Chim Chim Cheree / East Wind (arreglo a piano de Thomas Newman)


«¿Deberé compararte a un día de verano?

Eres más deleitable, más templado también

Fuertes vientos sacuden en mayo los capullos

y el plazo del verano vence en tiempo muy breve.»

Estaba leyendo cuando Lance entró al salón.

— Hay una señorita afuera que desea hablar con usted, señor Inglaterra. Está siendo muy insistente. Dice llamarse Sarah Vaughan.

Me levanté de la butaca de inmediato, dejando el libro, una primera edición que podría haber donado a un museo pero que decidí quedarme porque no podría desprenderme ni en un millón de años de él. Di las gracias a Lance y fui derecho hacia la puerta.

Y allí estaba ella.

— Hola, Sarah.

La invité a entrar. Cómo desentonaba ella allí, con esa ropa que le quedaba grande, el gorro de lana, los pendientes a puñados y los pantalones vaqueros rotos por las rodillas.

— Te he visto en la tele—dijo.

— Al menos esta vez has tenido el detalle de entrar por la puerta.

— Oye, ¿tú le dijiste a Francia que dijera esas cosas? Todo eso del arrepentimiento.

— Fue cosa suya. Se le ocurrió sobre la marcha—¿era decepción lo que vi brevemente en su rostro?—. Pero yo sentía lo mismo. No podría haberlo expresado mejor.

— Seguro que salisteis a pedir perdón solo porque te tenían agarrado de las pelotas.

— Eres muy joven para hablar así.

— No soy una señorita ni estamos en la época victoriana, por si no te has dado cuenta, así que puedo hablar como quiera.

— No. No lo dije por conveniencia. Digamos que...me han obligado a enfrentarme a algo que he pasado por alto durante mucho tiempo. A veces se necesita una pistola apuntando a tu cara.

— Bueno, de todas formas lo de tu hermano...Él...ni él ni nadie se merecía morir...

— ¿No decías que en las revoluciones las bajas son inevitables?

— Yo también tengo derecho a cambiar de parecer, ¿no?

Era joven y voluble.

«El plazo del verano vence en tiempo muy breve.»

— ¿A qué has venido?

— Tan solo...Te quería dar las gracias. Por no chivarte de lo que hice a la policía o a mis padres.

— Considéralo una oportunidad para construir, en vez de destruir.

— Solo si tú cumples tu promesa. No volver a hacerle daño a nadie y...solamente meterte en guerras cuando llegue Eurovisión.

— Lo intentaré.

— Vale. Que, por cierto, hablando de Eurovisión, más nos valdría volver al punk y dejarnos de baladas y esos rollos. Me gustaría ganar alguna vez, ¿sabes?

Reí.

— Quizás para el año que viene. ¿Tienes algo que hacer ahora?

— ¿Por qué?

— Quizás te gustaría sentarte a tomar algo. Estaba a punto de hacerme un té.

— Bueno...—Sarah dudó—. De acuerdo. Total, no tenía nada mejor que hacer...

Al pasar por mi lado me golpeó en la nariz el olor al perfume que llevaba. Me contó más tarde, cuando comenzó a compartir confidencias conmigo, que se echaba encima las colonias que tenían para probar en las perfumerías.

— Por fuera tu casa parece más pequeña. Esto es increíble. Oye, ya que estamos aquí, ¿por qué no me enseñas todo lo que tienes aquí? Tienes cosas por las que cualquier museo mataría. Eh, ¿es ese Mick Jagger?

Me quedé en el umbral de la puerta mirando. Nada más que mirando.

No tienes ni idea de cuánto me dolía, Titania, verla meter las narices en mis cosas. La miraba y veía a Peter. La misma curiosidad infantil en sus ojos, puesto que, por muy mayor que fingiera ser, aún era una niña. Cómo correteaba por la sala, cómo lo tocaba todo. Igual que él.

Peter...

Eso es de lo que más me arrepiento de cuanto he hecho en casi dos mil años de existencia. Lo alejé de mí y lo desprecié. Aunque me dicen que no fue mi culpa, creo que fue eso lo que lo mató. Si hubiera estado allí, si lo hubiera protegido como debía hacer un hermano mayor...

Ahora es tarde para enmendarlo y tendré que vivir con ello lo que me queda de vida. Siglos y siglos...

«Mas nada agostará tu perpetuo verano,

Ni vas a perder nunca la belleza que adeudas,

Ni de darte su sombra se jactará la muerte

Cuando en versos eternos perdures en el tiempo».

Sarah no podría llenar nunca ese vacío. Pero...Pero si puedo tomar bajo mis alas a una pequeña alma perdida que busca su lugar en el mundo...si puedo enmendar los errores que cometí en el pasado...Los errores que cometí con Peter, con Alfred, con Jett, Matthew, Jiao Long, Ralph, Muhammad, Michelle...

— Eh, he visto en tu buzón que aparte de eso de Inglaterra hay un nombre, Arthur Kirkland, ¿vives con alguien?

— No, ese es mi nombre humano. Uhm, es una necesidad administrativa.

— ¿Puedo llamarte así, Arthur? Inglaterra suena más raro. Sí, te llamaré Arthur. ¿Qué es esto?

— ¿Eso? Oh, puedo hacerle una videollamada a América y que te lo cuente él mismo. Ya verás. Le encantará ponerme en evidencia.

Peter, si me estás viendo desde algún sitio...y espero que así sea...quiero que sepas que de verdad me importaste, hermanito. No te he reemplazado. Nadie podría reemplazarte jamás. Tan solo intento hacer lo que debía.

Te lo dedico a ti...