Yuuri llego pronto al portal principal de la facción, este le guiaba directamente hacia cualquiera de las facciones de la dimensión de los dioses y solo los residentes del castillo conocían de su existencia. La nostalgia fue inevitable, ya que el omega no había estado allí desde que había viajado al mundo humano.
Estaba seguro que no habría otra oportunidad semejante a esa y no había tiempo para vacilar, aun siendo Yurio el líder de la facción, aquello que estaba por realizar era una falta a los convenios establecidos entre los diferentes dioses. No obstante, el necesitaba saber algo y aprovecharía la oportunidad que su fiel amigo le habría bridado, así que sin dudas atravesó el portal que le guiaría hasta la facción de la existencia humana.
Cuando llego, observo como todo deslumbraba, una enorme fuente de agua cristalina fue lo primero en su rango de visión nada más salió del portal. El joven dios estaba impresionado dado que era la primera vez que visitaba una facción diferente a la suya, y aquellos dioses, con aspectos y ropajes diferentes a los de él, hacían que resaltara, por lo cual se colocó una capa que cubriera el tono de sus cabellos para así movilizarse con mayor soltura.
Mientras iba caminando, Yuuri observaba absorto a sus congéneres. Todos eran dioses, pero el omega se veía atraído por sus particulares colores, semejantes a los que tenían lo seres humanos. Las familias caminaban por los inmensos jardines que rodeaban el pueblo, muchas parejas transitaban tomadas de la mano, teniendo pequeños mimos y gestos en la vía, muy a diferencia de la facción del hielo, los cuales eran más reservados. Sin embargo, Yuuri se vio enternecido por la imagen, quizás, acostumbrado a las propias expresiones humanas con las que debió convivir por muchos años.
Pero, apartándose del entorno y de su gente, el dios del hielo había venido a buscar una respuesta a sus interrogantes y solo había un lugar donde buscarlo, con la única dificultad que el omega no recordaba donde podría ubicarse. Había escuchado tantas veces de él por su maestra, mas no se sentía listo para consultarle o molestarle. Así que confiando en sí mismo, decidió internarse en la facción, buscando aquello que le había mencionado Yurio.
Pero quizás esa decisión no fue la más acertada, dado que al cabo de unos minutos se hubo perdido en lugar que jamás había pisado. Dudo de preguntarle al resto de los dioses que iban por su camino, más desistió cuando alguno le reconoció y huyó despavorido de él. Permaneció por unos instantes en un punto fijo sin saber qué hacer, levantando la vista al cielo como si de ahí le fueran entregadas las respuestas. Intento no desesperarse, quizás solo debía orientarse desde el cielo, cuando de repente, alguien le llamo.
— ¿Necesitas ayuda? —le pregunto una hermosa mujer de largos cabellos castaños que Yuuri reconoció de inmediato como la líder de la facción del cielo. Con una sonrisa amable, busco que el dios se hallara cómodo al notar como este intentaba cubrir más su rostro con la capa—. No tengas miedo, no le diré a nadie que estas aquí —le afirmo con seguridad. El omega se vio algo sorprendido por la acotación, más la agradeció profundamente con una reverencia que hizo reír de vergüenza a la diosa—. Entonces ¿Qué es lo que buscas?
—Estoy buscando un lago, es muy importante para los dioses de esta facción y el…
—Es el principal espejo de los dioses que mira hacia el mundo humano ¿No es así? —Yuuri se vio sorprendido de que la diosa de cabellos castaños supiera aquello que estaba buscando, pero entendiendo lo que eso significaba, ella no dijo nada para evitar que se acercara hasta ese lugar—. En medio del bosque que cruza el pueblo, se encuentra el espejo de agua. Si te apresuras, el poder de observación alcanzara su máximo potencial y podrás ver con mayor claridad aquello que deseas.
Una mirada sincera fue suficiente para confiar, no había motivos para temer.
—De verdad, muchas gracias por su ayuda —le agradeció profundamente el joven dios, recibiendo una sonrisa afable por parte de la líder de facción.
—Solo ten mucho cuidado, y espero encuentres eso que estás buscando —agrego.
Y asintiendo firmemente, Yuuri se despidió de la diosa que le observo irse en silencio. Una faz suave se mostró en su rostro mientras el viento movía sus cabellos, un suspiro fue emitido por sus labios, sin saber que más pensar.
—Mucha suerte, Katsuki Yuuri. El camino que has decidido es uno escabroso, pero sé que podrás salir bien de él —y apartando su mirada del camino, prosiguió su marcha hasta el destino que tenía pensado.
Caminando apresurado, Yuuri pensaba en la funcionalidad de aquel espejo de agua de acuerdo a las palabras de su maestra, a través de él, los dioses de la existencia humana podrían observar el mundo de los humanos. Podía ser uno particular o un conjunto en especial, todo dependería de los sentimientos y recuerdos que tuviera el observador al momento de ver el espejo. Él sabía bien lo que quería ver, conocía la intensidad del deseo que quería extender y viendo frente a él, ese hermoso lugar de cristalina agua, solo pudo arrodillarse ante su orilla, expectante.
Veinte años fueron los que había pasado en el mundo humanos, dos décadas donde muchas cosas pasaron y fueron muchas las personas que lograron quedarse en lo más profundo de su corazón, y ahora que estaba frente al lugar que pudiera mostrarle el presente de todas esas personas, divago con quien iniciar.
Sin embargo, una necesidad que creyó olvidada lo impulso a buscar el presente de cierta persona cuyo lazo afectivo se había forjado muy brevemente, pero que había sido demasiado tiempo sin saber sobre ella. En el mundo humano había pasado tanto tiempo y no sabría bien cuantos años tendría desde el tiempo que partió de allí, pero cuando el agua logro reflejar la figura de una mujer en la cúspide de su edad, reconoció los rasgos y esa fraternal sonrisa que le recibió con una en su primer camino por el mundo humano.
Nishigori Yuko, un sentimiento tan cálido se estancó en el pecho del dios al observar a su primera guía, el paso del tiempo había transcurrido por su cuerpo como era lógico, con aproximadamente cincuenta y cinco años, sus cabellos habían comenzado a teñirse del típico blanco, sus rasgos comenzaban a acentuarse y las arrugas cubrían tanto algunas partes del rostro como de sus manos. Yuuri la observo disfrutando del atardecer, tranquila en una pequeña casa al filo de la colina. Su faz suave seguía indicando la amabilidad que la mujer trasmitía, y pese al paso de los años, su no interior no parecía haber cambiado, seguía siendo esa amable mujer que la acepto dentro de su casa, incluso siendo un total desconocido. En breve, la imagen incorporo una nueva persona quien abraza a la mujer con la misma calidez que reflejaba en su sonrisa, Yuuri reconoció aquel hombre como Takechi, que con su rostro alegre y su singular risa parecía contagiar a todo el que la escuchara. Era tan ameno y reconfortante, les había abandonado en un momento tan difícil, donde debieron abandonar su hogar, a la expectativa de que pudiera pasar, pero ya todo estaba bien, sus hijas incluso estaban bien, como unas hermosas mujeres, cálidas con sus respectivas familias, incluyendo al pequeño Yu Hong, ahora era un hombre hecho y derecho, siendo el mayor de otra serie de hermanos. Yuuri sintió como su alma se calentaba, puesto que, en algún momento del pasado se había arrepentido de interferir con los hechos naturales del ciclo humano, las cuales habían tenido terribles repercusiones para su propio cuerpo. Pero ver a ese chico convertido en un hombre que estaba comenzando su propia familia, habiéndolo conocido y salvado de la muerte en cuanto nació, le provocaba un sentimiento desconocido, haciéndole pensar lo equivocado que había estado. Ya no sentía pesar, solo satisfacción, un gozo indescriptible por haberle devuelto la vida.
Sin embargo, no podía alcanzar fácilmente la felicidad. Todos, inclusos los que vio nacer, estaban siendo manejados por el paso del tiempo que no perdonaba, mientras que él permanecía igual, inalterable como el dios que era. Takechi y Yuko ya se encontraban en las etapas finales de su vida, Yuuri estaba seguro que luego de ese instante no les vería más, porque incluso cuando lo desease ya no los encontraría. Eso solo demostraba la gran diferencia que tenía con los seres humanos. Intento no sentirse triste, pese a que las lágrimas quisieron aflorar en sus ojos, busco hacia aquellos que también constituían un gran lugar en su corazón. La imagen del espejo de agua cambio y reflejo la figura de una casa en el bosque, la misma donde Yuuri recordaba haber vivido con Phichit y Seung. Esta no había cambiado pese al paso de los años, y dentro de esa primera imagen, apareció el joven que aún conservaba la apariencia de veinticinco años. Phichit se veía tan feliz, dibujando lo que parecía ser un cuadro con su propia magia. Frente a él estaba de modelo un apuesto joven de cabello oscuro, incluso el propio Yuuri tardo en reconocerlo, pero allí estaba frente a sus ojos, ahora convertido en un hombre: Seung Gil Lee. Parecía tan sano, superando la edad límite de sus vidas anteriores, siendo un hecho que tranquilizo las emociones del dios del hielo que recordaba los relatos de su amigo el mago, cuando las encarnaciones de Seung no lograban pasar de los treinta años debido a problemas de salud, al omega le aliviaba saber que en esa oportunidad quizás las cosas serían diferentes para ambos, y rezo para que finalmente su camino no fuera separado antes del tiempo esperado.
Yuuri se separó del espejo sintiéndose realizado, tenía un gran alivio por encontrar a todas aquellas personas con las que compartió un lazo afectivo en excelentes condiciones, todos estaban viviendo su vida al máximo y en compañía de sus seres queridos, para el dios no había mayor felicidad que tener en cuenta eso. Sin embargo, el temor comenzó a engullir lentamente al príncipe.
Solo quedaba una persona de la cual no se había atrevido a buscar en el espejo de agua, aquel pequeño niño de la capital del imperio de Rusia, quien resultó ser el príncipe de aquel inmenso imperio y al que había instruido en el arte de la espada y el arco, convirtiéndose en buenos amigos, compañeros y confidentes. Yuuri calculaba que debía haberse convertido en un adulto, separándose cuando aún era un joven, para el debieron ya haber transcurrido cerca de cinco a siete años en el mundo humano. Eso era demasiado tiempo.
Con un suspiro ahogado llevo sus manos a su pecho, sintiéndose mareado. Siendo Víctor la última persona que había visto antes de partir, se había visto envuelto en un sinfín de emociones que le habían sido trasmitidas por ese joven chico de escasos dieciséis añ entendía porque su cuerpo temblaba, abrumándose completamente. El miedo le estaba consumiendo por completo junto con la incertidumbre y el conocimiento de un sentimiento cálido, tan fuerte, que no se asemejaba a ninguno sentido por otra persona antes.
El tiempo que había pasado a su lado había sido de lo más hermoso, atesorando cada momento a su lado, recordando ese malestar extraño durante su primer encuentro. Yuuri tenía tantos sentimientos revueltos que parecía ser incapaces de controlar, su corazón y su mente estaban paralizados del miedo porque él seguía atado, congelado en el tiempo que los humanos seguían disfrutando. Ver a sus demás amigos solo había confirmado lo que más temía y aun cuando intentó convencerse de que no cambiaría su determinación, simplemente verlos le había afectado.
No quería tener pensamientos inciertos, sabía que la incertidumbre era el paso para el decaimiento, si no era capaz de soportarlo, no podría ser capaz de tomar sus siguientes decisiones. Pero el simple hecho de encontrarlo y observar como fácilmente le había olvidado le mantenía congelado, sin el deseo de alzar la vista nuevamente hacia el espejo de agua.
Él entendía las posibilidades de ese tiempo, todo lo que podía haber ocurrido o estar sucediendo en ese instante, Yuuri bien lo entendía, estando el mismo atado las costumbres y reglas que implica ser un miembro de influencia en la facción, el conocía todo, lo que podría ser. Sabía de antemano que siendo Víctor el primer heredero al trono, no tardaría mucho para estar contrayendo nupcias, lo sabía de antemano, e incluso sin eso, era obvio. Por eso le había pedido que le olvidara, y estando aun tan joven, fácilmente podría haberlo hecho. Reconociendo todo el dolor le seguía asfixiando y le colmaba el alma, porque ya no era capaz de guardar las lágrimas y sobrellevar los sentimientos que había estado ocultando por tantos años, simplemente se redujo al suelo, sosteniendo sus rodillas y dejando salir las lágrimas. No eran sentimientos residuales provenientes de aquel chico, nunca lo habían sido y era más que claro que eran los suyos propios que afloraban intensamente luego de haberse percatado que eran imposibles de eludir.
— ¿Yuuri?
El dios del hielo alzó la vista ahogado, observando un lugar oscuro y diferente al sitió que hasta el momento se había encontrado. En una especie de vacío extraño, Yuuri tembló al reconocer una voz que tenía muchos sin haber escuchado, aquella por la que había estado llorando y que ahora le observaba con un gesto preocupado.
—Víctor…
¿Que les ha parecido el capitulo de hoy? Un final muy intrigante ¿No es así?
Yuuri ha decidido adentrarse a la facción de la existencia humana para ver el estado de sus amigos del mundo humano, el paso del tiempo ha pasado por muchos de estos y ha sido un momento agridulce para nuestro dios del hielo que permanece igual, pero tambien es grato al saber que todos se encuentran bien.
Sin embargo, el panico y la incertidumbre tambien le han alcanzado, despues de todo, la vida sigue y muchas cosas pudieron haber ocurrido con Víctor en el periodo de tiempo que ha pasado ¿Que creen que se aquello que ocurre con nuestro Yuuri? ¿De verdad se trata de Víctor o es solo una ilusión?
Todas sus respuestas seran respondidas en el proximo capitulo de El Principe del Hielo ;)
