Capítulo 36: Un nuevo desafío

Lunes 20 de Junio

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HANAMICHI

El sol resplandecía más que nunca aquella mañana de día lunes, la primera tras el fantástico y glorioso día en que Hanamichi Sakuragi logró clasificar para el Campeonato Nacional junto al equipo de Shohoku. La seguidilla de celebraciones primero junto a sus compañeros en la cancha, luego en la habitación 306 del Hospital Kitamura junto al profesor Anzai y finalmente en su casa junto a su madre, le dejaron en un estado tal que prácticamente no cabían más dicha y alegría en su interior.

Lo único que tal vez pudo haber superado esa dicha hasta tornarla en perfección hubiera sido una declaración de amor por parte de Haruko Akagi, pero como eso no sucedió, se conformó con ser feliz con aquello que real: ¡Iban a ir al Campeonato Nacional!

Y todo gracias a él, ¿no?

- Debo reconocer que jugaste muy bien ayer, Hanamichi – comentó Noma mientras se rascaba distraídamente la barriga.

Sakuragi recibió aquél elogió como una gran (aunque obvia) revelación: él había sido la estrella indiscutible del partido.

- Jejeje, qué bueno que reconoces mi genialidad, gordinflón – agradeció el pelirrojo sonriendo de oreja a oreja.

Sakuragi junto a sus inseparables amigos Chuichirou Noma, Nozomi Takamiya, Yohei Mito y Yuji Ohkusu se habían reunido en el punto de siempre para ir en grupo a la Preparatoria Shohoku. La esplendida mañana de verano invitaba a caminar, mucho más aún si era en compañía y camaradería.

- Esa última clavada fue verdaderamente increíble, Hanamichi – comentó también Noma, caminando de los últimos junto a Ohkusu.

El grupo de amigos rememoró la última jugada del pelirrojo con gran regocijo. Todos se tomaban como algo personal aquel espectacular logro de Sakuragi, aun cuando y pese a que hubieran deseado verlo cometiendo su quinta falta con la consiguiente expulsión.

- Hanamichi es algo así como un genio. De eso ya no podremos dudar nunca más – intervino Mito, quien caminaba firmemente junto al pelirrojo.

- ¡Nyahahaha! ¡Exactamente! – asintió aún más alegremente Sakuragi al tiempo que se rascaba la cabeza a la altura de la vendaje que aún cubría su frente. – Shohoku consiguió la victoria única y exclusivamente gracias a mí – agregó.

- Ni que lo digas – replicó Noma, quien tuvo que taparse rápidamente la boca para ahogar la risa que amenazaba con desatarse contra su voluntad.

Admiraba a Sakuragi en ciertos aspectos, pero por sobre todo disfrutaba reírse de él, y al igual que él, Noma, Ohkusu y Takamiya, tenía que hacer grandes esfuerzos para seguirle el amén al pelirrojo y evitar reírse de él en su presencia, pues aquello era capaz de desatar su furia mortal.

Mito era a todas luces quien mejor lograba disimular su estado, y por eso justamente es que iba junto a Sakuragi.

- Hanamichi es un gran basquetbolista – intervino nuevamente Mito.

Sakuragi se quedó mirando a su mejor amigo con mucho orgullo en sus ojos, incapaz de detectar las dobles intenciones ocultas en sus palabras.

- Exactamente, amigo mío. Yo soy… yo soy ¡Un gran basquetbolista! – asintió Sakuragi, iniciando así una cantaleta que rápidamente fue secundada por el resto de los chicos.

Lo que Sakuragi encontraba como una proclamación de su genialidad, el resto de los chicos lo encontraba como la oportunidad perfecta para reírse de su ridículo.

- ¡Porque es un gran basquetbolista! ¡Porque es un gran basquetbolista! ¡Porque es un gran basquetbolistaaaaaaa! ¡El basquetbolista Sakuragi!

El coro del grupo fue incrementándose en volumen conforme se acercaban más y más a las inmediaciones de la preparatoria Shohoku. Los transeúntes se hacían a un lado para cederles el paso, y no por respeto sino que por puro temor. Para todos era conocida la mala fama de Sakuragi y su mal llamado ´Ejército´.

Sin embargo, hubo una sola persona que no se movió del camino cuando el Ejército de Sakuragi se acercó a ella.

- ¡Ya dejen de cantar esa horrible canción! – les ordenó una firme y decidida voz femenina.

El coro se detuvo de inmediato para ser reemplazado por una uniforme expresión de terror.

- ¡Ahhhhhhhhhhh! – chillaron los cinco chicos al unísono.

Una hermosa chica vestida en el clásico uniforme escolar de Shohoku había tenido la osadía suficiente para atravesarse en su camino y hacerlos callar de un solo grito. En cuanto Sakuragi se percató de que se trataba de Ayako relajó la expresión del rostro y se acercó a ella.

- ¡Ayako! ¡Pero si eres tú! – exclamó el pelirrojo, rascándose la nuca. – Ya te he dicho que me parece extraño verte vestida como una chica – agregó al tiempo que comenzaba a reír nerviosamente.

Y llevaba razón, pues ver a Ayako ataviada con una falda gris por sobre la rodilla, camisa blanca de mangas cortas y el cabello completamente suelto, cayendo libre y rebelde con perfectos bucles sobre su espalda, era… toda una novedad.

- ¿Y qué quieres? ¡¿Qué me vista de chico?! – saltó furiosamente Ayako al tiempo que sacaba su famoso abanico blanco de papel y le propinaba un fuerte golpe en pleno rostro.

ZAS

La sonrisa se borró inmediatamente del rostro de Sakuragi, quien enmudeció de golpe. Takamiya aprovechó esa oportunidad para dar un paso al frente y acercarse a la chica.

- ¡Wooooow! ¡Buenos días, hermosa Ayako! – saludó alegremente el gordinflón tras echarle una poco discreta mirada de pies a cabeza.

Noma y Ohkusu compartieron la misma sensación de revelación ante el increíblemente femenino aspecto de Ayako, admirando cada uno su belleza con gran regocijo. Ayako no pudo más que reír ante las inventivas del grupo de chicos y gustosa aceptó la invitación de caminar junto a ellos para ingresar a las inmediaciones de Shohoku

- Me extraña verlos tan temprano por estos lados. Aún falta mucho para que comiencen las clases – comentó Ayako.

- Si, agradécelo a Sakuragi… esta mañana nos llamó a todos muy temprano para sacarnos de la cama – explicó Mito.

- Es un desconsiderado – apunto Noma con un falso puchero.

- Ohhh, ¿en serio? – preguntó una incrédula Ayako.

- Sí, es cierto. Al parecer el idiota tenía un exceso de energía, porque no es normal que se levante de los primeros – respondió Ohkusu.

Ante aquél comentario negativo Sakuragi frunció el ceño de manera peligrosa.

- ¿Qué dices, rubio teñido? – preguntó Sakuragi siseando peligrosamente.

- ¡Yo no soy teñido!

- Tú también te tiñes el pelo, no te hagas – murmuró entre dientes Takamiya.

- ¡Ah! ¡No te atrevas a calumniarme, gordo infame! – Sakuragi se volteó ahora hacia Takamiya enseñándole un puño amenazador.

Temeroso, Takamiya retrocedió un par de pasos hasta que chocó contra el muro que franqueaba los límites del recinto de Shohoku. Estaba acorralado, prácticamente sin posibilidad de escape más que implorar por el perdón supremo por haberse atrevido a revelar el secreto máximo de Sakuragi: que se teñía el cabello de rojo.

Sakuragi estuvo a dos palmos de atrapar a Takamiya para propinarle un cabezazo mortal, pero se detuvo justo a tiempo gracias a la melodiosa y sedante voz de su bien amada Haruko.

- ¡Sakuragi! ¡Yohei! ¡Ayako! ¡Chicos! ¡Qué alegría verlos a todos juntos! – saludó alegremente Haruko mientras cruzaba la calle y se acercaba al grupo junto a Fujii y Matsui.

Al escuchar ese particular timbre de voz, Sakuragi demudó automáticamente su semblante sombrío por uno más manso e incluso sumiso.

- ¡Ha-Haruko! – balbuceó al girarse hacía su amada para recibirla con una radiante sonrisa.

Takamiya aprovechó esa oportunidad para esconderse tras Noma y Ohkusu mientras los chicos saludaban a Haruko y las chicas, compartiendo todos palabras de alegre camaradería, tan acostumbrados como comenzaban a estar los unos con los otros.

Armaron así un repentino y caótico grupo

Sakuragi y Haruko se encontraron prácticamente apartados y muy al borde de la vereda mientras intercambiaban palabras de saludos.

- Aun no puedo superar la espectacular clavada que hiciste ayer, Sakuragi – manifestó Haruko, yendo de grano al tema que, al igual que al pelirrojo, aún la mantenía muy entusiasmada.

- Jejeje – rio nerviosamente Sakuragi ante tal elogio. - ¡Es lógico, porque gracias a la jugada de este genio el equipo logró clasificar al Campeonato Nacional! ¡Nyahahaha! – estallóabiertamente en carcajadas.

Siguió riendo a pleno pulmón por largos segundos, atrayendo paulatinamente la atención de sus amigos y de uno que otro transeúnte que prefería caminar por la calle para alejarse lo más posible de él.

Hubo alguien, no obstante, que sí se acercó decididamente a él hasta quedar lo suficientemente cerca como para propinarle un fuerte golpe en la cabeza y callarlo así.

POC

- Ya deja de estar presumiendo y armando tanto escándalo, cabeza hueca – ordenó Takenori Akagi.

- ¡Auuuuh! ¡Gorila! – chilló Sakuragi.

- Por favor, Akagi, no seas tan severo. No tiene nada de malo que presuma – intervino conciliadoramente Kogure para intentar relajar el ambiente que súbitamente se había tensado.

Capitán y Sub capitán venían llegando juntos a la Preparatoria, tal y como tenían costumbre de hacer desde que cursaran el primer año.

- Es verdad, Akagi-senpai. Déjelo que presuma un poco, a nadie le hará daño – secundó Ayako, quien extrañamente ese mostró a favor de la fanfarronería del pelirrojo.

- Cuatro ojos… Ayako – balbuceó Sakuragi, olvidando por completo el dolor en cabeza producido por el golpe que recibiera de parte de Akagi. -Mmm, se equivocan, yo no presumo de nada. Además, me siento un poco insatisfecho

- ¿Insatisfecho? – repitió Ayako.

- Sí, insatisfecho porque a pesar de mis grandes hazañas durante el partido ninguno de los jueces me eligió como el jugador más valioso. Lo más ridículo es que escogieran al inútil de Rukawa como uno de los mejores…

Sakuragi se desahogó con total desparpajo, sabiéndose el centro de atención de todos los que lo rodeaban. Tan concentrado estaba en sus agrias palabras contra Rukawa que no se percató cuando los demás se alejaban lentamente de él, despejando así la vereda para abrir camino a una bicicleta que se acercaba rápido y, aparentemente, sin control.

- ¡Cuidado! ¡Despierta ya, Kaede! ¡Te dormiste! – gritaba fuertemente Himura para despertar a un dormido Kaede Rukawa que, por inercia, conducía su bicicleta a toda velocidad.

Himura iba de pie en el pedal trasero para pasajeros de la bicicleta de Rukawa y hacia todo cuanto podía para despertarlo, pero no hubo caso. Iba tan rápido que los transeúntes apenas si alcanzaban a hacerse a un lado para no ser atropellados. Varios se salvaron por un pelo, pero Sakuragi no corrió con la misma suerte.

La inminente colisión contra el trasero de Sakuragi sucedió casi en cámara lenta, y no fue sino hasta que Rukawa le cayó encima y lo derribó contra el piso que el pelirrojo cerró por fin la boca.

CRASH

- ¡Arg! – se quejó Himura tras caer de lado.

Logró salvar el golpe y sufrir tan solo una leve raspadura, nada comparado con la caída que sufrió pelirrojo además tuvo que aguantar con su propio cuerpo la caída de Rukawa y por sobre todo el fuerte golpe a su ego.

- ¡DESGRACIADO! – explotó Sakuragi, quitándose a Rukawa de encima con un fuerte empujón.

Solo entonces fue que Rukawa despertó del profundo sueño en el que había caído hace varios minutos atrás. El pelinegro se rascó la cabeza claramente aturdido mientras miraba en rededor para intentar figurarse qué había sucedido. Estaba acostumbrado a sufrir accidentes como aquél, aunque era la primera vez que caía de esa manera desde que acostumbraba a viajar con Himura como pasajero.

Enfurecido como una bestia, Sakuragi hizo el intento de abalanzarse sobre Rukawa, pero rápidamente fue contenido por Mito, Noma y Ohkusu, quienes lo sujetaron por la espalda para impedírselo. Rukawa ni siquiera había despertado del todo como para entender lo que sucedía cuando se vio repentinamente rodeado por un séquito de jovencitas estudiantes de Shohoku. Himura se vio en la misma situación a tan solo un par de pasos de distancia.

Las admiradoras de ambos jugadores habían llegado al lugar de manera automática para defender y proteger a sus respectivos ídolos. Lo cierto es que los seguían a donde fueran, y con el paso de los días no hacían más que multiplicarse.

- ¿Te encuentras bien, Rukawa-kun?

- ¿Te lastimaste, Himura-kun?

- ¡Que alguien llame a una ambulancia!

Ayako contempló la histeria femenina con gran diversión, haciéndose a un lado para darles espacio y no verse envuelta en esa locura. Haruko, sin embargo, corrió rauda hacia donde se encontraba Rukawa para intentar brindarle algún tipo de ayuda (que por cierto era innecesaria).

- ¡MALDITO ZORRO DESGRACIADO! – continuó gritando un furioso Sakuragi, luchando por soltarse del agarre de sus amigos.

Los estridentes gritos de Sakuragi enfurecieron peligrosamente a las admiradoras de Rukawa, quienes al ver que su ídolo estaba siendo insultado gratuitamente por un violento pelirrojo, no dudaron en enfrentarlo.

- ¡Tú tienes la culpa por quedarte ahí parado como idiota! – interpeló una menuda chiquilla, que pese a su escasa estatura no titubeó al encarar a Sakuragi.

A la valiente intervención de esa jovencita se sumó rápidamente la voz aireada y furiosa de varias más.

- ¡Estúpido delincuente pelirrojo!

- ¡Si algo malo le sucede a nuestro hermoso Rukawa-kun, te las verás con nosotras!

- ¡Es cierto! ¡Es cierto!

Sakuragi cerró la boca inmediatamente y recibió la avalancha de gritos en su contra acumulando cada vez más y más rencor. Es cierto que no acostumbraba a pelearse con chicas, pero aquella era una situación demasiado excepcional y le fue incapaz controlar su ira, por lo que se revolvió violentamente hasta soltarse del agarre del cual era presa.

- ¡¿Pero quién rayos se creen que son, babosas?! – increpó Sakuragi gritándole al mismo tiempo al grupo de 7 jovencitas de pie frente a él, sirviendo como una especie de barrera para salvaguardar a Rukawa.

- ¡No te metas con nosotras, pelafustán!

- ¡Salvaje!

- ¡Delincuente!

- ¡Que alguien llame a la policía ahora ya!

La seguidilla de insultos resultó ser como bencina al fuego a oídos de Sakuragi, quien al verse víctima de semejante ataque por un ejército de enfurecidas admiradoras de Rukawa no supo cómo reaccionar. Quería callarlas, obligarlas a marcharse de ahí, pero por ningún motivo se atrevería a tocarles siquiera un pelo. Su única arma en esa contienda era su voz.

- Argg… ¡¿Pero quién se creen que son al tratarme de esa manera?! – explotó finalmente, encarando al grupo de chicas sin pudor alguno.

- ¡No te atrevas a gritarnos de ese modo! – replicó de una de las chicas, dando un paso hacia adelante.

Sakuragi retrocedió levemente al tiempo que buscaba las palabras con que enfrentarse a su singular adversaria. Y como viera que la cosa podría salirse de control, Yohei Mito decidió intervenir para resguardar la seguridad de su amigo (pues tenía perfectamente claro que el grupo de chicas – desquiciadas – era perfectamente capaz de darle una paliza a su amigo).

- Calma, Hanamichi. No sigas, que es peligroso tener a estas niñas de enemigas – argumentó Mito, interponiéndose entre Sakuragi y las furiosas admiradoras de Rukawa.

El pelirrojo le dedicó una mirada cargada de odio, más no se atrevió a contravenirlo, sino que se puso a discutir con él.

- ¡Ah, no te metas! ¡Déjame en paz que debo defenderme de esas cretinas! – refunfuñó Sakuragi.

- ¡Es peligroso, no te conviene meterte con ellas! – replicó Mito.

La discusión entre amigos fue subiendo paulatinamente de tono conforme la multitud comenzaba a aglomerarse cada vez más.

- Hanamichi no conoce el rencor de una animadora – musitó Noma con cierto temor mientras se rascaba suavemente la barbilla.

- Tal parece que no… además los ejércitos de animadoras de Himura y Rukawa han crecido demasiado – apunto Ohkusu tan sorprendido como los demás.

Takamiya, discretamente escondido tras el resto de los muchachos, no pudo sino estar de acuerdo con ellos.

- Es cierto, además, dicen que si le haces algo malo a una de ella se te regresará treinta veces más. Son una verdadera mafia – agregó Noma.

El trio de amigos tembló del más puro terror al imaginar semejante escena. Estaban acostumbrados a enfrentarse en violentas peleas contrasujetos de todo tipo y en ese aspecto no tenían miedo de prácticamente ningún adversario. Pero a un ejército de fanáticas admiradoras… jamás. Ni nunca lo intentarían siquiera, ya que la locura femenina era para ellos un arma demasiado peligrosa.

Por otro lado, Rukawa, por fin despierto del todo gracias a los gritos, se puso de pie y lentamente se acercó a su bicicleta. Le tenía sin cuidado todo el alboroto causado por Sakuragi y la discusión sin sentido que tenía con uno de sus amigos.

- ¿Te encuentras bien? – preguntó Himura al acercarse a Rukawa.

- Sí… - asintió el pelinegro. – Me quedé dormido – murmuró por lo bajo, como si aquello fuera disculpa suficiente.

- Te lo venía diciendo hace varias cuadras, pero no me hacías caso– murmuró también Himura.

Ambos novatos comenzaron a abandonar la escena tras saludar discretamente a Akagi, Ayako y Kogure, con lo cual sus admiradoras hicieron también abandono del lugar para ir tras ellos, siguiéndolos como una procesión perfectamente organizada al son de sus ya bien reconocidos (e igualmente irritantes) cánticos de siempre bajo la atenta mirada del resto del alumnado presente en ese momento.

- ¡Rukawa, Rukawa, eres el mejor!

- ¡Himura, Himura, eres el mejor!

Al escuchar esos irritantes gritos, Sakuragi dejó de lado la discusión con Mito y fue tras las admiradoras de sus compañeros novatos para hacerlas callar a gritos si era necesario, pero nada más dar dos pasos fue abruptamente detenido por el siempre severo puño de Takenori Akagi.

POC

- ¡Abúrrete! Es muy temprano para que estés causando tanto alboroto – ordenó.

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AKIRA

Lo primero que notó Akira Sendoh al llegar a clases esa mañana de día lunes fueron los cientos de miradas tristes y compasivas que el resto del alumnado le dedicaba a cada paso que daba. Ya no había comentarios alegres ni gritos amistosos para brindarle ánimos, sino que murmullos lúgubres y un cierto aire tétrico que se asemejaba más al ambiente de un velorio que el de a una escuela llena de adolescentes.

Era un día gris la Preparatoria Ryonan ya que la noticia de la derrota del equipo de basquetbol se había propagado como la pólvora y todos estaban al tanto de lo sucedido.

- Lo sentimos mucho, Sendoh-kun – murmuró una muchacha de tercer grado al cruzarse con él en el vestíbulo.

Sendoh se detuvo frente a ella y le dedicó una modesta sonrisa de cortesía.

- No te preocupes, Saito-senpai – agradeció Sendoh con un leve asentimiento de cabeza para la capitana del equipo femenino de voleibol.

Ya sea por sentido común o verdadero pesar, Sendoh no sonreía como de costumbre aquella mañana. No quería sentirse triste por la derrota, sino que deseaba mantener el optimismo a flote, aun cuando el ambiente sombrío que imperaba en Ryonan le dificultara la tarea.

Al llegar por fin al pasillo del tercer piso (donde estaba su salón), fue recibido abruptamente por un nutrido grupo de alumnas de primer año que habían estado esperando por él para expresarle sus sentimientos.

- ¡Lamentamos la derrota, de verdad que sí!

- ¡Merecías ir al Campeonato Nacional!– gimió una de las muchachas de primer año en cuanto Sendoh puso un pie en el pasillo.

- ¡Ohhh, Sendoh! ¡Eres tan hermoso! – chilló otra entre lágrimas.

- ¡No es justo! ¡No!

- ¡No es justo, no es justo! – corearon las demás.

- ¡Estamos aquí para ayudarte!

- ¡Te amamos! ¡Te amamos mucho!

El macabro espectáculo de una decena de alumnas llorando y gritando por éllogró dejarlo perplejo. Estaba acostumbrado a que a su paso las chicas se dieran vuelta para admirarlo e incluso gritarle uno o que otro piropo, pero esto superaba todo cuanto había tenido que afrontar a sus cortos 16 años de vida. Por primera vez se enfrentaba a un verdadero ejército de lunáticas que, sin pudor alguno, buscaba acercarse a él para abrazarlo, consolarlo y quién sabe qué más.

- ¡Oh, pobrecillo! ¡Ven acá, nosotras te consolaremos! – chilló una enloquecida muchacha con cierto nivel de sobrepeso, abriendo sus brazos de par en par a la vez que se acercaba lentamente a él.

Sendoh rio con nerviosismo y comenzó a retroceder levemente. Su mente intentaba dar con las palabras más educadas posible para rechazar semejante ofrecimiento, pero era incapaz de hacerlo. Su naturaleza noble le jugaba una mala pasada en ese tipo de situaciones.

- Esto... gracias, pero de verdad que yo estoy bien – balbuceó con una sonrisa de más puro terror, y como vio que no tenía efecto alguno, comenzó a desesperarse. – De verdad, de verdad… no es necesario.

La chica continuó avanzando y se le sumó un par más con las mismas intenciones.

- ¡Oh!

- ¡Te amamos tanto!

Sendoh pensó en escapar escaleras abajo y correr hasta perderse, correr lo más lejos posible hasta que aquella tétrica atmósfera al interior de Ryonan desapareciese por completo. Pensó incluso en correr y correr sin para hasta la mismísima Preparatoria Shohoku para buscar a Himura y pasar el día con él. Estuvo a punto de girarse y emprender su escape, pero la inconfundible voz de Kazumi Hamasaki cortó de golpe la secuencia de pensamientos escapistas.

- ¡Aléjense de él! – ordenó Kazumi en un tono severo al tiempo que se apresuraba en subir los últimos dos escalones que la separaban de la escena.

Sendoh se detuvo de golpe y también lo hizo el grupo de chicas.

- Kazumi… - murmuró Sendoh cuando la chica se plantó firmemente a su lado y lo tomó por el brazo.

- ¡No se atrevan a tocarlo o se las verán conmigo! – gruñó Kazumi de manera determinada y autoritaria, bastante agresiva.

Sendoh no supo cómo reaccionar frente a la agresividad de Kazumi. Estaba sorprendido, tanto o más que las chicas de primer año, quienes al ver y sentir la presencia decidida de Kazumi vacilaron en su determinación de consolar a su ídolo.

- ¿Quién eres tú? – preguntó la chica con sobrepeso que había pretendido abrazar a Sendoh.

Kazumi soltó el brazo de Sendoh y dio dos pasos al hecha una furia, tan molesta que prácticamente se podía ver que echaba humo por las orejas.

- Yo soy Kazumi Hamasaki, y soy la novia de Sendoh – explicó con una certeza absoluta que logró helarle la sangre a Sendoh.

- "¿Mi novia? Oh Kazumi…" – Sendoh no dio crédito a lo que escuchaba, y su rostro reflejó la misma sorpresa que el rostro de sus fanáticas.

- ¿S-su novia? – balbuceó la chica con sobrepeso.

- ¿Dijo novia?

- ¿Sendoh-kun tiene novia?

- ¡No puede ser!

Los murmullos se extendieron rápidamente entre las admiradoras y del grupo de curiosos que lentamente se habían acercado a ver qué sucedía. Las palabras de Kazumi causaron una gran conmoción, pues se trata del anuncio oficial del noviazgo entre dos de los alumnos más populares de Ryonan.

Y como Kazumi vio que su anuncio había causado sorpresa, decidió rematar su marcaje de terreno con una muy severa advertencia.

- Es mi novio, y si alguna de ustedes se atreve a tocarlo o acercarse él, así sea solo un poco, se las tendrá que ver conmigo. ¿Quedó claro? – amenazó.

Si bien la amenaza de las chicas histéricas ya había pasado, Sendoh se encontró a si mismo dando un paso hacia atrás ya no para huir de sus fanáticas, sino que de su autoproclamada novia. ¿Cómo había pasado eso? ¿Cómo era posible que Kazumi se sintiera con el derecho de proclamarse como su novia sin su consentimiento?

No había margen para tal cosa, y Sendoh se había alejado gradualmente de Kazumi pues ya estaba más que seguro que no sentía nada por ella. Pero al parecer había enviado las señales correctas, por lo que tal vez reconocer su grado de culpa, admitir que su principal error fue no ser claro con ella desde un principio.

Aun así, Sendoh había querido hablar con ella para dejar las cosas de lado desde que descubriera lo que sentía por Kenji Himura, pero el tiempo no le brindó nunca la ocasión de poder hacerlo. Y ahora todo Ryonan se enteraría de que, supuestamente, él y Kazumi eran novios.

- "Rayos…no debiste hacer eso, Kazumi" – se lamentó Sendoh en su fuero interno mientras observaba cómo el grupo de admiradoras se disolvía rápidamente para desaparecer corriendo en un mar de lágrimas.

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KAEDE

Finalmente la última y más tediosa clase del día había finalizado, dando paso así a la hora de entrenamiento junto al equipo de basquetbol. Nada más sonar el timbre Kaede Rukawa despertó del semi trance en el que había estado sumido durante toda la clase de Biología.

- ¿Vamos? – preguntó Himura al tiempo que se ponía de pie desde el pupitre a su derecha.

Rukawa asintió en silencio y comenzó a ordenar rápidamente sus pertenencias bajo la atenta mirada de Himura. El resto de sus compañeros hacía lo propio: unos conversaban alegremente, haciendo planes para lo que restaba de día; mientras que otros comenzaron a compartir los resultados de sus respectivos controles.

Y Himura rápidamente se unió a los alumnos del último grupo.

- Aún no puedo creerme que reprobaras el control con una calificación de apenas un 32 – comentó Himura entre dientes, como si temiera pronunciar aquello en voz alta.

Rukawa se detuvo a medio camino de guardar sus lápices en el bolso y le dedicó una mirada cargada de despreocupación que buscaba transmitirle un mensaje bastante claro: ´¿qué más da si obtuve un 32?´, lo cual solo sirvió paraaumentar aún más el nerviosismo de Himura.

- Era el último control del semestre. Dentro de poco serán los exámenes, y con las calificaciones que tienes hasta ahora estarías reprobando biología – arremetió Himura.

- Me recuperaré para el examen – comentó por fin Rukawa al tiempo que se cargaba el bolso en el hombro.

Eran palabras sin sentido, pues Himura sabía perfectamente que Rukawa no haría nada para revertir la situación. Ya conocía de sobra la apatía de Rukawa por los estudios, y si bien le había insistido constantemente para que se preocupara más (so pena de ser expulsado del Club de Baloncesto), nada parecía cambiar.

¿Qué más podía hacer, entonces?

- Y además está el último trabajo… para el próximo lunes. Y el examen… - murmuraba Himura mientras ambos jóvenes comenzaban a abandonar el salón número 10.

Rukawa hizo el máximo esfuerzo por mantener su mente alejada de las tribulaciones de Himura, pues lo que menos deseaba en ese momento era pensar en controles, exámenes o trabajos. Su mente estaba enfocada en otras cosas: el Campeonato Nacional, Akira Sendoh y los Estados Unidos de Norteamérica. En concreto: el basquetbol.

¿A quién podía importarle la estúpida biología cuando el basquetbol resultaba ser más apasionante?

Al salir al pasillo del segundo piso fueron recibidos de inmediato por el mismo ejército de admiradoras que custodiaban sus pasos desde la primera hora de la mañana. Estaban tan acostumbrados a ellas que a esas alturas resultaban ser un elemento más del entorno, como lo eran as nubes en lo alto del cielo (solo que considerablemente más ruidosas).

- Ya sé, creo que lo mejor será que nos juntemos a estudiar y a terminar el trabajo. Todo al mismo tiempo… - propuso Himura cuando comenzaban a descender las escaleras. - Y luego a entrenar, claro – agregó como para hacer más atractiva la oferta.

- Ajá – asintió Rukawa, sin ser realmente consiente de lo que estaba aceptando.

- Podemos juntarnos aquí en la biblioteca de Shohoku… aunque resultaría complicado con todas esas chicas siguiéndonos para todas partes – Himura continuaba debatiendo consigo mismo conforme continuaban su camino rumbo al gimnasio, hablando en un medio tono que solo Rukawa podía escuchar.

El camino se les estaba antojando cada vez más lento debido a la enorme aglomeración de fanáticas que comenzaban a formarse a cada paso que daban. Rukawa escuchaba las palabras de Himura al tiempo que su mente deambulaba reviviendo el partido del día anterior, y en concreto el enfrentamiento con Sendoh. Y estaba tan disperso que no fue realmente consciente de las palabras que su boca se atrevieron a pronunciar.

- Puede ser en mi casa, es más tranquilo – dijo Rukawa.

Himura se detuvo en seco y, como acto reflejo, Rukawa hizo lo mismo.

- Sería estupendo. ¿El sábado después del entrenamiento de la mañana? – preguntó con un dejo de emoción en su voz.

Conocería la casa de Kaede, a su madre y a su padre, y por sobre todo a su hermano pequeño (aquél al que sabía que Kaede solía llevar de pasajero en el pedal trasero de su bicicleta).

- Sí, me parece –asintió Rukawa.

Los ojos calipso de Himura se iluminaron de pura emoción.

- Bien, entonces el sábado nos vamos a tu casa después del entrenamiento – sentenció Himura, reiniciando nuevamente el camino rumbo al gimnasio.

Al escuchar aquella sentencia Rukawa cayó en la cuenta del verdadero significado que escondía. Había aceptado llevar a un compañero a casa y, lo peor de todo, es que lo había propuesto él mismo, sin duda como resultado de una mala jugada de su inconsciente.

- "Maldición…" – se lamentó el pelinegro.

Por primera vez en su vida llevaría a un amigo a casa y no sabía cómo hacerlo. ¿Qué le iba a decir a sus padres? ¿Se lo tomarían a mal? ¿Y qué le diría a Himura acerca de su hermana pequeña? Jamás había tocado este último tema con alguien que no fuera de la familia.

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AYAKO

Varios minutos antes de la hora fijada para el entrenamiento, el gimnasio de baloncesto ya se encontraba completamente operativo. No solo los integrantes del equipo habían llegado con gran antelación, sino que muchos alumnos se habían acercado para observar la práctica. La buena noticia de la clasificación de Shohoku para el Campeonato Nacional había calado hondo entre el alumnado, razón por la cual muchos comenzaron a mostrarse entusiasmados respecto al infravalorado club deportivo.

El buen ánimo y la camaradería reinaban entre los jugadores del equipo mientras algunos trapeaban la duela y otros realizaban ejercicios de calentamiento entre comentarios amistosos. Ayako se encontraba sencillamente emocionada con tan buen ambiente, acaso el mejor que haya presenciado desde que era la mánager del equipo, y por eso es que no le importó el exceso de papeleo que tenía que revisar antes de comenzar el entrenamiento.

- ¿Segura que no necesitas ayuda con eso? – preguntó nuevamente Haruko, quien junto a sus amigas Fujii y Matsui había conseguido ocupar un espacio privilegiado en la banca.

Las puertas de acceso y los balcones se encontraban repletos del nuevo público, razón por la cual Ayako les había invitado a hacerle compañía para que estuvieran más cómodas.

- No, la verdad es que no. Solo tengo que llenar estas formas para antes de este viernes, pero de todos modos, gracias. Eres muy amable – respondió Ayako sin despegar la vista de los papeles que rápidamente iba moviendo de una carpeta a otra.

- ¿Para qué son? – preguntó Matsui.

- Son para el Campamento de Verano que se realizará antes del Campeonato Nacional – respondió Ayako.

Fujii, Haruko y Matsui asintieron entre sorprendidas e intrigadas. Haruko iba a preguntar acerca del Campamento de Verano, pero la estridente risa de Hanamichi Sakuragi llenó por completo sus sentidos, y el de todos los presentes en el gimnasio.

- ¡NYAHAHAHAHA! ¡Mitsui, no quiero insultarte, pero ya es mejor que te retires!

Mitsui dejó de intentar elongar sus piernas y se volteó furioso hacia el escandaloso pelirrojo.

- ¡No seas estúpido! ¡¿Qué estás insinuando?! – saltó Mitsui, visiblemente molesto.

Sakuragi le dio la espalda y continuó riéndose de él.

- ¡Ajajaja! ¡Pero si te cuesta hasta elongar! ¡Pero no te preocupes, el talentoso Sakuragi se hará cargo de cubrir tu puesto cuando seas dado de baja! ¡Nyahahahaha!

Dejando a Mitsui malhumorado, Sakuragi se alejó en dirección al extremo opuesto de la cancha para practicar con el balón. Se le veía extraordinariamente animado mientras que a Mitsui aún se le veía resentido producto de la fatiga sufrida durante el partido del día anterior.

- Vaya, se nota que Sakuragi tiene muchas energías hoy – comentó Ayako una vez hubo cesado la estridente risa del pelirrojo.

- ¿Acaso ese sujeto no conoce lo que es el cansancio? – preguntó Matsui, para quien la actitud excesivamente extravagante del pelirrojo resultaba un poco desagradable.

Haruko le dirigió una mirada entre suplicante y conciliadora.

- Es que Sakuragi-kun es un muchacho muy resiste y jovial, Matsui, tienes que comprenderlo – respondió Haruko.

Matsui enarcó una ceja, escéptica, sin creerse ese cuento.

Ayako, por su parte, continuó separando los formularios con celeridad, pues faltaba poco para que el capitán Akagi llegase al gimnasio para dar inicio a la práctica.

El silencio en la banca duró tan solo un par de segundos, cuando de pronto una voz inusualmente aguda retumbó en el recinto y llamó, nuevamente, la atención de todos los presentes.

- ¡Con permiso!

Ayako, Haruko y las chicas dirigieronla mirada hacia la puerta corrediza exterior.

- Pero si… es Mari – murmuró Ayako.

- ¿Uh? ¿Tú conoces a esa muchacha, Ayako? – preguntó Haruko.

- Sí, ella es Mari Kawai y va en la clase de al lado. Es la presidenta del club de periodismo.

- Oh, es la chismosa de Shohoku – murmuró Matsui, más aguda.

Mari Kawai ingresó al gimnasio acompañada de un integrante del Club de Periodismo que, cámara en mano, grababa todo cuanto sucedía a su alrededor. Mari Se dirigió lenta y decididamente hacia la banca con la clara intención de hablar con Ayako. Todo el mundo la miraba atentamente, pues su llamativo cabello lila resultaba muy difícil de ignorar.

- Hola, Ayako – saludó Mari al llegar a la banca, y sin dar tiempo de responder continuó – Queremos hacer una entrevista al equipo de basquetbol, ¿serías tan amable de ayudarme a gestionarlo?

Ayako tragó saliva y se puso de pie. Era aquella la primera vez que el periódico escolar se interesaba en el equipo en sí, y tal era su consternación que ni siquiera sabía cómo proceder ante esa situación.

- Es-espera un momento. ¿Una entrevista? Pero... pero el entrenamiento está a punto de comenzar – balbuceó Ayako mientras miraba en rededor.

Todos estabanatentos a lo que en la banca ocurría, y a Ayako le supo muy mal la situación. Mari Kawai era sinónimo de chismes, malas intenciones y tergiversaciones; y por ende, de problemas.

- Por favor, Ayako, no seas tan dura con nosotros – replicó Mari al instante, modulando su voz al punto que sonaba amigable, casi empalagosa, con el único y claro objetivo de mostrarse amistosa y (dado que eran varios quienes estaban escuchándolas hablar, escuchaba) conseguir una respuesta afirmativa.

Ayako reconoció esa sucia táctica, y maldijo a Mari en su fuero interno. Abrió la boca para decir algo, pero Mari se le adelantó de inmediato.

Era implacable.

- Es más, deberías estarnos muy agradecida de que hayamos venido. Recuerda que nadie de la escuela le ponía atención al club de basquetbol y me parece que esta es una gran oportunidad para ayudarlos a hacerse más conocidos. Sé que en el futuro ustedes me lo agradecerán.

Ya estaba.

La jugada de Mari Kawai había salido a la luz y Ayako se encontró sin cartas suficientes para rebatirla. Su única opción era echarla a la fuerza, sabiendo que luego Mari ocuparía ese hecho para desprestigiar al equipo de manera inapelable, pues la inusual asistencia de público presente atestiguaría que ´Ayako se había vuelto loca y había sacado a Mari por la fuerza´.

- "Maldición, no hay otra opción que permitirle que haga esa estúpida entrevista" – maldijo Ayako en su fuero interno.

Viendo que Ayako se encontraba en problemas (y ajeno a las tribulaciones y manipulaciones femeninas de Mari), Kogure se acercó a la banca para intervenir.

- Anda, Ayako… no tiene nada de malo que nos haga esa entrevista y que además se quede a presenciar el entrenamiento.A fin de cuentas, eso ayudará al equipo.

- Oh, veo que al fin me encuentro con alguien cuerdo en este gimnasio – comentó Mari Kawai, feliz por la aceptación del sujeto con lentes. - ¿Acaso tú eres el capitán Akagi? – preguntó.

- ¿Eh? ¡NO! Yo soy el sub capitán Kiminobu Kogure – se presentó Kogure.

- ¿Y se puede saber dónde se encuentra el capitán Akagi? – preguntó Mari mirando hacia otro lado.

- É-él no se encuentra aquí hoy, llegará con algo de retraso porque tiene una… - explicó Kogure.

- Con que no se encuentra – interrumpió Mari, moviendo la cabeza en un gesto negativo al tiempo que anotaba algo en su libreta. – Capitán ausente después de una victoria tan importante. ¿Arrogancia? ¿Soberbia? – balbuceó de forma que Ayako y Kogure pudieron escucharla a la perfección.

Ayako sintió la sangre comenzar a herviren sus venas, pero se contuvo. Lo último que deseaba hacer en ese momento era discutir con Mari.

- No, no… el capitán Akagi tiene un control especial con el profesor de química – explicó Kogure.

Pero Mari no le prestó atención a sus palabras. Era más llamativa una narrativa acerca de un capitán negligente que de uno con tintes de buen alumno. Desde el primer momento la chica consiguió un público cautivo. Nadie hablaba mientras ella lo hacía, no al menos en un comienzo.

- ¡Bien, muchachos, pongan atención! – Mari levantó la voz y se dirigió al resto de los integrantes del equipo de basquetbol, caminando con total soltura a lo largo y ancho de la cancha. – Mi nombre es Mari Kawai, y soy la presidenta del Club de Periodismo de Shohoku. Hoy hemos venido a verlos entrenar, a entrevistar a los miembros más destacados del equipo…

- ¡Nyahahaha! – interrumpió Sakuragi, estallando en una estridente risa que acalló a Mari de inmediato. – No tienes de que preocuparte, chica barbie, ¡aquí tienes al jugador más talentoso del equipo! ¡Hazme todas las preguntas que desees! – agregó.

Mari lo miró incrédula, consternada por semejante desfachatez, preguntándose si acaso la había llamado ´chica barbie´. Pero lo que colmó su paciencia más que aquel inusual sobrenombre fue el hecho de que varios se atrevieron a reír con las palabras del pelirrojo.

- Es un… desvergonzado. Ese tal Sakuragi es un… - rumió por lo bajo y con rencor Mari, haciendo cuanto era posible para no perder la dignidad y demostrarse furiosa ante el resto de los presentes en el gimnasio.

Sakuragi continuó riendo para sí mismo y con ello la previa atmósfera de silencio desapareció por completo. Al poco tiempo se comenzó a escuchar el fuerte boteo de un balón de basquetbol en el extremo más apartado de la cancha. Kaede Rukawa había reiniciado, en compañía de Kenji Himura, el entrenamiento de calentamiento.

- ¡Ahí va! – advirtió Himura mientras corría rápidamente con el balón directo hacia el tablero para luego lanzar un pase alto.

Rukawa, que estaba mucho más adelantado que él, saltó hacia el tablero y atrapó el balón con ambas manos para luego encestarlo con una clavada.

El gimnasio entero enmudeció ante semejante demostración de habilidades. Incluso Mari Kawai se encontró a si misma con la boca abierta de sorpresa, y al poco los gritos de histeria de las fanáticas de Himura y Rukawa se desataron.

- ¡KYAAAAAAAAAAAAA! ¡Rukawa, eres el mejor!

- ¡NYAAAAAAAAAAAAA! ¡Himura, eres el mejor!

Mari se sintió tan consternada por la demostración del par de novatos que fue incapaz de moverse de su posición.

- Es… es increíble – murmuró el camarógrafo asistente de Mari.

Sakuragi, sabiendo que acababa de perder la atención de todos, se sintió furioso por lo que consideró como un robo a su pequeño momento de fama

- "Rukawa, maldito miserable… ¡solo está buscando la manera de lucirse!" – refunfuñó en su fuero interno el pelirrojo.

Harto de la atención que conseguía Rukawa, y en menor medida Himura, Sakuragi fue hasta el canasto de los balones y sacó uno de entre el montón. Él también era capaz de hacer jugadas llamativas, pero a diferencia de sus compañeros, podía hacerlas solo, por su propia cuenta.

- ¡Miren esto y aprendan! – proclamó Sakuragi, consiguiendo la atención de todos en el gimnasio.

El pelirrojo comenzó a driblear el balón e inició una rápida carrera hacia el tablero ubicado en el extremo opuesto del que había utilizado Rukawa, aquél que estaba inmediatamente por sobre la puerta de acceso que conectaba con los pasillos interiores de Shohoku. Desde un comienzo sus movimientos llamaron la atención de todos.

- ¡Yuhu! ¡Así se hace, Hanamichi! – festejó Takamiya para dar ánimos a su líder.

Ohkusu aplaudió la audacia del pelirrojo, y emocionado por la posibilidad de un desastre que pudiera brindarles una buena risa, lo alentó a continuar.

- ¡Sigue así, Hanamichi!

- ¡Tú puedes! -alentó también Mito.

El Ejército de Sakuragi se encontraba amontonado en el umbral de la puerta de acceso que conectaba con los pasillos interiores de Shohoku, justo debajo del tablero. Y al llegar a un par de pasos del tablero, Sakuragi saltó hacia adelante y levantó el balón sosteniéndolo solo con la mano derecha.

- ¡Observen estooooo! – rugió el pelirrojo.

Sakuragi comenzó a bajar el balón conforme se acercaba al aro, listo para depositarlo con una espectacular clavada. Sin embargo, sus cálculos erraron considerablemente pues en lugar de encestarlo, el balón dio contra el aro, y tanta fue la presión que ejerció en el movimiento que se terminó escapando de sus manos para rebotar de lleno contra su rostro.

El impacto lo cegó por completo y le hizo perder el equilibrio de manera tal que su cuerpo se precipitó descontrolado hacia adelante, cayendo directamente sobre el orondo cuerpo de Takamiya.

- ¡Ay! – exclamó Sakuragi, incorporándose lentamente sobre el maltratado cuerpo de Takamiya.

El gordito gimió adolorido e intentó quitarse de encima el cuerpo de Sakuragi, pero las fuerzas le flaquearon.

Todos quienes estaban presente en el gimnasio contemplaron ese incidente con una confusa mezcla entre preocupación y diversión. Sin embargo, para Mari y su asistente lo sucedido era toda una novedad.

- ¡Date prisa, ven con la cámara! – ordenó Mari mientras corría hacia la zona del accidente.

- ¡Tengo todo grabado! ¡Eso fue excelente! – replicó el asistente camarógrafo, corriendo tras Mari con la cámara en la mano mientras continuaba grabando.

La curiosidad imperante el rostro de Mari dio paso a la satisfacción. La toma del traspié del mal afamado Sakuragi serviría de maravillas para desprestigiarlo aún más. Un villano era siempre un activo necesario en toda narrativa.

Y Sakuragi, por su parte, se incorporó de un salto al escuchar que todo había sido grabado.

- ¡¿Cómo te atreves a grabar y burlarte de alguien que ha tenido mala suerte el día de hoy?! ¡Te voy a matar! – estalló con furia el pelirrojo, haciendo el intento de abalanzarse sobre el camarógrafo (quien, pese al peligro, continuó grabando).

Mito, Noma y Ohkusu se apresuraron a detener a Sakuragi para evitar que cayera sobre el asistente de Mari. A duras penas lograron contener la furia pelirroja.

- ¡No, Hanamichi!

- ¡Ya cálmate!

- ¡Detente!

El griterío de Sakuragi continuó desatándose a vista y paciencia de todos, hasta que la presencia de Takenori Akagi se materializó al aparecer justamente por aquella puerta.

- Ya deja de hacer payasadas –ordenó Akagi nada más ingresar al gimnasio y ver semejante espectáculo.

Pero Sakuragi no llegó a escucharlo, tan empecinado como estaba en atrapar al camarógrafo y darle su merecido.

- ¡Ah, maldito! ¡Te voy a romper esa cámara de mierda! – continuó despotricando Sakuragi.

Ayako, aún de pie frente a la banca ahora junto a Haruko, Fujii, Kogure,Matsui Miyagi y Mitsui, resopló fuertemente. Al igual que ellos, todos estaban francamente avergonzados por el espectáculo que estaba ofreciendo Sakuragi nada más y nada menos que frente a una cámara.

- Es un idiota – murmuró Ayako.

- Espero que eso no lo publiquen, nos haría quedar muy mal – comentó Miyagi en tono sombrío.

- Sería una vergüenza – sentenció Mitsui en un tono más firme.

Y como viera que su orden no tenía el resultado esperado, Akagi se adentró aún más en el gimnasio para encargarse él mismo de la situación.

- ¡YA CÁLLATE! – ordenó nuevamente Akagi, acompañando su grito con un infalible golpe en la cabeza de Sakuragi.

POC

La intervención de Akagi tuvo el efecto deseado, pues el pelirrojo cayó de inmediato. Mito y los chicos lo soltaron y suspiraron aliviados. Akagi se alejó del lugar y se adentró aún más hasta detenerse en el centro mismo del gimnasio, y entonces se dirigió a todos.

- ¡Muy bien muchachos, vamos a comenzar con el entrenamiento! ¡Reúnanse todos!

- ¡Sí, capitán! – replicaron varios de los integrantes del equipo.

De inmediato el equipo en pleno comenzó a formarse en torno al pilar del equipo, el capitán Akagi. Incluso Ayako se acercó rápidamente a él, llevando consigo la libreta de anotaciones. Mari contempló maravillada la autoridad férrea del capitán del equipo, que nada más plantarse en medio del gimnasio logró imponerse sin refutaciones.

- ¡Espere, espere por favor! – gritó Mari, corriendo hacia el centro de la cancha, abriéndose paso entre los jugadores para plantarse frente a Akagi.

La diferencia de estatura entre la periodista y el capitán de Shohoku era, por lo menos, irrisoria. Pero aun así la chica planteó su situación.

- Entiendo que usted es el capitán del equipo, pero tiene que esperar porque estábamos a punto de iniciar la entrevista… - comenzó a explicarse Mari.

Akagi bajó la vista y la miró severamente. La seriedad de su rostro hizo dudar a Mari.

- Están interrumpiendo mi entrenamiento. Salgan de aquí – replicó Akagi de manera cortante.

Mari y el camarógrafo (que ya la había alcanzado para continuar grabando), exclamaron con gran sorpresa ante la negativa temprana de Akagi, pero ella no se amilanó, sino que se aprestó a replicar de inmediato.

- Déjeme decirle algo, capitán Akagi: nosotros representamos a todos los alumnos de la escuela, por lo que tenemos la obligación de hacerle una entrevista a este club para que los demás alumnos de Shohoku se enteren de su situación…

Akagi la interrumpió.

- Sabemos que nuestros compañeros nos apoyan y es todo lo que nos importa por ahora. Pero si quieren saber algo más de nosotros, esto es todo cuanto necesitan saber: ¡nosotros ganaremos el Campeonato Nacional!

Mari Kawai dio un paso hacia atrás, sorprendida por la réplica inapelable de Akagi, la que por cierto fue secundada por el resto del equipo.

- ¡Así se habla, gorila! – secundó Sakuragi, ya recuperado del traspié y del golpe que le propinara Akagi.

- Muy bien dicho, señor – asintió Miyagi.

- Si siguen con la idea de hacer la entrevista, lo único que lograrán es que perdamos el tiempo y nos salgamos de foco – intervino entonces Mitsui, cuadrándose con la opinión de Akagi.

El consenso generalizado fue de asentimiento, con lo que las ilusiones de Mari para realizar su entrevista se vieron cada vez más lejanas e imposibles y así quedó confirmado cuando Akagi se hizo a un lado y continuó con su discurso, dirigiéndose exclusivamente a sus compañeros de equipo.

- ¡Escuchen! – levantó el tono para ganarse nuevamente la atención. – Ahora que hemos pasado a las Nacionales, debo confesarles que no tengo la menor idea de cómo es el basquetbol en esa etapa – confesó.

Un silencio tenso y hermético se instaló entre los jugadores del equipo. Una especie de disciplina férrea que a Mari Kawai se le antojó casi como una especie de culto o idolatría entorno al capitán Akagi.

- Sin embargo, pese a mi desconocimiento, no quiero dejar que el Campeonato Nacional sea solo una ilusión. Tengamos en cuenta que el Instituto Kainan estuvo dentro de los cuatro mejores a nivel nacional hace un año atrás, y nosotros perdimos ante ellos por tan solo un punto de diferencia. Eso puede significar solo una cosa. ¿Saben qué? – hizo una pausa retórica antes de responder él mismo. - ¡Que nosotros somos muy fuertes!

- ¡Sí!

- ¡Somos fuertes!

Replicaron los jugadores. Akagi sonrió satisfecho con la respuesta.

- Eso solo nos da una idea de cómo nos puede ir en el Campeonato. Y sé que están cansados por el partido de ayer… - hizo una nueva pausa y centró su mirada en Mitsui, quien se la sostuvo de manera desafiante. - ¡Pero no es el momento de quejarnos por eso! ¡Falta un mes aproximadamente para que comience el Campeonato Nacional y entramos así en una nueva etapa, un nuevo desafío, uno más difícil que los anteriores, por lo debemos seguir entrenando sin descanso! ¿Están conmigo?

Un breve y tenso silencio siguió a la última pregunta de Akagi para luego dar paso a la entusiasta respuesta del equipo.

- ¡Claro que sí, Akagi! – Mitsui fue de los primero en responder.

- ¡Por supuesto! ¡Hemos llegado muy lejos y solo nos queda seguir adelante! – asintió Miyagi, dirigiendo una poco discreta (aunque entusiasta) mirada a Ayako.

- ¡Exactamente, Gorila! – gritó también Sakuragi.

Akagi asintió.

- Esto no resultará fácil, ¡pero lo podemos hacer! – gritó nuevamente el capitán.

- ¡Sí! – secundó el equipo

Sin más dilaciones, el entrenamiento comenzó en presencia de Mari Kawai y su asistente camarógrafo. Pese a la negativa implícita, la presidenta del Club de Periodismo no se iba a dar por vencido con las entrevistas que, a toda costa, pensaba conseguir.

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AKIRA

Al terminar la última clase del día, Akira Sendoh tuvo claro que lo que único que quería hacer era marcharse de Ryonan y alejarse cuanto pudiera del bullicio propio de los pasillos y del centenar de conversaciones y gritos que inundaban cada rincón del enorme recinto que era la Preparatoria de Ryonan. Por fortuna (para su consideración), el entrenamiento del día había sido suspendido por el entrenador Taoka, quien acusó una necesidad ´imperiosa´ de que cada jugador aprovechase aquél día libre para descansar y despejar la mente de la pesada y triste sombra de la derrota.

Se trató de una concesión que a algunos les pareció inapropiada (Hikoichi Aida entre ellos) mientras a otros, como Fukuda y Sendoh, les pareció de lo más necesario. Fukuda decidió faltar a clases durante todo el día, dejando a Sendoh prácticamente abandonado.

- "Bien… lo mejor será irme cuanto antes" – se dijo Sendoh mientras descendía la escalera hacia el primer piso.

Y al igual que durante la mañana, decenas de miradas tristes seguían sus pasos. La única diferencia es que ninguna fanática se atrevía ahora a acercarse para hablarle ni mucho menos intentar consolar su supuesta tristeza.

La amenaza de Kazumi había surtido efecto y además, según supuso Sendoh, se había extendido rápidamente por toda la preparatoria.

- "Genial, y ahora nadie se atreverá a acercarse a mí nunca más. Definitivamente debo hablar con Kazumi antes de que las cosas pasen a mayores" – se decidió.

Lo único bueno acerca del caos que había originado Kazumi al declarar a sus fanáticas que ella y él eran novios fue que las chicas parecían en extremo temerosas de acercarse demasiado, y en consecuencia podía moverse con más rapidez de la acostumbrada.

Cinco de la tarde y por primera vez en meses no tenía práctica ni entrenamiento con el equipo de baloncesto. Las posibilidades para pasar el resto de la tarde eran infinitas (desde ir al cine, de compras o incluso estudiar), pero él había elegido invertir ese pequeño espacio de tiempo libre para practicar su segundo pasatiempo favorito en la vida: pescar.

Necesitaba conectarse con la naturaleza, así fuera en el pequeño muelle del club de yates cercano a su casa en la bahía de Sagami. Necesitaba despejar la mente, respirar aire fresco y librarse de sus pensamientos. Sin embargo, aún dentro de esa necesidad imperiosa de desconexión no podía quitarse la imagen de cierta persona de su cabeza.

- "Necesito verlo. Debo verlo… pero no antes de hablar con ella".

Además del hecho de ya no poder ir al Campeonato Nacional, lo que más lamentaba Sendoh era que Ryonan y Shohoku ya no se enfrentarían más en duelos hasta por lo menos que comenzara la Winter Cup, por lo que las probabilidades de volver a ver a Himura eran muy bajas. La alternativa más lógica era quedar con él, invitarlo a pasar el tiempo o bien a entrenar, pero extrañamente no se sentía capaz de hacerlo, no se sentía capaz de dar ese importante paso.

Era eso el síntoma de una extraña sensación de cohibición que nunca antes le había afectado, razón por la cual no sabía cómo proceder. Pero, pese a ser algo nuevo, sabía con certeza que por alguna parte debía comenzar.

Sacó su móvil del bolsillo de su pantalón y encendió a la pantalla.

- "¿Seis mensajes de Kazumi?" – leyó en la pantalla, enarcando una ceja.

Ya los leería más tarde, cuando tuviera el ánimo de hacerlo. Abrió la aplicación de mensajería y busco la conversación con su persona de interés para comenzar a escribir un rápido mensaje, sin titubear.

Akira Sendoh, 17:15 pm: Eh, chico origami.

Hizo una pausa tras enviar el primer mensaje, dudando sobre qué decirle exactamente., hasta que se decidió por algo mundano.

Akira Sendoh, 17:15 pm: No hay entrenamiento en Ryonan L Por lo que aprovecharé para ir a pescar :D.

Guardó su celular y continuó caminando rumbo a su casa con una sonrisa de satisfacción en su rostro, sabiendo que ahora que el contacto estaba establecido, las cosas comenzarían a fluir nuevamente. Y no pasaron ni dos minutos cuando la respuesta llegó una respuesta anunciada por la fuerte vibración en el bolsillo de su pantalón.

Emocionado sacó el móvil, encendió la pantalla y leyó.

Kenji Himura, 17:17 pm: ¿Irás a pescar? Woooow, casi había olvidado que te gusta hacerlo.

Kenji Himura, 17:17 pm: Yo no sé hacerlo ):

Kenji Himura, 17:18 pm: Pero me gustaría aprender a hacerlo

Al leer el último mensaje, Sendoh tuvo una excelente idea. La oportunidad para quedar con Himura se acababa de presentar.