El mejor de los regalos:
Sus ojos fueron destapados en ese preciso instante encontrándose frente a ellos el objeto que más había anhelado en las últimas dos vacaciones.
La moto que estaba aparcada en frente de su casa brillaba al igual que sus verdes ojos en ese momento, sin mencionar su sonrisa de niño que también deslumbraba de brillo.
- "Espero que te haya gustado la sorpresa hijo" –pronunció el jefe de policía, el cual se retractó al instante del comentario al ver la deslumbrante expresión de su hijo- "Te lo mereces por haber resuelto tu primer caso" –dijo por último dándole una palmada en la espalda-
- "¿Y qué esperas hijo? Súbete" –animó su madre, la cual muy a gusto no estaba con el regalo, pero al ver la alegría de su único hijo empezó a convencerse con el mismo-
- "Cl-cla… muchas gracias" –y corrió para montarse lo más rápido posible-
La escena era sencillamente de un chico con juguete nuevo y de unos padres que miraban con completa alegría a dicho niño. Pero ninguno de los dos Hattoris mayores veía con tanta felicidad a Heiji como lo hacía Kazuha.
Ver a su amado amigo, y más amado que amigo, tan feliz la llenaba de suma alegría como si ella hubiera cumplido su sueño. Y es que si había cumplido su sueño, puesto que los sueños del morocho eran los suyos propios, solamente que nunca se lo diría al chico (sobre su cadáver se arriesgaría a decir algo tan vergonzoso y que Heiji se ría de ella de forma cruel).
Heizo miró a la chica de moña con suma gratitud, puesto que si… la mayoría de las cuotas de la moto las había pagado ella con el trabajo de medio tiempo que había conseguido esas dos últimas vacaciones. Esto era un secreto entre los padres de Heiji y ella ¿Por qué? Sencillo Heiji era tan idiota a veces que era capaz de no aceptar algo tan grande viniendo de su amiga, puesto que sabía que la situación económica de ella era mucho más abaja que la de él, entonces nunca se lo perdonaría.
- "HEIJI" –gritó el hombre de la casa-
- "Dime"
- "Sube a Kazuha, seguramente está ansiosa por pasear un rato con vos" –y sacó a la chica de detrás del árbol donde miraba la escena, claramente con una expresión de sorpresa de ella-
- "¿Y por qué tendría que…?" –y se calló al ver la endemoniada expresión de sus padres-
- "O LA SUBES… O VERÁS HEI-CHAN" –amenazó su madre-
- "N-no se hagan problema señ…" –y también calló al ver la misma terrorífica expresión de los adultos ahora dirigido hacia ella-
- "PIENSA RAPIDO"
Escuchó la chica y al ver de dónde vino la voz vio una dura bola que iba hacia ella y rápidamente la agarró para que no le pegue… era un casco
- "¿SE PUEDE SABER QUE TE PA…?"
- "APURATE Y SUBE, ya quiero andar" –le interrumpió con una sonrisa-
Vio esa hermosa sonrisa y en silencio se puso el casco y se sentó detrás de su amigo. Al sentarse algo pasó, y es que no sabía cómo agarrar a su amigo para no caerse. Tomó con suma vergüenza y un sonrojo notable su remera un poco con sus manos, y al avanzar siguió sintiéndose inestable. Harto ya, de varios intentos fallidos, el morocho tomó de sopetón los brazos de la chica y los rodeo a su cintura con un sonrojo incluso mayor que el de ella.
- "DEJA DE RETRASARME QUE ME QUIERO IR YA" –y arrancó antes que diga algo siquiera la chica-
El sol ya se estaba poniendo, lo que significaba que estuvieron todo el día paseando, todo el día compartiendo, y todo el día abrazados, algo que al menos el detective no olvidaría nunca, no solo por haber montado en el medio de transporte que tanto había anhelado, sino que era la primera vez que sentía el cuerpo de su amada amiga, y más amada que amiga, tan cerca, no cómo el quisiera pero casi.
Se bajaron una vez que vieron que ya era muy pasada la tarde, y antes de caminar hasta la casa de los Hattori se atrevió a agarrarle de la mano un momento.
- "Gracias" dijo entrelazando sus dedos, provocando un notorio sonrojo en la chica y en él claramente- "Y antes de que te hagas la desentendida, sé que fuiste vos la que pagaste todo esto"
- "¿Có-cómo…?"
- "Soy un detective… no lo olvides: dos vacaciones trabajando a más no poder, para que me digas siempre que no tenías nada de dinero era muy sospechoso, aparte tus apuntes eran las facturas de los pagos que hacías" –y la miró con una sonrisa- "te descubrí tontita"
La luna que ya asomaba inmaculada divisó la sombra de dos jóvenes chicos que se abrazaban con mucho amor.
Fin
