Déjenme sus comentarios.
BirdsandStars
Lo observo mientras se anuda la corbata frente al espejo. La camisa blanca se ajusta a su cuerpo, los músculos de su espalda se tensan mientras hace el nudo. Coge la americana y se la pone, mientras se acomoda ahora el nudo de la corbata. Luce exactamente como lo recuerdo cuando va vestido de traje. Sexy, caliente y follable.
Espera.
¿Yo acabo de decir eso?
¿Cuándo mi mente se volvió tan sucia?
Ah, ya lo sé. Desde anoche. Después de todo lo que hicimos. La cama…la ducha…la cocina. Aún no sé cómo puedo estar en pie después de solo dormir unas horas, y de todo el sexo. Incluyendo el de esta mañana.
Ya dije que me encanta el sexo matutino. Y si es despertar con Christian entre mis piernas, mucho mejor. Hoy voy para el trabajo con cara de zombie por no haber dormido prácticamente nada anoche. Pero también me voy con una sonrisa estúpida en mi rostro.
Pero soy feliz.
Christian me devuelve la mirada por el espejo.
—¿Ya estás lista? —me pregunta regresándome a la realidad mientras se gira y camina en mi dirección.
—Todo lo que puedo estarlo. —le digo con una sonrisa mientras llega a mi lado y enreda sus manos en mi cintura.
—¿Hoy no hay jeans? —me dice mientras su mirada recorre el vestido que llevo puesto hoy.
—Creo recordar que alguien me los prohibió ayer. —le contesto con una sonrisa.
El sonido de mi móvil hace que aparte la mirada de él. Lo busco y miro la pantalla.
—Es Sawyer, está esperando abajo.
Había olvidado por completo a Sawyer. Ni siquiera le había contado que Christian estaba vivo, y mucho menos que iba a sumir el cargo de CEO nuevamente.
—Creo que se va a sorprender cuando te vea. —le digo mientras cojo mi bolso.
Christian me sonríe, toma mi mano entre las suyas y salimos rumbo al parqueo subterráneo de mi apartamento. Sawyer está parado afuera del auto, recostado a este. Cuando nos ve caminando en su dirección su rostro se transforma en sorpresa.
—¿Sr. Chasting? ¿Está vivo? —dice sin poderlo cree.
—Es una larga historia Sawyer. Pero será mejor que me llames de otra forma, ese no es mi verdadero nombre. —le dice el mientras le estrecha la mano.
—Su nombre es Christian Grey. —le digo yo mientras Sawyer se gira hacia mi en cuanto se lo digo.
—Eso tampoco tiene sentido. —dice él.
—Vamos, te contare un poco por el camino. —le dice Christian mientras abre la puerta de atrás para que yo entre. Se acomoda a mi lado mientras me abraza contra él. Sawyer tarda unos segundos en salir del shock. En cuanto se monta en el auto nos mira a ambos por el retrovisor a la espera que le digamos hacia dónde vamos.
—Hacia TecFall Sawyer.
Me abrazo más contra su cuerpo mientras Christian le hace un resumen de lo sucedido a Sawyer y el conduce rumbo al centro de Chicago.
El viaje se me hace más rápido de lo que quisiera. Y rápidamente Sawyer está aparcando frente a la empresa. Christian baja y me tiende su mano para ayudarme. Y así con los dedos entrelazados caminamos hacia el interior de TecFall. Y exactamente como me imaginaba que iba a suceder, todas las miradas iban hacia nosotros. Bueno, más bien miraban hacia la persona que caminaba a mi lado que estaba muerta desde hace seis meses. Podía ver las miradas de asombro de algunas personas, y otras como rápidamente comenzaban a hacer comentarios.
Hubiese querido que el ascensor fuera solo para nosotros, pero a esta hora, estaba lleno. Nos acomodamos a un lado. Y Christian no desaprovechó la oportunidad de acorralarme con su cuerpo contra la pared del ascensor. Me mordí el labio inferior intentando no reír.
—Todos te están mirando. —le dije muy bajito mientras el acercaba su rostro al mío.
—Pues que miren. —me dijo mientras ponía un mechón de pelo detrás de mi oreja.
El ascensor se fue vaciando a medida que subía. Al llegar a nuestro piso salieron varias personas y después nosotros. Christian no soltaba mi mano mientras me conducía hacia la oficina. Para mi sorpresa ya Kate se había mudado nuevamente hacia su antiguo puesto.
—Buenos días Ana, Sr. Grey. —le dijo ella mientras yo llevaba una mano hacia mi boca para evitar reírme.
—Buenos días Kate, por favor, solo Christian, que al final soy el padrino de tu boda.
—De acuerdo, está todo listo para las 8:30 am en el salón de reuniones.
—Gracias. —le contesté mientras continuábamos nuestro camino.
Abrí la puerta de mi antigua-nueva oficina y sonreí. Pongo el bolso a un lado mientras me siento en mi silla y doy una vuelta. Christian me mira sonriendo mientras entra en su oficina sin decirme nada más. Enciendo la computadora. Mientras deslizo las manos por los brazos de mi silla. El teléfono me saca de mi sueño de felicidad y lo respondo sin mirar la pantalla. Extrañaba mucho responder llamadas.
—TecFall buenos días. —digo con mi mejor sonrisa.
—La veo muy feliz esta mañana Srta. Steele, por favor venga a mi oficina.
¡Mierda!
Me aguanto de la silla, pues casi pierdo el equilibrio y caigo al suelo. Su voz por teléfono ayer, no había sonado tan ardiente como la de hoy.
—¿Te encuentras bien? —me pregunta mientras puedo sentir mi respiración acelerándose como si fuera una adolescente.
—Sí, enseguida voy Sr. Grey. —cuelgo y rápidamente me dirijo hacia su oficina.
Abro la puerta y entro con manos y piernas temblorosas. Christian está parado frente a los cristales panorámicos de la oficina. Se gira hacia mí en cuanto siente mis pasos. No se mueve de su lugar, lo cual me obliga a caminar hasta el. Casi pierdo el equilibrio unos metros antes de detenerme a su lado, frente a los cristales panorámicos.
—¿Me has llamado Sr. Grey? —pregunta con una sonrisa enarcando una ceja mientras se gira hacia mi.
—No sé porque lo hice. —le contesto con voz temblorosa.
—¿Estás nerviosa? —me pregunta repentinamente.
—Sí. —le contesté mientras lo miraba fijamente. —¿Por qué suenas tan ardiente por el teléfono de mi oficina?
—¿Ardiente? —me dice con una sonrisa.
—Sí. Hablas como si estuvieses seduciéndome.
—¿Seduciéndote? —repite aun riendo.
—Sí. Normalmente no suenas así de ardiente y seductor, solo aquí en la oficina, es como si cambiaras el tono de voz. —le digo mientras él me sonríe mostrándome los hoyuelos —¿Cambias el tono de voz? —inquiero con curiosidad.
—Nunca pensé que notaras las diferencia. —me dice encogiéndose de hombros. —¿Qué te hable así te pone nerviosa? —me dice cambiando nuevamente el tono de voz.
—¡Por Dios! Hace que mis piernas se vuelvan de gelatina y mi corazón se acelere. —le digo mientras cojo una de sus manos y la pongo en mi corazón. —Lo sientes.
—Quieres decir que te excita cuando te hablo en este tono de voz. —me repite en el mismo tono.
—Y no sabes cuánto. —le digo mientras siento mis bragas comenzar a humedecerse.
—Debo recordarlo. —me dice mientras aparta la mano de mi pecho y mira su reloj. —Vamos hacia el salón de reuniones, coge una agenda para que tomes notas. —me dice mientras entrelaza sus dedos con los míos.
—¿Me llamaste solo para eso? —inquiero con curiosidad mientras camino a su lado hacia la puerta de la oficina.
Christian se detiene y me abre la puerta.
—Solo quería ver como lucías parada frente a los cristales panorámicos.
—¿Algún motivo por el cual quisieras verme de pie allí?
—Te lo mostraré más tarde. —me dice mientras salimos de la oficina.
Recojo una agenda y un bolígrafo en mi escritorio y nos dirigimos hacia el salón de reuniones. Aún no ha llegado nadie, pero todavía faltan 20 minutos para que comience la reunión. Christian se sienta a un lado de la cabecera de la mesa y yo me siento junto a él.
—¿Le avisaste a Grace? —me pregunta mientras se levanta y camina hacia un ventanal y aparta las cortinas.
—Si, no debes preocuparte por nada. Todos los directivos están citados, incluyendo a Grace.
Christian regresa donde yo estoy, pero no se sienta. En su lugar, comienza a caminar de un lado a otro. Pensé que nunca vería esto. Está nervioso. Me levanto y corto su camino. Lo cojo por las manos y lo miro a los ojos fijamente.
—¿Por qué estás nervioso?
—No son nervios, es ansiedad.
—¿Ansiedad?
—Sí. Hoy me convertiré oficialmente en el hijo de Grace.
—Christian. —le digo mientras subo mis manos hacia su rostro. —Siempre has sido el hijo de Grace. —acerco su rostro al mío y le doy un ligero beso. —Todo saldrá bien. —le digo reconfortándolo.
En ese instante la puerta se abre y comienzan a entrar varias personas. Nos separamos y nos sentamos en nuestros puestos. Unos instantes después llega Grace que se sienta a la cabecera de la mesa mientras nos sonríe a ambos. A las 8:30 am exactamente Grace se pone de pie.
—Se que ha habido muchos cambios en la compañía últimamente. —me mira a mí y después a Christian. —Y sé que todos se están preguntando como está vivo el antiguo CEO. Todos recuerdan lo sucedido con el PIANANO. —todos los participantes asienten. —Pero lo que no saben es que el antiguo CEO era un agente encubierto de la CIA y ayudó a recuperar el dispositivo. —en ese instante comienzan los murmullos entre los directivos. —Y no solo eso. —continúa Grace haciendo que vuelva a haber silencio en la sala. —Su verdadero nombre es Christian Grey. —todos se vuelven a mirar y uno de ellos pide la palabra.
—¿Por qué tiene el mismo apellido que usted?
—¿Están familiarizados? —pregunta otro.
Grace levanta las manos haciendo que dejen de preguntar.
—Si. —Grace le tiende la mano a Christian para que la acompañe a su lado.
Christian se levantó de su silla y se paró junto a Grace mientras le pasaba el brazo cariñosamente sobre los hombros.
—Es mi hijo.
—¿Cómo es eso posible?
—Por favor, al igual que ustedes me acabo de enterar hace unos días que no murió en un accidente, aún lo estoy asimilando.
—¿Entonces cambiará nuevamente la dirección de la Empresa?
—Sí. Christian será nuevamente el CEO de TecFall, y también he pensado que es momento de nombrar un Vice-Presidente. —en ese instante Christian regresó a su asiento junto a mi.
Al antiguo Vice-Presidente, Grace lo había despedido en mi ausencia, y aún no había nombrado a uno. Era cuestión de tiempo para que esto sucediese.
—Podemos comenzar con la votación.
Quince minutos más tarde ya habían elegido al nuevo Vice-Presidente de entre los directivos.
—Bien, ya hechos los cambios. Pueden hacer todas las preguntas que deseen.
Rápidamente las manos se levantaron y comenzaron a bombardear a Grace de preguntas a las que yo no les prestaba atención.
Diez minutos más tarde, todos comenzaron a marcharse del salón de reuniones. Christian cogió una de mis manos y la apretó entre las de él.
—Regresemos a la oficina, quiero ponerme al día con lo que hay en la agenda. —me dijo brindándome una dulce sonrisa.
—De acuerdo.
Grace aún estaba en el salón de reuniones.
—Puedes ir adelante, necesito hablar algo con Grace. —le dije mientras me soltaba de su mano.
—De acuerdo. —me dijo mientras salía del salón de reuniones.
—¿Sucede algo Ana? —me preguntó Grace a mi lado.
—¿Cómo sabes que me sucede algo?
—Porque te conozco Ana. No soy tu madre biológica, pero te conozco perfectamente.
Eso era cierto.
—Imagino que Christian te contó que estamos prometidos nuevamente.
—Sí, comentó algo de que eso.
—Se que sonará extraño, pero queremos casarnos cuanto antes. Ya hemos perdido mucho tiempo. —le digo a modo de justificación.
—¿Para cuando es la fecha entonces? —me pregunta de repente.
—Eso no lo hemos pensado. Queríamos hacerla en cuanto tuviéramos todos los preparativos. Pero no creo que pueda hacerlo ahora. Christian estará muy ocupado poniéndose al día con las cosas de la Empresa y yo tendré la agenda super llena para estos días…
—¡Ana! —Grace me coge por las manos interrumpiendo mis pensamientos. —No tienes que preocuparte por la boda.
—¡Ah no! —digo incrédula.
—Yo puedo encargarme de todos los preparativos de la boda y de la fiesta si lo deseas.
—¡De veras! —grito emocionada mientras la abrazo.
—Sí. ¿Por qué no me habías pedido ayuda?
—No hemos tenido tiempo de hablar, además que no quiero que te tengas que encargar de todo. —le digo mientras le sonrío levemente.
—No tengo nada más que hacer Ana, además que me encantaría planificar la boda de mis dos hijos. Y de invitar a tantas personas como quepan en la casa. —me dice con una sonrisa.
—No queremos nada tan grande, solo familiares y amigos cercanos. —le digo mientras agacho la cabeza apenada.
—Ana. —me dice ella en tono dulce haciendo que levante la vista. — No haré nada que no quieran ustedes. Sí, estoy emocionada, pero si lo que quieren son familiares y amigos, pues será con familiares y amigos. —me dice mientras me da una sonrisa.
Me acerco a ella y nos envolvemos en un abrazo. Sé que Grace puede hacerlo. Ella da unas fiestas magníficas en la casa.
—Pues no te preocupes por nada Ana, yo me encargo de la boda. —me dice mientras salimos del salón de reuniones rumbo a mi oficina. — Tu solo escoge el vestido perfecto y prepara las maletas. —me dice mientras nos detenemos frente a mi oficina y me da un beso en la mejilla. —Te aconsejo que escojas el vestido antes del domingo.
—¿Domingo?
—Sí, la boda será el domingo, al atardecer. —me dice mientras se marcha por el pasillo.
Entro a la oficina distraída. Abro la puerta de la oficina de Christian y camino hasta sentarme en una butaca frente a su escritorio.
—¡Ana! ¿Te encuentras bien? —dice levantándose de su asiento.
—No. —contesto mecánicamente.
—¡Ana! Me estás asustando. ¿Qué sucede? —me dice mientras se agacha junto a mí y coge mis manos entre las suyas.
—Acabo de hablar con Grace, dice que ella se encarga de la boda, que solo escoja un vestido.
—Eso es grandioso. ¿Por qué tienes esa cara entonces?
—Porque la boda es el domingo.
—¡El domingo! ¿Este domingo?
—Si. —contesto aún sin poderlo creer.
Sé que mi madre puede preparar una fiesta con poca antelación, pero no es solo la fiesta. Es una boda. Mi boda. Nuestra boda.
—¿Y que estás esperando? —me dice sacándome de mis pensamientos.
—Hummm. —y por primera vez desde que entré en su oficina lo miro fijamente a los ojos.
—Anda, recoge a Kate y ve por un vestido hermoso para la boda.
—No podemos desaparecer, así como así Christian.
—Muy bien. Planifica una suplente para tu puesto y el de Kate para todo el día de mañana.
—¿Y tú?
—¿Qué hay conmigo?
—Necesitas un traje a medida para la boda. —Christian se queda mirándome enarcando una ceja.
—Cariño, tengo un armario de trajes nuevos a la medida.
—Creo que me olvidé de esa parte. —le doy una sonrisa.
Christian me aprieta las manos y después se levanta del suelo y me pone de pie.
—No te preocupes por nada. Solo por tu vestido. —me dice dándome un ligero beso en los labios. —Ahora ve a trabajar. —me dice dándome la vuelta y un ligero empujón.
Me giro hacia atrás sonriendo.
—Sí, Sr. Grey. —me giro nuevamente y salgo de su oficina.
