Ambos permanecieron unos segundos en silencio, incapaces de mirarse a la cara debido al pudor que sentían. Sin embargo sus manos seguían entrelazadas como si un acuerdo tácito hubiese nacido entre los dos, el de ser sinceros el uno con el otro a partir de ese momento.
— Convendría que te retirases a descansar — Consiguió articular el mago, recomponiéndose de su aturdimiento — Si has estado practicando por tu cuenta de seguro apenas habrás dormido.
— No demasiado — Reconoció la joven arrepentida — Solía alargar las sesiones de entrenamiento hasta altas horas de la noche.
Snape comenzó a andar aún sosteniendo la mano de la muchacha, esta vez de manera más relajada, haciendo que ésta le siguiera.
— ¿Has hecho avances? — Preguntó interesado por saber si durante esos días Hermione había alcanzado un nuevo nivel en su ya extraordinaria magia.
— Algunos — Respondió de manera ambigua sin querer desvelar hasta qué punto sus prácticas comenzaban a ser temerarias.
El semblante del mago se endureció por esa vaga respuesta pues sospechaba que le ocultaba algo. Temía que la joven se estuviese poniendo en peligro.
— Volverás a tu adiestramiento en el bosque — Dictaminó con seriedad.
— ¿Es una orden? — Preguntó la muchacha mirándolo de reojo.
— Sí, si no quieres que Dumbledore descubra hasta dónde llegan tus poderes — Advirtió Snape — Tarde o temprano tendrás un descuido y provocaras un "pequeño" accidente en tu cuarto.
— Puedo controlarlo — Replicó molesta.
— Lo dudo — Apuntó el hombre alzando una de sus cejas con incredulidad — Además si quieres mi ayuda deberás obedecerme — De nuevo el Severus autoritario hacía acto de presencia, para disgusto de Hermione.
Tras esto los dos continuaron caminando en silencio hasta llegar al retrato de Lady Shalott, el cual era la entrada al pasadizo secreto que llevaba a los aposentos de la chica.
— ¿Qué es un "eco"? — Preguntó ella al ver de nuevo la triste fémina del retrato.
Severus la miró sin comprender a qué se refería.
— McGonagall me dijo que Elaine de Astolat lo era — Explicó la joven — No quiso darme más detalles y en la biblioteca no he encontrado información sobre ello.
— Probablemente porque es tan sólo una forma de designarlo — Comentó Severus observando fijamente el retrato — Realmente es un concepto que no está del todo definido.
Hermione se sorprendió al escuchar eso, ¿existía algo en el mundo mágico que ni siquiera sus mentores podían explicar?
— No es un fantasma como tantos otros que habitan en el castillo — Comenzó a exponer el mago — Sólo es magia residual, un eco del pasado. Algunos lo asocian a las reencarnaciones, otros a poderosa magia ancestral que se niega a abandonar este plano existencial.
— Sé que ella sufría una maldición — La voz de Hermione se quebró debido a la pena que sentía por esa mujer, la cual no dejaba de observarlos como si estuviese al borde del llanto.
— Se sabe muy poco de ella — Informó Snape — No deberías pensar demasiado en ello, no es bueno obsesionarse con algo a lo que no podemos dar respuesta.
— ¿Como lo que me está sucediendo a mí? — Preguntó con sinceridad la muchacha mirándolo directamente a los ojos.
— Encontraremos un explicación para ello, por el momento no te pongas más en peligro — Aconsejó el hombre con verdadero afecto.
— No lo haré — Prometió la muchacha sabiendo que su profesor tenía razón.
— He de retirarme, será mejor que descanses esta noche — Comenzó a decir Severus soltando la mano de la joven y ofreciéndole sus zapatos de nuevo.
— No — Contradijo Hermione — Quiero que me acompañes a mi dormitorio.
El rostro del hombre mostraba desconcierto por semejante petición.
— Es totalmente inapropiado señorita Granger — Dijo sin poder ocultar su estupor — Soy tu profesor, jamás debería entrar a tus aposentos.
— Pero el profesor Slughorn dijo que serían responsables si me pasaba algo por dejarme sola — Explicó la muchacha — ¿Y si pierdo el conocimiento mientras subo las escaleras?
Tras el lógico razonamiento de la joven Severus guardó silencio durante un momento tratando de encontrar una solución adecuada al dilema.
— De acuerdo, pero en cuanto traspases el umbral de tu habitación me iré — Aceptó con reticencia.
La joven asintió ruborizándose levemente.
— Lirio blanco y pergamino — La clave de acceso que dio Hermione hizo que la mujer del cuadro les permitiese adentrarse por el oscuro pasadizo.
Los dos magos hechizaron sus varitas para que éstas alumbrasen su camino mientras caminaban por el angosto pasillo.
— ¿Crees que esa mujer sigue sintiendo? — Preguntó Hermione mientras encabezaba la marcha — Quiero decir... se la ve muy triste pero si no es un fantasma ¿Por qué expresa emociones?
— Tal vez ese sentimiento es demasiado intenso para abandonar este mundo — Comentó Severus.
— ¿Existen sentimientos que sobreviven a la muerte? — Interrogó la joven tratando de comprender el misterio que envolvía a Lady Shalott.
— Creo que hay afectos tan profundos que nunca mueren — Confesó el hombre — Se cree que la bruja murió por uno de ellos.
Hermione se detuvo al escuchar eso, obligando a Severus a interrumpir su avance también.
— ¿Cuál era la maldición de esa mujer? — Preguntó realmente intrigada por esa historia.
Ambos quedaron uno frente al otro alumbrados únicamente por la tenue luz que emitían sus varitas.
— A día de hoy se desconoce — Informó Snape — Sólo se sabe que tenía prohibido abandonar la torre donde estaba recluida.
La joven se sintió decepcionada por no poder conocer la respuesta a ese misterio.
— Ese cuadro plasma los momentos previos a su muerte. — Aclaró él. — Probablemente murió durante el trayecto en barca
— De ahí su tristeza — Se lamentó la muchacha — Pero, ¿Por qué salir de allí si sabía que moriría?
— Esa no es la pregunta correcta — Respondió el mago acercándose un poco más a la muchacha.
La luz enmarcó sus angulosos rasgos haciendo que Granger se estremeciera por su proximidad.
— Lo realmente importante es saber por qué debía estar encerrada en una torre tan aislada — Reveló Severus sosteniendo la mano de Hermione de nuevo.
— La temían — Murmuró la joven sintiéndose identificada de nuevo con esa mujer.
— Debía ser muy poderosa — Explicó Snape. Hizo una pausa y acariciando con suavidad la mano de la chica le aconsejó — No le cuentes a nadie de lo que eres capaz, no es seguro para ti.
— Pero, mis amigos... — Comenzó a decir Hermione con inocencia pues deseaba confesarles a Harry y Ron que podían contar con sus nuevas habilidades para enfrentarse a Lord Voldemort.
— No pueden saberlo — La interrumpió — Llegará un momento en el que tu única carta a favor será el desconocimiento de tus poderes — Señaló el hombre con inquietud pues sabía lo que el futuro les deparaba.
— Piensas que estallará la guerra — Susurró con pesar la muchacha.
— Estoy convencido de ello — Reveló el mago — Por eso necesitas mi guía ahora pues no siempre estaré a tu lado.
Hermione asintió en silencio, aún sin comprender del todo por qué decía tal cosa.
Al ver el estoicismo de la joven Snape respiró tranquilo, sabía que no podría protegerla eternamente pero esperaba tener tiempo de prepararla para cuando él no estuviese. Tal vez esa muchacha sería clave a la hora de derrocar finalmente a Voldemort, algo que deseaba en secreto desde su regreso.
Sin soltar su mano se adelantó conduciéndola por el pasadizo hasta las empinadas escaleras, las cuales con un hechizo comenzaron a ascender sin necesidad de que ellos se esforzasen por subirlas. Rápidamente llegaron al viejo portón de madera que daba acceso a su habitación.
— Nunca se supo a quien amaba en secreto Elaine, ¿no es así? — La pregunta tomó por sorpresa a Severus quien aun sostenía la mano de la muchacha.
— Cuando la sencilla embarcación llegó a Camelot además del cuerpo sin vida de Lady Shalott solamente se hallaron algunos de los telares que ella tejió durante sus años de encierro. Aunque en sus dibujos parecía reflejarse una historia era difícil discernir todos los detalles. — Respondió Snape — En su momento esa fue la versión oficial, sin embargo tiempo después comenzó a circular el relato de que al llegar a la ciudad las manos inertes de la mujer aún se aferraban a un lirio blanco y un pergamino. Pero según cuentan Merlín destruyó esa carta.
— ¿Por qué se deshizo de lo único que podía aclarar su muerte? — Inquirió Hermione.
— Probablemente porque tenía algo que ocultar, ¿no crees? — La afirmación de Severus desconcertó a la joven.
A ojos de todos Merlín fue un poderoso mago y a pesar de los siglos se le seguía reverenciando. Esa información hizo pensar a la muchacha que hasta los hombres más respetados de la historia podían poseer oscuros secretos.
Snape soltó su mano dispuesto a marcharse en cuanto ella abriese la puerta. Granger sacó su llave y tras girarla dentro de la cerradura el viejo portón se abrió.
— Espera un momento — Dijo sabiendo que su profesor cumpliría su palabra de abandonar su compañía con la mayor celeridad posible — Tengo que darte algo.
Tras decir esto la muchacha entró en su alcoba dejando sus zapatos junto a la cama. Severus recorrió con la mirada el lugar, a decir verdad sentía curiosidad por ver como era el dormitorio de la joven. La austeridad de la habitación le sorprendió. Todo resultaba sencillo y práctico, un fiel reflejo de la personalidad de su alumna. Desde el umbral de la puerta siguió los pasos que Hermione daba hasta verla pararse al lado del escritorio, el cual lucía ordenado de manera meticulosa.
— Vamos, ¿no pretenderás quedarte ahí plantado? — Preguntó la muchacha volviéndose de nuevo hacia la puerta donde él esperaba — Tranquilo, no muerdo.
Hermione le sonrió de manera burlona mientras Severus seguía observándola con su rígido semblante. Tras unos segundos que parecieron eternos sus botas traspasaron el umbral sonando con fuerza al pisar el suelo de piedra hasta llegar a ella. No tardó en ver su cuaderno en la mesa junto con otro que le resultaba familiar.
— Hice una copia como me sugeriste — Explicó la muchacha al ver como miraba ambos diarios — Utilicé el que me regaló el señor Dawn para ello.
— Es un hermoso cuaderno — Reconoció fijándose en las tachuelas metálicas que lo decoraban. No pudo evitar compararlo con el suyo y sus cubiertas de cuero gastado por el paso de los años y el uso, como si esos diarios los representasen a ambos.
— Ahora es mucho más valioso — Añadió la muchacha sosteniendo el suyo entre sus manos — Posee una parte de ti.
— Prométeme que jamás compartirás con nadie lo que aquí se encuentra — Dijo Severus preocupado por la posibilidad de que ese conocimiento cayese en malas manos.
Hermione levantó la mano cerrando su puño salvo su dedo meñique. Severus la miró con incredulidad al verla hacer tal gesto.
— ¿Sabes lo que es una promesa de meñique? — Preguntó la chica al notar su confusión.
Por supuesto que el mago conocía ese gesto, lo había visto en muchas ocasiones cuando era niño. Los más pequeños de su barrio muggle solían hacerse promesas entrelazando sus meñiques como si ese gesto validase de alguna manera sus estúpidos tratos.
— Tengo conocimiento de ellas — Comentó con desgana — Pero no sirven para nada, los únicos contratos vinculantes son los juramentos inquebrantables o los pactos de sangre.
Hermione lo miró con fingida indignación al escucharle decir esto.
— ¿Cómo que no son validos? — Preguntó sobreactuando — Entrelaza el meñique con el mío y verás cuanto te equivocas.
El hombre continuó mirándola inexpresivamente, no parecía dispuesto a tomar parte en tan absurda pantomima.
— Sé que es algo infantil, pero por favor hazlo por mí — Rogó al fin la muchacha.
Finalmente Severus cedió a sus suplicas incapaz de resistirse a su cándida mirada.
— Prometo guardar todos tus secretos — Dijo Hermione enfatizando cada palabra mientras entrelazaba su dedo con el de Severus — Ahora te toca a ti.
— Prometo guardar todos tus secretos — Repitió Snape con su profunda voz tratando de tomarse en serio semejante promesa muggle.
— Existe una vena que conecta el dedo meñique con nuestro corazón así que acabamos de prometer algo de corazón, no hay magia que pueda romper eso — Añadió con una sincera sonrisa — Entiendo que no es más que una costumbre muggle pero de niña solía hacer este tipo de promesas con mis padres. Supongo que me niego a olvidar ciertas cosas... — Confesó con nostalgia.
Severus no pudo evitar sonreír débilmente tras escuchar eso. A sus ojos la inocencia que demostraba Hermione era de admirar. Tal vez su vida hubiese sido muy diferente si él también se hubiera criado en un ambiente tan amoroso como el de Granger.
Las manos de ambos se separaron y Severus recogió su viejo cuaderno de la mesa.
— Buenas noches profesor — Hermione se puso de puntillas hasta alcanzar la mejilla del mago y le dio un tímido beso.
El aroma a flores blancas embriagó al hombre. Granger olía a jazmín y narciso así que Snape tenía la sensación de adentrarse en un fragante jardín cada vez que se aproximaba más de la cuenta a ella. Extasiado sujetó la nuca de la joven para aspirar durante un instante más ese perfume. Hermione se quedó paralizada al notar su firme mano asiéndola.
— Buenas noches — Susurró cerca del lóbulo de su oreja antes de soltarla y abandonar el lugar sin volver la vista atrás.
