Cronopios del autor: Gracias por leerme.

ADVERTENCIA: Yaoi.

Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.

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Hyakkoryōran

Por St. Yukiona.

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Otoño: Kinmokusei

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—Kinmokusei

Conocida como dulce osmanthus u olivo fragante en español, el kinmokusei es un árbol con florescencias color naranja vivo nativo de Japón y la mayor parte del sur de China y Taiwan. Cualquier persona fanática del té chino seguramente ha visto este sabor a té anteriormente, y su fragancia ligeramente cítrica seguramente hará cualquier caminata en la naturaleza cerca de estos árboles un feliz paseo. Están relacionadas a la fertilidad, felicidad, amor y familia.

...

Morooka Hisashi es uno de los principales líderes de la aldea, a su cargo estaban todos los centinelas, es quizás uno de los ninjas con más experiencia en el arte del sellado, había sido alumno de Cao Bin, y aunque en un principio fue interrogado y puesto bajo vigilancia todos los cargos se han desestimado con la administración de Viktor quien ha adoptado una política de reforzar fuerzas en lugar de dividir, brindar confianza a quien se ha visto con desconfianza, pues está seguro que tras la muestra de poder incontenible que días anteriores ha ejecutado con Yuuri alguien se quiera poner en su contra. a Mooroka le parece una política inteligente, ganarse aliados por medio de la confianza en lugar que por el temor.

Seguramente Cao Bin hubiera estado en contra de dicha política, sin embargo, el anciano no se encuentra más ahí, por el contrario, es un prófugo buscado por todas las aldeas ocultas, algunas lo buscan para aliarse, otras para entregarlo como regalo a Konoha y otras más para acabarlo y adjudicarse esa victoria. Ha entrado al libro Bingo de todas las naciones como un traidor y el precio por su cabeza es alto. Ahora que ha recogido su libro Bingo actualizado se da cuenta que realmente el precio por la cabeza de su maestro es ridículamente alto. Así de peligroso debe de ser.

—¿Ocurre algo, Morooka-sensei? —cuestiona el chico que está renovando los libros de todos los ninjas en la aldea y Morooka niega tras una leve reverencia.

—Gracias —siempre ha sido un hombre animado, alegre, extrovertido. Se casó bastante grande. Logró concebir con su esposa una niña que actualmente tendría doce años. A la edad de Morooka la mayoría de sus amistades estaban a punto de ser abuelos y él apenas comenzaba, o al menos comenzaría, si no fuese porque su pequeña hija no vivía con él.

La historia oficial era simple: Se había ido a vivir con la abuela de su mujer y su mujer al campo, a un lugar más tranquilo. Ocasionalmente iba con ellas, sobre todo en sus días libres y vacaciones una vez por año. Pero la realidad es que la niña había nacido con un kekkei genkai por parte de los Morooka. Un kekkei genkai que a Hisashi sinceramente le daba mucho miedo.

—Sensei —llama alguien detrás de Morooka y éste se gira sonriendo de inmediato a Yuuri que le ha tocado el brazo.

—Yuuri-san —saluda Hisashi al moreno que sonríe casi de inmediato. Es inevitable no querer imitar a Hisashi, su chispa es contagiosa incluso hasta para alguien tan seco e inexpresivo como Katsuki que alisa con sus manos el yukata que lleva puesto. Así como la placa de Konoha que brilla colgada de su delgado Obi a su cintura, la insignia de Konoha está tachada sin embargo sirve fielmente a la aldea y Morooka sonríe aún más porque reconoce el valor que tiene el chico al presentarse con seguridad ante el resto. Lo admira—. ¿Sucede algo?

Yuuri asiente con un movimiento de cabeza.

Ambos caminan hacia una zona con un poco menos de gente mientras que Morooka se pregunta qué asunto tendrá pendiente Yuuri. Aprovecha a espiarle de cerca, el tema de Yuuri, su sellado y su resurrección -porque no había otra forma de llamar al modo en que había regresado literalmente de una muerte suspendida- era un misterio que él como experto en sellado le interesaba. Sobre todo saber cómo es que había logrado no sufrir algún tipo de trastorno en su cuerpo, atrofia o disminución de su poder. Inclusive los canales de chakra de Yuuri parecían normales, Morooka mismo había solicitado a Minako revisar los resultados de los chequeos médicos del moreno por curiosidad, por estudio, por saber más y no había nada peligroso, por el contrario, lo más cercano a lo que podía comparar era como si Yuuri hubiese despertado tranquilamente de una siesta.

Llegaron hasta una banca debajo de un árbol cerca de la avenida principal y Yuuri se sentó, Morooka lo sigue por inercia también sentándose.

—¿Sabe que estuve con el ANBU?

—Se supone que los asuntos del ANBU son secretos —responde de inmediato Morooka porque no quiere verse involucrado con la guardia ELITE de Konoha, ni mucho menos en asuntos tan escabrosos como los ANBU.

Yuuri niega de inmediato.

—No es nada peligroso... delicado sí, pero no peligroso —confiesa Yuuri y Morooka enarca la ceja.

—¿Qué es lo que ocurre? —pregunta tajante y Yuuri suspira.

—Pues... dentro de los ANBU en algún momento nos mandaron a investigar algo —dice Yuuri mientras acomoda sus anteojos azules, Morooka enarca la ceja—. Ese algo fue su familia, el hokage quería saber si su esposa e hija estaban bien.

—No creo que es algo que debas de decirme —dice el mayor aunque eso ya lo sabía, aún así no puede evitar incomodarse.

—La cosa es que es algo privado...

—Te escucho.

—En la investigación pues no se arrojó nada malo, pero... yo si me di cuenta sobre el sellado que colocó en su hija...

A Hisashi se le va el color del rostro, y es curioso como pensaba en ello y de pronto aparecía un exmiembro del ANBU para hacerle interrogatorio.

—Katsuki-san —dice.

—Su hija está desaparecida ¿no es así?

Morooka entreabre los labios, los cierra y su amable sonrisa desaparece de pronto, su gesto cambia de forma súbita por uno más frío y oscuro. No se quiere imaginar cómo es que Yuuri sabe eso, pero sólo le queda asentir con un movimiento afirmativo de cabeza. Yuuri parece ahora pensar, preocupado, mirando hacia las nubes.

—¿Qué es lo que tenía sellado en su hija, Morooka-sensei?

—Veneno.

Yuuri se alza la manga de su kimono para sacarse, al mismo tiempo una muñequera de tela elástica que le cubre desde la muñeca hasta el codo. Al retirarla lentamente ante el hombre, éste es testigo de cómo pedazos de piel superficial se van con la tela, despegándose de la carne y dejando al aire una herida profunda y podrida de la cual se desprende de pronto un potente olor a rancio, comida descompuesta, carne muerta. A cualquiera se le hubiera revuelto el estómago pero a Morooka, un ninja experimentado no. Mira fijamente a Yuuri, hay una sombra que pesa sobre esos ojos que han perdido todo rastro de vida.

—Cao Bin la está utilizando, y necesito que me digas cómo puedo detenerla porque no la queremos matar pero si no logramos contenerla... Cao Bin nos matará a nosotros...

...

Tuvo que haber sido una misión sencilla, algo fácil. Ni siquiera una firma de paz, sólo un intercambio de pergaminos como invitaciones y un cese de fuego enemigo hasta que se terminaran de establecer la rendición de los enemigos, algo bastante sencillo que en primer lugar a Viktor le hubiera parecido lógico que fuese en Konoha como un acto de buena fe por parte de la Hoja, pero a Yuuri le supuso un dilema permitir la entrada a enemigos potenciales de Konoha a la aldea misma. Exponerse de esa manera no iba a ayudar a resolver nada, por el contrario, aunque el resto de las aldeas parecían estar bastante intimidadas por aquel despliegue de fuerza por parte de los dos hombres más fuertes, en ese momento, en Konoha, Yuuri no se confiaba.

Por el contrario, el moreno siempre supo que dar ese tipo de demostración sería un arma de doble filo: Podía interpretarse como una advertencia, pero también podía parecer una invitación a que los enemigos fueran a probar la fuerza de Konoha, y por Dios que hubiera preferido mil veces que todos simplemente se quedaran quietos y firmaran el jodido tratado de paz pero era demasiado pedir.

Viktor hubiera deseado tener razón por lo menos una vez, y Yuuri también hubiese preferido que el mayor la tuviera, pero como siempre: piensa mal y acertaras. En el caso de Yuuri, siempre funcionaba así.

—¡Capitán! —gritó Giacometti mientras que los enemigos salían de sus escondites lanzando bombas de gas venenoso que hizo retroceder a los de Konoha apenas llegaron.

—Ataquen —ordenó Yuuri mientras que divisaba a los ninjas que corrían hacia el acantilado—. No, no los sigan... —señaló deteniendo a los hombres bajo su cargo: Giacometti, Yuri y dos chuunin más que él no conocía todos hicieron caso—. Es obvio que es una emboscada.

Estaban a la expectativa cubriéndose la boca y la nariz con un brazo.

—Hubiera sido mejor que se fueran a la emboscada —dijo alguien entre las sombras mientras el grupo de ninjas de Konoha se dispersaba en una nueva formación para no recibir el ataque directamente y de esta manera evitar la mayor cantidad de bajas, sin embargo en esta nueva formación también buscaban huir pues les superaban en poder y número, y aunque llevaban a Yuuri con ellos, era mejor una retirada a dejar recaer toda la responsabilidad sobre alguien que sin duda era valioso para Konoha.

Después de algunos minutos todos los ninjas de Konoha corrían a toda velocidad sorteando los ataques, regresándolos, pero en su mayoría de las veces solo esquivándolos. Yuuri iba más atrás al ser uno de los más experimentados junto con Yuri que quería averiguar si realmente eran ninjas de la franja enemiga o un grupo terrorista.

Una kunai rompió el viento haciendo que Yuuri saltara quedándose rezagado del grupo, dio otro saltó cuando otra más casi se entierra en su hombro pues no alcanzaba a sacar un arma para contrarrestar, y de hecho, tuvo que moverse una vez más retrocediendo debido al cerrado asedio de estrellas ninjas que de pronto se desató.

—¡Yuuri! —gritó Yuri.

—Sigan adelante —gritó el moreno sacando su arma para repeler el ataque enemigo con una mano y con la otra morder uno de sus dedos pulgares para obtener un poco de su sangre y de esa manera invocar a sus cuervos pero apenas aparecieron una furiosa llamarada incinero todo. Yuuri tuvo que usar una técnica de defensa del tipo tierra para evadir el ataque, aguardándose en el suelo en un capullo donde guardó un poco de oxigeno.

Su corazón latía a mil por hora pero se detuvo al instante en que sintió movimiento encima de su escondite y una mano le cogió del brazo izquierdo, el ninja de Konoha apartó bruscamente su brazo teniendo que hacer un ataque con hierbas que brotaron para alejar al enemigo pues de pronto la tierra comenzaba a estar envenenada. Salió del agujero tosiendo varias veces. Sacó un par de kunais alerta mirando hacia el frente donde su oponente se volvía visible. Las raíces con las que había atacado Yuuri se habían pudrido hasta un estado de descomposición avanzada en cuestión de segundos y Katsuki no se lo podía creer.

El moreno tragó saliva mirando fijamente a los ojos carmín que le devolvían la mirada, sin vida, sin luz, sin una pizca de humanidad.

Su dedo dentro del anillo de la kunai se movió para hacer girar el arma y después sostenerla furiosamente, preparándose fieramente para defender. No sabía que tipo de adversario era, ni que poderes ostentaba aquella presencia, pero no perecería, no caería con facilidad, no cuando alguien tan peligroso como aquella persona existía poniendo en riesgo a todo lo que él amaba. Aunque esa misma persona, tuviera la apariencia de una niña. Una pequeña niña.

Sus ojos se encontraban y el viento de la región desacomodó el cabello de ambos, la molesta tierra desprendida del suelo le picaba en los ojos a Yuuri que hizo uso de todas sus fuerzas porque aunque le ardían los ojos, no podía parpadear. Ninguno de los dos se movió durante largos minutos hasta que ella por fin habló.

—¿Eras Katsuki Yuuri? —murmuró la menor frente a él.

—Soy Katsuki Yuuri —dijo el moreno con auténtica seriedad.

—Y yo soy Haru —respondió en un tono suave recogiendo una florecita que se había desprendido de algún sitio, en realidad era una flor que Yuuri había soltado a propósito en algún momento antes y contenía un poderoso veneno, al contacto ella caería inconsciente o mínimo sin la capacidad de movilidad, pero la flor no hizo efecto alguno, incluso se marchitó en las manos de la menor, quien acercó la misma marchita hasta su nariz, la cual olió profundamente, después miró a Yuuri—. Cao-sensei dijo que podría jugar contigo... tú no te marchitarías... —la niña apretó la flor ya desecha en su mano y al abrirla solo un vapor verdoso quedó como prueba de su existencia—. ¿Es eso cierto? —murmuró antes de dar un paso hacia Yuuri, luego otro y otro más hasta que se convirtió en una carrera hacia el moreno.

Yuuri no tuvo que tardar en comprender cuál era el auténtico poder de aquella pequeña criatura.

...

—Apenas fui capaz de huir con vida... —dice en voz muy baja Yuuri mirando a ningún punto en específico.

—¿Ella te tocó? —susurra Morooka después de que Yuuri hubiese acabado la narración de su encuentro.

Yuuri afirma, Morooka le ha ayudado a vendar la herida pues no puede volverse a poner aquel guantelete.

—Su poder ha avanzado demasiado desde que dejó la casa —informa en voz baja. Yuuri mira al frente pensativo mientras que acaricia su propia mano.

—Es una niña... no sabía que era tu hija en ese momento... ataque a matar porque es discípula del mismísimo Cao Bin, salió ilesa y yo acabé con un brazo en un lento estado de descomposición...

—¿Alguien más sabe que ella...

Yuuri niega con un movimiento sútil de cabeza.

—No le he informado al hokage, Morooka... pero tendré que hacerlo, sólo sentí que era correcto informarlo antes de que el resto lo supieran porque no será difícil unir los cabos sueltos.

—¿Cómo lo supiste?

—Se llama Haru, igual que tu hija... tengo buena memoria y... la evacuación a tu familia... —Yuuri alca los hombros y después suspira, Morooka también lo hace volviendo a quedar en silencio.

—¿Tu brazo estará bien? —de algún modo se siente culpable por todo lo que está ocurriendo, de hecho se siente miserable, abrumado y un sinfín de sentimientos a los que no les encuentra un nombre.

—Mi propio cuerpo está luchando por regenerar la carne que se está pudriendo... como dijo ella "puedo jugar contigo para que no te marchites"... cualquier otro perecería a su toque... es un arma letal, un enfrentamiento a corto alcance es imposible... si Cao Bin mantiene a Haru con él todo el tiempo será prácticamente imposible acercarnos a él... —Yuuri no quiere insistir pero necesita saber si hay alguna forma de derrotar a la niña, saber antecedentes o algo por el estilo, está entrenado para la extracción de información, sin embargo no quiere aplicarla con Morooka, tampoco quiere amenazarlo.

Ambos saben que al momento de que se sepa sobre la existencia de Haru, el peligro potencial que es y su parentesco con Morooka, éste pasará por pie propio o no al centro de interrogatorios donde será sometido a un montón de procedimientos. Aunque él lo niegue porque de verdad no sepa nada seguirá siendo interrogado hasta la humillación misma. Yuuri no quiere que pase eso y Morooka lo sabe.

—Me encantaría poder decirte algo, Yuuri... pero... simplemente nació con ese gen... hace años mi familia no lo presentaba pero... Haru-chan nació con él... mi esposa tuvo un embarazo difícil y su parto tampoco fue sencillo... nos dimos cuenta desde temprana edad y... sólo lo pude sellar... fingí que no pasaba y... eso me hizo alejarme de ellas, ahora este es el resultado.

—Huir de los problemas jamás es una opción —dice en voz alta más para él que para el hombre a su lado. Yuuri acaricia distraídamente su brazo—. El camino del ninja es bastante complicado... tenemos responsabilidades, vivimos rodeados de peligro y nuestro cuerpo no es nuestro, pertenece al campo de batalla... estamos hechos de guerra... lo lamento, Morooka... —murmura Yuuri incorporándose mientras que se incorpora de la banca donde ha estado sentado con el hombre, le mira a los ojos—. De verdad lo lamento...

—No tienes que preocuparte, Yuuri —murmura—. Yo hubiera hecho justamente lo mismo... y entiendo que lo haces para proteger a tu familia, Hiroko hubiera estado orgullosa de ti...

Yuuri sonríe débilmente mientras cuatro sombras aparecen en un pestañeo alrededor de Morooka que las observa, hay frustración y vergüenza.

—Katsuki Yuuri —susurra Morooka y el moreno alza la mirada al hombre que consideró familiar desde su infancia—. Si eres tú quien... —no se atrevía a decirlo—, quien le corresponde llevar a cabo esa misión... te suplico que no la hagas sufrir.

El moreno traga saliva y asiente antes de que el hombre aspirara por la nariz, volviendo a ver a las cuatro sombras que siguen sin moverse. Las frías expresiones de las máscaras ANBU y el color que surca en ellas hacen que se le revuelva el estómago a Morooka, mira a Yuuri y sabe sin problema que ha sido cosa de Viktor el enviar primero a Yuuri para tratar de buscar información antes de tener que enviar la artillería pesada, y agradece ese gesto de humanidad pero...

Morooka cierra los ojos solo para después abrirlos y tirando de manera absurdamente rápida pergaminos hacia los ANBUS quienes saltan, dos son atrapados por los pergaminos. Estos al adherirse contra la piel se transforman en cadenas que hacen sucumbir los cuerpos de los ninjas. Yuuri hace varios jutsus con las manos dejando caer, del piso brotan enormes enredaderas que tratan de alcanzar los pies de Morooka pero este salta, no obstante no advierte el ANBU que arriba de su cabeza hace una técnica de fuego, Morooka lanza otro pergamino hacia el ataque pero otro ANBU más le ataca de forma lateral. Tres ninjas nivel ANBU para aprensarlo.

A Viktor no le sorprende en lo más mínimo que se resistiera, ni mucho menos le sorprende cuando le informan del cuartel de interrogatorios que es inútil acceder a sus memorias más añejas, hay técnicas de barreras mentales. Morooka es de los ninjas más experimentados en el sellado no por nada formaba parte del concejo de guerra y el joven líder de la aldea mira pensativo el informe que le han entregado. Yuuri se mantiene en silencio a su lado con sus manos detrás de su cuerpo observando a Viktor.

Yuri, Giacometti, Sara y Minako están ahí mismo en la oficina.

—No nos quedan muchas opciones... —dice Viktor pensativo—. El concejo se está desmoronando lentamente...

—Aunque fue muy buena estrategia el enviar primero al capitán Yuuri, de ese modo el ataque a Morooka no pareció tan... —no sabía cómo decirlo Giacometti.

—Aunque no fue suficiente, y mucha gente quedó inconforme —comenta ahora Yuri.

—El impacto hubiera sido mucho peor —murmura Yuuri mirando por la ventana—. Lo mejor será que se rehaga nuevamente la barrera del Trébol para evitar infiltrados, la aldea ahora mismo se encuentra vulnerable.

Viktor bufa, y asiente a lo dicho por el menor.

—Yuri, necesito un informe sobre todas las actividades de cada uno de los shinobis de la aldea, Chris y Sara redoblen la vigilancia con escuadras de chuunin y uno o dos ANBUs, quiero patrullaje perimetral alrededor de la aldea, y la orden es que si ven algo sospechoso tienen prohibido enfrentarlo por cuenta propia, en estos momentos subidos a alerta nivel dos... —ordena con firmeza el Hokage.

Yuuri le observa en silencio.

—Minako, será mejor que se entregue a los pobladores información sobre rutas de evacuación, nada por escrito, todo verbal... pero si entregar folletos sobre qué hacer en caso de envenenamiento... habilita una ala especial que pueda seguir funcional en caso de ataques... —Minako asiente.

—Tienen sus ordenes —señala Viktor.

—Sí, hokage-sama —dicen al unisono.

Cuando el despacho se queda en silencio, Viktor sigue mirando la puerta de su oficina, Yuuri rodea la silla por detrás de la misma viendo hacia la aldea, después pasa su mano por los hombros de Viktor y besa su mejilla.

Es raro que él tenga momentos de iniciativa, pero entiende perfectamente como es que Viktor se siente.

—No creo que sea buena idea tener un pánico colectivo en estos momentos, Viktor...

—Pero tampoco puedo permitir que la gente quede vulnerable por estar desinflamada... pasó hace unos años y las consecuencias fueron terribles, aún hay familias llorando a sus muertos —murmura el albino y Yuuri asiente. Se aleja para sentarse en el borde de la ventana, se cruza de brazos y su gesto pensativo se pierde en las luces de la aldea que de a poco se van prendiendo.

A pesar que la electricidad funciona perfectamente aún hay establecimientos que siguen prendiendo lamparas de papel, y de hecho, es la época del año en que casi cada casa tiene una colgada fuera de alguna de sus ventanas. En Konoha se tiene la tradición de que durante todo el primer mes de invierno aquellas familias que han perdido un miembro de la familia encienden una farola roja, durante ese breve periodo de tiempo, es decir cada noche durante un mes, ese miembro que no se encuentra físicamente en el mundo terrenal podrá sentarse a la mesa o recorrer el mundo, viendo a sus seres queridos dormir, acompañándoles en sueños.

—¿Qué haces? —susurra Viktor y Yuuri reacciona mientras que gira su mirada hacia quien le ha llamado.

—Lo siento... —parpadea confundido el moreno al ver al mayor colocándose un abrigo—. ¿Tú qué estás haciendo?

—Acabe mi papeleo... necesito dormir en mi cama un poco... y mi prometido regreso hoy de misión, quisiera besarlo apropiadamente... creo que el muy tonto se ha lastimado y estoy muy preocupado —dice Viktor y Yuuri bufa acomodándose los lentes.

—No tienes remedio, Viktor Nikiforov, Hokage-sama —responde Yuuri mientras que se acerca al mayor que le espera con el haori que combina con la yukata que usa en ese momento el menor. Éste desliza sus brazos por las mangas. Minutos después la oficina queda en silencio, un pequeño cuervo grazna desde un mueble.

...

Apenas salen a Yuuri se le pone roja la nariz y las orejas, se abraza metiendo sus manos debajo de sus axilas por dentro del haori, Viktor parece muy cómodo, ríe bajito porque Yuuri es como una planta, deja de funcionar cuando no recibe luz de sol, su fotosíntesis se detiene y se vuelve torpe y lento para caminar. Le pone por encima su abrigo y Yuuri alca la mirada al hokage que le sonríe.

—No lo necesito... —excusa Viktor aunque también tiene la nariz roja y las orejas del mismo modo.

Ambos caminan en silencio y ven hacia los mismos lugares: Los puestos de las farolas. La mayoría son rojas hechas de papel. Las tradicionales son cuadradas y parecen una caja, con una estructura sencilla de metal y en el centro un soporte para colocar las veladoras, sin embargo con el tiempo los artesanos encontraron negocio haciendo diseños más complicados y costosos. Hay en forma de aves fénix, en forma de flores, en formas geométricas que además decoran con otros elementos como piedras de fantasía y listones. Éstas se cuelgan a una distancia considerable de la ventana para que no ocurran accidentes, solo en ocasiones aisladas ha habido accidentes del tipo domestico y casi siempre por descuido, así que sigue siendo una de las pocas tradiciones que persisten desde la fundación de la aldea.

Las carretas callejeras están rodeadas por la gente que quiere comprar las suyas, hay quienes prefieren hacerlas en casa. A Yuuri se le había olvidado esa tradición y no sabía lo mucho que la había extrañado, y lo extraño que era ahora todo, distante. Mira las farolas y a los niños correr con ellas. Aunque es una tradición para memorar a los muertos, los niños las disfrutan porque la estampa de las lámparas encendidas es llamativa y exótica. Hay una sensación de festividad en la aldea.

—¿Quieres que pasemos a comprar algo antes de llegar a casa? —cuestiona Viktor con curiosidad porque nota el interés de Yuuri en cada puesto que hay en la calle.

Yuuri niega.

—Vayamos a casa antes que mi prometido se ponga histérico, con él es como tener cuatro hijos en lugar de dos... —dice Yuuri y Viktor le riñe infantilmente, ambos ríen, y Viktor lo abraza por los hombros meciéndose. La gente los saluda con respetuosas reverencias que ellos regresan, Yuuri un poco más tímido que Viktor.

Cuando llegan a casa Ren y Umi se encuentran en el pasillo del patio interior de la casa con varillas de bambú, pegamento, tijeras y papel de arroz rojo.

—¡El mío le va a gustar más!

—Mentira...

—Eres un fracaso haciendo manualidades.

—¡Cállate! —y los gemelos ruegan empujándose por el patio.

—¿Qué están haciendo? —susurra Yuuri mirándoles con seriedad, Viktor ríe y azuza un: "Están en problemas".

Ren y Umi se separan de inmediato, mientras tanto corren para sacudirse la ropa y mostrar a su padre sus obras de arte.

—Esta es para el abuelo Toshio —dice Umi entregando una bonita lampara roja con flores picadas a los lados, mientras que, tímido y algo enfadado aparece Ren que le extiende a Yuuri lo que se supone debería de ser una lampara.

Yuuri enarca la ceja y recibe el farolillo de Ren.

—Es... para la abuela Hiroko... —sus mejillas son tan rojas como el papel rojo, Ren desvía la mirada y a Yuuri se le encoge un poquito el corazón.

—¿Ustedes las hicieron... para mis padres? —murmura Yuuri incrédulo mientras que las observa, las mantiene en sus manos cada una, los gemelos se miran entre sí. Ren afirma suavemente, aún avergonzado por sus nulas habilidades para las artes manuales.

—Cada año... las han hecho ellos... —masculla Viktor detrás de Yuuri que se gira con ojos brillantes y sinceramente conmovido, cuando niño jamás hizo una así que no sabría como hacerlas, les agradece a los niños con una sonrisa y las entrega de regreso.

—Vayan a colocarle las velas para ponerlas en las ventanas... —dice Yuuri y ambos niños afirman, corren a la cocina. Yuuri los ve aún pelear, en pocas cosas sobresale Umi así que al tener la ventaja sobre Ren se lo hace saber hasta que el menor se siente enfadado y empiezan a discutir, pero es una discusión sana porque al final ambos terminan riendo.

Yuuri traga saliva y se da cuenta que hay mucho por lo cual vivir, mucho por lo cual soportar un poco más.

Quizás su cuerpo no es suyo, pero su alma y corazón está en la existencia de su familia, la que está con él en esa bonita casa, como la que apenas llegará del más allá a saludarle y acompañarle mientras esas bonitas lamparas de papel alumbren en la oscuridad. Sus ojos buscan los de Viktor, éste interpreta rápidamente la mirada ajena y sabe lo que significa, se acerca para rodearlo lentamente, abrazándole fuertemente. Yuuri recarga un poco su cabeza contra el cuerpo de Viktor.

Vale la pena luchar, hasta desfallecer.

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St. Yukiona.

Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.

(Por cierto, ¿Ya me siguen en mis redes sociales? Facebook donde comparto cositas de anime: /tiayukiona y mi Insta donde les platico de mis viajes: Styukionna, espero me sigan y poder compartir más tiempo juntos. ¡Saludos y besotes, Mazapanes!).