Capítulo 69
"La Numeriana de Delfos"
.
.
.
-¿Cómo que un escorpión gigante?
-Es lo que dice
-Déjame ver
Milo se sentó con brusquedad para leer el párrafo que Aldebarán le enseñaba, Aioria puso los ojos en blanco mientras volvía a su propio volumen, más que encantado con haber descubierto que el santo de la Primera Generación de Leo había sido el héroe legendario Hércules que marchaba a las batallas montado sobre el león de Nemea.
Pero al parecer su compañero luchaba por conciliar la idea de que su antecesor más antiguo era en realidad un artrópodo gigantesco a menudo ligado con Orión, éste a su vez fue el primer Santo de Plata de la constelación que llevaba su nombre.
-¿Un animal? ¿cómo es que un animal fue un Santo?- murmuró el pobre chico con expresión asqueada
-Cálmate Milo- le tranquilizó Shura mirando la página por encima del hombro de Aldebarán, -lo están traduciendo mal…-resopló dando cocos a ambos niños.
-El escorpión gigante compartía ser un Santo de Oro junto con Eneas ¿lo ves?- aclaró señalando la sintaxis.
Milo suspiró aliviado.
-¡Vaya!
-¿Qué todos los primeros Santos tenían montura?- exclamó Ángelo cerrando de golpe su libro, -ni un triste caballo a nuestro nombre hay para nosotros.
Afrodita se abstuvo de hacer un comentario mordaz mientras acomodaba sus libros en los estantes. Al girarse tropezó con Mu, tumbado durmiendo sobre la alfombra.
-¡Mu! ¡Para ya de hacer esto!
-Lo siento…-se excusó el niño frotándose el moretón que se formaba sobre su costado, -aprender a usar las herramientas celestes es agotador.
-Deberías estar emocionado Mu, ¿no te irás a Jamir hoy?
-Mañana, o pasado mañana, o nunca
-¿Eh?
-El Patriarca dijo que dependía de Camus.
Todos giraron cabeza para ver al chico, algunos aún con resentimiento. Ésa mañana Camus les había hecho ir a la biblioteca de Acuario a cargar con todos los libros que según él, el Patriarca había indicado para un viaje inminente, al parecer tan urgente que el viaje de Mu a Jamir se retrasaba.
-¿Por qué no los carga todos Mu con su poder volador?- sugirió Aldebarán, era el que más volúmenes llevaba.
-¡Que no! Puede que pierda control de alguno ¿y qué si lo tira?
-Pues lo tira y ya.
Camus le echó una mirada envenenada y ya nadie se atrevió a decir nada hasta que llegaron a la biblioteca de la Villa, donde el niño sustrajo la colección de diarios y otros periódicos, revisó cada libro y se dedicó a llenar hojas con notas en helénico y griego antiguo, ignorando sin consideración a cualquiera que le interrumpiese.
Pero para su sorpresa, al sentir las miradas de todos; Camus al fin levantó la cabeza.
-He terminado- anunció quedamente aunque era claro que se moría de orgullo.
-¿Qué cosa?- dijo Shura, el primero en acercarse.
-No has dicho nada en todo el rato, si esperas felicitación, olvídalo- murmuró Aioria acercándose a la banca para mirar las notas.
-A ver, a ver- Milo se subió a la mesa para tomarlas, desperdigando unas cuantas y por poco volcando el tintero.
Shaka tomó una de las que habían caído al suelo para echarle una ojeada.
-¿Delfos?
Camus asintió mirando con frustración su trabajo desarreglado y repartido entre sus compañeros, por suerte se le había ocurrido enumerar las hojas y la tinta ya estaba seca.
-He estado rastreando al oráculo.
Aquello les interesó más y dejaron de parlotear para prestarle atención.
-Es costumbre de los Santos ir a consultarlo, por eso es necesario buscarle cada generación- señaló sus libros, -la generación pasada lo encontró en Caradras.
-Eso no está tan lejos-apuntó Aldebarán.
-No, pero la antepasada tuvo que ir al Principado de Valaquia
-Vaya…- a nadie le apetecía un viaje al norte en pleno invierno.
-Pero ahora ha vuelto a Delfos.
-¿Estás seguro?
-Sí, es una mujer que lidera una especie de troupé de cirqueros que viajan por toda Grecia, y en invierno vuelven a Delfos.
-¿La Numeriana?- apuntó Shaka de nuevo mirando el diario más reciente sobre la mesa, resultaba una sorpresa que tuviese los ojos abiertos. Mu se acercó y comparó la nota del periódico con lo que Camus había escrito en la hoja que llevaba en las manos.
-Es una adivina que da sus vaticinios usando números, depende del aspecto del cliente, cobra por servicio.
-Quieres decir…
-El antiguo oráculo de Delfos, tan respetado en la antigüedad…¿no es más que una charlatana que usa cuentas de colores en el cuello y banditas adhesivas en las manos?- exclamó Shura mirando la foto de la mujer en el periódico bajo el título "Circo elude la justicia, pitonisa paga la multa"
-Eso parece- suspiró Camus con aire compungido, -de cualquier manera las encarnaciones del oráculo siempre se han dedicado a la adivinación. Y la Numeriana es la única ahora mismo que tiene cierto renombre en la región por sus predicciones
-Bueno y ahora ¿qué?
-Supongo que iré a reportarlo al Patriarca para saber quienes iremos- respondió el chico bajando de la silla de un salto y arrancando sus preciadas notas de las garras de sus amigos.
Al salir se topó con Eko y Febo que venían a buscarles.
-¿A dónde crees que vas?- exclamó el guerrero pescándole del cuello.
-Debo entregar esto al Patriarca- replicó Camus tratando de conservar la calma sin pegarle un puntapié por mantenerle colgado de aquel modo.
-Ya- Eko se dio por enterada agradeciendo que su máscara ocultara la expresión divertida viendo a éste chico tan serio luchar por no perder la compostura, -¿Están todos dentro?- preguntó Febo depositándolo en el suelo.
Camus asintió, marchándose con las hojas pegadas al pecho.
La enorme puerta de madera chirrió cuando Milo trató de correr tras su compañero.
-Ni lo sueñes- Mirra salió por detrás de Eko, -me figuraba que intentarías escabullirte de nuevo así que vine de inmediato ¡anda!- le empujó en dirección al gimnasio.
Febo soltó una risita mientras cruzaba la puerta, y Eko anunciaba a todos que se encaminaran a sus entrenamientos.
A regañadientes, los niños abandonaron la enorme y vieja mesa para salir.
De camino se encontraron con Vittoria que corría hacia ellos, ésta vez sin ser perseguida por las ancianas guerreras que cuidaban de ella. El largo cabello rojo atado a la cabeza en un intricado tocado que recordaba a las bailarinas rusas. La niña entregó a Mu un pergamino amarillento.
-Lo envía Su Santidad, ha dicho que después de leerlo te asegures de destruirlo- y se marchó en la dirección que había tomado Camus.
-Vaya, ya podía haber dicho hola- refunfuñó Aldebarán mientras todos dejaban atrás a Mu para dirigirse al gimnasio.
El joven Santo de Aries desenrolló el pergamino, era un mapa.
El mapa a la aldea de Jamir y a la vieja pagoda que hacía de Adoratorio de Atena en aquella cadena montañosa. El niño lo estudió unos momentos con ahínco y después de asegurarse que conocía el sitio exacto de cada arroyo y precipicio, lo acercó a la tea junto a la puerta de la biblioteca que ardía para alumbrar los pasillos cercados por columnas y relumbrantes pinturas. El papel se quemó en segundos, Mu todavía lo veía consumirse cuando Camus y Vittoria volvieron corriendo por pasillos distintos, al llegar a la esquina chocaron con violencia.
-¡Ay!-farfulló la niña sobándose la nariz.
-¿Qué haces?-se quejó el chico de pelo azul, -¿por qué siempre corres como posesa?- añadió levantándose para ajustar las correas de sus grebas.
-Mira quien habla- apostilló Mu arrojando el montón de cenizas del pergamino al aceite de la tea.
-Yo corría porque es una emergencia, Vitt siempre corre por nada.
Niké le enseñó la lengua.
-¿Qué mosca te pica? ¿cuál es la emergencia?
-Debemos ir a Delfos de inmediato, el Patriarca insiste en que tu viaje a Jamir no puede esperar y que también Shura, Ángelo y Afrodita deben marcharse cuanto antes- explicó Camus, no sin un dejo de desaliento, -por eso es que venía a buscarlos.
-Todos están en el gimnasio- respondió Mu.
-Iré a avisarles, deberíamos estar de vuelta ésta misma noche. Vitt, ¿puedes ir a la cocina a pedir los almuerzos?
Ella asintió y echó a correr otra vez en dirección a las cocinas.
-¿Lo ves?- exclamó Camus echando los brazos al cielo, -Vamos al gimnasio.
Cuando ambos chicos entraron vieron a los demás entrenando en parejas, algunos montados sobre anillos móviles para dar más realismo a su pelea y otros dentro de los cilindros de metal que se caldeaban con válvulas de gas, de modo que los ejercicios eran más complicados.
Camus se acercó a Eko que supervisaba el entrenamiento desde una esquina para explicarle la situación y la amazona hizo sonar un enorme gong dorado que pendía entre dos columnas. Los chicos se acercaron y hubo gran júbilo por el inminente viaje para recibir el oráculo de la Numeriana, acordaron verse en la Senda de Aries en una hora para salir.
Antes de irse Shura se acercó a Eko
-Respecto a lo que te pregunté… no tienes que dar una respuesta ahora mismo, por fa-
Pero la amazona le revolvió el cabello sin disimular su cariño por el niño.
-Iré contigo a donde sea Shura, ya lo he decidido
-¿En serio?-dijo él poniendo las manos sobre la cabeza para impedir que ella lo siguiera mimando, -¿no importa si no vuelves?
-Será duro al principio- concedió ella poniendo los brazos en jarras, su máscara reflejaba el rostro de su alumno, -pero cuando decidí entrar a la Orden Guerrera y Amazona, ya sabía la clase de renuncias que haría y las acepté con gusto. Febo y Daphne piensan lo mismo.
-¿También se irán?- preguntó Shura, Ángelo y Afrodita estarían a la mar de contentos. Eko asintió
-Febo irá con Ángelo y Daphne con Afrodita. La verdad es que lo supimos desde que os dejaron en nuestros brazos el día que llegaron a la Montaña Sagrada, nunca podríamos abandonaros pero no se lo digas a nadie; Mirra sobretodo, odia los sentimentalismos.
El chico sonrió y antes de correr hacia la Senda de las Rosas, le dio un rápido abrazo y se marchó sin mirar atrás.
.
.
.
Minutos más tarde, cuando todos se hubieron reunido en Aries, llegó Vittoria cargada de paquetitos, traía puesta ropa de civil y el pelo atado en una coleta.
-¿Qué hacen?- dijo atónita mirando a sus compañeros que llevaban encima sus ropas de entrenamiento. –No se imaginan entrar así a Delfos ¿verdad?
-No vamos de incógnito Vittoria, trae acá la comida- ordenó Shura, por ser el mayor en ausencia de Saga y Aioros, se creía con derecho de tomar la iniciativa del grupo.
-De ninguna manera, quítense esos harapos y luego nos iremos- se empecinó ella, -Ir vestidos así es como traer una señal indicando que el Santuario no tiene guardianes.
-Estás loca- recriminó Ángelo, -¿a quién le importa? Ya sabemos que no debemos tomar el autobús.
-No, tiene razón-interrumpió Afrodita, -Ya hemos tomado posesión de los templos, aunque sin armaduras, ya somos guardianes de las casas del Zodíaco.
-¿De dónde quieres que saquemos ropa aquí?- preguntó Milo con las palmas al aire.
-Mu- dijo Aioria sacudiendo a su amigo que cabeceaba sobre una roca, -¿tienes ropa normal en tu Cámara?
-¿Eh?- dijo él medio dormido y medio despierto, -Sí, creo que-
-¡No se hable más!- gritó Milo agarrándolo por el hombro y arrastrándolo al interior de la Casa de Aries.
Antes de seguirlos con los demás, Shura se giró para ver a Shaka
-¿A ti te da igual no?
Shaka se cambiaba religiosamente a las túnicas de meditación cuando no estaba entrenando, asintió con diversión mientras ayudaba a Vittoria a colocar los paquetes sobre una columna caída.
Los chicos esculcaron sin discreción por toda la Cámara de Aries pero sólo encontraron unos cuantos cambios de ropa y nada de zapatos.
-¿Cómo que no tienes más que las grebas?- se quejó Aioria
-Disculpa, jamás me imaginé que acabaría necesitando…-Mu indignado se detuvo a contarlos, -¡ocho pares de zapatos extra!- bufó.
-No importa Mu- apuntó Aldebarán tratando de calmar los ánimos, mientras más les tomara marcharse, más tarde volverían, -de todos modos, esta ropa no me viene. Tengo que subir a mi Cámara.
Shura resopló, la Senda de Tauro, por tener la cascada, era mucho más larga y sinuosa de recorrer pero no había remedio.
-Ángelo, Afrodita y yo subiremos con Aldebarán para conseguir más ropa, oculten las grebas bajo los pantalones para que no se noten.
-¡Parece que vamos en tacones!
-Ya deja de quejarte Milo
-Camus, congela esta parte para que no se vea…
-¡Suficiente!- ordenó Shura, -bajen a la Senda y nosotros volvemos enseguida.
Tomó bastante tiempo pero al final todos estuvieron listos, y ya reunidos con Shaka y Vittoria, explotaron su cosmo concentrándolo en las piernas y se encaminaron a Delfos.
Avanzaban tan rápido que no se percataron del cruce por la carretera pavimentada hasta que un automóvil de horrible color marrón se estrelló de frente contra el joven Santo de Acuario.
El chico en acto reflejo congeló el cofre y escudado por su cosmo, no recibió herida alguna. Los ocupantes del vehículo también parecían ilesos, medio ocultos tras las bolsas de aire que amortiguaron su impacto; sin embargo, el incidente hizo detener el avance de los niños.
-¡No puede ser!- oyeron una voz de mujer desde dentro del coche, -¡has atropellado a un niño!
Todos se miraron alarmados, afortunadamente a pesar de ser tan jóvenes, a lo largo de los años habían desarrollado una extraordinaria habilidad para reaccionar en conjunto en los momentos de peligro. Camus, que viajaba justo a la mitad del grupo, se quedó frente al automóvil junto con los que estaban tras él; mientras que los demás se echaban a correr explotando de nuevo su cosmo y perdiéndose en la distancia.
Shura, que viajaba al último hizo señas a Camus para derretir el hielo sobre el panel de defensa del coche, se encontraba pensando que hacer para disimular la abolladura cuando la mujer salió del auto. Sabía que disponía sólo de unos instantes antes de que se percataran que a pesar del brutal impacto, ninguno había salido herido.
De pronto Aldebarán se echó al pavimento frente al coche, poniendo los ojos en blanco y sacando la lengua para que colgara de la comisura de su boca, fingió estar inconsciente.
A punto estaba de preguntarle qué es lo que creía estar haciendo, pero la mujer le interrumpió
-¡Ay no! ¡qué horror!- exclamó aterrada y fuera de sí, -¡le has matado idiota! ¡le has matado!
Su compañero salió del auto, era un hombretón moreno y por las manchas de su vestimenta, dedicado al negocio de la construcción.
Camus se hallaba tan congelado como el hielo que había derretido instantes antes, no fue hasta que Afrodita le tocó el hombro que Shura pudo mover la boca.
-No lo creo señora, me parece que sólo tiene una contusión.
-Pero ¿de dónde diantres han salido? ¡Juro que no les he visto cruzar la carretera! Y de pronto, ya he matado a uno de ustedes- aquel gigante parecía a punto de echarse a llorar.
Afrodita se acercó a Aldebarán y fingió examinarle, haciendo más teatro del necesario torciendo sus agraciadas facciones en gesto melodramático y preocupado.
-Está muy lastimado…- anunció
-¡Llama a una ambulancia inútil!- ordenó la mujer, el rostro bañado en lágrimas y al borde de la histeria.
-¡Pero no tan lastimado!- corrigió Afrodita. Shura se acercó para alejarlo de Aldebarán a puntapiés.
-Le aseguro que no hay de qué preocuparse señora, mi amigo aquí exagera. Alde-se interrumpió al percatarse que no debían usar sus nombres verdaderos.
-Alde- completó Camus con seguridad acudiendo en su ayuda, -es fuerte como un roble. Mire- ilustró dándole pataditas en la cabeza, -¿ve? Sin fracturas.
Shura pensó porqué Atena le había maldecido con aquellos subnormales, y a juzgar por la expresión en los rostros de la pareja, ellos pensaban lo mismo.
-De todos modos-carraspeó la mujer, ya más sosegada –estaría bien que le examinen la cabeza…-y luego añadió, -aunque me temo que no debería ser al único.
-¿Qué hacen unos niños como ustedes aquí? ¿en medio de la nada?- inquirió el hombre.
-Se nos ha parado el autobús- respondió Camus, -en el cambio ya no cabíamos todos y hemos tenido que caminar.
-Pero es día de escuela…¿por qué no…
El rumbo de la conversación se tornaba peligroso, por lo que Shura gritó
-¡Vaya! ¡Miren, ya está recobrando la consciencia!- y propinó una patada al pie de Aldebarán que nadie más vio, el chico abrió los ojos con lentitud y metió la lengua en su sitio.
-¡Qué soberbio golpe!-exclamó con dramatismo.
Shura vio a Afrodita, oculto tras la pareja, darse una palmada en la frente. Nadie usaba esa clase de expresión a no ser que tuviese cincuenta años…o que se llamara Aldebarán y viviese en el Santuario.
-¿Qué?-dijo la mujer.
-¡Qué bueno que te encuentras bien!- gritó Shura fingiendo alivio.
-Si, ha sido una suerte colosal.
Camus que le ayudaba a levantarse, puso los ojos en blanco.
-Vuelve a dormirte y despierta cuando tengas sesenta años- le susurró al oído sin que el hombre o la mujer le oyeran, -entonces te estará permitido soltar esas frases.
-¿Qué tiene?- musitó Aldebarán con extrañeza.
-Pues… pues…-tosió el hombre, sorprendido. –Me parece que efectivamente, has corrido con mucha suerte jovencito. ¿A dónde os dirigíais?
Ni idea tenían del punto exacto donde se encontraban, por lo que Shura sólo dijo que a la ciudad.
-Nosotros también vamos de camino, les llevaremos.
-No, no quisiéramos moles-
-¡Tonterías!- gritó el hombretón arrastrando a Camus, el más pequeño, al interior del vehículo.
-No seas tonto- le dijo la mujer, -tenemos que remolcar el coche-explicó señalando las bolsas de aire que impedían acceder a la parte delantera del auto. Suspirando aliviado, Camus descendió del coche por la otra puerta.
-Vaya es cierto.
-Bueno, nosotros tenemos un poco que prisa y…
-¡Nada! Insisto en que los paramédicos echen una ojeada a Alde- dijo la mujer sacando un aparato pequeño de su bolso.
Los niños jamás lo habían visto, pero parecía que usaba un teclado para marcar un número. De pronto alguien contestó del otro lado de auricular. Más que aterrados, los chicos se percataron que era un teléfono móvil y que la mujer se disponía a llamar a la ambulancia.
-¡Vámonos de aquí!- ordenó Shura presa del pánico, orando a los dioses que a sus hermanos no se les ocurriese explotar su cosmo para huir y que sólo corriesen del modo convencional. Afortunadamente así fue pero….
-¡No huyan!- gritó el hombre, -¡Mila, estoy seguro que son delincuentes juveniles en camino para dar su siguiente golpe! ¡Seguro son reos de justicia!
-¡Enseguida les denuncio!- acordó ella. Su voz describiéndoles enmudeció en la distancia cuando Shura les perdió de vista corriendo por los montes y dejando atrás el camino.
Ya a buena distancia, se detuvieron para tomar aire.
-Es mucho más agotador correr de éste modo que usando cosmo- resopló Afrodita aprovechando la pausa para atarse el cabello.
-La hemos montado buena-respiró Shura, -nos han denunciado.
-Los he oído mientras huíamos- concedió Camus usando su cosmo para enfriar su acalorada cabeza, -pero no podíamos quedarnos, los demás probablemente ya han llegado a Delfos y no podíamos arriesgarnos a que nos descubrieran.
Las soleadas colinas eran bastante escarpadas, y para correr con velocidad normal tuvieron que sujetarse de arbustos espinosos y tropezar una que otra ocasión por el verdoso musgo formado durante la estación de lluvia que ahora se marchitaba por la sequedad del invierno. Se miraron unos a otros, las ropas que Mu y Aldebarán les prestaron estaban cubiertas de arañazos y manchas de tierra, éste último suspiró tristemente.
-Pongámonos en camino- dijo Shura, y una vez más explotaron su cosmo para echar a correr en la misma dirección por donde habían visto desaparecer al resto del grupo.
.
.
.
Milo y Aioria se detuvieron frente a una carpa de colores cuyo enorme letrero rezaba "Profecías de la Numeriana" en toscas letras rojas de distintos tamaños, la tiendita estaba rodeada por banderines azules y no había manera de asomarse desde fuera para saber si había alguien.
Haciendo señas a los demás, Ángelo decidió que entraría él mismo para inspeccionar si la pitonisa de antaño se encontraba dentro. Después de indicarles que le esperasen fuera, entró decididamente haciendo a un lado la tela con figurines dorados que cubría el acceso.
Una vez dentro, el chico entrecerró los ojos para ajustar la vista de un sol cegador a la penumbra de la carpa, no había espacio más que para una mesita redonda cubierta por un mantel púrpura y tres sillas de tamaño justo para que un adulto al sentarse tuviese las rodillas a la altura de los codos. Alrededor y desperdigadas sobre un deslucido tapete rojo, había velas gordas con llamas sinuosas que goteaban cera amarilla; y cuando Ángelo inhaló se percató del ligero olor a tabaco rancio impregnado en la tienda.
-¿Quién viene a consultar la sabiduría del más allá?- exclamó una voz ronca.
El muchacho arrugó la nariz y reconoció a la mujer de los periódicos que les había mostrado Camus, más anciana de lo que revelaban las fotografías.
-Soy Ángelo, vengo de Rodorio.
-Lo sé pequeño, toma asiento.
El Santo de Cáncer esquivó las velas para sentarse en una de las sillas, mientras que la anciana a la que suponía la Numeriana, arrastraba otra para quedar frente a él. Llevaba un paño oscuro atado a la cabeza desde el que pendían algunas moneditas, lo miró distraídamente.
-Dime, ¿qué deseas conocer?
Ángelo alzó las cejas, ¿no se suponía que lo sabía ya? Vaya con la embustera encarnación del oráculo más famoso de la antigüedad
-La verdad no vengo preparado para-
En ese momento, la mujer lo miró con cuidado.
-Cáncer- susurró, -eres un Santo de Oro.
El chico parpadeó confundido y casi sin darle a tiempo a reaccionar, la mujer se inclinó con asombrosa rapidez y le sujetó la muñeca con firmeza.
-Tus estrellas me lo han revelado- dijo con una voz totalmente diferente, la sorpresa hizo jadear a Ángelo; sonaba como si hablasen muchas personas al mismo tiempo, pero todo salía de la boca sin algunos dientes de aquella anciana.
-Cuatro versos, un final. La traición sabe tu nombre, la muerte se lo ha dicho. En el ocaso de tu vida, las dos se encontrarán, para ti no tengo números, pues sólo hay una posibilidad.
Y tan pronto como le había pescado, lo soltó. Ángelo se levantó de inmediato y trastabilló con las sillas mientras procuraba salir de allí. Cuando pasó la entrada se encontró con sus hermanos de armas que le miraron alarmados
-¿Qué te pasó?
-¿Estás bien?
-Te has puesto pálido.
Como pudo, el chico recobró la compostura.
-Lo siento, sólo que me ha soltado mi profecía y me ha sorprendido un poco.
-¿Entonces es real?- preguntó Aioria.
-Pues el modo en el que habló pareció que lo era- y después de pensarlo un poco añadió, -pero el contenido me pareció un montón de pamplinas.
Y dicho eso se marchó para salir de la zona de tiendas, necesitaba aire.
-¿A dónde vas?- le gritó Vittoria.
-Los veo fuera, no me apetece volver a entrar.
Los demás se miraron confundidos.
-Tal vez sea mejor entrar juntos…-sugirió Mu, los demás asintieron. Shaka retiró la tela de la entrada y los cinco entraron a la tienda.
-¿Qué pasa?- la Numeriana parecía confundida. Shaka se acercó mostrando las palmas.
-Hemos venido a que nos haga el oráculo. Sabemos quien es usted en realidad y porqué sus profecías son-
-Yo no digo mis secretos a grupos jovencito, si quieren-la mujer se interrumpió para verlos de cerca, las velas alumbraban su piel reseca. –Son ustedes…-dijo mientras su voz cambiaba hasta ser la misma que había escuchado Ángelo, -también tienen los rostros de estrellas como lo tenía el otro chico. Y tú- añadió viendo a Vittoria, -tu cuerpo tiene alas y una lanza.
La Numeriana extendió los brazos y miró hacia arriba, un viento extraño le agitaba los ropajes de gitana e hizo sonar las moneditas que colgaban del tocado en su cabeza.
-Aries- gritó, -"Se acerca de una vida el mayor dolor. Tres jaulas hay que romper: de acero, de fuego y de hielo. Dos penas habrá para ti: la de vivir, y otra que no tendrá fin"
-Leo- escupió girándose hacia Aioria, el niño aún veía a Mu con rostro aterrado y palideció cuando aquel centenar de voces cavernosas se dirigieron a él, -"Dos rayos fulminan la espada y una flecha que dudaba. El centauro se ha ido y su arco está perdido. Vuelven dos alas sobre un caballo, para tu corazón afligido solo allí sabrás que no todo se ha hundido"
-Escorpio- continuó la Numeriana, implacable. Milo respingó, -"Tú solo un ataúd de hielo temerás; dos agujas has de guardar: la del gemelo y la del huérfano. Seis traiciones conocerás, pero ni una te corromperá"
-Virgo- Shaka fue el único que no se arredró aunque no había manera de saber si era porque aquello le importaba poco o porque no quería perder detalle, -"Tres fuegos que encender jamás podrás: del ciego, del mudo y de aquel cuyo oído jamás volverá. Dos flores has de sembrar: por el sueño y por el duelo; y sólo un arma has de portar, pues por ciento ocho cuentas matarás y morirás"
-Niké- Vittoria quiso imitar la valentía de Shaka, pero no pudo menos que sobresaltarse al escuchar su propio oráculo, -"De tres cántaros has de beber: el de la sed, el de la hiel y otro de miel. Con dos alas volarás: una que te elevará y otra te devorará, de lenta traición morirás"
La Numeriana pareció quedarse muda, carraspeó y se desvaneció desapareciendo por debajo del mantel de la mesita; dejando a su audiencia sin aliento y no fue sino momentos después cuando todos se percataron que estaban respirando violentamente.
-Bueno- apostilló Milo tratando de calmarse, palmeó la espalda de Shaka y soltó una risita burlona, -Je je, no vas a dormir.
-Salgamos de aquí-
-¿La dejamos así?- soltó Mu antes de salir.
-No sé, ¿qué opinas?- dijo Aioria que era el último, aún estaba pálido.
Mu se encogió de hombros e hizo levitar a la adivina para que quedara sentada, recargada en la mesa.
Una vez fuera, les pareció haber salido de un mal sueño, caminando por las carpas para salir del circo vieron a Ángelo sentado sobre la acera, miraba el cielo y parecía que había estado llorando. Al llegar junto a él, Vitt inclinó la cabeza sobre su hombro y pareció que él se tranquilizaba.
-El Anciano Maestro- comenzó Shaka, viéndolos a todos con sus grandes ojos azules y el cabello revuelto; no se parecía en nada al Shaka habitual -dijo que no se debe hacer mucho caso de las profecías.
Todos le miraron
-Su cumplimiento depende de muchas cosas.
-Yo estuve ahí cuando te lo dijo Shaka- respondió Ángelo apesumbrado, -Hablaba de los theiones, no de los oráculos.
-El concepto es el mismo
-¿Te dijo si el suyo se cumplió?
El silencio que le siguió a esa pregunta fue respuesta suficiente, no fue hasta que la luz de las bombillas en los faroles se encendieron que se dieron cuenta del tiempo que habían pasado viendo la calle. Milo alzó la vista en dirección a la entrada del pueblo y vió aparecer a la otra parte del grupo al que habían dejado atrás hacía unas horas.
Pero ni siquiera ver a su mejor amigo le animó a levantarse, ni tampoco ver una ilustración del rostro de Shura impresa en la edición nocturna del periódico de Delfos, cuyas hojas cayeron junto a él bajo una nota que decía "Pandilla de delincuentes juveniles suelta"
.
.
.
Shion se retiró el casco de la cabeza y lo depositó en una urna. Se había retirado a sus aposentos para descansar después de haber despedido a los alarmados guardianes de los Santos que acudieron asustados porque los chicos aún no volvían.
-Descuiden, -les tranquilizó, -tenía contemplado que tardarían en su viaje de regreso; son perfectamente capaces de dormir en las colinas y volver al amanecer.
Sabía que era algo arriesgado dejar al Santuario sin guardianes, pero de cualquier forma ninguno tenía armadura, así que únicamente ordenó a Talina, la comandante de las amazonas, que redoblasen las patrullas durante la noche; y a Mirra, Eko y los otros que se marcharan a dormir a las cabañas.
Después de cambiarse, el papa miró de nuevo la carta que le había enviado Aioros desde Siena el día anterior, se supone que él y Saga ya se encontraban de camino a volver y de hecho, si los cálculos no le fallaban, cuando menos ya habían entrado a Grecia.
Suspiró exhausto, los dioses no perdonaban a nadie.
Aquella carta narraba el pasado de Ángelo, y por su contenido, lo que más convenía era enviarlo fuera de Siena, tal vez Sicilia. Pero la mayoría de los Santos volvería a su país de origen pues aquello era parte de cerrar un capítulo de subida que quedaba en el pasado y que por ahora permanecía inconcluso.
"Salve Patriarca" – comenzaba el texto, escrito en perfecto griego antiguo, "hace ya unas horas que el Santo de Géminis y yo, el Santo de Sagitario en el presente siglo, hemos arribado a Siena…" recordó Shion sentándose sobre el lecho y mirando las ondas que formaba la enorme cortina de terciopelo rojo que cubría los ventanales.
Demasiadas veces había visto, leído y oído sobre las tragedias en las vidas de los habitantes del Santuario, fuesen Santos, guerreros o amazonas. Todos tenían una. Y la de Ángelo era especialmente macabra.
La pequeña aldea a las afueras de Siena de donde Ángelo procedía fue la única que no fue infectada por la peste negra en épocas medievales y en la región se popularizó la historia de que sus habitantes la habían desatado o conocían la cura y no la compartieron; con el tiempo fueron aislados de las rutas de comercio y de los mismos mapas, por lo que incluso en aquel mundo moderno, su gente sobrevive de la tierra y del ganado.
Los padres de Ángelo eran parte de una larga y antigua familia de boticarios, gozando de estatus y riqueza. Por la falta de comunicación con el exterior, hubieron de inventar varias medicinas naturales por su cuenta y muchas personas eran conscientes de deberles la vida.
Cuando Ángelo nació y el Adoratorio de Siena envió misiva sobre la condición cósmica del bebé y su conexión con Atena, la familia a pesar de entristecerse, mostró absoluta disposición para enviar al niño a Grecia
Sin embargo, poco antes de que esto sucediera y cerca del día del Festival de la Cosecha, ocurrió una terrible pandemia que se propagó con velocidad; muchas personas murieron y todos acudían desesperados del doctor a la botica por el remedio para prevenir aquella tragedia sea cual fuera el precio; el tiempo pasaba y no había señal de mejora. Fue entonces cuando la gente comenzó a sospechar… ninguno en la familia de Ángelo había caído enfermo, la botica se enriquecía y a pesar de todo su prestigio, éste poco a poco se fue perdiendo.
Tan rápido como antaño se esparció el rumor de que la aldea había soltado la peste negra en la región, se hizo la creencia que la botica había propagado aquella enfermedad por el pueblo; y el punto de quiebre ocurrió cuando la mañana del Festival de la Cosecha, el hermano mayor de Ángelo acudió al pozo de la plaza para sacar agua. El chiquillo llevaba con él un frasquito con gotero que empleaba para volver el agua potable, no era nada raro, nada inusual. Pero la suspicacia de la gente fue su perdición. Afirmaron que le habían visto verter el frasco en el pozo y que eso era la fuente del mal que aquejaba a la gente, entre antorchas, gritos y maldiciones; el niño estaba muerto y la gente se dirigió a la botica llevándolo en andas como un grotesco trofeo
Aioros había puesto más detalles en la carta pero Shion no necesitaba leerlos para intuir el resto de la historia, toda la familia pereció en un incendio del que ni la justicia local hizo investigación y la única razón por la que Ángelo sobrevivió fue porque quedó oculto entre las tablas y el hollín lo había dejado sin voz; unas horas después llegaron a toda velocidad guerreros y amazonas del Adoratorio para recoger al bebé Sin Nombre de aquella masacre calcinada; llevándolo a Grecia de inmediato.
El Patriarca suspiró, otra vez los años le pesaban como si fuesen una enorme piedra que cargaba a todos lados. Se retiró los collares y la larga túnica negra.
Ningún Santo de Oro tenía ya a su familia en éste mundo, y no podía decirse que alguna historia fuese mejor que otra, pensó en Mirra y su horrorizada voz cuando descubrió que el Santo de Acuario había congelado a su madre al nacer; en Saga, raquítico y agresivo cuando le descubrieron en las calles; en Aioros y Aioria pidiendo dinero en tugurios, en Aldebarán, al que habían rescatado de traficantes en Turquía y hasta la madre de Shaka, que era princesa, había sucumbido en un estallido de luz azulada sobre las escaleras del mismo Santuario para traer al mundo el mala de 108 cuentas.
Él mismo no recordaba una figura paternal que no fuera Hakurei o más hermanos que los habitantes de la pagoda de Jamir o los Santos de Oro de hacía dos siglos. Tal vez era ridículo haber esperado alguna otra cosa, y tal vez era tonto lamentarse de situaciones que estaban destinadas a volver a ocurrir una y otra vez en tanto que hubiera Santos caminando en la tierra, porque significaba que ésta quedaría desprotegida el día que aquellas historias de dolor no ocurriesen.
Esa era su mayor gloria y su mayor tragedia.
Con éste lúgubre pensamiento flotándole en la mente, Shion se quedó dormido.
.
.
.
Aldebarán levantó la cabeza y olisqueó el aire; la comida de los paquetes que Vittoria había llevado no hicieron más que exacerbar su apetito, aún más después de que al entrar en la tienda de la Numeriana para que el grupo que faltaba recibiera el oráculo, descubrieron que ésta se encontraba inconsciente todavía.
-¿Están seguros que es ella?-inquirió Shura dubitativo.
-Sí, aunque lo que diga sean un montón de patrañas- apostilló Aioria y todos los demás estuvieron de acuerdo.
Afrodita se encogió de hombros y sugirió que podían comer mientras esperaban, pero los paquetes no contenían más un frugal almuerzo y todos se quedaron con la sensación de no haber comido más que algo de pan. Rápidamente comenzaron a juntar dinero.
-Mu podría levitar-sugirió Milo rascándose la cabeza al ver que no era suficiente -Y la gente le arrojaría monedas.
Pero Shura sabía que aquello llamaría demasiado la atención y además los cirqueros podrían meter sus curiosas narices si resultaba un espectáculo exitoso. Así que resolvieron comprar lo que alcanzase y cazar algo de vuelta al Santuario pues anochecía y no podían quedarse a pernoctar en Delfos, pero tampoco era factible marcharse antes de que él, Aldebarán, Afrodita y Camus vieran a la Numeriana.
Entraron en algunos locales de comida en búsqueda del que fuese menos costoso, y al fin después de unos minutos y para alivio del estómago de Aldebarán, cada vez más ruidoso, se sentaron alrededor de una mesa dispuesta al interior de un pequeño mesón.
Pero a ésa hora, un grupo tan numeroso de niños por fuerza llamaba la atención, y no pasó mucho tiempo antes de que alguien reconociese el rostro de Shura impreso sobre el periódico de la tarde.
El chico se revolvió incómodo en su asiento.
-¿Por qué siento que todos me miran?
Aioria dejó de atacar su porción de carne y echó un vistazo a su alrededor.
-No lo sientes, todos te miran.
-¡Oh no!- exclamó Milo como acordándose de algo y sacó una página de periódico que llevaba doblada en el bolsillo del pantalón, -¡olvidé mencionar esto!- y colocó la nota sobre una pandilla de jóvenes criminales al centro de la mesa.
-¡Vámonos de aquí!- ordenó el joven Santo de Capricornio.
-¿Sin pagar?
-Deja en la mesa todas las monedas y-
Pero antes de que Shura acabase de hablar, un hombre se escabulló por atrás de Vittoria y le rompió un plato en la cabeza, dejándola inconsciente sobre el suelo.
-¡Son ellos! ¡Son ellos!
-¡Traigan a la guardia!
-¡Llamen a la policía!
Por un momento reinó la confusión, entre los que intentaban sujetarlos y el hombre que se arrodilló para tomar a Vittoria e intentar echársela al hombro. Pero aquello se quedó en intento porque cuando tocó a la niña, Afrodita arrimó la pesada silla de una patada y descargó el codo sobre la nuca del hombre que quedó atontado.
Sabiendo que ya estaban comprometidos, lo único que Shura alcanzó a gritar fue:
-¡Noquénlos!- antes de que el caos se desatase.
Con un agudo grito de rabia, Afrodita acabó de derribar al hombre que volvió a tratar de llevarse a Vitt, ésta vez el individuo se desplomó sobre el suelo y ya no se movió. Aioria saltó sobre la mesa para lanzar los cazos y ollas, en tanto que otros dos hombres se abalanzaban sobre Mu y Shaka, éste último derribó a su atacante estrellándole un vaso a mitad de la cara. Mu usó la psicoquinesia para lanzar a otro sobre el mostrador.
-¡No los dejen alcanzar la puerta!- gritó Shura al ver que los otros comensales se levantaban rápidamente.
Aldebarán pescó a uno de ellos cuando ya tenía la mano en el picaporte, pero otro se le escapó y ya en el exterior oyeron como llamaba a la guardia.
Ángelo, esgrimiendo los puños, entabló duelo contra un hombre con complexión de luchador. Otro, al ver que Aioria y Afrodita se le echaban encima, saltó por la ventana. Podían oír el sonido de las sirenas en la calle.
-¡Shura, tenemos que salir de aquí!- gritó Camus, pero en ése momento un muchacho corpulento lo agarró del cuello tirándolo al suelo. Milo, emitiendo un grito salvaje, se encaramó al mostrador y comenzó a lanzar jarras contra el atacante de su mejor amigo. No le dio a Camus de milagro.
Vittoria despertó medio amodorrada y se puso de pie en medio del desorden.
-¡Un momento!- chilló mirando por los cristales rotos de una de las ventanas, -Miren a-una jarra golpeó a la niña en la cabeza, tumbándola de nuevo.
-Uups…-dijo Milo.
Camus estranguló a su agresor y lo dejó inconsciente bajo una mesa, se arrodilló al lado de Vittoria, quien gemía y trataba de incorporarse.
-Camus, allá afuera- la chica parpadeaba atontada. De pronto preguntó -¿quién me ha golpeado?
-¡Ese muchacho bajo la mesa!-respondió Milo señalándolo, pero no tuvo tiempo de especificar más pues otro hombre se le abalanzó.
Volvió a escucharse el sonido de las sirenas, ésta vez más cerca.
-¡Por Atena!- bufó Aldebarán, luchar sin cosmo era poco ortodoxo y fatigoso, -¡Hemos de salir de aquí!
-¿No hay salida por alguna puerta de atrás?- gruñó Aioria, quedándose sin municiones y corriendo para ayudar a Milo.
-Si, la hay- dijo otra voz, más calmada y conocida.
Los niños no pudieron evitar mirar en dirección de la puerta de la cocina. Había allí dos chicos, uno con largo pelo color violeta que les miraba divertido y el otro con expresión solemne, llevaba una cinta roja alrededor de la cabeza.
-¡Saga!
-¡Aioros!
Tan pronto entraron, los recién llegados se metieron a la reyerta.
-Explíquenme- dijo Saga despachando a tres oponentes de una sola patada, -¿por qué estamos luchando como un montón de señoras que no han comido pan?
-Primero salgamos de aquí- gritó Aioros cogiendo a dos de la cabeza y estrellándolos entre sí.
Ante la llegada de dos refuerzos, aquello se niveló, Saga y Aioros despacharon con rapidez a los elementos de mayor tamaño y en pocos minutos el lugar quedó despejado, aunque no significaba que un mayor número de personas llegaran para impedirles la huida, ésta vez, sería la guardia de la ciudad.
-Vámonos- ordenó Saga abriendo la puerta por donde había entrado y que todos los chicos pasaran, Aldebarán llevaba a la confundida Vittoria sobre la espalda, Aioros depositó un fajo de billetes sobre la caja.
-Por las molestias-indicó a la camarera oculta del desastre tras la barra.
Ya fuera se percataron que había anochecido.
-Por aquí- indicó Saga liderando al grupo mientras Aioros cuidaba la retaguardia.
-¿Cómo nos han encontrado?- preguntó Shura corriendo a su lado.
-Sentimos el cosmo de Mu al usar la psicoquinesia y vimos esto- informó Saga alargándole el periódico con su retrato pintado, -¿en qué se han metido? Creí que era el único que se metía en problemas- sonrió alborotándole el pelo aún mientras corrían.
-Bueno…
Oyeron los gritos de la guardia de la ciudad indicándose unos a otros hacia donde los habían visto dirigirse. Shaka miró al cielo, no había luna y los nubarrones se arremolinaban, un trueno sonó a la distancia.
-Lloverá- dijo observando al grupo avanzar bajo la luz fantasmal de las bombillas. Se percató que el rostro de Aioros estaba marcado por la fatiga y Saga corría con los hombros caídos y haciendo un notable esfuerzo; mientras que los demás comenzaron a respirar pesadamente. Se estaban quedando sin fuerzas y no habían salido aún de la parte vieja de la ciudad; además no había que ser un genio para saber que seguramente ya habrían cerrado la antigua muralla esperando atraparlos de un momento a otro, no eran más que ratas corriendo por un laberinto cerrado.
-Hemos de encontrar un refugio-dijo-, algún lugar en el que podamos descansar.
-Saga-exclamó Aioros llamando la atención del chico que iba a la cabeza, Saga indicó un callejón a la distancia y se quedó rezagado para discutir con Aioros-tendremos que salir por el lago. Si lo cruzamos, podremos encontrar refugio en alguna gruta y así mañana no tendremos que caminar tanto.
-¿De dónde vamos a sacar un bote?- preguntó Saga, se dividieron en tres grupos para ocultarse mejor entre las sombras y esquivar una patrulla que doblaba la esquina.
-Eso no es problema- musitó Milo que se había quedado con ellos, -estoy seguro que habrá alguno por ahí que podamos-
-No vamos a robar Milo-le interrumpió el Santo de Sagitario mirándolo con severidad.
-Iba a decir tomar prestado.
El muchacho suspiró y se rascó la cabeza, de todas las cosas que se había imaginado al volver a Grecia, aquella sin dudarlo, era la última que se le habría ocurrido…huyendo todos como una pandilla de ladrones. Miró a Saga que se encogió de hombros; sin preguntárselo, ya sabía su opinión.
-Lo del bote es una buena idea- accedió Aioros al fin después de unos segundos. –Se ocupan ustedes. Y no se lo digan a Aioria-añadió. –Yo me encargaré de ello.
-¡Perfecto!- Milo soltó una risita y regresó junto al resto del grupo. –Sigamos- y comenzaron a correr de nuevo. Ángelo lo siguió refunfuñando seguido de Afrodita. Camus apretó el paso y se reunió con Milo
-¿Por dónde iremos?
-Tendrá que ser por el lago- indicó el niño mirando por encima de los tejados de las casas,-apuesto que ya han cerrado todos los otros accesos.
-Debemos ir rápido entonces- dijo Camus viendo como Aioria usaba su cosmo eléctrico para fundir un par de faroles, -Si han hecho eso, lo lógico es saber que escaparemos por el agua.
-¿Cuál es el plan?- preguntó Mu emparejándose con ellos.
-Cruzaremos el lago en bote.
-¡Oh!- gorjeó el chico- ¿se lo han dicho a Aioria?.
-No, pero de eso se ocupará Aioros.
-¿Dónde vamos a conseguir un bote?-preguntó Vittoria suspicaz.
-Creo que estarás más tranquila si lo ignoras- le contestó Mu adivinando la expresión traviesa en los ojos de Milo.
La niña arrugó la frente y sus ojos grises demostraron desconfianza cuando miraron al joven Santo, pero éste ya se había adelantado revoloteando de sombra en sombra.
-Aioros, esto no me gusta- le dijo la chica, -Primero pandilleros y ahora estamso a punto de convertirnos en ladrones.
-Yo no me considero ningún pandillero-gruñó Shura, ya al tanto de la situación. –Esos periódicos no cuentan.
Saga notó que Aioros miraba fijamente a Shura.
-A mí tampoco me gusta todo esto Aioros- le dijo rápidamente, -pero es cuestión de necesidad. Mira a Afrodita y Ángelo, su orgullo es lo único que los mantiene en pie. Mira a Aldebarán…-el niño, a pesar de ser casi tan alto como el propio Saga, se arrastraba por el empedrado, caminando siempre entre las sombras y apoyándose cuando podía sobre las paredes.
Aioros suspiró y dijo bruscamente
-Muy bien. Apresurémonos.
Pronto las calles y callejones quedaron atrás y el grupo entró en los puestos cerrados del mercado que rodeaba el lago donde ya no había alumbrado público. Saga escuchó el débil sonido de gritos amortiguados por la distancia.
-Han encontrado el desastre del mesón-dijo. Aioros asintió apesumbrado. De pronto, en medio de la oscuridad, aparecieron Milo y Camus.
-El camino continúa medio kilómetro más hasta llegar a los muelles-anunció Camus.
-Nos reuniremos con ustedes. Ya nos verán- continuó Milo.
Después de un gesto vago e incierto, desaparecieron antes de que cualquiera pudiese pronunciar palabra. El joven Santo de Capricornio volvió la mirada hacia atrás, a pesar de las luces que había fundido Aioria, se distinguía claramente que el movimiento de la policía se acercaba hacia ellos.
-¿A dónde se han ido?- gruñó Aioria mientras continuaban avanzando por el mercado.
-Milo y Camus se reunirán con nosotros en el lago.
-¿Lago?-pronunció Aioria con expresión alarmada. -¿Qué lago?
-Sólo hay un lago por aquí Aioria. Sigamos, no debemos detenernos.
Concentró la vista a la distancia y distinguió la figura corpulenta de Aldebarán andando junto a la forma más pequeña de Vittoria.
-Creí que íbamos a escondernos un rato en el mercado a esperar un momento más favorable- dijo Aioria forzando el paso para adelantar a Saga y Shura y expresar a Aioros su protesta.
-Vamos a ir en bote- dijo Aioros sin dejar de andar.
-¡No!- exclamó Aioria, -¡No pienso subirme a ningún bote!
-¡El accidente ocurrió hace meses! Mira, yo me ocuparé que Aldebarán no se mueva y se quede sentado.
-¡Claro que no! Nada de botes ¡Juré que no me volvería a subir a uno en toda mi vida!
-¡Aioros!- le susurró Saga desde atrás, -Mira, luces.
-¡Rayos!- el chico se giró. Tardó unos segundos en distinguir a la patrulla del mercado uniéndose a la policía para extender la búsqueda al muelle, las sirenas estaban tan cerca que retumbaban en los oídos. Shura corrió hacia delante y alcanzó a Ángelo, a Afrodita y a Shaka. -¡Luces!- exclamó en un agudo susurro.
Ángelo miró hacia atrás y comenzó a soltar improperios infantiles y Afrodita levantó el brazo, dando a entender que le habían oído.
-Aldebarán, me temo que vamos a tener que aligerar el paso…-comenzó a decir Shura.
-Lo conseguiremos-dijo imperturbable el niño. Caminaba sosteniendo a Niké, rodeándole con el brazo, cargando prácticamente con ella, quien entre náuseas por los golpes que había recibido, seguía avanzando. Saga y Aioros los alcanzaron. Mientras caminaban por las baldosas para descender a los muelles oyeron los resoplidos de Aioria a poca distancia de ellos. El joven Santo estaba enojado y refunfuñaba para sí.
-No vendrá- le dijo Mu a Aioros, -Aunque solo fuera un accidente. Aldebarán no lo ahogó de milagro y desde entonces le tiene un pánico mortal a los botes. Tú no estabas y no lo viste cuando conseguimos sacarlo del agua- relató recordando lo acontecido en el Lago de Acuario hacía unos meses, durante una excursión para explorar sus lindes.
-Vendrá- dijo Aioros respirando profundamente, -No podrá permitir que Milo y Ángelo le sigan tomando el pelo al respecto.
Mu movió la cabeza poco convencido.
Saga miró hacia atrás después de escuchar la conversación pero no vió las luces, supuso que era difícil verlas ahora que habían bajado a los muelles, ésta gente no impresionaba a nadie por su inteligencia pero no hacía falta ser muy listo para suponer que ahora que habían cerrado la muralla, el grupo se dirigía al lago. El muchacho se detuvo bruscamente para evitar tropezar con alguien
-¿Qué pasa? –susurró.
-Hemos llegado-contestó Shaka y todos suspiraron aliviados, Aldebarán botó a la agotada Vitt sobre el suelo y la chica cayó como un fardo, estaba demasiado cansada para protestar. Delante tenían la oscura superficie del lago de Delfos, salpicada por espumosos remolinos provocados por el batir del viento.
-¿Dónde está ése par?-murmuró Afrodita hablando en voz baja.
-Creo que están por allá- Shura señaló un oscuro objeto que flotaba cerca de una desvencijada tarima, despedía un vaporcillo frío y brilloso.
Las estrellas eran ahogadas por las nubes, no así la luz de la luna que se asomaba de vez en cuando pintando el agua de plata fundida.
-Si se ponen a disparar, ¡seremos el blanco perfecto!- exclamó Ángelo irritado.
Saga distinguió a Milo y Camus mirando a izquierda y derecha sobre el muelle intentando localizarlos, se agachó para coger una piedra que tiró justo enfrente de donde se encontraban. Los chicos captaron la señal y dirigieron la sencilla embarcación hacia allí.
-¡Nos quieres meter a todos en un bote!-exclamó Aioria horrorizado. -¡Están locos!
-Es un bote grande- comentó Aioros.
-Creo tenía huecos en el fondo porque Camus ha congelado el piso, por eso despide ése vapor- terció Shaka procurando que el joven león no le oyese.
-¡No! ¡No iré! ¡No iría ni aunque fuera el Argo!- rugió citando al antiguo barco de Jasón, el primer Santo de Aries.
Aioros hizo caso omiso de su malhumorado hermano y se dirigió a Saga.
-Consigue que todos suban a bordo. Nos iremos enseguida.
-No tardes mucho- dijo Saga, -Escucha…
-Puedo oírlo, -contestó seriamente Aioros –Hemos de irnos.
-¿Qué son esos ruidos?- preguntó Aldebarán a Mu.
-Las patrullas de búsqueda –contestó éste. –La guardia de Delfos usa esos silbidos desde hace eones, los mantienen en contacto cuando se separan. Han entrado ya al mercado.
Aldebarán asintió y se giró para ayudar a Vittoria pero ella ya se había levantado y lo miró altiva tratando de no sonar asustada.
-No podemos seguir perdiendo tiempo, vámonos de aquí.
El niño vió que Ángelo y Afrodita se metían al agua y acercaban el bote a la orilla mientras Shaka y Mu descendían los últimos peldaños para abordar. El joven Virgo se sujetó la túnica atándola entre las piernas. Mu soltó una risita.
-Parece que estuvieras usando pañal.
Shaka puso los ojos en blanco y saltó con gracilidad sobre el bote. Se desató la túnica y se colocó en la proa, haciendo espacio para los demás.
-Yo sujetaré el bote- le dijo Ángelo a Afrodita –Tú ayuda a los demás a subir- el niño dudó unos instantes y luego subió los peldaños otra vez, la ropa totalmente empapada. Hizo señas a Shura y Aldebarán para que se aproximasen mientras se sujetaba con Mu del antebrazo y éste saltaba dentro del bote. Milo y Camus mantenían los remos en su lugar. Shura subió enseguida y abrió los brazos para que Vitt se lanzara, ella se tambaleó, pues el barco se movía ligeramente. Afrodita subió después y todos trataron de distribuirse de manera que el bote se estabilizara. Ángelo tenía las dos manos a ambos lados de la popa y comenzaba a tiritar de frío.
Cuando Saga se acercó, Aldebarán que esperaba al último para subir se giró hacia él.
-¿Qué está sucediendo ahí atrás?
-Aioria dice que prefiere quedarse y que lo metan en una de las patrullas antes que subirse a ése bote, que por lo menos así acabará calientito en lugar de frío y mojado.
-Iré y lo arrastraré hasta aquí- dijo Aldebarán.
-Será mucho peor. Fuiste tú el que casi lo ahoga ¿recuerdas? Deja que Aioros lo solucione, al fin es su hermano de sangre.
Aldebarán asintió. Se quedaron en los peldaños aguardando en silencio, Ángelo se apoyó en el último escalón para evitar seguir en el agua; Milo se puso a remover el remo en el agua pero Camus le echó una mirada reprobatoria para que se estuviese quieto, Shaka y Mu miraban las nubes esperando de un momento a otro que se soltara un chaparrón.
-Voy a ver qué ocurre- dijo Saga, -La patrulla se asomará a ésta parte en un momento. No podemos permitirnos retrasarnos más, -Pero justo en ése momento vió que Aioros le revolvía el pelo a su hermano y caminaba solo hacia donde estaban. Aioria se quedó donde estaba, justo antes de bajar a los muelles. Mu sacudió la cabeza.
-Le dije a Aioros que no vendría.
Aldebarán sacudió la cabeza.
-Déjame que vaya por él, un buen puñetazo en la mandíbula y no sabrá si está en un bote o en su propia cama.
Aioros que llegaba corriendo oyó el último comentario.
-No, Aldebarán. Nunca nos lo perdonaría. No se preocupen por él, seguirá por la orilla del lago, Metámonos en el condenado bote.
-Es absurdo que nos mojemos todos- dijo Afrodita volviendo a salir al agua. –Métanse ustedes y Aldebarán. Ángelo y yo empujaremos.
Saga ya se había encaramado y Aioros, dándole un golpecito a Afrodita en la espalda, subió tras él. Cuando el bote recibió el peso de Aldebarán, volvió a tambalearse.
-¡Siéntenlo de una vez!- gritó Milo tomando el remo con fuerza.
Ángelo y Afrodita empujaron el bote hacia el interior del lago, y cuando el agua ya les llegaba a los muslos, oyeron que alguien los llamaba
-¡Esperen un momento!- era Aioria que avanzaba hacia ellos a gran velocidad, -¡Esperen! ¡Voy con ustedes!
-¡Deténganse!- gritó Aioros, -¡Esperemos a Aioria!
-¡Miren!- Mu se levantó y señaló hacia la orilla, iluminada por las linternas de la policía.
-¡Los guardias Aioria!- chilló su hermano, -¡Detrás de ti! ¡Corre!
El chico, extremadamente consciente de que aún bajo aquellas circunstancias, no podía usar cosmo que comprometiera la imagen del Santuario, se lanzó por las escaleras y corrió los últimos metros que lo separaban del agua. Sabía que era sólo cuestión de tiempo para que comenzaran a usar las pistolas.
-Yo lo cubriré- dijo Camus dejando el remo y yendo hacia la popa, se inclinó para tomar un poco de agua del lago y la transformó en un gran trozo de hielo, arrancándole pedazos formó municiones que lanzaba contra las siluetas de los guardias mientras Ángelo y Afrodita sujetaban la barca. La lluvia de meteoritos helados bombardeaba a los que estaban más cerca, aturdiendo a unos y noqueando a otros; el resto de guardias aminoraron el paso y empezaron a sacar sus armas.
Cuando Camus volvió a inclinarse para sacar más agua, Aioria alcanzó la orilla.
-¡Ya estoy aquí! – Y zambulléndose en el lago, se hundió como una roca.
-¡Agárralo!- gritó Saga. -¡Milo, rema hacia atrás! ¡Ahí está! ¿Ves?
Ángelo dejó la barca y chapoteaba frenéticamente en busca de Aioria. Milo intentaba remar hacia ellos, lo mismo que Afrodita remolcarlos, pero la embarcación era demasiado pesada. Camus lanzó otro proyectil y falló.
-¡Lo tengo!-gritó Ángelo alzando al empapado Aioria por el cuello de su remera. El niño seguía agitando pies y manos intentando nadar, absurdamente aterrorizado. -¡Aioria deja de moverte!- bufó y haciendo un gran esfuerzo, lo lanzó al interior del bote. Luego, Aioros le ayudó a subir mientras Saga ayudaba a Afrodita.
Todos se arrimaron del otro lado de la barca para hacer contrapeso y evitar que se volcase, pero no pudieron evitar que ésta se balanceara alarmantemente. Camus arrojó el bloque de hielo al agua y se sujetó al bote para evitar caer.
-¡Milo, rema hacia el otro lado!- chilló Shura.
-¡No puedo!- gritó el chico forcejeando. Un remo fuera de control estuvo a punto de tirar a Shaka al agua.
Aldebarán resopló y se sentó bruscamente junto a Milo, y agarrando los remos, los hundieron con todas sus fuerzas en el agua mientras se inclinaban hacia atrás. El bote se alejó de la costa ante los disparos de los indignados guardias, las balas silbaban alrededor de la embarcación cuando Afrodita, totalmente empapado y exhausto se dejó caer junto a Saga. Ya se hallaban a buena distancia, pero aquello no importaba para las armas de asalto.
Camus intentó sacar la mano para tomar más agua y seguir defendiéndose, pero vio que Mu estaba incorporándose.
-¡Ponte a cubierto!- le gritó Aioros, pero el chico no le oyó. Shaka comenzó a tirar de él para que se sentara pero se dio cuenta que Mu se estaba concentrando para realizar un ataque, y sabía las dramáticas consecuencias que distraer a un Santo en entrenamiento en un momento semejante podría traer: hacer que perdiera todo su cosmo de golpe o peor aún, que errara la diana del ataque.
Apretando los dientes, Shaka lo observó. Mu activó su cosmo y cuando las llamas doradas envolvieron su silueta, levantó ambos brazos como si quisiese emprender el vuelo.
-¡Muro de Cristal!- exclamó. Una pared verdosa al inicio se levantó desde las aguas y luego se volvió traslúcida, su extensión la indicaban ondas tornasol que se movían sobre su superficie. Dejaron de llover balas, los atacantes que disparaban se detuvieron pero cuando quisieron analizar lo ocurrido, el bote ya estaba fuera de su alcance. Mu disolvió el muro y cayó hacia delante. Shaka y Saga lo sujetaron y el niño se incorporó, respirando débilmente.
-¡Buen trabajo!- exclamó Saga impresionado del avance de su hermano de armas.
-Me pondré bien en un momento- susurró, -pero debo descansar.
El silencio además del rítmico chapoteo de los remos sobre el agua, era absoluto. Saga destapó una pequeña licorera que llevaba en el cinto y se la dio a Aioria, Ángelo y Afrodita para ayudarlos a que dejasen de tiritar, pero el primero, agachado en la popa, tembloroso, no quiso moverse y continuó mirando fijamente el agua.
Empezó a llover y le grupo se apretujó unos contra otros para conservar calor. Saga y Aioros intercambiaron lugares con Milo y Aldebarán para bogar. A causa de la lluvia y de la oscuridad, era difícil distinguir el perfil de las rocas.
Ambos muchachos aproximaron el bote a la costa, y Aldebarán saltó al agua, empujando la embarcación hasta la orilla. Llovía torrencialmente, por lo que el grupo abandonó el bote, todos totalmente empapados y helados de frío. A Aioria tuvieron que sacarlo, pues el chico parecía un fauno muerto; estaba totalmente rígido de pánico. Mientras Camus descongeló el fondo del bote y Vittoria sacaba su lanza de la mano para desmantelarlo por completo, hundiendo sus trozos en el agua.
Saga les condujo por un pequeño sendero hasta una pequeña abertura en el acantilado. Parecía un simple grieta en la superficie, pero aliviados comprobaron que por dentro era suficiente para que todos descansasen confortablemente.
-Bonita casa- dijo Aioros mirando a su alrededor, -Bastante austera en lo que se refiere a los muebles, pero….
Saga le sonrió socarronamente.
-Servirá para pasar la noche, ni Aioria se quejará, y si lo hace ¡será enviado a dormir a lo que quede del bote!
Aioros le devolvió una amplia sonrisa. Le alegraba ver de nuevo al viejo Saga; durante su viaje a Siena lo había encontrado malhumorado y taciturno, cuando le preguntó acerca de si tenía un gemelo, Saga había dicho que sí pero que había muerto antes de que él llegara al Santuario y Aioros, entendiendo que aquello le hacía mucho daño, había abandonado el asunto. Al averiguar el pasado de Ángelo, ambos se habían revelado ante la injusta situación y ya de vuelta se preguntó si algún día Saga volvería a ser el mismo, ninguno de los dos dejaría ya Grecia antes de sus Juegos de la Coraza y eso más que tranquilizarle, comenzaba a preocuparlo. Pero aquella aventura se parecía tanto a las que habían vivido por pura diversión anteriormente que Aioros casi se alegraba de que hubiesen pasado tan cerca de Delfos aquella tarde y visto el periódico con el dibujo de Shura en la portada. Saga comenzó a encender una fogata, y Aioros rebuscó en la bolsa que llevaba desde que salió del Santuario por lo que quedase de comida.
Ya más tranquilos, miraron a sus hermanos de armas que entraban a la gruta con lentitud. No se habían dado cuenta de lo pálidos y extenuados que lucían hasta que la luz del fuego reveló sus semblantes. Vittoria entraba ayudada por Milo, ni siquiera había podido volver a guardar la lanza en su sitio y la usaba como bastón para caminar. Shura tenía el brazo de Camus sobre los hombros para avanzar, éste último nada acostumbrado al uso contante de cosmo que había empleado durante aquel incidente, tras ellos venía Aldebarán llevando a Mu en vilo, a pesar de haber logrado levantar a voluntad la legendaria técnica defensiva de Aries, había usado mucho de su cosmo y cuando el joven Tauro lo depositó sobre la suave arena del suelo, Shaka se colocó a su lado para comprobar que no tuviese fiebre después de haber dejado a Aioria junto al fuego.
Afrodita y Ángelo llegaron dando trompicones y se marcharon al fondo de la gruta donde se durmieron apenas se sentaron.
-Yo haré la primera guardia- anunció Saga, levantándose.
-Nada de eso- le interrumpió Shura, -Tú y Aioros están igual o más cansados que ésos dos- dijo señalando a Ángelo y Afrodita, -Yo haré la primera.
-Y yo la segunda- aportó Shaka después de pasar un poco de su cosmo a Mu para reanimarlo. Shura asintió y sin decir una palabra más, se colocó a la entrada de la gruta de manera que la lluvia no le alcanzara.
-Despiértame para la tercera ¿quieres Shaka?- pidió Aldebarán acostándose junto a Vittoria, el aludido asintió mientras se sentaba recargado en una roca.
Ni siquiera Aioros tuvo fuerzas para protestar y después de asegurarse que su hermano se encontraba descansando, se durmió también. Saga reflexionó que de todos modos, con aquella lluvia, no había manera de que la guardia de Delfos los encontrara por ahora y cuando renovaran la búsqueda al día siguiente, ellos hacía mucho que se habrían ido; con ese consolador pensamiento se quedó dormido mientras veía como las llamas del fuego arrancaban reflejos color rubí a los cabellos enredados de Niké.
