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BirsandStars
Aparqué el auto y me quedé mirando la casa fijamente. Detrás de esa puerta estaba quien había robado la información. Respiré profundamente antes de bajarme del auto y caminar con paso decidido hacia la puerta. Toqué y esperé. Un minuto más tarde la puerta se abría.
—Hola Ana. ¿Qué haces aquí?
—Necesito hablar con Christian.
—Entra, están en la terraza.
Entré y caminé hacia la terraza. Aun no sabía cómo iba a abordar este asunto con él. Pero sabía que no podía hacerlo en frente de Grace. Llegué a la terraza. Grace y Christian estaba conversando muy animados mientras sonreían. Me quedé parada por un momento admirando esa escena adorable hasta que Grace, que estaba de frente a mi se percató de mi presencia.
—¿Ana? —preguntó preocupada.
Christian se giró en mi dirección y en cuanto vio mi rostro dejó de reír.
—¿Qué sucedió? —preguntó mientras caminaba en mi dirección.
—Necesitamos hablar en privado. —le dije muy bajito, no quería preocupar a Grace.
—De acuerdo, vamos a la biblioteca. —me dijo mientras tomaba mi mano entre la suya
Entrelazó los dedos con los míos y me condujo hacia la biblioteca. En cuanto entramos cerré la puerta.
—Será mejor que te sientes. —le dije muy seria mientras yo me sentaba a su lado.
Puse el bolso a un lado, saqué lo que había impreso y se lo tendí. Christian no necesitó mucho tiempo para percatarse de lo que le estaba mostrando.
—Yo no hice esto. —me dijo frunciendo el ceño.
—Eso lo sé, pero alguien lo hizo desde tu máquina en el tiempo en que estábamos en Londres.
—No tengo idea de quien pudo acceder y sacar esa información.
—Sea quien sea quería inculparte a ti. —le dije mirándolo fijamente.
—Sí. Alguien con buenas habilidades de hacker. —dijo pensativo.—Pero lo que más me llama la atención, es como entró en la empresa sin que nadie lo notara.
—Debe de trabajar en la empresa.
—Hay que revisar las cámaras de la oficina. —me dijo de repente.
—Sí. Esas cámaras no funcionan. —le dije mientras me mordía el labio inferior. —Si funcionaran no te hubiese dejado hacer lo que hiciste en la oficina. —le dije recordando lo sucedido.
—Recuerdo que nos interrumpieron. —dijo mirándome seductoramente mientras colocaba las manos en mis muslos y las subía lentamente. —¿Y las del corredor? —me dijo de repente deteniendo el avance de sus manos, haciendo que yo volviera a pensar coherentemente.
—Hay que ver si esas captaron a quien entró en la oficina. —le dije mientras Christian acercaba sus labios a los míos.
—He hablado con Grace sobre asumir la dirección nuevamente. —me dijo mientras yo me mordía el labio inferior en anticipación de su beso.
—¿Y qué dijo? —le pregunté perdiéndome en su mirada.
—Que, si tu estabas de acuerdo, no veía ningún problema en hacerlo oficial.
Deliberadamente, Christian acercó sus labios a los míos, rozándolos. Pero por más que me tentara, no pensaba ceder ante su ligera caricia. Movió las manos en mis muslos, colándolas por debajo de mi falda favorita, mientras subías los dedos hasta mi sexo, pero sin llegar a tocarlo. Y allí comenzó a deslizar los pulgares, trazando círculos en mi piel. Tocando ligeramente las bragas que llevaba puestas.
—Mmmm. —murmuré cerrando los ojos.
—¡Ana! —al sentir mi nombre en sus labios abrí los ojos.—¿Para cuándo puedes programar la reunión? —me preguntó mientras detenía el movimiento de los dedos.
—Puedo hacer un espacio para hoy en la tarde o a primera hora de la mañana. —le dije con la respiración ligeramente acelerada mientras miraba sus labios y después nuevamente hacia sus ojos.
—Mejor mañana en la mañana. —me dijo con una sonrisa uniendo sus labios con los míos.
Lo necesitaba, con urgencia. Con la misma urgencia que me necesitaba el a mí. Me lo decían sus besos fervientes y sus caricias en mi cuerpo. Pero no podía demorarme. Tenía que regresar a la Empresa y preparar todo para mañana. Así que, a regañadientes, me separé de él.
—Debo regresar. —le dije acalorada mientras el me acomodaba un mechón de pelo detrás de la oreja.
Christian me miró entrecerrando los ojos.
—¿Me vas a dejar caliente, excitado y deseando perderme en tu cuerpo? —me preguntó mientras yo reprimía una sonrisa.
En estos momentos Christian parecía un adolescente hormonal malhumorado al cual le estaba negando sexo.
—Puedo recordar varias ocasiones en que me hiciste lo mismo a mí. —le dije juguetona.
—Refréscame la memoria. ¿Cuándo fue que te dejé excitada?
—En el ascensor, cuando me dijiste que querías acostarte conmigo, y mucho más en la noria, cuando me besaste. —le dije recordando ese momento.
—¿Qué tan excitada estabas? —me susurró en el oído.
—Lo suficiente para usar el consolador pensando en ti. —le dije seductoramente.
—Mmmm. Sabes que esto no se va a quedar así, ¿verdad? —me dijo mientras me separaba de él y me levantaba del sofá.
—Se que te desquitaras con mi cuerpo cuando llegue a la casa. —le dije con una sonrisa mientras me dirigía a la puerta.
Christian se levantó también y caminó rápidamente hasta donde yo estaba. Me tomó del brazo girándome y acorralándome contra la puerta.
—Esta noche…—me dijo mientras pegaba su cuerpo al mío. —…vas a desear no haberte marchado ahora…—me decía mientras sus labios besaban mi cuello. —… vas a suplicar…—subió y tomó mis labios entre los suyos. —…que esté dentro de ti…—me dijo mientras yo me derretía entre sus brazos, literalmente.
Y entonces se separó de mi dejándome excitada por sus palabras y la promesa que estas implicaban.
—Lo has hecho nuevamente. —le dije mientras abría la puerta, le robé un beso y salí de la biblioteca.
Christian me acompañó hasta el auto y cuando fui a abrir la puerta el se acercó a mí y me dio un beso, pero después dejó su cuerpo y sus labios pegados a los míos.
—Esta noche voy a compensarte por todas las veces que te he dejado excitada. —susurró contra mis labios.
—Esta noche promete. —le dije robándole un beso.
Christian se apartó de mi y me monté en el auto. Le sonreí y me despedí de él.
Todo el camino de regreso iba con una sonrisa idiota en mi rostro mientras cantaba una tras otra las canciones del reproductor de Jessy.
Pasé frente al escritorio de Jessy y le pedí que fuera a mi oficina para actualizar la agenda. Me senté detrás del escritorio y ella entró un minuto más tarde.
—Necesito que convoques a todos los directivos para mañana a las 8:30 am en el salón de conferencia.
—A esa hora tenías una reunión con nanotecnología.
—Posponla para más tarde.
—¿Cuál es el motivo de la reunión?
—Christian va a asumir la dirección de TecFall. —le dije mientras ella dejaba de mirar la agenda y me miraba a hora fijamente.
—Eso quiere decir que volverás a ser su asistente personal.
—Sí.
—¿Entonces volveremos a nuestros antiguos puestos?
—Sí.
—¿Almorzaras conmigo nuevamente? —preguntó emocionada.
—Eso espero. —le dije con una sonrisa.
—¿Algo más?
—Nada más.
—Muy bien, entonces voy a hacer las citaciones. —me dijo saliendo de la oficina.
Y cuando ella se marchó me puse a hacer un trabajo que no podía pedirle a nadie. No podía poner en sobre aviso a seguridad. Así que hackee el servidor y busqué los videos de seguridad del día en que habían hecho la copia del Hard Drive.
Dos horas más tarde, aun estaba viendo el video de la cámara del pasillo. Nada fuera de lo normal. Hasta que algo llamó mi atención. La única persona que entró a la oficina fue un empleado de mantenimiento. Fui corriendo el video hasta el momento en que salió de la oficina. Una hora y media más tarde. Solo necesitaba ver su rostro y lo pasaría por el reconocimiento facial que tenía la CIA. Sí, tendría que infiltrarme en sus servidores nuevamente. Pero cuando pasó frente a la cámara no se pudo ver su rostro. Traía una gorra bien baja puesta y pasó de espalda por la cámara.
Continué buscando los videos de la misma hora del resto de las cámaras, siguiendo su rastro hasta que salió de TecFall. Y en ninguna de las cámaras se le podía ver el rostro. El que había entrado a la oficina, había estudiado bien los planos antes de entrar. Sabía dónde estaba cada cámara de seguridad.
Esto era un caso perdido.
En ese instante la puerta de mi oficina se abrió y entró Jessy.
—¿Lista para irnos?
He estado tan metida en esto, que no me he percatado de la hora. Ni siquiera le he timbrado a Christian para que me recoja.
—Casi, tengo que terminar unas cosas aquí. Puedes marcharte.
—¿Estás segura?
—Si, nos vemos mañana. —le dije despidiéndome de ella.
Jessy salió de la oficina. Busqué el celular y le timbré a Christian. Me respondió rápidamente.
—Hola, me extrañó que no me hubieses llamado. —me dijo en cuanto contestó.
—Sí, he estado ocupada toda la tarde. Estoy lista para irme.
—Estoy llegando en 5 minutos.
—¿Estás hablando mientras conduces?
—Tengo los manos libres.
—De acuerdo, voy bajando entonces.
—Nos vemos en un rato nena. —y me colgó.
Sonreí mientras guardaba el teléfono y recogía mis cosas.
Al salir por las puertas vi mi auto parqueado afuera. Caminé lo más rápido que pude, abrí la puerta y entré en él. Christian me recibió con una sonrisa deslumbrante.
—Hola. —le dije mientras lo acercaba a mí para besarlo.
Y me perdí en ese beso. Aun no entiendo porque cuando nuestros labios se juntan, me convierto en otra persona. Introduje la lengua en su boca, saboreándolo mientras lo aferraba por el cuello. Necesito sentirlo cerca, mucho más cerca.
Christian rompió el beso y me sonrió perversamente.
—Hola para ti también, si hubiese sabido que me recibirías así, hubiese llegado hace mucho tiempo. —le sonreí y me separé de él acomodándome en mi asiento.
—Te extrañaba. —le confesé. —Y necesitaba ese beso. —le dije mientras me acomodaba la falda.
Christian se quedó mirando fijamente hacia mis piernas mientras lo hacía.
—¡Dios, esa falda es mi perdición! —murmuró muy bajo mientras arrancaba el auto.
Pero lo escuché perfectamente.
—¿Pensaba que eran los jeans ajustados? —le pregunté con curiosidad mientras el reía
—Esos también. Alguien debería prohibirlos.
—¿Prohibirlos? —solamente a él se le podía ocurrir eso.
—Prohibir que te los pongas, me va a dar un infarto un día de estos, seguro.
—Si no te ha dado hasta el momento, creo que me seguiré arriesgando. —le dije con una sonrisa mientras Christian conducía rumbo al apartamento.
Cuando aparcamos en el garaje subterráneo de mi apartamento, Christian me sonrió. Bajó del auto y yo hice lo mismo. Abrió el maletero y sacó una bolsa de cuero de allí. miré la bolsa fijamente. Y después lo miré a él.
—¿Puedo saber que traes ahí?
—Algo para hacerte suplicar. —me dijo entrelazando su mano con la mía. —Vamos. —dijo tirando de mi hacia el ascensor.
Su otra mano aferraba fuertemente la bolsa. Y yo estaba intrigada, tratando de imaginar que había dentro.
—La imaginación es tu peor enemigo. —me susurró muy bajito.
Lo miro fijamente mientras él me sonreía.
Las puertas del ascensor se abrieron en nuestro piso y salimos hacia mi apartamento. Christian abrió la puerta para mí y caminé con paso decidido hacia la habitación a dejar el bolso y quitarme los zapatos. Todo el día en estos tacones me estaba matando.
Christian entró en la habitación y se recostó a la puerta. Mi vista rápidamente se dirigió hacia allí mientras mis manos se congelaban en la correa de los tacones. Solamente traía los jeans desgastados y la bolsa en la mano. La camisa blanca que tenía hace un minuto, había desaparecido. Y el pelo, que tenía perfectamente peinado cuando me recogió, ahora estaba desordenado. Lucía sexy y seductor. Una combinación muy peligrosa en él.
—Desnúdate, pero no te quites los tacones, ni el conjunto de encaje que traes debajo. —me dijo devorándome con la mirada.
—¿Cómo sabes que tengo bragas de encaje? —él no estaba en la habitación cuando me vestí esta mañana.
¿Cómo era posible que lo supiera?
—Tuve una probada en casa de mi madre. —me dijo con una sonrisa atrevida y seductora. —Estoy esperando. —me dijo mientras mi respiración comenzaba a acelerarse.
Me puse de pie y miré fijamente la bolsa que tenía en la mano.
¿Qué traía ahí? Me pregunté mientras fruncía el ceño.
—Te lo mostraré en cuanto te desnudes. —me dijo leyendo mis pensamientos.
Y sin perder un segundo más, me quité toda la ropa que sobraba, quedando solo en bragas y sujetador de encaje.
—Esto está mucho mejor. —dijo mientras caminaba peligrosamente en mi dirección.
En ningún momento apartó la mirada de mi cuerpo. Se detuvo frente a mí, sus ojos subieron por mi cuerpo hasta mirarme fijamente, puso la bolsa sobre la cama y me sonrió.
—Tengo varias cosas en esa bolsa… —me dijo mientras la señalaba. —…que te harán…suplicar.
Estaba comenzando a acostumbrarme a esta forma descarada de hablarme que hacía que mis bragas se humedecieran, y mi cuerpo se excitara.
—¿Me dirás que hay dentro? —pregunté intrigada.
Christian me sonrió perversamente antes de girarse a la cama y coger la bolsa nuevamente en la mano.
—He estado toda la tarde pensando cómo podía hacerte suplicar... —me decía mientras abría la bolsa lentamente.
Dirigí mis ojos a la bolsa abierta, esperando pacientemente que el sacara lo que fuera que había dentro.
—…y entonces vino a mi mente una idea. —me dijo mientras metía la mano dentro de la bolsa.
Tragué saliva y dejé de respirar mientras esperaba, ansiosa, a que el sacara la mano lentamente de la bolsa. Y creo que mis ojos y mi boca se abrieron completamente al ver lo que el sacaba de la bolsa. Pero creo que fue más por el color que por el objeto en sí.
