FLASHBACK - Lugar: Hollow Área (Zona de Administración) – El día del regreso de Strea.
- ¿Sus... recuerdos?
- Si – contestó Cardinal en tono serio. Tuvimos suerte de lograr traer al verdadero MCHP-002, pero... luego del análisis, todo parece indicar que hay un... bache... en sus memorias.
- ¿Un bache?
- Por alguna razón, recuerda a todo tu grupo. Eso incluye nombres, descripción física y varios momentos que vivió junto a ustedes. En cuanto a su propósito inicial... pues... no hay datos al respecto.
- Ya veo – dije desviando mi atención hacia la joven pelilila que, aguardaba sentada dentro de la habitación de escaneo. ¿Crees que haya sido obra de Administrador? ¿Será otro de sus planes?
- Siendo sincera... lo aseguraría en un 40%. Después de todo, los programas de monitoreo mental pueden tener fallas debido a su constante fluctuación en el campo emocional. Ya habido otros casos. Y, además, el MCHP-002...
- Strea... - interrumpí.
Cardinal arqueó una ceja, mirándome con extrañeza.
- Su nombre es Strea... reafirmé sin romper el contacto visual.
- El MCHP-002 o Strea, como tú le llamas... ya ha sufrido una falla en el pasado, mucho antes de verse involucrada en todo este asunto. Su personalidad y forma de actuar son impredecibles e inestables, comparada con otras versiones. Eso sin mencionar el hecho de que todavía se encuentra unida al sistema que Administrador supervisa. Pero... agregó Cardinal, teniéndome expectante.
- Al menos, puedo denotar que no ha venido bajo sus órdenes. Mi teoría es que, habrán alterado su banco de memoria para evitar todo tipo de rastreo.
- Es un alivio – respondí.
- Aun así... oí murmurar a la bibliotecaria mientras revisaba una copia de los datos recolectados.
- ¿Pasa algo? – pregunté preocupado.
- Es sólo que... no, no debe ser nada – afirmó agitando su cabeza. Sólo quiero seguir corroborando la información, en caso de hallar algo que hayamos pasado por alto. Puedes llevarte a tu amiga, los demás miembros de tu grupo querrán ver que se encuentra a salvo.
- Es cierto, ya es muy tarde, comenzarán a preocuparse – agregué dirigiéndome hacia la puerta y deteniéndome justo antes de abrirla. Te mantendré al tanto si algún ocurre algún percance, ¿de acuerdo, C? Cuídate.
La peli castaña sólo levantó una mano en señal de saludo, sin dejar de teclear en la consola, viendo de reojo como la pelilavanda se unía a Hiro y ambos abandonaban el estudio.
Cuando pudo comprobar que sus invitados ya no se encontraban en ninguna parte de la Hollow Área, la pequeña bibliotecaria ajustó sus lentes, respiró profundo y desplegó un esquema de la programación de Strea.
- Muy bien... veamos que ocultas...
FIN DEL FLASHBACK
Lugar: Arc-Sophia – A las afueras – Momento del día: Siesta.
- Mmm... la briza es realmente agradable en esta zona... – murmuré, mientras me acomodaba bajo la sombra de uno de los árboles, como solía acostumbrar cuando necesitaba ordenar mis ideas.
Me pregunto si C habrá hecho avances sobre Strea... no quiero pensar que le hubieran hecho algo durante su ausencia – pensé cerrando mis ojos y percibiendo la refrescante corriente de aire, la cual me llevó a dormitar un largo rato.
Tengo más problemas que nunca antes... -dije para mis adentros.
Tres de mis compañeras sienten algo por mí, de las cuales, una me ha robado mi primer beso...
Además... jugadores al azar han empezado a desaparecer de los pisos sin causa aparente...
Pero todo lleva a pensar que Alberich está implicado...
Y, para colmo, no puedo encontrar lógica a la silenciosa inactividad de Administrador en estas últimas semanas...
¿Estará acechándonos desde alguna parte? o tal vez... ¿preparando algún tipo de trampa?
Exhalé un suspiro...
No hemos podido relajarnos ni un momento...
Cuando llegue el momento... tendré que luchar también...
Sólo espero que... ¿hmm? – exclamé al sentir un extraño peso, sumado a un súbito incremento en la temperatura de mi cuerpo.
Lentamente abrí mis ojos, reincorporándome de mi pequeña siesta, buscando averiguar qué había interrumpido mi calma.
Para mi sorpresa, una figura muy familiar se encontraba acurrucada a mi lado.
- ¿Strea? – grité dentro de mi cabeza. ¿Cómo llegó aquí? ¿Me estuvo siguiendo? Rayos... su sigilo ha mejorado bastante.
La joven se acomodó ligeramente en sus sueños.
Ahh... ¿Qué hago? ¿La despierto? Es un área segura, pero... ¿si alguien nos ve?
Además... – dije bajando la mirada y sonrojándome con la vista. Expone mucha piel... veo "demasiado" desde este ángulo...
Strea por su parte soltó una sutil risilla, aún sin mover los párpados.
Parece que está teniendo un buen sueño – me dije a mi mismo, observando a mi compañera, con una gota de sudor,
Inesperadamente, sentí el impulso de acariciar su cabello. Y sin que pudiera notarlo, ya me encontraba jugando con su violácea cabellera.
Realmente no sabría donde catalogar a Strea. Su personalidad da brincos en todas direcciones. Pero... creo que me he acostumbrado a su forma de ser y no me gustaría que cambiase...
Quizás sea su carisma e inocencia lo que me atraen de ella – concluí retrayendo mi mano, lentamente.
Para cuando mi última frase había abandonado mis pensamientos, un fuerte sonrojo adornó mis mejillas.
¿Acabo de admitir que siento algo por Strea? -pregunté reflexivamente.
Agité fuertemente mi cabeza desvaneciendo la idea.
No... aún no tengo forma de aclarar lo que siento. Pero... si Strea provoca esto en mí... ¿que siento yo por Sinon y Philia?
Mi cerebro batalló por largos segundos buscando una respuesta, hasta que la voz temerosa de la joven durmiendo a mi lado me sacó del trance.
- N-No... por favor... - la oí decir con miedo en su tono. Aléjate... eso no... NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO...
Strea comenzó a agitarse, moviéndose de un lado a otro mientras gritaba descontroladamente.
Al instante, sujete sus hombros, para mantenerla en su sitio e intentar que reaccionara. Cuando por fin las convulsiones se detuvieron, sus bellos ojos de rubí se abrieron con dificultad.
- ¿Hi-Hiro? - murmuró bastante conmocionada.
- Sí, soy yo, Strea. ¿Te encuentras bien? Sonaba como que estabas teniendo una horrible pesadilla- contesté tomando distancia.
La pelilavanda rápidamente me envolvió en un abrazo.
- ¿Strea...?
- Lo lamento, Hiro... sólo... sólo déjame estar así unos momentos más...
Sin mucho que objetar, suavemente coloqué mis brazos a su alrededor.
- Ya pasó, Strea... todo va a estar bien ahora – agregué acariciando su cabeza muy despacio.
Quizás... quizás si me gusta Strea...
Mi compañera templaba como una hoja.
¿Qué pudo haberla puesto en ese estado?
- No quiero... no quiero volver allí... - dijo con su voz quebrada.
- ¿Volver... volver a dónde? – intenté preguntar, pero era inútil. Ella sólo se aferraba más a mí y no decía otra palabra.
Al cabo de unos segundos, sus temblores se detuvieron. Strea rompió el abrazo y se alejó unos pasos.
Una sonrisa adornaba su rostro, nuevamente.
- Perdona las molestias, Hiro... creo que simplemente tuve un muy mal sueño – dijo intentando alivianar el ambiente con
Mi ánimo se desplomó en un instante. Algo en su expresión traía malos recuerdos...
¿Por qué... por qué tú también...?
- ¿Estás segura que sólo fue eso? Te oías muy preocupada. Strea... estabas llorando... - respondí, esperando algún indicio de respuesta.
- Si... fue algo terrorífico... pero ya estoy bien. No fue nada grave, ¿lo ves? – contraargumentó la joven con un gesto alegre.
¿Por qué haces lo mismo...?
- Además, fue muy divertido dormir a tu lado – rio con su típico tono insinuoso y burlón.
Pero... todo eso se siente...
Me levanté bruscamente y tomé a Strea por los hombros, cortando de golpe su "feliz" momento...
- ¿Uh? ¿Hiro? – alcanzó a decir... sin inmutarse de forma alguna. Con su típica tranquilidad "pre-programada" ...
- ¿Por qué...? - dije en voz baja para luego alzar el tono. ¡POR QUÉ SIEMPRE HACES ESO, STREA!
La joven pelilavanda abrió los ojos de golpe. Preocupación se comenzaba a dibujar en sus facciones. Esto la había tomado desprevenida.
- Siempre que estamos desanimados... o tristes... tu intentas alegrarnos. Pero cuando tienes algún problema, te guardas todo... hasta que las cosas están a punto de estallar... ¡!POR QUÉ LO HACES! ¡PORQUE ELIGES SUFRIR! ¡POR QUÉ NO CONFIAS EN NOSOTROS!
Ella solo desvió la mirada.
- Yo... sólo soy un programa de cuidado mental... para eso fui programada. Mi trabajo es cuidar de los jugadores... y brindarles el apoyo emocional necesario para que continúen y puedan llevar a cabo su cometido. Mientras ellos sean felices... yo seré feliz- dijo dibujándose una sonrisa... que simplemente se sentía...
FALSA...
Liberé mi agarre sobre sus hombros y di unos pasos hacia atrás.
- Entonces... ¿sólo eso somos para ti...?
- ¿Eh...?
- ¿Somos sólo tus pacientes? ¿Sujetos de prueba que debes supervisar?
- Chigau (te equivocas) yo...
Golpeé fuertemente el tronco del árbol con mi puño, haciendo aparecer el tan reconocido cartel de inmortalidad y frenando las palabras de Strea en seco.
- Días atrás dijiste que yo te gustaba... que sentías algo por mi...acaso eso... ¿también fue fingido? – dije seriamente, mi flequillo ensombreciendo mi mirada. ¿Acaso, tu programación te ordenó que lo dijeras?
Strea temblaba...
- Y-Yo... no...
- ¿El sistema me consideró tan patético y solitario que necesitaba que uno de sus NPCs me dijera que me quiere? – exclamé con lágrimas brotando de mis ojos.
Ahora, mi cuerpo temblaba.
Strea estiro su mano, en un débil intento de alcanzar mi rostro...
- ¿Cómo puedo confiar en ti, Strea-san? ¿Cómo sabes que estás condicionada para decir que amas a alguien con tanta facilidad?
- ¡!Pero yo si te quie...!
- Cuando te conocí decías lo mismo sobre Kirito... - interrumpí con una voz fría.
La cara de la joven palideció. Su programa entraba en pánico. Como si le hubiesen dado un duro golpe de realidad. Y una pregunta danzaba en su mente.
Eran sus sentimientos... ¿algo real?
Strea retrajo su mano y bajó la cabeza.
- Wa... wakaranai (no lo sé) - susurró a duras penas. Finos hilos de lágrimas descendiendo desde sus ojos.
Con el corazón herido, me di la vuelta, alejándome poco a poco.
Ella grito mi nombre, pero no volteé. No quería mirarla, no tenía el valor para hacerlo.
Apretaba mis dientes a medida que me distanciaba más y más de aquel sitio.
Quería un lugar tranquilo para pensar sobre lo acontecido...
Pero en cuanto me disponía a volver a mi cuarto, la alarma de mensaje entrante se hizo presente, poniéndome en alerta.
- No tengo otra opción más que revisarlo- pensé en un suspiro.
Desplegué el menú de contactos y descubrí que era un mensaje de Kirito.
Acabando de leerlo, mis ojos se abrieron. No podía ser nada bueno...
Pensé, por un momento, en decirle a Strea... pero creo que mi orgullo decidió meterse y descarté la idea casi al instante.
Corrí entonces hacia el transportador de la plaza.
Las palabras del mensaje... aún frescas en mi memoria...
"Encuéntrame en el pueblo del piso 91 junto al portal. Creo que hallamos algo"
Lugar: Piso 91 (Ulgand) – A las afueras del pueblo – Hora: En la Tarde.
Al arribar al piso 91 me topé con la figura de Kirito aguardándome a los pies del transportador, lucía algo preocupado y revisaba constantemente su inventario.
Me explicó la situación y nos pusimos en marcha.
Al arribar, al sitio podíamos distinguir varias siluetas a la lejanía. Sin duda algo estaba pasando.
Procurando no ser vistos, nos escabullimos lo suficiente, como para reconocer a los presentes. Estábamos de acuerdo que nuestra mejor estrategia en ese momento, era la de observar en silencio, viendo como la situación se desenvolvía.
- Oe, ¿qué demonios crees que haces? – oímos decir a una voz, que fácilmente identificamos como la de nuestro conocido samurái.
Silenciosamente nos movimos entre unas enormes rocas y observamos la escena.
- Guarda silencio – dijo un sujeto rubio que todos conocíamos muy bien. Si no bajas la voz, te ocurrirá lo mismo que le haremos a este hombre.
El susodicho rehén, yacía bajo el pie de uno de los lacayos de Alberich, totalmente paralizado y pidiendo ayuda desgarradoramente.
- ¡DETENTE! Déjalo ir y baja esa cosa- exclamó el Klein ante la espeluznante escena que estaba dando lugar.
- ¿Ohh? ¿Hablas de esto? – respondió Alberich sosteniendo no que parecía ser una extraña daga de empuñadura dorada y una hoja de tono oscuro. ¿No te parece que tiene un exquisito diseño? La punta fue tallada de forma majestuosa – rió desquiciadamente el paladín, acercando el arma al cuerpo del jugador retenido.
- MALDITO... ¡TE DIJE QUE SOLTARAS ESO! – gritó el samurái avanzando unos pasos, pero el rubio no cedió ni un poco.
- Me temo que no será posible. Aún quedan importantes cosas que deben resolverse – añadió mirando al castaño de bandana y luego a su prisionero. Mmm... veo que tienes mucha vitalidad... serás de mucha utilidad ¿no lo crees así?
El indefenso sujeto sólo se dignó a llorar y patalear mientras sentía la hoja de la exótica daga apuñalar su espalda.
Al cabo de unos segundos, la víctima fue envuelta en un potente haz de luz, desapareciendo completamente ante la vista de todos los presentes.
Kirito y yo aprovechamos el desenlace para salir de nuestro escondite y reunirnos con Klein.
- ¡Kirito, Hiro! – dijo él.
- Klein, ¿te encuentras bien? – preguntó el espadachín negro.
- Tengan cuidado, ese sujeto... lleva un arma muy extraña consigo.
- Tranquilo... nos haremos cargo – contesté viendo a Alberich con odio.
El rubio sólo jugó con su cabello.
- Oia oia... pero si es mi viejo amigo el espadachín negro y... tu... pronunció con veneno en sus palabras, cambiando a un tono inocente casi al instante. ¿A que debo esta... poco placentera sorpresa?
- Aun no entiendo como sus cursores no se han vuelto naranja – murmuró Kirito. Tenía la sospecha de que estarías involucrado en las desapariciones que han estado ocurriendo y creo que esa última demostración lo confirma.
El espadachín desenvaino a Elucidator. Yo por mi parte, preparé mi escudo y a Libertadora.
- No vamos a permitir que sigas con tus locuras...
Alberich soltó una ruidosa carcajada. Sus peones nos observaban con algo de temor.
- Y exactamente ¿qué van a hacer para impedirlo? ¡¿Creen que tienen lo que se necesita para vencerme a mí?!
- Que no se te suba a la cabeza, Alberich – interrumpí. Por si no lo recuerdas, Kirito ya te pateó el trasero una vez.
- Oh... eso- respondió restándole importancia. Es obvio que habrá usado algún tipo de artimaña para derrotarme.
Este sujeto...
- ¿Artimaña? Kirito te derrotó de forma justa. Aquí el único que juega sucio eres tú – exclamé con más enojo del usual.
- Con los poderes que poseo, es impensable que llegase a perder sin algún tipo trampa. Pero...
El paladin invocó su espada.
- Les aseguró que esta vez... experimentaran todo el esplendor de mis capacidades –declaró poniendo en posición de combate, espada y daga en mano.
Kirito y yo intercambiamos miradas.
- Veo que no saldremos de esta con una simple charla – murmuré.
- Kirito, Hiro... ¿podrán con él? – preguntó nuestro samurái, recordando su vieja experiencia contra el lunático de traje blanco.
- Tranquilo, Klein, no habrá problema. Sólo debemos cuidarnos de esa rara daga.
Los 3 avanzamos, situándonos en un sitio un poco más abierto para luchar a gusto.
- Ahora... que comience la verdadera batalla – exclamó Alberich mientras el contador, lentamente llegaba a cero.
Al cabo de unos intensos minutos, logramos vencer a Alberich, aunque este no tenía intenciones de pagar por sus acciones...
- Ahhh, arma inservible... - exclamó el rubio paladín, arrojando su extraña daga al suelo para fragmentarla en pedazos momentos después. No lo aceptaré, no lo aceptaré, ¿me oyen? ¿Cómo se atreven a humillarme? Soy el legítimo dueño de este mundo- agregó, buscando un objeto entre sus ropas.
- ¡Cuidado, va a sacar algo! – alertó Klein, tomando precauciones.
Para el alivio de todos, el "peligroso" objeto resulto ser un mero cristal de transporte con el cual, Alberich abandonó el piso, dejando a sus lacayos con rostros de pánico.
- Oiga, jefe... espere no nos deje – gritó uno de ellos buscando también un cristal, pero fue al instante detenido por nuestro samurái.
- Quieto ahí, maldito. Tu amigo pudo haber huido, pero tú no vas a escapar tan fácilmente.
Mientras Klein retenía al sujeto, Kirito aprovechó para cercenar sus manos, evitando el uso de cualquier otra arma u posible amenaza.
- ¡Ahhhh!¡Sumimasen! ¡Sumimasen! - chillo el muy cobarde. Por favor no me hagan daño, sólo estaba siguiendo órdenes.
Yo me acerqué y con odio en mis ojos, lo sujeté por el cuello de la camisa.
- ¡Damaré! (cállate) ¡no queremos tus excusas! Dinos lo que sepas de tu jefe ahora o si no... - dije empuñando a Libertadora con mi mano libre, cosa que provocó absoluto terror en nuestro patético invitado.
Pero antes de que todo pasara a mayores, un fuerte temblor sacudió todo el piso, sorprendiéndonos en demasía.
- ¿Un temblor...? – preguntó Klein con rostro preocupado.
La potente sacudida hizo que mi atención se desviara de nuestro prisionero, soltándolo en el acto.
Kirito, por su parte, estaba perdido en sus pensamientos. Intentando unir cabos.
Para cuando el terremoto había cesado, el samurái tomó la palabra.
- Ne, Kirito... que sugieres que hagamos con él – dijo sujetando al lacayo de Alberich.
El espadachín puso una mano en su mentón.
- Oh, es cierto, creo que no supiste responderle a mi compañero aquí – explicó intercambiando miradas conmigo. Ahora que ya no hay más interrupciones, vendrás con nosotros y espero que estés dispuesto a hablar...
Lugar: Habitación Desconocida
Nuestro nuevo "rehén" decidió guiarnos hasta la locación exacta donde se hallaban sus tan valiosos "sujetos de prueba", quienes no eran otros que los mismos jugadores que habían desaparecido. Con la ayuda de todo el equipo, logramos infiltrarnos en el sitio y liberar a todas las pobres almas que estos dementes "científicos" habían capturado para sus experimentos. Además, Kirito y yo, pudimos toparnos con una gran consola escondida en un cuarto adyacente. Ésta contenía nombres, fechas y protocolos varios sobre la investigación en cuestión. Sumado a lo que el llorón lacayo nos había contado y los registros encontrados en aquella base de datos, todo parecía indicar que estaban estudiando las emociones humanas y todo aquello relacionado con ellas... incluida su posible manipulación.
La revelación nos provocó escalofríos. Quien sabe lo que esos chiflados podían llegar a hacerles a todas las personas de SAO o quizás, del mundo, con tamaño descubrimiento. Por lo que sin mucho debate que digamos, decidimos borrar toda la data y abandonar aquel escondrijo. Después de todo... con los prisioneros liberados, ya no había razones para permanecer allí.
De vuelta, en el piso 76, cada uno se adjudicó una tarea:
Agil y Klein se encargaron de llevar a nuestro querido "portavoz" a una cómoda celda dentro del castillo, donde pasaría el resto de sus días pensando en sus acciones. Asuna y Lisbeth intentaron recopilar el testimonio de algunos de los desaparecidos, pero era inútil, ninguno tenía recuerdo aparente de lo acontecido.
Nuestro confiable espadachín negro, decidió revisar los laberintos en busca de Alberich y yo, por mi parte, decidí quedarme junto a Leafa, Philia y Sinon, preparando todo para el próximo asalto al jefe de piso que se daría en unos días.
Ya que estábamos seguros... que la persona que buscábamos... estaría presente...
