Bueno... se vienen capítulos picantinos a partir de aquí, debo confesar que por algunas razón shippeadora o algo parecido se me subió poco a poco el Morrilla +18 a la cabeza y no paró más jajaja

Casa II

Lana llegó a Lago de Como más rápido de lo que esperaba y se tomó una foto en uno de los últimos paseos. Hacía frío, mucho. El cielo estaba entre despierto y dormido, sonrió echándose hacia atrás y la subió al IG. Así cuando Jenn decidiera entrar se la encontraría. Lo que no esperaba es que tuviera tiempo para hablarle antes de abordar. Así que se lo contó. Lo cierto es que tenía un plan, pasar el último días antes de marchar a Milán a saludar a la familia, conociendo bien el Lago y la zona. Todavía tenía el coche así que podía darse ese placer. Se sentó a cenar en un restaurante de la zona que se había hecho popular por una serie de Netflix gracias a la perra de los dueños. Se hizo una fotografía con Ice y la guardó para enseñársela a Jenn, como un tesoro personal para dos amantes de los caninos.

La noche seguía fría, pero estaba preciosa. Jenn interrumpió su cena, pero no le importaba. Se escribieron durante unos minutos y la rubia le regaló el mejor de los postres, un te quiero que en su voz sonaba a perfección. Repitió el audio al menos unas 7 veces antes de irse a dormir en la cama de un hotel en el que había terminado de manera totalmente improvisada. Necesitaba moverse porque hacerlo le ayudaba a no sentir que Italia perdía forma y energía, le ayudaba a no desear saltarse las leyes de la física y materializarse en Los Ángeles, olvidando Europa y todo lo que no fuera Jennifer. La rubia estaría viajando rumbo a casa y tenía intenciones de buscar a Lola para cuidar de ella. Lana tendría que esperar a la fecha y hora de su ticket de viaje, dentro menos de tres días. Tres días que ella había configurado como Lago de Como y Milán, luego preparar las maletas y marchar.

Hizo un pequeño viaje en barco al día siguiente y recorrió la ribera del lago disfrutando del paisaje a pesar de lo ventoso del lugar. El sol no apareció del todo durante el día así que se sentía como si su sensación de morriña se estuviera reflejando en el paisaje. Echaba de menos a Jenn, muchísimo. Busco a su hermana en el whatsapp para advertirle sobre Jenn y Lola, pero también para distraerse un poco.

Lana: ¡Ey! Hola hermanita.

Deena: Hola Señorita italiana

Lana: tonta xD

Lana: oye, Jenn buscará a Lola en estos días

Lana: hoy no creo, pero mañana casi seguro

Deena: Mmm... veo que alguien se encargó de darte los cariños que te enviamos

Lana: ya cállate, hablaremos cuando vuelva.

Deena: pero ¿va todo bien?

Lana: perfectamente, anda, hablaremos, lo prometo

Deena: oye, voy por la tarde noche a la ciudad, puedo llevársela.

Lana: sería una buena idea, no quiero abusar de ella

Deena: sí, claro, seguro que no quieres

Lana: ¡Deena! No seas guarra, anda.

Lana: ¿te paso su contacto y te comunicas tú?

Deena: hecho, estaremos en un mismo huso horario

Deena: dime a qué hora llegará

Lana: creo que para las 12 del mediodía estará allí

Deena: bien, en tres horas serán la 1 y le mandaré un mensaje

Lana: cuéntame lo que sea que te diga

Deena: síiiii, te contaré todo lo que me diga tu preciosa Jenn

Lana: venga ya, no te burles de mí.

Deena: no me burlo, si sabes que adoras saberlo todo de tu preciosa Jenn

Lana: ¬¬

Deena: :*

Lana: suerte que te quiero :*

A las 3 horas, cuando tomaba un té y veía como se alzaba la noche, Deena le aviso que Jenn había aceptado su oferta y le había pasado la dirección de su casa para que llevará a Lola. Con lo que estaba claro que Jenn ya había superado el viaje de regreso. Pensó en llamarla, pero se retuvo porque sabía que la mujer necesitaría descansar un poco. Se conformó mirando la luna y esperó a que fuera Jenn la que decidiera escribirle.

En Los Ángeles, Jennifer al cabo de hablar con Deena, se dejó caer en el sofá todo lo larga que era. Había pasado a buscar a Ava en el camino y la pequeña saltaba a su alrededor. Ni siquiera notó cuando se quedó dormida, no hasta que el cuerpo se le despertó de repente y tuvo la sensación de que habían pasado dos días, pero no. Apenas habían pasado unas horas y era todavía la tarde del mismo día en que había vuelto a casa, aunque no eran horas para escribirle a alguien que estaba a 9 horas de distancia, posiblemente durmiendo. Suspiró haciendo lo que más le apetecía en ese momento, abrir Instagram y rastrear a Lana. Vio la foto de ella en el Lago de Como que la esperaba desde el día anterior y sonrió. Lana se había estirado para tomarla así que se apreciaba un poco del sitio, pero a ella el sitio no le importaba en realidad. Podía ser muy hermoso, de hecho lo era, pero nada se comparaba a la belleza de su morena.

Acarició su sonrisa en la foto y tuvo la impresión de que tenía los labios más atractivos de la tierra. Y es que los tenía. Ava dio un par de vueltas a su alrededor aprovechando para pedir atención y ella palmeó el sitio a su lado consiguiendo que su pequeña mascota en un par de botes se le subiera encima. La acarició contenta de tenerla con ella.

-¿Me has echado de menos, mi pequeña? – se dedicó a los mimos son una sonrisa en los labios – yo también – luego le mostró el móvil - ¿has visto lo preciosa que es mi chica?

Ava gruñó ligeramente.

-Es cierto, lo es, se lo he pedido, ahora es mi chica – le aclaró y la pequeña giró la cabeza hacia un lado como si pudiera entenderla - ¿puedes creértelo? Lana Parrilla es mi chica – Ava ladró una vez más, se bajó de su falda y con dos vueltas alrededor de su cuerpo se sentó a dormitar en el sofá.

Ella se quedó mirando la foto y luego todas las que tenía guardadas en su móvil de Florencia. Su sonrisa bobalicona lo decía todo, estaba totalmente colgada por esa mujer. Tocaron el timbre de su puerta y supo que Lola ya estaba con ella. Dejó pasar a Deena y le agradeció por traerla. Lola y Ava juguetearon por todo el piso, mientras se saludaban a su manera.

-Gracias por traerla – le dijo a la hermana de Lana.

-Tienes cara de estar muy cansada, ¿seguro que no te molesta tener que cuidarla?

-Oh no, estoy feliz de tenerla en casa, además ella nunca es una molestia– aseguró Jenn mirando a Lola jugar – si es una monada.

-Te dejo sus cosas, cualquier cosa ya tienes mi número y puedes llamarme – le pasó una pequeña mochila que contenía lo esencial para Lola.

-¿No quieres pasar? No hay mucho en casa, pero puedo ofrecerte una bebida fresca – le dijo la rubia.

-No, no, tengo una cena con amigas ahora, pero gracias – Deena hizo una mueca de contención, pero finalmente abrió la boca para hablar – tú y mi hermana, ¿todo bien?

Jenn carraspeó un segundo, no sabía hasta qué punto debía o no hablar – estimo que quizás te ha contado algo.

-No, en realidad estoy especulando – confesó la otra mujer – aunque me ha dicho que hablaríamos cuando volviera.

-Entonces, hablarás con ella cuando vuelva.

-Oh, que aburrida – Deena se rio de la cara de Jenn y saludó con la manos – ya me marcho, pero prométeme que cuidarás de ella, ¿eh?

-Lo haré, cuidaré bien de tu hermana – le garantizó Jennifer.

-Hablaba de Lola – dijo Deena antes de cerrar la puerta -, pero gracias por la confirmación.

Jennifer se quedó mirando la puerta con la boca abierta – que astuta – murmuró meneando la cabeza. Tenía que cuidarse de su cuñada la próxima vez.

Lola se acercó a ella. Jenn la acarició debajo de la cabeza y detrás de las orejas – Lola, hermosa, ¿cómo estás?, ¿echas de menos a Lana?- la perra comenzó a ladrar y a recorrer las habitaciones de la casa, quizás impulsada por el nombre de su dueña – no está aquí, cariño – le anunció viéndola entrar y salir – si estaría aquí deberías buscarla en mi – hizo una pausa y su voz bajó para terminar la oración – cama – soltó aire y se lamió los labios – desnuda – cerró los ojos con fuerza.

Imaginó a Lana en la cama desnuda y las marcas de sus labios por la piel. Jadeó sólo de pensarlo – espero que te duren las ganas, Lana, porque yo estoy que me muero – suspiró y fue a buscar a Lola para darle algo de comer.

Cenó mirando a las pequeñas compartir su comida húmeda y bebió un poco de agua fresca deseando irse a dormir pronto. Una vez que estuvo instalada en la cama sólo dio un par de vueltas sin conseguirlo. Bufó. Estaba muriendo de cansancio, pero parecía incapaz de dejar de pensar en su novia. La echaba de menos y no era la única. Al cabo de unos minutos una muy despierta Lola apareció en su cuarto y apoyó su cabeza en la cama mirándola con unos ojazos que mostraban que estaba un poco nostálgica o incomoda.

-¿Tú tampoco puedes dormir? – le preguntó acariciándola un momento - ¿quieres ir a casa?

Se puso de pie y llenó su mochila con un par de cosas que necesitaría. Rebuscó en su bolso y tomó las llaves que tenía dentro desde hacía unos días.

-Son mis llaves, llévatelas, por favor – le dijo Lana – puedes necesitar algo para Lola.

-Sabes que sólo son dos días, ¿verdad? – le respondió Jenn – creo que podremos arreglarnos.

-Nunca se sabe, llévatelas – Lana insistió – me las devuelves cuando regresé y ya.

-O no te las devuelvo – respondió pícaramente Jennifer.

-¿Me vas a robar las llaves, Jenn? – quiso saber la morena.

-Tal vez.

El beso que le siguió a esa respuesta era algo que sí que valía le pena recordar y repetir. Tomó a las dos mascotas y se las llevó al coche. Era tarde, pero daba igual. En casa de Lana, cada una tenía algo importante para poder pasar la noche. Ava tenía a Jenn y a Lola, Lola estaba en su casa y resultó que Jenn consiguió algo mucho más interesante que todas sus expectativas. El perfume de Lana en su cama. Se hundió en ese aroma perfecto y comenzó a suspirar de gusto. En poco estaba totalmente dormida.

Del otro lado del mundo, Lana se despertó y tomó un café, poniendo en marcha el coche rumbo a Milán. Cuando llegó se acercó a saludar a su familia para despedirse y luego hizo las maletas. El audio de Jenn la pilló por la tarde, mientras compraba algunos regalos para su familia por la ciudad.

-¡Ey! ¡Preciosa!. Hola. ¿Cómo estás? Preparándote para marchar imagino. He llegado bien y ya estoy más descansada. Te echo muchísimo de menos, preciosa. No te das una idea. ¿Por qué no dejo de pensar en ti? ¿Por qué no paro de pensar en tu sonrisa y tus labios perfectos? Quiero verte y besarte, te quiero tanto. Lo digo muy en serio –se escucharon unos ladridos - ¡Ah! Vengan aquí pequeñas, vengan – se escucharon a los ladridos más cerca – estoy hablando con Lana – las dos ladraron más intensamente – sí, Lana, ustedes saben muy bien quién es Lana, ¿verdad? – imaginó a Jenn acariciando a las dos perras – es la mujer más hermosa que hemos visto nunca, ¿verdad? Lo eres, Lana, eres eso y tanto más. Nosotras nos vamos a seguir caminando por ahí y disfrutando del día. Tus chicas te esperan en casa con muchas ganas de verte. Cambio y fuera. Te quiero.

Y las ganas de teletransportarse volvieron de inmediato. Todas las horas esperando que Jenn le escribiera valieron la pena sólo en un audio de un poco más de un minuto. Siguió hablando con ella que le contó que estaba quedándose en su casa, la llamó "amor" y "mi amor" inconscientemente. Jennifer fingió que se había desmayado del gusto. Ya estaba, grifo abierto, no pararía de llamarla de formas cada vez más cursis cuando la viera. Una vez iniciado no podía detenerse. Como cada segundo le costaba más detener las imágenes que se formaban en su mente y que contenían a una muy desnuda, muy jadeante Jennifer Morrison. Lana nunca había considerado a las mujeres como objetos de deseo, pero el estatus de Jenn era otra cosa, como Jenn no era cualquier mujer tampoco. La deseaba tanto que su cuerpo se calentaba cada vez que se le iba la cabeza fantaseando. El hecho de que en dos días pudiera verla y tocarla lo hacía todo mucho más potente.

Cuando volvió a meterse en la cama pensando en que sería su última noche en Europa, llamarla le pareció completamente necesario. Jenn atendió a su primer intento, sólo tuvo que esperar 3 toques de timbre.

-¡Ey! Preciosa.

-Hola – Lana adoraba que Jenn fuera tan dulce con ella - ¿cómo están mis chicas?

-Tus chicas están descansado – le respondió Jenn – han correteado como locas toda la mañana y luego de una buena dosis de agua fresca, han caído redondas.

-Ajá, ¿y mi chica? – quiso saber Lana remarcando el "mi" – ¿mi preciosa y dulce chica?

Pudo notar la sonrisa en Jenn aunque no la viera – echándote de menos.

-Somos dos entonces, mi amor.

Notó el suspiro antes que la voz – Lana.

-¿Qué? – preguntó inocentemente - ¿qué pasa, mi amor? – arrastró la pregunta descendiendo el tono de voz unas octavas.

-Eres mala – contestó Jenn – me vas a volver loca.

-No te muerdas los labios – le dijo la morena tocándose los suyos mientras tanto.

-Y tú no te toques los tuyos.

-Adivino que estás haciendo lo mismo – expuso Lana sonriendo.

-Sí, no lo puedo evitar, estoy – Jenn hizo una pausa y Lana entreabrió la boca esperando el resto de la frase con los dedos aún apoyados en su piel – imaginándome tu boca sobre ellos.

Lana suspiró intensamente – y ahora soy yo la que me muerdo los labios – soltó los dientes y pasó su lengua por su labio superior e inferior, humedeciendo las yemas de los dedos que continuaban allí – el último beso en el aeropuerto se volvió algo – buscó una palabra concreta para resumir – intenso.

-Lo sé, estuve allí – admitió la rubia con un suspiro - ¿hablabas en serio?

-¿Hablabas tú en serio?

-Sí.

-Yo también.

Lana tomó aire y lo soltó – te deseaba muchísimo – carraspeó al notar como se le cerraba la garganta – te deseo muchísimo aún.

-Y yo, hermosa – Jenn suspiró profundamente - ¿te vas pronto a dormir?

-Ya estoy en la cama – confesó Lana.

Una pausa de varios segundos después, Jenn se dejó escuchar por el teléfono - ¿puedo acompañarte?

Lana tragó saliva – ojala pudieras, te echo mucho de menos.

-Me acostaré aquí en tu cama y me quedaré contigo hasta que te duermas – le explicó Jennifer.

Lana trató de refrenar todas las sensaciones que crecieron en su cuerpo en ese momento, justo cuando sintió el roce de tela y se imaginó a Jenn metiéndose en su cama. No podía dejar de pensar en el deseo que crecía a cada minuto entre las dos. Se estaba desesperando por lanzarse a esa piscina, se veía tan tentadora. Quería amarla y dejarse amar, gozar en las manos de la rubia.

-¿Vas a dormir hoy en casa? – le preguntó tratando de no pensar en ello.

-Sí, pero mañana quiero que durmamos en mi casa, quiero que Lola se acostumbre al lugar contigo allí – le explicó la rubia,

-Tiene sentido – dijo Lana simplemente – por si vuelve a repetirse.

-Va a repetirse – Lana sonrió al oír la voz de Jenn – lo raro será que estando en el mismo territorio, o a menos de 100 kilómetros de distancia, no me tengas abrazándote cada noche.

-Me gustan tus intenciones – Lana suspiró estirándose en el cama - ¿vendrás a buscarme al aeropuerto de nuevo?

-Sí, no veo la hora de volver a verte, de volver a tenerte para mí.

Se hizo un silencio entre las dos en el que podía percibirse la tensión y Lana finalmente lo rompió – tú tienes más experiencia que yo en esto.

-¿En esto? ¿Estar con mujeres dices? – consultó la rubia.

-Sí, pero...

-Tengo entendido que has experimentado y lo demás será cuestión de dejarse llevar – explicó la rubia –, pero si no te sientes segura podemos esperar.

-No, no quiero esperar, Jenn – la morena sonrió – no me refería a eso en particular, aunque también es cierto, no me has dejado terminar.

-¿A qué te referías?

-A qué has dicho que solías, ya sabes, usar llamadas telefónicas para, bueno, intimar – Lana se tapó la cara. Pero ¿qué estaba pasando con ella? La vería al día siguiente y no parecía capacitada para esperar sin profundizar en sus deseos.

-Te refieres a sexo telefónico – Jenn pestañeó profusamente sin poder creérselo.

-No he dicho nada, Jenn, mejor me voy a dormir ya – el corte era evidente en la voz de Lana.

-No, no, Lana, no te cortes, mi amor – Jennifer obtuvo toda la atención de Lana después del apelativo – no lo decía por eso, sólo pensé que no te sentirías tan cómoda como para incursionar en esto.

-No puedo parar de imaginarte desnuda – la voz de Lana seguía mostrando corte, pero sus palabras no – no dejo de recordar ese beso y tu boca, tus palabras.

-Yo tampoco, yo he hecho más, Lana, te he imaginado en mi cama desnuda y con mis huellas en tu cuerpo – bufaron las dos y se mordió mucho los labios antes de continuar – ya ves que no eres la única que sufre esta especie de conmoción.

-Háblame, háblame de esas huellas, mi amor – Lana tuvo que tragar saliva para no perder la voz del todo - ¿dónde estarían esas huellas?

Jennifer respiró profundamente y notó como el aire atravesaba su tráquea con dificultad – en tantos lugares, amor, en tantos.

-Quiero oírlo, Jenn, dímelo.

La voz de Lana era embriagadora y desesperante – en tu cuello, en tu mandíbula, en la piel del nacimiento de tus pechos.

Lana jadeó enérgicamente - ¿qué...? – carraspeó - ¿qué harías?

-Lamerte los labios, besarte el cuello y morderlo hasta marcarlo, darle succiones húmedas a tu escote y tus pechos – sentía una fiebre internarse en lo profundo de su cuerpo – quiero que mi boca sea una huella imposible de borrar para ti.

-¿Por qué eres tan posesiva? – la voz de Lana sonó aguda y alterada.

-Porque, aunque siempre tengas tu libertad y tu voluntad, quisiera que tu cuerpo y tu corazón no me dejarán salir de tu mente.

Lana bufó y se mordió los labios – créeme que sin hacer eso ya lo consigues.

-Pero créeme que cuando lo haga lo disfrutarás muchísimo, mi amor.

-Vuelve a llamarme mi amor y te como toda entera – le advirtió Lana.

-No sé lo que esperas, mi amor – Jennifer lo susurró sensualmente y notó como Lana gruñía - ¿qué pasa? ¿Te estoy torturando, mi amor?

-Mucho, no te das una idea de las ganas de morderte que tengo ahora mismo – confesó la morena.

-¿Tienes calor?

-Demasiado.

-Voy a remediarlo cuando vengas aquí conmigo, preciosa – le aseguró Jennifer – lo voy a remediar toda la noche y todo el día siguiente.

-Oh Jenn – la morena cerró los ojos tratando de no morir de deseo – no sigas que no sé si soportaré hasta mañana.

-No tienes por qué esperar, preciosa, ya te dije que tienes tu libertad y tu voluntad, siempre las tendrás – la rubia tuvo que tragar el nudo que se le había formado en la garganta – me encantaría pensar que te alivias pensando en mi esta noche, Lana.

Oyó a Lana reír con timidez del otro lado de la línea.

-Sólo si tú lo haces también.

-Me parece justo, me has encendido mucho haciéndome pensar en ti de esa manera – respondió -, pero no quiero que estemos al teléfono mientras.

-¿No?

-No, quiero volverme loca oyéndote gemir por primera vez cuando pueda tocarte con mis propias manos y no sólo con mi voz o con tu imaginación – le dijo – mañana mismo voy a hacerte el amor, Lana, y quiero descubrirte sorprendiéndome de cada reacción.

-Que digas eso sólo ayuda a que mi temperatura suba más.

Jennifer se mordió el labio - ¿estás, ya sabes, excitada?

-Sí – explicó Lana.

-Dime cuánto, solo eso – pidió Jennifer.

-¿Cómo quieres que te lo diga? – preguntó la morena.

-Se imaginativa o visceral, preciosa, lo que quieras.

La morena sonrió – pervertida – dijo y deslizó su mano bajó la ropa que llevaba, jadeó conteniendo la mayor parte del sonido – mucho – repitió entonces.

Jennifer bufó – me encantas.

-Tú también, Jenn – canturreó Lana – recuerda que tienes que hacer lo mismo – oyó un rozamiento en la otra línea y a Jennifer tragar saliva con fuerza.

-Estoy muy mojada, amor mío – dijo simplemente.

Lana apretó las piernas para no gemir y guardarse esas emociones como sorpresa para Jennifer al día siguiente.

-Me encantas, Jenn.

-Te quiero, mi amor, has lo que quieras conmigo hoy y mañana.

Lana bufó – créeme que lo haré.

-Y yo.

-Te quiero, mi amor – la saludó Lana.

-Y yo a ti, preciosa – Jennifer le dio un beso a través de la llamada – buenas noches.

-Hasta mañana mismo.

-Escríbeme mañana antes de marchar.

-Lo haré.

-Piensa en mí.

-Créeme que lo haré – respondió Lana haciendo que Jenn se lamiera los labios – hasta luego, mi amor.

Espero retroacción chiquis! Cuéntenme cosas,

¿esperan el próximo o no?