Interludio

Amor


Los ojos de Lilith contemplaban a su sobrina. No muchas veces había tenido la oportunidad de verla, notando que efectivamente heredó la belleza de su cuñada, y eso era algo que no dejaría pasar.

― ¿A qué vienes, hija de Sephie? ―llamó ella―. Me sorprende que hayas venido hasta aquí solo para morir.

―Al contrario―respondió Lala―. Yo no he venido a morir, pero tampoco a luchar contigo, tía.

La mujer frunció el ceño ante esto. ¿Acaso esta niña era tan tonta como parecía? Ella en un segundo podía acabarla, pero cuando intentó siquiera mover su dedo, se dio cuenta que algo le impedía hacerlo. Sus ojos rápidamente buscaron la causa de dicha parálisis notando entonces como brillaba el báculo que traía en manos la heredera del Gran Imperio Deviluke.

― ¡Insolente! ―gritó Lilith intentando librarse.

―Te he dicho que no vengo a luchar, simplemente quiero hablar contigo―Lala en ese momento miró a su padre luchar con Kuro, sintiendo en el fondo que esto no era correcto―. ¿Por qué odias tanto la relación que mamá y papá tienen, tía? ¿Acaso nos odias tanto?

La mujer sonrió con malicia mientras miraba directamente a los ojos de su sobrina.

― ¡Por supuesto! ―había respondido ella con veneno en su voz―. Después de todo, la heredera al trono era yo, pero tuvo que ser tu madre quien me arrebatara todo.

Lala no podía creer lo que estaba escuchando. Lilith al verla distraída logró controlar a algunos guardias con sus ojos, logrando así que atraparan a la princesa y por fin salirse del control de esta. En ese momento tomó el artefacto que su sobrina construyó hace poco notando que no era más que improvisación de ella como para ser un arma bien desarrollada, pero debía elogiarla por la mente que ella tenía.

«Parece ser que ella heredó mucho más de lo que creía» pensaba la mujer mientras rompía aquel objeto en mil pedazos―. Listo. Ahora ya no podrás usar más tu juguete, pequeña.

Lala no mostró miedo alguno, ni siquiera tembló un poco tras ver su única arma ser destruida frente a ella. La mayor miró con sorpresa este rostro de la primera princesa ya que no recordaba nunca haberlo visto la mayor parte del tiempo que estuvo vigilándolas desde las sombras.

Detrás de ambas se libraba el combate más feroz que ellas o cualquiera haya presenciado antes. Aquellos dos individuos intercambiaban ataques sin pensar simplemente dejando que sus músculos bailaran. Gid en su oportunidad le conectó varios golpes al asesino, pero aquel individuo era simplemente alguien capaz de igualar a las habilidades de un Devilukeano.

Kuro sabía perfectamente que su oponente no era alguien a quién menospreciar, sobre todo si contaba que a varios metros suyos se encontraba otra "rival" que bien podía ponerlos en aprietos a ambos. El hombre sonrió de repente cuando sintió como el puño del rey le sacaba aire nuevamente haciéndolo escupir sangre.

«Ahora»

Fue en ese momento en que Kuro puso las bocas de sus dos pistolas a los costados de la cabeza del guerrero quien recibió de lleno aquellos míticos disparos que en más de una ocasión habían acabado con sus presas. La sangre bajó por el rostro de Gid quien se sentía una gran excitación al recibir todo ese dolor de lleno. Nunca había tenido un combate tan impresionante como el de ahora y no iba a dejar pasar esta oportunidad.

―Lo admito, eres bueno―dijo Gid, elogiando las habilidades de su oponente―, pero lamentablemente tu fuerza no es nada comparada con la mía.

En ese momento se abalanzó en contra del asesino quien intentó dispararle, fallando al momento que este cambió su velocidad para asestarle un fuerte golpe en el brazo rompiendo así con el hueso.

―Eso va a doler―Kuro sacó un frasco de su chaqueta el cual destapó bebiendo su contenido―. Como detesto usar esto.

― ¿Acaso eso te ayudará a derrotarme? ―Gid no creía que aquel frasco hiciera una diferencia entre sus poderes.

―Tienes razón―dijo Kuro quien bajó sus armas―, pero mi misión en sí nunca fue acabar con usted.

― ¿Qué?

― ¡Ahora, Momo!

El guerrero Deviluke había sido atrapado por una planta que brotó del suelo. Sabía que se trataba de su hija menor, pero también conocía que gran parte de las habilidades de las plantas de su jardín por lo que esto no era nada para él. Sin embargo, antes de que usara su fuerza para romper dicha planta, una flor brotó del tallo apuntando directamente a su rostro.

― ¿Eh?

―Lo siento mucho, papá, pero no puedo dejar que sigas con esto―la princesa Momo ordenó en ese momento a su planta el atacar a su padre quien recibió un gas rosado muy peculiar que lo hizo gritar con todas sus fuerzas―. Debe funcionar… Rito-san, por favor haz que este plan sirva.

― ¡Momo! ―gritó Nana quien había llegado a lado de su hermana―. ¿Ha funcionado?

―No lo sé―respondió―. Parece ser que papá es mucho más fuerte de lo que pensé…

La segunda princesa miró en dirección a donde se encontraba su padre. Este era su as bajo la manga, la única forma que conocían para poder ayudar a la persona que amaban y terminar este conflicto cuanto antes.

De pronto, Gid dejó de moverse sorprendiendo a las gemelas y al propio Kuro quien estaba preparado en caso de que la situación se saliera de las manos. Los minutos pasaron y el cuerpo de su padre permanecía inmóvil, pero de repente abrió los ojos sorprendiendo al pequeño grupo, asustando especialmente a sus hijas.

No tardó nada en desatarse, destruyendo de paso aquella planta que lo había atrapado y regresando nuevamente al suelo para ver con seriedad al grupo que se preparaba para defenderse.

― ¿De verdad creyeron que eso sería capaz de detenerme? ―Gid se acercó al trío mientras les regalaba una sonrisa ―que las hacía temblar a las niñas del miedo―. Bravo, las felicito… ¡¿Por qué rayos nunca hacían esto cuando les tocaba luchar en contra de Zastin en las prácticas?!

― ¿Qué?

―Vaya, al fin puedo estar libre de ese control que ejercía mi dulce hermana sobre mí―dijo el temido Rey―. Ahora que ya tengo control sobre todo mi cuerpo, quiero que me digan qué ha sucedido con su madre.

Las gemelas se miraron por un instante incrédulas de lo que escuchaban provocando que su padre les pidiese disculpas por todo, pero antes de que pudiera reaccionar se encontraba siendo abrazado por sus dos niñas quienes lloraban para su sorpresa.

―Parece ser que ustedes siguen siendo unas niñas pequeñas―susurró Gid para ver a Kuro guardar sus armas―. Ya pasó, ahora me encuentro a salvo gracias a ustedes dos.

―P-Pensamos que ya no nos querías―dijo Nana entre lágrimas.

―Creímos que te molestaron nuestras decisiones―agregó Momo quien no deseaba dejar a su padre ni un segundo―. ¿No nos odias? ¿A ninguna?

― ¿Odiarlas? ¡Para nada! ―exclamó él―. ¿Acaso olvidaste que te reconocí cuando tuvo aquella lucha con esa chica pervertida que mi hijo en ley se encontró?

Momo fue capaz de recordar el combate que su padre tuvo con Némesis. Él había la había reconocido aún cuando Némesis se transformó logrando que ella llorase aún más tras olvidar por completo que su padre demostró el amor más puro que él siente por ellas.

Para ambas, esto era lo que esperaban con el plan que hicieron. Yami y compañía habían llegado para ayudar a Kuro con el combate llevándose la sorpresa de que ya no había lucha alguna.

―Parece ser que Nana-chan y Momo-san salieron victoriosas con su plan―dijo Mea sintiéndose feliz por su amiga.

―Es cierto―Yami entonces miró a Kuro quien veía en otra dirección por lo que se acercó a él―. No estuviste cerca de derrotarlo, ¿no es así?

―El plan que tu novio creó resulto ser más efectivo de lo que creía―respondía él mientras apreciaba el cielo―. Creo que has dado en el blanco con ese chico tan especial.

Las mejillas de Yami se colorearon de un bello carmesí ante las palabras que Kuro le dedicó.

―Fufu, Yami-oneechan es la chica más encantadora a la hora de tratar a su querido Yuuki Rito―comentó Mea quien se acercó por detrás de su hermana para abrazarla con cariño moviéndola de un lado a otro―. Solo espero que me haga tía en un par de semanas.

― ¡Mea! ¡¿Qué cosas te ha metido Némesis y Momo en el cabeza?! ―gritó Yami quien se había puesto roja por el comentario inapropiado de su hermanita.

― ¡No me digas que no quieres! ―expresó Mea riendo―. ¡Estás celosa de mi Máster por haberte ganado la oportunidad de llevarte los primeros hijos de Rito!

No había manera de evitar ver el carmesí del rostro de Yami, aunque intentaras taparte los ojos, desearías verla. Esta faceta de la ex asesina estaba resultando muy provechosa para Mea, quien deseaba molestarla por mucho, mucho tiempo. El sonido de una explosión pronto se hizo presente y muchos guerreros creados por Lala fueron invocados, siendo fácilmente despachados por la bella rubia quien descargó su ira ante la vergüenza que la hacía pasar su adorada hermana menor.

Todos se quedaron asombrados por lo que vieron. Apenas y ella había usado un poco de su poder, pero había algo en el ambiente que les alertaba a no acercarse a ella, cosa que Mea ignoró.

―Ya, ya; no puedes estar enojada, hermana. Si lo miras de esta forma, puedes aprender mucho de Máster para así no cometer errores, como esos platillos horrendos que sueles hacer―Mea estaba muy confiada en su relación con Yami que no se dio cuenta de que esta le daba una mirada fría, recordando aquellos días que era una asesina.

―Aunque seas mi hermana, créeme que te mataré―advirtió Yami―, y no solo eso, haré que comas esos horrendos platillos que el tonto de Yuuki ama.

Esta faceta de Yami era más aterradora que su forma Darkness cuando se volvía una pervertida por completo. La pelirroja no tardo en darse cuenta de su error, por lo que se fugó a la protección de Kuro quien estaba impresionado todo lo que este mundo le había dejado presenciar. Todos rieron por lo que habían visto, ignorando nuevamente la actitud fría que se había apoderado de la mejor amiga de Mikan.

―Un momento… ¡¿Dónde está Rito?! ―gritó Momo.

Los presentes no habían notado que el castaño rompecorazones había desaparecido, provocando entonces que las chicas se preocuparan, con excepción de Gid quien entendía mucho del corazón de su hijo en ley.

«Veamos que es lo que harás ahora, muchacho»

.

― ¿Puedo hacerte una pregunta, tía?

― ¿Eh?

― ¿Sabes lo que es amar?

Una pregunta puede cambiar el destino del mundo, ¿Verdad?

― ¿Amar? ¡Por supuesto que lo sé! ¡Yo he amado!

Muchas veces nos pueden llevar a las respuestas que queremos; otras veces, pueden revelarnos cosas que nos pueden dejar como arenisca en la historia, frágiles y sin ningún sentido.

―Yo amo a un chico, creo que ya lo sabes―para Lala, el amor era algo que comenzó a sentir cada vez que su cuerpo se encontraba con el de él―. No lo amaba en un inicio, creí que lo amaba, pero en verdad no era así, al menos no como mi madre y mi padre se aman… Yo, yo lo usaba para escapar de esta realidad, quería huir de todo lo que se me otorgó con el fin de ser feliz y entender el universo que estaba a mis pies.

Muchas veces creemos que formular preguntas adecuadas nos darán todo lo que necesitamos…

―Incluso llegue a poner la felicidad de los demás sobre la mía, no me importaba mucho en ese entonces―los ojos de Lala se mostraban llenos de un brillo que para Lilith era repugnante, pero que a su vez admiraba―. No fue hasta hace poco que una amiga mía habló conmigo. Solo hasta ese momento pude entender lo mucho que amaba estar a su lado, soy afortunada de tenerlo, de que él sea mi familia y de que nos amemos. Soy afortunada de haber cambiado mi destino, porque solo así pude entender lo que era el amor.

… Pero muchas de esas respuestas, pueden ser la oportunidad de un cambio.

―Me repugnas―murmuró Lilith, dándole una bofetada a su sobrina quien no paraba de sonreír―. Deberías odiarme, deberías escapar de ellos para venir a matarme, pero en vez de ello, te me quedas mirando, retándome, pero no haces nada. ¡¿Qué diablos te pasa?!

―Ella nunca odiará a su familia, ¿acaso no lo puedes entender?

―Esa voz―una sonrisa se formó en el rostro de Lilith quien volteó a ver para comprobar si se trataba de ella―. Eres tú, la chica que me dio esperanzas para vivir y completar mi venganza.

― ¡Eso no era!

La persona que había aparecido era Yuusaki Riko, la "novia" de la princesa Lala y la mujer más cercana a ella desde su madre. Su cabello castaño se movía de un lado a otro por el viento mientras su falda ondeaba dejando ver sus bragas las cuales eran blancas como su prenda. Ella era alta, incluso sin sus tacones dorados, podía sobrepasar la altura promedio de las mujeres, mostrando un lado dominante a simple vista.

Era una diosa, una diosa a los ojos de Lilith… Ella era la mujer con la que soñó todo esto y con la que quería construir su mundo, uno donde pudieran gobernar juntas en medio del placer y el poder.

―Ven a mí, amada mía―pidió la morena―, ven conmigo y gobernemos a tus órdenes, comenzando por matar a quien tanto daño me ha hecho.

―El daño te lo has hecho tú al querer seguir con este ciclo de venganza―las palabras que Yuusaki le dedicó no fueron del agrado de la mayor―. Es por lo que confundiste mi cordialidad con amor, pero no es lo mismo. Para que nazca el amor, dos personas deben conectar sus almas―sus ojos brevemente se movieron para ver a Lala la cual sonreía como solo ella podía… con amor―, y con el dolor junto al cariño, se puede encontrar el amor.

Lala estaba asombrada por las palabras que su amado había pronunciado. Eso que ella había recitado eran las experiencias que todas habían vivido y que al final se mezclaron en un único sentimiento más fuerte que cualquier adversidad.

―Lo siento, Lilith… ―la castaña hizo su camino hasta la morena quien se encontraba atónita por lo que había escuchado―, pero yo amo a Lala.

― ¡Ahora, Némesis! ―gritó Lala

Muchos portales se abrieron alrededor del trío. De ellos salieron muchos mechones de cabellos que atraparon con éxito a la usurpadora del trono de Deviluke quien no supo como reaccionar ante una emboscada como esta. La princesa no perdió tiempo y con ayuda de su fuerza fue capaz de dejar a los guardias noqueados para luego ir a embestir a su tía quien cayó al suelo.

Un nuevo portal se abrió y de él salió Némesis quien se hallaba en un mejor estado. Una sonrisa adornaba ese bello rostro, evidenciando que su parto había sido un éxito y su recuperación fue más rápida de lo que esperaba. La morena no perdió el tiempo y empujó a la "madre" de sus hijos al suelo haciendo que gritara del miedo por la repentina acción, cayendo de lleno contra Lilith.

― ¡Némesis! ¡Ah! ―lo único malo para Riko, era que su vestido era frágil―. ¡M-Mis pechos!

Sus bien formados senos se encontraban en el rostro de Lilith, moviéndose y causando que se sintiera cada vez más caliente.

― ¡Némesis! ¡Conéctanos! ―ordenó Lala la cual estaba a escasos metros de darle un beso a su pareja.

―A sus órdenes, princesa―los cabellos de Némesis se movieron formando los enlaces neuronales que solía usar con aquellas personas a las que poco aprecio les tenía―. Esto no va a doler… Bueno, no tanto.