Lugar: Piso 76 (Arc-Sophia) - Plaza central – Momento del Día: En la mañana
- Ahno... Klein-san – dije llamando la atención del samurái.
- Mmm... ¿qué pasa, Hiro-ji?
- ¿Puedo pedirte un consejo? - pregunté intentando no perder el agarre de mi caja de pociones.
- ¡Seguro! Pregúntale lo que quieras a tu oniisan – respondió con el pulgar en alto y una sonrisa.
¿Onii-san? – pensé con una gota de sudor cómica sobre mi cabeza.
- Como sea – me reincorporé despejando la garganta. ¿Qué harías tú, si conocieses a una chica y...
- ¿UNA CHICA? ¿QUIEN ES? ¿LA CONOZCO?
- Si... digo no... no... pero imagina que si – contesté algo abrumado.
- Un caso hipotético, ¿eh? – preguntó.
- D-Digamos que sí... - respondí intentando proseguir. La cosa es que... conoces a esta chica y te llevas muy bien con ella. Comparten muchos momentos juntos y... al cabo de un tiempo, te enteras que a ella... pues... le gustas o al menos tienes la suficiente evidencia para creerlo así.
- Uhumm Uhumm – murmuró el espadachín escuchando atentamente con una mano en su barbilla.
- Pero... tú no sabes cómo sentirte con respecto a ella... digo... no sabes si lo que sientes es sólo amistad... o si de verdad la quieres...
- Bueno... en ese caso yo...
- Y luego hay otra chica- interrumpí súbitamente desconcertando a Klein. Con la cual te logras entender bastante bien, y te besa en la mejilla, pero también actúa muy tsundere contigo y solo confunde tus pensamientos... (toma aire) además de eso tienes a una tercera chica que deseas que nada le pase, pero tiende a ser impulsiva y a demostrar su exceso de cariño, metiendo tu cara en sus...
Hiro se detuvo al instante al notar que había levantado mucho el volumen de su voz y tosió bastante avergonzado.
- Entonces... ¿Qué opinas, Klein-san?
El pelicastaño samurái, que tenía su mandíbula abierta de la impresión, miraba al peliblanco como si de un ser de otra galaxia se tratase.
Creo que fue demasiado para él... pensé para mis adentros.
Me disponía a abandonar el tema, cuando algo cerca de la plaza central llamó nuestra atención.
- Oe, Hiro... ¿No crees que hay mucho ruido por allá? -preguntó Klein recuperado de la experiencia de hace rato.
- No lo sé, pero parece que atrajo mucho público – respondí igual de confundido.
- Tal vez se trate de una pelea, vayamos a ver – sugirió el samurái, acercándonos discretamente.
- ¡Oye! ¡Suéltame! – oímos gritar a una voz femenina provenir del centro de la muchedumbre.
- Eres ruidosa, ¿eh? ¿Cuantas veces debo decirte que no tiene caso que te resistas? – agregó otra voz, sólo que esta vez sonaba masculina.
Abriéndonos paso entre el gentío, nos topamos con la imagen de una jugadora sostenida de la muñeca por un sujeto de mediana estatura pero que llevaba un equipo de combate bastante fino.
- Oye, viejo, ¿Por qué no le quitas tus dedos de encima? La señorita no está jugando – intercedió Klein bastante molesto.
El sujeto se volteó a mirar al pelicastaño.
- ¿Uhh? No tienes ni la más pálida idea de que está pasando ¿eh, mocoso? ¿Por qué asumes que yo soy el malo en este asunto? – protestó con cierta arrogancia en su tono.
- ¡No engañas a nadie! – exclamó de repente la jugadora rehén. Sé muy bien que ustedes le hicieron algo a nuestra líder.
- ¿Y que podría ser? – contestó el tipo con molestia en su voz.
- Tus matones emboscaron a nuestra líder a un lado del camino y lo siguiente que supimos, fue que desapareció – gritó la joven. Estoy segura de que hicieron algo.
El extraño matón se cruzó de brazos.
- Me tienes harto con tus falsas acusaciones. Después de todo es imposible que podamos hacer desaparecer a alguien, así como así- argumentó.
- ¿Desaparecer...? ¿Acaso fue teletransportada a otro lugar? – dije, involucrándome en la escena.
- No – respondió la jugadora. Era algo distinto. Como un extraño brillo... una vez que terminó nuestra compañera ya no estaba.
¿Un método distinto de transporte? Sólo espero que no la hayan llevado al Área Hollow – pensé.
Mientras intentábamos llegar el meollo del asunto, una figura de reluciente armadura y cabellos dorados se acercó de repente.
- Oe oe... ¿por qué demonios discuten tanto? Me sacan de quicio... - dijo el recién llegado.
Al girar mi cabeza me topé con nada más y nada menos que Alberich... en todo su desagradable esplendor...
- No es mi culpa, jefe – agregó repentinamente el sujeto con el que hablábamos hace rato. Soy inocente, se los digo, inocente.
- No lo eres – interrumpió la joven. Definitivamente hay algo raro aquí. Tienes que estar haciendo trampa.
La muchacha pronto se arrodillo sobre el suelo combatiendo las lágrimas.
- Justo cuando pensábamos que podríamos salir de aquí... esto sucede...
Alberich se llevó dos dedos a la frente.
- Yare yare (Denme un respiro)... me es claro que hemos llegado a un punto muerto. Todo este lloriqueo me tiene asqueado.
- Oye, tú – gritó Klein señalando al rubio paladín. No me importa si tu amigo dice la verdad o no, pero está claro que alguien ha desaparecido, una persona como cualquiera de nosotros. Así que, te sugiero que retires ese comentario de hace un momento...
- Hoo... Sólo digo lo que puedo observar – respondió Alberich. Si lo dije es porque encontré sus patéticos lloriqueos bastante lamentables. ¿Acaso te crees con el poder de quitarme mi derecho a expresar mi opinión?
El samurái apretó los dientes con fuerza y dio unos pasos hacia el rubio.
- ¿Qué has dicho?
- (Suspiro) Está claro que hay personas que actúan antes de pensar... y quieren arreglar todo por la fuerza. Creo que debería enseñarte una lección- expresó el paladín, moviendo su espada con fuerza y asestándole un golpe en el pecho a Klein.
Mi compañero se tomó el pecho unos segundos y se reincorporó. Por suerte no podía recibir daños en un área segura, pero, aun así, el golpe había sido lo suficientemente potente como para hacerlo retroceder varios pasos.
Alberich guardó su espada.
- Hmf... debiste haber cerrado la boca... se mofó. Y sin pena ni gloria, desapareció en un haz de luz dentro del transportador.
Yo corrí a ayudar a Klein, que se hallaba muy pensativo al respecto.
- Oe... Hiro... ¿lo viste? El sujeto logró noquearme – dijo con verdadera sorpresa en su tono.
- Lo vi, Klein, lo vi – contesté.
Ese tipo es muy peligroso y estoy seguro que oculta algo...
- Con el sistema Anti-criminales inactivo, deberemos estar más atentos. Sujetos como él me dan mala espina – agregó el samurái.
- A mí también, Klein, a mí también.
Será mejor hablar con los demás sobre esto...
Necesitamos vigilar a Alberich de ahora en adelante...
Luego de una larga plática con el grupo, todos acordamos mantenernos alerta con respecto a Alberich y su nuevo gremio. Sus intenciones no eran claras y daban muchas señales de que algo se traían entre manos. Por lo que cada uno, recolectaría pistas por su lado y de hacer algún hallazgo importante, nos reuniríamos como siempre en la posada de Agil.
Acabadas mis rondas por los últimos pisos, me topé con una peculiar escena.
Y por peculiar me refiero a que... se trataba de Strea.
Por alguna extraña razón se encontraba parada frente a la entrada de la taberna, pero no ingresaba...
Curioso y algo preocupado decidí observar su errático comportamiento.
Parecía simplemente... vagar sin rumbo por las calles.
Sabía que nuestra amiga era de tener hábitos algo singulares, pero, nunca en una manera tan poco ortodoxa.
¿Acaso la estarían siguiendo? O ¿Ella está intentando no ser detectada por algún espía?
Decidido a resolver el enigma, me propuse seguirle el paso.
Atravesamos la plaza... pero todo era normal.
Pasamos por el portal de transporte... pero nadie parecía perseguirla.
Recorrimos el... espera un minuto... ¿dónde se ha metido? – pensé viendo que la pelilavanda ya no se hallaba en mi rango de visión.
Varios segundos más tarde intentando develar la ubicación de Strea, terminé por recurrir a mi habilidad de rastreo. Con ella me sería fácil ubicarla, aún si intentase ocultarse con sigilo.
La extraña persecución terminó conduciéndome hacia un callejón sin salida.
¿Qué podría estar haciendo Strea, simplemente vagando sin rumbo alguno?
Espera... ¿vagar sin rumbo? No me digas que...
- Buen trabajo, Hiro – dijo una voz a mis espaldas.
Rayos... lo planeo todo...
Exhalé un suspiro.
- Ahhh, como no me di cuenta – murmuré lo suficientemente alto para ser oído.
- ¿Hmm? ¿Darte cuenta de qué? ¿Tratas de decir que sabías lo que planeaba? – contestó Strea con una mano sobre su mejilla
- Para ser sincero... acabo de enterarme. Creo que otra vez has logrado engañarme – contesté con una sonrisa de derrota.
- Estuviste cerca, pero estar a un paso de lograrlo implica un gran avance de tu parte – agregó la pelilavanda intentando levantarme el ánimo.
- Entonces, ¿qué truco pensabas usar esta vez? Jamás te vi hacer algo como esto... a menos que... usaste el mismo truco cuando invitaste a Kirito a tu cuarto, ¿verdad?
Strea asintió con la cabeza.
- La cierto es... que descubrí un buen lugar donde venden carne asada y quería invitarte allí.
- ¿No te parece que fue muy exagerado para una simple invitación? - contesté con una gota de sudor cómica.
- ¿Acaso lo hice mal? – agregó la joven poniendo una cara triste pero demasiado adorable.
- N-No... de hecho fue bastante creativo... y...
Sacudí mi cabeza quitándome el súbito nerviosismo.
- No importa, Strea. No tengo problema en acompañarte, sabes que puedo comer lo que sea... siempre y cuando no implique picante – murmuré al final.
- ¡Yatta! (Hurra) – exclamó sin querer ocultar su alegría.
Finalizado nuestro pequeño juego del gato y el ratón, Strea me guio hacia el susodicho lugar. No era tan abierto como el negocio de picante que habíamos visitado en el pasado, pero si lo compensaba con un look más exótico.
Ambos ordenamos un par de brochetas de carne a la parrilla con salsa de barbacoa.
Increíblemente... sabía muy bien. ¿Cómo Strea si quiera encuentra sitios como estos?
- Me alegra que te haya gustado, Hiro – dijo la pelilavanda, viéndome disfrutar el platillo. La próxima vez podríamos invitar a los demás.
- Suena bien – respondí. Quizás preguntarle a Asuna si puede recrear estos manjares en la cocina de la posada.
- Sería genial si pudiésemos incluirlas en el menú de Agil – sugirió la joven.
- Mmm... no creo que Rain-san necesite trabajo extra – bromeé, acabando mi comida.
- Es cierto... oí decir a mi compañera con un tono más relajado. Creo que es hora de que regresemos- dijo poniéndose de pie. Gracias una vez más por acompañarme, Hiro.
- No, gracias a ti por mostrarme tan grandioso lugar. Siempre tienes buen ojo para estas cosas. De algún modo tendré que devolverte el favor algún día – contesté.
- Daame (Nope) eso corre por mi cuenta –agregó. A decir verdad, no estaba segura de sí me seguirías cuando comencé a deambular. Pensé que no lo notarías o que simplemente continuarías tu camino...
- Pues ya has visto, que acabé siguiéndote – dije con una sonrisa.
- Y por eso estoy muy feliz –expresó la pelilavanda. Además, quisiera darte las gracias por compartir este momento conmigo.
- No hace falta- respondí arqueando la cabeza, sin notar que Strea se acercaba peligrosamente a mi rostro. Me preocupaba que...¡!Hmfg!?
No acabé la frase, mi cuerpo se congelo al instante en el momento que procesé lo que estaba ocurriendo...
Strea... me estaba besando, pero no como las demás lo habían hecho... no... ¡!ELLA ESTABA BESÁNDOME EN LOS LABIOS!
Mi reacción inicial fue el pánico. Por lo que Intenté zafarme, pero, para mi... ¿infortunio? Mis brazos eran sujetados con una fuerza aterradora, impidiéndome romper el beso.
Mi mirada viajó en todas direcciones, hasta detenerse en el rostro de la pelilavanda.
Mi cerebro estaba haciendo un enorme esfuerzo tratando de racionalizar el hecho.
Por otra parte, mi compañera no lucía afectada de ninguna manera.
Sólo mantenía sus ojos cerrados y daba pequeños gemidos... parecía estar disfrutando el momento.
Entonces, la pregunta surgió...
¿Debería hacer lo mismo y sólo dejarme llevar?
Mientras debatía internamente, la sensación cálida abandonó mis labios y mi compañera se apartó unos pasos.
Mi respiración era pesada y mi semblante, en palabras sinceras, era patético, muy contrario al de Strea.
- T-Tienes... una forma rara... de dar las gracias – alcancé a balbucear, muy sonrojado.
La joven rió.
- Si tienes problemas con mi forma de darte las gracias, que tal si frotamos nuestras mejillas como recompensa – propuso sin perder el tono jocoso y pegando nuestros rostros, uno contra el otro.
- O-Oe... no j-juegues – intenté protestar, aun bastante avergonzado.
Ella sólo se detuvo cerca de mi oreja...
- ¿Y si no estoy jugando? – susurró con un tono que sonaba seductor, pero también algo triste...
- ¿S-Strea? – alcancé a decir, viéndola alinear nuestras miradas.
Rápidamente, una sonrisa se dibujó en su rostro y sentí una vez más como su boca asaltaba mis labios.
Al cabo de unos largos segundos, volvimos a separarnos.
- ¡Hehe, realmente me gustas, Hiro! – exclamó la pelilavanda con una risilla.
- Uh... yo... etto...
- Fu fu...– rio la joven. Además, eres muy lindo cuando estás avergonzado. Si te esfuerzas más en atraparme, te daré otra recompensa. ¿okay? Pero tendrás que trabajar duro, si quieres saber cuál será... – dijo en un tono casi melódico, momentos antes de abandonar el callejón y continuar su camino por las calles de Arc-Sophia.
Me tomó varios minutos salir del estupor.
Mis piernas temblaban como si estuviesen hechas de gelatina...
¿Eso realmente... acababa de ocurrir? – dije para nadie en particular.
Ante mi inestabilidad psicológica y, por lo visto, física, mi decisión más sensata fue tomar asiento cerca de una decorativa pila de cajas.
Necesitaba tranquilizarme, respirar profundo y ordenar mis pensamientos.
Desplegué el menú y busqué en mi lista de contactos.
Kirito tenía que oír esto...
