—Haruno, ¿eh? —con pereza el hombre volvió a pasar las hojas sin leerlas realmente. —Aunque la mayoría pertenezca al Anbu, que un miembro de su clan se haya ido no es motivo suficiente para tratarlo como traidor de la hoja.
—Danzo-sama, le estamos informando debido a que usted es nuestro líder. —comentó uno de los Anbu. —Pero la decisión de eliminar a Sakura Haruno, es un hecho.
—Sí que son una molestia. —bufó, tan tranquilo como siempre. —Si la matan que sea en silencio, es todo lo que les pido. Si se sabe que la organización estuvo involucrada, esa mujer Tsunade comenzará a indagar en los Anbu y es algo que no nos conviene.
—Siendo su única condición, entonces nos retiramos, Danzo-sama. —ellos hicieron una reverencia, marchándose del lugar en un abrir y cerrar de ojos.
— ¿Cuándo van a entender que los problemas del clan Haruno son irrelevantes para nosotros? —suspiró una de las ancianas, molesta. —Molestar a Danzo-san por eso, si que se creen mucho los de ese clan.
Danzo volvió a tomar las hojas, dispuesto a tirar todo el expediente al basurero, no obstante, mientras las mantenía en el aire una foto de Sakura resbaló hasta la mesa; el hombre la tomó con cierta curiosidad, no por el chico que estaba ahí, sino por el animal en su cabeza que salía mirando a la cámara.
—Un cuervo.
— ¿Danzo-san?
—Encontré algo interesante después de todo. —se murmuró él mismo, volviendo a poner el expediente en la mesa, colocando la foto en su respectivo lugar. —El cuervo Masamune.
— ¡¿Masamune...?!—comentó la mujer, alarmada. —No lo habíamos visto desde...
—Itachi Uchiha.
—Ser capaz de invocar a uno de los cuervos más poderosos, ¿esa chica es tan espectacular? —preguntó la anciana, acercándose.
—Te equivocas, nadie en el clan Haruno podría convocar a semejante bestia. Debe ser un regalo de su parte. —sonrió Danzo. —Quizás, tengo un buen rehén aquí. Sakura Haruno, me pregunto que le habrá podido intrigar de ella. ¿Será por su hermano?
—Sasuke Uchiha está en su mismo equipo, no obstante, para darle a Masamune...
—Hay algo más que Sasuke. Que interesante.
—.—.—.—.—
—Ya te dije que no puedo ir. —dijo Itachi, vendándole el ala al cuervo. —Sakura necesita aprender de Tsunade a como de lugar, o morirá si viene conmigo.
— ¡Morirá si se queda en la aldea! —reprochó Masamune, aleteando. — ¿No has escuchado lo que dije? Su propio padre intentó matarla.
—Lo escuché perfectamente. —respondió Itachi. Masamune sintió un escalofrío recorrerlo en ese momento, Itachi seguía enojado. —Pero necesito que Sakura aprenda una técnica especial, debido a que Tsunade es la única que la porta ahora, no nos queda de otra más que esperar.
— ¿Qué técnica?
—El Byakugo. —respondió Itachi, terminando. —Una vez que Sakura lo consiga, será más fácil para ella transportarse conmigo, además, si voy por ella ahora, será para siempre y obviamente, toda Konoha estaría detrás de mí.
—Ya lo están, Itachi. —comentó Masamune. —Como sea, ¿esa técnica es tan difícil?
—Difícil o no, yo no puedo enseñársela; debido a que la enfermedad que porta no tiene cura, el Byakugo es la mejor opción, Sakura aprenderá a separar su chakra en dos fuentes, una más pequeña que la otra y estará limitada a esa porción, al menos hasta que logré activar el Byakugo, el proceso dura alrededor de tres años.
— ¿Entonces hasta que transcurras esos tres años irás por ella?
—No, iré antes. —comentó. —No es solo por el Byakugo, estoy seguro de que Sakura podrá dominar la técnica para controlar su chakra en al menos un año. Pero, yo también tengo trabajo que hacer aquí, convencer al líder de Akatsuki para que acepte a Sakura no será tarea fácil.
— ¿Piensas unirla a esa organización tan peligrosa?
—Es la única forma en que pueda estar conmigo. —prosiguió, tampoco se mostraba del todo satisfecho.
—Itachi, ¿Qué pasará cuando Sasuke llegue por ti? —preguntó Masamune. —Según tu plan es que te mate, si eso llegará a suceder, ¿Sakura estará bien?
—Te encariñaste con ella. —reprochó Itachi. Masamune desvió el pico a un lado. —Ordene que no lo hicieras.
—Humm... ¿quién lo está diciendo? El hombre que envió a uno de los cuervos más poderosos para protegerla, cuando pudo haber utilizado a cualquiera de menor rango.
—Igual salió mal. —bufó Itachi.
—Sakura se mete en muchos peligros. —suspiró Masamune. —Gasté todo el chakra que me diste cuando la protegí de Orochimaru, necesitaba algunos días para reponerme pero sucedió eso.
—Si te mando de nuevo, comenzarás a levantar sospechas. Sakura tiene que irse conmigo lo más silencioso que se pueda. —comentó Itachi, es decir, también estaba preocupado pero buscaba mantener la calma. Si Masamune no estaba al lado de Sakura, no podía conectarse con ella a través de sus sueños. —Necesito pensar.
— ¿Y qué harás con el clan Haruno?
—Sakura es una traidora, ¿no es verdad? —preguntó, poniéndose de pie, colocándose de nueva cuenta la capa con nubes rojas y el sombrero que cubría su rostro. —Esa niña tonta que sonríe incluso a un asesino como yo, que solo está en busca de su libertad, esas cosas no la hacen una traidora.
—Itachi.
—Les mostraré lo que puede hacer un verdadero traidor. —sentenció, activando el sharingan.
—.—.—.—.—
— ¡No me iré! —gritó Naruto, molesto. — ¡Sakura me necesita justo ahora, irme es como darle la espalda!
Jiraya suspiró ante el berrinche de Naruto, comenzaba a molestarle, ¿ese chiquillo era consiente de todo lo que estaba por venir? Era momento de ponerle los pies en la tierra.
—Akatsuki te esta buscando, mocoso. —regañó, sorprendiendo a Naruto por la gravedad de su voz. —Si te atrapan, te asesinaran. No estamos hablando de cualquier cosa, Naruto; son asesinos profesionales, traidores de su aldea, ¿sabes que tan grave es eso?
—Entiendo, pero...
—No lo haces. Estás tan preocupado por Sakura que ni te queda tiempo para preocuparte por ti. —reprochó, molesto. —Entiendo tus sentimientos, pero quedándote aquí la pones más en peligro que a salvo. No está a discusión, Naruto, en algunas semanas partiremos de la aldea.
—Ero-sennin... —susurró Naruto, apagado. — ¿Y qué pasará si algo malo le ocurre a Sakura mientras yo no esté?
—Tsunade la estará protegiendo a capa y espada, confía en tu Hokage, es el deber de los ninjas.
—Sakura se sentirá sola. —dijo Naruto, sentándose en la silla, el ramen ya se la había enfriado y los fideos se hicieron demasiado blandos. —Pero también entiendo que si no me vuelvo más fuerte, jamás podré protegerla. ¡De acuerdo Ero-sennin, pero definitivamente me tienes que entrenar bastante bien, hasta hacerme incluso más fuerte que Kakashi-sensei!
—Trato hecho, mocoso. —sonrió, revolviéndole los cabellos.
—Me tratas como un niño. —murmuró Naruto, inflando las mejillas.
—Eres un niño.
—.—.—.—.—
— ¡No me iré! —gritó Sasuke, aunque él hacía Kakashi y Anko. — ¿Por qué no pueden entrenarme en la aldea?
—Es peligroso. —respondió Kakashi, harto de esa conversación, llevaban tres horas así.
—Eso no me interesa, si me voy a ir entonces permitan que Sakura...
—Sakura no irá a ninguna parte, Sasuke.
Anko del otro lado estaba recargada en la pared, escuchando la conversación, hastiada. No parecían llegar a ninguna parte, Kakashi estaba siendo demasiado flexible con él.
—Si está conmigo y contigo, podremos protegerla de lo que sea. —comentó Sasuke. —Ya no voy a permitir que le pase nada.
— ¿Así como lo has protegido las otras veces? —se metió Anko. Sasuke se quedó callado y Kakashi suspiró. —Me importa una mierda si estás enamorado o lo que sea.—retachó Anko, tomándolo de la camisa. —Si tienes tiempo para esas cursilerías, tienes tiempo para evitar que ese sello maldito te consuma por completo.
—Puedo hacerlo aquí en la aldea.
—Ayer por la noche cinco chunin murieron ayer por la noche enfrentando a los tipos que mandó Orochimaru. —dijo Anko, enojada. —A mí no me vengas a decir que no te quieres ir solo porque estás detrás de las faldas de una niña
—Anko. —murmuró Kakashi.
—Lo que te puso el bastardo de Orochimaru no es un regalo, Sasuke. Es una invitación para que te unas a él. —expresó molesta. —No voy a dejar que más ninjas mueran solo porque no quieres irte.
Sasuke bajó la mirada, avergonzado por su actitud anterior, Kakashi no le había informado nada de eso. Si él hubiera ido, ¿habría podido vencerlos a todos? Por supuesto que no, esos ninjas que murieron dieron todo por él a pesar de que ni siquiera se conocían.
—Lo siento.
—Si llegas a poner a Sakura en peligro por culpa del sello maldito, jamás en la vida te lo podrás perdonar. —continuó Anko, aunque más tranquila. — ¿Quieres eso en tu conciencia?
—Claro que no.
—Sakura será entrenada por Tsunade, Sasuke, es la única persona que que puede ayudarle con su enfermedad y Sakura ya lo ha aceptado. Incluso aunque te quedaras, no podrías verla hasta que acabe su entrenamiento, son las reglas que ha impuesto el quinto Hokage.
— ¿Qué?
—Es peligroso que los de su clan o quién sea que la haya atacado sepan donde está. Así que por el momento, los únicos que sabemos su ubicación seremos la Hokage-sama, Shizune-san y yo.
—Debes estar orgulloso, Sasuke. —comentó Anko. —Todo tu equipo y la aldea lo está, pudiste seguir otro camino, pero al final te quedaste con los tuyos.
—Sabía que sería más fácil quedarme, esos dos idiotas me perseguirán todo el tiempo si me fuera. —respondió en un mohín, apartando la cara.
— ¿No es porque los extrañarías? —preguntó Kakashi con una risita, causándole vergüenza al Uchiha.
—Sólo no quise seguir lo que Itachi me dijo. —reprochó, haciéndose el difícil. —Sakura y Naruto no merecen eso, les causaría demasiado dolor si me fuera.
—Son del equipo siete después de todo. —dijo Kakashi, dándole una sonrisa a Sasuke. —Si alguno de nosotros se fuera por el camino equivocado, entonces los demás irían a buscarlo hasta el fin del mundo para traerlo al camino correcto de nuevo. Eso es lo que hace tan único a nuestro equipo, ¿no crees, Sasuke?
—Si tu lo dices. —murmuró por lo bajo.
—La vida no siempre nos pone tan buenas personas en nuestro camino. Y yo tuve la dicha de tener otra oportunidad, así que me he aferrado a ella desde el comienzo. —sonrió, revolviéndole los cabellos. Sasuke se apartó, mucho más apenado. —Es bueno que tú también hayas comenzado a hacerlo.
—Me dan tanto asco. —bufó Anko.
—.—.—.—.—
— ¿Por qué de pronto tienes tantas ganas de volver a la hoja? —comentó Kisame, molesto. —Donde nos vuelvan a ver no creo que la libremos tan bien como la última vez, están en estado de alerta.
—Eres libre de no seguirme, puedes esperarme afuera. —dijo Itachi. —No me tomará más de medio día.
—Entonces iré al pueblo vecino para jugar un rato. —Kisame se colocó de nuevo la espada, caminando al contrario de donde iba el Uchiha. —Cualquiera que le haya provocado esa mirada, espero que haya recitado sus últimas palabras.
—Pensé que irías del otro lado. —reprochó Itachi, de repente Kisame de nuevo estaba caminando junto a él.
—Suena más divertido a donde tú vas. —contestó bastante alegre.
—No podrás tocar nada, ¿te queda claro?
—Entendido y anotado. —aseguró, alzándole un pulgar.
Tardaron alrededor de dos días en volver a la aldea de la hoja, después de todo no habían estado demasiado lejos luego del ataque realizado. Debido a que Itachi conocía como entrar a la aldea volvió a resultar igual de fácil que la primera vez, caminando por los mismos lugares que antes, pasaron lo mejor que pudieron desapercibidos.
—No sabes dónde está el clan Haruno, ¿me equivoco? —preguntó Masamune, después de tres horas recorriendo la aldea.
—Jamás les presté atención.
Kisame comenzó a reír con fuerza, era extraño, hace algunos meses ni siquiera se hubiera imaginado a Itachi en una situación embarazosa. Ese chico Sakura, definitivamente tenía algo especial.
— ¿Están perdidos? —preguntó Lee, algunos días atrás Tsunade al fin le dio de alta, aunque tenía que ir a terapias que era justo a donde se dirigía. —Se ve que son extranjeros, déjenme llevarlos a un tour por la juventud.
— ¿No te recuerda al rarito que nos enfrentamos aquella vez? —preguntó Kisame, picando las cejas de Lee. —Son idénticos.
— ¿Enfrentar? —preguntó Lee, sin entender.
—Solo queremos saber dónde está el clan Haruno. —dijo Itachi, parando el dedo de Kisame. — ¿Puedes decirnos?
— ¡Por supuesto! —acató Lee. — ¡Ahí pertenecía la chica que me gusta hace poco!
—Hey, Itachi, no actives el sharingan. —reprochó Masamune, picoteando su cabeza. — ¡Se dará cuenta!
—Solo dinos donde está, no queremos victimas innecesarias.
—Ustedes dos son dos ninjas de clase élite, ¿verdad? —preguntó Masamune después de conseguir la información y de dejar ir a Lee. — ¿Lo son, verdad?
—Calla a tu pájaro o lo freiré por la noche. —dijo Kisame.
Una vez que llegaron al clan Haruno el ambiente dejó de ser infantil, desde Itachi hasta Masamune la irá que se sentía Kisame casi juraba que la podía tocar; definitivamente no se equivocó al seguir a ese par. Dos Anbu los pararon justo después de entrar a la zona que era considerada de su clan.
—Si son forasteros, está es una zona que no pueden pasar, más adelante hay una...
—Prestigió Uchiha. —silbó Kisame, alzando sus cejas. —Apenas conté dos segundos antes de que cayeran al suelo.
Itachi siguió avanzando sin prestarle atención a su compañero, mientras que Masamune volaba a su lado, a veces adelantándose para ver ni no venía alguien más, guiándoles a través de la calle, hasta llegar a la casa que aunque no la conocía bien, Sakura le había mostrado una vez el camino, cuando en su inseguridad intentó volver a casa pero se arrepintió.
—Apártate, Kisame. —ordenó Itachi, él se fue al barandal que resguardaba la casa. El entrenamiento de los niños se escuchaba detrás de la casa, más la voz gruesa de un hombre exigiéndoles mucho más.
— ¿Quién eres? —preguntó el padre de Sakura, apareciendo delante de ellos.
Kisame silbó, había captado la presencia del hombre unos segundos antes que apareciera, sin duda era un buen ninja, pero no lo suficiente para impresionar a Itachi. Masamune aleteó hasta quedar en el sombrero de Itachi, dejándolo ver más imponente de lo que ya se veía.
Los niños llegaron corriendo a donde se encontraba su entrenador, completamente alertas, sí que habían sido entrenados de buena manera.
— ¿Me recuerdas? —preguntó Masamune, el padre de Sakura estiró una mano queriendo proteger a los niños. —Así debiste proteger a tu hija.
— ¿Qué es lo que quiere Itachi Uchiha aquí? Esa niña no se encuentra aquí, si vas a eliminarla...—continuó el Haruno, activando todos sus sentidos.
—Aún es muy pronto para que Sakura se convierta en una estrella junto a su madre. —dijo Masamune, revoloteando en el aire ahora. —Pero esos niños, lucen apetitosos ante mis ojos.
Antes de que el padre de Sakura pudiera hacer algo, sintió la mano del Uchiha sobre su hombro, desde ese instante supo que su destino había sido sellado.
—Tú y yo, tenemos asuntos pendientes. —condenó Itachi, activando el sharingan, dejando que Masamune devorara todo aquel que se le pusiera enfrente.
Aquel fue el recordatorio que las bestias más pacificas podían ser las más peligrosas. Y, aunque los gritos de los niños apenas duraron unos segundos, el clan Haruno se aseguró de recordar eso para toda la eternidad.
