DISCLAIMER: Los personajes del manga y el anime de "Candy Candy" no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, Yumiko Igarashi y Toei Animation… yo solo los evoqué un día como hobbie, empezando a escribir una historia sin fines de lucro que no pensé se volvería tan extensa (lo confieso jeje) y que al final terminó convirtiéndoseme como un proyecto de vida con el que ayudé sin proponérmelo a muchas personas alrededor del mundo a soñar conmigo.
No hay mayor retribución para mí que eso, el que les haya llegado el giro que intenté darle a la verdadera trama sin importar el idioma o la lejanía, el poderles haber ayudado a quitar el estrés aunque fuera un ratito para sumergirnos en el maravilloso Candymundo, por eso quiero agradecerles inmensamente por haberme acompañado a través de todos estos años, pendientes de cada capítulo. No los conozco pero los llevo en el corazón y espero poder seguir compartiéndoles en un futuro más locas y románticas ideas. Aprovecho también para disculparme por las tardanzas entre cada anterior actualización, pero lo cierto es que la vida real que de por sí ya es complicada, a veces se complica más de un momento para otro y se pierde la inspiración. Lo bueno es no dejar compromisos ni asuntos pendientes y concluir bien los proyectos que se empiezan con ilusión. Yo estoy aquí concluyendo uno mío junto a ustedes, mi más importante creación, que espero pueda serles de agrado.
Ahora, para empezar con las formales despedidas, aparte de agradecerles a mis queridos y fieles lectores… (a los que me leen en silencio y a los que me dejaron mensajitos como Mayelli león, Carolina Benitez, Majito de Chile, Arleni Ferreira Pacaya de Perú, Verito de Venezuela, Loreley Ardlay, VikiAr, Stear's Girl, Val Rod, TamyWhiteRose, Angelinarte, Amanda, Paulina, Carelah, Geomtzr, Haroly Nandy, Lili555, Marizu, Nathaly García, Mariluz, ZoeBlack7, Kalivipa, Del, Juniper, Gabiota, Ross, Selenityneza, LunarsRebels, Ale Sett, KarinaLissetevp, PandoraS, Geraldin Abarca, Alexa Rivera, Roxana Ximena Montejo Ugaz, Letifern1998, Twelvecoins99, Getdealwith, Harrblhem, Fraternalstar, arveeponn, Judith Torres, Mikkinabantosh, Starvestt, Trydiseddie, así como a los chicos de los canales de Youtube: Steirman de "El príncipe de la colina" y Athenea (Karen) del "Canal de Candy y Terry" por sus geniales narraciones y por reconocer mis créditos)… debo agradecer también a mis amigos de la vida real y otros protagonistas de mi vida, porque con muchas de sus frases están rellenos los diálogos de esta historia; y hasta a un profesor amargado y mal genio que recuerdo nos retaba en la universidad (en mi carrera de Economía), al decirnos que se nos dificultaba "parir" las ideas (es bueno por lo tanto haberme superado a mí misma y demostrarme que no jeje); pero sobre todo y de manera muy especial a Dios, porque a pesar de las muchas pruebas que me tocó pasar en los últimos años me permitió que pudiera cumplir el sueño de concluir este largo fanfic de trama similar a la historia original pero reescrita como tributo a Anthony (...aunque con variaciones en la última parte, porque debo confesarles que es la que menos me gusta jeje).
Les envío un inmenso abrazo a todos a donde quiera que estén y por cierto feliz inicio de una nueva década. Gracias por acompañarme en este viaje.
Su amiga,
Belén
Nota importante:
Estaba en deuda con ustedes sobre hacerles un pequeño resumen respecto a la música y principales canciones que me sirvieron de inspiración para crear cada etapa del fic. Algo que vendría a ser como el soundtrack o banda sonora jaja y que me complace en presentarles a continuación,
"Completamente enamorados" de Chayanne (Primera etapa – A inicios del consolidado romance entre Candy y Anthony)
"River flows in you" de Yiruma (Segunda etapa - Sobre la dulce etapa del colegio y las aventuras entre amigos del grupo de los seis: Anthony, Candy, Archie, Annie, Stear y Patty)
"Come undone" de Duran Duran (Tercera etapa - Respecto a la atracción entre Candy y Terry y su posterior historia)
"Everything" de Lifehouse (Cuarta etapa – Referente a la fuerza del amor irrompible entre Anthony y Candy)
Me gustaría muchísimo que escuchen estos temas si tienen tiempito, para ver si descubren el mismo feeling que sentí yo jeje =). Se les quiere.
Bien, sin distraerles más, dejo con ustedes el último capítulo.
ADVERTENCIA: Esta parte contiene una escena subida de tono para personas con criterio formado…* (Sí, exactamente la parte que esperaban ;)*
Ahora sí, ¡A leer!
Capítulo LXII: El resplandor final
-Es increíble que siendo de la misma familia apenas le hayamos conocido… Yo a lo mucho recuerdo una reunión del concejo familiar de pequeño cuando le vi de lejos- hizo un comentario Stear de casualidad, apoltronado con algo de aburrimiento en un sofá como estaba, observando el vacío –Y la verdad es que siento pena principalmente por la tía abuela que está devastada... Se la comprende porque siempre dijo que Mr. Harrison era su primo favorito… ¿Será que no sentirme abatido en este caso me hace una mala persona?- por último perdiéndose en sus pensamientos que junto a su ingenio como de costumbre viajaban a la velocidad de la luz, terminó formulando una de sus cavilaciones en voz alta. A la que Candy, quien estaba de brazos cruzados y de pie por allí cerca se apresuró a desmentir.
-Eso jamás podría ser cierto en tu caso Stear, tú tienes el alma más pura que conozco y lo digo en serio- afirmó, con lo que el joven inventor que no se esperaba el halago, sonrió complacido. Sin poder dejar de admirar una vez más a la prima y amiga que sabía cómo subirle el ánimo a todo el mundo así fuera en el momento más catastrófico.
-¡Esperen!... Es cierto lo que citaste anteriormente ¡Yo también lo recuerdo!- intervino de pronto Archie entusiasmado, dispuesto a aportar con una anécdota a la conversación –Teníamos como seis o siete años y ese día nos escondimos debajo de la mesa del comedor los dos junto con Anthony, como acostumbrábamos hacer cuando había festines luego de las reuniones del clan puesto que no nos dejaban participar. Todo con la finalidad de sustraernos dulces…-
-En especial los bombones al licor que siguen siendo los favoritos de Anthony- Stear corroboró sabiendo que a Candy le interesaría esa parte del tema –La tía abuela obviamente consideraba que algunos ingredientes de la comida de los festines no eran adecuados para niños, por lo que comíamos en nuestro escondite lo que más podíamos y el resto del botín nos lo llevábamos a hurtadillas en los bolsillos o debajo dentro de nuestras chaquetas a nuestras habitaciones, ingeniándonos para no ser vistos-
–Me acuerdo entonces que tuvimos un gran susto cuando Mr. Harrison nos descubrió y pensamos de inmediato que se trataba del abuelo William… pero antes no nos delató, lo que me lleva a pensar que debió ser una persona bondadosa- prosiguió Archie en tanto caminaba por la sala contento de hacerles partícipes de dichas memorias, tratando de amenizar un poco la sombría tarde – Allí sólo nos dimos cuenta de su verdadera identidad cuando uno de los demás invitados mencionó su nombre… y cambiando un tanto el tema, si lo recapacitamos, hasta la fecha no hemos tenido la oportunidad de conocer bien al abuelo- analizó pensativo.
Y aquello era una verdad innegable. El resto de los presentes estuvo de acuerdo con tan solo mirarse de forma unánime, aunque no lo platicaran.
-Es cierto, no puede decirse que conozcas a una persona solo porque hayas compartido con ésta correspondencia de vez en cuando- acotó Stear
-Es decir chicos, ¿que ustedes tampoco han visto nunca al abuelo?- Candy que a lo largo de la mañana y lo que iba de la iba de la tarde había pasado nerviosa y un tanto taciturna, en ese rato se animó a hablar por completo motivada por la curiosidad, a lo que los muchachos movieron la cabeza en negación confirmándolo y asombrándola.
-Algo en resumen muy raro- musitó a su vez Anthony, que era otro de los presentes en la improvisada reunión del grupo de jóvenes primos que se suscitara debido a un caso aciago y fortuito acontecido en la familia, y que hasta entonces había preferido permanecer un poco apartado, observando arribar los carruajes y automóviles de los asistentes al sepelio desde el alfeizar de una de las ventanas, como queriendo comprobar algo al mismo tiempo que ojeaba de tanto en tanto con gran interés un libro que contenía la información actualizada del árbol genealógico del honorable clan escocés al que pertenecían y en cuyas páginas yacían plasmados los retratos de los antepasados Ardley desde hacía varios siglos atrás, pasando en las ilustraciones desde pinturas a daguerrotipos y de allí hasta las recientes y más populares fotografías -…Demasiado, diría yo- llegó a esa conclusión, y aunque en esos momentos nadie le prestó atención ya que una de las mucamas llegó a la sala de estar a avisarles que se encontraban listos los automóviles para partir al camposanto familiar, y ninguno se fijó en su mirada perspicaz y decidida a causa de una idea que se le cruzara por la mente; él al cerrar el libro de golpe y dejarlo encima de una mesa para luego seguir a los Cornwell y a Candy hacia la salida, se propuso llegar de una vez por todas al fondo del gran misterio.
Los chicos se encontraban saliendo de la mansión casi parsimoniosamente, siguiendo a Madame Elroy en dirección a los vehículos, donde dentro terminaban de acomodar los cocheros los arreglos florales que llevarían; cuando sin que nadie se lo esperase el señor Leagan que había estado esperando a un borde del camino de entrada se les acercó para saludarles de manera amable, pidiendo enseguida para variar, hablar de forma exclusiva con Candy.
-Candy disculpa, me permitirías un minuto-
-Claro…- contestó ella sorprendida y un tanto trémula, por lo que miró a sus tres paladines antes de hacerse a un lado para conversar con el caballero, y estos que ya sabían con detalle lo del problema acaecido con Neal, por el que el susodicho por justicia divina bien merecida había terminado en el hospital con múltiples fracturas; asintieron en silencio dejándole saber que permanecerían por allí cerca para apoyarla en su testimonio si el progenitor de éste se atrevía a increparla sobre el asunto.
-Dígame Sr. Leagan- con valentía ella dio así inicio a la plática, dispuesta a afrontar todo con tal de defender su dignidad.
El distinguido señor, el único no echado a perder de aquella familia, no cambió su bondadoso semblante al notarla a la defensiva y para completar el total asombro de ella, con actitud paternal, la eximió de culpas.
-Pequeña, está demás decir que estoy aquí robándome parte de tu tiempo para hablarte de mi hijo- profirió para empezar -…Pero es solo para pedirte disculpas en su nombre-
Ella aunque no tenía la intención de actuar con mala educación, tuvo que observarlo con escepticismo, a sabiendas de que Neal jamás se disculpaba respecto a sus actos, no obstante, por tratarse de tan noble gesto, no se negó a aceptar la apología.
-Neal sumido en los efectos de la morfina que le aplicaron en el hospital para intervenirlo de sus heridas, nos contó la verdad de lo que pasó… y también algunas cosas más que me hacen sentir profundamente apenado y avergonzado de su proceder. A estas alturas me pregunto de verdad en qué fallé con él y así mismo con Eliza. Yo intenté inculcarles a ambos los mejores preceptos, que crecieran con valores pero por lo visto erraron el camino y a estas alturas con el dolor de mi alma me temo que no van a cambiar. Quizá se debió a mis continuas ausencias a causa de mis labores…- continuó el señor Leagan analizando la situación también para sí mismo mientras ella prefería guardar silencio y permitirle que se desahogara de un problema que por lo visto llevaba mucho tiempo atorado en su garganta. Escuchó pacientemente, resguardada en su profesionalismo, en caso de que se le solicitara alguna opinión, aun cuando había cosas espantosas referentes a los dos hermanos que por mucho que con su calidad de buena persona las dejara pasar, no podría olvidar.
–Con todo quiero que sepas Candy que nada malo volverá a sucederte porque no lo voy a permitir. He decidido para que Neal madure, que se haga cargo de supervisar las agencias del banco recién aperturadas en Alaska, y he amenazado con desheredarlo de no cumplir con mi mandato. Sanción que pienso llevar a cabo sin contemplación puesto que aun siendo su padre reconozco que por todas sus infames acciones, se lo merece. Siempre en mi proceder he sido terminante y más aún cuando se trata de causas justas, así que puedes estar tranquila. También conozco lo cobarde que es mi hijo y sé que no se va a oponer a mis designios arriesgando las comodidades de su futuro-
Candy tuvo que desviar algunos instantes la mirada para disimular el alivio que sintió ante la noticia que acababa de recibir.
-Lamento mucho señor Leagan que tenga que pasar incomodidades imprevistas por mi causa- con su modestia siempre habitual se excusó más él no le permitió continuar no dispuesto a dejar que cargara con culpas.
-Candy por favor, qué dices. Aquí los únicos que deberíamos pedirte perdón de rodillas somos nosotros... La verdad es que me di cuenta de la mala actitud de mis hijos para contigo desde el día en que te lleve a casa y me arrepiento profundamente de ello, sin embargo, creí que eso había cesado después de que te volviste parte de los Ardley. No tenía idea de la magnitud que esto llegó a alcanzar luego en Inglaterra y con el transcurrir de los años. Por ello siento que siempre estaré en deuda contigo, por todos los malos ratos y vejaciones que por desgracia mis hijos con su mal comportamiento te hicieron pasar-
Candy pensó que el mencionar "ratos" era una equivocación cuando en realidad lo correcto habían sido "días enteros" pero no profirió nada, queriendo conocer lo que el padre de Neal y Eliza tenía por terminar de decir.
-He estado pensando a fondo sobre todo esto y me gustaría por lo tanto, de algún modo recompensarte por aquellos vejámenes. Dime Candy, ¿aceptarías que te apoye con algo de dinero para que puedas mantenerte sin necesidad de trabajar?… No hay problema si te tomas tu tiempo para pensarlo, la oferta está hecha. Sé que eres muy independiente y aun cuando quisieras continuar con tu empleo mi contribución te serviría para hacer tu día a día más holgado- el noble caballero prosiguió pero en esta ocasión fue ella la que decidió intervenir para concluir el asunto.
-Señor Leagan le agradezco por su bondad, pero no hace falta aquello. En serio, sólo con el hecho de que continúe siendo usted un hombre tan íntegro y bueno con su familia, y con sus nietos en un futuro, porque sé que los tendrá, y que sepa educarlos bien, bastará para recompensar cualquier problema que yo haya tenido en el pasado con sus hijos- con su corazón cristalino que no concebía odiar a nadie, Candy prefirió así en esos momentos cerrar aquel capítulo de enemistad aciago que mantuviera durante toda su adolescencia y perdonar. Pero eso sí teniendo en cuenta que la pelirroja y el muchacho moreno, a quienes por infortunio tendría que seguir encontrándoselos a lo largo de la vida debido a circunstancias familiares, jamás serían del todo personas en quienes confiar.
El caballero se vio conmovido por la resolución y con un asentimiento de cabeza le dejó saber que aceptaba el trato.
-Me enorgullezco de ti Candy aún sin que llevemos la misma sangre, como no puedo decir que lo hago de mi propia hija. Te has convertido con rapidez en la joven dama que no dudaba llegarías a ser. Discúlpame por favor por no haberte podido brindar la vida que merecías al llevarte a vivir con nosotros- expresó el hombre por último, en realidad arrepentido, más ella le colocó amablemente una mano en el brazo para pedirle que no siguiera.
-No tengo quejas contra usted, Sr. Leagan, siempre fue un gran anfitrión- declaró.
El progenitor de los Leagan en actitud paternal entonces le extendió con cortesía los brazos solicitándole un abrazo que Candy no le negó, quedando pactado de tal forma una alianza de amistad que aunque ella no lo imaginaba en esos instantes, duraría para toda la vida.
-No dudes pequeña en buscar mi ayuda si la necesitas. Como tu nuevo padrino estaré encantado de socorrerte-
Candy le reiteró su agradecimiento mientras de reojo veía a sus tres defensores un poco más allá, siempre pendientes de su seguridad, conformes con lo que notaban como un buen resultado al finalizar la conversación.
De ellos el más preocupado en especial era Anthony, quien fue también al primero que le contó con lujo de detalles todo lo que con el señor Leagan habían tratado, con esa complicidad inquebrantable que sólo entre ambos existía. Fue él además quien caballerosamente le escoltó durante todo el trayecto al panteón familiar y el que permaneció a su lado durante el funeral, permitiendo que inclusive en muchas ocasiones se tomara con confianza de su brazo, como tanto añorara volver a hacer en los últimos tiempos.
La fúnebre ceremonia transcurrió sin ningún inconveniente, con toda la solemnidad que los duelos conllevan, y Candy agradeció al cielo que nadie más le hubiese culpado o reclamado por lo de Neal aparte de algunas torcidas de ojos por parte de Eliza, quien hiciera acto presencia ya casi al final, recién llegada de Washington según rumoraban, aunque no en compañía de su nuevo novio, como se esperaba. Un coronel y médico de guerra, superviviente de combate, renombrado ya como un héroe de batalla por parte de los Leagan. Su mal disimulado enojo daba a notar a simple vista que no se encontraba a gusto allí, más los que para mala suerte la conocían podían adivinar sin esfuerzo que permanecía en el lugar sólo con la aparente finalidad de consolar a la acongojada tía abuela, que como todos sabían había perdido no sólo a un primo sino a su mejor amigo de toda la vida. Un notorio acto hipócrita con el que buscaba ratificar su posición de sobrina nieta favorita ante todo el mundo.
A Candy sin embargo, no le llegaron en lo más mínimo aquellos intentos de despertar envidia, reiterándole al contrario aquel comportamiento, la inmadurez por parte de su eterna rival, que en el fondo sólo le ocasionaba lástima. Eliza Leagan por mucho que se jactase de haber nacido en cuna de oro, no era una mujer que supiese lo seria que podía ser la vida porque jamás le había tocado salir a luchar por ella y trabajar para mejorar. Era tan solo una frívola chica de sociedad dentro de una burbuja en la que tenía todo al alcance, considerando que el mundo así era perfecto y eso la convertía en una persona vacía. Era una indiscutible verdad, y aunque no acostumbraba a ser jactanciosa de sí misma, debía reconocer que era mejor que ella, sobre todo en cuanto a valores, los más importantes aspectos. Candy la observó sin alterarse pero tampoco amilanarse cuando ésta abrazando a la tía abuela le dirigió una mirada de odio al tiempo que le decía unas cuantas palabras a la matriarca, que aún entre los murmullos de las demás conversaciones de la gente en derredor, alcanzó a oír a medias
-…Mi mamá quiere que sepa que también está con usted en su dolor tía bella, pero no pudo venir por tener que quedarse cuidando a Neal en el hospital. Como siempre, una desgracia más en nuestra familia por culpa de Candy-
Por fortuna Mrs. Elroy, conocedora de la calamitosa noticia adicional sobre el accidente con suerte de uno de sus más jóvenes sobrinos nietos debido a sus excesos, por información que le llegara hacía tan solo unas horas, se encontraba tan apesadumbrada por el repentino deceso de su pariente que casi desestimó aquella cuestión por completo; y sin importarle mostrar debilidad como nunca, no tomó en serio el comentario prefiriendo atender a otros conocidos de ella que en ese rato ya se despedían y se acercaban a darle la mano y a reconfortarla, y a los que prosiguieron después, con los que aparte entabló una conversación, lo que al final terminó por hacerle sentir a la pelirroja fuera de lugar, teniendo que disculparse sin quedarle más que apartarse. Siendo aquello para Candy de espectadora, como una pequeña prueba más que del cielo no permiten que actos malintencionados y premeditados ocurran con éxito sobre gente buena y tranquila.
Con todo, aún de lejos y cuando aparentaba no tomarla en cuenta, como bien sabía requería la insoportable muchacha para conseguir hacerla sentir mal o avergonzarla de algún modo, supo que debía manejarse con cuidado porque ésta por sus ademanes y las ganas de querer vengar a su hermano, le daba a entender que le había declarado la guerra.
No se equivocó y fue casi al oscurecer cuando descubrió que buscaba darle el golpe por el que sabía era su lado más débil. Un punto en su interior que ella misma no tenía idea de cuán vulnerable seguía siendo hasta esa tarde a la hora del crepúsculo, cuando a ese algo tan importante que en el fondo todavía creía como suyo y que le había costado tanto recuperar, la vio asediándolo de nuevo con la intención de arrebatárselo… El afecto de Anthony.
Sucedió después de que regresaran a la mansión algunos de los asistentes al sepelio y los principales miembros de la familia por un refrigerio, cuando ella considerando que era hora de retirarse y sumado al hecho de que se extendían grandes nubarrones negros por el cielo anunciando el probable advenimiento de una fuerte lluvia, se despidiera de casi todos exceptuando él por no encontrarse en la sala. Fue entonces al salir al jardín a buscarlo, antes de subirse al coche que ya habían ordenado alistar para que la trasladara a su domicilio, que se encontró de frente a una escena que le pareció estancada entre un dejavú y una de sus pesadillas, que le trajo remembranzas de lejanos tiempos que creía haber dejado atrás.
Anthony y Eliza se encontraban sentados en una banca conversando, y ésta llorando aprovechaba para apoyar la cabeza en su hombro, buscando refugio para alguna de sus superficiales aflicciones en su compañía y su abrazo. Ante lo que ella, tomando valor por conocer sobre lo que trataban, se obligó a permanecer estoica y oculta detrás uno de los pilares colmados de enredaderas de flores que constituían un arreglo arquitectónico y decorativo del lujoso jardín, aun cuando le afectaba y algo le decía en su interior que la pelirroja se había percatado ya de su presencia.
-…Las cosas no son tan color de rosa en mi vida como parecen Anthony. Maykel mi novio, aunque está separado de su mujer es todavía un hombre casado y estamos conscientes de que el trámite del divorcio es un proceso complicado… además de que ella no quiere dejarlo ir- lamentaba Eliza con genuino pesar en su rostro en tanto Anthony pensativo escuchaba y acariciándole el cabello con cariño trataba de hacerle sentir mejor.
-¿Y no has considerado lo tóxico de aquella relación? Te mereces a alguien mejor, ¿lo amas de verdad al menos?- como buen primo que acababa de hacer las paces con alguien que por más que cometiera errores y ocasionara dolores de cabeza no dejaba de llevar su misma sangre, mientras le aconsejaba le preguntó. Una apreciación que Candy desde su lado más optimista quería mantener. Sin embargo, fue entonces cuando la astuta chica pelirroja removiéndose con sutileza en el fraterno abrazo, volvió su rostro lloroso hacia él, quedando muy cerca del suyo.
-En realidad solo he amado a alguien de verdad en mi vida… y creo que siempre lo haré. ¿Te preguntas a quién?... Tú sabes bien la respuesta- y diciendo esto no se controló en las ganas de probar sus labios una vez más.
Candy quedó atónita ante aquello, pendiente de la actitud de Anthony frente a aquel arrebato al que parecía no reaccionar, por lo que no tardó en sentirse traicionada. Lo que no sabía, era que aquello le había tomado también por sorpresa a él dejándolo por varios segundos impávido. Segundos que a la secreta expectante le parecieron minutos, terminando por llenarla de tristeza.
"¿Por qué me siento así si ahora al final sólo somos amigos?" cuestionó la razón desde su cerebro. "Porque todavía lo amas" Su corazón le dio la respuesta "…Porque nunca dejaste de hacerlo"
El impacto que le produjo la clara revelación le sobrevino como un aluvión que le bañó de frío, como un golpe directo en el centro del pecho junto con la decepción de una nueva falsa ilusión y la frustración de querer gritar sin poder hacerlo, por lo que sólo atinó en esos instantes a alejarse de allí lo más rápido posible, intentando ver si mitigaba al tiempo los arcaicos e intensos celos que le quemaban en su interior empeorando su dolor.
-¡Candy espera!-
Ni siquiera escuchó por ello a un aturdido Anthony proferir con asombro su nombre al percibirla allí al igual que su posterior huida.
-¡Eliza basta!- al separarse fastidiado de la mencionada, Anthony de inmediato se levantó dispuesto a seguir a la joven rubia, comprendiendo que de seguro había malinterpretado lo que viera.
-¡Candy, Candy!- le oyó entonces remedarle de forma teatral a Eliza junto con una carcajada, algo que le hizo detenerse tan sólo unos instantes para notarle una de sus sonrisas maquiavélicas y victoriosas en la cara. Se había burlado de él una vez más y orquestado todo para lastimarla a Candy. El joven Brower comprendió así que su prima jamás iba a cambiar y únicamente movió la cabeza en desaprobación a sus fechorías, lamentando la miserable mujer en la que de manera innegable se había convertido.
A la Leagan que de momento parecía habérsele olvidado todo el peso de sus desdichas al regocijarse con la situación, no le importó su actitud de menosprecio, y sus malévolas risas, como un indicativo de que continuaría molestándolos a los dos cada vez que pudiera, le siguieron a él por un buen tramo del jardín cuando decidió apresurarse e ir detrás de su chica amada.
Ella no sabía a ciencia cierta que le dolía más, si el reconocer de repente en su completa magnitud que todavía amaba a Anthony, que sólo se había negado hasta entonces a aceptarlo, o el saber que a esas alturas no tenía ningún derecho a sentir celos ni mucho menos a reclamarle algo puesto que hacía mucho tiempo no tenían nada más que una aparente amistad.
Él le había dicho que todavía la amaba y se lo había creído, más en esos momentos empezaba a pensar en su desesperación que era en realidad la única portadora de los verdaderos sentimientos amorosos entre los dos y ya casi se convencía, de no ser porque al detenerse unos instantes cansada, agobiada por el peso de su tristeza y sus lágrimas, le vio a él parado también a unos cuantos metros observándola, visiblemente agitado luego de haber estado siguiéndola. No notó hasta entonces que a esas alturas había empezado a lloviznar y para cuando las gotas finitas se transformaron en goterones, poco así mismo le importó porque toda su atención había sido capturada por Anthony y su mirada masculina llena de ansiedad por abordarla y arreglar las cosas. El enojo en ella, no obstante, seguía presente por lo que acababa de presenciar, para lo cual no consideraba que hubiese explicación, y le hizo partícipe de su resentimiento al sostenerle la mirada de frente, ante lo que Anthony con su semblante de hombre siempre decidido, le dejó en claro que no se rendiría hasta alcanzarla.
Eran simplemente dos tempestades enfrentándose la una contra la otra, cuyas fuerzas interiores eran mayores incluso que la que amenazaba con desatarse sobre lo alto de sus cabezas en cualquier momento. En ese momento ambos lo sintieron así.
Ella como él lo esperaba fue la primera en retomar la huida, sin importarle al igual que cuando la empezara a dónde iba, sino sólo lo importante que era no dejarse alcanzar. Por ello si Candy advirtió que el sendero que de repente tomara la conducía peligrosamente cerca de una pequeña ladera que daba un estanque formado por las últimas lluvias, lo desestimó y continuó. Y aquella imprudencia como era de esperarse tuvo consecuencias que no tardó en experimentar, cuando terminó pisando tierra lodosa que se desmoronó a su paso, provocando sin que pudiera hacer nada para remediarlo el que resbalara directo al agua.
Con todo, no toda la situación fue mala, se dijo en su interior cuando también tal como lo deseaba muy dentro de su corazón, así no fuese de esa bochornosa forma, Anthony mostrando preocupación por ella se lanzara a rescatarla sin miramientos como todo un caballero o más bien dicho, como su eterno héroe.
Fácilmente al cabo de unas cuantas brazadas, él la alcanzó entre el agua cubierta de lirios y hierbajos, donde sacando a flote su dignidad ella no se midió en comenzar a refutarle su modo de actuar con Eliza, rehuyendo a su toque y defendiéndose con manotadas.
No hubo necesidad siquiera de hablar, ambos sabían por lo que peleaban. Ella en su celoso reclamo y él por intentar explicarle que lo que había visto no era real. Entonces antes de que se volviera peor la contienda, Anthony resolvió darse a entender de una mejor forma y tomándola de la cintura para apretarla a su cuerpo la besó con intensidad… con la mayor intensidad en que lo había hecho, con propiedad, con confianza, con nostalgia, con el anhelo contenido de un profundo amor guardado durante mucho tiempo. Ya no como el niño que fuera en los años en que empezaran su historia, sino como el hombre que la vida había moldeado, en el que se había convertido.
Pronto el sorpresivo ataque de pasión terminó por embotar los sentidos de Candy, que se descubrió respondiendo a su vez desinhibida, de una manera en que jamás se lo permitiera. Era como si su cuerpo tuviese vida propia o se hubiese revelado a continuar bajo las castas y reprimidas órdenes de su mente para únicamente hacerle caso al corazón. Su mente estaba consciente de que había temas pendientes por tratar en el aire, cosas que faltaban por aclarar pero que al fin y al cabo resultaban insignificantes en ese lapso erótico en que sus físicos empapados y ansiosos de reencontrarse encajaron en un cerrado abrazo que le incentivó a ella a subirse a la cintura de él. La furia que previo experimentara, como muy pocas veces recordara le sucediera, se le transformó en la más viva pasión.
Los adictivos labios de Anthony saltaron así de su boca a sus mejillas y descendieron luego por su barbilla y cuello hasta atreverse a esparcir besos a la altura de su pecho, ocasionando que un estremecimiento le invadiera sus partes bajas y un ardor que adivinaba él también sentía, comenzara a correrle por las venas.
El agua en el lado donde se encontraban les llegaba apenas un poco más arriba de la cintura y Candy por instinto natural, no acostumbrada a tener tanto de ese tipo de sensaciones y menos de súbito, en un momento retrocedió como queriendo subir el escarpado, mas Anthony no dispuesto a dejarla ir nunca más, sonriendo de forma traviesa se encargó de retenerla para volverla a juntar a sus caderas y someterla de nuevo a sus besos y caricias, despertándole sin consideración más corrientes eléctricas a lo largo del cuerpo a sabiendas de que lo estaba disfrutando al igual que él así tuviera temor de reconocerlo.
No obstante, en medio de todo aquel delirio ella tuvo la fuerza de voluntad suficiente para detenerse luego de ver un rayo abrirse entre las oscuras nubes que a esas alturas se descargaban ya a torrentes sobre ellos, una advertencia de que no se encontraban en un lugar seguro.
-La tempestad, se avecina…- logró pronunciar en voz baja y algo temblorosa debido a la agitación y la tenacidad del agua que le caía sobre el rostro, logrando que él detuviera de a poco sus apasionadas demostraciones de afecto y le prestara atención.
-¡Vamos, busquemos un lugar seguro!- Anthony propuso luego de mirar el cielo y subiendo primero parte de la pendiente, le dio mano enseguida para ayudarla a subir también.
Aquella lluvia procedente de una tarde calurosa no tardó en producir niebla y ambos acordaron viendo esa situación que regresar a la mansión podía ser riesgoso habiéndose alejado un buen tramo en los vastos territorios de Lakewood, donde la poca visibilidad bien podría conducirlos por el lado equivocado del bosque, hacerlos caer en alguna depresión del suelo o hasta en alguna trampa para zorros, tal como aconteciera con el fiel corcel de Anthony años atrás. Aquel infortunado y tumultuoso día de la cacería que aún a todos los Ardley les daba dolores de cabeza recordar y sobre todo a ella, escalofríos. Convinieron así al final en que más cercana a esos lares se encontraba la casa de huéspedes y se aventuraron a buscarla.
El sentido de orientación de Anthony, quien creciera en esos sitios, no se equivocó y al cabo de casi diez minutos, Candy vio asomar entre el ramaje las paredes del que fuera el refugio de su gran amigo Albert en los tiempos en que lo conociera, sólo que ahora se trataba de una casa remodelada y bien pintada, pues según escuchara, la tía abuela planeaba comenzar a alquilarla desde ese mismo verano.
Anthony fue el primero que corriendo se aproximó para abrir la puerta mientras que ella llevando todavía en la sangre la emoción del intenso momento poco antes vivido, se acercó caminando lento detrás, intuyendo que un paso muy importante que había venido postergando en su vida, a lo que antes tanto huyera, estaba por ocurrir… sólo que ahora ella misma con cada fibra de su ser lo deseaba, estando lista además para afrontar cualquier consecuencia.
Anthony no tuvo que violentar el gran portón, como imaginaba en el peor de los casos, sino que encontró con suerte una llave auxiliar para los candados dentro de una pequeña maceta colgante del porche. Una buena costumbre secreta familiar, pensó, y una vez estuvieron dentro, protegidos del frío que comenzaba a hacer y que únicamente entonces percibió con claridad, bastante nervioso se ocupó de cerrar con aldabas de nuevo la puerta, que esta vez se le dificultó un poco a causa del inclemente viento de la tormenta, teniendo que ejercer contra ello su fuerza masculina.
-Está comenzando a helar- comentó ella mientras abrazándose a sí misma se dirigía a la chimenea que bien recordaba, para encargarse de encenderla, todo en tanto él se ocupaba a su vez de verificar que los grandes ventanales se encontraran bien cerrados para que no se filtraran corrientes de aire, queriendo si es que pasaban la noche juntos allí, que fuese para ella lo más confortable.
El oficio de Candy se facilitó por todos los implementos necesarios que encontró a la mano y cuando Anthony sorprendido se volteó luego al ver el reflejo de la lumbre en uno de los vidrios, no pudo más que admirarla por millonésima vez por la mujer completa y autosuficiente que era.
Empezó a acercarse así lentamente hacia ella que de pie cerca del fuego lo observaba con una mezcla de emoción y temor; dispuesto a retomar con creces lo que hacía poco habían interrumpido. Ella con el corazón en la mano y los ojos llenándosele de repente de lágrimas, esperó con valor aquellos pocos pero largos pasos, como una novia temerosa pero por igual ansiosa en su noche de bodas.
Anthony al detenerse frente a ella y notarla tímida y trémula, primero le acarició con ternura una de sus sonrojadas mejillas para luego tomar su mano derecha y colocarla despacio sobre su corazón, con la finalidad de que estuviese consciente, como la buena enfermera que era, de todos los estragos y el aceleramiento que producía en él, para que constara así en realidad cuánto la adoraba.
-No tengas miedo amor, no te haré daño, yo estoy tan nervioso como tú-
Ella sonrió sin poder contener más las lágrimas, contenta de estar viviendo un rato así con él luego de haberlo soñado y extrañado tanto, lo que hizo que Anthony conmovido le encerrara la cara entre las manos.
-Candy antes de proseguir necesito que sepas que nunca te olvide, que nunca te fuiste de mí, que pensé en ti muchísimas veces, que incontables noches te soñé, y pedí al cielo por ti para que estuvieras bien, para que los ángeles te cuidaran… para ver si se me permitía la oportunidad como un milagro de volver a estar alguna vez así, solos los dos, una vez más, como si nadie adicional hubiera en el mundo- él sonrió exhalando un suspiro, sólo un simple gesto pero con el que para ella fue capaz de terminar de iluminar la creciente oscuridad que les rodeaba –Quiero que tengas presente que cuando nos alejamos tan sólo te guardé en un rincón de mi alma, contando los días que luego se transformaron en interminables meses de no verte, esperando que llegara el tiempo de reencontrarnos… Fue una tortura que me desgarraba, debo admitirlo, unas ansias de gritar sin poder hacerlo y la tristeza terminó volviéndose para mí mi eterna compañía… pero todo eso concluye ahora- determinado decretó. Ella en respuesta a su elocuente confesión únicamente se acercó a regalarle un tierno pequeño beso en los labios. Estímulo que reavivó de inmediato en él con creces las ganas de más, que acabó por asirla de la cintura con premura para arrimarla a su cuerpo, en tanto deslizándole una mano detrás del cuello la sostuvo de la nuca para volver a apropiarse con fervor de su boca.
A Candy por su parte, el sentir sus roces sobre sus mojadas vestimentas estando inmersos en abrazos, no le incomodó ni avergonzó, sólo la encendió de sobremanera, ya no existía en ella esa inseguridad de otras épocas respecto al tema de la sexualidad que en más de una ocasión le hiciera salir corriendo, ahora era una mujer hecha y derecha y se encontraba delante del hombre que amaba y más deseara en la vida, entendiendo que ya no había momento para dudas, sino que había llegado por fin el tiempo de acceder a dejarse quemar en la hoguera que tanto le llamaba.
Compenetrados así en aquel acogedor remolino de pasión que los envolvía, comenzaron a despojarse de las ropas húmedas con rapidez hasta quedar ambos sólo en prendas interiores contemplándose fijamente y advirtiendo los cambios para bien que el pasar del tiempo había modelado sobre ellos. Candy entonces, viéndose afectada por un repentino ataque de pudor, se cubrió el pecho con los brazos por encima de su combinación semitransparente, ante lo que Anthony percibiendo su incondicional entrega en esta ocasión, después de estrecharla confortablemente para que estuviese tranquila y con agradecimiento por volver a confiar en él, colocó un dulce beso sobre su frente, procediendo acto seguido a sentarse de rodillas frente a ella. Candy por su parte, entendiendo que esperaba por su siguiente movimiento, cediéndole la iniciativa sin obligarle a nada, se arrodilló también muy cerca de él, embelesada, hasta posicionarse con sutileza sobre sus muslos, donde sus sexos quedaban en pleno contacto.
Estar viviendo aquella intimidad con él le hacía sentirse como de vuelta en casa, era como verse rodeada de repente de un ambiente acogedor, propio, dónde podía sentirse libre y tranquila, por lo que como mujer autosuficiente y responsable de sus propios actos permitió que las cosas fluyeran y que su cuerpo siguiera reaccionando con voluntad propia incitado por sus impulsos emocionales, como el despeinar a Anthony mientras lo besaba o el recorrerle también con sus labios los hombros y el pecho desnudos, aspirando el varonil aroma de su piel que adoraba, y dejándose seducir a la vez por las manos de éste que parecían arrancarle en respuesta chispas de magia de todo su ser.
Anthony de tal forma, volviendo a tomar el mando del encuentro, se las arregló para desatarle sus pantaletas debajo de la enagua, valiéndose de la posición ventajosa en la que se encontraba, en tanto ella le ayudó al mismo tiempo a deshacerse lo suficiente de sus calzas. Sentándose entonces él por completo en el suelo, esperó para que ella se retirara del todo la prenda inferior y acariciando sus piernas en tanto lentamente le levantaba la enagua, la direccionó de nuevo para que con suavidad volviera a posarse sobre su regazo, para intentar penetrar en su ser.
Cerrando los ojos así y sujetándose de sus hombros, Candy aspiró profundo con la finalidad de mitigar el esperado dolor que sabía le sobrevendría, pero no funcionó y una débil queja terminó por darle a notar a Anthony que algo especial ocurría y no solo había sido producto de su imaginación en los primeros momentos, por lo que con rapidez la recostó sobre el piso alfombrado y cuidadosamente limpio, debido al mantenimiento semanal que se ejercía allí y que constituía como otro aliciente del destino a favor de su idilio; donde volviendo a infringir presión sobre el cuerpo de ella debajo del suyo, experimentó un instante de estupefacción en medio de su libido al darse cuenta del haber atravesado de pronto y sin esperarlo una natural barrera que creía ya no existente, y Candy entendiendo la pregunta en su azul mirar perplejo, le contestó incluso antes de que la formulara
-Nunca estuve con Terry… tú eres el primero. Mi primer amor, mi primer todo… En el fondo siempre deseé que fueras tú…- con los ojos llorosos confesó
Anthony incrédulo pero a la vez feliz y experimentando un profundo alivio al enterarse de aquello, que aunque nunca se había atrevido a consultarle le había atormentado hasta en sueños, apenas la dejó terminar antes de volver a cernirse sobre ella para comérsela a besos. Había pasado tanto tiempo odiando a Terrence Grandchester por habérsela robado, guardándole tantos celos y de repente solo quería agradecerle por haberla respetado y cuidado, manteniéndola intacta para él.
-Te amo tanto Candy, gracias por franquearme tus mayores tesoros. El templo de tu cuerpo y tu corazón- le susurró al tiempo que cubría de besos su rostro, sorbiendo sus lágrimas. Intentó así preso de la euforia volver a moverse en ella pero al percibir que todavía no le era del todo placentero, se controló a sí mismo para evitar lastimarla lo menos posible y retirándose para terminar de despojarse de sus calzas, se dio a la tarea de volver a estimularla antes de proseguir.
Para ello luego de posicionarse con cuidado entre sus piernas, comenzó a retirarle también la combinación, desabrochándosela primero por la parte superior hasta conseguir liberar sus níveos y tersos senos de los cuales enseguida comprobó su suavidad al sentirlos de lleno en sus manos, todo al tiempo que disfrutaba de los dulces sonrojos de su amada al contemplar la escena que se encontraban viviendo, volviendo a contemplarse ambos desnudos. Retomó de tal modo entre excitantes caricias poco a poco las embestidas y al escucharla gemir, entrelazó sus manos con las suyas.
Pronto Candy, rodeándole las caderas con las piernas, comenzó a moverse también junto con él. El malestar inicial se le convirtió en delirio con el pasar de los minutos y aferrada a su recia espalda, viendo como las sombras de sus cuerpos conectados se proyectaban de forma indefinible en las paredes, pareciendo desplazar a las que hasta entonces de algún modo, por frustración o tanta tristeza a causa de la nostalgia, nublaran su alma; pudo alcanzar por primera vez el éxtasis, sintiéndose completa como nunca y con su victoria logró arrastrarlo a la culminación del placer también a él.
Tantas lágrimas vertidas sobre las almohadas a causa de añorarse tanto, se vieron de pronto reemplazadas por nuevas de indescriptible alegría en medio de las muchas caricias y besos y el júbilo de sentirse piel a piel ahora que sus cuerpos por fin lograran fundirse en uno.
Los dos entregaron así sus esperanzas al infinito de que todo saldría bien de allí en adelante, porque cualquier situación que les deparara la vida, la afrontarían juntos.
La tormenta había pasado para el amanecer dejando bañado en un reluciente verdor los hermosos parajes de Lakewood junto con un adorable ambiente a petricor que se percibía en todas las cosas. Iba a ser un día gris a simple vista pero a ellos no les importaba porque el sol lo llevaban por dentro, en la fogosidad de sus corazones enamorados y ahora en sus cuerpos amantes.
El alba los encontró acostados frente a frente mientras se miraban después de descubrir juntos lo más maravilloso de las mieles del amor, entendiendo que era el momento preciso para hablar sobre la vida que les esperaba en adelante y sobre todo, de reformular aquellos planes que su separación había relegado al olvido tiempo atrás, los cuales por bendición del destino volvían a resurgir en sus mentes, regalándoles desde ya un vislumbre de un hermoso futuro.
Ambos entendieron así que sus días opacos habían cesado para dar paso al final a la luz.
Mientras la lluvia variaba de intensidad durante la noche hasta cesar casi por completo a esas alturas, ellos habían mudado de lugar de igual manera dentro de la casa, hasta terminar refugiados en una de las habitaciones principales, donde para entonces yacían cómodamente cobijados en la cama luego de gastar solo unas cuantas horas durmiendo y muchas otras amándose.
-Creo amor que deberíamos volver- Candy sugirió así con algo de pereza, tomando una mano de su Anthony entre las suyas. Su primer y gran amor –Pueden estarse preguntando por nosotros-
-Pues que piensen lo que quieran, no voy a desperdiciar el mejor amanecer de mi vida preocupado por las historias que los demás con buena razón estén suponiendo- opinó él sonriendo y atrayéndola hacia sí para besarla en la frente. El primero beso de ese día.
-¿Y qué les diremos?- Candy aunque revoltosa siempre un tanto más centrada que él, en especial en los temas concernientes a la familia, inquirió para hacerle ver, puesto que era un asunto después de todo relevante teniendo en cuenta las normas de la sociedad.
-La verdad no hará falta que ahondemos en explicaciones- resolvió él sin complicarse mientras le rodeaba con un brazo la fina cintura –Si nos preguntan simplemente podemos argumentar que en realidad nunca terminamos… que sólo retomamos nuestra relación y por ende seguimos comprometidos-
Candy sonrió ante la acotación colmada de nuevo de ilusión al volver a escuchar la palabra "compromiso" de sus labios.
-¿Lo estamos?- tuvo que confirmar removiéndose a su lado, ya que todo lo que habían vivido en las últimas horas no dejaba de parecerle un sueño del que en cualquier momento podía despertar –Es decir… ¿comprometidos?-
Él como respuesta para corroborarlo alcanzó sus pantalones que yacían encima de una silla a un costado de la cama, para extraer de uno de los bolsillos algo que ella jamás hubiera esperado volver a ver. La hermosa sortija que le regalara de adolescentes y que ella le devolviera cuando terminaran. Su tesoro familiar.
– ¡Anthony…!- como de costumbre en el momento menos esperado consiguió dejarla sin palabras.
-La he llevado conmigo desde que me la devolviste, como un amuleto, para recordarme que aún en las épocas más oscuras existe la felicidad y que quizá algún día podría volver a encontrarla... al volver a encontrarte a ti- le contó, procediendo a colocárselo de nuevo en el dedo –Es aquí donde pertenece… ¿Aceptarías Candy volver a portarlo? ¿Aceptarías casarte conmigo?- le propuso así. Los verdes y maravillosos ojos de ella volvieron a brillar de inmediato llenos de emoción.
-¡Por supuesto que sí Anthony Brower!- y efusiva como era se lanzó a abrazarlo. Dicha que él recibió en medio de risas, y reteniéndola entre sus brazos la volvió a besar con pasión -¡Declaro en definitiva desde ya este día como el mejor de mi vida!- agregó Candy después, observándole con sumo amor.
-Este es solo el principio pero te prometo que vendrán días mejores– tornándose más serio y como buen profesor en las artes amatorias, Anthony declaró juntando su nariz a la de ella, y Candy confiando plenamente en sus palabras, le rodeó con los brazos, feliz también de saberse por primera vez una mujer completa en todos los sentidos de la vida. Apoyó por lo tanto después la cabeza sobre su pecho, desde donde podía escucharle perfectamente los latidos del corazón igual de emocionado que el suyo, lo que le hizo sentir una alegría muy similar a la que experimenta un viajero al volver al hogar luego de mucho tiempo, porque recordó de repente que seguía siendo el sonido que más adoraba en el mundo.
-Quiero que sepas que no importa cualquier situación que nos depare en adelante la vida, la sobrellevaré a tu lado como tu compañera y apoyo en cualquier parte en que estés… siempre y cuando lo quieras, por supuesto- decidida ella también le dejo saber.
-Te necesitaré a mi lado todos los días de mi vida mi dulce Candy, mi amiga, mi amada, mi amante- con ternura le respondió él y un beso por parte de ella sobre su pecho, le despertó de nuevo las ganas de jugar, provocando que le proporcionara enseguida una serie de cosquillas sobre su cuerpo, lo que le llevó a ella a su vez como autodefensa a iniciar una guerra de almohadas a la que él respondió, pareciendo ambos un par chiquillos. No obstante, ésta aparte de terminar en una nube de plumas como era de esperarse, también lo hizo en una nueva explosión de placer con sus cuerpos desnudos que recién descubrieran que podían acoplarse a la perfección y el gran regocijo que no cesaban de sentir sus almas al reconocerse de nuevo juntas.
Sucedió en algún momento en una pausa entre risas, cuando él aprovechando para acariciarle la mejilla, volvió a deslizar su mano por encima de la cobija que cubría su bonita silueta femenina hasta descubrirle despacio los senos, y colocándose con propiedad en medio de sus esbeltas piernas procedió a adentrarse con suavidad de regreso en sus abismos; recibiéndolo esta vez ella lista y relajada, y sujetándose así a las blancas sábanas se abandonó ya sin dolor a sus placenteras embestidas, donde las manos de él parecían moldear su figura como piezas de barro y su unión física, que se le asemejaba al complemento de un rompecabezas, le provocaba arquearse, haciéndola estremecer. Los besos de Anthony sobre su piel, sobre sus cimas, la veneración que le demostraba, le conmovía y excitaba a tal punto, que le despertaba un ansia voraz por él, haciendo que quisiera atraerlo hacia sí, estrecharlo, comérselo a besos y entrelazando las piernas en sus caderas al disfrutar de sus sensuales movimientos, retenerlo por siempre dentro de ella. Y él respondía feliz a sus demandas, aumentando su intensidad, satisfaciendo sus deseos, permitiéndole terminar de descubrir y liberar a la mujer apasionada que había dentro de ella al momento de amar y haciéndole tocar el cielo con las manos varias veces en un mismo encuentro.
Anthony sonreía de forma pícara por su entusiasmo y al percibir cada logro, siempre resistente y con ese insaciable apetito de amarla; y aquello constituía una tentación que lograba reavivarle el fuego a ella cuando se sentía exhausta. Él colocaba entonces su frente junto a la suya, proporcionándole un ligero beso en los labios y luego le ayudaba a cambiar de posición y a relajarse para poder seguir adorándola hasta que le llegara el turno de alcanzar el infinito, lapso en el que abrazándola por lo general con vehemencia, procuraba arrastrarla otra vez con él.
Aquello les ocasionó un retraso de un par de horas en el verdadero comienzo de su día. Por suerte el ambiente se prestaba con complicidad para encubrir sus amoríos, y respecto al desastre que obviamente ocasionaran dentro del caserón veraniego, en especial en aquella habitación y en la sala, ambos más luego por decisión unánime acordaron no irse hasta dejar todo impecable por pura educación… Sin sospechar que aquello constituiría su primera práctica real de compartir las tareas cotidianas ya como verdaderos marido y mujer.
-Ya habías estado antes en este lugar ¿verdad Candy?- de aparente casualidad Anthony le preguntó mientras dejaban atrás la casa de verano y caminaban hacia la gran mansión, que a esas horas del nuevo día ya debía encontrarse en calma y vacía luego de transcurrido el funeral.
-Sí, la vez en que caí por la cascada y Albert por suerte me rescató- ella confesó sin tener ningún problema para hablar sobre el asunto. Una mala experiencia que al final le había permitido conocer a una persona importante en su vida –La casona se encontraba prácticamente abandonada y en ruinas en ese entonces y él residía allí junto a sus mascotas; muchos animales silvestres domesticados…(sonrió al recordarlo) …Luego de encontrarme inconsciente me trajo para que descansara- con algo de vergüenza prosiguió sin embargo, debido al comportamiento no justificable de su amigo, invasor al fin y al cabo de propiedad privada -…Espero que algún día puedas perdonarlo, él no tenía a dónde ir… Un día me contó que se distanció en ese tiempo de su familia porque querían obligarlo a dedicarse por completo a responsabilidades que no le agradaban. Por ello decidió salir a buscar su propio rumbo…-
Anthony aunque escuchaba un dejo de nerviosismo en su respuesta, no guardaba resentimiento hacia aquel episodio en que se despertaran por primera vez a totalidad sus celos, y al contrario de lo que Candy todavía parecía creer, no le caía mal Albert, quien sabía que era su mejor amigo. Aún a pesar de no ser santo de su devoción en un principio, por saber que también lo era así mismo de Terry.
-Y luego lo volviste a encontrar en Londres- se dio su tiempo de analizar, percatándose a profundidad de pronto de algunas extrañas convergencias.
-Así es. Cuando trabajaba de cuidador del zoológico- confirmó Candy –Creo que por entonces vivía con parte de sus familiares allá-
-Ya veo- analizó Anthony con una repentina nebulosa de recuerdos atestándole la mente
-…Y estuvo también un tiempo en África dedicándose a labores altruistas, pero volvió a América al igual que nosotros poco después de que estallara la guerra…- continuó explayándose ella, sin esconder la alegría que le producía hablar de quien siempre considerara como un hermano mayor o un padrino –Es de verdad un gran tipo y siempre estaré agradecida con él por todo su apoyo y sus cuidados. ¿Sí te conté alguna vez que él me ayudó con sus consejos a soportar el también interminable periodo de nuestra primera separación?, cuando te fuiste a estudiar a New York... Ha sido como un ángel para mí desde que lo conozco-
Anthony no decía nada pero atendía con seriedad y suspicacia cada una de las palabras
-…Por lo que sé, ahora trabaja para los negocios de su familia en Chicago y sé que tiene alguna propiedad por aquí por las montañas. Una vez me compartió que tenía una hermana pero falleció… algo muy triste… quizá por eso también me tiene tanta estima, me dijo que yo se la recuerdo mucho… Sólo espero que le esté yendo bien en su trabajo, porque sé que antes no se acostumbraba. Sabes, ahora que lo pienso siempre he sospechado que proviene de un núcleo acomodado pero no se lo he preguntado de forma directa por respetar su espacio y porque tampoco es de mi incumbencia. Sólo sé que de joven debido a inconvenientes, decidió irse a hacer su propio camino, lo que es comprensible ya que es un aventurero, un alma libre, de esas a las que les resulta imposible permanecer mucho tiempo retenida en un solo lugar-
Para Anthony, callado y ensimismado en sus cavilaciones, una más de sus acotaciones le golpeó internamente con la fuerza de un rayo, haciéndole darse cuenta que la secreta investigación que se encontraba haciendo no iba por rumbo equivocado después de todo.
-¡Y aparte hay algo gracioso, algo que no adivinas!- con ganas de bromear Candy agregó -Hay algo en ti que siempre me ha recordado a él jajaja… No lo sé, quizá es la fuerza que tienen ambos en su manera de ser, su nobleza de corazón, su independencia… yo hasta podría decir que viéndolos con detenimiento físicamente se parecen- y revelando aquello Candy tuvo que detenerse un momento para comprobarse a sí misma que lo que decía era verdad y él también se detuvo extrañado, sin dejar de atenderla –Si nunca te lo había dicho es porque no se me había presentado la oportunidad jajaja- con su risa cantarina Candy acompañó aquello que encontraba divertido y peculiar –Ni modo debe ser por lo mucho que los quiero a los dos- al final se encogió de hombros y retomó con alegría el camino –¡Claro que a ti mucho más!- añadió de forma traviesa y coqueta, adelantándose. Anthony le siguió la corriente y le tocó apresurar el paso para alcanzarla.
No tardaron en verse atrapados en un juego de besos más adelante, ni bien él pudo asirla de la cintura, lo que los llevó a terminar abrazados y arrimados bajo las frondosas sombras de algún viejo árbol prodigándose las más dulces y deliciosas caricias, que sólo los verdaderos enamorados en sus primeros días de amantes podrían alcanzar a describir bien; y una vez transcurrido el delirio, cuando de a poco retomaron la seriedad, Anthony recordó tener que develar una última cuestión sobre el tema que hacia una media hora habían abandonado.
-Candy me olvidaba de preguntarte algo… ¿Cuál es el apellido de tu amigo Albert? Dices que tiene parentela aquí y con probabilidad también en Londres, negocios y propiedades. Si es de alguna familia noble como piensas, podría con facilidad localizarlo e invitarlo junto a sus miembros más allegados a una cena con nosotros. ¿Qué te parece? Me gustaría agradecerle en persona por todo lo que ha hecho por ti durante todos estos años- con sinceridad en lo que proponía, puesto que su gratitud era mayor a sus ganas de investigarlo, Anthony quiso obtener la pista final para develar el misterio del trotamundos, que junto con otro que llevaba meses deambulándole en la cabeza, consiguió capturar de repente su interés. Sin embargo, no contaba toparse con la simple respuesta llena de desidia de ella.
-Nunca me ha importado preguntárselo, lo confieso... Sé que es una irresponsabilidad mía pero yo confío en él así como es y él en mí, y sé que es una excelente persona con valores excepcionales que le impedirían dedicarse a algo malo. Simplemente lo siento. Cuando tú lo trates te vas a dar cuenta de que todo lo que digo es cierto, y además a él le caes bien. Yo le he hablado mucho de ti y siempre que lo encuentro me pregunta sobre cómo te va, y así mismo respecto a los chicos, en especial Stear, de quien sabe estuvo en la guerra… Hasta a veces me parece que se preocupa más de lo que debería, pero es algo natural en él que no puede evitar. Está en su manera de ser, él se interesa por el bienestar de sus amigos-
Anthony se sorprendió de oír aquello y permaneció en silencio ensimismado unos segundos mientras daba unos cuantos pasos, terminado los cuales se repuso
-Veo que a tu amigo Albert es un hombre muy preocupado- observó con un brillo de perspicacia en la mirada, que ella en medio de tantas emociones juntas en un solo día, no notó.
-Sí y responsable, tengo entendido por lo que me ha dejado saber que él en su familia, como ahora es el único hijo, es el responsable de todo. Tanto así que si no hubiese sido por un problema con un primo que le tocó resolver de emergencia en Londres, por el que tuvo que partir de África antes de lo planeado, su destino hubiese sido otro… y ya no lo contaríamos aquí- Candy prosiguió, citando con abatimiento lo último, no queriendo ni pensar en que algo malo pudiera haberle ocurrido –…Sí, él vendría a ser para los suyos un personaje tan importante como el abuelo William lo es para el Clan Ardley- comparó sin querer mirando el suelo y en eso recordó otro tema, uno sumamente importante que ambos sólo habían estado ambos postergando -¡Cierto, el abuelo! Debe encontrarse a estas horas ya en la casa. ¡Ayer esperaban su llegada! Escuché a la tía abuela aún en medio de su dolor, dar indicaciones a los empleados para su recibimiento, para que alistaran lo más pronto posible el cuarto de huéspedes- comentó
-¡Oh, eso es perfecto!- opinó Anthony -Quiere decir que podremos confesarnos de una vez ante él sobre nuestras pasiones- concretó para sorprenderla, intuyendo a dónde en el fondo quería llegar.
-¿De una vez?- Candy tuvo que preguntar, sabiéndose emocionada por la buena nueva que tenían por contar pero a la vez con algo de inseguridad y temor; ella que de por sí se ponía nerviosa ante la sola posibilidad de poder ser presentada con formalidad al abuelo en esa ocasión. Él por su parte, disfrutó de contemplar su sonrojo.
-Así es, será muchísimo mejor pedirle directamente tu mano y más aun siendo la primera vez en que ambos lo veamos- confirmó Anthony y para reforzar lo que decía, le tomó una de las pequeñas y delicadas pero al mismo tiempo tan trabajadoras manos, entre las suyas, y sin dejar de mirarla a los ojos, se la besó con devoción –Me encantará decirle que me conceda el honor de volverte mi esposa-
Viéndose entonces cobijada en el valor y la determinación de él, Candy se dejó conducir con premura de vuelta a la gran mansión.
La residencia de Lakewood se encontraba a esas horas todavía en un apacible silencio que perduraba como tributo al fúnebre capítulo que se presenciara el día anterior, más ellos ajenos a dicho pesar por la alegría sin culpa que vibraba en sus corazones, avanzaron por el angosto camino empedrado del jardín, sonrientes y tomados de la mano.
El siempre complicado Jack, fue el primero que reparó en sus presencias con sorpresa ni bien ingresaran, al punto de interrumpir de sopetón la plática que se encontraba sosteniendo en esos momentos con el buen George para abrir sin disimulo la boca en asombro y hasta señalarlos. A simple vista sorprendido de la complicidad que entre ambos volvía a notarse. Ese irrompible lazo que los unía.
-¡Pero si allí están y de lo más frescos!, mi estimada Mrs. Elroy tan enfadada anoche de que desaparecieran sin siquiera despedirse y ¡es muy notorio que ninguno de los dos siquiera abandonó las inmediaciones!- ofendido por la desconsideración y levantando la voz, no se abstuvo de comentar –¡Llevan el mismo vestuario de ayer!- con afinidad siempre para notar ese tipo de cosas el alternativo tipo además hizo ver. George tuvo por su parte que carraspear por lo delicado de la situación, intentando no hacerles sentir mal ni juzgarlos a los recién llegados. Por ello, Anthony desestimando los comentarios del insoportable mano derecha de la tía abuela prefirió después de saludar mejor dirigirse al brazo derecho del tío abuelo, cuya presencia era un indicativo de que el gran jefe de familia efectivamente debía encontrarse allí, con la finalidad de solicitar una entrevista con él de una vez.
-¡Eso es imposible!- renegó a rajatabla de inmediato el antiguo mayordomo ni bien oír la petición, al tiempo que se cruzaba de brazos –Mr. William Ardley es de lo más ocupado y no posee tiempo fuera de sus negocios para andar desperdiciando en visitas de jovenzuelos-
Anthony como respuesta a una opinión que no había pedido, únicamente le miró mal por unos segundos y prefiriendo evitar su mala vibra continuó dirigiéndose sólo a George.
-George por favor, sabemos que se encuentra aquí, siempre le escribimos y nunca tenemos la oportunidad de verlo, es justo que sea ahora, ya es tiempo- manifestó
-Es cierto George y lo sabes. ¿El abuelo se encuentra aquí hoy?... Dinos la verdad por favor- apoyó casi a manera de súplica Candy, con lo que demás los presentes en la sala le observaron enseguida vacilar al fiel asistente, en clara lucha interna entre lo que debía hacer y lo que no.
-¡No es posible ya les dije!, Mr. Ardley tiene hoy una importante reunión y además nadie ve al gran señor sin una autorización previa de Mrs. Elroy- Jack dispuesto a defender y mantener a capa y espada el acostumbrado y extraño sigilo, añadió.
-¡¿Y se puede saber por qué?!- Anthony en esos momentos ya preso de la rabia y harto sobre todo de los secretos aristocráticos de su familia, explotó -¡¿Por qué si él es el cabecilla de la familia se somete a las órdenes de la tía abuela?! ¡¿A qué se debe tanto misterio y confidencialidad?! ¡Exijo conocer la verdad!-
Alguien abrió la puerta del estudio principal entonces, con probabilidad luego de escuchar la acalorada protesta. Estancia que se encontraba a mano derecha desde la entrada de la mansión y frente a la biblioteca, pasando por el hall. Oficina que por ser de uso exclusivo del jefe de familia, quien no residía allí, pasaba gran parte del año cerrada. Y en esta ocasión fueron tanto Anthony como Candy, los asombrados al ver a una muy bonita y arreglada Dorothy, darles la bienvenida con su sonrisa siempre dulce, para posterior a ello invitarlos a pasar.
-Me alegra mucho volver a verlos chicos y mucho más dándome cuenta que el río volvió a su cauce, como debía ser- profirió sin dejar de contemplar las manos entrelazadas de ambos y brindándoles un guiño de aprobación, procedió a abrir más la puerta detrás suyo.
-Por favor adelante, el Sr. William los espera- indicó
Anthony de tal forma, decidido y sin ya detenerse a prestarle atención a nadie más, avanzó con valentía hacia la oficina para terminar de encarar a su destino, llevando consigo a quien eligiera por compañera de vida; en tanto Candy, a cada instante más impresionada, pudiendo ser testigo de lo bien que se estaba desempeñando su amiga en su nuevo puesto de secretaria directa del abuelo y sin dejar de notar la confianza que con él había ganado, pasó por su lado feliz de su logro y extendiéndole su mano libre para saludarla, que Dorothy apretó con igual alegría de verla, en un corto reencuentro de amigas que no se vieran durante muchas semanas.
Una vez dentro y sintiendo que la ex nana volvía a cerrar la puerta tras ellos, en lo único en que se enfocaron los jóvenes amantes fue en el enorme y suntuoso escritorio principal, donde en un gran sillón giratorio volteado hacia los ventanales debía encontrarse el solitario y emblemático abuelo.
Candy mientras intentaba controlar los nervios en su interior y aparentar tranquilidad en un momento tan importante, sintió a su vez a Anthony tensarse en el agarre de su mano, por lo que de forma muy dulce, le devolvió en eco un confortable apretón como diciéndole que todo estaría bien, que saldrían bien librados de esa y de muchas más pruebas, y Anthony en respuesta le observó con un brillo de intenso amor en los ojos, dejándole saber que ella era su más grande motivo para luchar y su fortaleza, y que iría a muerte o hasta al fin del mundo si se daba el caso, si la tenía a su lado. Candy con claridad lo entendió en una comunicación de corazón a corazón. Luego Anthony resuelto se dirigió al abuelo.
-Honorable Mr. William Ardley, buenas tardes- comenzó
-Muy buenas tardes- Candy a su vez con timidez, profirió en apoyo
-De favor le pido que disculpe nuestro atrevimiento y en especial la irreverencia con la que yo he solicitado verlo…- El arriesgado joven prosiguió –Más debo reconocer que no me encuentro arrepentido, puesto que se ha dado el momento de poder conversar al fin con usted cara a cara y es algo que no puedo dejarlo pasar… Es ese uno de los motivos por el que estoy hoy yo aquí, su nieto Anthony Brower… o más bien debería decir… su sobrino.-
Y al pronunciar esto, Candy quien estuviera atenta a cada una de sus palabras cuidadosamente, como si las estuviera pronunciando ella misma, volteó a mirarlo de inmediato extrañada, considerando durante algunos segundos no haber escuchado bien. Sin embargo, el elegante sillón empezó a volverse para entonces despacio y ella cuando aún no entendía el por qué Anthony no se retractaba enseguida de la equivocación que dijera, no pudo más que quedar boquiabierta de la confusión cuando descubrió que el misterioso ocupante, quien permaneciera en silencio durante todo el tiempo de la anterior exposición, no se trataba de otro más que de Albert… Simplemente Albert. Su gran amigo.
-Buenas tardes jóvenes- el caballero de la larga melena rubia respondió ahora sí -Anthony, Candy ¿Cómo se encuentran?- pronunció con asombrosa familiaridad y naturalidad, y en esta ocasión fue Candy quien por encima de la también perplejidad de su prometido, tomó por su cuenta la palabra.
-¡Albert! ¿Pero qué haces aquí?... ¿Cómo entraste?... ¿no me digas que ahora te encuentras laborando para la familia?…- se le cruzaron por la mente una serie de preguntas pero no alcanzó a formularlas todas, ante las que él previo a contestarlas, elegantemente vestido como nunca antes le viera, sólo sonrió con su característica amabilidad.
-Quizá debieras darle más credibilidad a Anthony mi querida Candy. Pues antes de empezar debo admitir que sus suposiciones son ciertas- respondió así en tanto abandonaba su sitial para avanzar hacia donde estaban ellos, a darle principalmente la mano a Anthony y brindarle además un afectuoso abrazo.
-¿Pero qué…?- exclamó ella sin alcanzar todavía a entender – ¿Ustedes se conocen?...Que alguien por favor me explique-
Albert entonces le regaló previo a responderle, un fuerte abrazo también que la hizo levantar del suelo y girar.
-¡También me da gusto verte de nuevo mi dulce pequeña!- con cariño expresó y poco después retomando una compostura de ejecutivo que ella no le conociera, procedió a distanciarse de ellos para ubicarse al frente del escritorio, donde arrimándose al mismo y cruzándose de brazos se preparó para hacerles partícipes de lo que acontecía.
Anthony a esas alturas sonreía con diversión, sin poder creerlo y fue a él a quien Albert en su faceta de empresario, le concedió con un movimiento de mano, la palabra.
-Adelante Anthony, explícanos. Sabía que tarde o temprano serías tú el que me descubriría. Siempre he estado al tanto de lo mucho que te gusta investigar. Rose era así- Albert comentó
-¿Rose?...- preguntó Candy confundida
-Mi mamá- aclaró Anthony de inmediato, volviendo a centrar despacio su atención en ella -Rosemary- especificó –Albert es mi tío. Mi tío Bert. ¿Recuerdas que te conté de él?-
-¡¿Tu tío, dices?!... es decir que ambos son… ¡¿familia?!... Que todo este tiempo… ¿Albert, tú…?- Candy sintiéndose de repente algo mareada por tanta sorpresiva información comenzó a increparles a cada uno.
-Mi nombre completo es William Albert Ardley y al morir mi padre, a quien por ser el único varón heredero le correspondía encabezar la fortuna del clan, fui yo el delegado para hacerme cargo de todo en representación suya– Albert empezó sin problemas a exponerles –Y tienes toda la razón querida Candy de enojarte conmigo si te place, pues todo este tiempo te oculté mi verdadera identidad aun sabiendo lo mucho que confiabas en mí. Al igual tu Anthony. Puedes detestarme si quieres y sé que lo merecería por mantenerme alejado en tus momentos más importantes, en tus etapas de crecimiento, cuando era mi deber permanecer a tu lado. No obstante, necesito que los dos entiendan que tuve que firmar un pacto de confidencialidad y ajustarme a las medidas que eso conlleva, como el no poder ser presentado como líder hasta cumplir los treinta, para lo que me faltan todavía tres años; así como a los molestos protocolos familiares; y aun así no pude mantenerme del todo apartado de ustedes, porque siempre velé para que nada les faltara, procurando estar informado de sus actividades… Candy, por favor, no pienses mal de mí, no te mentí después de todo nunca respecto a lo que me dedicaba, siempre te di pistas cuando me lo preguntaste, aunque no nombres. Cuando me conociste, vivía una época de ermitaño, de rebeldía en mi tardía adolescencia luego de terminar mis estudios universitarios, tratando de escapar a mis ocupaciones de Jefe de familia porque no estaba de acuerdo por completo con las reglas, sin embargo, el adoptarte fue la primera decisión importante de mi vida y con ello acepté hacerme cargo de todo, porque sólo entonces me di cuenta que estaba en mi poder cambiar las cosas para bien y forjar sobre todo el bienestar de la familia. Manifesté mis condiciones, por supuesto, y me las aceptaron. Fue de tal modo para empezar que comencé a desenvolverme en la administración de los negocios de Londres, para sí poder a la vez estar lo más próximo a ustedes. Me escudé por ello también en el empleo a medio tiempo que conseguí en el zoológico. Quería estar por allí en caso de que me necesitaran, porque sentía que en especial los dos eran mi responsabilidad… Sus primos también, claro. No quiero que me malinterpreten en cuanto a preferencias. Me la he jugado también por ellos. Arreglando los problemas que tuvieran en el colegio y en sus vidas y hasta teniendo inclusive que sobornar a importantes autoridades que ni imaginan para mantenerlos a salvo…- con un tanto de fatiga compartió -Pero respecto lo que quiero decir es que respecto a ustedes era diferente, porque nuestra conexión va mucho más allá de la sangre, viene del corazón-
-¿Y cuando estuviste en África?- Candy necesitó saber
-Ese fue un corto periodo sabático pues convivir en la naturaleza, estar rodeado de animales y las obras sociales son parte de las cosas que más me gustan- Albert agregó. Algo de lo que podía darse cuenta cualquier persona que lo conociera al término de unos diez minutos de conversar con él.
-De donde tuviste que salir debido a lo de Stear, ¿cierto?- Anthony a su vez, muy seguro de su teoría, le consultó
-Así es. Acertaste otra vez Anthony- corroboró Albert sin esconder ya nada y de tal forma, ya que venía al caso, quiso también por su parte hacer unas cuantas consultas para satisfacer su curiosidad –Ahora me gustaría saber cómo fue que me descubriste-
-Fueron muchos los cabos sueltos que vine atando sobre ti y el supuesto abuelo desde hace años- comenzó a contar Anthony de la forma más simple aun cuando poseía buen léxico aparte de su ingenio e instinto detectivesco –Pero ayer tuve la certeza de que existía una irregularidad cuando en ningún momento vi llegar al personaje que te tocó interpretar y sin embargo antes de salir rumbo al camposanto escuché a la tía abuela decir al conversar con alguien, que ya te encontrabas en casa. El resto fue cuestión de investigar. Un día se me pasó por la mente la hipótesis de que el verdadero abuelo William no estuviese vivo, que tal vez hubiese fallecido repentinamente por una complicación al corazón o en algún accidente… o hasta en el mismo naufragio en el que pereció la abuela mucho antes de que yo naciera… y pudiesen por alguna razón habérnoslo ocultado. Luego revisé el árbol genealógico familiar y no encontré vestigios de ningún otro "William" contemporáneo en la lista, excepto tú… Para lo demás, Candy me dio las pistas finales que me faltaban al conversarme de ti y así pude terminar de encajar toda la información recolectada, terminando de asociarlos a los dos como misma persona… Es bueno por fin entender las cosas- concluyó, ante lo que su tío no le quedó más que aplaudirle realmente impresionado.
-Créeme que si fueras menos listo no estaría tan orgulloso de que lleváramos el mismo apellido- le dijo bromeando y riendo, mientras a Candy se le llenaban los ojos de lágrimas, sentimental como siempre, y tuvo que llevarse las manos a la boca al terminar de procesar de golpe todo lo que acababa de enterarse. Contenta de que su Anthony por fin recobrara a su familiar más cercano, al que sabía siempre había extrañado, y más aun sabiendo que ese mismo ser era su Albert, otro hombre que ella adoraba de corazón. Fue así como de súbito también recordó algo más. Algo que no era tan importante al final en comparación con la magnitud de la verdad que acababa de salir a la luz, pero que para ella era tan especial que le alegraba el alma.
-¿Albert te puedo preguntar algo?- le consultó aún a sabiendas de que su amigo no iba a negarle nada -… ¿Desde hace cuánto tiempo en realidad me conoces?-
-Bueno… siendo franco, yo recuerdo haberme encontrado hace ya muchos años, antes incluso del accidente de la cascada, a una hermosa niñita rubia llorando, que luego de que hablara conmigo unos cuantos minutos transformó toda su tristeza en la más radiante sonrisa. Una dulce chica que hasta la fecha pienso que es mucho más linda cuando ríe que cuando llora- sin complicarse él contó
-¡Albert, tú eras mi príncipe!- con ternura ella exclamó
-Me complace el que me llames así aunque no creo merecerlo- opinó Albert con modestia y al instante siguiente, después de que Candy le dirigiera una corta mirada a Anthony como en solicitud de permiso para actuar según sus impulsos; se vio encerrado en un impulsivo abrazo de agradecimiento por parte de ella.
-¡Gracias, gracias, mil gracias por tanto, por ser mi ángel, por estar siempre allí!- Candy le dijo llorando mientras él la sostenía estrechándola por igual con fuerza y a la vez comenzando a sentirse tan emocionado como ella, a quien siempre consideraría más allá de una hija adoptiva, como el reemplazo de su hermana.
Anthony por su parte, que recordaba bien haber sentido los primeros y más grandes celos de su vida a causa de él, contemplaba pocos metros más atrás la escena, sin ya sentirse incomodado y en lugar de ello, al igual que su novia, lleno agradecimiento hacia su tío por tanto.
-Bueno, bueno, antes de que nos sigamos poniendo sentimentales, podrían decirme de verdad ¿a qué se debe la solicitud de su tan ansiada entrevista?– pidió entonces el cabecilla algo asfixiado luego de que Candy lo soltara, y los miró con interés a cada uno.
Fue el turno así de Anthony para expresarse y por ello requirió de Candy para que volviese a su lado, quien sonrojada y sin disimular lo contenta que se encontraba, asió de nuevo la mano que él extendiera hacia ella.
-He venido aquí a solicitar me concedas la mano de Candy y a rogarte que nos des tu bendición, pues le he pedido que sea mi esposa y ella me ha hecho el inmenso honor de aceptarlo- pronunció cada palabra sin dejar de mirarla mientras ella sentía que se derretía por su causa aún más que en sus primeros tiempos de romance, sintiendo que la llama de su amor que bien sabía nunca del todo se había apagado, ahora aparte de arder con intensidad, lo hacía también con madurez y sabiduría, los alicientes necesarios para conllevar una unión feliz.
Albert lo sopesó unos instantes, llevándose una mano a la barbilla con una mirada traviesa.
-Saben, les agradezco que conociendo ahora la verdad sobre el más relevante de los asuntos arcanos de la familia, todavía confíen en mí para otorgarles su bendición, aunque algo me dice que así me rehusara ustedes igual seguirían su propio camino- opinó –Por mi parte no tengo nada en contra de su amor y es más, me alegra que sean felices porque la verdadera bendición en realidad está en el poder amar y ser amado en retribución… Respecto al tema, yo también tengo una noticia que compartirles- añadió y para ello le hizo una seña con la mano a alguien que se encontraba más atrás de todos, para que se acercara, quien por su sigilo apenas había sido notada todavía en la estancia por los dos enamorados –Dorothy, amor, ven aquí por favor-
La sorpresa de los jóvenes amantes fue al instante total y boquiabiertos vieron a su amiga caminar hasta el gran escritorio, donde el verdadero William, que a esas alturas yacía allí sentado, la abrazó por la cintura y la retuvo junto a sí. Anthony y Candy en medio del inmenso asombro lo entendieron todo, incluso antes de que ambos lo confirmaran.
–Yo también quiero presentarles formalmente a mi prometida, aunque creo que ya la conocen- Albert se tomó su tiempo para bromear. La sorpresa de inmediato precedió al júbilo y las felicitaciones no se hicieron esperar.
-Esto para mí chicos es como un sueño… reencontrarlos a los dos y además juntos y felices- comentó Candy emocionada y dando saltitos de alegría al acercarse a abrazarlos -¡En verdad este es el día más feliz de mi vida!- declaró
-Recuerdas que tenía algo importante que contarte Candy. Él también es mi príncipe Bert- le compartió Dorothy riendo, completamente en paz y agradecida con la vida que le había regalado una nueva oportunidad de amar. Candy en respuesta le sostuvo las manos dejándole saber cuánto la admiraba por reponerse de su anterior separación y reconstruir sus pedazos sin dejar de creer en el amor. Ella era el mejor ejemplo que tenía para seguir creyendo en que las personas buenas siempre de arriba son recompensadas.
-Me alegro inmensamente por la felicidad de ambos- Anthony por su parte se dirigió en particular a su tío –Dorothy es nuestra amiga desde hace muchos años y sabemos que es una gran mujer que se merece a un buen hombre a su lado, por eso me alegro de que ese hombre seas tú- añadió y con camaradería le dio la mano.
Las sonrisas se volvieron generales y el permiso que Anthony y Candy fueran a buscar, así como los buenos deseos, quedaron sobreentendidos. Quedó de igual forma acordado que sería el mismo Albert quien se encargaría de notificar a la tía abuela, que para entonces se encontraba en una reunión familiar en la ciudad, sobre la petición de matrimonio, y que ellos debían mantener a cambio el sigilo de su anonimato con los demás hasta segunda orden cuando él fuese presentado en sociedad, lo cual se decidió en ese momento, se adelantaría a la fiesta de su compromiso, para lo cual les pidió se apresuraran a buscar fecha.
De tal forma para cuando salieron de la mansión los dos flamantes novios más jóvenes, horas más tarde, contaban desde ya con una luz alumbrando sus vidas que parecían resueltas. Decidieron entonces sumamente contentos antes de partir a la ciudad, desviarse unos momentos hacia el Portal de las Rosas, lugar donde había empezado toda su historia y que por esos días de primavera estaba en su máximo esplendor. Y allí frente a un monumento que ordenara la tía abuela se esculpiera en honor a Rosemary Ardley, Anthony dejó una ofrenda que recolectara en el trayecto con los mejores retoños de sus amadas flores, y elevando una oración al cielo le contó a su madre sobre su prometida.
FIN
