Como habrán notado los cortitos se terminaron, pero la relación sigue.

Oh Dios, que sexy.

Lana se despertó reparando en las manos de Jenn en su abdomen muy quietas. Estaba casi segura de que esas manos la habían acariciado en la madrugada o quizás sólo lo había soñado. Se estiró un poco y se giró a ver a la rubia que dormía profundamente con el cabello desordenado. Que hermosa, pensó. Salió lentamente de la cama evitando despertarla. Sobre una silla encontró una bata con símbolos japoneses que se ataba en la cintura. Olía a Jenn. Se lo puso y disfruto la sensación de la seda en su piel. Caminó al exterior, cerrando la puerta. Las dos compañeras de piso se abalanzaron sobre ella.

-¡Ey! ¡Ey! – dijo con la voz muy baja, tratando de evitar que ladraran – tranquilas guapas – les pidió acariciándolas – Jenn está dormida y no queremos despertarla, ¿verdad? – las dos la siguieron a la cocina dónde se encargó de pillar agua fresca y alimento para rellenar los cuencos – aquí tienen – Ava y Lola se pusieron a comer encantadas así que ella volvió a la habitación sabiendo que luego tocaría la siesta post-comida por lo que estarían tranquilas.

Entró en la estancia dónde Jennifer seguía dormida notando como se había movido lateralmente, quedando recostaba boca arriba. Una de sus piernas desnudas surgía de entre las sábanas y Lana salivó a verla. No queremos despertarla, ¿verdad?, pensó ahora menos convencida que antes. Entró al lavabo y cuando salió sintió que sus ganas en lugar de descender crecían. Los detalles del cuerpo de Jenn que no se veían eran demasiado tentadores.

Normalmente, cuando despiertas a las personas dormidas suelen ponerse de mal humor, pero todo dependerá de cómo las despiertes. O eso pensó la morena, acercándose hasta la cama y tirando de la sábana hasta que el cuerpo de Jenn quedó a la vista. Tragó saliva al sentir todo el apetito que le causó la imagen, las ganas de explorar ese cuerpo. Se quitó la bata y se arrodilló en la cama separando las piernas de la rubia. Jadeó al ver cómo los estragos de la noche anterior permanecían aún en su cuerpo. Un chupetón en la entrepierna de Jenn dónde sus labios se habían posado mientras sostenía el orgasmo de la rubia como un desahogo a sus propias ganas. Gateó entre las piernas de la rubia y respiró profundamente. Era un momento tan íntimo y al mismo tiempo tan poderoso. Ella podía admirar y hacer lo que quisiera con ese cuerpo que reposaba ignorante a su merced. Observó la respiración sosegada de Jenn y se agachó a dejar un beso en el abdomen bajo de la rubia cuyo una reacción fue un ligero movimiento de cejas. Fue dejando besos en su ingle aprovechando un movimiento mecánico de Jenn para abrir más sus piernas.

Colocó las manos en los pliegues de sexo de la rubia y los abrió suavemente, descubriendo su clítoris. Jenn emitió un sonido que no tenía una forma definida. Lana quería que sus sonidos la tuvieran, quería oírla gemir otra vez. Su cuerpo se calentaba ante la expectativa de lamer ese punto nervioso del cuerpo de su chica, ante la expectativa de verlo reaccionar. Se lamió los labios y, sosteniendo la mirada en la expresión de la rubia, dejó que su lengua lamiera el clítoris frente a ella. Vio como la rubia expandía sus fosas nasales y su lengua vibró con el sabor del sexo del Jenn. Trazó un círculo húmedo alrededor del clítoris y la rubia gimió levemente, lo que consiguió que repitiera el movimiento en varias ocasiones, notando como el sexo de Jenn se humedecía y ese centro nervioso que era castigado por su lengua se endurecía rápidamente.

Lo golpeó duramente con su lengua y Jenn abrió los ojos de par en par tomando aire de manera repentina. Justo a tiempo para ver como Lana Parrilla con los ojos oscuros de lujuria abría su boca succionando su clítoris y lamiéndolo sin soltarse de él.

-¡Lana! – exclamó Jennifer – Dios mío...

No podría determinar qué era lo más excitante, si los movimientos de la lengua y la boca de su novia con las sensaciones que le causaban o verla entre sus piernas gimiendo descontroladamente mientras le comía el sexo. Quizás, era una combinación de ambas cosas, pero la mirada llena de deseo de Lana se le clavaba en el cuerpo y se sentía perder el control. Comenzó a mover las caderas para acelerar la fricción de la boca de Lana, sintiendo que iba a explotar húmedamente en cualquier momento. La morena trasladó sus manos hasta los pechos de Jenn pellizcándolos suavemente y provocándole más placer.

Ninguna acertaba a decir nada. Lana solamente gemía lamiendo el clítoris sin poder parar, encantada con la forma en que el cuerpo de la rubia reaccionaba, con la humedad que se formaba en su sexo. Jenn levantó las caderas y se corrió con un gemido profuso cuando la morena succionó enérgicamente su clítoris. Las caricias se ralentizaron a un nivel casi imperceptible, pero Lana no dejó de lamer mientras el cuerpo de Jenn se sosegaba de su orgasmo. La rubia bufó sintiendo esa boca que no se detenía y que parecía esperar para acelerar.

La lengua de Lana caminó desde su entrada hasta el clítoris y volvió a rodearlo. Jenn dio un pequeño bote cuando esto ocurrió, pero no la detuvo. Con un toque en su pelvis se acercó más a la morena. Lana la soltó un segundo y se mordió los labios.

-Dame más, Jenn, quiero más – el brillo en su boca y barbilla eran una muestra de su apetito.

Sostuvo las manos en el trasero de la rubia y se hundió en su sexo lamiendo lenta, pero apretadamente su clítoris mojándose con la humedad que manaba del cuerpo de la rubia y notando como el cuerpo que mantenía contra ella se tensaba nuevamente.

-¡Joder! – bramó Jennifer - ¡Joder! ¡Lana! ¡Joder!

-Dámelo – murmuró la morena contra su sexo y hundió su lengua en el interior de la rubia haciendo que se corriera más intensamente directo en su boca. Un gemido agudo se desprendió de su garganta y su sexo pulsó de placer.

-Toma – la voz de Jenn que no dejaba de mover sus caderas contra su boca le llenó los oídos – toma mi orgasmo, toma lo que es tuyo, Lana, bébetelo.

Y ella obedeció porque era incapaz de hacer algo diferente a disfrutar del goce de Jennifer en su boca. El orgasmo se mantuvo unos momentos prisionero de un concierto de gemidos y jadeos que ambas eran incapaces de detener. Finalmente, el cuerpo de Jenn aterrizó con fuerza sobre el colchón y Lana reptó por su piel hasta el rostro de la rubia.

-Dios, Lana – dijo esta al sentir su sexo palpitar por los orgasmos que había tenido – era cierto que me ibas a matar de placer.

Lana sonrió y besó su boca dejando que se saboreará en sus labios – desnuda eres demasiado tentadora, mi amor.

-Estás sucia de mi – dijo Jenn mientras lamía los restos de su orgasmo de la barbilla de Lana.

Lana bufó y Jenn la besó profundamente dejando que sus lenguas se rozaran. Con los temblores aún a flor de piel, se colocó a espaldas de Lana y la giró boca abajo besando sus omoplatos. Se estiró todo lo larga que eras rozando sus pezones con la espalda de la morena. Lana gimió y ahogó un sonido más profundo cuando sintió como Jenn abría sus piernas rozando su sexo.

-Veo que te ha gustado comerme, preciosa – jadeó Jenn levantándola con una mano en el abdomen y haciendo que se pusiera de rodillas – quiero follarte, Lana – le dijo.

-Sí, Jenn, te necesito.

Jennifer suspiró profundamente y soltó aire. Acarició el sexo de la morena y empapó sus dedos en la humedad que se acumulaba en sus pliegues. La penetró con cuidado para que el interior de Lana se acostumbrará a su invasión.

-Oh, mi amor – Jenn notó como Lana levantaba su trasero para dejarla entrar mejor y dejó caer su mano con fuerza media sobre su nalga. La morena gimió así que le dio una nalgada más fuerte, apretando los dientes – si reaccionas así siento que pierdo el control.

-¿Me amarás menos por follarme como una salvaje? – preguntó Lana moviendo sus caderas para que los dedos Jenn entraran y salieran de su cuerpo – porque yo acabo de comerte como una demente y ahora te amo mucho más.

-Lana – Jenn bufó – que sexy eres – dijo posicionándose para empujar sus dedos con las caderas iniciando un ritmo sensual que empezaba y acababa con su pelvis golpeando el cuerpo de Lana – no hay forma en que te amé menos, estoy loca por ti – movió sus dedos en el interior de la morena – si te quiero follar es porque me tienes totalmente enamorada.

El cuerpo de Jenn entonces se concentró en entrar y salir del interior de su novia, en arañar su espalda. Poco a poco las penetraciones se aceleraron y los movimientos de Lana también. Sus cuerpos estaban desesperados por mantener el contacto.

-Eres mía, preciosa, mía – susurró Jenn.

-Me encanta ser tuya – jadeó Lana – fóllame muy duro, Jenn.

La rubia aceleró las penetraciones y agregó un tercer dedo cuando la humedad se hizo más densa, llenando a Lana y haciendo que la morena gritará de placer. Siguió entrando y saliendo hasta que las contracciones del interior de Lana se hicieron más intensas. Entonces utilizó su mano para incorporarla haciendo que Lana la rodeará con sus brazos en el cuello. La penetró profundamente y movió sus dedos en el interior, y con su otra mano le estimuló el clítoris hasta que la morena se corrió en sus dedos gritando su nombre.

La sostuvo contra su cuerpo con los dedos en el interior de la morena, mientras besaba su cuello y lo marcaba con sus dientes. Lana giró la cabeza y se besaron iniciando los movimientos de penetración nuevamente. Jennifer sintió como los gemidos de Lana se aceleraban a medida que entraba y salía de ella. Fue cuestión de unos pocos golpes de muñeca para que Lana se volviera a correr y ella disfrutará de su placer con los ojos cerrados. Mantuvo la caricia en su clítoris durante el clímax hasta que Lana se soltó y la detuvo, demasiado sensible por el placer.

-Hablando de matar de placer – dijo Lana.

-Ven aquí – Jenn se dejó caer en la cama y la abrazó – te amo, preciosa, puedes despertarme como hoy cuanto quieras.

-Lo mismo digo – dijo la morena tratando de respirar y recobrar el ritmo habitual – no imaginé que fuera a ser todo tan satisfactorio.

-Lo sé – Jenn besó su frente – todo parece más intenso.

-¿Tú también sientes eso?

-Sí.

-Será por – Lana se cuadró de hombros antes de decirlo – el amor.

A Jenn le pareció demasiado dulce esa repentina timidez – será por el amor – estuvo de acuerdo.

Lana había dejado a Jenn durmiendo otra vez, luego de un merecido descanso en sus brazos. La rubia tenía esa facilidad para dormir que era admirable y lógica en este caso, teniendo en cuenta que habían caído rendidas después de hacer el amor. Lana sentía que le dolían músculos que ni siquiera sabía que estaban allí, pero se sentía demasiado satisfecha para preocuparse. La morena estuvo con sus pequeñajas un rato, jugando y mimándolas. Luego llamó a su madre para decirle que ya estaba en territorio norteamericano y que la vería para el día de las madres que estaba pronto a llegar.

El móvil de Jenn sonó un par de veces, pero Lana no se inquietó en despertarla ni en mirar quién era. Cuando se despertará Jennifer se encargaría. Decidió que beber y comer algo no estaba mal tampoco. Indagó en la nevera de Jenn encontrando algunas verduras y frutas que podría utilizar para un smoothie rico en proteínas, minerales y fibras. Encontró unas fiambreras con comida preparada de la que Jenn se llevaba a veces a las filmaciones y decidió que arroz blanco con pollo a la plancha eran suficiente.

Al utilizar la licuadora para la bebida sabía que Jenn no tardaría en aparecer y así fue. Cerró la puerta detrás de ella y se estiró mientras caminaba hasta donde estaba. Se había puesto una bata que le tapaba hasta la mitad de los muslos y al estirar los brazos notó que llevaba unas bragas blancas, algo que Lana no vestía dado que no quería rebuscar en sus maletas y despertarla antes de tiempo.

Jenn la cogió por la espalda, mientras servía la bebida – me podría acostumbrar a esto – susurró besando dulcemente su cuello.

-¿A un smoothie verde de kiwi, apio y espinaca? – preguntó la morena dejándose besar.

-A ti, vestida sólo con mi bata favorita trasteando por mi cocina – Jenn se detuvo entonces en la barra – que bien, comida y bebida, lo que estaba necesitando – comentó alegremente.

-Creía que habías comido muy bien - Lana sonrió de medio lado oyendo el bufido de Jenn.

-Ya lo creo, pero mi tripa está haciendo ruidos y hay ciertas delicias que son mejores saborearlas de postre para que perduren más tiempo en la lengua – Lana tragó saliva y meneó la cabeza porque sabía que Jenn estaba provocándola.

-No empieces – dijo.

-Es verdad, hermosa – reveló Jenn – pienso comerte de postre muchas veces todavía.

-Comida – la morena se giró poniendo los platos en las manos de Jenn – llévalos a la mesa y deja esas manos lejos de mí, por ahora.

-Por ahora, que conste – Jennifer se sentó y agradeció el licuado helado que le sentó muy bien - ¿las niñas? – quiso saber notando que no habían venido a por ella cuando se levantó.

-Has tardado un poco, ¿eh? – se burló Lana sacándole la lengua – están durmiendo en el balcón del piso y cómo he cerrado la puerta seguirán allí – dijo – están bien, han bebido y comido, luego vas a mimarlas un poco que seguro Ava te echa de menos.

-Lo haré – Jenn dio un bocado a su arroz y luego le sonrió.

-¿Qué? – quiso saber Lana.

-Que me parece un sueño todo lo que está pasando.

Lana hizo un gesto tierno – pues yo no soy un sueño, mi preciosa Jenn.

-Lo sé – aseguró la rubia acariciándole la mejilla y acercándose a besarla – esa es la mejor parte.

-¿Es normal que sólo quiera sentir que me tocas o me besas? – le preguntó la morena que concibió comer más lento y con una mano como la opción correcta para poder mantener sus dedos en contacto con los de la rubia.

-Dicen que cuando empiezas una relación amorosa todo contacto es necesario – Jenn se cuadró de hombros y continuó acariciando la mano de la morena – aunque si te digo la verdad dudo que quiera dejar de tocarte con el tiempo, me parece que no nos va a funcionar esa teoría.

-No funcionará porque si no me tocas, te voy a tener que tocar yo – advirtió Lana.

-Madre mía – Jennifer se inclinó y le dio un par de besos en los labios – serás mi perdición, amo que seas tan bonita.

Lana la detuvo – come, mi amor – Jenn se quejó sin decir nada en concreto – come y podrás seguir besándome luego, sin parar.

Suficiente para que Jennifer se contentará con mantener las manos tomadas y comer algo que le diera un poco de energía. Luego de comer, Lana la instó a dejar entrar a Ava y a Lola. Las dos entraron felices al salón y se dejaron acariciar por la rubia que tomó en sus brazos a Ava haciéndole carantoñas. Luego rascó a Lola detrás de la oreja y volvió a darles agua fresca de la nevera a las dos.

Marchó al interior de la habitación y Lana terminó de colocar los trastos en el lavavajillas. Se acercó hasta el balcón donde el sol le daba la bienvenida al momento posterior al mediodía. Unas manos recorrieron su cintura y Jenn apoyó su mandíbula en su hombro.

-Mañana debo ir al set a grabar unas escenas para la post-producción del piloto – explicó - ¿te quedarás a dormir?

-Sí, pero mañana me iré a casa, necesito deshacer maletas y ver cómo está todo – le contestó la morena dejándose abrazar más apretadamente.

-Te llevaré antes de ir al set – dijo la rubia.

-¿Vendrás a cenar, amor? – quiso saber Lana.

-Sí, ¿me vas a invitar a dormir también?

-¿Ya no quieres separarte de mí? – preguntó la morena sonriendo.

-Si puedo evitarlo, lo haré – contestó Jenn – sólo quiero estar contigo.

-¿Quién lo hubiera dicho? Que Jennifer Morrison era tan dulce – Lana se rio ante su comentario.

-Sí, soy más talentosa de lo que parece, se esconder mis cartas – se apretó contra ella – resulto que Cara de Póker es una máscara muy bien ensayada.

Lana rio en voz alta – al final, Bex va imponer ese mote.

-Yo prefiero que tú me llames de otras formas – Jenn uso sus manos para desatar la bata de la morena y mantuvo una a la altura de su pecho, mientras que descendía con la otra. Lana gimió muy suavemente pegando más su espalda a la rubia – me gusta el calor que desprende tu cuerpo, preciosa.

Masajeó uno de los pechos de Lana y su otra mano terminó en la entrepierna de la mujer. Metió un dedo entre los pliegues de su sexo extasiándose al notar el rastro de humedad y muchísimo calor desprendiéndose.

-¿Ya quieres estar dentro mío de nuevo? – susurró Lana cuando Jenn profundizó la caricia en su sexo.

-Si por mi fuera, viviría con mis dedos encajados en ti – la morena bufó y Jenn mordisqueó el lóbulo de su oreja – si por mi fuera no dejaría de follarte ni un solo segundo – tiró del pezón que tenía entre sus dedos y la giró para besarla con profundidad.

Con un empujón sostuvo el cuerpo de Lana contra la pared baja que oficiaba de barandilla del balcón y la incentivó a enredar sus piernas a nivel de su cadera. Con la lengua enterrada en lo profundo de su boca, embistió el sexo de Lana con sus caderas provocándole un gemido que quedó ahogado en su garganta.

-¡Jenn! – Lana gimió duramente cuando la rubia repitió el movimiento. Su sexo estaba completamente empapado y la adrenalina de estar en ese balcón a la luz del sol, donde todos los vecinos podían verlas, le causaba estragos en su cuerpo. Quizás, no había ángulo para verlas, pero de todas maneras la posibilidad conseguía que su piel ardiera.

Jennifer le dio otro golpe de pelvis y al siguiente lo acompañó con sus dedos penetrándola posesivamente. Ambas gimieron en la boca de la otra y comenzaron a moverse cadenciosamente a un ritmo lento, pero sostenido. Lana sostuvo sus brazos alrededor del cuello de Jenn e inclinó su cuerpo hacia atrás para que los dedos entraran mejor en ella, la espalda alta contra la pared, la otra mano de Jennifer apretando sus nalgas.

-Me pones tanto, joder, ¡me pones tanto! – la rubia se sentía desesperar con los dedos húmedos pulsando en el interior de Lana, entrando y saliendo de ella – te amo, te amo – gruñó enérgicamente.

Siguieron así hasta que Lana comenzó a convulsionar con el cuerpo a punto de entrar en tensión por el orgasmo.

-Quiero tu orgasmo en mi boca, Lana – dijo de repente su novia.

-Sí, cariño, cómeme – pidió la morena.

-Necesito comerte, Lana – repitió la rubia y salió de su interior para tomarla del trasero, llevándola hacia dentro de la casa. Se dejó caer en el sofá quitando del todo la bata de Lana y haciendo que se aupará en el mueble hasta poner su sexo a la altura de su boca.

No le dio tiempo a acomodarse y la embistió con su boca, succionando profusamente su clítoris.

-¡Joder! ¡Jenn! – la rubia lamía su sexo de manera desesperada y clavó sus dedos en el interior de la morena mientras gemía sin parar – oh, mi amor – sus manos acariciaron un momento sus pechos y observó la expresión de lujuria que había en el rostro de su novia, no pudo evitar friccionar más rápidamente su sexo contra la boca de Jenn.

La rubia movió sus dedos en su interior y Lana sostuvo la caricia de su boca cogiéndola del cabello, moviendo las caderas desesperadamente.

-Me corro, Jenn, no puedo más – y cumplió.

Se corrió gritando el nombre de la rubia hasta que fue incapaz de mantener el equilibrio más tiempo y tuvo que apoyarse en Jennifer. La rubia la recostó en el sofá y se colocó encima, bajando hasta estar entre sus piernas.

-Voy a regodearme en el placer que te he generado, mi amor – Jenn sonrió de medio lado – con mi lengua.

Lana volvió a gemir – despacio, cariño, apenas me estoy recuperando.

Jennifer repasó su sexo y observó con dilección los espasmos que causaba en la piel de la morena – no puedes ser más preciosa y sensual, mi amor – la rubia reptó por su cuerpo y la besó – vas a tener que esforzarte para mantener mis manos lejos de tu cuerpo.

-Ni que tuvieras tanta suerte – Lana tiró de las mangas de la bata de Jenn desnudando sus hombros, mientras se incorporaba para besar la piel de sus hombros – me he dado cuenta que soy una total fanática de tu piel en mis labios – confesó surcando el cuello de la rubia con su lengua y dejando una hilera de besos.

-Me ofrezco de voluntaria para que te quites todo el mono de mi piel que tengas – Jenn abrió la boca lanzando un jadeo agudo cuando Lana rodeó el pezón con su lengua y luego lo mordisqueó – oh, sí, muérdeme.

La morena gruñó con ardor y continuó castigando con sus dientes los pezones de Jenn antes de tocar con sus dedos por encima de las bragas – ni bien te vi con ellas, supe que estarían perdidas – susurró sin separar del todo su lengua de la caricia – sino terminaban empapadas pensaba romperlas para desnudarte.

-¿Por qué cortarte? – Jenn gimió al notar como se rasgaba la tela de sus bragas - ¡joder! No pensé que pudieras.

-Me subestimas – le respondió la morena – hago bastante ejercicio, tengo fuerza en los brazos y las manos, y tú me pones a mil.

Jennifer suspiró agresivamente – ven, ponte así – le pidió deseando rozar su sexo con el de Lana.

-He oído hablar y lo he visto alguna vez, pero nunca lo he hecho – confesó Lana.

-¿No lo has probado en tu experiencia anterior? – mientras le hablaba la rubia iba tirando de sus piernas para que se ubicará en la posición que quería conseguir.

-Recuerda que yo no tengo tanta experiencia en esto como tú – Lana suspiró cuando su sexo apenas se rozó con el de Jenn – tendrás que enseñarme, al fin y al cabo no me consideré muy lesbiana antes de pensar en ti de esta manera.

-Me encanta pensar que soy la primera – Jennifer se inclinó un poco e indicó a Lana tomar un ángulo parecido – oh, sí, así – gimió al comenzar un roce lento entre las dos – lo cierto es que tu falta de experiencia no se había notado para nada.

-Supongo que lo compenso con la pasión extra que me ha dado la genética – aseveró Lana tratando de no perder la concentración al sentir el cuerpo de Jenn moverse contra el suyo – y también está el hecho de que tú elevas mi libido a otro nivel, nunca había sentido tantas ganas de estar con alguien, tanta lujuria de sólo pensarlo.

-¿Nunca?

-Nunca.

-Haces que te amé más todavía, mi amor – Jennifer aceleró el movimiento de sus caderas para que el contacto se hiciera más profundo.

-Oh, me encanta sentir tu sexo vibrar contra el mío, puedo notar como crece la humedad entre nosotras – gimió la morena absorbida por las sensaciones que le causaba el roce.

-Quiero que te concentres en sentir y en oír – Jenn aceleró el movimiento de su pelvis - ¿quieres que tengamos un orgasmo juntas?

Lana gimió – sí.

Ambas se concentraron en moverse y oír el sonido de sus húmedos sexos friccionándose uno contra el otro. Ambas gemían sin poder detener sus movimientos. Jenn levantó el brazo atrapando el de Lana y la enderezó, haciendo que el roce se concentrará en el clítoris de las dos. Lana jadeó al sentir como se rozaban. Su cuerpo sufrió un espasmo aparatoso.

-Oh, Dios, que sexy – sollozó.

Jennifer se lamió los labios – fóllame con ese cuerpo hermoso, mi amor, mueve tus caderas y fóllame.

Lana gimoteó – Te voy a hacer gritar de placer, mi vida – la morena comenzó a mover sus caderas con intensidad y sostuvo las piernas de Jenn para que se mantuviera inclinada, abierta a sus roces.

Bastaron algunos roces más para que Jennifer se tensará y comenzará a gemir el nombre de Lana. Verla a punto de correrse fue suficiente para que la morena alcanzará su propio clímax y las dos se vinieran a la vez. Mantuvieron la postura hasta que sus cuerpos dejaron de convulsionar y Lana se dejó caer sobre una desnuda Jenn, disfrutando del calor y el sabor salado de su piel. La rubia se inclinó a darle un beso a su chica.

-Te amo tanto – dijo – es tan bueno.

-Lo sé, gracias por enseñarme a darte placer, Jenn – reveló la morena besando la mandíbula de la rubia – quiero convertirme en una experta.

Jennifer sonrió – creo que no tendrás problemas con eso, el placer que siento en el cuerpo es lo más increíble que he sentido antes.

-Siento que hemos perdido tanto tiempo – señaló Lana – imagínate haber tenido estos momentos desde la primera temporada de la serie.

Jennifer se rio y luego bufó – vaya, 8 años de maravilloso sexo contigo – hizo un cálculo rápido – suponiendo que me aguanto a una vez al día nos hemos perdido de casi 3.000 orgasmos – observó a Lana – tenemos mucho placer para recuperar.

-Puede llevarnos desde 1 año follando como conejas o toda la vida si nos lo tomamos con calma – estimó Lana.

-¡Toda la vida! – exclamó la rubia – me pido toda la vida.

Lana se rio encantada – tonta, pero me apunto – se besaron dulcemente y la morena se separó al cabo de unos segundos -, pero pensándolo bien creo que esos 3.000 orgasmos estarían subestimados, no nos olvidemos que yo me vestía con los trajes de la reina malvada o la alcaldesa en esa época y me consta que a ti a veces se te iban los ojos.

-Pillada – Jenn sonrió – si empezábamos en esa época nos hubieran tenido que separar con fórceps.

Se rieron las dos y Lana besó a Jenn - ¡Dios! Que hermosa eres – se enderezó y acarició la mejilla de Jenn – me importa muy poco que perdiéramos 8 años, mientras me regales todos los que te quedan así.

-Eso seguro – Jenn suspiró – ya verás cuando tengamos 97 años y te despierte de tu siesta de las 6 de la tarde para morrearnos en el armario de la limpieza del asilo y tú me dirás: 'pero Jenn, si acabamos de hacerlo' y yo te diré '¿ah sí? meh...'.

-Puede que a esa edad no lo recuerde tampoco – aseguró Lana cuadrándose de hombros y abrazándola más apretadamente.

-Entonces solo tendremos una opción, preciosa – contestó Jenn – hacerlo otra vez por si no lo hemos hecho antes.

-Vamos a recuperar los 8 años perdidos a los 90, ya lo veo – sentenció Lana haciendo reír a Jenn que sólo se detuvo cuando sus labios se encontraron con los de la morena de nuevo.

Vale! ¿Qué les ha parecido esto? ¿Me dan un "Oh, Dios, que sexy" o un "Meh"?

Buen finde! ^^