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BirdsandStars

Me siento en mi silla y abro el correo. Si no le cuento a Kate, seguro que me mata.

De: Anastasia Steele

Para: Kate Kavanagh

Fecha: jueves, 09/06/2016, 9:11 AM

Asunto: ¡BODA!

Mañana tenemos un día muy ajetreado, te recojo en casa de Elliot para ir de compras. Necesito un vestido.

Ana

Kate me respondió rápidamente.

De: Kate Kavanagh

Para: Anastasia Steele

Fecha: jueves, 09/06/2016, 9:12 AM

Asunto: ¡BODA!

Aún falta para la boda Ana, no es necesario ausentarnos un día para que escojas un vestido. ¿Podemos ir el sábado?

Kate

Creo que Kate no había entendido.

De: Anastasia Steele

Para: Kate Kavanagh

Fecha: jueves, 09/06/2016, 9:14 AM

Asunto: ¡SABADO!

El sábado es muy tarde, la boda es el domingo.

Ana

El teléfono comenzó a sonar unos segundos después de salir el correo.

—Sí. —contesté con mi mejor voz neutral.

—¿Te casas el domingo? —grita del otro lado de la línea.

—Solo si aceptan ser nuestros padrinos, y si me acompañas a buscar un vestido mañana.

—Dalo por hecho. ¿Pero y nuestro puesto de trabajo?

—Yo me encargo de eso.

—De acuerdo, y necesitas una despedida de soltera.

—¡No! —grito y después me tapo la boca. —No necesito strippers Kate. —tengo un novio que está mejor que cualquier stripper que ella busque.

—De acuerdo, pero no será nada divertido sin alcohol ni strippers. —dice muy bajito.

—Si tu lo dices. Te recojo mañana. —le digo mientras ella cuelga murmurando algo que no pude escuchar bien.

Abro un nuevo e-mail y me pongo en contacto con recursos humanos para gestionar dos suplentes para mañana, explicándole la situación urgente que se ha presentado.

El teléfono suena. Esta vez miro la pantalla antes de contestar. Es Christian. Respiró hondo. Y entonces se me ocurre algo que nunca en mi vida he hecho antes. Descuelgo y cambio el tono de mi voz a uno que supongo suene lo bastante sexy del otro lado de la línea.

—Sí, Sr. Grey. —contesto con mi mejor imitación de una sexy y pervertida secretaria.

La línea se queda en silencio.

—¿Sr. Grey? ¿Se encuentra bien? —inquiero con curiosidad pues no obtengo respuesta del otro lado.

—Sí. Discúlpame. Ven con la agenda para que me pongas al día. —me dice mientras cuelga.

Sin pensarlo dos veces, cojo la agenda y entro en su oficina. Christian no pierde ni uno de mis movimientos mientras camino hasta sentarme en el sofá frente a su escritorio. Se levanta, le da la vuelta a su mesa y se sienta a mi lado.

—¿Qué te sucedió al teléfono? Te quedaste mudo por un momento. —le pregunto aguantando una sonrisa mientras el entrecierra los ojos antes de responderme

—¿Le hablas a todo el mundo con esa sexy voz que acabo de escuchar?

—No pensé que notaras la diferencia. —le contesto con la misma frase que el me dijo hace un momento.

Christian solamente me sonríe.

—No tienes de que preocuparte, solo te hablo a ti de esa forma, y solo lo he hecho hoy. —le digo mientras le doy una sonrisa.

—Me alegra escuchar eso. Ahora que tal si mi sexy y pervertida asistente personal me pones al día con la agenda. —me dice mientras yo abro la agenda con una sonrisa.

Después de terminar con la agenda, lo acompaño por los departamentos. Donde más nos demoramos es en nanotecnología y regresamos a la oficina a la hora de almorzar.

Kate nos acompaña a almorzar a nuestro lugar característico de siempre. Y una vez que terminamos regresamos al a oficina. El resto de la tarde Christian está muy ocupado con varias reuniones pendientes que se habían pospuesto y con alguna que otra discusión de proyecto. Bien entrada la tarde recursos humanos me confirma el remplazo de mañana de nuestros puestos.

Kate se despide de mi a las 5:30pm y allí me quedo esperando que la discusión de proyecto en la que se encuentra Christian termine.

Son las 6:30pm. La reunión se a demorado más de la cuenta. Busco mi celular y le marco a Elliot, que me contesta rápidamente.

—Felicidades Ana. —me dice muy alegre. Al parecer ya Kate le dio la noticia.

—Gracias. —y por un momento olvido porque lo llamé. —Llamaba para ver si de casualidad podíamos conseguir una mesa en uno de tus restaurantes para celebrar.

—Para mis amigos y mi familia, siempre hay una mesa disponible. ¿A qué hora?

—No lo sé, dentro de dos horas puede ser.

—Estará lista para la hora que lleguen Ana. Les prepararé una mesa en el Little Star para que celebren su inminente boda. —no sé porque, su comentario me hace reír.

—Gracias. —le digo con una sonrisa.

—No tienes porque hacerlo, solo disfruten de su cena. —me dice mientras cuelga.

Veinte minutos más tarde, se abre la puerta de la oficina de Christian y todos, excepto él, salen de la oficina, se despiden de mi y caminan rumbo al ascensor.

Cuando se pierden por el pasillo me levanto de mi silla y entro en su oficina. Me detengo en cuanto abro la puerta. Christian se encuentra de espalda a mí. Se ha quitado la americana y la corbata, que descansan sobre el espaldar de su silla mientras el busca entre unos documentos sobre la mesa. Tiene las mangas de la camisa recogidas a la altura de los codos. Y sin girarse hacia mí, imagino que también tiene dos botones de la camisa desabrochados.

Camino en su dirección y solo cuando siente mis pasos se gira hacia mi con una sonrisa radiante. Tengo razón, tiene los botones superiores desabrochados. Christian enreda sus manos en mi cintura cuando me detengo frente a él.

—Pensé que esa reunión nunca terminaría. —me dice mientras acerca sus labios hacia mi cuello.

—Yo también. —le contesto en un murmullo apenas inaudible.

—Deberíamos ir a cenar algún lado esta noche para celebrar. —me dice mientras me da un beso en el cuello y se incorpora.

—Ya tengo hecha la reservación en el mejor restaurante de la ciudad. —le digo con una sonrisa mientras me aparto de su lado y camino hacia los cristales panorámicos. Él no me sigue.

Nunca me he parado aquí a esta hora. La vista de la ciudad de noche, desde esta altura, me encanta. Siento los pasos de Christian detenerse detrás de mí, pero no me toca.

—¿Dónde has reservado? —pregunta con curiosidad.

—Resulta que mi mejor amiga es la novia del chef. —le contesto con una sonrisa.

Da un paso adelante, y puedo sentir su respiración en mi cuello nuevamente, mientras su cuerpo se pega al mío por detrás.

—¿A que hora es la reservación? —pregunta mientras me abraza por la cintura y nuestras miradas se encuentran en el reflejo del cristal.

—Dentro de una hora y 40 minutos, aproximadamente.

Puedo ver por el reflejo del cristal como Christian mira la hora en su reloj.

—Muy bien, tenemos media hora antes de que el guardia de seguridad pase a hacer la ronda. —me dice mientras me da un beso en el cuello.

Y mientras sus manos comienzan a subir mi vestido, me percato de cuáles son sus intenciones. Y agarro sus manos con las mías.

—Christian. Que alguien nos puede ver desde otro edificio. —le digo mientras el ríe contra mi cuello.

—¿Entonces para que son los cristales tintados? —me pregunta mientras baja por mi cuello hasta mi clavícula dando besos y yo cierro los ojos con un gemido.

—¿Los cristales son tintados? —pregunto en un jadeo mientras suelto sus manos.

No me había percatado nunca de eso. Desde aquí adentro se ve tan clara la ciudad que nunca lo hubiese imaginado.

—Apoya las manos en el cristal. —me pide mientras su mano se mete dentro de mis bragas ya húmedas.

Hago lo que me pide mientras el introduce un dedo en mi interior y mi cuerpo se arquea involuntariamente contra su mano.

—Ahora. —me dice deteniendo el movimiento de su dedo en mi interior.

Abro los ojos y nuestras miradas ardientes se conectan en el cristal.

—Quiero que me cuentes, exactamente, como nos imaginabas follando aquí en la oficina.

¡Mierda!

Mis fantasías eran demasiado privadas como para compartirlas. Por no decir que eran demasiado pervertidas. Bueno. Aunque después de anoche la palabra "pervertida" a tomado otro significado para mí.

—¡Ana! —me saca de mis pensamientos moviendo el dedo ligeramente en mi interior.

—Contra los cristales panorámicos. —le digo rápidamente mientras lo veo sonreír.

Saca el dedo de mi interior y rápidamente siento como se desabrocha el pantalón detrás de mí. Levanta el vestido y me baja las bragas rápidamente. Puedo sentir la punta de su miembro juguetear contra mi sexo.

—¿Y cómo te imaginabas que te tomaría? —me dice mientras comienza a entrar en mí. —¿Lento y sensual o duro y salvaje? —me pregunta mientras termina de entrar rápidamente en mi interior haciendo que se me escape un gemido.

—Siempre te imaginé poseyéndome salvajemente. —le contesté mientras el subía una de sus manos hacia mis senos y los apretaba por encima de la tela.

—No muevas las manos del cristal. —me dijo mientras apoyaba la otra en mi hombro y comenzaba a moverse deliciosamente en mi interior.

Sus movimientos comenzaron a hacerse más crudos, mas duros, más intensos. Christian subió la mano hacia mi cuello, mientras daba un paso al frente y me pegaba más contra el cristal. Cada embestida era más fuerte que la anterior. Y cada una hacía que gimiera más alto. Mis manos necesitaban aferrarse a algo. Pero debajo de mis dedos solamente había cristal. Cada nuevo movimiento me acercaba más al orgasmo. Christian deslizó un dedo por mis labios entreabiertos y no pude evitar deslizar la lengua por él y después chuparlo. Gemí contra su dedo mientras mis paredes se apretaban alrededor de su miembro.

—¡Ana! —gimió Christian contra mi cuello. —¡Mírame! ¡Abre los ojos! —me pidió.

Abrí los ojos. Nuestras miradas se cruzaron en el reflejo del cristal. La imagen más erótica que hubiese visto en mi vida. El rostro de Christian descomponiéndose de placer al igual que el mío cuando el orgasmo nos llegó a ambos unos segundos más tarde.

—Quisiera tomarte también sobre la mesa, contra la puerta, en el suelo, en el sofá y en cualquier superficie follable posible. —me dice en un jadeo mientras yo no puedo aguantar la risa.

—Creo que el guardia de seguridad se escandalizaría. —le contestó con una sonrisa.

—¡El guardia! —dice rápidamente mientras sale de mi interior.

Me giro y lo veo subiéndose rápidamente el bóxer y el pantalón. Me echo a reír mientras lo observo.

—¿Te divierte la situación? —me dice con una sonrisa mientras se termina de abrochar el pantalón.

—Mucho. —le digo mientras hago lo mismo que él, me pongo las bragas en su sitio y me acomodo el vestido.

Christian se acerca a mi entrecerrando los ojos.

—¿Crees que sería divertido ser observados mientras tenemos sexo? —me pregunta alzando una ceja.

—No creo que me guste esa parte. —le dije recordando cuando estábamos en la isla y Elliot casi nos había cogido infraganti.

Christian se acerca a mí, coloca las manos en mi cintura y pega sus labios a los míos.

—Sabes que hay sitios donde se practica ese tipo de sexo Ana. —me dice en un susurro mientras yo me estremezco. —Donde las personas van, ya sea a que los observen o participar en intercambios sexuales. —sus manos bajan hasta mis nalgas. —Donde pueden hacer realidad la más pervertida de tus fantasías o el más alocado sueño que hayas tenido. —me dice mientras me roba un beso y se separa de mi sonriendo.

Me le quedo mirando fijamente, mientras siento mi respiración acelerada y mi corazón bombeando más fuertemente. Lo que Christian me acababa de decir había hecho que me excitara, y no entendía por qué.

—Mi más pervertida fantasía se hizo realidad cuando me tomabas contra el cristal panorámico de tu oficina. — le digo con una sonrisa.

Lo que me hacía preguntarme si el tenía alguna, y si yo sería capaz de hacérsela realidad.

Siempre he sido bastante tímida, la verdad. Y no puedo imaginarme teniendo sexo mientras otras personas me observan. Aunque no es del todo cierto. Aún recuerdo un sueño que tuve hace tiempo ya. Creo que ese sueño nunca lo olvidaré en mi vida. Es imposible que pueda olvidar un sueño tan intenso como ese, donde tenía dos Christian frente a mi dispuestos a satisfacer todas mis necesidades.

Pero sé que no estoy preparada mentalmente para pedirle a Christian hacer un trío. Lo cual me hacía preguntarme si él lo había hecho alguna vez.

—¿Alguna vez has hecho un trío? —le pregunto como si nada.

El me preguntó lo mismo hace un tiempo ya. Se que esa es una de las principales cosas con las que fantasean todos los hombres. Tener dos mujeres para ellos solos. Christian me mira asombrado por el atrevimiento de mi pregunta.

—Mejor sentémonos, esta conversación no se puede tener de pie. —me dice mientras tira de mi mano hacia el sofá.

Nos sentamos y se me queda mirando fijamente. pensé que estaría molesto por mi pregunta, pero su rostro muestra mi sonrisa preferida, la que enseña los hoyuelos.

—¿Por qué quieres saberlo?

—No lo sé. —le digo como si nada. Como si no tuviese otro motivo interior.

Christian me mira ahora un poco más serio.

—Sí. —no me esperaba esta respuesta.

—Sí lo has hecho, o sí, es la fantasía de todos los hombres.

—Sí, lo he hecho.

—O sea que ya has cumplido tu fantasía sexual. —le digo envalentonada.

Creo que acaba de esfumarse la oportunidad de hacer realidad su fantasía sexual. Si, porque haría cualquier cosa por satisfacer sus deseos sexuales. Cualquiera que sea.

—¿Por qué crees que esa era mi fantasía sexual Ana? —me pregunta con curiosidad.

—¿Acaso no es la fantasía de todos los hombres? —pregunto sin entender nada.

—No la mía. —me dice con una sonrisa pervertida.

Esto es nuevo. Le sonrío mientras le hago la pregunta que quiero que me responda en verdad.

—¿Cuál es tu fantasía sexual? —le pregunto ahora intrigada y con curiosidad.

Pero el solamente me sonríe. Y allí me quedo como una idiota, mirándolo fijamente y esperando una respuesta que sabía que no me iba a dar. ¿Porque le pregunté en primer lugar?

—Mi fantasía…—comenzó diciendo haciendo que abriera mis ojos ante la sorpresa. —…al menos una de ellas, es unirme al Mile High Club. —me dice mientras yo entrecierro los ojos tratando de entender lo que me dice.

—¿Mile high club? —inquiero con curiosidad sin saber a qué se refiere.

—¿No sabes qué es? —pregunta asombrado.

—¿Debería saberlo? —pregunto una vez más.

—No es un secreto para nadie. Es un club exclusivo que muchos desean integrar.

—¿Algún requisito para entrar en el club?

—No muchos, pero me voy a asegurar de que te unas al club junto conmigo. —me dice mientras me roba un beso. —Ahora porque no vamos hacia nuestra reservación.

Mientras vamos en el auto no puedo dejar de pensar en el Mile High Club. Miro a Christian y el me sonríe. Se que no me lo está contando todo con respecto a este club exclusivo al cual quiere pertenecer.

Y no sé porque asume que debería conocerlo. Durante la universidad tuve pocas amistades y la verdad nunca hablábamos de temas sexuales. Lo cual me hace pensar. ¿Qué tiene que ver el club con una de sus fantasías sexuales? Miro a Christian fijamente mientras el me devuelve la mirada con una sonrisa. Sacudo mi cabeza hacia ambos lados y decido dejar de pensar en esto. Porque si no lo hago, sé que me voy a volver loca.