Hagamos un trio…

.

-Debe de ser Nube. – comento con un cierto tono de lastima.

Ramón miro el reloj y algo no le cuadraba, no habían pasado ni quince minutos, debía de ser alguien más o su irritante hermano le mintió y quería molestarlo.

-Maldición. – dijo mientras apretaba los dientes.

-Pues, tal vez luego podamos… tú sabes… - dijo Poppy con un marcado sonrojo.

El joven dejo escapar un suspiro que se interrumpió al escuchar que tocaban de nuevo.

-El muy idiota debió de olvidar sus llaves. – volvió a sonar otra vez. – Nube, deja de tocar, entra de una vez, sabes que está abierto. – le regaño.

Pero de nuevo sonó y ya harto Ramón fue a ver, levanto un poco la cortina enredándose en ella, abrió ligeramente la puerta y volvió a decirle de nuevo.

-Ves, está abierta, solo tenías que correrla. –

-Lo siento, es que tengo las manos ocupadas. – dijo con una enorme sonrisa Antony, que llevaba un champagne, un par de finas copas y un voluminoso ramo de rosas.

Ramón se echó para atrás, se puso pálido, como si hubiera visto un fantasma.

-¿Ramón, que pasa? – le pregunto Poppy notando su nerviosismo.

-Antony… - Menciono su nombre con los ojos bien abiertos, mientras lo veía batallar con la cortina.

-¿Tú ex? – susurro para esconderse entre el sillón y la mesa de té, no supo qué otra cosa hacer en el momento, ni cómo reaccionar.

-Oye, tú casa es muy linda. – hablo Antony, mientras entraba y veía a su alrededor. – Espero llegar en un buen momento y no interrumpir nada en tú agenda… -

Ramón miraba a todos lados, mudo, veía a Poppy tratando de no ser vista, al chico con todas esas cosas, a las ventanas y puertas, deseaba tanto salir de ahí corriendo.

-Wow. – exclamo Antony al verlo sin el velo de la cortina. – Ramón, tú cabello. –

El modelo jamás lo había visto sin su gorro, de esa forma lucía más atractivo, sin el era simplemente irresistible.

-¿Qué tiene? ¿Se ve raro? ¿Es por…? Oh Dios… ¡Mi gorro!, es que en casa no lo uso, espera… no me veas, solo un momento… - Ramón trataba de encontrar algo con que taparse la cabeza, pero no tenía nada al alcance.

-Oye, oye, tranquilo. – Le dijo Antony mientras dejaba las cosas en una mesilla. – Creo que tú cabello es genial. – menciono con dulzura mientras poso una mano en su cadera para acercarlo y con la otra acariciaba su melena.

Ramón estaba asustado, tenía que sacarlo de alguna manera, además, sus caricias le eran incomodas, ahora las únicas que le agradaban eran las de Poppy, sin dudas quería sus manos lejos, en especial de su cabello.

-¡NO ME TOQUES! – al fina grito para apartarlo de un empujón. - ¿Creíste que podrías venir a mi casa luego de meses sin saber nada de ti? "Oh si, mira, recordé que tenía un ex, iré a hacerle una visita" – dijo imitando el tono de su voz.

-No, claro que no, te busque todo este tiempo, o bueno, la mayoría del tiempo, te mande obsequios. – trato Antony de excusarse. – incluso ahora, te traje rosas. –

-Oh, cierto, las rosas y flores, como olvidar esas estupideces. ¿Acaso no sabes que detesto las flores? Me recuerdan a la muerte de la persona que más ame. –

-Lo siento, ¿Cómo se supone que iba a saber eso? Tú me regalabas ramos de flores cada que tenía una pasarela, tú sabes, supuse que… -

-Te llevaba flores porque sabía que a ti te gustaban esas tonterías. – dijo cruzándose de brazos.

-Bueno, es algo de lo que no me puedes culpar, yo no sabía nada de eso, tú jamás me contaste, si lo hubieras hecho no te las habría mandado y tampoco hubiera traído estas. – hablo al alzar el ramo que trajo.

-¿Por qué no simplemente te largas? – dijo tratando de sacarlo.

-No, espera, yo vine para hablar las cosas bien…yo, oye, deja de empujarme. –

-Sal de aquí. – decía tratando de empujarlo hacia la puerta. – solo vete. -

-Para ya… mira, mira esto. – menciono mostrándole su mano en la que llevaba el anillo de compromiso que una vez le lanzo. – Ramón, mi respuesta es "SI"… acepto, me casare contigo. – El joven dejo de empujarlo al verlo, Antony tomo el ramo y de uno de los tallos deslizo una sortija, un bello anillo plateado con pequeños diamantes que lo hacían lucir aún más brillante. – Hay que casarnos, viviremos como tú quieras, como tú lo acomodes en tú agenda, seremos felices, vamos, di que esto aún puede funcionar. -

-Yo… - Ramón se había quedado sin palabras, estaba demasiado confundido como para dar una respuesta. – Es que yo… -

-Sé que lo que paso entre nosotros no fue… agradable, me pase contigo, lo siento, no era mi intención, perdóname, solo esta vez y te prometo que de aquí en adelante nuestra vida será perfecta, todo lo que soñaste se hará realidad. –

-Yo… es que no… yo necesito… -

Antony saco el anillo por completo del tallo y tomo la mano de Ramón mientras este estaba mudo, por su cara, parecía no entender lo que pasaba, Antony fue introduciendo la sortija lentamente en su dedo, apenas iba en la punta cuando lo escucho decir.

-Yo… yo fui a buscarte. – dijo con voz algo quebrada. – el día que me mandaste el primer ramo de flores, porque alguien me dijo que… la cantidad de rosas era una disculpa y… pensé que querías verme, pero cuando fui al hotel, ya no estabas, me dijeron que no vivías ahí. – comento con un leve tono molesto.

Antony suspiro, sus manos estaban congeladas en aquella acción.

-Cierto, yo ya no vivía ahí, me cambiaron de residencia a una ciudad cercana. –

-No me dejaste ni un teléfono o nota, ¿Cómo esperabas que yo me contactara contigo? –

-Pues… tú celular. –

-Lo queme, queme todas tus cosas, todo lo que me recordaba a ti se volvió cenizas. – Lo dijo con odio esperando ver su reacción.

-Ramón, no te culpo, lo de Marc fue un gran error, tu eres increíble, debí de salir corriendo detrás de ti ese día, fui un estúpido por no hacerlo, pero te amo, ¿No dicen que antes de la felicidad debes de conocer la tristeza? Pues ya nos pasó a nosotros, ahora solo nos toca ser felices, no sabes cuánto te he extrañado, las noches sin ti… ay Ramón, no sabes cuánto deseo que me… -

Antony renovó la acción, introduciendo el anillo ahora de forma libidinosa, Ramón solo podía temblar, estaba demasiado confuso, su mente le decía que "si", era tono cuanto planeo por años, le pidió disculpas, se arrepintió por todo, prometió seguir su agenda, su tan adorada agenda, podría calcular cada segundo del día, su vida sería la que siempre quiso, pero su corazón parecía quemarse de pena, con latidos tensos rogaba por más tiempo, Poppy lo hacía dudar de todo, si eso era lo que realmente deseaba, ¿A quién amaba realmente? Con ese joven, su vida sería tal cual lo planeado, con ella su vida sería un desorden, un desastre total, pero lo deseaba, amaba ese alboroto sin pies ni cabeza, la quería a ella y a la vez a él, por esa enorme confusión veía con terror como el anillo iba avanzando más y más, recorriendo su dedo, no tenía como negarse al chico que lo miraba como si ya fuera su dueño.

-Maldito tramposo. – se escuchó la voz de una chica.

-¿Qué? – Antony volteo a la sala y vio a la persona que se había puesto de pie arriba del sillón. - ¿No estábamos solos? – pregunto algo apenado.

-No, no lo estábamos. – dijo volviendo un poco en sí, sacando su dedo del anillo.

-Oye, yo te conozco, eres la chica que dijo que eras mi fan, en el pasillo de la universidad, el otro día… - comento sonriendo, para luego pasar a una cada llena de duda. - ¿Qué haces tú aquí? – Miro a Ramón a los ojos, para luego escanear de pies a cabeza a Poppy. - ¿Hay alguien más aquí? ¿Están ustedes dos solos? –

-Sí, estamos completamente solos él y yo, hasta que tú llegaste, descerebrado. –

Poppy no sabía que estaba haciendo, el que Antony la viera ahí podría arruinar todo el plan de mantenerse oculta, si él se enteraba quien era ella y por enojo posteaba en sus cuentas sobre todo eso, podrían despedirse de los secretos y privacidad, estaba segura que lo mejor que podía hacer era esconderse, dejar que Ramón tomara una decisión y esperar una respuesta, pero cuando lo vio casi perdido, se dio cuenta que a pesar que lo amaba y quería darle la libertad de escoger, no podía dejarlo ir sin luchar por él.

-¿Por qué están solos? – pregunto con un ligero tono de indignación.

-¿Te molesta que lo estemos? – Poppy estaba preparada para pelear.

-¿Me estas engañando? – Antony se veía muy ofendido.

-Ah no, nada de eso. – dijo Poppy señalándolo. – Él hace tiempo que dejo de ser tú novio, tú bien lo dejaste en claro cuando te largarte con el otro monigote. –

-Espera, espera… ¿Cómo sabe de eso? ¿Tú le contaste? –

Ramón intentaba intervenir en todo ese intercambio de palabras, pero apenas abría la boca, la otra persona presente respondía algo.

-No es necesario, es bastante obvio por tus redes. –

-Por supuesto, me espiaste para tener ventaja, pensabas aprovecharte de su sufrimiento para tenerlo para ti sola. –

-¿Y tú qué? ¿Terminaste de divertirte con el otro y ahora regresas y ya? –

-No me divertí con nadie, Ramón y yo nos distanciamos y luego paso lo Marc, además, mi relación con él no fue como la que tuvimos, y… espera, no creas que me voy a olvidar del hecho de que ustedes dos están solos, ¿Qué estaban haciendo? O ¿Qué estaban por hacer? – Antony volteo con Ramón y con tono de reproche le pregunto. - ¿Te revolcaste con esta zorra? –

Ante aquel tono usado, Ramón respondió algo nervioso.

-¡NO! – El joven vio la cara de indignación de la chica y corrigió. – No que yo recuerde. – aquella respuesta logro relajar su semblante, solo porque era una verdad aplastante.

-Dime por favor que no pensabas hacerlo, que nunca pensaste en hacer con alguien tan… vulgar, como ella, necesito que lo digas Ramón. – le pidió con un tono chantajeante.

-¿Y que si no lo dice? – le grito Poppy.

-¿Podrían callarse ambos? – les pidió Ramón quien masajeaba sus sienes tratando de evitar tener una jaqueca.

-Exacto, guarda silencio escuálida rata rosada, o sabes que sería mejor, que te largaras, nada tienes que hacer aquí, solo eres mal tercio, vete para que podamos hablar de cosas importantes. –

-No me voy a ir a ningún lado, te lo voy a decir claramente y sin rodeos, amo a Ramón y estoy aquí por él, y créeme, no estaría en la casa de su padre si lo nuestro no fuera serio, ¿Cuántas veces estuviste tú aquí? ¿Conoces a su hermano? ¿A su padre? Porque yo sí. – presumió subiéndose al respaldo del sofá para estar algunos centímetros por encima de Antony.

-¿Se supone que me sienta intimidado? Puede que no haya sido "oficial" para ellos, pero entre nosotros dos las cosas fueron serias y… candentes, ¿Cuántas veces lo han hecho? Mi vida y yo lo hacíamos como liebres de marzo, locas, brutales y con una energía que no terminaba jamás, aun ahora, estoy seguro… -

El modelo jalo desprevenido a Ramón, plantándole un beso apasionado al cual no pudo resistirse. Le correspondió de inmediato, tanto añoraba esos labios, los cuales le hicieron suspirar y soñar con volver a tenerlos, al fin los tenía de vuelta, tal y como los recordaba.

-Eso no es nada. –

Poppy exclamo para tomar la mano de Ramón y jalarlo, le robo un beso que le hizo temblar las piernas, habría caído de rodillas si no fuera porque una veloz mano se plantó sobre sus pantalones, masajeando su creciente bulto, la chica lo tenía dominado mucho mejor y más rápido que él otro.

-¡Es trampa si lo manoseas! – se quejó Antony.

El modelo pego sus caderas a las de Ramón, usando una mano para cerrar el espacio entre ambos, con la otra hizo girar su rostro lo suficiente para besarlo de espaldas.

-No me lo vas a quitar. – exclamo Poppy para jalarlo de los cabellos y volver a ser dueña de sus labios.

Ramón dudo de que estuviera despierto, "debo de estar teniendo otra jodida pesadilla" pensó, porque siendo sincero ¿había despertado realmente? Recordaba haber tomado dos pastillas para dormir, y si lo seguía estando, Poppy masajeaba de manera increíble su miembro, que se estaba poniendo cada vez más duro, mientras que las caricias de Antony, esparcidas por todo su cuerpo, le hacían tener escalofríos que aumentaban al sentir como se restregaba contra su trasero, cuando la chica apresaba sus labios, el modelo aprovechaba para dejarle marcas en el cuello, y cuando este se los lograba arrebatar, Poppy lo chupaba desde la barbilla hasta el pecho llenándolo de saliva fresca. Se negó a seguir en la boca de alguien, sentía que le faltaba el aire, echo su cabeza hacia atrás mientras tomaba una bocanada de aire. Sus amantes no pararon, la chica seguía estimulándolo, el modelo no dejaba en paz su cuello y pronto paso a morder su oreja, Ramón puso cada mano sobre la cabeza de ambos acompañantes, para acercarlos y mantenerlos en frenesí de besos.

Tal vez Ramón lo estaba disfrutando, pero para ambos amantes que lo deseaban era una guerra fría, en breves momentos de que sus miradas chocaban, se notaba la furia y el odio que ambos se profesaban; algo molesto, Antony, por tenerla casi enfrente, casi tocando sus labios, como pensando que acercarse a ellos le bastaría para hacerlo retroceder, mordió con mayor fuerza a Ramón de la oreja, este por ende se echó más para atrás, separándose de ella, enojada por eso, Poppy tiro con brusquedad de sus cabellos, al inicio fue excitante, pero las mordidas y tirones aumentaban en fuerza, hasta el punto que comenzaron a dolor, "¡Esto duele demasiado para ser solo un puto sueño!" en cuestión de segundos se percató de que no estaba soñando.

-¡¿Pero qué demonios estamos haciendo?! ¿Qué demonios les pasa a los dos? – Ramón empujo ligeramente a ambos, lo suficiente para zafarse de sus amantes.

-¿No íbamos a hacer un trio? – pregunto algo confundido Antony.

-¡NO! – exclamaron Poppy y Ramón al mismo tiempo.

-Vaya, tan coordinados los dos, entonces, lo siento, mal entendí el asunto. – dijo cruzándose de brazos.

-¿Qué pensaste que íbamos a hacer? ¿Qué nos íbamos a revolcar los tres juntos al mismo tiempo para ver quien es mejor? – le reprendió Ramón.

-Bien, veo que tienes la mente cerrada en ese aspecto, lo respeto. – comento el modelo. – Yo lo pensé para ahorrarte tiempo en tú agenda, pero podemos tomar turnos, yo pido el primero. – Antony dio un paso enfrente con franco interés.

-Ah no, esto no es una competencia, no me quedare con alguien solo porque coge de maravilla. – le reitero.

-Ok, solo… déjame ayudarte con lo que provoque, la tienes bien dura, yo puedo si tú quieres. – comento mirando a su entrepierna y relamiéndose los labios. – Hace rato que no de la mamo, apuesto lo que quieras a que tú también quiere. – Ramón trago saliva ante la propuesta, no se había dado cuenta de su prominente erección y sus crecientes ansias, lo tomo por la barbilla y le continúo diciendo. – Déjame terminar mi trabajo. – hablo con voz seductora.

-¿Tu trabajo?. – pregunto Poppy. – Estas muy perdido, eso no es "tú trabajo" claramente eso es resultado de mi trabajo. – aseguro señalándolo.

-La pérdida eres tú, eso. – dijo señalándolo también. – fue resultado de mi esfuerzo. –

-Obvio no, él se excita más cuando tocas su cabello y yo era la que lo estaba haciendo. –

-Si como no, mira, si se trata de saber que lo excita, él que sabe soy yo, como, por ejemplo, la ropa sexi, él la ama, como aquella vez que desfile con un traje sensual hecho de diamantes, lo hicimos como locos esa noche, tuvo el placer de correrse encima de un traje de más 5 millones, tú no podrás nunca darle ese lujo. –

-¡Oigan! Los dos, ya basta, entiendan por favor, no es una competencia. –

-Claro que no lo es. – dijo Poppy. – Porque si lo fuera yo barrería el piso contigo. – menciono apuntando a Antony.

-Lo dudo mucho, don nadie, ¿Qué podrías darle que yo no pueda? –

-Un bebé, por ejemplo, mejora eso, idiota. – comentó victoriosa.

-JA, sobrevalorado, ¿Por qué demonios quisiéramos arruinar nuestra relación con una máquina de pujidos y flatulencias? Los bebés solo sirven para las parejas que buscan la normatividad, nosotros no somos así, ¿Verdad, Ramón? –

-¿No quieres tener hijos? – pregunto bastante desconcertado Ramón.

-Por supuesto que no, ¿Quién querría? No… espera, ¿Tú quieres? –

-Siempre he querido ser padre, no pensé, bueno, jamás te lo pregunté, pensé que queríamos lo mismo. –

-Te amo, y quiero pasar el resto de mi vida contigo, pero, vamos… ¿hijos? -