Mila parecía estar bien, era una alfa fuerte así que esto había sido pan comido para ella. Eso o no quería mostrarse débil ante nadie, lo cual era característico de su género, cuando pudo tener a su bebé en brazos le sonrió con cariño, su pequeño Valentín ya estaba aquí.

Los Yuris apreciaron el momento con sus manos entrelazadas mientras Kolya quería subir a la cama para poder estar cerca nuevamente de aquel aroma que lo hacía sentir calidez en su corazón. Víctor lo levantó y dejó junto a Mila, el pequeño alfa observó con atención como la chica amamantaba al bebé mientras todos lo miraban enternecidos y sin decir nada.

Los presentes ya sabían lo que ocurría y podían ver lo hermoso de la situación, la inocencia en el rostro del pequeño alfa y la pureza de sus sentimientos. Aquellos sentimientos que al crecer se iban ensuciando por el mundo en que vivían, por lo menos él había encontrado a su destinado apenas nació, podría formar un lazo mas allá que el de una marca.

Víctor sonreía contento, no podía pedir alguien mejor para su pequeño omega que el hijo de su destinado. Sabía que sería un alfa criado para respetar a todos y no uno como su amigo Chris, a quien no veía desde hace bastante tiempo ya que Mila no le agradaba y lo prefería lejos de su hogar. Lo creía un alfa toxico, uno que no quería cambiar y que no se apegaba a su creencia ni a la de su esposo, donde ellos respetaban por completo a todos y no los miraban en menos. No quería que un día Yuuri fuera a casa y Chris apareciera a denigrarlo o algo, porque eso no lo permitiría y sabía que Víctor tampoco, por eso el platinado había aceptado mantener a su amigo lejos. Su familia iba primero siempre, más ahora que tenía un pequeño omega.

La visita al hospital terminó, Kolya estaba cansado y debía dormir también. El viaje era de una ciudad a otra así que Víctor les dio las llaves de su hogar, después de todo tenía habitaciones extras y el ama de llaves conocía a Yuuri así que no habría problema, él no podía acompañarlos ya que su instinto alfa le exigía quedarse junto a su esposa y cachorro.

Muchas gracias por haber venido, espero verlos mañana por acá —les dijo Víctor y ellos asintieron. Yuri se fue primero con Nikolai en brazos ya que Víctor detuvo al japonés del brazo— ¿Trajiste supresores? Tu celo será pronto ¿No?

Yuuri lo miró intrigado y negó con la cabeza— no, mi celo… —pensó un momento intentando recordar cuando debía ser su celo, llegando a la conclusión de que estaba retrasado ahora que lo pensaba. Tal vez Víctor tenía razón y sería ahora— mi celo parece que está retrasado —respondió frunciendo el ceño.

Víctor sonrió para tranquilizarlo— en cualquier caso cuídate, Yuuri. Compra supresores —le pidió y el japonés asintió para luego retirarse de ahí.

Víctor se quedó pensativo, el aroma de Yuuri era diferente, él pensaba que podía ser el celo, pero no era como otras veces ya que no lo atraía como alfa, sino que sentía ganas de cuidarlo más. Un aroma dulce que lo incitaba a protegerlo y mantenerlo a salvo.

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Yuuri fue junto a su pareja, se dirigieron a la casa de Víctor donde la beta, que era el ama de llaves, los recibía con cariño al reconocer al japonés. Los guió a una habitación con baño propio y una gran cama, eran ya las seis de la mañana, pero al haberse desvelado necesitaban dormir con urgencia.

Los Yuris se acostaron con ropa interior y camiseta, mientras su pequeño ya tenía el pijama puesto porque así habían ido al lugar. Yuuri no paraba de pensar en las palabras de Víctor, tal vez sería bueno ir por supresores al día siguiente, después de todo el olfato de su destinado nunca fallaba.

Kolya cayó dormido al instante, estaba cansado y solo se había despertado por su intuición, por lo que ahora ya podía dormir con tranquilidad al haber encontrado algo que su pequeño corazón sentía que necesitaba aún si no entendía la razón. No necesitaba saberla, solo necesitaba saber que Valya estaba ahí, en el mismo mundo que él y no dentro del estómago de su madre.

Parece que todo es mejor para la siguiente generación —dijo Yuri mientras acariciaba el rostro de su bebé, se sentía tranquilo con la situación porque sabía que su hijo sería un buen alfa, porque ellos le inculcarían buenos valores. Kolya tenía a Otabek y Víctor como ejemplos de alfa a seguir, estaba seguro que todo estaría bien.

Mmm sí —respondió el azabache aún metido en sus propios pensamientos, alertando a su pareja de que algo pasaba.

¿Que ocurre? —Preguntó mirándolo a los ojos— sabes que no debe haber secretos entre nosotros o las cosas irán mal. Debemos aprender de los errores.

Yuri habló con seriedad y tenía razón, no dejaría que algo tonto los separara luego— mi celo, está retrasado y Víctor me dijo que tuviera supresores cerca por si acaso. Dice… dice que mi olor cambió —explicó esperando que no se molestara por lo que el platinado había dicho.

Yuri lo pensó un momento, no se había esperado algo como eso, así que se acercó por sobre su hijo, para que su nariz llegara al cuello de Yuuri y así poder sentir su aroma. Le era más complicado ya que ambos eran omegas, aún así al estar muy cerca y concentrarse un poco podía notar su olor más dulce y algo familiar, como si se mezclara con el propio.

Es mejor hacerle caso, es un alfa así que puede sentirte mejor —dijo con preocupación, pero Yuuri pudo notar que no estaba molesto. El rubio estaba agradecido con Víctor, cuido a su omega y ahora seguía haciéndolo por lo que no volvería a enojarse por cosas insignificantes.

Se dispusieron a dormir, estaban cansados y al día siguiente Yuri irían a visitar a Mila nuevamente para luego volver a casa, el rubio tenía que trabajar así que no podían quedarse como si fueran vacaciones. Seguramente Kolya lloraría, pero era parte de la vida, hasta que no fueran adultos no podían hacer nada, aún si eran alfa y omega destinados.

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Unas horas más tarde se levantaron y desayunaron, había un poco de incomodidad en ellos ya que no era su casa, además que el aroma a alfas predominaba ahí, marcando el territorio sobretodo porque hace poco había estado ahí una alfa preñada, por lo que el instinto de protección era más fuerte.

Salieron directo a la clínica donde Kolya nuevamente pidió subir a la cama junto a Mila y Valya, el omega estaba llorando fuertemente, pero paró cuando el pequeño alfa tomó su mano. Cosas instintivas de ellos, era increíble verlo de una manera tan pura ya que aún no tenían pensamientos formados y mucho menos una manera morbosa de ver las cosas. Solo se querían de una manera inocente, se necesitaban sin entenderlo.

Yuuri se sintió un poco mal en ese momento por lo que salió de la habitación, en el pasillo había ventanas por lo que abrió una para respirar aire fresco ya que se sentía mareado. El rubio llegó a su lado al instante, logrando alcanzar al omega azabache cuando se desmayó justo frente a sus ojos. Por suerte estaban en una clínica.

Víctor lo sintió, el aroma del miedo en el omega rubio. Salió rápidamente, Kolya quedando con Mila, pero en estado de alerta al sentir a sus padres extraños, abrió bien sus ojos mirando hacia la puerta.

El platinado pidió rápidamente un doctor para Yuuri, le hablaron de llenar papeles de ingreso y el alfa sacó la voz diciendo que eso no importaba ahora y que el pagaría si era necesario, pero que lo examinaran ahora. Las enfermeras lo pensaban loco, después de todo solo era un desmayo, pero Víctor estaba sensible tras tener a su cachorro y más aún con el aroma de su destinado. Su instinto protector estaba al máximo.

En menos de una hora Yuuri estaba en una habitación y un medico terminaba de verlo para poder decirles lo que había pasado. El azabache ya estaba despierto así que todo se veía bien— solo está preñado, es normal en un omega —Víctor lo miró con frialdad, ya que el médico hablaba de forma despectiva hacia Yuuri— lo siento, el señor Katsuki no tiene nada malo, solo está en cinta por lo que ahora le recetaré vitaminas y le haré una ecografía —habló con rapidez.

Gracias, anciano —le dijo Yuri al platinado, sabía que nadie hubiese hecho nada de no ser por él. No era algo grave, pero aún así era mejor que esperar en el pasillo a que Yuuri despertara. Ahora estaba el tema del japonés, estaba embarazado y parecía no poder creerlo.

No hay de que —respondió con una sonrisa y empujó al omega desde la espalda para que fuera junto a su pareja, en su cabeza entendiendo lo del cambio de aroma. Yuuri tenía un cachorro dentro de él, la familia de los omegas se agrandaba, al parecer debería regalarles condones para navidad.

Víctor se fue para ver a Mila y Kolya mientras la pareja tenía un momento intimo entre ellos— yo… lo siento, Yuri —se disculpó el azabache y su pareja lo abrazó con fuerza, pudo sentir en su aroma que estaba feliz.

Tendremos otro bebé y esta vez estaremos juntos —le dijo contento en el oído— voy a cuidarte mucho ¿Entendiste?

Sí —fue lo único que pudo responder Yuuri al sentir como las lágrimas salían. No estaba planeado, pero estaba feliz de que fuera con Yuri y de que todo estuviera bien entre ellos.

El doctor los llevó a la sala de ecografías, normalmente se pedía una cita, pero por ser Víctor Nikiforov lo harían ahora. Eran dos omegas, pero no estaban solos y al parecer nunca lo estarían.

Yuuri se recostó en la camilla, dejó que le pusieran el gel frío y el doctor pudiera mostrarles en la pantalla a su bebé. Yuri se sentía aún más ansioso que cuando vio a Kolya por primera vez, mantuvo la mano de su novio apretada mientras observaban. El doctor hizo caras raras como si viera algo que no estaba bien.

¿Pasa algo? —preguntó Yuuri preocupado.

Nada malo —respondió tranquilo— aún está pequeño, pero… son dos —les dijo mientras seguía observando el monitor— felicidades, tendrán gemelos.