Cronopios del autor: Gracias por leerme.

ADVERTENCIA: Yaoi.

Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.

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Hyakkoryōran

Por St. Yukiona.

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Otoño: Kiku

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Kiku

Tal vez la flor más famosa de Japón es la flor kiku, o crisantemo, la cual aparece a lo largo de la literatura, en la cresta de la Familia Imperial y en las monedas de 50 yenes, pero no se piensa que sean flores otoñales a pesar de que florecen profusamente en esta época del año.

Su significado está relacionado con personas elegantes, fuertes y distinguidas, el florecimiento de la flor es un agradecimiento de la tierra para los jornaleros que trabajaron arduamente durante la siembra y la cosecha. Al mismo tiempo está relacionada con el sacrificio por amor.

...

Hay una niña parada a los pies de la segunda cama de siembra del huerto en el que Yuuri ha estado trabajando sin cesar. Es un sitio que es vigilado constantemente porque es importante para el desarrollo sustentable de la aldea, si la técnica de Katsuki funciona ahí podría replicarla y ser usada en los campos de cultivos generales, de esa manera la escasez de alimentos no sería un problema. Así que cuando uno de los centinelas ve a la pequeña tuerce los labios y se acerca tímidamente.

Es Takahiro, el hermano mayor de Minami Kenjiro, no es bueno con las niñas, en casa todos sus hermanos son hombres y sus hijos también nacieron con hombres, no sabe cómo tratar a las chicas así que procurará no ser tan tosco para no asustarla. Le basta con acercarse un poco y sonreír levemente porque es una niña muy bonita, y le da pena que va descalza, sus ropas se ven un poco sucias y desgastada, quizás es un niño de alguna aldea vecina que busca alimento, con la escaces que hay ene sos días no es anormal ver a niños vagando solos buscando sustento, la entiende pero aunque quiera no puede tocar ninguno de los vegetales que ahí crecen pues no sabe cómo reaccionarán el resto del cultivo, si el flujo de chakra cambia o si la niña, de forma involuntaria, vierte chakra ahí. Después de todo es un experimento de Katsuki Yuuri para solventar las necesidades de comida de la villa y los alrededores.

—Oye —le habla y la niña no se mueve, sólo mira la tomatera y el gordo tomate que ahí se muestra. Es brillante y muy rojo. Es llamativo—. Oye... niña —murmura él, con calma—. No pue-

Pero es demasiado tarde porque la niña arranca el tomate, Takahiro siente nauseas porque seguro le van a reñir, espera que Yuuri no se enfade mucho con él. Aunque todo pensamiento se queda a la mitad de su pensamiento cuando nota como la niña da una mordida y con la mano libre toca una de las hojas de la tomatera y ésta comienza a pedrirse rápidamente, y contagia a otras y a otras, y toda la cama completa se seca. Takahiro se queda sin palabras cuando cae en sí mismo el hombre baja la mirada a la niña que le observa directamente con ojos intensos, rojos, como los del tomate.

Lo último que atiende a hacer es a tratar de tomar distancia sin dejar de ver la boca manchada de rojo de la niña que le sonríe de medio lado. Apenas lo roza, y el chunnin tiene el mismo destino que la tomatera, la coliflor, los pepinos y el resto de la cama de siembra.

—¿Crees que haya sido ella? —susurra Viktor a Yuuri que observa con el ceño fruncido el cuerpo de Takahiro. Es reconocido porque concuerda con la ruta de vigilancia y la ausencia al momento de pasar lista. De otra manera sería sencillamente imposible llegar a reconocerle.

Su rostro, su cuerpo, su piel, todo ha quedado consumido, arrugado como si hubiera pasado en segundos por el estado de descomposición de un cuerpo enterrado hace 100 años. Además, hay hedor terrible en la zona, a podrido. Yuuri frunce el ceño.

—Debe de ser ella —responde Yuuri mientras que acaricia su sien, el olor lo tiene mareado, no hay registro de veneno, pero es nauseabundo—. Debemos de advertir a los hombres que ella tiene la apariencia de una niña... además no pueden ir con la guardia baja si encuentran a alguien que no es de la aldea —inquiere mientras el cuerpo es retirado. No hay nada que se pueda hacer—. Deberías de considerar que las guardias las hagan equipos de tres o cuatro personas... el patrullaje en solitario ya no es una opción.

—De inmediato daré la orden para que se reasignen los grupos.

Los dos hombres observan con intriga lo mismo: De las veinte camas de siembra sólo fueron contaminadas seis. Aquellas que tenían plantas de tomates, el resto parece intactas.

—Me recuerda el plato de un niño caprichoso que no le gusto su comida y dejó los tomates de lado... —susurra Viktor mientras que suspira y limpia sus manos tras tocar una de las frutas que encontró en el suelo.

—Es una mujer de veinticinco años con problemas con su padre que la ocultó de todos pero se comporta como niña, actúa como niña y tiene un poder monstruoso... creo que es más problemático que un niño caprichoso —señala el menor de los dos antes de que Yuuri tuerza los labios—. Retírense —ordena Yuuri mientras que suspira y se prepara, es cierto que es capaz de hacer crecer hierbas y plantas, pero también puede hacerlas morir.

No ve el caso de mantener el cultivo, no saben que pudo haber hecho la chica con el resto de las plantaciones, alguna técnica secreta un modo de infiltración a la aldea, todo puede ser posible, así que opta por hacer desaparecer todo. Hace movimiento de manos, invoca un jutso y deja caer ambas palmas contra la tierra, las plantas crecidas se marchitan en segundos. Yuuri mira el trabajo de varios meses desperdiciado. Viktor suspira, pues entiende la frustración del moreno.

—Deberías de hacer el cultivo en la tierra de la aldea, dentro donde lo puedas proteger —sentencia Viktor y Yuuri le mira de reojo.

—Deberías hacerle caso a tu novio —dice una voz detrás de ello y Yuuri empuja a Viktor mientras que es él el que responde al ataque de las cuchillas que fueron lanzadas desde las ramas de las copas de los árboles más cercanos. Es rápido al sacar una kunai para desviar las cuchillas y afila la mirada.

Los jounin que acompañan en la comisión de investigación rodean al hokage que frunce el ceño preparándose.

—Yuuri —llama al moreno cuando éste es atacado de forma directa por ramas con espinas, Yuuri mueve sus manos y toca su vientre antes de alzar el brazo, la seda que lleva enredada en la cintura se dispara firmemente hacia el bosque destruyendo una rama en un estruendoso ruido. Una sombra salta al suelo y la seda sigue la sombra quien evade a la perfección los ataques. Yuuri no deja de mover sus manos guiando el camino de la seda, y la regresa para usarla como escudo cuando aquella presencia corre hacia él lanzando cuchillas.

Viktor salta delante de Yuuri mientras que hace una barrera de hielo y los jounin se disponen a atacar a la otra persona. Yuuri suelta un largo suspiro mientras se arranca una de las cuchillas del brazo mira la piel de su brazo que se tiñe de un color verdoso y después morado. Aprieta los labios antes de saltar a la batalla.

—No dejen que las cuhillas los toquen tienen... —se queda callado porque han caído tres de los cinco jounin—, veneno... —reza en voz baja mientras que corre hacia ella. Y antes de poderla tocar del suelo brota un rugido, y garras que hacen abrir el suelo. Yuuri salta hacia atrás mientras que los ninjas de Konoha se replegan en una posición de defensa. Viktor ayuda a los caídos, pero el tiempo se detiene brevemente cuando el rugido que hace estremecer el corazón de todos se presenta.

La pequeña los observa como si fueran escoria sus ojos rojos se iluminan con cierta felicidad apenas las bestias terminan de emerger de por debajo de la tierra mientras sacuden su pelaje graso. Vuelven a rugir fuertemente y los jounin que aún están bien se incorporan.

—No es un genjutsu... —dice Viktor en un hilo de voz.

—No... no lo es —masculla Yuuri y gime—. ¿Quién fue el encargado de ejecutar a Chihoko? —susurra.

Viktor aprieta los labios y por primera vez, quizás segunda vez, en toda su vida, siente mucho miedo. Porque ya no es un niño al que el valor le sobre, y la adultez lo ha hecho cobarde y consciente de todo lo que tiene por perder.

—Da la orden... —susurra Yuuri.

El hokage aspira por la nariz, porque aunque quiere tomar a Yuuri y salir corriendo, conoce cuál es el movimiento más inteligente en ese momento, Katsuki también lo sabe y no tienen que perder más tiempo, más ahora que Haru, la pequeña niña de ojos rojos, camina lentamente hacia ellos.

—Katsuki... ¿Cuánto tiempo nos puedes dar? —susurra Viktor.

Yuuri mira a las dos bestias, a Haru y suspira profundamente.

—Cinco minutos... —suelta.

—Más que suficiente —inquiere Viktor mientras que carga a uno de los jounin y los otros dos cargan a uno cada quien.

Haru sonríe.

—¿Piensan huir? —dice antes de saltar y hacer un jutsu con sus manos—. Ninjutsu: Lluvia tóxica —declara mientras las bestias corren desbocadas hacia donde están los ninjas, Yuuri jadea.

Deja caer sus manos contra el suelo, ejerciendo todo el chakra de que es poseedor en ese instante mientras una ola grande de flores ataca derribando primero a las bestias que se ahogan y después el pedazo de seda voló directo al cuello de Haru empezando a estrangularla. Haru cae de golpe hacia el bloque de flores mientras lucha por sacarse el pedazo de tela del cuello que aprieta más y más. Yuuri gime y respira con la boca abierta haciendo uso inhumano de su poder.

—Ahhh —grita porque siente como el chakra se le drena por completo, pero vale la pena, sabe que no será suficiente pero quiere creer que al menos puede asesinar a Haru, el poder le empieza a menguar—. Toque del diablo —dice mientras entierra su mano a la cama de flores y las flores se vuelven venenosas, antes de soltar por completo el agarre y sostenerse contra el suelo mirando doble como Haru aún sigue con vida.

—Eres estúpido... intentando ahogar a un pez con agua... o a un humano con oxígeno —dice Haru con la voz extraña. Yuuri se incorpora sacando un par de kunais para defenderse pero su pie es atravesado por una garra y es sumergido a su propio ataúd de flores.

...

—Vienen detrás de nosotros —dice uno de los shinobis mientras que Viktor asiente, puede ver las puertas de la aldea a unos metros, los centinelas saltan sobre sus cabezas y Viktor se concentra en correr más rápido, un ANBU le quita el herido al hokage y otro más aparece a su lado—. Evacuen a los civiles, suenen la campana de alerta y manda allamar a todas las unidades, Konoha está bajo...—no alcanza a decir nada más cuando un rugido y varios gritas se escuchan desde el fondo del camino. Después varios gritos en el interior de la aldea.

Sara no duda más tiempo y desaparece para ir a coordinar lo que el hokage le ha indicado mientras el albino corre al interior de la aldea para ver qué está pasando.

Hay caos en las calles, la gente corre, llora y otra se ha hincado a rezar porque no quieren caer en la paranoia que los llena. Hay gritos por todos lados y los shinobi de la aldea oculta de la hoja asisten para resguardar a todos los civiles, aprovechan mientras otros contienen a la bestia que ha empezado a devorar a un hombre que lamentablemente se cruzó en su camino. La escena es grotesca pero ese sacrificio le vale la vida a miles de personas que corren hacia los refugios.

—Otabek, Giacometti lleven sus escuadrones hacia la entrada de la aldea... yo me encargaré de esto... alejen a todos los civiles del perímetro —dice Viktor mientras que los otros dos asienten desapareciendo y el resto de los shinobi corren—. ¡Preparados! —grita Viktor antes de unir sus manos, concentrar su chakra, un vaho frío es exhalado por su boca antes de abrir sus ojos, estos brillan haciendo resaltar el azul polar de sus ojos, muerde su dedo—. Técnica de invocación: Dragón de hielo —inquiere mientras en el suelo se forma un círculo de invocación que se ilumina con la sangre de Viktor en un tono azul y blanco, antes de que un enorme dragón azul brotara desde el suelo arremetiendo contra la bestia que deja caer al piso un pedazo de brazo que había estado masticando.

La bestia lucha contra el dragón, varios edificios cedieron a los impactos que recibían ante el forcejeo y una segunda bestia se abre paso desde el suelo rompiendo tuberías, Viktor reacciona tarde congelando esa agua pues la bestia ha alcanzado a enterrar sus garras en el cuerpo del dragón serpentino que se mueve aún luchando y rugiendo contra la otra bestia. El albino respira con tranquilidad tratando de mantener en calma su pensamiento mientras que siente otro chakra llegando desde las alturas y se hace a un lado protegiéndose con una pared de hielo de la explosión.

—Oh señor Hokage... aún le falta un poco de experiencia... —ronronea una voz que a Viktor no se le hace familiar, pero tiene más historia juntos de lo que él quisiera reconocer. Una figura femenina emerge del hoyo que ha hecho la última bestia.

La cortina de polvo, humo y desperdicio por la destrucción de los edificios se disipa tras una corriente de aire, el bonito rostro de una mujer madura aparece. Su cabello caoba, su figura delineada por un vestido blanco abierto a los costados hasta sus caderas y un pantalón del mismo tono debajo del vestido. Viktor aprieta los puños mientras se prepara, toca sus manos formando unas garras de hielo, a su lado aparece Minami Kenjiro y Yuri Plisetsky para apoyar.

—Aunque... reconozco que es tan guapo que dijeron que era —exclama y la bomba del gas de una de una de las casas explota pero ninguno se inmuta, la mujer sonríe más ampliamente, Mila llega enseguida y se queda fría al ver a aquella mujer ahí parada delante de ellos—. Tan guapo como para hacer dudar de su heterosexualidad a mi Yuuri...

Viktor siente la sangre hervir un poco más.

—Chihoko Kin... —susurra la pelirroja y Viktor aprieta los dientes al grado que le duele la cara por lo tenso que está, pero después se relaja y se ríe bajito.

—Así que eres la famosa Chihoko Kin... me encantaría decir que es un placer conocerte pero prefiero como estabas —sentencia entrecerrando la mirada—, muerta.

—¿Quién te dijo que estaba muerta, querido? —responde—. Aunque... estamos de acuerdo... yo también te quiero de la misma manera... —se relame los labios antes de prepararse pues Viktor Nikiforov corre hacia ella esperando cortarle el cuello de una vez por todas.

...

Los civiles corrían desesperados empujándose los unos a otros para darse prisa para correr hacia la zona de seguridad mientras los ninjas que no estaban al frente de batalla, los seleccionados por el hokage desde hacía un tiempo se preparaban concentrando su chakra uniendo sus manos para después separarlas y desplegar una barrera mucho más poderosa para proteger la zona de los albergues donde todos los aldeanos de Konoha podrían estar a salvo de la inesperada invasión.

Los niños que estaban en la academia habían sido llevados por el subterráneo a otra área de seguridad. Así como los gennin quienes cuidaban de sus compañeros. Dos escuadras ANBU iban con los niños, la generación que debía de crecer en caso de que los grandes ninjas cayeran en batalla. El rostro de preocupación y frustración se repetía en el cara de todos los infantes que corrían pues el pensamiento general era el de querer estar grande para poder luchar al frente con sus padres, sus hermanos, sus maestros, sin embargo la orden había sido dada y ellos debían de irse tan pronto como fuera posible y no volver si no hasta que todo estuviera bajo control.

Hiromi recibió el pergamino donde debía de marcar con una huella de sangre el cuadro junto a su nombre e imprimir un poco de su chakra ahí para recibir la clave secreta de la aldea, era una clave que solo el hokage y los niños sabrían ahora, ni siquiera los ANBU. Este registro servía para que al momento de que los niños regresaran a casa corroboraran que de verdad eran ellos y no un enemigo, y al mismo tiempo los niños supieran que la persona que los iba a recibir era de verdad el hokage y no un impostor. La kunoichi marcó su nombre y se giró buscando a Umi.

Para ese instante Umi corre con su hermano, saltando sobre los escombros que han quedado por toda la aldea pues dos bestias más se lograron infiltrar y era un total de seis. Los niños se detienen en seco escondiéndose detrás de una pared mirando por el filo de la misma, los alaridos y gruñidos les provoca una arritmia y se tienen que agachar cuando hay una explosión pero el ruido se aleja de aquella zona.

—Papá te dijo que debías de irte en caso de que ocurriera algo como esto —Regaña Ren.

Su gemelo hace un puchero.

—¡Pero no podía dejarte! —discute Umi y corren juntos hasta la siguiente pared cruzando por la calle donde se llevaba acabo un enfrentamiento, su objetivo es llegar hasta el albergue civil porque las puertas del albergue subterráneo para estudiantes ya se sellaron. Umi había huido de la escuela para buscar a su hermano apenas escuchó lo de la invasión. Ahora los dos están desprotegidos tratando de encontrar un lugar donde ocultarse y estar a salvo. Saben que sus padres podrán lidiar con aquello, confían en su hokage y la mano derecha del hokage.

Ren hala la mano de Umi para seguir corriendo, están a varias calles de distancia de la única entrada al albergue que saben que estará abierta, y es que si no se apresuran la barrera que los jounin y el equipo de sellado levanta no les permitirá entrar y de verdad estarán en un problema gordo porque el chakra de los enemigos es impresionante. Y más ahora que Umi se detiene en plena carrera cuando siente un extraño estremecimiento por todo el cuerpo, Ren lo siente varios segundos después antes de increpar a su hermano e interrogarlo de porqué se detiene. Ambos miran hacia el mismo punto.

Desde ese lugar Cao Bin les observa en silencio.

El anciano no luce como ellos lo recuerdan, pero saben que es él, ese chakra es imposible de olvidar. Ren se irgue por completo con el ceño fruncido, Umi ha empezado a temblar, el mayor se pone por enfrente del menor mientras lo mira al adulto a los ojos, retador. Umi le sostiene la mano a Ren.

Cao Bin está flexionado sobre una de sus rodillas y se incorpora también, se encuentra parado sobre una pila de escombros que antes era una tienda de kimonos tradicionales. Se pueden ver algunas cajas decoradas con jade y amatista destrozadas por pedazos de piedra caídas por el derrumbe que seguramente hubo por algún enfrentamiento. A los movimientos del hombre pequeñas piedras ruedan abajo hasta acabar el suelo.

Ren sabe perfectamente que no son rival para él. Aprieta sus labios recordando lo ocurrido en el pasado cuando recuperaron a su papá Yuuri, tener cuidado y precaución no basta. Cao Bin tenía el mismo poder que el antiguo Hokage, incluso le dolía reconocer que el mismo poder que sus padres en conjunto, no se le borra que no lograron acabar con él en aquel instante. Huir sería estúpido porque era obvio que Cao Bin los había visto y no quería platicar.

—Umi... —susurra Ren.

El menor mira a su hermano.

—Tendremos que hacer esto junto si queremos sobrevivir... —comenta Ren y Umi aprieta la mano de su hermano asintiendo suavemente—. Necesito que estés muy concentrado... y sin importar qué pase... sepas que eres muy valiente y tú eres mucho más fuerte que él... él no nos puede hacer daño aunque nos mate... porque estaremos muriendo por salvar a nuestra aldea, esta aldea que tanto aman nuestros padres... somos ninjas de Konoha e hijos de nuestros padres —dice el mayor.

Umi traga saliva porque la palabra morir siempre suena impresionante y siempre te deja un sentimiento de angustia y desesperación pero aspira por la nariz para después dejar ir el aire lentamente, asiente con un movimiento de cabeza y suelta la mano de su hermano para pararse junto a él, sus labios son una línea recta.

Cao Bin, no luce ninguna arruga, su cabello cano sigue igual pero ahora está más largo y su cuerpo ya no lo lleva ligeramente jorobado como siempre ahora parece más alto y los dos menores tragan saliva. Umi retrocede inconscientemente cuando Cao Bin se mueve y es que los recuerdos de aquel día persisten aún en el presente y ocasionalmente tiene pesadillas pero las palabras de su hermano le dejan una extraña sensación de alivio.

—Deberían de dejar de estorbar o pedir ayuda... —murmura Cao Bin y Ren frunce el ceño sacando una kunai de la cangurera trasera, gira el arma preparándose.

—No lo creo, maestro... nuestro deber como ninjas de Konoha... es protegerla —infiere y cuando está por lanzar la kunai, Cao Bin desaparece, Ren se gira violentamente hacia atrás tratando de clavar el arma porque sabe que está ahí pero es empujado por Umi pues Cao Bin ha saltado y ahora cae en picada sobre los niños. Una fuerza aplastante los hace rodar, y ahora ha quedado entre ambos.

Pero Ren no se acobarda y corre hacia el mayor con su arma en mano.

...

Yuuri abre los ojos lentamente y se siente extraño, apenas se puede mover, siente tibio el vientre pero sus extremidades están frías, lucha con abrir sus ojos pero es inútil, se le cierran cada tanto. Respirar incluso duele. Hay un pitido a la lejanía que lo hace retorcerse aunque en realidad no se mueve hasta que le sujetan del cabello y siente como algo le atraviesa, sólo alcanza a gemir.

—¡Yuuri! —ese es Viktor.

Suena demasiado asustado, o quizás enfadado, o quizás triste, Yuuri no lo sabe, sólo cierra los ojos otra vez antes de gemir cuando vuelven a enterrarle algo que le hace vomitar y su boca queda con un sabor metálico. Lucha por concentrarse y abrir los ojos. Su chakra lenta y dolorosamente lo abandona, y el pitido empieza a tener nitidez mientras que se da cuenta que está de pie aunque sus pies no estén tocando el suelo.

Chihoko sonríe porque al parecer Yuuri ha vuelto a perder el conocimiento y sabe perfectamente que no volverá a moverse, sus ojos se fijan en los azules de Viktor que sigue de rodillas aunque ha intentado en más de una ocasión de incorporarse pero la garra de la bestia que le atravesó la pierna y cortó de tajo para poder liberarse le impide el movimiento.

Giacometti miran la escena. Chihoko mantiene a sus bestias listas para atacar, lograron reducir de seis a dos pero los ninjas de Konoha saben que será imposible lograr de contener la amenaza si decide atacar esa mujer que observa con cierto aire de triunfo a Viktor que sigue de hincado y con los ojos llenos de odio, está sudado, con heridas graves y con el chakra menguante. Han habido varias bajas pero no sólo es Chihoko, detrás de ella hay una docena de ninjas, todos ellos son un escuadrón especial, ese del que Yuuri ya había investigado y se creía sólo era un rumor. Tres de las cuatro bestias caídas las ha asesinado Viktor pero ahora que la pequeña niña de ojos rojos ha llegado junto con una última bestia y Yuuri entre sus garras la moral cae.

La mujer mueve un poco el rostro y la bestia deja caer a Yuuri que no es más que una masa deforme de sangre y heridas abiertas, sus ojos han perdido vida y su piel parece tornarse lentamente verde. Chihoko pisa su rostro y el moreno ni siquiera se mueve.

—Pudimos ser muy felices juntos... —susurra agachándose para mirarle preparando su mano para atravesarle el pecho y arrancar, literalmente, su corazón.

Minami y JJ, que están ahí a lado del Hokage se tensan preparándose para intervenir porque las intenciones de la mujer son obvias pero las bestias rugen como advertencia, los otros shinobis sonríen divertidos de ver a los orgullosos ninjas de Konoha reducidos a nada.

Cualquier otro humano hubiera muerto en las condiciones que se encuentra Yuuri pero éste gracias a su kekkei touta está aguantando, sus ojos se mueven con lentitud buscando a alguien entre el resto hasta que se fijan en Viktor, éste aprieta los labios viendo los ojos oscuros que le observan fijamente, Viktor siente arder su pecho, Chihoko nota que Yuuri ha recuperado el conocimiento una vez más pero es obvio que es incapaz de mover solo un dedo, ni siquiera la boca la puede mover. Cierra los párpados y espera pacientemente.

La siguiente vez que abre los ojos siente que alguien le toma la mano, es la mano de un niño. Cuando baja la mirada es de día, pero ya no está en Konoha, todo lo contrario. Está en una alameda rodeada de árboles, y baja la mirada encontrándose a Georgi que le sonríe con cariño, Yuuri le regresa la sonrisa trémula.

—Yuuri-chan... —alguien lo llama y el corazón le da un vuelco cuando su mirada encuentra a aquella persona que le está hablando. Primero es una imagen distorsionada, borrosa pero se va aclarando y de pronto es capaz de ver a su madre y a su padre de pie, al rededor de ellos hay Oshiruku, esas exóticas flores alimentadas de chakra por el clan de su madre. Yuuri camina hacia ellos mientras que Georgi le sigue sonriendo sin soltar su mano, su traje ninja va cayendo a pedazos como si lo estuvieran desgarrando desde atrás y en su lugar lo viste un kimono como los que suele usar en sus días libres. Se siente cómodo y sonríe con amor a Hiroko que extiende sus manos, suelta a Georgi para correr hacia él pero al dar el siguiente paso del suelo nacen ramas de hielo que lo detienen y le impiden seguir caminando. Confundido Yuuri mira para todos lados.

—...—Todos los presentes se quedan callados inclusive los otros ninjas que miran hacia Viktor pero él parece tan contrariado como ellos así que la posibilidad de que él haya sido el que hizo eso baja estrepitosamente. Las bestias rugen furiosas mientras se tambalean con chakra desigual en él y Chihoko está inmóvil mirando a Viktor y luego el rostro pálido de Yuuri, no alcanza a girar el rostro para ver hacia el final de la calle desde donde vino ese ataque.

Umi respira por la boca exhalando frío vaho, visible, sus ojos también brillan, de miedo, de angustia, de terror y de un intenso dolor se encuentra hincado en el suelo con sus manos sobre el mismo. Hay un rastro de escarcha que nace donde ha dejado caer sus manos hasta debajo de Chihoko a la que un carámbano le ha atravesado el vientre, un carámbano grueso que ha crecido con la única encomienda de asesinarle. El niño está temblando, de sus ojos se derraman lágrimas que antes de que toquen el suelo se vuelven hielo.

El pulso le tiembla a la mujer, sus dedos se extienden queriendo tocar la mejilla de Yuuri pero la rabia se despierta en Umi al ver la acción.

—¡AH! —vocifera el niño ejerciendo más presión al piso más picos de hielo se forman atravesando a la mujer en cuestión de segundos.

—¡Umi! —grita Viktor y JJ tiene intensiones de correr hacia el niño para socorrerlo pues alguno de los bandidos que acompañan a Chihoko saltan hacia Umi, pero éste gira su mirada alzando su mano y varias agujas de hielo se forman delante de él, estás son más rápidas que la reacción de los ninjas que caen al suelo como muñecos de trapo. El menor sigue llorando, ahora cubriendo su rostro.

Los de Konoha parecen confundidos y un poco horrorizados por la escena, pero regresan a la realidad cuando las bestias furiosas se tiran contra Viktor y compañía; el hokage se prepara pero una llamarada de fuego consume a una de estas y la otra sufre el mismo destino que Chihoko cuando Viktor imita el ataque de su hijo imprimiendo lo que le resta de chakra para acabar con ellas, están débiles porque al parecer Chihoko ha muerto. Los ninjas que acompañaban a Chihoko se apresuran a tomar el cuerpo de la mujer y huir. La niña de ojos rojos es la última en irse, siguiendo a sus camaradas, su trabajo ahí está hecho. Mila cesa el fuego al ver que la bestia sigue consumiéndose por si sola, ha llegado hace un par de segundos, en el momento exacto. Giacometti se siente realmente aliviado aunque no duda en correr detrás de Haru y compañía, un grupo de ANBU les persiguen.

Viktor mira las espaldas de sus discípulos que van tras las bestias y los otros que han escapado.

Yakov llega por el mismo lugar por donde Umi y Mila han llegado, y es el mayor el que recoge a Umi que no deja de llorar desconsoladamente. Viktor es ayudado a incorporarse por Yurio que también apareció mientras que Mila se acerca a Yuuri—. Minami, lleven a los heridos a una zona segura, asegúrense de que no quede ningún enemigo en la aldea... y desplieguen guardias, estamos en estado de emergencia —dice Viktor. Minami asiente y se retira junto con JJ—. Yurio quédate atento a lo que Giacometti te avise.

Viktor mira a su padre que se acerca silencioso hacia donde está él, entregándole a Umi en brazos que no puede dejar de llorar. Los ojos azules del hokage observan a Mila que ha dejado de revisar a Yuuri, sólo le acaricia la mano, le ha cerrado sus párpados. La mujer es consciente que detrás de ella se encuentra Viktor pero no se atreve a mirarle a la cara, mucho menos por el llanto incontrolable de Umi. Ella también quiere llorar un poco.

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St. Yukiona.

Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.

(Por cierto, ¿Ya me siguen en mis redes sociales? Facebook donde comparto cositas de anime: /tiayukiona y mi Insta donde les platico de mis viajes: Styukionna, espero me sigan y poder compartir más tiempo juntos. ¡Saludos y besotes, Mazapanes!).