A la mañana siguiente, la Sra. Weasley entró a despertar a las chicas. Bajaron a desayunar rápido y se fueron al salón; una estancia alargada de techo alto, que se hallaba en el primer piso, cuyas paredes eran de color verde oliva y estaban cubiertas de sucios tapices. De la alfombra se levantaban pequeñas nubes de polvo cada vez que alguien la pisaba, y las largas cortinas de terciopelo de color verde musgo zumbaban, como si en ellas se aglomeraran invisibles abejas. Detrás de ellas llegaron la Sra. Weasley con unas cajas de cartón flotando tras ella y los gemelos.
-Buen, esto es lo que necesitaremos para deshacernos de de los doxys. Cada uno tome un pañuelo, cúbranse bien y tomen un doxycida, colóquense enfrente de las cortinas
Todos obedecieron, se escucho que alguien entraba y eran Harry y Ron. La Sra. Weasley les dio las mismas indicaciones a los chicos. Se colocaron en la línea de fuego y comenzaron a rociar las cortinas, de ellas salieron descontroladas las doxys; Tenía el cuerpo de hada cubierto de un tupido pelo negro y los cuatro pequeños puños apretados con furia. Tenían alas de escarabajo y dientes afilados. Alex le dio a una de lleno en la cara, la doxy se quedo quieta en el aire y cayó al suelo haciendo un ruido sordo, sorprendentemente fuerte, sobre la alfombra. La recogió y la echó al cubo que estaba atrás de ellos.
Alex vio que Fred se guardó una doxy desmayada, Harry también se fijo y les explicó que eran para sus Surtidos Salta clases. Como ninguno de los dos entendió, los gemelos comenzaron a explicarles sus nuevos productos (dulces que los enferman para faltar a clase y dulces que contrarrestas los efectos). Continuaron con la desdoxyzación, la cual termino hasta pasado el mediodía, incluso encontraron huevos negros de doxy.
La Sra. Weasley les dijo que después de comer limpiarían las vitrinas que estaban a ambos lados de la repisa de la chimenea. Cada vez se notaba más que los Black eran magos tenebrosos (menos Sirius), por los objetos extraños que había ahí. Se escuchó que tocaban el timbre otra vez y la Sra. Weasley fue a ver, los chicos se asomaron por la ventana y vieron que se trataba de Mundungus Fletcher cargando varios calderos, obviamente robados.
Por la puerta entro un elfo domestico muy viejo, estaba murmurando cosas que solo Alex había escuchado hablar a los Malfoy por ser magos tenebrosos y sentirse superiores por ser sangre limpia. Los gemelos y los demás comenzaron a fastidiar al elfo, de nombre Kreacher, pero la única que no decía nada era Hermione porque aun seguía con lo del P.E.D.D.O.
Kreacher seguía molesto cuando llego Sirius y lo saco de ahí. Sirius se dirigió a la pared donde estaba colgado un tapiz, el cual parecía viejísimo; estaba desteñido y raído, como si las doxys lo hubieran mordisqueado. Con todo, el hilo dorado con el que estaba bordado todavía relucía lo suficiente para dejar ver un extenso árbol genealógico que se remontaba, por lo que se pudo distinguir, hasta la Edad Media. En la parte superior había grandes letras que rezaban:
La noble y ancestral casa de los Black
«Toujours Pur»
-¡Tú no sales aquí! -exclamó Harry tras recorrer con la mirada la parte inferior del árbol.
-Antes estaba -comentó Sirius señalando un pequeño y redondo agujero con los bordes chamuscados, que parecía una quemadura de cigarrillo.
-Que lindo detalle de parte de su familia -comentó en Alex en un susurro, pero no contaba con que Sirius la escuchara
-Sí, lo sé. Eso pasa cuando no tienes los ideales de la pureza de sangre como ellos quieren
Alex se sonrojo por la pena.
-Sirius... yo no...
-Tranquila, no me molesta
-Entonces...
Sirius volvió a mirar el agujero chamuscado.
-Mi dulce y anciana madre me borró cuando me escapé de casa. A Kreacher le encanta relatar esa historia entre dientes.
-¿Te escapaste de casa? -preguntó Harry, sorprendido
-Cuando tenía dieciséis años -afirmó Sirius-. Estaba harto.
-¿Adónde fuiste? -preguntó Harry mirándolo fijamente.
-A casa de tu padre -contestó Sirius-. Tus abuelos se portaron muy bien conmigo; me adoptaron, por así decirlo. Sí, me instalé en casa de tu padre y pasé allí las vacaciones escolares, y cuando cumplí diecisiete años me fui a vivir solo. Mi tío Alphard me había dejado una cantidad considerable de oro; a él también deben de haberlo borrado del árbol por eso. En fin, después empecé a vivir solo. Pero siempre fui bien recibido en casa de los Potter, y solía ir allí a comer los domingos.
-Pero ¿por qué...?
-¿Por qué me marché? -Sirius compuso una amarga sonrisa y se pasó los dedos por el largo y despeinado cabello—. Porque los odiaba a todos, era lo que le comentaba a Alex: a mis padres, con su manía de la sangre limpia, convencidos de que ser un Black te convertía prácticamente en un miembro de la realeza... El idiota de mi hermano, que fue lo bastante estúpido para creérselo... Ése es él.
Sirius puso un dedo en la parte inferior del árbol y señaló el nombre «Regulus Black». La fecha de su muerte (unos quince años atrás) seguía a la de su nacimiento.
-Era más joven que yo -explicó Sirius-, y mucho mejor, como me recordaban mis padres cada dos por tres.
-Pero murió -dijo Harry.
-Que delicado sonó eso Harry -comentó Alex sarcásticamente
-Perdón
-No te preocupes Harry, pero sí. El muy imbécil... se unió a los mortífagos.
-¿Eh? -dijo Harry sorprendido
-¡No lo dirás en serio! —exclamó Alex
-¡Vaya, chicos! ¿No han visto ya suficiente de esta casa para entender a qué clase de magos pertenecía mi familia? -dijo Sirius con fastidio.
-Tus padres..., tus padres ¿también eran mortífagos? -preguntó Harry
-No, no, pero creían que Voldemort tenía razón; estaban a favor de la purificación de la raza mágica, querían deshacerse de los hijos de los muggles y que mandaran los sangre limpia. Y no eran los únicos; mucha gente, antes de que Voldemort se mostrara tal cual era en realidad, creía que él tenía razón... Aunque, cuando vieron lo que estaba dispuesto a hacer para conseguir el poder, les entró miedo y se echaron atrás. Pero supongo que, al principio, mis padres creyeron que Regulus era un verdadero héroe cuando se le unió.
-¿Lo mató un auror? -preguntó Harry, titubeante.
-No, qué va -contestó Sirius-. Lo mató Voldemort. O mejor dicho, alguien que obedecía sus órdenes; dudo que Regulus llegara a ser lo bastante importante para que Voldemort quisiera matarlo en persona. Por lo que pude averiguar después de su muerte, al cabo de un tiempo de haberse unido a Voldemort le entró pánico al ver lo que le pedían que hiciera e intentó volverse atrás. Pero a Voldemort no le entregas tu dimisión así como así. Es toda una vida de servicio o la muerte.
-¡A comer! -anunció la señora Weasley.
Llevaba la varita en alto sosteniendo con la punta una enorme bandeja llena de sándwiches y un pastel. Estaba muy colorada y parecía muy enfadada. Todos se dirigieron hacia ella, hambrientos, pero los chicos se quedaron con Sirius, que se había acercado más al tapiz.
-Hacía años que no lo miraba. Aquí está Phineas Nigellus, mi tatarabuelo, ¿lo ves? El director menos admirado que jamás ha tenido Hogwarts... Y Araminta Meliflua, prima de mi madre. Intentó llevar adelante un proyecto de ley ministerial para legalizar la caza de muggles... Y la querida tía Elladora. Inició la tradición familiar de decapitar a los elfos domésticos cuando se hacían demasiado viejos para llevar las bandejas del té... Como es lógico, cada vez que la familia daba algún miembro medianamente decente, lo repudiaban. Veo que Tonks no aparece. Quizá sea por eso por lo que Kreacher no acepta sus órdenes: se supone que tiene que hacer todo lo que le ordene cualquier miembro de la familia...
-¿Tonks y tú son parientes? —preguntó Harry con sorpresa.
-Sí, claro, su madre, Andrómeda, era mi prima favorita -le explicó Sirius mientras examinaba con minuciosidad el tapiz—. No, Andrómeda tampoco sale, miren...
Señaló otra quemadura redonda entre dos nombres, Bellatrix y Narcisa.
-Las hermanas de Andrómeda todavía están aquí porque hicieron bonitos y respetables matrimonios con hombres de sangre limpia, pero Andrómeda se casó con un hijo de muggles, Ted Tonks, así que...
Sirius fingió arremeter contra el tapiz con una varita y rió con amargura. Los chicos, sin embargo, no rieron, pues estaban demasiado ocupados leyendo los nombres que había a la derecha del agujero de Andrómeda. Una línea doble de hilo dorado unía a Narcisa Black con Lucius Malfoy y una línea simple vertical que salía de sus nombres terminaba en «Draco».
-¡Estás emparentado con los Malfoy! -exclamó Alex sorprendida
-Todas las familias de sangre limpia están relacionadas entre sí -explicó Sirius-. Si sólo permites que tus hijos e hijas se casen con gente de sangre limpia, las posibilidades son limitadas; ya no quedamos muchos. Molly y yo somos primos políticos, y Arthur es algo así como mi primo segundo. Pero no vale la pena buscarlos aquí: si hay una familia de traidores a la sangre en el mundo, se trata de los Weasley.
En ese momento Harry estaba leyendo el nombre que había a la izquierda del agujero correspondiente a Andrómeda: Bellatrix Black, que estaba conectado mediante una línea doble al del de Rodolphus Lestrange.
-Lestrange... -pronunció Harry en voz alta. Aquel nombre había despertado algún recuerdo en su memoria; le sonaba de algo, pero no sabía de qué, aunque le produjo una extraña sensación, una especie de escalofrío en el estómago.
-Están en Azkaban -dijo Sirius con aspereza. Harry lo miró con expresión de curiosidad-. Bellatrix y su marido, Rodolphus, entraron con Barty Crouch, hijo -añadió Sirius con la misma aspereza-. Rabastan, el hermano de Rodolphus, también entró con ellos.
-Nunca me dijiste que era tu...
-¿Qué más da que sea mi prima? -Le espetó Sirius-. Por lo que a mí respecta, ya no son familia mía. Ella, desde luego, no lo es. No la veo desde que tenía tu edad, exceptuando el día de su llegada a Azkaban. ¿Crees que estoy orgulloso de tener un pariente como ella?
-Lo siento -dijo Harry-. No quería... Es que me ha sorprendido, nada más.
-No importa, no tienes que disculparte -masculló Sirius entre dientes, y se dio la vuelta con las manos hundidas en los bolsillos-. No me hace ninguna gracia estar aquí -añadió contemplando el salón-. Nunca pensé que volvería a estar encerrado en esta casa. Como cuartel general es ideal, desde luego —agregó Sirius—. Cuando mi padre vivía aquí instaló todas las medidas de seguridad mágicas conocidas. Está muy bien disimulada, de modo que los muggles nunca llamarían a la puerta; claro que, aunque no lo estuviera, tampoco querrían acercarse aquí. Y ahora que Dumbledore ha añadido sus propios sistemas de protección, te costaría mucho encontrar otra casa más segura que ésta. Dumbledore es Guardián de los Secretos de la Orden, lo cual quiere decir que nadie puede encontrar el cuartel general a menos que él le diga personalmente dónde está.
»Esa nota que Moody te enseñó anoche a ti Harry, que es la misma que Remus te enseño a ti Alex era de Dumbledore... -Sirius soltó una breve y áspera risa-. Si mis padres vieran para qué estamos utilizando su casa ahora... Bueno, puedes hacerte una idea por los gritos del retrato de mi madre... -Frunció un instante el entrecejo y luego suspiró-. No me importaría tanto si de vez en cuando pudiera salir y hacer algo útil. Le he pedido a Dumbledore que me deje escoltarte el día de la vista, tomando la forma de Hocicos, claro; así podría darte un poco de apoyo moral. ¿Qué te parece?
-Sirius -el aludido y Harry miraron a Alex-. Yo creo que es mejor que no salgas y más porque deberías permanecer lo más alejado posible del ministerio hasta que logremos capturar a Colagusano y recuperes tu libertad.
Los dos se sorprendieron ante el argumento de Alex. A Harry le agradaba la idea de que Sirius lo acompañara, pero su amiga tenía razón: Sirius no puede ir al Ministerio porque sino lo atraparían y regresaría a Azkaban y era la último que quería que le pasara a su padrino.
En cuanto a Sirius... sintió que su corazón daba un vuelvo ante lo que dijo Alex, le alegro saber que Alex se preocupará por él.
-En eso tienes razón -reconoció Sirius
-Creí que te molestaría
-Algo, pero diste un excelente punto. Hasta que no logremos atrapar a la rata, no podré salir de aquí
Alex y Harry se enfurecieron más con Colagusano, deseando poder atraparlo y darle su merecido. La Sra. Weasley los llamo para comer, después de comer siguieron con la limpieza. Resulto ser más agotadora de lo que esperaban, porque además desecharon muchas cosas, la mayoría objetos tenebrosos.
Alex bajo a buscar más bolsas de basura, entro a la cocina y mientras buscaba, una voz por detrás le hablo.
-Me alegra saber que te importo mucho, como para que dijeras eso...
-¡Sirius! Por favor no hagas eso, me asustaste
El animago estaba recargado en el marco de la puerta con las manos en la bolsa del pantalón y una sonrisa burlona.
-No es mi culpa que estés distraída
-Estaba buscando más bolsas de basura. Y ¿Por qué no me preocuparía por ti? Fuera del hecho de que eres el padrino de Harry y la única familia que tiene —a parte de Remus— eres mi amigo y por eso me preocupo.
-Amigo -dijo Sirius en un tono que Alex detecto como de tristeza
-¿Qué pasa?
-Nada... nada. Gracias por preocuparte por mí
-De nada Sirius
El hombre comenzó a caminar hacia Alex y cuando la tuvo enfrente la abrazo. A la chica le tomo por sorpresa ese gesto, sintió que los colores se le subían al rostro. Sentía que era demasiado como para lo que le dijo. Comenzó a levantar los brazos para responde el gesto, cuando se escucho un fuerte carraspeo, los dos se separaron y vieron que en la puerta estaba Severus Snape.
-Ah, es solo Quejicus ¿Qué quieres? Hoy no hay reunión de la orden
-El profesor Dumbledore me pidió que viniera a ver a la Srta. Macías
-¿Por qué?
El profesor dudo un momento pero al final le contesto.
-Solo me pidió que viniera. Y al parecer, esta llena de pulgas
-Te voy a...
Alex se puso en medio de ellos con las manos casi rosando el pecho de los hombres. Los miraba alternamente con el ceño fruncido.
-Oigan, de verdad ya están grandecitos como para estar peleando como niños chiquitos
Ninguno de los dos hablo pero le lanzaba miradas de odio al otro. Se escucho que alguien bajaba con cuidado las escaleras y apareció Xóchitl con su forma humana detrás de Snape.
-¿Y este que hace aquí? -preguntó señalando al profesor
-"Este" tiene nombre y será mejor que comiences a respetarme
-Primero gánatelo, murciélago viejo
-¿Qué dijiste?
-¡Basta! Acabo de evitar que se peleara con Sirius y ahora va con Xóchitl. Y tú -dijo tajantemente antes de que su brije hablara-. Lo provocaste. Por cierto, ¿Qué pasa?
-¿Eh? ¡Ah! Te llego carta de Diana y Gaby
-¿Qué? A ver
Pasó junto al profesor y sintió que el hombre rozaba su mano con la él, haciendo que Alex se tensara un poco.
Era una carta escrita entre sus dos mejores amigas muggles, recordándole que habían quedado el viernes verse en casa de Diana para una maratón de películas de miedo.
-¡Me lleva!
-Olvide que quedaste con ellas para lo de la película
-Y desde que regrese de Hogwarts me lo estaban pidiendo pero por ser de miedo les ponía trabas, ahora no me puedo negar
-Pero como esperas llegar allá. Además, creo que sería mejor que les dijeras que estas aquí
-Siento que se van a enojar porque me "escabullí" con eso otra vez
-Que dilema
-¡Ya sé!
Ninguno de los hombres entendía que decían porque estaban hablando en español, pero por la cara de Alex, suponían que no debía de ser nada bueno.
-Alex ¿Qué pasa? -preguntó Sirius
-¿Y ahora por que tanto interés, Black? -preguntó Severus, con total desconfianza
Sirius sentía que le palpitaba la sien.
-Eso entra en la categoría de "Que te importa"
Severus igual sentía que la sien le palpitaba y miraba con odio a Sirius.
-Lo que pasa (y mejor lo digo antes de que se maten) quede de verme con unas amigas en casa de una de ellas para pasar la tarde del viernes juntas, pero como me fui de improviso de la ciudad ni les pude avisar y ahora no puedo cancelarles.
-¿Por qué no? -preguntó Severus
-Porque ya se los cancelo antes como tres o cuatro veces y no puede hacerlo otra vez
-No hay problema. Yo te llevare -se ofreció Sirius
-¿Qué?
-Black, te recuerdo que tú no puedes salir. A menos que quieras regresar a Azkaban
-En su país no saben quien soy, así que no hay problema que...
-Es mejor que yo vaya con ella
-¿Por qué?
-Dumbledore me pidió que la protegiera
-Y tu bien sacrificado vas a cuidarla
-Pues al menos yo si soy útil para la Orden
-Ahora veras...
-¡Basta los dos! -exclamó Alex
Los dos hombres la miraron, sorprendidos por su reacción. La chica inhalo y exhalo con lentitud hasta que logro calmarse.
-Tengo una idea
=SRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSRSR=
-¡Alex!
Diana y Gaby salieron de la casa de la primera para ir a abrazar a su amiga. Detrás de Alex había dos chicos de cabello negro y muy guapos de 15-16 años.
-Que bueno que al fin lograste venir -dijo Gaby, separándose un poco de su amiga
-Ya era justo y necesario que viniera, ya les estaba quedando muy mal -dijo Alex
-Alex ¿Quiénes son esos chicos guapos? -susurró Diana
Alex se tenso un poco y volteo a ver a los chicos, quienes seguían de pie sin saber que hacer o decir.
-Bueno... ellos son... unos amigos
-¿Cómo se llaman? -preguntó Gaby
-Eh... pues... «Ahora que hago, no se me ocurre que nombres ponerles»
-Vaya, si que no pensó en cambiarles el nombre a Severus y a Sirius -murmuró Xóchitl, estando escondida detrás de un auto. Pero las amigas de Alex la escucharon
-¿Severus y Sirius? -preguntó Xóchitl, señalándolos con la cabeza
Los tres se pusieron tiesos cuando escucharon eso.
«En la torre»
-Ellos... ellos son Severo Salazar -señaló a Severus-, y Sirio De León -señaló a Sirius
Los chicos entendieron los nombres, gracias a que se hicieron un hechizo traductor, y se sorprendieron.
-¿Qué?
Alex les pellizco discretamente el brazo para que se callaran y funciono. Los dos contuvieron un grito pero no pudieron evitar hacer una mueca de dolor. Las amigas de Alex vieron sus caras y se sorprendieron.
-Calambre -contestaron los chicos a la vez con una sonrisa
-OK... Vamos Alex -dijo Diana y entró a su casa, seguida por Gaby
-Eso dolió -se quejo Severus sobándose el brazo lastimado
-No te quejes -dijo Alex
-¿Ahora entiendes porque el apodo de Quejicus? -dijo Sirius
-Sirius, ya basta
-Por cierto -dijo Severus-. ¿Podrías decirme porque les dijiste nuestros verdaderos nombres y por qué les dijiste que "me apellido" Salazar? ¡Vas a delatar a nuestro mundo!
-¿Y por qué de apellido me pusiste De León"? -preguntó Siris con curiosidad
-Que quejumbrosos son. Primero -dijo señalando a Severus-, aquí en el mundo muggle es normal que Salazar sea un apellido. Nunca he conocido a un mago o bruja con ese apellido ¡Pero en el mundo muggle si!
-¿QUÉEE?
-No sean princesas exageradas
-Estos muggles sin que están loco -dijo Severus
-Si, como sea. Y segundo -dijo ahora señalando a Sirius-. Como aquí "Godric" no es apellido y mucho menos lo conoces, por eso se me vino a la mente el escudo de la casa y se me ocurrió
-Pero que patético
-Mejor cállate ¿si? Bueno, luego nos vemos -dijo Alex, caminando hacia la casa
-Woh, woh, woh. Espera un momento -dijo Severus-. ¿Cómo que "luego nos vemos"?
-Si, ustedes no van a entrar. Esto es "una tarde de chicas"
-¡Ay por favor!
-Chicos, si tanto se preocupan pueden revisar el perímetro. Pero no... se... acerquen... ¿Entendido?
-Que mandona
-Sirius
-Está bien, está bien
-OK. Xóchitl va con ustedes -se dio media vuelta y entró en la casa de su amiga.
Cerró la puerta dejando a los chicos como tontos afuera.
-Increíble que nos mandara de esa manera -dijo Severus
-Conste que tu decidiste venir -dijo Xóchitl, llegándole por atrás en forma humana
-Pero no era para que...
-Bueno ya cállate, cuidemos el lugar
Xóchitl comenzó a caminar, Severus y Sirius la siguieron pero a ninguno de los dos le hacia gracia estar ahí afuera sin hacer nada.
Alex sonrió al entrar a la casa de su amiga, varios recuerdos llegaron a su mente, todas las locuras que hacían para divertirse, los trabajos escolares solamente con ellas y tardes de película como la que tendrían ahora mismo.
-Alex, vente a ver cual vemos primero
-OK
Se sentó en el sillón de dos personas mientras que Gaby estaba en el de tres personas y Diana enfrente de la TV y el DVD mirando su colección de películas. Diana era fanática del cine de terror, a Alex no le molestaba, pero las de miedo no las soportaba.
-¿Cuál quieren ver primero? -preguntó Alex, tratando de esconder su nerviosismo
-No sé... ¿Una de Chucky?
-¡No! Digo... no, ya esta vieja -dijo Alex
-¿Terror en Amityville? -preguntó Gaby
-No, esa ya la vi como siete veces -dijo Diana, descartando la película
-¿El Extraño Mundo de Jack? -sugirió Alex. Si era animada ella las aguantaba
-No, no da tanto miedo -descartó Diana
-¿O Coraline?
-Tampoco
-¿Qué les parece Sweeney Todd? -opinó Gaby
-Esa esta bien -concordó Diana
-¿Cuál es esa? -preguntó Alex
-¡Ay Alex! Vives en Londres ¿Y no sabes? -dijo Diana
-Allá no platican tanto de sus leyendas, porque se trata de eso ¿verdad?
-Si, es la leyenda del Barbero Diabólico de la Calle Fleet
-Ah, ya «En la torre»
Diana puso la película y se acomodo en el sillón individual. En una mesita en medio de la sala había palomitas, nachos, dulces y de refresco Coca-Cola, Fanta y Manzanita Sol. Alex cogió un cojín del sillón y lo apretó fuerte contra su pecho.
«Solo es una película. Solo es una película. Solo es una película» se repetía cientos de veces a si misma.
La película empezó tranquila, todavía no aparecía nada sangriento pero le sorprendió a Alex descubrir que la película era un musical también. Todo iba bien hasta que comenzaron a pasar a todos los personajes; se atraganto con el refresco al ver quien interpretaba a la Sra. Lovett, al Juez Turpin y al secuaz del juez. ¿Era su imaginación o esos muggles se parecían a la prima de Sirius, Bellatrix Lestrange, al profesor Snape y a la rata traidora? Lo que más le sorprendió fue oírlos cantar, pero la sorpresa no hizo que le quitara el miedo de ver la película.
«Esa si que no me la vi venir»
Siguieron con la maratón de películas. Algunas Alex se la paso con la cara tapada pero otras si las vio porque ya las conocía, como por ejemplo Van Helsing y Frankenstein de Mary Shelley (en el cual le sorprendió ver a un muggle igualito al inútil de Lockhart, su antiguo maestro de DCAO de segundo, al fantasma de Gryffindor, Sir Nicolás y otra vez a la prima de Sirius), otras no como El Perfume (en la cual otra vez salía el muggle que era igual al profesor Snape) y La Dama de Negro (y para colmo un muggle igualito a Harry).
Ya solo les faltaba dos películas, aunque una no era de miedo, tenía algo de suspenso.
-¿Cuál vemos primero? -preguntó Diana con dos DVD's en las manos-. ¿Drácula de Bram Stoker o El Fantasma de la Ópera?
-Échate un volado -dijo Gaby
Diana sacó una moneda de diez pesos de su pantalón de mezclilla.
-Águila: Drácula. Sol: Fantasma
Arrogó la moneda y le salió águila, así que puso la de Drácula. Mal empezó la película, Alex levantó los brazos al cielo «Tenía que ser»
El muggle que interpretaba al vampiro era igual a Sirius. «Había escuchado la expresión de que todos tenemos un doble en el mundo ¡Pero no exageren!»
Siguió la película y había algunas partes en las que Alex hacía cada cara extraña porque la película era algo erótica, no exagerada pero lo era. Aunque le llamo más la atención darse cuenta que algunas de las facciones y actitudes del vampiro se parecían a Sirius.
Termino y en seguida pusieron el Fantasma de la Opera, esta vez ninguno de los actores muggles se parecía a sus amigos, pero algo en el personaje del fantasma hizo que Alex se acordara de Severus. Terminaron su maratón algo tarde, justamente cuando llegaban a recoger a Gaby.
-Estuvo genial, hay que hacerlo otra vez -dijo Gaby
-Si, pero será hasta el próximo verano -dijo Alex
-Sabemos que tienes que irte a Londres, pero ¿Por qué no aprovechamos estos días que quedan? -preguntó Diana
-Porque ya me tengo que ir a Londres
-¿Tan pronto?
-Si, perdón chicas
-No te preocupes. Que te vaya bien en Londres
-Gracias chicas
Las tres amigas se abrazaron, la mamá de Gaby le hablaba y las tres se separaron. Se despidieron y en seguida llegaron los chicos a recoger a Alex, se despidió de Diana y se fueron. Se alejaron lo suficiente como para poder desaparecer sin problema y aparecer en el parque enfrente de Grimmauld Place. Ya era muy tarde, eran las dos de la mañana ahí en Londres, por lo que los tres se fueron directamente a dormir.
Alex comenzó a tener un sueño muy extraño:
Estaba en medio de un claro, era de noche y la luna llena se veía en todo su esplendor. Llevaba un vestido de la época medieval de color azul marino y blanco de manga y algunos bordes de color plateado. Estaba bajo un árbol grande de cerezo, de pronto escuchó que alguien se acercaba. Volteó a su derecha y vio a un hombre vestido igual al conde Drácula, pero no se veía su cara, era totalmente negra y no se podían distinguir sus facciones, hasta las manos las tenía negra.
Al otro lado también se escucho ruido y vio a otro hombre pero vestido como el Fantasma de la Ópera, y al igual que el conde, era toda su anatomía negra.
La chica miraba alternamente a los hombres misteriosos, de pronto vio que los dos extendían una mano hacia ella, pero ambos tenían una flor en esa mano, una rosa roja. Al parecer, los dos individuos querían que la chica escogiera a uno de ellos pero... ¿a cual? Y... ¿Por qué querían que ella escogiera? ¿Qué buscaban de ella?
El viento comenzó a soplar de manera suave haciendo que su largo cabello castaño flotara con gracia en el aire... un momento ¿largo? Parecía que lo tenía largo hasta la cintura. Con un pequeño gesto, los dos hombres insistían en que la chica tomará la decisión y ante eso, Alex se ponía más nerviosa y el viento comenzaba a soplar más fuerte.
Algunas hojas del flor de cerezo se desprendieron del árbol y formaban remolinos, uno comenzaba a formarse alrededor de la chica.
-Alex... Alex...
La chica comenzó a abrir los ojos, miraba hacia el techo y la luz del sol se colaba por la ventana.
-Hasta que despertaste, dormilona
Alex se levantó y tomó sus lentes de la mesita de noche. Ginny y Hermione estaban junto a su cama, ya listas para bajar a desayunar.
-Creo que alguien tuvo un lindo sueño -comentó con tono burlón Ginny-. ¿Qué estabas soñando?
-Nada, nada interesante -respondió Alex, poniéndose de pie
-¡Ay, por favor! Dinos
-Ginny
-Ya basta Ginny -intervino Hermione-, anda vamos a desayunar y a dejar que Alex se arregle
-Bien, pero esto no se queda así ¿eh?
-Como digas
Sus amigas salieron dejando a la chica sola con su loba, la cual todavía seguía dormida. Mientras se arreglaba le seguía pasando por su cabeza ese sueño. ¿Qué clase de sueño era ese? ¿Qué significado tendría? Y lo más importante ¿Por qué Drácula y el Fantasma de la Ópera? Siguió pensando en eso, aun después de arreglarse y bajar a desayunar.
En la cocina solamente estaban los Weasley, Hermione, Harry y Sirius.
-Alex, querida. Buenos días
-Buenos días, Sra. Weasley
-Ven a sentarse y come todo lo que quieras. Estás demasiado delgada, tal parece como si no comieras
-Es una locura Sra. Weasley -Alex trato de hacer que su voz no se escuchar nerviosa, y al parecer logro engañarla pero sintió un par de ojos grises que la miraban algo desconfiado.
Alex trato de desayunar lo menos posible, pero la Sra. Weasley le llenaba cada vez más su plato hasta que vio que Alex había comido lo suficiente. La chica se levantó y salió de la cocina sin que nadie se diera cuenta, a excepción de un par de ojos grises.
Llegó hasta el baño sin hacer ruido y se encerró en él para vomitar como siempre. Sirius buscó a la chica en el salón y en su cuarto pero no la encontró, siguió subiendo hasta donde estaba el baño y escuchó a alguien vomitando. Se acercó y tocó la puerta.
-¿Alex? ¿Estás bien? ¡Alex!
La chica no respondió, se seguía escuchando como vomitaba; Sirius no podía abrir la puerta, estaba cerrada con seguro y él había olvidado su varita en su habitación. De pronto se hizo el silencio y Sirius se preocupo más.
-¿Alex?
La puerta se abrió y la chica salió. Se veía muy demacrada y ya no había color en su rostro.
-¿Alex? ¿Qué te pasa?
-Nada Sirius, estoy bien
-No, no lo estas. Te escuche vomitar ¿Qué te pasa?
-Nada. De seguro ayer con mis amigas comí demasiadas palomitas y refresco
-¿Segura?
-Claro
Sirius no veía muy convencido pero decidió darle el beneficio de la duda.
-Está bien. Pero si te sientes mal dime por favor ¿de acuerdo?
-Si -Alex cruzo los dedos tras su espalda
-Bien, vamos con los demás. Se quedaron charlando sobre la vista de Harry
-Sí
Alex mal dio dos pasos cuando sintió un mareo y de manera brusca. Sirius logró atraparla a tiempo.
-¿Alex?
-No es nada. Debí moverme muy rápido y me mareé, pero no es nada. En serio
Se soltó del agarre del hombre y se alejo de ahí. Sirius seguía con la preocupación. ¿Qué le pasaba a Alex? ¿Por qué no le quería contar lo que le pasaba? Entonces decidió que la mantendría bien vigilada por si las dudas y —aunque le doliera— le avisaría a Snape, por si la chica seguía así y el profesor podría vigilarla en la escuela.
