Después del cumpleaños, los omegas comenzaron a hacer algunos cambios en sus vidas. Conversaron detenidamente sobre a donde querían llevar su relación y que pasos darían, llegando a la conclusión que con ambos trabajando podrían comprar una casa ya que necesitarían espacio si eran los dos junto a su cachorro.
Averiguaron y lograron encontrar una hermosa casa, no tardaron mucho al tener de aval a un alfa como Víctor. Sonaba a que dependían mucho de él, pero en un mundo donde los omegas no son valorados y donde tenían un cachorro por el cual velar, no importaba si tenían que valerse del nombre de un alfa, porque era su amigo y los apoyaba en todo. Después de todo, Víctor no pagaría, solo había dejado que usaran su nombre para agilizar la compra y el crédito para comprar la propiedad.
Un viernes en la mañana comenzó la mudanza para los omegas, vendieron la mayor parte de las cosas del departamento de ambos quedándose con lo mejor que poseía cada uno, como la cocina de Yuuri y la cama del rubio y así con las otras pertenencias. Kolya fue el único que conservó todo, pensando que más adelante tal vez podrían utilizar la otra cama para un hermanito, pero muy a futuro por lo que la pusieron en el garaje.
Terminaron de ordenar todo ya en la noche, cansados por tener que organizar todo y aún así no habían logrado llenar el lugar, porque los muebles no eran muchos. Nikolai tenía una habitación más grande que la anterior, por lo que estaba feliz y con energía aún después de haber ayudado a sus padres a ordenar. Se dispuso a decorar su habitación, dibujando en las paredes a su familia, incluyendo a su amado Phi en primer lugar, a sus abuelos, los padres de Valya y a Beka. Al último lo dibujo muy lejos de su amado Phi, porque el beta era suyo y no de ese feo alfa. Quiso dibujar a Valya, pero no sabía cómo lucía así que dejó un espacio en la pared para agregarlo cuando pudiera verlo.
Los Yuris comenzaron a preparar la cena ya que era tarde para que su cachorro se alimentara, además este debía dormirse pronto pues era muy pequeño para estar despierto tan tarde— Kolya, a comer —lo llamó Yuri y el pequeño corrió ya que su estómago comenzaba a demandar comida. Comió con rapidez, devorando su plato al igual que sus padres ya que después de tanto esfuerzo habían logrado terminar de ordenar, mas tarde se bañaron todos juntos y algo apretados en la gran tina que tenía el baño de la recamara matrimonial, rieron y jugaron salpicándose agua entre ellos, era un momento de relajo para la familia Plisetsky-Katsuki.
Una vez todos listos le contaron un cuento al menor quien ya estaba tapadito y abrigadito en su cama, abrazando su peluche de tigre y escuchando mientras los ojos se le cerraban solos, al igual que a sus padres quienes ya caían dormidos aún estando sentados al borde de la cama.
Los omegas se retiraron cayendo muertos en su propia cama, apenas quitándose las pantuflas y metiéndose bajo las mantas para dormir abrazados y sintiendo alivio al estar en el blando concón.
Como a las tres de la mañana, Kolya despertó sintiendo algo dentro de él. No sabía que era, pero tenía la necesidad de salir de casa así que se puso sus botas para agua ya que eras calientitas y no tenían cordones, además de un abrigo el cual abotono con un poco de dificultad para luego dirigirse al dormitorio de sus padres y decirles que debían salir a un lugar importante.
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Eran las cuatro de la mañana cuando el celular de Yuuri comenzó a sonar insistentemente, el japonés lo buscó tanteando con sus manos el velador, aún estaba con los ojos cerrados por lo que se le dificultaba un poco la tarea— ten —dijo una vocecita infantil a la cual él solo respondió con un "gracias" para luego contestar y darse cuenta que su cachorro estaba bien despierto y de pie junto a la cama. Lucía como si esperara algo.
— ¿Hola? —dijo el japonés al contestar.
—Yuuri, que bueno que contestas ¡Soy padre! ¿Sabes lo emocionado que estoy?... tengo a mi cachorro en brazos ¿Quieres verlo? Le saque muchas fotos, pero mejor vienen a verlo. Son las… —pasaron unos segundos después de que Víctor hablara apresuradamente— ¡Las cuatro de la mañana! Es de madrugada, lo siento por despertarte, pero… ¿Envió un auto? Después de todo ya los desperté —rio feliz al otro lado del teléfono, se notaba su emoción, pero luego se escuchó la voz de una mujer que no estaba de muy buen humor "señor Nikiforov, no puede estar con el celular donde están los bebes. Este es el tercer aviso, se lo quitaremos si sigue así".
La llamada se cortó luego de eso, Yuuri al estar medio dormido, se quedo sentado con el celular en la oreja aún si no había nadie al otro lado de la línea— vamos —dijo Kolya. Al ser de madrugada la voz en el celular se había escuchado claramente.
— ¿A dónde? ¿Y qué haces con el abrigo y botas puestas? —Yuri había despertado, frunciendo el ceño y regañando al pequeño que parecía haberse vestido para algo, aunque aún traía su pijama bajo la ropa.
—Valya, vamos a verlo.
El azabache se levantó y restregó los ojos para luego explicarle a su novio que el bebé de Víctor había nacido y estaba muy emocionado, que ya que estaban despiertos no sería malo ir y apoyar a la feliz pareja. El rubio recordó por un fugaz momento cuando tuvo a Nikolai. Se levantó y comenzó a vestirse al igual que Yuuri para poder salir pronto o sabían que el platinado comenzaría a llamar nuevamente.
Cuando estaban por llegar a la puerta para salir, el celular sonó nuevamente, esta vez era un mensaje con la ubicación de la clínica y a donde debían dirigirse para que no se perdieran. El mas entusiasmado era Nikolai, quien estaba con sus ojitos bien abiertos mirando el camino mientras se dirigían al lugar donde vería por fin a Valya. Por la mente del infante pasaban un sinfín de ideas, como que podrían jugar a muchas cosas con aquel niño que tanto había estado esperando ver, podría prestarle uno de sus muñecos de acción favoritos en otra ocasión y ver la televisión juntos.
Una vez que llegaron al lugar, Víctor los recibió enseguida, la ventaja de ser destinado con Yuuri era que podía sentirlo cerca y más aún, su aroma al no estar marcado. Lo abrazó de inmediato y el azabache correspondió el abrazo logrando que el platinado se ganara un pequeño gruñido por parte de Yuri y uno un poco más sonoro por parte de Kolya. Víctor sonrió y soltó a Yuuri para ir a abrazar al rubio y luego al infante, apretujándolos al igual que al japonés— no estén celosos, también los quiero —les dijo bromeando mientras los soltaba.
El alfa llevó a la familia a un pasillo desde donde se podían ver los bebes a través de un cristal, les apunto donde estaba su cachorro al cual notaron enseguida por el poco pelo de color rojizo sobre su cabeza.
—Que bueno, salió a Mila —dijo el rubio molestando, pero a Víctor no le afectó. Él consideraba a su esposa hermosa, por lo que a quien saliera hubiese sido hermoso. Observó al azabache un momento, su aroma estaba un tanto distinto, tal vez su celo se acercaba.
—Es hermoso. Mir, Kolya, ahí está Va… —Yuuri no alcanzó a terminar la frase pues al mirar a su lado su propio cachorro ya no estaba, buscó con la mirada hasta que el alfa tocó su hombro y apuntó al vidrio. Observó con detenimiento a su hijo que se había escabullido dentro de la habitación de los recién nacidos, elevaba su nariz en busca de un aroma en particular.
Nikolai sentía un dulce y llamativo aroma, uno que agradaba a su nariz y lo hacía sentir contento como cuando estaba con su familia o cuando comía su platillo favorito. Guiado por su olfato se acercó a una cuna, pero no podía ver quien estaba ahí, era demasiado pequeño aún si se elevaba en las puntas de sus pies. Frunció el ceño molesto y observó algo que pudiera ayudarle, encontrando un banquillo el cual arrastró llamando la atención de la enfermera.
Víctor intervino pidiéndole que lo dejara un momento, después de todo a quien se acercaba era a su cachorro. El pequeño alfa logró subir y observar a un despierto Valentín, el bebé observo a Kolya con atención aunque a esa edad solo veía sombras, esbozó una sonrisa, Nikolai le picó su regordeta mejilla con un dedo y el bebé abrió la boca intentando comerlo por lo que el alfa se asusto y sacó su mano rápidamente. El pelirrojo lloró al no sentir más el cálido contacto y Kolya volvió a acercar su mano, aún si tenía miedo de ser comido, pero sentía que no importaba mientras Valya estuviera feliz.
Un sentimiento que no comprendía, pero que podía traducirse a que el alfa se enfrentaría a cualquier cosa porque su omega destinado y alma gemela estuviera feliz. Si bien no podría hacer todo lo que planeaba con el pequeño aún, porque era un bebé, sería paciente y esperaría a que fuera grande y fuerte como él para enseñarle todo lo que sabía y que pudieran jugar correctamente, por ahora se limitaría a cuidarlo y no dejar que llorara nunca.
Los Yuris observaban con atención desde afuera, la conexión de los menores se notaba fuerte por lo que parecían más que simples destinados ya que no solo se guiaban por el aroma del otro sino que Kolya denotaba una preocupación genuina e inconsciente por el pequeño omega.
