Probarse el vestido 1

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-Era el nombre de mi abuela. – hablo con tono molesto.

Todo pararon de reír de golpe, "No otra vez" se auto regañaba Poppy mentalmente, "Alguien dígame que no volví a meter la pata" todos notaran el rostro sonrojado de la chica, incluso los contagió de su incomodidad, a nadie de ellos les gustaría estar en sus zapatos.

-Bien, es bastante común que a los niños se les ponga algún nombre de algún familiar. – comento la maestra tratando de romper con aquel momento incómodo. - ¿Hay alguna razón en particular por la cual escogiste el nombre de tú abuela? –

-Mis padres murieron cuando yo era un bebé y ella se hizo cargo de mí, no conocí en toda mi vida a ninguna mujer que fuera tan amable, educada y protectora como ella, los años que la tuve fueron los más felices de mi vida. –

-Oh, ¿ella ya no está con nosotros? –

-Falleció cuando yo era niño. –

Se escuchó un siseo y chasquido de dientes por parte de muchos, saber los motivos no había ayudado en nada para relajar el ambiente, al contrario, lo puso peor.

-Bueno, es hermoso que le quieras poner ese nombre, pero, ¿Estas consiente que era algo que tenías que haberle propuesto a Poppy? –

Ramón estaba molesto, pero esa pregunto le poncho aquel globo de ira que se estaba formando en su interior, cierto, él estaba planeando todo solo, dejando a Poppy fuera de cualquier decisión, dio por hecho que él podía escoger el nombre y ella sedería sin objeción alguna, si se lo hubiera planteado antes seguro no estarían pasando por tan mal momento.

-No pensé… - respondió bastante apenado. – que ella tuviera idea de que nombre ponerle, y creí que como yo ya tenía uno perfecto. –

-Puede tener dos nombres, muchos padres llegan a ese punto de flexión, ambos podrían dar su aporte y escoger ambos. –

-No. – hablo Poppy casi como susurro, avergonzada por su actuar. – Creo que Rosiepuff es un bello nombre, se lo que significa para ti, quiero que se llame como ella. –

No espero aquella reacción, fue tan sorpresiva que incluso le saco unas lágrimas de felicidad, Ramón la había abrazado de la nada y al oído le dijo.

-Gracias. -

De regreso a casa todo era silencio en el auto, cada quien iba pensando en sus asuntos. Ramón tenía que aceptar que fuera cual fuera el final de todo, se estaba llevando mejor con Poppy, le atraía en más de una manera, era agradable estar a su lado y la vida entre ambos era mejor si él dejaba de lado su terquees, necesitaba darse un chance con ella, darle todos los "paquetes" y esperar que ambos se sintieran cómodos y felices en una verdadera relación.

Por otro lado, Poppy se dio cuenta que la estabilidad de Ramón, su madures y forma de vida no eran para nada aburridas, a su lado quedarse en casa, hacer las compras o todas aquellas actividades que trataba de evitar por ser "cosas aburridas de adultos y ancianos" le parecían las aventuras más increíbles, más increíbles que las mejor de las fiestas, estar a su lado era mil veces mejor que cualquier borrachera amnésica o concierto o salida con sus amigas, las cosas comunes se volvían maravillosas a su lado, no solo la hacía sentirse volar, que su mundo se moviera de pies a cabezas en un abrir y cerrar de ojos, sino que se mantenía en paz constante, segura, sabiendo que él la apoyaría tanto económica como emocionalmente, porque si, sería una mentirosa si no aceptara que parte de ese amor prevenía de sus ingresos y economía, ahora comprendía la importancia del dinero, no lo hubiera notado si él no lo hubiera sugerido aquella vez en el ensayo, aunque claro, si no lo tuviera, aun así lo seguiría amando.

Al llegar a casa, Ramón se estaciono, no se bajaron, estaban ambos quietos, como sabiendo lo que se venía, pero ninguno de los dos se atrevía a dar ese primer paso, no fue hasta que la voz tartamuda de Poppy le pidió una nueva sesión de cinco minutos, que ambos comenzaron a moverse de manera casi robótica, como si fuera algo que tenía que hacerse por causas de fuerza mayor, la historia del estacionamiento se volvió a repetir, pasado los cinco minutos, Ramón solo tomo el celular y lo arrojo tan lejos como pudo en el auto, sin despegar sus labios de los suyos.

-¿Es otro plus? – pregunto Poppy sin dejar de besarlo.

-Si, lo que quieras… - contesto besándola más.

-¿Ya no son los cinco minutos? –

-Si, creo que eso quedo claro. – Comento algo molesto, reflejándolo con un rudo beso que a Poppy volvió loca.

-¿Si no son los cinco minutos? -

-Aja… - hablaban entre besos.

-Eso quiere decir… -

-Claro… -

-¿Qué no hay reglas? Puedo… ¿puedo tocar más allá de tú pecho? – pregunto arriesgando a terminar con el buen momento.

-Poppy, puedes tocarme donde quieras. – contesto con desesperación por volver al acto ya sin interrupciones.

-¿Dónde quiera? – cuestiono alegremente sorprendida.

-¡¿Qué no hablo claro?! –

Poppy le dio un enorme beso y comenzó a tocar su espalda, acariciar su pecho por debajo de su camisa mientras bajaba cada vez más.

-¿Puedo tocarte aquí? – pregunto esperando siempre su permiso.

-Si. – exclamo aún más animado.

-¿Y aquí? – menciono cuando acaricio su vientre jugando con la orilla de su pantalón.

-Si… ahí sí. – hablo emocionado.

-Y… ¿Puedo ir un poco… solo un poco? –

Poppy trataba de introducir sus dedos de forma coqueta en sus pantalones, pero no podía llegar muy lejos, debido al cinturón, pero pronto tuvo ayuda, un par de manos que desato aquel accesorio, abrieron descaradas la bragueta del pantalón, una de ellas la sujeto por la muñeca, obligando a su mano a introducirse entre las ropas, tocó curiosa aquel vello púbico, tan suave y rizado.

-¿Puedo… puedo ir más abajo? – cuestiono Poppy lanzándole una mirada lasciva.

-Si, si puedes. – contesto con la mirada bien clavada sobre la suya, regresándole toda la pasión que desbordaban los suyos.

Poppy sintió la base de su sexo entre sus dedos, quería recorrer aquel órgano, estrujarlo, manosearlo, pero más que nada, deseaba mamar de el, era su actividad favorita, y por muy extraño que pareciera, le excitaba más la idea de tenerlo en la boca que entre sus piernas. Ramón por su parte se entretenía con el cuello de la joven, dándole tremendos chupetones, las cosas estaban comenzando a ponerse peligrosamente serias, cuando escucharon un golpe en la ventana del auto que les saco otro susto aun peor que el primero, enfriando todo de una sola vez.

-Llevan un buen rato aquí afuera, vine porque pensé que les había pasado algo. – dijo Nube con una boba sonrisa.

-No, no pasa nada. – contesto con rapidez Poppy para salir del auto y entrar a la casa tan rápido como pudo.

Ramón por su parte se tomó algo de tiempo para salir y con gesto enojado le reclamo.

-¿Por qué viniste ahora? Te pasas todo el día tratando de dejarme asolas con ella y cuando al fin está pasando algo, llegas e interrumpes ¡¿Por qué?! –

-Se veían a leguas tus perversas intenciones hermanito, solo una sugerencia, esa chica es una futura mami, necesitas un lugar un poco… tú sabes, para jugar rudo necesitas, ¿Cómo decirlo? Que este cómoda, tal vez el sofá de la sala o aún mejor, tú cama, el carro está bien para alguien sin la carga de ella, recuerda que se a desmayado dos veces por el calor, necesita más "suavidad" y un clima más fresco, tú entiendes ¿Cierto? –

-Sí, ya te entendí. – comento molesto. – seguro quieres estar interrumpiendo o peor aún, de mirón. –

-¿Yo? Jamás haría eso, es más, escuche, estando en la universidad, que Poppy adora un restaurante de comida china que no esta tan lejos de aquí, ¿Qué tal si voy y traigo una ofrenda de paz para mi linda futura cuñada? –

-Tú… ¿Me harías ese favor? –

-Claro, lo que sea por ti hermanito, tardare quizás un poco más de lo normal, tal vez dos horas, diré que había tráfico. –

-¡¿Solo dos horas?! –

-¿Quieres más? Recuerda que ella debe de descansar, no aguantara un trote tan largo… ¿Si sabes a lo que me refiero? –

-Maldito pervertido. –

-Oye, yo no soy el que no la quiere dejar descansar. –

-Está bien, está bien… dos horas, puedo con eso. –

-Sí, así no levantare sospechas, me tomare mi tiempo, les diré en el restaurante que se tarden lo que quieran y regresare respetando los semáforos. –

-Bien, entonces… ella y yo tendremos tiempo para… más te vale que este no sea una de tus bobas bromas o estés tratando de … -

-No, no, no, te aseguro que quiero esto tanto como tú, ya es hora de que sientes cabeza, chico veneno. – dijo dándole en pequeño golpe en el hombro.

Nube y Ramón entraron, el mayor anuncio que iría a ese restaurante que tanto le encantaba a la chica, invitando esa noche la cena, revisando el menú en línea, Poppy no lograba decidir que escoger. Pedía algo y luego lo cambiaba por otra cosa.

-¿No quieres que mejor te traiga todo el menú? – pregunto burlón Ramón.

-¿Puedes hacer eso? – Pregunto Poppy a Nube con los ojos expectantes. Cosa que hizo mirarse extrañados a los dos hermanos.

Después de tomar sus órdenes, Nube se despidió, iba ya por el pasillo, tomando las llaves de su auto, cuando le comento a su hermano.

-Me voy, no me tardo. – dijo guiñándole un ojo a Ramón. – No hagan travesuras. – les menciono para luego cerrar la puerta y volver a entrar. – Lo digo de broma, si quieren hacer travesuras solo háganlas y borren la evidencia. – Nube está a punto de irse cuando Ramón lo detuvo para tener una pequeña charla susurrante.

-Espera, no te vayas… - le rogo.

-¿Ahora qué pasa? Ya te arrepentiste, comenzaras a hablar sobre que no conoces la sanidad de ese restaurante, vamos Ramón, solo es comida china. –

-No, es solo que… creo que esta es una mala idea. -

-¿Qué? –

-Oye, no me mires así, es solo que si te lo pones a pensar seriamente… ella y yo no somos para nada compatibles y… -

-Mira, escúchame bien, tú mismo te has dado cuenta que ese es un pretexto, tú la deseas tanto como ella a ti, así que ambos deberían de dejarse de hacer los tontos y cerrar "el trato". – Afirmo levantando una ceja insinuante.

-Sabes que, no… es que yo no tengo, no tengo…-

-¡¿Qué?! – pregunto desesperado Nube.

-¡Condones! No tengo ni uno solo. – dijo victorioso y sonriente.

-Hermanito, ya la dejaste embarazada, más no podría estarlo, es lo bueno de esta chica, no necesitas cuidarte, solo disfrutala. – menciono con un tono burlón para después irse mientras decía. - ¿O le tienes miedo? – Nube desapareció tras la puerta.

-¿Miedo yo? ¿De ella? Si claro… -

Ramón volteo para encontrarse que Poppy lo veía desde el sillón de la sala, era de una manera extraña, no sabría explicar lo que sus ojos lo hacían sentir, se puso nervioso, "No le tengo miedo, no le tengo miedo." Se repetía mentalmente mientras iba a sentarse a su lado "Ella es como un tierno oso de felpa en una guardería cursi." La miro directamente a aquellos ojos que le parecieron tan profundos y dulces, tan endemoniadamente encantadores, parecía que absorbían su alma y corazón, endulzaban el ambiente salado por la briza del mar. Ramón cayo en cuenta de eso cuando sus labios casi se tocaban, "¡Es un maldito oso de peluche poseído en una maldita guardería abandonada!" pensó, ese miedo de perderse lo abordo, por lo que se alejó de ella de golpe, miro para otro lado y lo mismo hizo Poppy, los dos se quedaron en completo silencio. Un par de minutos después, ella fue la que rompió el hielo.

-Oye… aun me quedan mi tercer "cinco minutos" ¿Podríamos? –

-No. – dijo tajante.

-Pero tu dijiste que no tenías problema con dármelos y son tres por día, aun me queda… -

-Sí, pero ya tuvimos más de cinco minutos en el carro, de hecho, ya tuvimos tus "cinco" de toda la semana. – comento cruzándose de brazos.

-Pero, tú dijiste que eso era un plus. – se defendió.

-Sí, pues ahora digo que eran adelantos… -

-Pero… -

-Nada de "pero", ese era nuestro trato, solo cinco minutos. –

-Bien. – dijo molesta cruzándose de brazos también.

-Excelente. –

Paso un par de minutos en silencio, y Ramón no podía parar de ver el reloj de la cocina, "¿Qué estoy haciendo? Me dijo que me daría dos horas, estoy desperdiciando mi tiempo, ella y yo deberíamos de estar…" El joven soltó un suspiro y hablo de manera calmada.

-Ok, pero esto no son tus cinco minutos, es prácticamente deberme un favor. –

-¿A qué te refieres ahora? – Poppy ya no entendía que esta estaba pasando.

-Pues… - Ramón se sentía demasiado nervioso, ni su primera vez se llegó a sentir así. – Lo que digo es que… bueno, ya sabes, tú y yo… podemos hacerlo aquí y ahora. -

-¿Hacerlo? ¿Hacer qué? –

-Vamos, por favor, tú sabes que… - comento algo molesto.

-Oh… ¡Eso! – dijo con tono lógico para luego abrir grande los ojos y decir sorprendida. – Wow… espera, ¿Estas proponiéndome que tú y yo lo hagamos justo aquí y en este momento? –

Ramón se sonrojo un poco y volteo a otro lado para que no lo viera mientras le respondía.

-Claro qué si no quieres, yo solo lo decía porque… ya sabes, ayudaría mucho a la bebé y… pero, si no tienes ganas, yo entiendo. – Ramón se levantó del sillón.

-Oh no, no, claro que no, digo… Si, ¡Quiero hacerlo! – contesto casi gritando sin ninguna pena.

-¿Enserio? – pregunto esperando escucharla dudar.

-Sí, vamos… hagamos esto. –

Ramón volvió a sentarse, ambos se miraban claramente nerviosos, posando su vista en cualquier punto de la casa, evitando ver a la persona a su costado.

"Tú puedes, solo deja que pase, ella es tan resbaladiza, solo deja que se te monte y que haga lo que quiera." Se motivaba a si mismo Ramón, estando a la espera de que ella iniciara y dirigiera todo aquello.

"Vamos chica, tú puedes." Poppy también necesitaba algo de automotivación, ya que era obvio lo que estaba pasando. "Solo es una pequeña prueba, tienes que darle la mejor cogida de su vida para que el amor de tú vida decida escogerte a ti, cero presiones, solo relájate y que él lo goce más que tú."

Poppy de forma tímida puso su mano sobre la rodilla del joven, quien sintió palpitar su corazón con fuerza, mientras esta se deslizaba hacia arriba por su mulso. La chica lanzo a la ansiedad y sus temores lejos de su mente, con un lento movimiento se sentó sobre sus piernas, acomodándose a gusto y pidiéndole permiso con la mirada, Ramón afirmo, contagiándose un poco de su seguridad; comenzaron con la sesión de dulces besos, tiernos, suaves que iban evolucionando con lentitud en apasionados y profundos. Las caricias subidas de tono, ambos cuerpos buscando estar más juntos, cuando las caderas de Ramón comenzaron a bailar y las de Poppy a seguir su ritmo, supieron que estaban listos para el siguiente nivel, mientras que aquellas cuatro manos inquietas y torpes trataban de desabrochar un cinturón, se escucharon tres fuertes golpes en la puerta corrediza de la parte de atrás, Ramón estaba en shock, Poppy por otro lado entendió que su oportunidad se le había escapado de nuevo.