Lago de Como II
Despertar sintiendo el peso de Jenn sobre su cuerpo, ¿quién podría resistirse a sentir con ese agarre tan dulce? Lana desde luego no. Se giró entre los brazos de Jenn y depositó un beso en el hombro de la rubia. Ni siquiera había abiertos los ojos cuando ya tenía los labios rozando esa piel tersa y perfecta. Toda la ternura que brotaba en sus labios decidió vagabundear sin escrúpulos desde el hombro hasta el cuello. Unos centímetros que ya había conquistado en el pasado cuando ni siquiera tenía derecho a hacerlo. Escuchó a Jenn aspirar aire y soltarlo. Apenas se movió así que ella vio en su poco movimiento una luz verde que le permitía seguir explorando. Cada beso que daba le provocaba una huella en los labios y era consciente de que esa marca no se marcharía aunque pasaran los años. Estaba tomando el camino sin retorno de amar a Jennifer libremente y cuando se entregara a ella no podría abandonarse a nadie más, su cuerpo no lo permitiría. Su corazón tampoco. ¿Era acaso imprudente sentirse tan presa de este sentimiento? ¿Debía tener más cautela? Era difícil dar una respuesta positiva a esas preguntas cuando la causa de su precaución dormía con una expresión sosegada y segura en sus brazos.
Jennifer suspiró y abrió uno de sus ojos sintiendo a Lana sobre ella mirándola. La morena acarició su rostro y su cabello con dulzura.
-Buenos días – susurró la rubia.
-Buenos días, Jenn – Lana se inclinó y besó sus labios castamente.
-¿Has dormido bien, preciosa? – quiso saber Jenn estirándose y sonriendo cuando la morena se acomodó sobre ella aprovechando el espacio. La abrazó acariciando suavemente su espalda con las manos.
-Mucho – contestó Lana – ¿y tú?
-También, al menos hasta que tuve un sueño perfecto dónde una hermosa mujer morena me besaba el hombro y el cuello, y me acariciaba el rostro – se mordió el labios – y entonces desperté – hizo una pausa – y me di cuenta que la vida real era mejor que el sueño.
Lana sonrió – tonta.
-Y te encanta esta tonta.
-Muchísimo – aseguró comenzando un beso que les demandó más minutos de los esperados o planificados, pero ninguna se quejó por ello.
Cortona. Así se llama el sitio al que Lana la estaba llevando. Un sitio dónde se filmó la película "Bajo el sol de la Toscana" que protagonizó Diane Lane por la que obtuvo un Globo de Oro. Iban por la carretera consciente de que les quedaba casi una hora para llegar al lugar. Apenas estaba saliendo el sol y ellas compraron café con pastelitos de hojaldre para no perder el tiempo en hacer el desayuno. Escuchaban música por la radio y conversaban sobre cómo organizarían el día. Estando a una hora de camino y para evitar retrasos, Jenn había preparado su maleta para salir pitando al aeropuerto ni bien llegaran.
Hablaban del paisaje sin preocuparse de las nubes que se avizoraban en el horizonte. El tiempo estaba inestable, pero la app de clima decía que era algo transitorio. Tampoco les importaba. Con lluvia o sin ella, lo que deseaban era estar juntas y compartir el momento.
-Julia lo sabe – dijo de repente Jennifer.
-¿Qué cosa? – preguntó Lana.
-Lo nuestro – Jenn hizo una pausa pensando en cómo seguir – esto que nos pasa.
-¿Se lo has dicho? – Lana sonrió de medio lado – que chica más atrevida has resultado.
-Bueno, no me ha preguntado solamente qué nos unía cuando fuiste a visitarme a Dortmund – explicó Jenn – y soy bastante débil a su curiosidad.
-¿Te ha preguntado de verdad eso de si prefiero arriba o abajo?
Jennifer comenzó a reír – no, no, tanto no, pero digamos que me amenazó con patearme el trasero si no aclaraba las cosas contigo.
-Oh, tengo una aliada – la morena mostró su satisfacción.
-Pienso camelarme a Deena – aseguró Jennifer.
-Pues creo que algo intuye porque ha insinuado que me van las rubias.
-¿De veras? – Jennifer sonrió de medio lado – es que se te nota mucho.
-A las dos, cariño, a las dos – Lana continuó con el juego de palabras – no creas que con Bex te será tan sencillo como con Deena – comentó e inmediato agregó - tampoco es que sepa que piensa realmente mi hermana ya que no la veo desde hace semanas, pero estoy segura que no dejará pasar mucho más nuestro acercamiento.
-Esto quiere decir que Bex lo sabe también – sacó en claro la rubia.
-¿Esperabas otra cosa? – Lana la miró de reojo – fue darle tus regalos y que no pudiera escapar hasta contarle todo – hizo un gesto con los labios – ahora hasta me hace bromas sobre lesbianas.
-¡Madre mía! – Jennifer se rio de manera audible – es algo que tengo que oír.
-Es algo que tendrás que padecer, Jenn – advirtió Lana – créeme.
Cortona resultó un lugar hermoso, una pintoresca ciudad en una colina con aire renacentista. Una preciosa postal europea. Caminaron viendo diferentes puntos y aprovecharon para hacerse algunas fotos que por ser de las dos, no podrían subir a sus redes. Lo cierto es que sólo deseaban estar cerca, el escenario era algo superfluo. Jenn aprovechó para tomar de la mano a Lana siempre que pudo y la morena le regaló algunos besos inesperados. De entre todo lo que había en Cortona lo que más sobresalía era la torre en la zona del Palazzo Comunale y hasta allí fueron las dos cuando se cansaron de andar de aquí para allá. Tomaron algunas fotos y pararon a disfrutar el sol en una pequeña taberna que tenía una galería exterior que nada tenía que ver con el tamaño de su interior.
-¿Te gusta la peli? – preguntó Jenn mientras bebía un poco de té helado – digo 'Bajo el sol de la Toscana'.
-Sí, bastante – explicó la morena – es una película que puede resultar inspiradora.
-Cuéntame – le pidió Jennifer.
-Seguramente ya la has visto, Jenn.
-Pero quiero oír tu perspectiva – hizo un gesto de chantaje emocional – por favor.
Lana rodó los ojos – vale, no te voy a explicar la sinopsis porque ya la sabes, pero para esta mujer que está huyendo de una depresión mientras ve como su mundo se desmorona, este sitio es una oportunidad.
-Una oportunidad.
-Sí, para encontrarse consigo misma, para ser diferente también, ¿sabes? – aclaró Lana.
-Sé, se enamora de este lugar y comete la mayor locura de su vida cambiándola justamente – expone Jenn – renuncia a su vida de siempre por una nueva, más pintoresca, mucho más llena de obstáculos, pero más satisfactoria.
-Satisfactoria en su sencillez, es lo que tienen los sitios nuevos, los que no son casa, que nos aportan una sencillez que hace todas las cosas más agradables y posibles – Lana suspiró antes de agregar – si algo me gusta de esa película es que creo que no es una historia romántica, no va de ella recuperándose a través del amor de un hombre, sino de ella recuperando su amor propio gracias a las personas que la rodean.
-Aunque conoce a un hombre – dijo Jenn -, pero es cierto que él no es lo esencial.
-Él es solo un recordatorio de que ella puede volver a amar a otra persona y que ha superado el trauma de su divorcio, lo bonito es todo lo demás – miró como el sol brillaba entre los laterales de la torre – el paisaje y la gente que los rodea, pero sobre todo ella misma.
Jennifer sonrió viendo como Lana se perdía en sus pensamientos, como al momento de reflexionar parecía mirar el cielo buscando concentrarse o abstraerse, como movía ligeramente los labios enfrascándose en esas ideas que invadían su mente. Sería el lugar o el momento, pero Lana Parrilla le quitaba el aliento cuando sonreía como ahora, cuando la miraba cómo ahora.
-¿Qué?
-Que eres demasiado hermosa – dijo la rubia.
-Debe ser este lugar, al parecer te ayuda a sentirte libre y hacer o decir lo que quieres, hay una película que lo confirma – Lana sonrió y formuló en voz alta una duda – me pregunto si Diane Lane hubiera hecho lo mismo estando en su lugar habitual.
Jenn frunció el ceño - ¿crees que no?
-No lo sé, creo que gran parte de su valentía y arrojo tuvo que ver con estar lejos de casa, de las presiones y las personas de siempre – la morena se cuadró de hombros.
La rubia leyó el entrelineas de inmediato. Esto no iba de Diane Lane, ni de una película. Era una duda expresaba en forma de analogía que podía fácilmente adecuarse a su situación personal. ¿Hubieran llegado ellas tan lejos bajo el sol de la vida cotidiana, de la rutina? Al fin y al cabo, fueron Dortmund, Milán y Florencia las que las habían visto cambiar. Sonrió de medio lado entendiendo las dudas de Lana, pero conociendo una respuesta a esa pregunta. Una que tenía que recordarle, otra que pensaba vivir con ella.
-Dortmund, Milán o Florencia fueron nuestra Cortona, ¿eso es lo que piensas? – vio como Lana suspiró sonriendo.
-No sabía que podía ser tan transparente – dijo.
-He aprendido a conocerte mejor, Lana, es sólo eso – Jennifer se acercó a la morena y sostuvo su mano – y déjame decirte que olvidas algo importante – la morena la observó interesada – este camino lo iniciamos en casa, fue en casa que empecé a mirarte de otra forma, fue en casa que nos reencontramos y nos acercamos – sonrió de medio lado – fue en casa que me diste aquel beso en el hombro, ¿sabes?
Lana se tapó el rostro riendo – no me lo recuerdes, que vergüenza pase cuando abriste los ojos – confesó tratando de que sus mejillas no notaran el calor que le subió por el cuerpo -, pero tú te mantuviste tan tranquila que no pude más que sentirme mejor.
-Te vi incomoda y no quise generarte más de lo que ya tenías, quería que no huyeras de mí – admitió Jenn.
-Y te vengaste esa noche en Dortmund – expuso Lana.
-Más que vengarme, me deje llevar y pensé que debía expresar mis intenciones – comentó Jennifer – como creo que debo expresarlas ahora también.
-¿Ahora? – preguntó Lana - ¿a qué te refieres?
-A que quiero que sepas que me da igual si es Milán o Cortona, yo no quiero que las cosas entre nosotras cambien al llegar a Los Ángeles – Jennifer suspiró – o si quiero que cambien, pero no pretendo alejarme sólo porque haya más fotógrafos o más conocidos, o porque nuestros agentes nos llamen cada día.
-¿Y qué quieres que cambie entonces? – Lana dominaba a duras penas su respiración, tratando de sosegarla y que no se notará.
-Quiero avanzar, quiero que me sientas como yo te siento – Jenn entrelazó su mano con la de Lana y se puso de pie, para luego hincar una rodilla frente a ella.
-Pero ¿qué haces? – Lana se precipitó intentando que volviera a ponerse de pie.
-Dijiste que debía ponerme de rodillas.
-¡Sólo estaba bromeando! – objetó la morena.
-Y yo solo intento mostrarte que estoy dispuesta a hacer lo que haga falta, si quieres que este de rodilla para pedírtelo, lo estaré – explicó – porque estar de rodillas para hacer esto no es un sacrificio, es un honor para mí.
Unos pocos transeúntes y gente en la taberna empezaron a comentar entre ellos. Nadie entendía del todo lo que hablaban, pero la imagen decía mucho.
-Están pensando totalmente otra cosa – expuso Lana mirando alrededor.
-Me da igual lo que ellos piensen, concéntrate en mí – le pidió la rubia y obtuvo su atención – en Dortmund te expresé mis intenciones con un beso y nos llevó hasta el que nos dimos en Milán – dijo – y Milán nos trajo aquí, pero necesito que veas que no soy solo la chica de los besos y que quiero ser más.
-Eres Jenn, no eres cualquier persona – indicó Lana.
-Lo sé, pero es la forma en la que piensas en mí lo que quiero cambiar – expresó Jenn – quiero que un día, cuando estés preparada y quieras hablar de mí con tus amigos o tu familia, no tengas temor en decir lo que hay entre nosotras aunque ahora parezca sólo una etiqueta convencional – Jenn respiró profundamente – creo que lo estoy liando un poco para preguntar – sonrió al ver la mirada fija de Lana.
-Sólo pregunta – le pidió la morena.
-¿Quieres ser mi novia, Lana Parrilla? – su respiración se veía agitada y Lana se mordió el labio al verla tan alterada – quiero vivir esto contigo, nos lleve a donde nos lleve y quiero que sepas que voy en serio, que esto no es algo al paso para mí...
Jenn iba a seguir hablando, pero Lana la puso de pie de un tirón y apoyó un dedo sobre sus labios - ¿puedo responder primero? – la rubia sonrió y asintió – sí, quiero, quiero ser tu novia, Jennifer Morrison.
Jennifer sonrió feliz y besó sus labios apasionadamente, apretando a Lana contra su cuerpo y suspirando al sentirla temblar. Oyeron a la gente aplaudir alrededor, imaginando que se habían prometido o algo así y rieron en el beso.
-Dado nuestro mundo cotidiano dudo que alguna vez pase, pero si un día decides pedirme matrimonio ya te has cargado el truco de ponerte de rodillas – le dijo la morena.
-Ya me inventaré algo – aseguró Jennifer besando sus labios por unos segundos – la pregunta es sí me dirías que sí.
-Puede – respondió Lana riendo y disfrutando un poco más de los labios de su compañera – venga, sentémonos antes de que venga el cura del pueblo a querer casarnos – comentó viendo como la gente seguía atentas a ellas dos.
-¿Crees que aceptaría un "si, puede" como respuesta? – preguntó Jenn.
-Lo que realmente me asombraría es que no saliera huyendo al ver a dos mujeres juntas - reveló Lana.
Las dos siguieron conversando tomadas de la mano. El teléfono de Lana sonó al cabo de unos minutos.
-Es Bex – dijo Lana viendo la imagen de su hermana del corazón en la pantalla - ¡Hola hermanita!
-Hola – respondió la pelirroja del otro lado de la línea, mientras Jenn llevaba la mano de Lana su boca y la besaba dulcemente, murmurando algo que contenía la palabra novia haciendo que Lana no pudiera evitar la sonrisa - ¿sigues con la rubia? – preguntó Bex notando la pausa prolongada.
-Sí – le respondió distraídamente Lana – estamos paseando por el interior de la Toscana.
-Pásamela – pidió Bex.
-¿Eh?
-Que me la pases – ordenó la pelirroja.
-¿Qué? Pero ¿para qué? – quiso saber Lana, mientras Jennifer notaba la tensión en su cuerpo.
-Cosa de las dos – replicó Bex – ahora pásamela, por favor.
Lana separó su oreja del móvil – quiere hablar contigo – le dijo a Jenn y la rubia pestañeó apresuradamente - ¿quieres...? – pudo oír como Bex murmuraba algo que posiblemente fuera "por supuesto que quiere, más le vale querer" aunque no la podría afirmar porque la oía muy bajo.
Jenn levantó la mano y tomó el móvil anticipando mentalmente la puya que le daría la 'hermana' de su novia – Hola Bex.
-Así me gusta – fue la respuesta de la pelirroja – que atiendas tus llamadas como niña buena.
-¿Cómo estás, futura mamá? – Jenn no pudo más que divertirse ante las palabras de la otra mujer.
-Pesada, cansada y deseando un bote de helado de fresas – explicó Bex – ah, mi bebé y yo tenemos un antojo, necesitamos saber si ya eres la tía Jenn o no.
-¿La tía Jenn? – la rubia no consiguió disimular la sonrisa.
-Sí, sí, ¿te has declarado?, ¿vas a hacerte cargo de lo que tus besos provocan o sólo te dedicarás a besar a actrices morenas por donde vayas? – Bex comenzó a preguntar una cosa y su voz sólo se detuvo un segundo para respirar antes de preguntar de nuevo - ¿han aclarado lo que sienten o siguen haciéndose las tontas? En fin – dijo - ¿eres la tía Jenn de mi criatura o sigues siendo solamente Jennifer Cara de Póker Morrison?
-¿CARA DE POKER? – la voz de Jenn sonó aguda y alta asustando a Lana que se tapó el rostro imaginando lo que pudiera estar diciendo su hermana por el teléfono. La rubia soltó una de sus típicas risas espontaneas - ¿así es cómo me llamas?
-Así es como te llamamos – apuntó el plural – o te llamábamos, puede que mi hermana se invente nuevas formas – Bex carraspeó -, pero no hagas esperar a una mujer embarazada, ¿eres o no la tía Jenn de mi criatura?
-Sí, soy la tía de tu futuro retoño – contestó Jenn.
-¡Perfecto! ¡Así me gusta! – exclamó Bex encantada – y cuida bien de mi hermanita, eh, que no tenga que reclamarte nada, ahora ponme en altavoz, por favor.
-Como ordene la señora – contestó Jenn colocando el móvil de Lana en la mesa y haciendo caso.
-¿Has acabado de incordiar a mi novia? – le preguntó Lana ni bien se oyó el sonido de la línea.
-¡AY! ¡QUE MONA! ¡QUE MONAS! – Bex se mostró encantada – las shippeo, hacen una pareja preciosa.
-¿Eso era lo que querías decir, Bex? – preguntó la morena.
-No, quería decir que deben venir a Vancouver a visitarnos porque quiero ver de primera mano esta relación.
-¿Y debemos viajar nosotras? – quiso saber Jennifer.
-Tú aún estás a prueba, ¿sabes? – la voz de Bex sonaba alegre, pero Jenn supo que no era broma, Lana y ella se querían demasiado – te conviene hacerme caso.
-¿Sí te llevó a Lana hasta Vancouver para cenar contigo me tendrás en mejor estima? – preguntó la rubia entonces - ¿dejarás de llamarme cara de póker cuando menos?
-Si no te comportas como la cara de póker de siempre quizás si – aseveró la pelirroja.
-¡Bex! – se quejó Lana.
-Vale – la voz de la pelirroja sonó condescendiente -, pero ¿vendrán?
-Sí, puede – respondió Lana haciendo reír a Jenn - ¿es esa una respuesta aceptable?
-Perfectamente aceptable – Bex hizo una pausa – podría llamar a Ginni y Josh, los padres deberían estar presentes en la reunión familiar.
Jennifer meneó la cabeza – eres consciente de que no somos familia, ¿verdad?
-Somos tu ensayo para los verdaderos – replicó Bex – y, además, puede que Ginni no lo sea, pero sí que es cotilla como tu falsa madre y necesita esta información.
-Eso es verdad – dijo Jenn y Lana soltó una carcajada – vale, llámalos.
-¿Estás segura? – preguntó la morena acariciándole la mano - ¿quieres hacer esto?
-Quiero, que mejor que nuestros amigos para empezar.
-Seremos discretos, no sé preocupen y me encargaré de que Josh amordace a Ginni – garantizó Bex – puede que hasta le guste – agregó haciendo reír a las otras mujeres – y tú, Señorita Parrilla – señaló intensamente – luego te llamaré, quiero los detalles picantes – luego cortó.
-Sin decir adiós ni nada – Lana rodó los ojos – tan Bex, pero multiplicada por dos.
-Bueno, ahora mismo ella lleva a un pequeño o pequeña Bex dentro, así que no estás tan errada – Lana asintió y Jenn entonces agregó con una sonrisa de medio lado – por otra parte, si ella pudo aceptar tu "si, puede" creo que debería ir a buscar al cura del pueblo.
-Oh no, Señorita Morrison – se negó Lana – quiero ver que se inventa si esa ocasión llega a ocurrir.
"Lo bueno si es breve dos veces bueno" es una frase hecha que mucha gente utiliza para consolarse o para remarcar que hay que disfrutar de las cosas. Y Jenn si que disfruto mucho de estos días, pero se estaban apagando. O eso sentía mientras Lana conducía en absoluto silencio hacia el aeropuerto luego de haber pasado el resto del día caminando de la mano por aquel pequeño y pintoresco sitio. Caminando y besándose. Ahora el único contacto que las unía eran sus manos alrededor de la palanca de cambios. En el momento que apareció el aeropuerto frente a ellas, Lana suspiró.
-Sólo son unos días – dijo regalándole una sonrisa que si quería consolarla no lo logró para nada.
-Lo sé, pero no eres nada convincente – comentó tratando de sonar tranquila.
-Ni tú.
Entraron al aparcamiento en el que hacía dos días se habían encontrado y Jenn bajó del coche consciente de que no tenía mucho tiempo para abordar, lo que significaba que tenía poco tiempo para despedirse. Muy poco.
Lana sacó su maleta y cerró el portaequipaje – te veré en Los Ángeles en unos días – susurró.
Jenn le sonrió y tomó su mano acercándola a ella – ven aquí – musitó contra su cuerpo – necesito que mi novia me bese – anunció haciendo reír a la morena.
-¿Ah sí?
-Si.
Se enganchó con sus labios a su boca como si fuera lo único sobre la tierra que pudiera mantenerla con vida. Un beso que no comenzó casto como otros porque estaba cargado de emociones. Necesitaba sentir los labios de Lana jugar con los suyos y grabarse en su cuerpo para soportar la espera. Lamió los labios de Lana y la morena entreabrió su boca permitiendo el roce de lenguas que las hizo suspirar y jadear.
-Mi novia – murmuró la morena contra su boca separándose apenas para coger aire y volver a mecerse contra ella, a besarla con pasión hasta que fue Jenn la que tuvo que tomar aire.
Se separó y la observó un segundo. Su boca se sintió sedienta al ver cómo había en esos ojos chocolate mucha devoción, pero también deseo. Deseo que se reflejaba como una oscuridad en la que su cuerpo le pedía hundirse salvajemente. Se contuvo como pudo, temblando de pies a cabeza y separó los labios para despedirse, pero se vio gimiendo de sorpresa y placer cuando Lana tomó su rostro con fuerza besándola profundamente. Sus manos reaccionaron a esa invasión espontánea y desesperada con una acción aún más irracional para una despedida de 2 minutos en un aparcamiento. Levantó a Lana del suelo apoyándola contra el coche y arrasándola con su propia boca. El calor subiendo. ¿Por qué tenía que marcharse cuando sólo deseaba hacerle el amor? Destino cruel.
Lana gemía contra su boca y sus manos profundizaron el beso con un empuje preciso en la nuca de Jenn. Estaban en el punto correcto para entrar en combustión y ambas lo sabían. Lo sabían porque tenían cada poro de la piel despierto, porque sus lenguas no paraban de rozarse húmedamente y porque lo único que hacía la ropa en sus cuerpos era estorbar.
Jenn comenzó a besar el cuello de Lana respirando aceleradamente y gimoteando en cada roce de su boca – tengo que irme, Lana – prácticamente lo gimió -, pero deseo tanto hacerte el amor.
-Y yo quiero que lo hagas, quiero sentirte contra mi cuerpo – Lana hizo propias sus palabras hundiendo los dedos en el cabello de la rubia y dejándose amar -, pero tienes que irte – cerró besando de nuevo la boca de Jenn y soltándola.
Se alejaron lo más rápido que pudieron la una de la otra porque seguir cerca era una tentación demasiado intensa para convertirse en una locura.
-Te veré en Los Ángeles – le gritó Jenn antes de subirse al ascensor – así de agitada eres lo más hermoso que he visto nunca en la vida – las puertas se cerraron delante de ella antes de que la morena le respondiera, pero pudo ver su sonrisa perfecta y eso le bastaba. Se recostó en la pared metálica y suspiró mordiéndose el labio.
Lana subió a su coche y Florencia perdió sentido cuando Jenn desapareció de su vista, de su alrededor. Llegó a la casa siendo la mitad de la tarde y al poco tenía la maleta hecha, había hecho un par de llamadas, una a Rafaella y otra al dueño del piso, y estaba subiéndose ella y a sus pertenencias al coche. El GPS con su robótica voz solicitó un destino.
-Lago de Como – dijo con la voz muy clara.
-Calculando – luego de unos segundos comenzó las indicaciones – 3 horas y 45 minutos por la A1...
Lana sabía que llegaría tardísimo, pero no tenía problemas con conducir por la noche. Además, el sitio tenía múltiples hoteles y ella podría reservar una noche durante el camino con el manos libres. Todo le daba igual, pero necesitaba seguir sintiendo a Jenn un poco más y sabía que adoraba ese lugar. Necesitaba seguir sintiéndose conectada con ella aunque no estuviera respirando el mismo aire o quitándole el aliento con sus besos.
¿Y? ¿Qué tal les ha parecido? ¿Alguna está decepcionada con la historia o tiene críticas? Me gustaría saberlo
