, los abrazos tampoco lo eran, aunque ellos supieran que se amaban, pero, aunque Yuuri la observo con curiosidad en su mirada, Hiroko solo sonrió.

—Es difícil para ti saberlo, pero tú hermana debe está atravesando una serie de problemas muy complicados, mi querido Yuuri. Problemas que nacieron mucho antes que tu ceremonia en primavera y que aun con el tiempo que ha pasado, Mari no sabe cómo manejar —contesto la diosa—. Como su hermano, y siendo tú mismo, entiendes que no somos dados a hablar de nuestros problemas hasta que explotan en nuestras caras, aunque sabemos que nuestras familias están allí para ayudarnos, para no molestarlos intentamos resolverlos solos. Sin entender que eso puede causar un poco de dolor en ellos.

Yuuri reacciono directamente a las palabras de su madre, entendiendo el otro significado detrás de ellas, un pequeño dolor se sintió en su pecho al concordar con ella. Él había sido muy egoísta, y sin entender o meditar las repercusiones que su huida podía provocar, emprendió de todas formas el camino al mundo humano abandonando a su familia en el proceso, al ver la expresión de su madre entiende que seguramente no fue sencillo, que fue muy doloroso y les hizo pasar momentos muy difíciles, quizás por ello la ira de su hermana era bien esperada.

—Lo siento —se disculpó profundamente el joven con su madre, esta solo apretó con más fuerza su mano.

—Tú hermana es una diosa muy reservada, fuerte y muy amable, ella te ama con todo su corazón, pero las circunstancias han hecho que le cueste mucho abrir su corazón ante las personas. Hubo un tiempo en el que fue muy distante, y siempre estaba sola, sin aceptar la compañía de nadie, incluso su compromiso con Nozomi fue igual, y pasaron muchos años para que pudiera abrirse a ella, fue proceso lento y duro, pero finalmente tu hermana pudo encontrar una persona con quien ser verdaderamente feliz.Y aun con todo eso, el pasado la persigue —murmuro Hiroko en tono triste—, aunque haya avanzado, sigue estancada en algo y ese algo le impide dialogar contigo. Todos retenemos cosas para no lastimar a las personas que amamos, hacemos cosas por el bien de protegerlos, aunque se oculten muchas cosas. Es difícil para mí verlos a ambos en esa circunstancia, y entiendo que mi ayuda no servirá de nada, pero estoy dispuesta a soportarlo —dijo con voluntad, y acaricio el rostro de su hijo, quien tomo su mano en respuesta—. Porque siempre estaré a su lado, confiando en ustedes, apoyándolos en sus decisiones, y corrigiéndolos si se equivocan, eso es lo que hace un verdadero padre.

—Mama.

Yuuri abrazo fuertemente a su madre quien correspondió el abrazo con gusto y una sonrisa, cuando se separaron un poco, la mujer le dedico una sonrisa de apoyo.

—Tú eres un dios diferente, Yuuri. No eres como yo, tienes más posibilidades como su hermana y aunque sea difícil y tu hermana se muestre renuente, tú debes hacerte entender y ayudarla a salir de su pasado. Será complicado, pero aquí estará tu madre para animarte.

—Muchas gracias mama —le agradeció, sonriendo.

Con los ánimos repotenciados y con un poco de alimento en su estómago, Yuuri se encamino hacia el despacho de su hermana para enfrentarle. Necesitaba salir de esa situación que les envolvía y resolver sus asperezas.

Yuuri buscó a Mari por las tres alas del castillo donde podría encontrarse, los salones principales, su despacho personal, incluso la biblioteca sagrada, pero en ninguno de esos lugares se encontraba Yuuri. En un momento pensó que quizás había salido del castillo, cuando recordó un lugar que no podía fallar: la torre norte. Si había un lugar que ambos hermanos conocían y nadie más, era justamente ese; perfecto para escapar de toda la presión del lugar, era justamente ese, la torre más alta del castillo.

El dios apresuro el paso, subiendo las escaleras hacia la cima de la torre, hasta llegar al final. Ahí la encontró. Observando la mejor vista de la facción del hielo, Yuuri encontró a su hermana, recargada del muro mientras veía el inicio del ocaso, una imagen compartida por ellos durante tantos años como su pequeño secreto. El joven dios recordaba que cuando todo era complicado y sentía que no podía con más, se escapaba de los trabajadores del castillo y subía hasta la cima de la torre, el paisaje era por demás tranquilizador, pero lo mejor de todo, era encontrar a su hermana quien le recibía con tono afable, cariñoso, escapando por horas de todos mientras disfrutaban la vista que tenía que ofrecerles su hogar.

Esos momentos del pasado no iban a volver jamás, el dios del hielo estaba claro de ello. No obstante, debía encontrar un punto de inflexión para ambos. Con valentía, hizo valer su presencia captando la atención de su hermana Mari.

—Te he estado buscando, Mari —pronuncio, encarándola. Mari le miró con el gesto fruncido—. Hay algo que necesito hablar contigo…

— No hay nada que necesitemos hablar, Yuuri —respondió la alfa, dispuesta a retirarse. Sin embargo, este la detuvo, tomándola del brazo.

— ¿Hay algo que no puedes decirme? —pregunto Yuuri, viéndola a los ojos. Mari retrocedió ante la pregunta—. Últimamente me has evitado, discutimos y hablas conmigo con si fuera un ser despreciable ¿Acaso te produzco asco? —cuestiono certero, la mirada de Mari reflejo sorpresa y alarma en partes iguales—. ¿Tienes miedo de mí, al igual que las personas del pueblo?

—No Yuuri, no es nada de eso —contesto apresurada.

— ¿Entoces que es? —increpo—. Entiendo que hay cosas que no puedo comprender, pero es difícil Mari, sobrellevar el peso de este poder y del juicio que hace mi gente contra mí es difícil, comprendo que mis decisiones te generaron dolor y consecuencias, pero también quiero conocer el porqué de tu actitud, soy tu hermano. Tú siempre fuiste mi ser a seguir, confía en mi —le pidió con fuerza, sinceridad, sin recriminar nada, solo reflejando sus preocupaciones, su dolor y miedo.

Mari dirigió su mirada hacia el suelo sin decir una palabra, divagando en las palabras correctas que se encontraban dentro de un remolino vertiginoso al que llamaba corazón. Cada palabra dicha sería más complicada y dura de decirla, especialmente para él, pero no había forma de echarse para atrás. Respiro hondo, conteniendo el aliento en su pecho y apretando fuertemente sus puños, siquiera pudo alzar el rostro cuando dijo sus palabras.

—Porque tengo miedo.

Yuuri la miro con sorpresa, su expresión fue apenas un susurro para su habitual tono de voz, pero fue suficientemente claro para dar un golpe directo al pecho del dios del hielo, una sombra de dolor se postro en su mirada.

—Entiendo —contesto suavemente el dios, sintiendo que la verdad era más difícil de aceptar de lo que espero. No obstante, su hermana la sorprendió tomándolo del brazo, sus ojos brillaban cuales llamas encendidas en una hoguera y aun con su labio temblando, prosiguió.

—Tengo miedo, sí, pero no es de ti Yuur, sino lo en lo que puedan convertirte tus dones. Lo que acarrea eso —expreso, con una expresión de terror en su rostro recordando brevemente aquello.

Por ello hablar era una razón compleja, proveniente de un pasado oscuro del que tenía miedo. Si, miedo de volver a hurgar en él, porque recuerdos oscuros y macabros envolvían aquel pasado.

Yuuri noto algo en la faz de su hermana que le hizo fácilmente atar cabos sueltos, un mismo tornado de pánico subió por su garganta impendiéndole hablar en primera instancia, comenzando a temblar inevitablemente. Pero entendiendo que era un desafío que habían aceptado ambos, Yuuri se tragó su miedo y su dolor, y expreso las siguientes palabras.

— ¿Tienes miedo de que me convierta en alguien como Fujiwara Kôki? —Pregunto Yuuri, dando en el clavo, observando la desfigurada mueca de terror de su hermana, un pequeño deje de ira se apegó a su pecho—. Yo jamás seré como él —juró.

—Eso lo sé—Respondió la alfa con seguridad—. Pero él ha regresado. Fujiwara Kôki regreso de la muerte, y mi mayor temor es que venga por ti —revelo con el terror marcado en sus facciones. Y aun con ello, Mari se acercó lentamente hasta Yuuri, tomándolo entre sus brazos mientras temblaba, casi como si temiera perderlo—. No podría soportar perder otra persona importante para mí, volvería a caer en la desesperación. Tampoco podía ser transparente contigo, no podía dejar que mi miedo te afectara cuando que lees tan bien las emociones y estas te afectan a ti. Como tu hermana no podría mostrarme así ¿Qué ejemplo daría? Sería un fracaso como alfa de esta familia—decía, liberando todos los miedos, todas las aflicciones y presiones, Yuuri le miró fijamente.

Quizás hasta ese momento, Yuuri no había logrado entender acciones de Mari, solo cuando la vio allí, temblorosa y vulnerable, con tanto miedo. Entendió sus motivos para ser distante, para ocultarse detrás de esa mascara de desprecio y frialdad, porque sentía en carne vida sus emociones, el dolor, el pánico y la desesperación carcomiendo su alma como un millar de agujas, pero, aun así, también sintió un bálsamo… finalmente la liberación de un gran peso, que seguramente la alfa había llevado por años.

—Agradezco que hayas querido protegerme, hermana —comenzó a decir, mientras la sostenía entre sus brazos. Aunque era un omega, luego de algunos años había superado a su hermana en altura, pudiendo ahora acunarla a ella como en el paso lo hizo con él—. Pero ya no soy el mismo Yuuri de antes. Ahora sé cómo luchar contra los sentimientos negativos, de la desesperación, e incluso sobrellevar el temor de perder a un ser querido. Por eso, quiero saber Mari… ¿Qué es lo ocurrió hace tanto tiempo para que sigas teniendo estos sentimientos de profunda desesperación? ¿Qué es lo que te hizo temer a Fujiwara Kôki? Por favor, cuéntame todo.

Con los ojos rojos al contener las lágrimas, Mari observo a Yuuri. Verdaderamente, ya no parecía al niño pequeño que siempre protegió con ahínco o el joven desesperado que vio cuando descubrió sus dones. Esa mirada, llena fuego en sus ojos, le decía que podía confiar en él las cenizas de su pasado. En silencio se limpió los ojos y dedico una mirada llena de determinación a su hermano.

—Necesito que me acompañes, hay algo que debes saber.

Era el momento de que Yuuri conociera la verdad.

Es un capitulo que tiene dos vertientes que son muy importantes para esta transición de etapas, el primero corresponde a una escena que estaba en mi historia original (ASHURA) pero que logre profundizar aquí dado lo que me influye Hiroko como madre, fue un balsamo escribirlo en su momento y más aun con este personaje tan lindo como es ella. En su rol de madre comprensiva pero tan bien pilar de animo para nuestro principe del hielo.

Por otro lado, tenemos el enfrentamiento final entre Yuuri y Mari, todo lo que eso conlleva para introducirnos a un pasado turbuloso que tiene muchas cicatrices y que finalmente, nos adentrara a personaje que menos se ha tratado con profundidad pero que es el villano de nuestra historia: Fujiwara Kôki. ¿Qué impresiones tienen sobre el pasado de Mari y Kôki? ¿Qué creen que haya pasado para que Mari le tenga tanto miedo? Me gustaria leer sus opiniones al respecto :D

El proximo capitulo es corta venas, así que preparense para sufrir XD les invito a llenar sus copas de cloro XD