Flotando en un espacio negro, completamente aislado de cualquier luz, Yuuri se halló intentando encontrar nuevamente la voz y a la persona que había escuchado. Sin embargo, por más que mirara en todas direcciones, no podía ver nada.

—Víctor… ¡Víctor!

Pasaron solos unos segundos en los que el eco de su voz resonó en la estancia, cuando recibió una respuesta.

— ¡Yuuri!

El corazón del dios del hielo se estremeció al escucharlo, busco con su cabeza, viendo en todas direcciones intentando encontrar al alfa, pero en medio de toda esa oscuridad, no le hallaba.

—Víctor ¿Dónde estás? ¡No puedo verte! —exclamo el omega, ya desesperado de recorrer al que lugar sin fin donde la voz del zarévich era emitida—. ¿Dónde estás?

Acelero su paso, porque mientras más lo hacía, más cerca escuchaba la voz de Víctor. Su pecho le presionaba e intentaba llegar más rápido aun cuando no sabía dónde se dirigía. Pero al memento en el que aprecio una figura masculina a la lejanía, reconoció aquellos cabellos color plata que brillaban en medio de toda esa oscuridad infinita. Sintiendo su corazón acelerado y lleno de júbilo por haberlo encontrado, este parecía estar en su misma situación, llamando con ahínco mientras volteaba su cabeza en todas direcciones, el dios del hielo busco llamarlo, clamando su nombre que había añorado tanto poder exclamar. Mas se vio sorprendido de que al intentar dar un paso, sus movimientos se vieron truncados, alterado intento llamarlo nuevamente y este pudo dar con él.

— ¡Yuuri! ¡Yuuri, no me dejes de nuevo! —exclamaba el joven, extendiendo su mano con el deseo desesperado de llegar a él.

Yuuri luchaba por alcanzarlo, de verdad lucho con todas sus fuerzas con el fin de alcanzar aquella mano extendida, por unos logro tocarla, pero de repente un fuerte golpe le atrapo las entrañas, logrando que un terrible jadeo fuera expulsado de sus labios, intentado recuperar la respiración ¿Qué había pasado? Al verse nuevamente en las orillas del lago, el dios se vio consternado, con su vista solo encontraba el bosque y el lago de la facción de la existencia humana, Víctor no estaba por ningún lugar. Nuevamente las lágrimas bajaron por sus mejillas sin poder controlarlas junto aquel gemido desconsolado, había estado tan cerca… y la vez tan lejos, no sabía si había sido un sueño o una ilusión producto de su trastocada imaginación, pero se había sentido tan real, su voz y su suave toque, lo extrañaba tanto.

—¿Se encuentra bien? —pregunto una voz que llegaba acelerada y denotaba preocupación en sus notas vocales. Yuuri, en un principio no quiso observar a la persona debido al estado en el que se encontraba—. ¿Yuuri?

El omega alzo la vista asustado de encontrarse cara a cara con su maestra Minako. La líder de facción se veía confundida y poco contrariada de que el joven dios estuviera en ese lugar, pero al verlo cubierto de lágrimas, lo único que hizo fue colocarse a su altura y tomarlo entre sus brazos.

— ¿Qué es lo que ha pasado? —pregunto preocupada. Su mirada conciliadora le decía a Yuuri que no debía temer por las represalias de su presencia en esa facción, mas no podría huir de sus preguntas al verse encontrado en dichas condiciones.

—Yo —dudo en contarle, principalmente por miedo a lo que pudiera pensar.

—Debe haber una razón de fuerza para que te encuentres de ese modo —se adelantó a decir la diosa, y entonces, el joven no tuvo más opción que hablar.

—Es algo complicado, maestra.

—Puedo imaginarlo, pero es mejor que no estemos aquí. Vamos a otro lugar —recomendó, y se encaminaron hacia el palacio principal de la facción.

Allí, en uno de los salones principales de la diosa, esta le ofreció una taza de té para poder calmar sus emociones, Yuuri lo acepto gustoso. Cuando este termino de beberlo, tenía la mirada insistente de su maestra fija sobre él. El dios del hielo conocía a la perfección la personalidad de su maestra, quien, como una amiga de la familia, para él era como una segunda madre. Por eso, estaba seguro que lo ideal sería hablar de lo ocurrido, de aquello que le estaba aquejando, quizás de ese modo obtendría una respuesta a lo que deseaba.

—Como bien me encontró, hasta hace un momento estuve observando a todas las personas que conocí y con las que cree lazos afectivos durante mi viaje en el mundo humano—relato taciturno, bajando la mirada—. Al principio no hubo ningún problema, pero hay una persona que no puedo ver —declaró, Minako le miró confundida.

— ¿No puedes verlo? ¿Acaso esa persona…? —la diosa dudo mucho en terminar la frase, principalmente por consideración a su pupilo. Sin embargo, Yuuri negó de inmediato la posibilidad que esta ofrecía.

—No es porque este muerto, simplemente no me atrevo a verlo, no puedo —confeso el dios, apretando la taza entre sus manos y bajando su mirada.

— ¿Acaso esa persona hizo algo que te lastimara? —pregunto, mas Yuuri negó en silencio.

Hubo un momento de silencio entre ambos, Yuuri mantenía la cabeza gacha mientras su maestra observaba un punto fijo, la suave brisa de primavera ingreso a través de la ventana al pequeño salón, trayendo consigo un pequeño pétalo de cerezo que cayó en una de las manos de Minako. La diosa lo admiro por unos segundos hasta sostenerlo en su palma, una mueca suave se esbozó en su rostro producto de la idea que cruzó su cabeza. Estaba segura que Hiroko y la propia Mari le odiarían por el resto de su vida por lo que estaba a punto de hacer, pero todo era necesario, nada era al azar. Se levantó de su asiento y extendió su mano directo hacia su estudiante, este la miro curioso.

—Ven conmigo —le invito con una amplia sonrisa.

El dios del hielo tomo la mano sin dudar, aunque se cuestionaba donde podrían ir. Comenzaron a caminar los largos pasillos del castillo otoñal, durante su trayecto se encontraron a diversos trabajadores del castillo, quienes, obviando su persona, reverenciaron a Minako con solemnidad y presencia. Cuando finalmente llegaron a su destino, este era resguardado por al menos ocho guardias de la facción. La sola figura de su líder hizo que se apartaran y permitieran el acceso, y fue cuando estuvieron dentro que Yuuri entendió la importancia de ese lugar para la facción de la existencia humana, comprendiendo porque parecía ser un lugar tan resguardado. Un infinito cielo nocturno le sorprendió, contenido en un pequeño espacio, el cielo dibujado tenia millones y millones de puntos brillantes, todos de diversas figuras y colores, muchos enlazados con hilos de color rojo unos con otros, algunos tantos no tenían aquel hilo marcado, y unos más simplemente estaban perdidos dentro de aquel basto universo estrellado. Yuuri no podía disimular su expresión, maravillado con la vista que tenía frente a él, mas con todo ello, se viro hacia su maestra sin entender el porqué de su estancia en tan hermoso lugar. Minako simplemente se encogió de hombros antes de llegar hasta el centro de lugar.

—Este es el salón de las conexiones—indico, provocando que todas las estrellas aumentaran en brillo, cegando por un instante la vista de Yuuri—. Las estrellas aquí son más de las que podemos contar, tan infinitas como todas las vidas que tiene el mundo humano. Todas reposan aquí, naciendo, moviéndose y desapareciendo constantemente; muchas logran unirse a través de los hilos rojos del destino con su alma esperada. Otras simplemente se mantienen a la espera, pero todas están unidad invisiblemente. Incluso nosotros mismos, todos estamos unidos por alguien en este destino.

Yuuri no comprendía todavía por qué debía estar allí. Sin embargo, en medio de todo ese universo estrellado. Un punto en particular brillaba más que cualquier otra, esta se encontraba al lado de varias estrellas de increíble brillo, algunas de ellas con el interés de opacarla. Mas aquel punto seguía siendo joven y no había nada que le hiciera apagar su luz, mantenía su voluntad inquebrantable, con mucha energía, resaltando entre todos los demás. Yuuri se vio atraído por esa estrella, Minako en silencio, observo la reacción que tenía con el astro frente a él. Cuando le había encontrado, este se hallaba ahogado en la desesperación, llorando como un niño lleno de temores de adulto, reflejaba directamente todas las consecuencias que significaba ser dios supremo. Los dioses supremos eran por si solos, grandes masas de poder puro e infinito contenidos en un único ser, la naturaleza siempre iba a estar en la palma de su mano, pero se verían continuamente afectados por las emociones residuales que obtuvieran de los seres vivos a su alrededor. La diosa entendía eso, al ser su madre un ser semejante.

Pero desde que Minako le conocía, Yuuri había sido una persona altamente delicada con los sentimientos que le eran trasmitidos. Muy fácilmente podía confundir sus sentimientos con los expresados por otros, pero para cerciorarse de que aquello no era el caso, y para ayudarle a tomar una decisión que podría ser decisiva en su futuro, debía tomar ciertas medidas.

Atraído por esa luz, el dios del hielo expandió la estrella de la cual apareció una persona. Un hombre de largos cabellos plata, vistiendo elegantes ropajes a los cuales se le atribuía su linaje. Aunque este se encontraba de espaldas, esperando en las inmediaciones de un salón abierto, el omega pudo reconocerlo, ocasionando que su corazón diera un vuelco. Miro rápidamente a Minako, quien sonrió levemente haciéndole entender que tenía razón en sus sospechas.

—Disculpa que te haya traído hasta acá, aun sabiendo que era en contra de tú voluntad verlo, pero es necesario —explico, tomando suavemente sus manos—. Todo sucede por una razón. Has llegado aquí y si has logrado conectar tu alma con la de él por alguna razón, yo puedo ayudarte a que avances ese último paso que necesitas.

Minako amplio las imágenes haciendo que todo el salón mostrase el mundo como si ella y Yuuri estuviesen ahí. El joven Víctor, de casi veinte dos años, parecía estar esperando a alguien en ese elegante salón del castillo de invierno. Yuuri se acercó hasta el para observarlo mucho, notando como este había crecido, alcanzando una altura superior a la de él, los rasgos infantiles finalmente habían desaparecido por completo, y aun cuando seguía teniendo el cabello largo, su porte y la forma como lo arreglaba lo hacía lucia tan elegante que hizo que el color tomara el rostro del joven omega. En ese instante ya no tenían diferencias etarias marcadas, físicamente eran semejantes y esto hacia que el corazón de Yuuri latiera descontrolado. Entendía que aquella imagen no era real, pero en esencia estaba viendo al verdadero Víctor Nikiforov, aquel que había dejado hace tantos años de una forma tan lamentable. Quiso tocar su rostro cuando Minako deshizo las imágenes, mirándolo con seriedad, solo en ese instante el dios entendió la gravedad de sus acciones, sintiéndose completamente avergonzado y aterrado.

—Ahora entiendes porque te he traído aquí —comento la maestra, observando las reacciones de su pupilo. Yuuri la encaro.

—Él es un ser humano —declaró como si fuera obvio, Minako asintió—. No es correcto.

—No es correcto que te mientas a ti mismo y huyas de lo que verdaderamente sabes. Las cosas suceden por alguna razón, Yuuri. Todo lo que ocurre es inevitable, y esto también forma parte de ese ciclo. No fue una simple casualidad de que viajases al mundo humano y lo encontraras ahí, lo hiciste por una razón en especial y ahora la conoces… Deja de luchar contra tus propios sentimientos.

Porque sus almas se encuentran conectadas, resonando, ansiando el toque de la otra. Eso no era algo de lo que se pudiera escapar, y Minako sabía eso mejor que nadie.

—El no será feliz a mi lado—declaro.

—No puedes estar seguro de eso —respondió la maestra.

—Un humano y un dios no pueden estar unidos, no tiene ningún tipo de lógica.

—La lógica no puede ir en todos los casos —indico tranquilamente la diosa, repasando las estrellas de aquel mundo, y atrapando entre sus manos aquella que representaba lo más importante de Yuuri—. Tú como una singularidad debes saberlo mejor que nadie, no temas de un destino que todavía es incierto, constrúyelo a partir de tus propios cimientos y creencias. Ten fe en ti y en él.

Yuuri observo la pequeña estrella brillante que representaba a Víctor, encontró la suya propia muy distante de la de él, sabía que fácilmente podría llegar a unirlas, solo necesitaba de una decisión, pero esta implicaba muchas cosas y entre ellas, estaba una crucial. Quizás las más importante de todas, pero Minako sostuvo una de sus manos, viéndole con comprensión.

—Ellos entenderán, son los que mejor te conocen. Entenderán que ya no perteneces aquí, y aunque eres gratamente bienvenido, eres un alma libre que merece estar donde desee.

Yuuri lo sabía, por mucho tiempo había tenido un enorme vació dentro de él. Este nunca se había llenado, permaneciendo incompleto. Pero en algún momento, se le fueron agregando pequeñas piezas con el fin de llenarlo. Todos esos sentimientos humanos, poco a poco fueron los que lo llenaron de vida, viviendo en un mundo completamente sin sentido, encontró un sentido para su vida y alguien cuyas últimas palabras sinceras, eran lo único que necesitaba de escuchar.

—De verdad quiero agradecer por todo lo que me ha ayudado, maestra Minako —agradeció el joven, compartiendo una formal reverencia hacia quien fue su guía durante tantos años. La diosa solo sonrió e hizo que alzara la vista para verle, definitivamente, ya no era el niño que había visto y criado antes, ahora era todo un dios.

—Solo ten mucho cuidado, nunca pongas en duda tus decisiones, eres el único que puede ser capaz de juzgar si tus pasos son correctos y aprender de ellos, cuando has errado.

Tomándola en un sorpresivo abrazo, ambos dioses se despidieron como madre e hijo hasta que el tiempo debía continuar. Minako observo como su niño salía corriendo en dirección a su propio destino con una sonrisa llena de melancolía, los pasos que este debía dar eran gigantes, algunos quizás, llenos de abolladuras y espinar, más la diosa esperaba que todo fuera de acuerdo a sus planes. Lo único que deseaba era un final feliz para el niño que amo como su propio hijo.

Yuuri sobrevoló toda la facción hasta llegar al portal que le llevaría a su propia facción, cuando allí llego, decidió cambiar de rumbo hacia un lugar en específico, considerando que no debía dejar ningún cabo suelto. Era el comienzo del atardecer cuando el general Leroy se vio sorprendido de la presencia del príncipe del hielo en la entrada de su residencia, con increíble molestia fue a recibirle, sin entender el porqué de la visita a tan solo un día de la ceremonia. Más cuando estuvo a punto de cuestionar los motivos de su presencia, quedo congelado al encontrarse con la mirada de Isabella Yang a escasos metros de quien fuera su prometido. El general de mirada turquesa paseo su vista hacia el dios de cabellos oscuros, quien con una enigmática sonrisa tomo la mano de su acompañante depositándola suavemente en la mano derecha de Jean.

—Espero no interferir más, y que esto sea suficiente disculpa por todo lo anterior. Por favor, cuide de esta facción y de ella como lo más importante, solo de ese modo estaremos en paz —estableció.

Jean no entendía lo que estaba ocurriendo cuando observo el brillo en los ojos de su prometido, reconociendo muy bien las decisiones que había tomado. Debía dar el aviso de su detención de inmediato y alertar al consejo de los dioses sobre su traición cuando las manos de Isabella le detuvieron junto con el azul de sus ojos, con una determinación marcada, se opuso al paso entre Yuuri y Jean.

—Es necesario que le dejes ir, tu y yo tenemos cosas que debemos aclarar primero, Jean.

El general observo a su amada, quien, con una suavidad nunca antes reflejada, enrosco su mano y le invito a caminar por las estancias del lugar. Viendo como su cometido estaba realizado, Yuuri desplego nuevamente sus alas, dirigiéndose al último lugar que debía visitar.

Cuando llego al castillo, se encamino hacia el ala principal, donde de acuerdo a la hora, estarían reunidos sus padres y su hermana, luego de hablar con ellos debía ir hasta sus aposentos en busca de ciertas cosas que necesitaría, pero al llegar al salón principal, se detuvo al verlos a todos reunidos allí. Toda la familia Katsuki se encontraba allí en compañía de Yurio, el dios no supo que decir o pensar. Miró a su hermana quien tenía diversas emociones en su rostro, pero que, en silencio, le extendió una bolsa con todos aquellos elementos que pudiera necesitar durante su nuevo viaje, un deje de tristeza amenazo con estallar en el corazón de Yuuri ante ese gesto, ellos eran demasiado para lo que era él.

—Soy una persona desconsiderada. A pesar de causarles tantos problemas, tanto dolor y sufrimiento, simplemente yo —se detuvo, intentando no llorar, respirando fuertemente—… Lo siento mucho.

—No tienes por qué disculparte Yuuri, soy yo quien te debe una disculpa. Solo pensé en lo que podría ser mejor para todos nosotros, que quizás así estarías a salvo, pero no me detuve a pensar aquello que tu deseabas hacer —declaro la diosa, lamentando sus decisiones—. Tu eres un dios maravilloso, fuerte y amable, nadie puede decir lo contrario.

Ambos hermanos se abrazaron con fuerza, conteniendo las lágrimas que amenazaban con salir y diciéndose palabras de apoyo y cariño. Poco después se unieron los padres y se abrazaron todos entre ellos, Yuuri prometió recordarlos durante todo el tiempo que estuviera en la tierra mientras Hiroko y Toshiya le deseaban el mejor de los viajes.

Cuando estos se hubieron apartado para darle su espacio, la mirada de Yuuri se pasó a Yurio, quien estaba en una esquina. Camino hasta él para después tomarlo entre sus brazos, siendo recibido suavemente. Yuuri entendía que Yuri había visto a través de él desde un principio, incitándole a buscar las certezas de lo que ya sabía, y no siendo suficiente con eso, apoyo su decisión comunicándola a su familia, para así preparar todo lo necesario. Siempre, yendo un paso por delante de él.

—Lo siento y gracias por todo —dijo el dios de ojos ámbar, Yuri solo se encogió de hombros para luego despeinar sus cabellos.

—No quería que fueras infeliz en este mundo. No quisimos admitirlo, pero el mundo humano había logrado calar de una forma en ti que nosotros, aun siendo tu familia, no podríamos interferir jamás—expreso Plisetsky—, por ello, aceptamos tu decisión y apoyaremos cualquier paso que desees dar, aun si no es junto a nosotros.

—Prometo dar lo mejor de mí —declaro profundamente agradecido, y Yuri separo sus brazos de él, permitiéndole tomar sus cosas para el camino.

—Eres bienvenido siempre que desees regresar, haremos lo posible para luchar contra el consejo las veces que sean necesarias —afirmo, y fue secundado por Mari.

Ya se acercaba el momento de decir adiós, cuando Yuuri corto un pequeño mechón de su cabello, congelándolos en hielo perpetuo expreso un conjuro que se amplió como una onda expansiva que llego a los límites de la facción del hielo. Con una sonrisa explico que pasara lo que pasara, estarían protegidos de cualquier fuerza maligna que decidiera atacar su hogar y que aun estando en el mundo humano, el sería capaz de protegerlos. Dejo el mechón en manos de Yuri y abrazándolos por última vez, llego el momento de la separación. Todos contuvieron las lágrimas, aun cuando el deseo fuera inmenso, no lo harían, se despedirían con una sonrisa, porque en cualquier momento sus destinos volverían a cruzarse. Después de todo, no era un adiós, sino un hasta luego.

¿Que tal les ha parecido el capitulo? ¡Yuuri ha regresado al mundo humano! Respondiendo a tod s l s que habían teorizado sobre que paso con nuestro dios del hielo y Victor, pues su deseo fue tan intenso de verse que traspasaron el limite de las dimensiones, resonando sus almas. Y aunque Yuuri se sentía reacio de ver a Víctor, Minako le hizo ver que aun podría llegar a el, sin temer. Ame mucho ver la oportunidad dada por Yuuri a la relación de Jean e Isabella y también su despedida a su familia.