DECLAIMER: Como saben ninguno de los personajes del magnífico anime y manga INUYASHA me pertenecen, pero la historia es completamente mía, así que cualquier tipo de plagio está prohibido.
********AMANE2306********
LA MIKO DE LAS CUATRO ALMAS
CAPITULO FINAL
Habían regresado al camino principal, sus manos nunca se soltaron y conforme más pasos daban más poco iluminado estaba el lugar, incluso para ella. Kagome se detuvo y con ella él también. -Aquí la tierra parece diferente. -Comento al ver la franja lineal que separaba un terreno de otro, el terroso suelo rojo que estaba bajo sus pies era completamente diferente que el liso y negro suelo que estaba un paso más allá, ella presentía que si daba un paso en aquel lugar pasaría algo malo.
-¿Vamos? -Pregunto ella dudosa.
El asintió y ella dio el paso.
Una enorme ráfaga de viento golpeo contra su cuerpo, era frio crudo y afilado y de pronto la mano que había estado sosteniendo se separó de ella. -¡SESSHOMARU! -Grito cuando ya no lo sintió a su lado, cayó sobre sus rodillas y la desesperación la embargo al instante, su visión comenzó a oscurecerse y de pronto ya no podía ver nada más que su propio cuerpo que brillaba tenuemente.
Tenía miedo, miedo de dar aunque sea solo un paso, no había nada más que ella y un vacío oscuro a su alrededor. Se mantuvo quieta sin mover un musculo y su respiración se atoraba en su diafragma hasta que empezó a doler. Se miro las manos y noto que temblaban con rudeza.
Una risilla resonó a su alrededor, como si viniera de todos lados. "¿Estás sola? ¿Estás perdida?" pregunto una voz infantil, un dulce tono inocente, "¿Todos te abandonaron igual que a mí?" Lloro la voz, su llanto dulce era tan sobrecogedor que Kagome sintió su corazón oprimirse.
-No puedo verte. -Contesto Kagome y de pronto el llanto se detuvo frente a ella. -¿Si me ves me ayudaras? -Pregunto esperanzada.
-Si puedo hacerlo, lo hare. -Contesto Kagome.
Después de varios segundos de silencio una forma infantil se acercó hasta quedar frente a ella, la pequeña niña brillaba con luz propia, su piel era pálida y tersa y sus ojos grandes tenían el color de la obsidiana, su cabello al igual que sus ojos eran absolutamente negros y caía largo por su espalda, su kimono era blanco con bordados de flores de color rosa y tallos cafés con pequeñas hojas verde claro. Era completamente hermosa y no parecía tener más de seis años.
-¿Me ayudaras a encontrar a mi hermano? -Pregunto, un ligero puchero surcando sus pequeños labios rosas.
Kagome estaba hipnotizada, era demasiado dulce y se sintió atraída magnéticamente a la pequeña. -Te ayudare. -Dijo olvidando por completo porque estaba ahí, que estaba haciendo antes de conocer a este pequeño ángel.
-Es por ahí. -Le indico con su pequeña mano extendida y de pronto un camino se ilumino, era un camino de tierra oscura rodeada de nieve perfecta y clara. -Alla, dentro de aquel bosque perdí a mi hermano. -Indico.
Kagome miro el inicio de un bosque, eran cientos y cientos de árboles, pero todos eran troncos oscuros sin hojas y de ramas torcidas y secas. "Bosque oscuro" resonó en su cabeza como si ya hubiera hablado de ello antes.
-¡Vamos Kagome! -La llamo la pequeña que ya había comenzado a avanzar.
¿Le dije mi nombre? Se pregunto mientras seguía a la niña que parecía contenta con tener compañía.
-¿Cuál es tu nombre? -Le pregunto.
La niña sonrió traviesamente y dio una vuelta saltarina sobre su propio eje. -Soy Iza. -Contesto riendo juguetonamente mientras rodeaba uno de aquellos arboles del color del carbón y daba dos vueltas alrededor de él con el kimono batiéndose hipnóticamente.
-¿Y cómo perdiste a tu hermano? -Pregunto Kagome, la niña dejo de danzar en la nieve y entre los árboles y su mirada se volvía mortalmente oscura. -El me dejo, me dijo que lo esperara y huyo. -Contesto mordazmente.
Kagome se inquietó, sintiendo un raro sentimiento de precaución y un dolor punzante comenzó a golpear su cabeza, un recuerdo de una figura masculina.
-¿Porque tu hermano huiría de ti? -Pregunto ella no entendiendo.
-A él no le gustaba mi apariencia. -Los ojos de la niña se aguaron y bajo la mirada con una profunda tristeza.
-Bueno, si él te dejo es porque no te merecía. -Contesto Kagome.
La niña la miro sorprendida. -Creí que me dirías que no tendría por qué abandonarme porque soy hermosa. -La niña parecía confundida.
Kagome negó. -No importa tu apariencia, si él te hubiera querido se hubiera quedado contigo. Así que, si te abandono en un lugar como este, sola, creo que es un mal hermano, yo personalmente lo hubiera golpeado.
La niña que se veía graciosamente en blanco curvo sus labios en una sonrisa que pronto comenzó a extenderse y una risa estallo en ella. Sus ojos se achicaron y sus mejillas se sonrojaron mientras reía jocosamente. -Eres linda Kagome, ¿no te gustaría ser mi hermana? -Pregunto adorablemente.
Kagome dudo, había algo que le estaba molestando, algo que no recordaba.
-¿Si te muestro algo interesante serás mi hermana y cuidaras de mí? -Pregunto.
Kagome miro los ojos suplicantes de la niña y aunque sabía que había algo que no entendía, asintió. -Trato. -Acordó.
La niña sonrió y comenzó a danzar juguetonamente de nuevo, salpicando la nieve de lado en lado. -Entonces vamos, te mostrare mis tesoros. -Comento Iza.
Kagome la siguió, su vista había mejorado, ahora podía ver el largo camino delgado de tierra negra y húmeda, la nieve bañaba cada tramo más allá del camino y de pronto los fríos copos comenzaron a caer. -Está nevando. -Susurro cuando sintió la humedad en su cabello y sostuvo los copos sobre su mano.
-¡Si! ¡Me encanta la nieve! -Comento Iza.
-A mí me gusta la primavera, el calor. -Respondió.
Iza se detuvo y la miro. -Este lugar es muy caliente más allá del bosque, no me gusta, lo odio. -Su voz tensa y llena de ira le advirtió que probablemente era un tema delicado para ella, así que no comento nada más.
-¡Mira Kagome! ¡Mira! -La llamo, apuntando con su mano a una enorme mansión ubicada en un claro cubierto de nieve. Las luces de la gran mansión estaban apagadas y parecía abandonada. -¡Aquí guardo mis tesoros más preciados! -Comento emocionada.
Iza rápidamente corrió hacia la mansión y las puertas de esta se deslizaron por sí solas, la pequeña dejo sus pequeños zapatos en la entrada y se perdió entre los pasillos oscuros. Kagome la siguió con cuidado, camino por los pasillos y sintió una gran variedad de poderes y presencias cada vez que pasaba por una de las puertas, había una puerta completamente diferente a las demás en uno de los corredores, la puerta tenía diseños largos de ondulaciones como el océano y patrones circulares y brillantes como monedas resplandecientes o pequeñas lunas. Kagome miro hacia atrás y a los lados y al no ver a Iza deslizo las puertas y miro por la delgada rendija. Allí en medio de la habitación había una pequeña mesa alargada de una sola pata que sostenía una hermosa caja de un color plateado brillante con zafiros tan azules como el mar adornando las orillas. Al centro de la caja acomodado sobre un cojín negro estaba una peineta que parecía estar hecha de diamantes con flores alrededor hechas del mismo material, era hermosa como nunca había visto alguna. Las flores particularmente tenían un hermoso diseño, tenían pequeños pétalos redondeados y aunque parecía raro parecían brillar con un tinte azul.
-¿Qué tipo de flores son estas? -Se pregunto acercándose a la preciosa joya.
-Nomeolvides. -Respondieron tras de ella, Kagome rápidamente se dio la vuelta y miro a Iza que veía la joya con una extraña mirada de tristeza.
-¿Como dijiste? -Pregunto Kagome aun sorprendida.
-Las flores talladas se llaman Nomeolvides. -Respondió. -Eran mis flores favoritas y esa peineta era mi adorno favorito de cabello.
Kagome miro la peineta, resplandecía en celeste alrededor, era cálido y reconfortante. -¿Esto no es solo un simple adorno cierto? -Pregunto al ver el raro artefacto que pulsaba como si tuviera vida.
-¡Eres muy inteligente! -Respondió con una sonrisa Iza. -Aquí Kagome, mira bien esta peineta. -Le indico. -Te presento a Izanagi, mi preciado hermano y amorosa pareja.
Kagome aguanto un grito de sorpresa, los recuerdos regresando a ella con un dolor sordo. Miro a la niña frente a ella, sus rasgos etéreos e inmortales y supo que estaba delante de Izanami la kami del yomi.
-¿Ocurre algo? -Pregunto Iza viendo como su invitada se veía pálida.
Kagome negó. -Me preguntaba si tienes más tesoros como estos.
Los ojos de Izanami brillaron. -¡Por supuesto que sí! Recientemente adquirí uno nuevo, no era muy bonito, era más bien algo… rural, pero aun así lo amo igual que todos mis tesoros. -Explico.
-¿Podrías mostrarme? -Pregunto Kagome sintiendo que estaba parada al pie de un acantilado.
Izanami la miro por unos largos segundos y luego asintió. -Por supuesto, después de todo hicimos un trato, yo te mostraba mis tesoros y tú te convertirías en mi nueva hermana.
Kagome palideció aún más, pero camino detrás de ella que comenzó un camino fuera de la habitación y torció por varios corredores hasta llegar a una puerta en donde estaban dibujados árboles frutales. Deslizo las puertas y entro animadamente hasta el centro donde una mesita igual a la anterior sostenía un cofre de madera café pulida, bastante sencilla, y sobre la caja un cojín verde sostenía una reluciente manzana dorada, casi brillante como el oro. -¡Te presento a Inari! -Los ojos de Izanami resplandecieron con orgullo.
Kagome admiro la pequeña fruta, aquella que la había llevado hasta las profundidades del yomi, estaba a solo un paso de distancia, pero también lo estaba Izanami que la estudiaba con cuidado.
"¿Sesshomaru donde estas?" pensó mientras su mente comenzaba a trabajar sobre qué hacer.
-¿Ahora que lo has visto prometes quedarte conmigo Kagome? -Presiono. -Me siento sola desde que mi compañero me abandono, si te quedas nos divertiremos mucho.
Kagome miro a la kami a la que tanto había temido, aunque se veía como una niña veía el brillo malvado en sus ojos, pero muy en el fondo también vio soledad, demasiada soledad.
-Yo… -Estaba a punto de contestar, pero Izanami detuvo sus palabras cuando de la manga de su kimono saco un melocotón, era rosado y se veía jugoso, con sus pequeñas manos lo partido en dos y le ofreció la parte sin la semilla.
-Cerremos la promesa con este melocotón. -Dijo con una sonrisita juguetona.
Kagome se quedó congelada, pero se forzó a sostener la fruta cuando Izanami se impacientó.
-Si aceptas el trato te dejare quedarte con cualquiera de mis tesoros. -Prometió la niña, una mirada calculadora en sus ojos rasgados.
Kagome miro la fruta jugosa, se lamio los labios cuando de pronto la sed y el hambre llegaron rápidamente a ella, era un deseo de comerlo de forma insaciable, sus ojos vagaron hacia la manzana dorada y pensó que su propuesta sonaba bien, podría llevarse a Inari y saciar su apetito con la deliciosa fruta.
Kagome asintió lentamente y llevo la fruta a sus labios, el olor dulce del melocotón inundo sus fosas nasales y ella incluso se sonrojo ante la idea de morderla. -Hazlo, hazlo. -Susurro la voz ya no tan infantil de Izanami.
Un estallido que hizo temblar la tierra la despertó de su hipnosis y volteo hacia donde se sentía la poderosa energía. Izanami corrió hacia la ventana y grito horrorosamente cuando vio que su bosque de árboles negros comenzaba a ser devorado por una ola de poderoso fuego. -¡FUEGO! ¡FUEGO! ¡QUIEN SE ATREVIO A TRAER EL FUEGO A MI BOSQUE DE NIEVE! -Grito, su voz salió como el chillido de un ave de rapiña mientras su cuerpo infantil se alargaba y se transformaba en su forma original, su largo cabello creció en enormes capas y sus manos casi como garras se estiraron esqueléticamente, su hermoso rostro infantil se estiro y se rasgó y sus cuencas se agrandaron hasta estriar los nervios y dejar ojos con venas profundas de sangre.
-No te atrevas a irte. -Susurro peligrosamente y salió por la ventana arrastrando su cuerpo de forma poco agradable y bastante velos, casi como un reptil.
Kagome aguanto la respiración y mantuvo su rostro impasible mientras la veía transformarse y cuando ya no pudo ver su figura tomo la pequeña manzana y la guardo en la manga de su haori y en el lugar en donde descansaba el alma de Inari dejo la mitad del melocotón que se le fue ofrecido.
Otra ola de energía azoto el extenso bosque y Kagome pudo ver un enorme destello verde expandirse por toda el área quemando absolutamente todo a su paso, la nieve impecable ahora se había evaporado, y sin embargo una terrible tormenta helada golpeo fuera de la mansión. Ella aseguro bien la pequeña fruta en el bolsillo escondido y salió corriendo hacia donde ahora podía sentir la energía de su pareja.
…**********…
En el momento en el que dieron un paso adelante su mano se sintió vacía, el calor que lo envolvía tiernamente fue arrebatado con el fuerte azote del clima ventoso y tarde se dio cuenta que su pequeña pareja había desaparecido de su lado.
Él no la llamo por su nombre, porque él podía sentir que ella no estaba en las inmediaciones, su youki recorrió el lugar, pero no la encontraba. La pequeña lagrima de reiki en su cuello brillo con fuerza calentando su pecho y él la saco de entre su ropa y pudo ver como la fuerza de la luz le alumbraba el camino. -Muéstrame donde esta tu maestra. -Pidió a la energía sagrada que parecía pulsar con fiereza. Sesshomaru comenzó a caminar intentando no perder su concentración y dejar que la preocupación lo embargue, no podía arriesgarse a contaminar el pequeño collar con emociones negativas y quedar varado en medio de la oscuridad.
Apretó su mano, allí en donde antes estaba la de ella y fingió no ver la imagen de su pareja en su vista periférica. Mientras más se adentraba en el camino más cerca se encontraba la figura de Kagome, incluso si no la miraba directamente podía verla vestida con su haori blanco manchado por completo de sangre, sangre que no estaba allí antes de perderla.
"Sesshomaru ayúdame" "Estoy herida" rogo, su voz lastimera era la misma de ella, una copia exacta, pero él no debía mirarla, era un simple espejismo.
"¿Porque me lastimaste?" Su voz se quebró y un llanto amargo inundo el vacío. Él se detuvo, él no debía mirarla, pero el no pudo evitar que aquella pregunta lo hubiera afectado tanto, volteo su rostro hacia un lado y vio a Kagome, sus manos cubrían sus ojos y lloraba profundamente, mientras que en su pecho había una herida profunda que sangraba como un rio, una herida exactamente como la que él le hizo aquella vez.
"Tengo frio Sesshomaru, ¿puedes abrazarme?" pidió extendiendo sus brazos, sus ojos aun iluminados por lagrimas retenidas.
La joya de reiki que colgaba de su cuello dejo de pulsar y el calor que emanaba comenzó a entibiarse.
-Tú no eres ella. -Contesto mordazmente y dejo de mirarla para continuar su camino.
"¡REGRESA! ¡SESSHOMARU REGRESA!" Grito, ahora con una voz diferente a la de ella.
La lagrima comenzó a calentarse nuevamente y su brillo intenso pudo mostrarle un camino oscuro rodeado de árboles negros y nieve. De pronto justo frente a él una risa infantil resonó y un infante corrió juguetonamente, su cabello azabache de puntas plateadas salto graciosamente mientras perseguía lo que parecía ser una mariposa de color azul que revoloteaba en el viento frio.
Sesshomaru se detuvo, no miro al niño porque sabía lo que vería. El niño siguió riendo mientras corría, muchas veces cerca de él, hasta que se detuvo justo frente a él y no pudo evitar mirar su rostro, el rostro de su hijo.
-Padre. -Lo llamo. Sus ojos ámbar lo miraban con mucha decepción y recelo. De pronto su cría le dio la espalda y comenzó a caminar delante de él alejándose paso a paso, hasta que cada paso lo hizo crecer en tamaño y solo pudo contemplar la espalda ya adulta de un inuyoukai, tan alto como él, su cabello largo con algunas pequeñas trenzas adornándolo, sus puntas onduladas aun manteniéndose intactas y una katana bien empuñada en su mano. Kagemaru adulto se dio la vuelta y desde su perfil lo miro, ojos afilados y dorados con pestañas largas y espesas como las de su Kagome. "Padre, nunca me quisiste realmente, por eso me ignorabas" sus palabras eran como puñales
-Hijo. -Lo llamo, quiso decirle que no era real, que no era por eso por lo que había sido un mal padre.
Kagemaru sonrió, una sonrisa cruel y amarga bañando sus facciones suaves. "Te odio"
Su voz profunda y llena de repudio lo golpeo como nunca, se detuvo antes de acercarse a su hijo, sus pies como plomo se negaron a dar un solo paso, pero aun podía sentirlo frente a él. La joya que colgaba en su pecho se apagó por completo y ahora solo había oscuridad. "¡Sesshomaru tú me hiciste esto!" "¡Te odio padre!" "¡Tú me hiciste esto!" "¡Te odio!" "¡Tú lo hiciste!" "¡Te odio!" Las voces tanto de su pareja como de su hijo resonaron en toda la oscuridad, en sus oídos, incluso su piel podía sentirlos, pero no su olfato. Él no podía olerlos, ni su Kagome, ni su cría, ninguno de ellos. -Ustedes no son reales. -Gruño al fin, tomo el mango de Bakusaiga y la desenfundo y en un grito de rabia mando el mejor de sus ataques en una horda explosiva, la lagrima de reiki despertó de nuevo y se compenetro con su energía y fluyo a través de su katana y de pronto el fuego verde de bakusaiga se extendió brillantemente acompañado del resplandor rosa de reiki que comenzó a quemar absolutamente todo lo que estaba alrededor.
Un grito gutural rompió el caos y pudo ver a lo lejos una mansión escondida entre los árboles y proveniente de allí una figura grotesca que se arrastraba por el suelo nevado mientras maldecía y gritaba de dolor al ver u bosque desecho. "¡TE MATARE!" Lo amenazo.
…**********…
Kagome corrió lo más rápido que sus piernas podían, su haori estaba bastante húmedo por toda la nieve que caía, además la tormenta que estaba comenzando a crecer. Sus pies apenas se sentían por el frio, había salido tan rápido de la mansión que ni siquiera pensó en ponerse sus zapatos y ahora ya había perdido uno de sus tabis y el otro estaba completamente empapado.
El fuego le impidió el paso, y ella tuvo que rodearlo, su reiki comenzó a responder al fuego magnéticamente como si la estuviera buscando, llamando. -¡SESSHOMARU! -Grito ella cuando pudo verlo, estaba parado de perfil y tenía extendida a bakusaiga y justo frente a él ahora de pie y erguida estaba Izanami.
Kagome corrió, necesitaba estar con él. -Detente. -Su voz fue cortante y completamente seria.
Ella se detuvo a una distancia prudente. -Sesshomaru quiero ayudar, yo podría…
-Mírate. -Indico él sin siquiera mirarla, él no apartaba la vista de su enemigo. Fue ese momento en el que ella se dio cuenta de a lo que se refería, bajo su mirada a su propio cuerpo y vio su piel bañada en ligera escarcha, sus manos estaban temblando y más abajo, sus pies estaban completamente manchados de sangre, mucha sangre. Fue consciente en ese momento de que por intentar correr hacia él sin zapatos ahora tenía muchas heridas abiertas que ella no había sentido por el entumecimiento que le dejo la nieve.
Su cerebro pareció comprender que estaba lastimada, y que eso implicaba dolor, puesto que al instante ella cayo de bruces al suelo sosteniéndose precariamente del tronco, respirar el aire frio era como respirar clavos. De pronto se sintió más fría y mareada, no sabía si era la hipotermia o era porque estaba desangrándose.
Ella miro a su pareja, sus ojos aun de perfil se veían mortalmente rojos y miraban asesinamente a la kami que lo veía con ira lunática.
-¡Quemaste mi precioso bosque! -Grito con todas sus fuerzas.
-Robaste a mi compañera. -Respondió Sesshomaru.
-¡Ella ahora pertenece al yomi! ¡Es mi nueva hermana! ¿Cierto Kagome? -Pregunto mirando en dirección a ella.
Kagome negó lentamente sosteniendo con todas sus fuerzas la corteza del árbol. -Lo lamento, pero no comí de la fruta que me disté.
-¡TRAMPOSA! ¡EMBUSTERA! -La acuso llena de rabia. -¡Tienes mi tesoro escondido! ¡Puedo sentirlo! ¿¡Y aun así no cumplirás tu promesa!?
Kagome negó.
Izanami grito con todas sus fuerzas, un chillido como ave de rapiña e intento correr hacia su dirección, pero fue detenida por el ataque de Bakusaiga que lanzo su poderosa energía acida y caliente.
La kami grito espantada por el fuego. -¡¿Quieres quemarme igual que mi hijo?! -Pregunto llena de resentimiento viendo la espada con un odio voraz.
Kagome recordó las leyendas de antaño acerca de los kamis, y supuestamente la diosa Izanami que había vivido felizmente con su pareja Izanagi dio a luz al kami del fuego, pero murió en el parto por serias quemaduras, fue ese el motivo por el que ella termino en el yomi.
-Sesshomaru, déjala. -Pidió ella. Podía ver a Izanami, aun en su horrorosa apariencia el miedo inundaba sus facciones, su trauma al fuego la estaba convirtiendo en un manojo débil acurrucado mientras se abrazaba a uno de sus árboles y solo enfocaba su vista en el fuego que no se detenía. Así era Bakusaiga, su poder se expandía y no se calmaba hasta arrasar con todo.
Sesshomaru enfundo su katana al ver que su rival no se veía en condiciones mentales para hacerle frente, como si se hubiera olvidado de sus presencias por completo. Camino hasta ella y la sostuvo entre sus brazos. Ella se acurruco en él y escondió su cabeza en su cuello, mientras él se alejaba del incendio ella miro por sobre su hombro y vio que Izanami ahora había dejado de ver el fuego y la miraba directamente, en sus ojos solo pudo ver un profundo resentimiento, sus labios se movieron y aunque no podía escucharla pudo leer sus palabras "hicimos un trato" una sonrisa calculadora empezando a formarse en sus facciones monstruosas.
Kagome dejo de mirar y volvió a ocultar su rostro mientras una visión abordaba su mente, jadeo de sorpresa cuando vio una figura femenina de espaldas, cabello azabache, mechones rosas, tan alta como ella y mirando hacia Izanami quien le daba la bienvenida. Aquella visión se la guardaría solo para ella, ahora solo tenía que preocuparse por su presente.
-¿Estas bien? -Pregunto él al sentirla tensa.
-Te amo. -Contesto ella.
Él la apretó más contra sí mismo. -Te amo. -Respondió.
…..***********…..
Cuando salieron del inframundo y regresaron sobre sus pasos, a la salida de la cueva los esperaba Ah Uhn recostado ociosamente luciendo bastante aburrido, tal vez por el lugar en donde se encontraba, era obvio que no había nada que comer en las inmediaciones y el aroma debía ser lo suficientemente fastidioso para cualquier youkai. El reptil rápidamente ofreció su lomo pareciendo ansioso por salir de allí rápidamente. Kagome sonrió a la bestia mientras Sesshomaru subía al lomo y se sentaba con ella aun en brazos.
-¿No iras por tu cuenta? -Pregunto ella sabiendo que a su pareja le gustaba hacer todo por sí mismo y además de eso ella nunca lo había visto montando a su familiar.
-Te perdí demasiado tiempo, ni siquiera tenía permitido desesperarme por ello, ahora que si puedo hacerlo no te soltare hasta que yo y mi bestia nos sintamos tranquilos. -Respondió acomodándola y envolviendo su estola alrededor de ella. -Ahora duerme. -Le ordeno. Ella sonrió, pero incluso si le hubiera gustado llevarle la contraria su cuerpo no opinaba lo mismo, estaba terriblemente agotada y su cuerpo protestaba después de que la adrenalina se hubiera esfumado.
-Solo por esta vez aceptare tu orden, pero… no pienses que siempre podrás… -Sus ojos se cerraron por completo y su respiración se acompaso.
Ahora que ella se había dormido dejo libre a Yakko, sus ojos ámbar se enrojecieron como la sangre y sus garras crecieron, pero no la lastimaron, extendió sus dedos para que sus afiladas garras no la tocaran y la apretó más hacia él mientras hundía su nariz en el hueco de su cuello mientras aspiraba furiosamente. -Ella está a salvo… Ella está a salvo… Esta con nosotros ahora… nadie te llevara de nuevo… -Susurro aspirando el aroma de su compañera.
…**********…
-Compañera. -La llamo, Kagome apretó los parpados intentando salir del mundo de los sueños, abrió sus ojos en rendijas y vio el rojo en la mirada de Sesshomaru. -¿Yakko? -Pregunto cerrando los ojos de nuevo y luego abriéndolos con más convicción intentando ahuyentar la somnolencia. Cuando miro de nuevo el rostro de su pareja vio solo el ámbar.
-Hemos llegado cachorra. -Le indico, una pequeña sonrisa en su rostro.
Ella miro instantáneamente a su alrededor, viendo que ya no volaban por los aires si no que ahora estaban en el Oeste justo al frente de las puertas del palacio y algunos guardias y servidumbre los saludaban desde la distancia.
-¡MAMA! -La voz de Kagemaru sonó tan fuerte y necesitada que dejo paralizados a todos los que juraban que nunca habían escuchado al pequeño hablar. Incluso Kagome escucho los comentarios "¿Kagemaru sama puede hablar?" "Creí que era mudo".
Kagome se movió del regazo de Sesshomaru que rápidamente se bajó de la montura y la dejo sobre sus pies, ella abrió sus brazos y sostuvo a su pequeño que prácticamente se había aventado hacia ella. -Mamá nunca más ir. -Se quejo el pequeño ocultando su rostro en su pecho y aspirando su aroma.
Ella le palmeo la cabeza y prometió no dejarlo más. Kagemaru miro la verdad en sus ojos y asintió, las ondas de su cabello saltando tiernamente. Sus ojos se desviaron hasta Sesshomaru y aunque su pequeño rostro solo mostro seriedad sus palabras dijeron otra cosa. -Tu tampoco ir.
Kagome no pudo evitar la sonrisa de felicidad mientras miraba el intercambio entre sus dos personas más importantes, ambos no parecían mostrar mucha emoción, pero ella podía verlo tanto en el rostro de su niño como en el de su pareja.
-No volveré a dejarte solo. -Respondió entonces, su mano acariciando su cabeza y tocando el sedoso cabello de Kagemaru sutilmente. Su hijo se sentía tenso, pero no se alejó del contacto, ella creía que habían avanzado mucho.
-Kagome, lamento despertarte de tu fantasía, pero tengo un par de cosas que decirles acerca de cómo están criando al mocoso real. -Interrumpió Inuyasha.
Kagome giro la mirada hasta el destello rojo y plateado que se presentó frente a ella y noto sorprendida que su amigo tenía el cabello completamente revuelto y su cara tenía rasguños y cortes mientras que su ropa se veía en horribles condiciones, cortado, maltratado y hasta incluso quemado.
-¿Kagemaru hizo eso?-Pregunto ella estupefacta.
Inuyasha maldijo por lo bajo mientras se daba cuenta que le faltaba un enorme trozo en la manga izquierda de su haori. -Si joya, tu inocente hijo casi me mata cuando despertó y no los sintió en ningún lugar, prácticamente el pequeño escurridizo quiso regresar con ustedes y como no se lo permití me ataco con reiki. -Lo último lo dijo de forma más ofendida.
-¿Uso reiki? -Esta vez era Sesshomaru quien preguntaba, un tinte de sorpresa y orgullo en su voz.
Inuyasha no pudo contenerse más y comenzó a gritar acerca de niños malcriados, de ataques a su propia familia, y de genes desquiciados. -¡Kagome! ¡Mira cómo me dejo el traje! -Se quejo descubriendo nuevamente que le faltaba un trozo en otra área. -Además de eso algo debe tener el mocoso endemoniado, porque mis heridas no están sanando fácilmente, y eso que no son profundas. -Refunfuño sobándose un arañazo en la mejilla que seguía ardiendo.
-Lo siento Inuyasha. -Se disculpo ella.
-¡¿Y tú que?! ¡¿Lo sientes?! -Pregunto el ofendido Inuyasha a su medio hermano.
Sesshomaru sonrió cínicamente. -¿Porque debería?
-¡SERAS MALDITO! -Gruño Inuyasha, pero antes de que pudiera abalanzarse hacia él los tres sintieron un poder pulsar con fuerza.
Kagome tomo rápidamente la manzana dorada que antes había ocultado en la manga de su ropa. -La manzana de Inari parece haber reaccionado. -Susurro.
-¿Kagome eso es? ¿Es lo que creo? -Pregunto esperanzado.
Ella asintió. -Solo que cuando salimos del inframundo e intenté hacerla reaccionar no pude, ahora parece que sí.
Antes de que ella siquiera pudiera entender cómo lograr traer de vuelta a la diosa en su forma humana su hijo la tomo en sus manos y la llevo a su boca dándole una fuerte mordida. Inuyasha grito una maldición, ella palideció y Sesshomaru intento quitarle la manzana a su hijo, pero este ya la había aventado al suelo gruñendo la palabra "feo" arrugando la nariz en molestia ante la dureza y el mal sabor.
Los tres adultos miraron con pánico como la manzana dorada rodaba por la tierra. -Kagome… tu hijo acaba de hacer mierda nuestro futuro. -Susurro Inuyasha.
Un segundo después la manzana brillo y una mujer delgada y de estatura mediana se materializo, tenía un rostro infantil, un cabello dorado como el trigo y ojos del color de los árboles en primavera. -¿Quien dijo que sabía feo? -Pregunto la mujer mirándolos a todos y dejando caer su mirada en el pequeño que la veía con curiosidad. -Oh… que niño más lindo. -Comento acercándose hasta quedar justo frente a él siendo detenida de avanzar por Sesshomaru que interpuso su mano.
-Tu igual te ves bien querido, pero los niños son mi debilidad, después de todo soy la diosa de la fertilidad entre otras cosas. -Guiño ella sonriendo abiertamente mientras mostraba sus pequeños colmillos.
-Entonces tu eres el pequeño superdotado. -La diosa le sonrió al pequeño. -Gracias por traerme al mundo de los vivos.
-¡¿Pero de que hablas?! Fue la joya y el pomposo de mi hermano quienes te trajeron. -Comento Inuyasha.
La kami giro su cabeza hasta mirar a Inuyasha de pies a cabeza y le envió un guiño, el pobre casi se atraganta ante el acto. -Fui consciente de ello, pero incluso si me sacaban de ahí seguiría siendo un objeto, pero como este pequeño dulce me toco pude atravesar por él al mundo vivo. Así que mis gracias finales son para esta hermosura. -Indicó ella apuntando a Kagemaru.
-Y como soy agradecida les obsequiare algo. -Sonrió astutamente mirando a Kagemaru y a Kagome.
-Eso no hace falta, nosotros… -Kagome fue interrumpida cuando la diosa elevo un dedo y rápidamente le dio un ligero golpecito en el vientre y rápidamente toco la punta de la nariz de su hijo.
Sesshomaru los aparto instantáneamente, pero la mujer ya los había tocado. -¡¿Que les hiciste?! -Pregunto amenazadoramente.
Ella sonrió. -El regalo que le di a tu compañera es algo que te hará feliz en el futuro, algo que acostumbro a dar, ya ves soy una diosa que tiene cualidades en ciertas áreas. -Explico mirando a Kagome -Bendecí tu vientre con fertilidad querida, supuse que querrían llenarse de cachorros en el futuro. -Se encogió de hombros.
Kagome titubeo. -¿Que? ¿Como? ¿Cuantos?
-Eso no lo sé, dependerá de ustedes. -Guiño. -¿Porque te ves tan asombrada? Aquí tu pareja ya no se ve molesto. -Apunto a Sesshomaru.
Kagome vacilo y aunque no agradeció el regalo asintió resignada, ella no negaría que había pensado que más adelante querría otro hijo, pero no más de dos. No dijo nada más, porque tal y como había dicho la diosa, Sesshomaru se veía tranquilo y hasta complacido con la idea.
-¿Y qué le diste a mi hijo? -Pregunto ella temerosa.
-Oh, a él le di algo que no pertenece a mis dones como kami, pero creo que es la muestra de agradecimiento de algunos otros. -Apunto hacia el cielo. -Quienes me lo transmitieron hace unos momentos. Le otorgamos la oportunidad de conocer a su compañera sin tener que esperar tanto como muchos otros. Kagome estaba aún en shock, mientras que Sesshomaru se veía satisfecho.
-Transmítele mis palabras cuando pueda recordarlas. -Le pidió a Sesshomaru. -Ella lo reconocerá instantáneamente y él sabrá que es la correcta cuando ella lo siga. Las compañeras pueden tardar hasta milenios en nacer y la mayoría de los youkais no tienen la suerte de hallarlas, por eso sus vidas son tan largas, pero tu pequeño la descubrirá rápidamente y esa es la bendición que se le otorga.
-Gracias. -Contesto Sesshomaru en su nombre, él sabía bien la soledad que les embargaba a muchos por ello.
La kami asintió complacida y froto sus dedos suavemente hasta que su piel brillo como agua al sol y una tela suave del color del maíz se materializo y la envolvió cálidamente. Todos miraron como la pequeña diosa flotaba envuelta en su chal y desaparecía en las alturas.
-Bien… eso fue raro. -Comento Inuyasha.
-¡Kagome sama! -La voz de una de las youkais del ala de sanadores los hizo voltear la cabeza a todos. -¡Los enfermos están… están despiertos!
Inuyasha fue el primero en salir corriendo.
…..********….
-No puedo creer que sigas insistiendo en esta búsqueda absurda. -Se quejo Inuyasha mientras azotaba la hierba brava y la cortaba con sus garras abriéndose camino.
-¿Estas molesto solo porque te aleje de Hotaru cierto? -Pregunto ella mirando divertida como la espalda de Inuyasha se tensaba, adivinando que su cara probablemente estaba del color de su haori.
-¡Keh! Yo no soy del tipo empalagoso. Es más, estaba ansioso por abandonar el refugio. -Dijo más alto de lo normal y con el ligero temblor de la mentira en su voz.
-Por supuesto. -Le dio la razón ella mientras se reía por lo bajo. Fue en ese momento que alzo la vista y vio una pequeña cabaña que detrás tenia de paisaje tres montañas y varios anillos de árboles de tronco oscuro. -¡Inuyasha! ¡Es aquí! -Lo llamo logrando que él se detenga.
-¿Estas segura? -Pregunto dudoso.
Ella asintió. -Lo recuerdo, recuerdo este paisaje, aquí es donde vi a la youkai con su hijo.
Algo se movió ligeramente entre los arbustos e Inuyasha rápidamente salto a la posible amenaza y la sostuvo entre sus manos. -¿¡Que hacías espiándonos enano!? -Sacudió al pequeño bulto enroscado en su cola.
-¡INUYASHA! ¡BAJALO! -Ordeno ella.
Inuyasha se quejó, pero dejo al pequeño cachorro sobre sus pies, no parecía tener más de dos años, y se veía asustado.
-¿Shippo? -Pregunto ella al ver al pequeño cubriéndose con su cola la mitad del rostro. El niño pareció entender y al final se puso recto y dejo ver su pequeño rostro, tenía unos ojos grandes, verdes color aguamarina, y un cabello rojo alborotado que estaba atado en una pequeña colita alta.
-¿Quién eres? -Pregunto, su voz de un tono más infantil y apenas bien vocalizado que el antiguo recuerdo que ella tenía de Shippo.
-Mi nombre es Kagome. -Se presento ella intentando parecer lo menos peligrosa posible.
-Soy Shippo. -Contesto él respondiendo la cortesía.
-¡¿Shippo?! ¿¡Qué clase de nombre es ese!? -Se burlo Inuyasha.
El pequeño gruñido de Shippo y el "cállate" de Kagome lo hicieron volver a quejarse engreídamente.
-¡SHIPPO! -Lo llamo esta vez un voz extranjera y femenina. Kagome miro hacia donde una youkai pelirroja corría en su dirección y rápidamente al llegar tomaba en brazos a su hijo y los miraba temerosa. -¡¿Quiénes son?! -Pregunto precavida. -¡KITO! -Grito cuando Inuyasha intento acercarse y explicar el motivo de la intrusión.
Un youkai salió del bosque, deslizándose por la pradera y parándose al lado de la youkai. Kagome noto al instante la diferencia entre ambos, era claro que ambos pertenecían a la familia de los kitsune, pero ella mantenía una forma humanoide completa, sin embargo, el que supuso que era su pareja solo parecía mantener una media forma, algo muy parecido a lo que le ocurrió a su amigo Jinenji.
-Disculpen la intrusión, no somos una amenaza. -Explico Kagome al ver que el macho parecía estar en guardia. -Mi nombre es Kagome y estuve mucho tiempo buscándote. -Se dirigió esta vez exclusivamente a la mujer.
La youkai la miro con extrañeza y después de un estudio más completo pareció reconocerla y eso la hizo esconderse casi detrás de su pareja ocultando s su hijo en un abrazo protector. -Eres la diosa del inframundo, intentaste atravesar a nuestro mundo y veo que lo has conseguido. -Contesto alarmada.
-¿Que? No, no, soy ningen, yo… es difícil de explicar, pero es cierto que estuve en el inframundo, pero fui para sellarlo.
-¿Porque ningen haría o incluso podría hacer tal cosa? -Pregunto sospechosamente el macho.
-Es demasiado largo para contar, solo quiero saber una cosa, es algo que cruzo por mi mente el momento exacto en el que te vi. -Dijo dirigiéndose a la youkai.
-¿Tienes parientes en la casa principal del Sur? ¿Un tío tal vez? ¿O una hermana? -Pregunto.
La youkai pareció sorprendida pero aun así se la notaba desconfiada. -¿Y eso porque te incumbe?
-Solo quería decirte que, si tienes una hermana pequeña de nombre Yume, que ella está viva y bien, y que ella no sabe que el resto de su familia le sobrevive.
La youkai salió de la protección de su pareja olvidándose de su viejo temor. -¿Esta Yume viva? Pensé que había muerto junto a mi madre y mi hermana mayor. Yo también hubiera muerto si no fuera por Kito que me resguardo en su casa y curo mis heridas. ¿Y mi tío? ¿Mi tío vive?
Kagome explico lo mejor que pudo la situación a la youkai de nombre Mei, incluso pudo sostener en sus brazos aún más pequeño Shippo. Al final fue un gran desenlace el saber que su pequeño Shippo, aquel que había cuidado como a un hijo se cruzó en su camino nuevamente y que era nada más que el sobrino de Yume, la niña youkai que tuvo un papel tan importante en el final de esa guerra.
Después de discutirlo con la kitsune decidió respetar su decisión de no decir nada de ella y de su paradero. Kagome pensó que era una pena que ni el recientemente despierto Lord del Sur ni su sobrina Yume supieran de la existencia de Shippo ni del familiar perdido Mei, pensó que tarde o temprano Mei iría en busca de sus únicos familiares vivos.
Ella lo dejaría en sus manos, y con esto su conciencia quedaba tranquila.
….***********…
MUCHOS AÑOS DESPUÉS
Una niña de aparentes diez años caminaba por un sendero improvisado que ella misma había creado mientras intentaba no enzarzarse entre las espinas y ramas puntiagudas del follaje. Su cabello liso de color plata se veía envuelto constantemente entre las hojas y la maleza y ella ya se encontraba furiosa por jalar su maltratado pelo lejos del salvaje bosque. La presa que había estado persiguiendo sigilosamente se había escapado, era un jabalí adulto que ella encontró pastando bastante lejos de ahí y que ahora parecía haber sido tragado por la tierra. Mientras intentaba esquivar un charco lodoso sintió en su columna vertebral el peligro y sus oídos bastante finos escucharon el silbido de un artefacto desconocido volando en su dirección por detrás. Ágilmente en una acrobacia suave y ligera esquivo el ataque, pero su elegante movimiento aprendido de su padre no le sirvió ante la embarrada de sus primeras botas de caza que le había obsequiado su abuela. -Maldición. -Blasfemo, sus ojos del color rosa cereza se encogieron de rabia ante la mugre que ahora manchaba su hermoso haori y sus botas de piel. Miro hacia la agresora con odio tiñendo sus ojos. -¡¿QUE RAYOS TE PASA?! -Le grito mirando a la otra niña obviamente ningen y un poco más alta que ella.
-¡Soy una exterminadora, mi deber es destruir youkais y tú ahora te has convertido en mi presa! -Contesto tomando de vuelta el enorme bumerán que regreso a su mano con fuerza.
Ella miro a la ningen, que apenas y parecía unos pocos años más grande que ella, pero que mostraba gran destreza al manejar esa enorme arma que se veía de por sí que era más pesada e incluso más grande que ella.
-¡Dije que eres mi presa! ¡Así que me seguirás a mi aldea! -Ordeno.
-¡Yo no soy una presa! ¡Tú eres una presa! ¡Así que mejor te vas yendo a tu aldea o la que terminara en problemas serás tú! -Contrarresto.
Las dos niñas tuvieron un largo duelo de miradas hasta que el silencio fue perturbado por una voz que resonó en la cercanía.
-¿Señorita Sonomi? -Pregunto la voz. Sonomi casi salto de su sitio y corrió rápidamente a esconderse detrás de la ningen que ahora parecía ser la menos amenazante del lugar. La otra niña estaba sorprendida por su accionar, pero no aparto a Sonomi, más sin embargo sostuvo con más fiereza su bomerang.
-Señorita So… ¿ohh..? ¿Quién eres tú? -Pregunto, una sonrisa coqueta comenzando a formarse en sus labios.
-¿Eres un monje? -Pregunto a la defensiva. El adolescente frente a ella era bastante alto, vestía un típico traje de monje y cargaba un báculo en su mano.
El hizo una venia y se presentó. -Soy Miroku, para servirle preciosa. -La exterminadora lo miro fieramente ante el obvio intento de galantería y mirada confiada.
-¡Entonces eres un monje! -Alzo la voz. -¡Te advierto que esta youkai es mi prisionera! ¡Así que no puedes purificarla! -Advirtió muy protectoramente.
-¡¿QUE?! -Respondió la más pequeña saliendo del resguardo de la espalda protectora bastante ofendida ante el uso del término "prisionera" dirigido a su persona. Envalentonada miro a la más grande y bufo indignada, sus ojos rosas refulgiendo y su pequeña boca formando un puchero infantil. -¡En primer lugar, yo no soy una prisionera! ¡En segundo, a mí no me pueden purificar puesto que soy una miko! ¡Y en tercero y más importante, no necesitas defenderme de Miroku baka! ¡Porque él es un debilucho que simplemente se cree demasiado porque mi mamá le dio el título de maestro!
La cara de la exterminadora era un poema de confusión, mientras Miroku se quejaba por lo bajo, que ninguna chica le había roto el corazón tanto como la pequeña Sonomi. Era una escena tan extra y extraña que la exterminadora no pudo evitar romper en un ataque de risa. -Ustedes… de verdad… ustedes son realmente divertidos. -La exterminadora se enjugo las lágrimas de risa y miro a la pequeña que no parecía divertirse. -Niña, no existen los youkais mikos.
Sonomi sonrió mostrando pequeños colmillos. -Bueno, pero yo no soy youkai, ¡soy hanyou y soy la primera hanyou miko! -Proclamo orgullosa.
-Sonomi. -La voz gruesa de un youkai corto la conversación de ese grupo de tres y un youkai alto e imponente se hizo visible. La exterminadora sostuvo su arma con fuerza mientras veía al demonio de largo cabello azabache caminar hacia la más pequeña, sus ojos ámbar en reprimenda.
-¡Kagemaru nissan! -Chillo Sonomi al ver a su hermano frente a ella. -Yo estaba… ahh…
-¿Cuál es tu nombre linda dama? -Pregunto Miroku habiéndose acercado furtivamente a la exterminadora que no se percató de ello al estar ensimismada en la reprimenda que parecía darle el youkai alto a la hanyou más pequeña.
-¡Yo soy Sonomi! -Interrumpió la más joven.
La joven asintió algo extrañada. -Es un nombre bastante ningen. -Comento.
-Pues es el nombre de mi abuela materna. -Comento Sonomi.
Ella asintió aun fuera de lugar, sentía que todos estaban mal de la cabeza.
-No debes temer de estos demonios señorita, si sientes que necesitas protección estos brazos pueden reconfortarte. -Indico Miroku abriendo los brazos galantemente.
-Es demasiado pequeña para ti Miroku. -Comento Kagemaru viendo la clara incomodidad de la niña que parecía tan solo un par de años mayor que su propia hermana.
-¿Kagemaru sama usted también cree que soy un pervertido? ¿Acaso ha visto que alguna vez haya intentado algo con su hermosa madre o adorable hermana? -Pregunto ofendido.
-No frente a mi padre al menos, o ya estarías muerto. -Respondió el azabache.
-¿Como es que ese monje se atreve a hablarle con tanta confianza a ese youkai? -Pregunto la mayor a Sonomi.
Sonomi sonrió divertida. -Está bajo la protección de mi madre, así que se toma demasiadas libertades, también se podría considerar que es el mejor amigo de mi hermano y claro que también es mi maestro, me ayuda a controlar mi reiki. -Lo último lo dijo refunfuñando. -¡Ah! Por cierto, mi hermano Kagemaru tampoco es youkai, ambos somos hanyous.
-¿Y bien, cuál es tu nombre linda? -Pregunto Miroku al asecho nuevamente.
-¡No te lo diré! -Profirió.
-Dinos tu nombre exterminadora. -Hablo Kagemaru. Sango se sonrojo ante el honorifico de profesión que se le había otorgado y que en realidad estaba luchando por conseguir en su aldea.
-Mi nombre es Sango. -Contesto formalmente.
-¿Sango? ¡Pues bueno, Sango chan entonces! ¡Ven con nosotros! ¡Juega conmigo! Por favor, no hay niños de mi edad en casa. -Rogó Sonomi.
Sango pareció dudar su respuesta, contrario a todas las advertencias que tenía acerca de los seres como la niña hanyou, no le generaban malas vibras y se vio tentada a aceptar. -No lo sé, mi padre se enfadará…
-¡Solo serán unas horas! -Pidió nuevamente Sonomi. -¿O tienes miedo?
Sango se puso nuevamente roja y negó. -Está bien, vamos.
….************…..
-¿Me quieres más que a tu palacio? -Pregunto ella mirando como el parecía entretenido ante su reciente cuestionario.
-Mucho más. -Ella sonrió satisfecha ante la respuesta.
-¿Mas que a Bakusaiga? -Intento de nuevo, una sonrisa traviesa formándose en su rostro.
-Mucho más.
-¿Mas que a Inuyasha? -La risa casi escapando de sus labios.
-¿Es necesario preguntar? -Contesto el cínicamente y ella termino riéndose con todas sus fuerzas.
-Está bien, está bien, esta será difícil. -Profirió, las esquinas de sus labios conteniendo una nueva risa mientras el gruñía un asentimiento.
-Sabes cachorra que mi respuesta siempre será que… -¡¿ME QUIERES MAS QUE A TU CABELLO?! -Soltó ella interrumpiéndolo.
Sesshomaru guardo un mortal y largo silencio hasta que Kagome lo golpeo en el brazo. -¡Mucho más, mujer! ¡Mucho más! -Respondió cuando la vio mirarlo con promesas de venganza. El dejo escapar una pequeña risa, aquello era algo que él se estaba acostumbrando a hacer, nunca lo hacía de manera exaltada y tampoco regularmente, pero al menos ella podía decir que su compañero era muy feliz, incluso si aún tenía ataques de paranoia cuando ella se alejaba del Oeste, aun después de todo, la manera en la que la miraba a ella y a sus hijos era de amor profundo e inquebrantable. -Te amo Sessh. -El sonrió gentilmente a sus palabras y la llevo a sentarse en sus piernas mientras hundía la nariz en su cuello. -Este te ama más. -Gruño cariñosamente.
Inmersos como estaban en sus pequeñas muestras de afecto fueron sacados de su burbuja cuando el sonido de ligeros pasos los asecho entre las flores del jardín en donde estaban reposando. -Se que eres tú Touga. -Lo llamo ella.
El pequeño infante salto de su escondite hacia la pareja y se abrazó a su madre mientras sus cabellitos platinados se alborotaban por completo. Ella podría jurar que su pequeño tenia la melena más imposible y rebelde de todo Japón. Sus ojos chocolate brillaban en diversión mientras le sonreía. -¡Quería sorprender a Kimi! ¡¿Lo logre okasan?! -Pregunto emocionado el pequeño.
Ella sonrió y asintió mientras acariciaba su vientre que tenía una ligera curva redondeada. -Tu hermanita se sorprendió muchísimo. -Contesto y el niño salto riendo y volvió a jugar entre las flores.
Kagome sintió la mano de Sesshomaru acariciar su abdomen. -¿Como estas segura de que es hembra? -Le pregunto curioso, puesto que ella lo había afirmado a solo días de su concepción.
Ella sonrió. -Créeme, lo sé.
-¡Okasan! -La voz de Sonomi los hizo mirar hacia atrás, su pequeña regresaba de su primera cacería con una enorme sonrisa en el rostro. -¡Okasan, Otosan, adivinen que! ¡Cace una amiga! -Profirió divertida mientras haciéndose ligeramente a un lado se divisó la imagen de una niña, casi adolescente, cabello castaño atado en una cola y con un traje de exterminadora de color negro con franjas rosa.
Kagome se levantó y vio como su hija se acercaba con aquella que en alguna otra línea de tiempo habría sido su mejor amiga, su casi hermana. Una lagrima baño su rostro mientras una enorme sonrisa se extendía. -Bienvenida, mi nombre es Kagome.
FIN
….**….
Bueno, antes que nada, quiero avisarles que habrá un pequeño epilogo, será minúsculo, no esperen algo largo, creo que no planeo escribir más de dos hojas, de verdad será corto, y estará enfocado en Kagemaru.
Les digo una curiosidad acerca de Izanami y por qué amaba el invierno y odiaba lo cálido, según la leyenda japonesa Izanami que vivía con su hermano y esposo Izanagi dio a luz a muchos hijos, pero entre ellos a Kagutsuchi que era la encarnación del fuego, pero ella murió en ese parto de quemaduras y laceraciones internas debido a que su hijo la quemo mientras nacía. Es así como ella termina en el yomi y se queda como la guardiana. En ningún lugar he escuchado acerca de que ella odie el fuego a raíz de eso, pero pensé que sería un buen añadido a su perfil como personaje, ya que si se ponen a pensar es bastante lamentable, su muerte fue tan trágica que podría haber generado traumas severos, como inestabilidad mental, inseguridad, dependencia obsesiva a otros (no le gusta quedarse sola porque perdió a todos cuando fue enviada al inframundo) es normal entonces que ella este un poco (muy desequilibrada).
Bien, el epilogo lo subiré en enero, no daré fecha, porque no quiero quedar mal si fallo.
Y junto con el epilogo resubiré la sinopsis de mi nueva historia. Por lo pronto se las dejo aquí al final, pero puede estar sujeta a cambios más adelante.
AGRADECIMIENTOS A TODAS LAS PERSONAS QUE ME DEJARON INCLUSO UN SOLO MENSAJE:
Jhuliet Vanegas, Serena Lia, ShiaraTaisho123, Harlett, LopezNadine12,FlowersBlack, LunaRose40, Veros, Isa, Faby Sama, I.S, Freya Sukiomy, Flor, SaV21, Gabytp, Heiwa, NathaNina013, Shilveda, Iridian Silva, Watashi Sama, Pame 30, JessJJess, Esme575, Shahara Seax, Mitan, SoPhyfg, Señorita Taisho, Diany1012, Paerona, Estefania, Mican, Leitoluna, Monserrat Miranda, Daliapvperez, Alejandra mb, Sakura kunoichi no power, Ale, Luz, Tsuki shin, Lia, Luna, Kagome2234, Elena, Lissy west97, Kelichu, TsukimeMio, Jounec035, Kylisha, Yuyi, Vivi, Euclidona 08, Sara, Pia, Cata, Eli, Suni, Les, Valeria GH, Rosy, Mary, Iris, Les Kane, Hikaru, AlheliGr, Drsmione, Tsukihimeprincess, Maat Sejmet, Ana, Ross5, Kel, Yari, Glayce Alvez da Silva, Candy, FullMoon898, PaoSasuUchiha, Andy Taisho2, Maria Garcia2, Yami, GabyInuFans, Ariadna21, Chovitap, Zulyis, DamaLunaEli, Leidy360, Camoni, Megumi91, Canela, Neko chan, Shiro Kurosu, Mar90, SweetTroubld, Sara Kasai Pinku, LittelCurly21, Sjm, AoiDandelion, Anika san, Andy Soul, Jazsmith, Cesia843,Queen Bloody Angel, Anaisescalona12, Giolopez18, Nurarihyon Ku Taisho, Valeria Rojas, Daniela Rayo, Abraxas05162907, Sakutania, Alexis Tutsi, Mbopizita, Paulina Sosa, Casi llu mo, MikaSio, Milli Dark, Aria, Okita Kagura, Nio, GreaceValle, Mar90, Francesca, LunaNueva, Weriita, EunHye09, Shironeko black, Silvemi89, Alonewriter15, Sakata2, Anemone, Girasol de verano, Kimeyzuue2215, Alecartas, Marido quia, Carolina, Izzi316, Haya, Yacc32, Andabel, Flemymayer, Little Lucy uwu, Exeresis, Nanaii, Carla.
Les agradezco mil, y si no nombre a alguien, de igual forma les agradezco y los quiero.
..…*…..
LA REVOLUCIÓN DE LOS INSURGENTES
Ella camino por las sombras en busca de alguien, o de algo, tal vez solo un motivo para vivir. ¿Por qué no podía encontrar a nadie? Mientras más caminaba más pesado era el aire, y aun así sus ojos turquesa refulgían como fuego fatuo. Aquellos ojos que no podía reconocer cuando se miraba en los asquerosos y poco frecuentes charcos de agua. Ya ni siquiera podía llorar, porque la perla se había llevado lo que más quería y con ello sus últimas lágrimas. Ella ya no vivía, ella ahora simplemente no moría.
Les invito a leer esta siguiente historia en la que he invertido mucho tiempo y con la que estoy muy emocionada. Incluso tengo el final escrito en retazos de hojas que escribí a mano. Creo que será un final que no olvidaran.
