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BirdsandStars
—¿Es morado?
—¿Pensaba que era tu color favorito?
Era increíble que el hubiese llegado a esa conclusión solamente porque mi consolador era de ese color. Pero no se había equivocado.
—Lo es. Pero creo que aún estoy en shock por lo que tienes en la mano. —dije nerviosa mientras el ponía el objeto en la cama y yo miraba hacia allí.
—No es lo único que tengo aquí dentro. —me dijo haciendo que prestara mi atención a la bolsa una vez más.
Esta vez sacó un pañuelo oscuro, que colgó en mi cuello mientras me sonreía. Volvió a meter la mano en la bolsa, y esta vez, sacó algo metálico y reluciente.
—Espero que te hayas familiarizado con esto durante tu entrenamiento. —me dijo mientras las dejaba caer sobre la cama con un sonido metálico.
—¿De donde has sacado todo esto? —le pregunté mientras lo miraba meter la mano una vez mas dentro de la bolsa.
—Hice una parada en el camino de regreso a recogerte. —me dijo mientras sacaba un frasco y lo ponía también sobre la cama.
Miré fijamente el frasco, intentando leer lo que ponía en la etiqueta. Miré fijamente todo lo que había en la cama, y entonces entendí lo que el pretendía hacer. Aparté la mirada de la cama y la dirigí hacia la suya.
—Pero primero… —me dijo mientras soltaba la bolsa y pegaba su cuerpo al mío.
Sus manos fueron hacia mis hombros, sus labios contra los míos. Comenzó a deslizar sus manos por mi cuerpo, lentamente, mientras sus labios se fundían con los míos. Y entonces sus manos llegaron a las bragas de encaje.
—Estas no. —le dije poniendo las manos sobre sus hombros cuando sentí sus manos aferrarse fuertemente a mi cintura.
Christian sonrió contra mis labios. Separó sus labios de los míos y bajó dando besos por mi cuello, entre mis pechos, por mi vientre hasta llegar a las bragas. Muy lentamente las deslizó por mis piernas hasta que cayeron al suelo. Bajé la mirada.
Christian arrodillado en el piso, con la boca a solo centímetros de mi sexo, era la imagen más erótica que había visto en mi vida.
Me devolvió la mirada, pero no hizo el menor intento por acercar su boca a mi sexo. Y yo moría, literalmente, porque lo hiciera. Cada parte de mi cuerpo, pedía a gritos su atención. Acercó su boca a mi sexo, lentamente deteniéndose sobre él. Podía sentir su respiración sobre mí, excitándome cada vez más. Me miró brevemente antes de hundir su cabeza en mi sexo arrancándome un gemido de placer cuando su lengua se deslizó sobre mi clítoris y sus dientes mordían ligeramente mi sexo. Cerré los ojos dejándome envolver por la creciente oleada de placer que despertaba aún más en mi interior. Pero rápidamente su boca se separó de mí. Abrí los ojos para verlo sonriéndome traviesamente, aún desde el suelo.
Por la sonrisa que me estaba dando, sabía que el iba a torturarme esta noche con todo lo que había sacado de la bolsa y que había puesto sobre la cama.
Christian se levantó del suelo sin apartar la mirada de mí. Sus manos se deslizaban por mis piernas, cuando pasaron sobre mis nalgas las apretó levemente y yo gemí. Continuó su ascenso hasta que su rostro estuvo frente al mío una vez más y sensualmente unió sus labios con los míos.
—Aún falta una ultima cosa que necesitaremos esta noche, y será con lo que comencemos. —me dijo separando su cuerpo del mío.
¿Qué más podía necesitar para comenzar a torturarme esta noche?
Lo vi caminar por la habitación rumbo a la mesita de noche junto a mi cama. Abrió la segunda gaveta, giró la vista hacia mi antes de meter la mano dentro.
—¿No estás hablando en serio?
—Muy en serio. —me dijo mientras regresaba donde yo estaba con mi consolador en la mano. —Quiero ver como lo utilizas pensando en mí.
Un delicioso calor comenzó a recorrer mi cuerpo. Podía sentir mis mejillas teñirse de rojo. Jamás en mi vida he hecho algo tan atrevido como masturbarme frente a alguien. Bueno, quizás una vez frente a él. Pero había sido su culpa. Y además que estaba extremadamente excitada en ese momento. Pero de ahí a usar mi consolador frente a él. No creo que me atreva siquiera a encenderlo.
—No pienses Ana, deja los prejuicios a un lado. —me susurró en el oído mientras ponía el consolador en mi mano y se separaba de mí.
Se dirigió hacia un extremo de la habitación, cogió una silla, que ni siquiera sabía que estaba allí, la colocó junto a la pared, frente a la cama. Me miró fijamente mientras se zafaba los jeans dejándolos caer por sus piernas musculosas. Su miembro se marcaba perfectamente detrás del bóxer negro que llevaba. Se sentó en la silla mientras se acomodaba el miembro y me miraba fijamente, esperando.
Miré fijamente a Christian. Su miembro ansioso encerrado, queriendo escapar. Podía ver como Christian apretaba las mandíbulas, conteniéndose para no venir sobre mi y cambiar sus planes de seducción de esta noche.
¿Qué deje los prejuicios a un lado?
Caminé hacia la cama y me senté en el borde, con las piernas abiertas. En ningún momento aparté mi mirada de la suya. Pude ver como Christian inclinaba la cabeza ligeramente a un lado antes de pasarse la lengua por los labios entreabiertos. Me estaba comiendo con la mirada. Dirigí la mano hacia mi sexo, lentamente, mientras introducía un dedo en mi interior, dejando escapar un gemido. Lo moví varias veces en mi interior sin apartar mi mirada de la suya. Christian se quitó el bóxer y comenzó a acariciarse por toda su extensión.
Verlo masturbarse mientras yo hacía lo mismo hizo que mis paredes comenzaran a apretarse alrededor de mi dedo.
¿Cuándo había comenzado a hacer tanto calor aquí adentro?
Me recosté en la cama mientras subía los tacones hasta apoyarlos a ambos lados de mi cuerpo. Saqué el dedo de mi interior y cogí el consolador. Lentamente lo dirigí hacia mi entrada y lo introduje en mí, para después encenderlo. Cerré los ojos.
Y como mismo había hecho hacía tanto tiempo ya. Me imaginé que era él que estaba entre mis piernas. Mordí mi labio inferior mientras movía el consolador dentro y fuera de mi, haciéndome gemir cada vez más.
Subí mi otra mano hacia mis senos. Moví el ajustador de encaje a un lado dejándolos libres, y cogí un pezón entre mis dedos, tirando de él. Imaginando que era la mano de Christian, y no la mía. Un gemido escapó de mis labios, imposible de contener. Podía sentir como mis paredes se apretaban alrededor del consolador. Unos cuantos movimientos más y terminaría todo.
Entonces una mano detuvo el consolador y otra la presión sobre mi seno. Abrí los ojos y me encontré con la mirada excitada de Christian.
—Ha sido divertido, pero no quiero que termines así. —me dijo mientras lo sacaba lentamente de mi interior. —Quiero que termines conmigo dentro de ti, llenándote completamente.
Su cuerpo bajó sobre el mío y sus labios chuparon el seno que segundos antes mi mano torturaba. Se separó y me sonrió mientras cogía el pequeño juguete purpura que había traído.
—Voy a poner esto en tu interior. —me dijo sin darme tiempo a reaccionar, o a pensar coherentemente después de estar al borde del orgasmo.
Y rápidamente sentí como lo introducía en mi interior.
—Ven déjame terminar de utilizar el resto de las cosas. —me dijo mientras se sentaba en medio de la cama. —Acuéstate y sube las manos por encima de tu cabeza.
Hice lo que me pidió. Estaba ansiosa y excitada por saber que más iba a hacer. Cogió las esposas y las colocó en mis muñecas mientras las pasaba por detrás de la cama.
Es oficial, estoy esposada a la cama y me es imposible moverme. Me tiene a su merced. Christian tira de mis piernas para que mis manos queden completamente estiradas. Me da un beso en los labios y después baja de la cama. Levanto un poco la cabeza mientras lo observo ir hasta sus jeans y coger algo en la mano. Frunzo el ceño mientras intento adivinar que ha cogido.
Lo veo presionar lo que tiene en la mano y dejo caer la cabeza contra la cama mientras el pequeño vibrador en mi interior cobra vida por un momento y se detiene rápidamente.
Levanto la cabeza nuevamente para mirarlo, ahora con mi respiración más acelerada. Christian me sonríe mientras camina hacia la cama y se sienta a mi lado cogiendo el último objeto en la mano.
Dejo caer la cabeza y giro mi rostro para verlo coger el frasco de Nutella e inconscientemente deslizo la lengua por mis labios mientras él lo abre y mete un dedo dentro, que después dirige hacia mis labios.
—Chupa. —me dice mientras yo lo obedezco.
Saboreo el delicioso chocolate de su dedo. Deslizo la lengua en círculos y chupo una y otra vez hasta que no queda nada más. Christian vuelve a coger más y hace nuevamente los mismo. Mete el dedo en mi boca y en ese mismo instante el vibrador comienza a funcionar. Dejo escapar un gemido contra su dedo mientras intento chuparlo completamente.
El vibrador se detiene en cuanto saca el dedo de mi boca. Pone la Nutella a un lado y coge el pañuelo que tenía en el cuello, con el cual me venda los ojos. Siento como se mueve a mi lado de la cama. Mis sentidos atentos a su próximo movimiento.
Un dedo recorre mi cuello hasta mis senos. Un dedo con Nutella haciendo círculos sobre mis pezones.
Gimo y me convulsiono bajo su toque mientras intento mover mis manos esposadas al cabecero de la cama.
Y entonces siento el vibrador justo unos segundos antes de sentir su boca caliente devorando el chocolate de mi cuerpo. Mi cuerpo se arquea contra su boca ardiente, en busca de mayor contacto, mis paredes se aprietan alrededor del vibrador mientras dejo escapar un gemido. Y entonces se detienen sus labios sobre mi cuerpo y el vibrador al mismo instante.
Intento acompasar mi respiración acelerada. Nunca en mi vida había estado tan excitada como lo estaba en estos momentos ni tan cerca y tan lejos de un orgasmo.
Unos segundos más tarde vuelve a deslizar el dedo con chocolate por mi vientre mientras el vibrador hace de las suyas en la parte baja de mi cuerpo.
No sé si puedo aguantar más, y me veo haciendo lo que dije a mi misma que no haría.
—¡Por favor! —suplico cuando el vibrador se detiene una vez más dejándome al borde del éxtasis.
Siento su risa contra mi vientre mientras continúa devorando Nutella de mi cuerpo ignorando mi súplica. Su dedo pasa por encima de clítoris y unos segundos más tarde sus labios están allí, y el vibrador funcionando nuevamente.
—¡Dios! —exclamo mientras tiro levemente de las esposas. —¡No puedo más con esta tortura! —grito cuando se vuelve a detener dejándome al borde una vez más.
En cuanto el vibrador se detiene, siento como lo saca de mi interior, y lo sustituye con su miembro caliente y palpitante. Esto es todo lo que necesitaba. Grito su nombre mientras enredo mis piernas en sus nalgas y lo presiono más contra mí. Rápidamente sus labios están sobre los míos intentando, en vano, contener mis gemidos desesperados.
El reciente orgasmo apenas y a tenido tiempo para desvanecerse cuando otro comienza a crecer en mi interior. En este momento solamente puedo sentir, y escuchar.
Escucho su respiración acelerada contra mis labios y siento su miembro cada vez más duro en mi interior mientras mis paredes comienzan a apretarse una vez más alrededor de él. El aumento de la velocidad de sus embestidas me dice que esta cerca, y yo también. No creo que aguante mucho más. Y entonces lo siento gemir contra mis labios. Un largo gemido cortado por sus labios devorando los míos, siento como me llena completamente y me dejo ir una vez más mientras Christian se deja caer sobre mi cuerpo.
En estos momentos no me importa sostener el peso de su cuerpo contra el mío. Lo haría una y otra vez, siempre que sea después de un asalto de sexo alucinante y pervertido como el que acabamos de tener.
