Ok, +18, pero ya lo sabían...

Te necesito II

Buscar a Lana era el objetivo primordial del día. Poco importaba el evento al que tuvo que concurrir ni las fotos que se tuvo que sacar. Poco le importaba nada más que pensar en buscar a esa mujer en el aeropuerto. Luego de despertarse por la mañana muy temprano y hablar con Lana unos segundos antes del abordaje, Jenn llevó a las dos perras al coche y volvió a su casa. Se preparó para el evento publicitario y dejó su casa lista para recibir a Lana. Volvió cuando faltaba una hora para que Lana llegará a Los Ángeles y se cambió la ropa a algo más cómodo. Se subió al coche y partió a buscarla.

Al llegar, estaba muy nerviosa y tuvo que bajarse del coche para encontrar serenidad apoyándose sobre él. Las enormes gafas ocultaban su rostro y en un aparcamiento al que todo el mundo llega para marcharse, una mujer en camiseta y jean, sin demasiado maquillaje es sólo una mujer más. Todos pasaban a su lado sin percatarse ni siquiera que estaba ahí. Cada vez que el ascensor se detenía y abría sus puertas su respiración se aceleraba un poco. Sucedió sin que tuviera éxito en tres oportunidades hasta que Lana apareció frente a ella. Se incorporó y allí estaba la sonrisa con la que había soñado los últimos días.

La morena dio varios pasos hasta llegar a su lado arrastrando las maletas y las soltó para abrazarla con fuerza. Un abrazo que acabo en un beso explosivo. Jennifer la levantó suavemente del suelo, apenas unos palmos y Lana rio rodeando con sus brazos el cuello de la rubia.

-Creo que estamos llamando la atención – expuso y Jenn la soltó besándola dulcemente mientras tocaba el suelo.

-Bienvenida, Señorita Parrilla – le dijo besando su boca – bienvenida, mi amor.

Lana suspiró – es por esto que no pude disfrutar nada desde que te fuiste, nada de lo que haga sin ti tiene mucho sentido ahora.

-Eres preciosa – Jennifer tomó la mano y una de las maletas de la morena - ¿vamos a casa a ver a las niñas?

-Vamos.

El camino lo hicieron tomándose de las manos y aprovechando los semáforos para besarse tiernamente. Lana le preguntó sobre Lola y Ava omitiendo el tema "ellas" todo lo posible, pero las miradas cómplices decían mucho más que cualquier palabra en ese momento. Jenn tenía el corazón casi temblando porque una vez que Lana consiguiera tranquilizar el entusiasmo de Lola, ellas tendrían tiempo para empezar a entenderse a nuevos niveles. ¿Para qué mentir? Se moría de ganas.

-Allí está Little Tokio y si miras a tu izquierda puedes ver el observatorio – explicó Jennifer de repente consiguiendo una expresión confusa de Lana.

-Vivo aquí, Jenn – dijo meneando la cabeza.

-¡Ah! Es verdad, llevas tanto en Europa que lo había olvidado – bromeó la rubia consiguiendo una risa fingida de su acompañante que coincidió con el rojo del semáforo.

-Muy graciosa – le dijo Lana antes de besarla.

Un beso que empezó tierno y casto, y que poco a poco creció hasta profundizarse lo suficiente como para hacerlas suspirar con intensidad. Las ganas estaban tan a flor de piel que no podían reprimirlas. Fueron las bocinas de los coches detrás de ellas las que las despertaron.

-Vale, vale – levantó la mano la rubia y continuó conduciendo con normalidad a pesar de que se notaba como tenía la respiración agitada.

Nada más llegar a la puerta de la casa de Jenn, pudieron oír a las ocupantes precipitarse a la entrada y los ladridos agudos de Lola que dominaban el panorama. Era consciente de quién estaría por entrar por esa puerta.

-Prepárate para dar una buena dosis de amor – le advirtió Jenn – creo que presentía que vendrías, quizás te he nombrado demasiado hoy.

Nada más abrir la puerta, Lola saltó hacia Lana y faltó poco para que ambas rodaran en el suelo con el impulso, pero a último momento la morena consiguió aguantar al equilibrio.

-Lola, hola mi Lola, mi pequeña – se arrodilló para poder saludarla correctamente – hola mi Lola – la forma en que Lana pronunciaba el nombre tenía un algo que hipnotizaba profundamente a Jennifer – ¿me has echado de menos, mi niña? – Lana acarició a su pequeña y luego repartió sus manos con Ava sin soltar a Lola.

-Ven, te voy a entrar las maletas, tú encárgate de darles mimos – la rubia entró las maletas de la otra mujer, mientras ella tranquilizaba a las perras y les daba atención.

Cuando Lola se contentó de momento con sus caricias caminó hasta el sitio que tenía asignado en la casa de la rubia y con un par de vueltas se sentó visiblemente contenta mirando hacia Lana.

-Veo que ya estás bien instalada, ¿no? – Lana se acercó y le dio una caricia a Lola detrás de las orejas – eres una listilla tú.

Levantó al vista y notó como Jennifer se había perdido en el interior de la casa – Jenn – exclamó - ¿lavabo?

-Tercera puerta a tu izquierda por el pasillo – la voz de Jenn llegó lejana, pero aun así bien entendible.

La morena encontró la puerta de inmediato. Entró para lavarse las manos y la cara, suspiró mirándose en el espejo luego de secarse. Volvió al salón donde encontró a Jennifer sentada en el respaldo del sofá esperándola.

-Estaba dejando tus maletas en la habitación – explicó sobre su ausencia y cuando la tuvo a unos centímetros tiró de ella, acercándola a su cuerpo. Respiró en su cuello y luego suspiró con fuerza – estás tan hermosa, mi amor.

-Tengo un vuelo de 14 horas encima, todo lo hermosa que se puede estar en esas condiciones – le respondió Lana.

-Pues me quitas el aliento ahora mismo – se quedaron mirando un momento, Lana recostada sobre Jenn y Jenn sobre el sofá que soportaba su peso parcialmente apoyado – te quiero – le dijo finalmente rozando sus labios con la boca de la morena.

Lana suspiró en el beso y se dejó llevar por la sensación de esa boca explorándola suavemente. Nuevamente, el beso que comenzó improvisado y tierno tomó una cadencia diferente. Fue profundizándose hasta que rozar sólo los labios se volvió insuficiente y Lana usó sus dientes en el labio inferior de Jenn, provocándole un gemido. Las manos de la rubia caminaron hasta apretarla contra ella y pasó su lengua entre los labios de Lana, pidiéndole en silencio que los abriera. Su boca no le pidió permiso ni siquiera a ella para obedecer y se rindió a la evidencia. Su cuerpo iba a responder porque toda su voluntad estaba extasiada con la cercanía, con el calor.

Dejó que la lengua de Jennifer la invadiera y jadeó cuando se rozó con la suya. El beso las arrasó hasta consumirles todo el aire y se separaron sólo para volver a unirse segundos después, demasiado concentradas en seguir besándose. En la lengua de Jenn lamiendo sus labios, friccionando su lengua, explorando su boca. En el enredo en que se convirtió el beso cuando ella imitó el movimiento y ahogaron sus gemidos en el beso húmedo, caliente.

Jenn se separó de ella y la miró unos segundos antes de decir - ¿sería muy atrevido arrastrarte a mi habitación ahora?

-Si supiera dónde está te llevaría yo misma – le contestó Lana – así que te aconsejó empezar a moverte o puede que no lleguemos.

Jennifer se mordió los labios – me encantas – confesó antes de tomarla de la mano y encaminarla hacia adentro con el cuerpo temblando de excitación.

No llegaron de inmediato porque las ganas de besarse eran demasiado intensas y una pared recibió la espalda de Lana cuando Jenn no aguantó la presión en su garganta que la obligaba a besarla otra vez. Abrió la puerta caminando de espaldas, incapaz de dejar de besarla y una vez que Lana dio un paso dentro giró sobre si misma arrastrándola. Dos pasos más y la espalda de la morena dio contra el suave ajuste de la cama de Jennifer, que se recostó encima con todo su cuerpo y se inclinó pasando su lengua por el labio inferior de la morena. La movió de un lado a otro y luego friccionó la lengua de Lana hasta que quedaron enredadas en un baile ruidoso y chasqueante. Todos los besos que habían compartido se agregaban de una forma nueva en este beso que era sólo la casilla de partida para el deseo que les empezaba a quemar. Deseo que se tradujo en la camiseta de Lana desapareciendo de su cuerpo y en Jenn alejándose para verla mejor.

Se lamió los labios mientras sus manos recorrían la piel de esa hermosa morena que adoraba profundamente – eres perfecta, mi amor – se inclinó hasta su oído y susurró – no sabes cómo me pone tener así para mí – mordisqueó el lóbulo y comenzó a bajar por su cuellos sin detenerse más que para morder o lamer. Succionó la base del cuello de Lana y esta gimió.

Las huellas de las que hablaba Jenn en su última llamada comenzaban a sentirse en su piel, en su cuerpo, dejarán o no una marca explicita. Se perdió en el sonido de la boca de Jenn vagando por su piel y llegando hasta su escote. Las manos encontraron el cierre del sujetador y a Jenn le bastó un simple movimiento para desterrarlo de su cuerpo. Los movimientos cesaron repentinamente.

Abrió los ojos que no recordaba haber cerrado para encontrarse con la mirada oscura, perdida de la rubia. Perdida en su cuerpo a tal punto que Lana se sintió deseada por primera vez, mirada por primera vez. Daba igual sus anteriores experiencias porque esta estaba muy por encima de cualquiera, se sentía naciendo de nuevo en esos ojos verdes abstraídos en su cuerpo. En su cuerpo respondiendo a un llamado tan sutil que carecía de palabras, que se resumía en los ojos llenos de devoción y lujuria de Jennifer Morrison.

Aprovechando el hechizo en el que la rubia había caído, Lana le quitó su camiseta y Jenn cayó en picado sobre su cuello.

-¿Te has tocado pensando en mi ayer? – preguntó rozando su piel desnuda con la de Lana y gimiendo al notar los pezones erguidos contra la parte superior de su pecho – ¿te has tocado, mi amor?

Lana bufó desesperadamente con esa boca vagando tan cerca de sus pechos, pero sin llegar a tocarlos y enredó sus dedos en el cabello de la rubia – sí, lo hice.

-¿Y te corriste pensando en mí, Lana? – preguntó entonces la rubia.

-Sí, lo hice, pero creo que no sentí tanto calor tocándome como el que siento ahora mismo contigo sólo rozándome – lo dijo y le bastó prestar atención para notar como allí dónde la pelvis de Jenn presionaba su sexo estaba completamente mojado.

-Lo sé, me siento igual, ayer gemí tu nombre al correrme y me alegro de haberlo hecho – confesó Jenn – porque hoy estoy segura que esta sensación es por mucho muy superior – hizo una pausa -, pero la próxima vez que lo hagas quiero estar presente y verte.

Lana gimió y se recompuso sólo para hablar – que atrevida.

-Y eso lo dice la mujer que con los dedos enredados en mi pelo me empuja la boca hacia sus pezones – Jenn respiró sobre uno de los pechos de Lana y vio como ella separaba ligeramente la boca siguiendo sus movimientos, para luego abrir del todo los ojos al ver como su boca se precipitaba abarcándolo por completo.

Arqueó la espalda al sentir la lengua de Jenn rodear su pezón sin soltarlo de su boca y rozarlo deliberadamente con los dientes. Gimió intensamente y como reacción Jennifer succionó más intensamente su pezón.

-¿Te gusta lo que te hace mi boca, amor? – Jennifer llamó su atención y Lana tuvo que abrir los ojos para verla lamer y besar denodadamente su pecho pasado luego al otro, mientras pulsaba su pezón ya sensibilizado entre el pulgar y el índice - ¿te gusta? – no acertaba a responder porque le ganaban las sensaciones, pero su cuerpo era un intérprete formidable.

Arqueó la espalda acercándole el pezón a la boca a Jenn y esta sonrió – creo que sí – dijo y mantuvo los ojos sobre el erguido pezón – demasiado perfecta – señaló antes de metérselo a la boca y comenzar una succión sincronizada con el toque de sus dedos.

Lana gimoteó y abrió sus piernas un poco más permitiéndole a Jenn ejercer más presión con su pelvis – Jenn – murmuró echando el cuello hacia atrás y cerrando los ojos.

-No, mírame – le pidió la rubia pellizcando los dos pezones a la vez para marcar su necesidad de atención – no dejes de mirarme – le pidió mientras comenzaba a descender por su cuerpo – quiero que me veas haciendo esto, que sepas que soy yo.

¿Cómo dejar de mirarla? Era una pregunta que Lana no concebía una vez que cayó en las redes de esos ojos sacudidos por el deleite que la miraban fijamente y en la boca, la lengua y los dientes de Jenn dejando una huella húmeda que convergió en su ombligo. Jenn trazó con tres besos húmedos la distancia que había entre su ombligo y el botón de sus jean, el cual desabrochó tirando de la punta expuesta con sus dientes, sin dejar de mirarla. Las manos le sirvieron para quitarlo, arrastrando con ellos las bragas y las zapatillas, gimiendo mientras observaba por primera vez el cuerpo desnudo de la morena. Se volvió a posicionar entre sus piernas hundiendo la lengua en el ombligo de Lana durante unos segundos ejerciendo un mete y saca que la hicieron sollozar. Se mantuvo erguida sobre sus antebrazos y por inercia se lamió los labios observando la intimidad de su novia. Su respiración se alteró al notar el rastro de excitación que manaba de ella. Pasó un dedo que salió brillante y lo observó como si se tratará de un perfecto manjar.

-Tan perfecta – dijo antes de llevarlo a su boca y lamerlo – y tan deliciosa.

-¡Joder! – la morena parecía incapacitada para decir gran cosa con la temperatura de su cuerpo creciendo a un nivel tan intenso.

Jennifer lamió desde el comienzo de la intimidad de Lana hasta su ombligo enganchándose a los poros y el vello de esa pequeña parcela que se despertaron a su paso. Estaba hechizada ante esas reacciones viscerales del cuerpo de su novia. El aroma que despedía era demasiado hipnótico y tentador, sobre todo cuando ella ya sabía el manjar que la esperaba después de haberla probado. Ni dulce, ni salado, que delicia. Hasta en ese detalle tenía Lana que ser tan perfecta.

Descendió con su boca y le dio un beso al clítoris turgente de la morena que dominaba la imagen que tenía delante, regocijándose en la pelvis que se alzaba buscando su contando y en los gemidos que parecían crecer a cada segundo.

-Oh, joder, Jenn – Lana jadeó desesperada cuando la rubia comenzó a lamer lentamente su centro, pasando la lengua desde su entrada hasta su clítoris, para anclar su boca a este punto y succionar.

La humedad creció de manera evidente y Jenn sólo quería sentirla gozar en su boca así que comenzó a lamer cada vez con mayor velocidad el clítoris de la morena, la cual se movía frenéticamente por las sensaciones. Puso un dedo en su entrada, pero no la penetró, sólo jugueteó con él delineando sus pliegues. Los espasmos se hicieron más agresivos y tuvo que apoyar la otra mano para mantener a Lana contra su boca. Rozó el clítoris con sus dientes y luego succionó con fuerza notando como Lana estaba en el borde del clímax así que abrió la boca rodeándolo y conteniéndolo en su interior, mientras lo golpeaba con la lengua sin cesar. Lana levantó la pelvis completamente en señal de estar a punto de llegar.

Entonces, Jennifer la soltó y la levantó hasta dejarla a horcajadas sobre ella con su mano encajada en la intimidad de la morena que sollozaba por no haber alcanzado del todo el orgasmo, por estar al borde del precipicio. No la penetró sino que volvió a dejar dos dedos al borde de su entrada y hundió apenas la punta del tercero dentro. Lana gimió agudamente, empujando su propio cuerpo hacía los dedos de Jenn sin éxito.

-Por favor, Jenn – suplicó.

-¿Qué?

-Por favor – repitió la morena sintiéndose a punto de explotar, de desfallecer de placer.

Jennifer la sostuvo con su otro brazo a ella y acercó su boca al oído de la morena – pídemelo – susurró sensualmente y notó el jadeo profundo que soltó Lana – pídemelo, mi amor – repitió apretando los dientes para reprimir sus propias ganas de penetrarla, cuando la entrada de la morena sufrió un evidente espasmo de necesidad que ella pudo sentir contra sus dedos.

Lana tomó aire para controlar su respiración – fóllame – dijo con la voz grave cortándole la respiración a la rubia – fóllame, Jenn, te necesito – le rogó con desespero – hazme tuya.

La frase terminó interrumpida por un grito de placer que se expandió desde el cuerpo de Lana hasta su garganta cuando Jenn la penetró profundamente con un golpe de muñeca. La rubia gimió sintiéndose dentro de Lana y su entrepierna palpitó bajo la ropa que aún llevaba – siénteme dentro tuyo, mi amor – dijo mientras salía y volvía a entrar.

Las caderas de Lana se unieron al juego de su movimiento profundizándolo y ella resopló. Siguió entrando y saliendo a un ritmo firme con las paredes del interior de Lana apretándose contra sus dedos. Le estaba haciendo el amor a Lana Parrilla, a la mujer que había sido su fantasía y su quimera por tanto tiempo. A la que había amado en silencio durante años aunque ni siquiera lo supiera ella misma. A la que hoy amaba de forma consciente.

-Siénteme – susurró Jenn en su oído con la necesidad latente de hacer notar cómo en este mismo momento era sólo suya - siente como te estoy haciendo mía, Lana, grábate mi voz mientras estoy dentro tuyo – su voz causaba estragos en el raciocinio de la morena – guárdate la sensación de mis dedos dentro de ti porque esto que sentimos hoy es como volver a nacer, ya nada será lo mismo para ninguna después de ser mía, mi amor.

Lana gimió – por favor – suplicó de nuevo – quiero correrme contigo dentro de mí.

Jennifer sollozó al escucharla y aceleró los movimientos de sus dedos empujándolos con sus caderas, usando su otra mano para arrastrar a Lana hasta un beso desmedido, a una guerra donde sus lenguas eran las que batallaban al compás del movimiento de sus cuerpos. Jenn agitó los dedos y arqueó el mayor buscando sensibilizar del todo a su compañera. Notó como todo el cuerpo de la morena se crispó por completo y las paredes de su intimidad se cerraron aprisionando sus dedos. Lana gimió con fuerza su nombre devorada por el orgasmo. Ella mantuvo el movimiento en la medida que pudo para que aquel orgasmo fuera más largo, más intenso.

Lana dejó caer su cabeza sobre el hombro de Jenn cuando el cuerpo le falló debido al placer y gimió suavemente, incapaz de hablar aunque lo intentará.

-No hables, tranquila, amor – le dijo la rubia- besando su frente perlada por el sudor y el esfuerzo, con mucha suavidad salió de su interior y la abrazó contra ella dejándose caer en la cama.

-Oh por favor, Jenn – Lana hacia esfuerzos para intentar expresar lo que sentía.

-¿Ha sido maravilloso para ti también? – preguntó dulcemente la rubia.

Lana mantuvo el silencio unos segundos más, recuperándose mientras besaba el hombro de la rubia y su cuello – sí, pero ¿por qué llevas tanta ropa? Deberías estar desnuda.

Jennifer se rio suavemente – puedes encargarte de igualar las cosas cuando quieras.

La morena desabrochó el sujetador de la rubia y acarició los pechos de Jenn con ambas manos, notando como se despertaban contra sus palmas. Se incorporó y sentó su sexo caliente contra vientre de Jenn que sollozó al notarlo. La rubia acarició su hermoso rostro y acomodó un mechón de cabello rebelde que caía sobre él – eres preciosa, Lana.

-Y tú me vuelves loca – dijo la morena pellizcando los pezones de la rubia que gimió con una mueca de absoluto placer – la expresión que tienes ahora mismo no voy a poder borrarla nunca de mi vida, voy a vivir pensando en verla de nuevo.

-Es lo que me haces, Lana, tú me haces sentir así – confesó Jenn-

Lana miró a la hermosa rubia que se dejaba hacer por sus manos y entonces sus labios se entreabrieron – te amo, Jenn – cualquier movimiento entre las dos se detuvo – estoy enamorada de ti.

La rubia sonrió y Lana fue testigo de cómo sus ojos brillaron – y yo te amo a ti, Lana Parrilla.

Decirlo en voz alta las condujo a una sensación de felicidad diferente. Se amaban, hacía tiempo que ambas, por separado, eran conscientes del amor que sentían por la otra. Luego lo comenzaron a profesar con hechos, con besos, con detalles. Ahora lo ponían en palabras y todo lo demás tenía sentido.

Se besaron dulcemente primero y el beso escaló hasta un grado de pasión diferente. Lana se soltó de su boca para descender hasta su pecho y quitarle el jean con las manos. Se incorporó para quitárselo del todo arrastrando el resto del atuendo, excepto una prenda, y al volver con su boca hasta su pecho, una de sus manos se perdió bajo las bragas de Jenn. Suspiró intensamente al notar la humedad que había entre sus piernas.

-¡Oh! – bufó y acarició con los dedos el sexo de la rubia que gimió con rudeza. Su propio sexo estaba comenzando a palpitar de nuevo antes ese descubrimiento – que mojada.

Jennifer quería decir algo, pero con la boca de Lana rodeando uno de sus pezones no pudo ni respirar -¡Joder! – pronunció con la voz ahogada cuando los dedos de Lana acariciaron su clítoris con un movimiento circular – ¡sí!

Lana estaba completamente hechizada por las sensaciones que se hacían indudables en el cuerpo de la rubia, por la calidez de su sexo y esos pechos perfectos que se ponían más duros a medida que prolongaba las succiones. Con ayuda de Jenn y sin decir una palabra, le quitó las bragas y se recostó sobre ella para seguir lamiendo sus pezones. Los dedos de Lana caminaron hasta la entrada de la rubia y esta levantó las caderas de inmediato.

La morena introdujo dos dedos dentro de ella y Jenn gritó asestada por un golpe placentero. Lana la contuvo con su otra mano, inmovilizándola con sus caderas. Comenzó a entrar y salir de su interior, mientras jugaba con los pezones de Jenn, embistiéndolos esporádicamente, encantada de la sensación de turgencia contra su lengua cuando los succionaba. Los ruidos de la boca y los dedos de Lana eran una tortura para los sentidos de la rubia que apenas acertaba a gemir, reprimiendo los movimientos involuntarios que ejercía tanto placer sobre su cuerpo.

-La sensación de estar dentro de ti, Jenn, es algo que no tiene comparación – le aseguró Lana soltando el pezón que mordisqueaba y lamiéndolo luego – eres tan perfecta – Jenn quería decir que la perfecta no era ella, sino la otra mujer, pero Lana estaba más interesada en tenerla gimiendo, así que no le dejaba mucho margen con sus atenciones – me gusta oírte gemir – se metió el otro pezón en la boca y aceleró el mete-saca de sus dedos – vamos, gime mi nombre, Jenn, quiero oírte gemir mi nombre, el nombre de la mujer que te está follando, que te está haciendo suya.

Jenn prolongó durante unos segundos un gemido de placer intenso y visceral – Lana – gimoteó suavemente luego – te amo, Lana, te amo – lloriqueó – sí, fóllame.

Los dedos de Lana comenzaron a entrar y salir más duramente de su interior, mientras ella descendió con su boca y se detuvo frente al clítoris de la rubia – quiero probarte – dijo antes de lamer con toda la lengua el punto de placer de la rubia – oh, dios – gimió y volvió a repetir el movimiento entre sollozos.

Ese sabor era algo de lo que no podría prescindir nunca más tampoco, así como de la sensación de sentirse atrapada dentro de Jenn que se hacía cada vez más evidente.

-Lana, me voy a correr – consiguió pronunciar la rubia.

-Sí, mi amor, córrete para mí, quiero sentir tu placer.

Dos golpes profundos de muñeca y una succión más tarde, el cuerpo de Jenn llegó al colapso gritando el nombre de la morena y dejándose penetrar más intensamente por ella que no cedió en el movimiento hasta que las paredes del interior de Jenn le impidieron moverse más. Jenn tiró de ella para besarla sin que saliera de su interior.

-Te amo tanto, mi amor – le juró contra su boca – eres increíble.

-Tú sí que lo eres – Lana se dejó caer y con mucha suavidad salió del interior de Jenn lamiendo los restos de su placer de sus dedos.

Jennifer respiró profundamente al verla y luego sonrió al verla reprimir un bostezo – venga, a dormir.

-Pero aún tengo ganas – se quejó la morena.

-Y tenemos tiempo de sobra para quitártelas, pero ahora prefiero que descanses un poco – cobijó a Lana entre sus brazos – no quiero que te duermas a la mitad.

-No creo que sería posible y si sucede puedes despertarme – Lana volvió a bostezar por el cansancio de un viaje largo y las emociones que acababa de vivir. Jenn tenía razón, su cuerpo necesitaba un tiempo muerto – te amo – murmuró de manera apagada con sus ojos cerrándose a pesar de que hacia esfuerzos para que no ocurriera.

-Y yo a ti, ahora duerme, preciosa, mañana podemos repetir tantas veces como quieras.

¿Y? ¿Les gusto? Necesito que me digan lo que sea, pero digan algo, aunque sea "fatal" o "que te caiga una bomba"

Ah... no quiero levantar ninguna expectativa buena o mala, pero pero pero habrá +18 en el otro porque lo he tenido que desdoblar. Se me fue la olla un poco escribiéndolas jajaja!