Hermione despertó al notar los primeros rayos de sol en su rostro. Tiró de la manta hasta cubrir su cara con ella. Sin duda esa mañana no quería abandonar la seguridad que le proporcionaba su cama pues sabía que cuando saliera de ella tendría que asumir lo que había ocurrido la noche anterior.

Pero, ¿cómo había dejado que sucediera todo aquello? ¿Realmente le había dejado entrever a Snape que sentía algo por él? ¿Se había atrevido a besarle? Por desgracia no podía achacar su imprudente comportamiento al abuso del alcohol pues durante la cena de gala no había bebido nada que no fuese cristalina agua. A diferencia de Severus, que había dado buena cuenta del selecto vino del profesor Slughorn. Él por lo menos podía atribuir su conducta a la bebida pero ¿y ella? ¿Cómo volvería a mirar a ese hombre a la cara después de la intensa noche vivida?

Era domingo por la mañana y los alumnos se dirigían al Gran Comedor para tomar la primera comida del día. El ambiente era mucho más distendido que durante los días lectivos pues se atrasaba la hora estipulada para el desayuno con la intención de que los internos pudiesen dormir un poco más durante los fines de semana. En esa mañana todos los jóvenes vestían con ropas casuales pues no tenían la obligación de portar el uniforme de sus casas. Hermione decidió ponerse unos vaqueros y una simple camiseta negra, el pelo recogido en una coleta alta y sin rastro de maquillaje en su rostro. Quería pasar desapercibida por todos los medios pues temía que lo acontecido durante el baile de la noche anterior fuese de dominio público. Mientras caminaba con la cabeza baja por los pasillos sintió algunas miradas pero estaba tan azorada que evitó todo contacto visual con sus compañeros. Al llegar al comedor fue directa hacia la zona donde solía sentarse, Harry ya se encontraba allí y nada más verla sus ojos se abrieron más demostrando así lo deseoso que estaba de hablar con ella.

— ¡Por Merlín! ¿Estás bien? ¿Qué te dijo la enfermera Pomfrey? — Preguntó atropelladamente mientras la miraba con verdadera inquietud.

— No seas dramático, estoy bien — Respondió Hermione con desgana sentándose frente a él, lo que menos le apetecía era tener que darle explicaciones a Potter.

— Temía que te hubiesen ingresado de nuevo — Expuso Harry con pesar — Perdona por ser un buen amigo.

Hermione rió sarcásticamente al escuchar eso.

— Gracias amigo por hacerme bailar con Snape — Comentó con ironía al recordar como prácticamente la había arrojado a los brazos de ese hombre la noche anterior.

— Pues parecía que no te disgustaba demasiado — Murmuró el muchacho mientras untaba mermelada en sus tostadas.

Granger se sonrojó por sus palabras, ¿era tan obvia la química que experimentaron Severus y ella durante esa noche? ¿Se habrían dado cuenta de ello los demás asistentes a la fiesta?

Tratando de evitar la mirada de Harry giró su rostro hacia otro lado mientras se esforzaba por respirar con calma.

— ¿Te vio Poppy anoche? — Preguntó de nuevo su amigo pues no estaría tranquilo hasta que Hermione le contase que le había ocurrido.

— ¿Y qué tal tu rodilla? — Preguntó desviando la conversación — ¿No te da vergüenza mentirle así al profesor Slughorn?

Harry agachó la mirada sintiéndose abochornado por su comportamiento.

— Bueno, tenía un motivo para hacerlo — Se excusó — Necesitaba pasar más tiempo con él para sonsacarle su secreto y... ¡Un momento! ¡No me cambies de tema!

Hermione sonrió al ver su cara, le divertía ser capaz de confundirlo.

— De verdad que estoy preocupado por ti — Añadió Potter en un último intento por saber que había sucedido una vez que Snape y ella abandonaron el club.

— Sólo era cansancio Harry, ya os lo dije en la fiesta — Dijo tratando de quitarle importancia a su desmayo — Me fui a dormir, eso es todo.

Potter respiró tranquilo al escuchar eso. Miró en dirección a la mesa del profesorado y se encontró con los ojos del profesor Snape, el cual parecía no perderlos de vista. Sostuvo su mirada fijamente durante unos segundos, desconfiando de él como llevaba tantos años haciendo. No importaba cuantas veces le dijesen que Severus estaba de su parte, ni siquiera que perteneciese a la Orden del Fénix, ese hombre ocultaba algo y jamás se fiaría de él.

— Siento que tuvieses que pasar tiempo con él — Se disculpó poniendo su atención de nuevo en su amiga.

Hermione negó con la cabeza mientras se servía un trozo de tarta.

— No te preocupes, sé cuidarme solita — Respondió tratando de quitarle importancia.

En ese momento la pareja formada por Ron y Lavender llegó hasta ellos, tomando asiento uno a cada lado de la mesa.

— ¡Hermione! ¿Cómo estás? — Preguntó Lav acariciando el hombro de su amiga con cariño — Me dijeron que ayer tuviste que abandonar la fiesta porque te encontrabas mal.

— ¿Ya lo saben todos? — Preguntó Granger angustiada por ser de nuevo la comidilla del colegio.

— No, me lo comentó Ginny — Explicó Lavender — Aunque es normal que te desmayases, con semejante pareja de baile...

Ron ya tenía un bollo de crema en la boca cuando decidió participar en la conversación.

— Seguro que fue horrible bailar con el murciélago de las mazmorras — Dijo mientras escupía algunas migas.

Hermione y Lavender lo miraron con desagrado por sus terribles modales aunque ninguna dijo nada.

— Debió de ser muy incómodo — Comentó Lavender agarrándose al brazo de su amiga — Con lo preciosa que estabas... para al final tener que bailar con ese hombre — Se lamentó la rubia.

Los ojos de Lavender se dirigieron hacia la mesa de profesores, la cual presidía la sala.

— Da autentico miedo — Añadió esquivando la mirada del jefe de la casa Slytherin. Desde su primer año era incapaz de mirarle a los ojos.

— Al menos Snape es un caballero — Le defendió Hermione — La alternativa era Cormac, y bueno... ¿Ginny no te ha contado nada sobre él? Anoche fue su pareja de baile.

A todos les impactó esa declaración pero antes de que pudieran procesarla la insinuación sobre McLaggen desató la ira de Ron.

— ¿A qué te refieres? — Inquirió preocupado por el honor de su hermana — ¿Se propasó con ella?

Todos conocían la mala relación que mantenían los dos Gryffindor desde que compitieron por el puesto de Guardián en el equipo de Quidditch.

— Yo estuve allí, no pasó nada — Se apresuró a decir Harry tratando de calmar al pelirrojo mientras le dedicaba una mirada de desaprobación a su amiga.

— Son gestos sutiles. Una mano que desciende por la espalda hasta llegar a la zona donde ésta pierde su casto nombre — Sugirió Hermione con picardía — Desde donde estabas sentado eras incapaz de verlo pero a mí me lo hizo en otra de las fiestas organizadas por Slughorn.

En ese momento Ron dejó de golpe en la mesa su vaso con zumo de calabaza haciendo que parte de su contenido se derramara. No necesitaba escuchar nada más, sabía que Hermione decía la verdad. Se levantó furioso de su asiento y se encaminó decidido al lugar que ocupaba Cormac. Lavender sabiendo de lo que era capaz su novio lo siguió mientras trataba de detener su avance sujetándolo por el brazo.

— Cálmate RoRo — Fue lo único que le dio tiempo a decir antes de que los dos llegaran al grupo de amigos de McLaggen.

— ¡Ey zanahorio! — Saludó de forma jocosa Cormac al ver su cara de pocos amigos - Ya te han contado la cita que tuve ayer con tu...

Antes de acabar la frase el puño de Weasley impactó en la cara de su compañero.

— ¡Con mi hermana no! — Gritó mientras su derechazo golpeaba la mandíbula del atractivo Gryffindor.

— ¡Pelea! — Gritaron los otros chicos alrededor de ellos mientras McLaggen se levantaba dispuesto a devolverle el golpe. No solamente le había herido físicamente sino también en su orgullo.

Harry se levantó de su asiento sin creer lo que acababa de presenciar. Los profesores hicieron lo mismo al ver la algarabía que se estaba formando aunque aun no sabían a que era debida.

Pretrificus Totalus — El hechizo hizo blanco en los dos jóvenes paralizándolos al momento.

Todos se giraron para descubrir cuál de los docentes había detenido la pelea. Observaron que el profesor Snape era quién había lanzado el conjuro antes de que la riña llegase a más. Lo que no sabían es que él había estado pendiente de cada movimiento de esos chicos, puesto que no podía evitar la compulsión de observar a Granger y sus amigos desde la distancia. Por ello fue el primero en ver el incidente, mucho antes que sus compañeros.

La señora McGonagall se acercó hasta allí dado que esos estudiantes eran su responsabilidad como jefa de la casa Gryffindor.

— ¡¿Como se les ocurre pelearse de esta manera?! — Preguntó indignada tocando con su varita a ambos muchachos para liberarlos de la parálisis — Dos Gryffindor luchando a golpes, ¡como si fueran barbaros! Pensé que los había instruido mejor — Se quejó la mujer visiblemente decepcionada por el comportamiento de sus alumnos.

El profesor Snape caminó con lentitud hasta quedar a la diestra de su compañera.

— Debería restar numerosos puntos a su casa — Declaró Severus mientras miraba con desdén a los dos chicos — Pero dejaré que la profesora McGonagall se encargue de disciplinaros convenientemente.

Minerva agradeció el gesto con la mirada, podría haberlos castigado él pero con sus palabras reconocía la autoridad que ella tenía como jefa de su casa. Con todo el dolor de su corazón sacó su varita mientras contemplaba la cara de ambos jóvenes.

— 15 puntos menos para Gryffindor — Anunció con pesar la profesora.

Unos abucheos se escucharon al otro lado de las mesas. Eran los miembros de la casa Slytherin quejándose por tan irrisoria condena. Severus les dedicó una mirada tan gélida que de inmediato las quejas cesaron.

— Es una mujer extremadamente misericordiosa — Susurró Snape cuidando que ese comentario solamente lo escuchase su compañera — Si hubiesen sido mis serpientes habrían perdido algo más que 15 míseros puntos.

Dicho esto se alejó de ella mientras ojeaba a sus fieles Slytherin. Todos ellos le respetaban y temían a partes iguales. Complacido por este hecho prosiguió su camino desfilando entre las mesas y cruzando por detrás de la joven Granger sin siquiera mirarla. Aunque de ella no podía decirse lo mismo pues sus ojos no se apartaron de su persona en todo momento.

Minerva ante la mirada de todos los alumnos en Hogwarts sacó a Weasley y McLaggen del Gran Comedor con la intención de asignarles el castigo correspondiente. Harry seguía de pie junto a Hermione observando cómo ésta continuaba sentada degustando con placer el último bocado de su tarta de manzana. Parecía que nada de lo ocurrido tenía que ver con ella.

— Podrías haber cuidado un poquito más tus palabras — La reprendió Potter.

Granger alzó la vista hacia él y se encogió de hombros.

— Puede — Comentó vagamente — Pero no me culpes a mí de que tu amigo sea un cafre.

Harry negó con la cabeza molesto por la indiferente actitud de su amiga, no podía creer que no le importasen las consecuencias que habían tenido sus palabras. Se acercó a Lavender que estaba llorando asustada por el violento comportamiento de su pareja mientras otras Gryffindor trataban de consolarla.

— Que sorpresa Granger — Se escuchó decir a la espalda de Hermione.

La muchacha se giró en la banqueta hasta encontrarse con la penetrante mirada grisácea de Malfoy.

— No esperaba que fueses capaz de eso — Añadió sentado en el otro banco tras ella.

Hermione ni se había percatado de que Draco estaba tan cerca cuando tomó asiento esa mañana.

— No sé de qué me hablas — Respondió dándole otra vez la espalda.

— Te he escuchado Granger, sé que no has organizado todo esto sin querer — Afirmó el rubio oxigenado acercándose a ella — Cada día pareces más Slytherin — Le susurró al oído.

Sus palabras hicieron que se le revolviese el estomago y maldijo haberse terminado hasta el último trozo de su porción de tarta. ¿Era posible que Draco tuviese razón? ¿Por qué había instigado a Ron para que peleara con Cormac? Hermione estaba segura de que Weasley saldría en defensa de su hermana pequeña, sabía que su amigo era un inconsciente y odiaba a McLaggen desde hacía meses. Sólo necesitaba una chispa para prender esa mecha y ella se había encargado de encenderla sin importarle las consecuencias. Solamente quería que sus amigos dejasen de hablar de la noche que había pasado con Snape. Cada uno de sus comentarios la crispaban, y sabiendo que no podía defenderlo ni expresar lo que realmente sentía por él había preferido centrar la atención de ellos en otro hecho. Conocía a Ron tan bien que intuía que simplemente con insinuar que Cormac se había propasado con Ginny conseguiría que se enfrentara a él. Ahora el colegio hablaría de la pelea, dejando pasar ese indiscreto baile que Granger y Snape habían mantenido.